Pseudoarqueología

Iruña Veleia, un escándalo que pudo evitarse

El Calvario de Iruña Veleia, con el ‘RIP’ sobre Jesús crucificado, y otra pieza con inscripciones.

Recuerdo cómo me enteré de los extraordinarios hallazgos de Iruña Veleia. Me refiero al primer Calvario de la cristiandad y a las inscripciones en escritura jeroglífica atribuidas a los alumnos de un preceptor egipcio en la Álava romana. Fue en la tarde del 8 de junio de 2006 cuando llegué a mi mesa en la redacción de El Correo y mi entonces jefe me dijo que íbamos a abrir la sección de Vivir –así se llamaba la actual Culturas y sociedad– con un gran descubrimiento arqueológico hecho en Álava. “¿Dónde se ha publicado?, ¿en qué revista?”, pregunté. Me respondió que lo habían presentado en una rueda de prensa patrocinada por Euskotren y me contó de qué se trataba. Yo torcí el morro. No me acuerdo si realmente o sólo mentalmente…

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Hombres en guerra con dinosaurios

Dibujo promocional de ‘Hace un millón de años’, con Raquel Welch y humanos luchando con dinosaurios.

¿Convivieron nuestros antepasados con los dinosaurios? Un tercio de los españoles (30,5%) cree que sí, según la Séptima encuesta de percepción social de la ciencia y la tecnología (2015). Para toda esa gente, las escenas de Raquel Welch corriendo en biquini de piel delante de monstruos prehistóricos en la película Hace un millón de años (1966) son una recreación histórica. Es lo que debían de pensar también autores como Robert Charroux y Juan José Benítez, porque consideran que unos cantos rodados grabados, descubiertos en Perú a mediados de los años 60, prueban que hubo humanos que tuvieron sus más y sus menos con tiranosaurios, triceratops y demás familia, antes de que se extinguieran hace 66 millones de años…

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Así les pusieron los sombreros a los moáis

Un moái con su 'pukao', en el 'ahu' Tongaraki. Foto: Sean Hixon. ¿Cómo le pondría un sombrero de 13 toneladas a una estatua de 9 metros de altura? Con una grúa, claro. ¿Pero cómo lo hicieron los habitantes de la isla de Pascua hace siglos? Es un enigma que ha intrigado durante décadas a los arqueólogos, nada amigos, lógicamente, de las extravagancias de Erich von Däniken y compañía con platillos volantes y magia de por medio. Ahora, Sean Hixon, antropólogo de la Universidad Estatal de Pensilvania, y sus colaboradores proponen en el Journal of Archaeological Science un sistema sencillo que demuestra, una vez más, el ingenio de los rapanuis.

La isla de Pascua o Rapa Nui es un pequeño triángulo de tierra de 163 kilómetros cuadrados en mitad del Pacífico Sur, a 3.700 kilómetros al oeste de Chile y a 1.900 al este del archipiélago de las Pitcairn. Fue colonizada hacia el año 1200 por polinesios que tallaron en piedra volcánica las más de 900 estatuas o moáis por las que la isla es famosa. Aunque su altura media ronda los 4 metros, la más grande en pie -Paro, en el ahu o plataforma Te Pito Kura- mide 9,8 metros y pesa 74 toneladas. Y más de 50 están tocadas con un sombrero o pukao de escoria roja que puede pesar hasta 13 toneladas.

Durante décadas se creyó que los rapanuis habían trasladado los moáis desde la cantera del volcán Rano Raraku de la que procede la roca hasta sus emplazamientos definitivos en trineos de madera. Sin embargo, en 2012 los antropólogos Carl Lipo y Terry Hunt, de las universidades de Binghamton y Arizona, demostraron que los pudieron llevar como nosotros movemos en casa la nevera, basculando, empujando y avanzando poco a poco. Sólo hacían falta cuerdas y fuerza humana para que las estatuas caminaran, como dice la mitología pascuense para explicar la maniobra. “Se movieron de una manera elegante y notablemente efectiva que usababa procesos simples basados en la física”, dice Lipo, quien, como Hunt, ha participado en el nuevo estudio.

La técnica de 'parbuckling'. Gráfico: Sean Hixon.Los pukao proceden de una cantera del volcán Puna Pau, tienen forma cilíndrica y unos 2 metros de diámetro. Aunque algunos investigadores han defendido que figura y sombrero se ponían en pie unidos, los restos de estatuas abandonadas apuntan a que no fue así. “La mejor explicación para el transporte del pukao desde la cantera es llevarlo rodando hasta la ubicación del moái. Una vez ahí, el pukao asciende rodando por una larga rampa hasta la parte superior de la estatua en pie utilizando la técnica del parbuckling”, afirma Lipo.

El parbuckling se usa para enderezar barcos volcados, como el Costa Concordia. En el caso de Pascua, consistiría en fijar el centro de una larga cuerda en lo alto de la rampa de piedra y tierra, pasar los dos extremos por debajo del cilindro y poner a tirar a los trabajadores de ellos. Así, con solo quince personas podría subirse el pukao más grande hasta lo alto del moái. Luego bastaría con acabar de tallar el sombrero, fijarlo a la estatua y desmontar la rampa.

Las pirámides se construyeron para almacenar grano, dice un candidato republicano a la Casa Blanca

Ben carson. Foto: Gage Skidmore.Ben Carson, neurocirujano jubilado y candidato republicano a la Casa Blanca, cree que las pirámides de Egipto las construyó el patriarca bíblico José, hijo de Jacob, como almacenes de grano. Lo dijo en 1998 en una conferencia en una conferencia en la Universidad Andrews, adscrita a los Adventistas del Séptimo Día, y se ha reafirmado ahora en eso y en que algunos arqueólogos sostienen que las pirámides se levantaron con la ayuda de extraterrestres.

La charla de Carson en la Universidad Andrews ha vuelto a ser actualidad después de que BuzzFeed rescató el miércoles el vídeo de la conferencia. “Mi teoría es que José construyó las pirámides para almacenar grano”, decía en 1998 el entonces médico en activo. José fue uno de los doce hijos de Jacob, según el Génesis, y un personaje legendario, según los historiadores. Carson añadió en su intervención  que “varios científicos han dicho: «Bueno, ya sabes que vinieron extraterrestres con en un conocimiento especial y así se hicieron». Pero no es necesario ningún extraterretre cuando Dios está contigo”. Tras la publicación del viejo vídeo, Carson se reafirmó en sus disparates en la CBS. “Todavía lo creo. Sí”, dijo.

¿Qué sentido tiene una construcción maciza para almacenar algo? Ninguno. ¿Qué pruebas históricas hay de que las pirámides las construyera José? Ninguna. ¿Qué pruebas hay de la existencia de José y de esclavos judios en Egipto? Ninguna. Lo que los arqueólogos saben, y hay que subrayar el saben, es que las pirámides se diseñaron como tumbas y que las levantaron los antiguos egipcios. No hay ningún historiador ni arqueólogo que sostenga que se hicieran con la ayuda de seres de otros mundos. Eso es lo que dicen vendedores de misterios como Erich von Däniken, Juan José Benítez y Giorgio Tsoukalos, por citar tres autoridades en piramidiotologia.

‘La Contra’, con los ‘piramidiotas’

Entrevista en 'La Vanguardia' al 'piramidiota' Miquel Pérez-Sánchez.Casi en coincidencia con la recuperación de las disparatadas ideas del candidato republicano adventista, La Contra de La Vanguardia volvió a hacer publicidad el sábado –por segunda vez en tres años– a Miguel Pérez-Sánchez, un arquitecto barcelonés que dice que la Gran Pirámide estuvo coronada por una esfera, que se levantó en conmemoración del primer milenio del Diluvio Universal, que es “una especie de enciclopedia del saber de su tiempo” y que la altura de la estructura fue, original e intencionadamente, una milmillonésima parte de la distancia entre la Tierra y el Sol, entre otars muchas tonterías. El egiptólogo José Miguel Parra, autor del libro Las pirámides: historia, mito y realidad (2001), considera que la tesis de Pérez-Sánchez “no tiene desperdicio en cuanto a la cantidad de tonterías y sinsentidos que contiene, casi ninguno de los cuales es original, por cierto”. “No da ni una. No hay nada de cierto en lo que dice Miquel Pérez-Sánchez”, coincide la también egiptóloga Mara Castillo Mallén.

El arquitecto catalán ha reunido su colección de absurdos, equiparables a los de Carson, en su obra La Gran Pirámide, clau secreta del passat, por la que, presentada como tesis, obtuvo en 2012 un doctorado cum laude por la Universidad de Politécnica de Cataluña (UPC). La web en la que Pérez-Sánchez vende en español y troceada en diez volúmenes su tesis está subvencionada por el Ministerio de Cultura. En abril, la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y el Ateneo de esa ciudad apadrinaron la presentación de la obra en la capital de España y, en mayo, el pseudohistoriador hizo lo propio en Sevilla en la Casa de la Ciencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). ¿Caben mayores insultos a la ciencia, a la cultura?

El CSIC respalda a un ‘piramidiota’

Invitación del CSIC a la conferencia de Miquel Pérez-Sánchez.El arquitecto Miquel Pérez-Sánchez dará la conferencia “La Gran Pirámide, clave secreta del pasado” el martes en Sevilla en la Casa de la Ciencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En la mejor tradición piramidiota, el autor sostiene que la pirámide de Keops se construyó en conmemoración del primer milenio del Diluvio y que estaba originalmente coronada por una esfera, entre otras ideas que los egiptólogos no dudan en calificar de absurdas. La charla servirá de presentación del libro del mismo título, que es a su vez un resumen de la tesis con la que obtuvo en 2008 el doctorado por la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).

Pérez-Sánchez ha conseguido hasta el momento que sus ridículas ideas sean reconocidas con un doctorado por la UPC, que el Ministerio de Cultura subvencione la web donde vende su obra, que la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y el Ateneo de esa ciudad apadrinen la presentación del libro en la capital de España, y que el CSIC haga lo propio en Sevilla. Además, Gabriel Ferraté, exrector de la UPC y presidente del tribunal que otorgó un excelente cum laude a la tesis piramidiota, me mandó en su día una larga carta en la que mantiene que “todo lo que expone el doctor arquitecto Pérez-Sánchez está fundamentado en datos objetivos y parametrizables”, y concluye que la Gran Pirámide es “una gran matriz de datos espacio-temporales”. Al igual que su protegido, Ferraté carece de formación académica en egiptología.

Anticiencia con doctorado

Ignoro qué conexiones tiene Pérez-Sánchez, pero han de ser muy fuertes para que dos universidades, un ministerio y el propio CSIC avalen sus estupideces. Porque, sí, lo que sostiene el doctor arquitecto son bobadas y su obra merece estar en las bibliotecas junto a las de Erich von Däniken, Juan José Benítez y otros apóstoles de la piramidiotología. En la invitación al acto del martes que me ha facilitado un compañero del Círculo Escéptico, el CSIC dice que el libro del arquitecto “tiene como objetivo divulgar el conocimiento sobre los logros científicos -matemáticos, geométricos, astronómicos, geodésicos…- que permitieron a la civilización del Antiguo Egipto la realización de obras tan grandiosas como la Gran Pirámide de Khufu (Keops) hace más de 4.500 años”. No es así.

El trabajo de Pérez-Sánchez es basura pseudocientífica. Aunque la anticiencia se premie con un doctorado -lo que dice mucho del tribunal que lo otorgó-, anticientia se queda. El egiptólogo José Miguel Parra, autor del libro Las pirámides: historia, mito y realidad (2001), considera que la tesis del doctor arquitecto “no tiene desperdicio en cuanto a la cantidad de tonterías y sinsentidos que contiene, casi ninguno de los cuales es original, por cierto”. “No da ni una. No hay nada de cierto en lo que dice Miquel Pérez-Sánchez”, coincide la también egiptóloga Mara Castillo Mallén.

El mismo CSIC que lidera el proyecto Djehuty apadrina a un autor que defiende que la tumba de Keops es “el monumento conmemorativo de una gran destrucción, del Diluvio Universal, de su milenario”; que es “una especie de enciclopedia del saber de su tiempo”; que estaba coronada por una esfera que simbolizaba el ojo de Horus; que la altura de la estructura fue, original e intencionadamente, una milmillonésima parte de la distancia entre la Tierra y el Sol; que los egipcios conocían los números Pi, Phi, e y plásticos; que sabían que la Tierra era redonda; que Osiris fue un extranjero o la personificación de un pueblo que llevó la agricultura a Egipto…

¿Qué piensan de esto los historiadores y arqueólogos que trabajan en proyectos del CSIC? ¿Les da tanta vergüenza como a mí?