Pseudoarqueología

La Gran Pirámide es “una gran matriz de datos espacio-temporales”, dice un exrector de la UPC

Carta de Gabriel Ferraté defendiendo la tesis del arquitecto Miquel Pérez-Sánchez.Gabriel Ferraté, exrector de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y presidente del tribunal que otorgó un excelente cum laude a una tesis que sostiene que la Gran Pirámide estuvo coronada por una esfera y se levantó en conmemoración del primer milenio del Diluvio Universal, considera que está probado científicamente que esa construcción es “una gran matriz de datos espacio-temporales”, según una carta que me ha mandado. Ingeniero industrial de formación y con una larga carrera política, Ferraté muestra en la misiva su desconcierto y preocupación por mis críticas a las conclusiones del arquitecto Miquel Pérez-Sánchez, y me acusa de, “con malos -muy malos- modos y una mejorable educación”, intentar “echar por los suelos la credibilidad y el buen hacer científico y académico de toda una universidad y de un tribunal de tesis doctoral”.

Pérez-Sánchez afirma en su trabajo que la Gran Pirámide es “el monumento conmemorativo de una gran destrucción, del Diluvio Universal, de su milenario”; que es “una especie de enciclopedia del saber de su tiempo”; que estaba coronada por una esfera que simbolizaba el ojo de Horus; que la altura de la estructura fue, original e intencionadamente, una milmillonésima parte de la distancia entre la Tierra y el Sol; que los egipcios conocían los números Pi, Phi, e y plásticos; que sabían que la Tierra era redonda; que Osiris fue un extranjero o la personificación de un pueblo que llevó la agricultura a Egipto… Como ya dije en su momento -sigo manteniéndolo-, que alguien obtenga el grado de doctor en lo que sea con una tesis piramidiota, como ésta, debería ser motivo de vergüenza para cualquier universidad y, sobre todo, para el tribunal responsable del desaguisado.

‘Friquismo’ contra egiptología

Ferraté –les animo a leer su carta de principio a fin, que me la ha enviado para colgarla aquí- sostiene que “todo lo que expone el doctor arquitecto Pérez-Sánchez está fundamentado en datos objetivos y parametrizables”. Le tranquiliza que yo no soy del ámbito de la ciencia y deduce que mi opinión ha “sido inducida por aparentes expertos del campo de la historia antigua, frustrados por el hecho de que alguien se atreviera a mostrar posibilidades, observaciones o hechos que ellos -o ellas- no conocían o, en el mejor de los casos, no habían homologado”. Ciertamente, no soy científico; pero mi formación como licenciado en Historia y mi conocimiento de la literatura pseudohistórica me ayudan a la hora de diferenciar entre ficción y realidad, entre charlatanería y conocimiento. Que yo sepa, ni el nuevo doctor en arquitectura ni ningún miembro del tribunal tenían formación académica en egiptología, hecho que me tranquiliza enormemente porque demuestra que los disparates de Pérez-Sánchez no están avalados por nadie con un mínimo de formación en esa parcela de la Historia. Como suele decir la egiptóloga Mara Castillo Mallén, estamos ante un ejemplo más de cómo el friquismo se ha apoderado de la egiptología en nuestro país.

Que Ferraté tache a dos egiptólogos como Castillo Mallén y José Miguel Parra de “aparentes expertos del campo de la historia antigua” frustrados, raya lo insultante. Entiendo que le moleste que historiadores de verdad -no aficionados- consideren que es absurda y está llena de tonterías la tesis por él alabada, pero no dejan de ser egiptólogos por mucho que él intente desacreditarlos. Esta argucia es propia de los charlatanes pseudocientíficos, que la han practicado desde hace décadas, e indigna de un exrector por partida doble, lo fue también de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC), que ha sido director general de Política Científica de la Generalitat de Cataluña y director general de Universidades e Investigación del Gobierno de España. ¿Quién está más capacitado para hablar del Antiguo Egipto, un historiador y arqueólogo o un aficionado? Para mí, el primero; para Ferraté, parece que el segundo.

Le molesta al exrector de la UPC y la UOC que califique la tesis de Pérez-Sánchez de piramidiota. Lo siento; pero es así. Y, por tanto, el doctorado que su tribunal concedió al arquitecto es en piramiditiología. Ferraté considera que la utilización de esa palabra en el titular del artículo de este blog es algo casi soez. Yo no. Tampoco me parece soez Parra cuando titula su crítica “Gilipolleces piramidales”. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Además, en respuesta a una carta de Pérez-Sánchez, también molesto por el uso del término piramidiota, Parra recuerda: “La palabra piramidiota no resulta de la contracción de las palabras pirámide e idiota, sino de la palabra pirámide junto con el sufijo -iota, como en chipriota. Fue inventada por Noel F. Wheeler en 1935 en un artículo publicado en el número IX de la revista Antiquity titulado “Pyramids and their purpose. III. Pyramid mysticism and mystification”, en el párrafo final concretamente. Y no, no se me escapa la sorna que subyace a la invención, destinada al equívoco como muy bien sabía Wheeler cuando propuso su uso”.

La piramidiotología abarca todas las teorías disparatadas sobre el origen y propósito de esas construcciones, incluidas las del flamante doctor en arquitectura por la UPC que he resumido en el segundo párrafo, que demuestran lo fuera de lugar de su tesis y de las que ya hablé en su momento. Luc Montagnier, Nobel de medicina por haber descubierto el virus del sida, apoya la homeopatía y dice que el agua tiene memoria, y Kary Mullis, Nobel de química por la invención de la técnica de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), mantiene que el VIH no causa el sida. ¿Tienen razón por ser premios Nobel? No. Lo que dicen, en ambos casos, son disparates. Si el premio Nobel no inmuniza contra las barbaridades y la anticiencia, tampoco lo hace el de doctor universitario en la especialidad que sea.

¡Cuidado con abrir la mente demasiado!

Gabriel Ferraté, en noviembre de 2007. Foto: Mikel Fraile.Por cierto, indica Ferraté: “En el periodo de gestación de la tesis -al igual que los demás miembros del tribunal-, mantuve diversas reuniones de trabajo y supervisión de la evolución de la misma. En estas reuniones me mantuve siempre formalmente escéptico, no aceptando hipótesis suficientemente fundamentadas y estimulándole a solventar y justificar objetivamente con el mayor grado de fiabilidad posible, las afirmaciones o supuestos que presentaba”. He preguntado a varios amigos doctores en diversas disciplinas y les ha sorprendido que los miembros de un tribunal se reúnan con el doctorando antes de la defensa de la tesis. No es algo normal, me han dicho, confirmando lo que yo creía, que el único que se reúne habitualmente con el futuro doctor durante la elaboración de una tesis es el director de la misma.

Me alegra, eso sí, que el exrector de la UPC y la UOC esté convencido de que “no existen explicaciones sobrenaturales o esotéricas de los fenómenos o aconteceres de la naturaleza y de su historia y evolución”, y de que “los milagros no existen”. En eso, estamos de acuerdo. Pero me pregunto cómo es posible entonces que avale una tesis que defiende que la Gran Pirámide se levantó para conmemorar el primer milenio del Diluvio Universal, un hecho mítico como sabe, o debería saber, cualquier bachiller. También me pregunto qué significa eso de que la pirámide de Keops es “una gran matriz de datos espacio-temporales”, porque a los “aparentes expertos del campo de la historia antigua” y a mí nos parece piramidiotología en grado sumo. (Para evitar malentendidos, he preguntado a Ferraté si es correcta mi deducción, a partir de su texto, de que él considera probado científicamente que la Gran Pirámide es “una gran matriz de datos espacio-temporales”, y me ha respondido que sí.)

“Seamos abiertos, sin miedo a lo que todavía no conocemos, con mentalidad interdisciplinar y exigente, y podremos llegar a comprender y a justificar con rigor muchas cosas y fenómenos que todavía no dominamos o no estamos en situación de aceptar, descartando teorías y suposiciones que actualmente consideramos dogmas”, concluye Ferraté. Estoy de acuerdo. Totalmente. Apertura de mente y rigor deben ir juntas en la aventura del conocimiento, lo que no pasa en el caso que nos ocupa. La tesis de Pérez-Sánchez y el veredicto del tribunal que presidió Ferraté son un triste ejemplo de lo que dijo Richard Feynman: “Hay que tener la mente abierta, pero no tanto como para que se te caiga el cerebro”.

Tonterías sobre la Gran Pirámide, en Punto Radio Bizkaia

La egiptóloga Mara Castillo Mallén, Patxi Herranz y yo hablamos el 12 de junio en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de tonterías sobre la Gran Pirámide, en la trigésima séptima entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

‘Piramidiotología’ cum laude, por la Universidad de Politécnica de Cataluña

Vista de la Gran Pirámide. Foto: Alex lbh.

Si “Galileo es el santo patrón de todos los chiflados autocompasivos”, como decía Isaac Asimov, la egipcia es su civilización preferida. Se han dicho tantas bobadas y con tanta impunidad sobre el antiguo Egipto que mucha gente tiene una visión distorsionada de esa cultura, una imagen deformada por el filtro de la pseudohistoria. El último disparate, del que me he enterado gracias a Mikel Iturralde, es que la Pirámide de Keops estuvo coronada por una esfera y se levantó en conmemoración del primer milenio del Diluvio Universal. Es lo que sostiene el arquitecto Miquel Pérez-Sánchez en La Gran Pirámide, clau secreta del passat, una tesis que ha merecido un excelente cum laude del tribunal correspondiente de la Universidad Politénica de Cataluña (UPC).

Que alguien obtenga el grado de doctor con una tesis piramidiota debería ser motivo de vergüenza para cualquier universidad y, sobre todo, para el tribunal responsable del desaguisado, pero estamos en España, no lo olviden. Así que nuestro protagonista se ha encontrado con una muy favorable acogida a sus estrambóticas ideas en grandes medios como La Vanguardia, El Periódico y la agencia Efe, y es de esperar que le reciban con los brazos abiertos en esas revistas donde conviven en armonía platillos volantes, monstruos, poderes paranormales, conspiraciones mundiales, medicinas alternativas, continentes desaparecidos y fines del mundo.

Pérez-Sánchez afirma que la Gran Pirámide es “el monumento conmemorativo de una gran destrucción, del Diluvio Universal, de su milenario”; que es “una especie de enciclopedia del saber de su tiempo”; que estaba coronada por una esfera que simbolizaba el ojo de Horus; que la altura de la estructura fue, original e intencionadamente, una milmillonésima parte de la distancia entre la Tierra y el Sol; que los egipcios conocían los números Pi, Phi, e y plásticos; que sabían que la Tierra era redonda; que Osiris fue un extranjero o la personificación de un pueblo que llevó la agricultura a Egipto…

“No da ni una. No hay nada de cierto en lo que dice Miquel Pérez-Sánchez”, sentencia Mara Castillo Mallén, doctora en Historia Antigua. Esta egiptóloga considera las afirmaciones del flamante doctor en arquitectura “absurdas”, equiparables a las de otros piramidiotas que atribuyen estas construcciones a extraterrestres, hablan de procesos de reblandecimiento de la piedra, de la existencia de electricidad en tiempos de los faraones… Para el también egiptólogo José Miguel Parra, autor del libro Las pirámides: historia, mito y realidad (2001), la nota de prensa con la que se dieron a conocer los resultados de la investigación de Pérez-Sánchez “no tiene desperdicio en cuanto a la cantidad de tonterías y sinsentidos que contiene, casi ninguno de los cuales es original, por cierto”.

Las afirmaciones del arquitecto no aguantan una mínima reflexión. “Si querían representar el ojo de Horus en lo alto de la pirámide, ¿por qué usaron una esfera? ¿Por qué en todos los documentos -papiros, estelas…- en los que se ve una pirámide no aparece nunca esa esfera? ¿Por que lo obeliscos están coronados por un piramidión y no por esa esfera?”, se pregunta Castillo Mallén. Por mucho que diga Pérez-Sánchez, los egipcios no tenían los conocimientos matemáticos que él cree, aunque respecto a Pi los expertos de verdad -los egiptólogos de carrera- mantengan discrepancias: los hay, como Parra, que dicen que, aunque esté presente en sus obras, “los egipcios ni lo conocían ni utilizaban”; y otros que sostienen lo contrario.

‘Friquismo’ contra egiptología

‘El poder mágico de las pirámides’, de Max Toth y Greg Nielsen.Vincular a Osiris con un pueblo extranjero es “una forma más de racismo y no es ni original”, apunta Castillo Mallén. Lo de conectar la Gran Pirámide con un aniversario del Diluvio Universal es tan serio como hacerlo con el del episodio de Eva y la manzana en el Jardín del Edén (no se me despisten: no hubo tal episodio; es otro mito). Y, así, sucesivamente… Numerología y piramiditiotismo a más no poder. Porque, para encontrar una relación entre cualquier dimensión de un objeto y la distancia de la Tierra al Sol, por ejemplo, sólo hay que elegir el dato apropiado: un bolígrafo Bic mide 15 centímetros, la billonésima parte de los 150 millones de kilómetros que nos separan de nuestra estrella. ¿Significa esa mágica relación que es un artilugio extraterrestre?

Castillo Mallén cree que estamos ante un ejemplo más de cómo el friquismo se ha apoderado de la egiptología en nuestro país. Aficionados sin formación académica y con “un conocimiento histórico limitadísimo” han tallado la imagen popular del Antiguo Egipto desde los años 60, cuando el realismo fantástico de Louis Pauwels y Jacques Bergier empezó a llenar el pasado de misterios inventados. Luego, llegaron revistas como Karma.7 y Mundo Desconocido, antecesoras de las que ahora se venden en los quioscos y donde ya se multiplicaron las chifladuras. Un poco más tarde, salió a la venta El poder mágico de las pirámides (1974), de Max Toth y Greg Nielsen, con una pirámide roja de cartón que el lector podía poner debajo de la cama para descansar mejor o en la que podía meter cuchillas de afeitar para que duraran más tiempo afiladas gracias a la energía piramidal.

Ya en 2004 y en TVE, Juan José Benítez ofrecía en su serie Planeta encantado una visión completamente tergiversada del Egipto de la IV Dinastía.  “Hace 4.600 años (cuando se construyó la Gran pirámide), el valle del Nilo despertaba al periodo Neolítico”, y  los habitantes de la región “se hallaban todavía en la Edad de Piedra, con un precario desarrollo agrícola y un incipiente pastoreo. Sus herramientas eran groseras, basadas fundamentalmente en la industria lítica”, y “ni siquiera conocían la escritura”, según el autor de Caballo de Troya. Y, ahora, un tribunal académico en el que la egiptología está representada por un aficionado da la máxima calificación a una tesis piramidiota.

Como dice Castillo Mallén, y yo suelo recordar en cuanto tengo oportunidad, “¡Egipto era la gran potencia de su tiempo!”. Me molestan los astroarqueólogos que, racistas como el más racista, atribuyen los logros de ésa y otras culturas a extraterrestres o misteriosas civilizaciones desaparecidas y también aquéllos que, ignorantes de la Historia, creen -como Pérez-Sánchez- que el ser humano sólo recientemente ha alcanzado unos conocimientos equiparables a los de los antiguos egipcios. No, tampoco es así. “Resulta chocante que una civilización tan compleja siguiera practicando la navegación de cabotaje; superara las cataratas sacando sus barcos del agua y subiéndolo o bajándolos a pie; no desarrollara el motor de explosión…”, concluye Castillo Mallén. Y vergonzoso que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ponga su sede de Cataluña a disposición de Pérez-Sánchez y sus colegas para que difundan tonterías como las anteriores y que la Atlántida fue una realidad. Pero, claro, es que el primero es doctor, en arquitectura,  por la UPC con una tesis numerológica y piramidiota.

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