‘Breve guía del pseudoterapeuta galáctico’

Guillermo Quindós, profesor de la Facultad de Medicina y Enfermería de la Universidad del País Vasco, y Luis Alfonso Gámez, periodista de El Correo y autor del blog Magonia, hablaron el 17 de octubre de 2019 sobre pseudoterapias, dentro del ciclo Alternativas a la medicina: entre la fe y el fraude, organizado por el Círculo Escéptico para la Biblioteca Foral de Vizcaya.

Ovnis y viajes interestelares

Portada de 'Ovnis y viajes interestelares, ¿realidad o fantasía?', del físico teórico Shahen Hacyan.

Ésta es la historia de una decepción. La del libro Ovnis y viajes interestelares, ¿realidad o fantasía?, del físico Shahen Hacyan. Aunque tiene unos años -se publicó en 2011-, no lo conocía hasta que hace unas semanas topé con él por casualidad. Y, claro, lo compré. Deseaba que fuera esa obra sobre el fenómeno que todavía no se ha escrito. Si no, me consolé, aunque no me descubra muchas cosas, seguro que hay alguna perla escondida entre sus páginas. Ni lo uno ni lo otro.

A pesar de llevar los ovnis en el título y estar dedicado a “un implacable cazador de ovnis”, éstos son sólo un cebo para atrapar a lectores ingenuos. Porque este libro no habla del mito de los objetos volantes no identificados, sino de las dificultades a las que se enfrenta el viaje interestelar según nuestros conocimientos actuales. Los ovnis propiamente dichos no aparecen hasta la página 114 y desaparecen en la 133. Y, para mayor desgracia, el segundo de los dos capítulos dedicados al fenómeno se centra en las desfasadas ideas de Carl Gustav Jung y Sigmund Freud.

Da la sensación de que ésta iba a ser una obra sobre viajes interestelares y alguien pensó que llevando los ovnis al título vendería más. Una pena porque, sin ellos, hubiera sido un libro honesto e interesante para el lego, aunque no descubra nada nuevo y en algunos momentos se meta en tecnicismos impropios de un texto de divulgación. Pero no estamos ante un libro honesto porque, desde la portada, nos engaña: usa los ovnis, entendidos como naves de otros mundos, como mero reclamo.

El conocimiento del fenómeno que tiene el autor es además muy superficial. Afirma, por ejemplo, que, en el caso fundacional del mito, Kenneth Arnold vio objetos con forma de plato, cuando se sabe desde hace décadas que no fue así. Lo que vio fueron unos objetos, con forma de bumerán, que volaban a gran velocidad, “erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua”. Un periodista, Bill Bequette, confundió el modo de vuelo con la forma y así nacieron los platillos volantes, aunque el autor de este libro lo ignore. Hacyan, que no duda de que estamos ante un mito moderno, ni siquiera apunta por qué nació cuando nació e ignora todos los antecedentes, que son muchos y muy interesantes. Después, cuando habla ya de la historia del fenómeno desde 1947, la cosa tampoco mejora mucho.

Lo bueno de Ovnis y viajes interestelares, ¿realidad o fantasía? es que se hace corto. Avisados quedan.

Shahen Hacyan [2011]: Ovnis y viajes interestelares, ¿realidad o fantasía? Fondo de Cultura Económica. (Col. «La ciencia para todos», nº 231). México. 146 páginas.

El legado racista de los dioses astronautas

Hay pocas ideas tan perturbadoras como la de que seres de otros mundos construyeron las pirámides de Egipto, ayudaron a los pascuenses a levantar los moáis y guiaron a los nazcas a la hora de realizar los geoglifos del desierto peruano. Es perturbadora no porque vayamos a tener que reescribir los libros de historia, sino por su racismo: la llamada teoría de los antiguos astronautas atribuye sistemáticamente a entidades superiores grandes logros de culturas no europeas. Es una muestra nada inocente de un supremacismo blanco que mucha gente no percibe como tal debido a su disfraz alienígena…

Sigue en la revista Muy Interesante (Nº 476, enero de 2021).

Aquí no hay dragones

La leyenda 'Hic sunt dracones' en el globo de Hunt-Lenox. Foto: Universidad de Rochester.
La leyenda ‘Hic sunt dracones’ en el globo de Hunt-Lenox. Foto: Universidad de Rochester.

En agosto de 2016 me compré un micrófono. Había decidido, por fin, que iba a hacer un podcast. Una insensatez más en mi larga carrera de despropósitos y más teniendo en cuenta mi torpeza tecnológica. Pero estaba decidido. 

Compré un micrófono que me recomendó Eduardo Arcos, director de Hipertextual, pensé en un nombre para el podcast, diseñé un logotipo y hasta grabé la entrada y la salida de cada episodio. Se iba a llamar Aquí hay dragones, en honor a la sentencia que, según creía yo, aparece en muchos mapas antiguos para marcar el territorio inexplorado. Donde puede haber monstruos. Coincidirán conmigo en que es un buen nombre para un podcast dedicado a los misterios paranormales.

Lógicamente, en la primera entrega iba a explicar el porqué del nombre, como hice con este blog, Magonia, en junio de 2003. Así que me puse a buscar material para documentar una anécdota que conocía desde mis inicios en el escepticismo, allá por los años 80 del siglo pasado. De los orígenes del movimiento escéptico español, por cierto, espero hablar otro día.

'Dragón rojo', obra del artista japonés Katsushika Hokusai (1760-1849).
‘Dragón rojo’, obra del artista japonés Katsushika Hokusai (1760-1849).

Como tantas veces pasa en el periodismo, una profesión en la que cada día aprendes algo nuevo, buscando una cosa me encontré con otra. Porque no es verdad que en los antiguos mapas se marcara la terra incognita con la leyenda Aquí hay dragones. O, mejor dicho, Hic sunt dracones. En latín. Así que, entre el chasco y que mi decisión de lanzar un podcast no era tan firme como yo creía -a ver si esta vez lo es-, cogí el micrófono, lo volví a meter en su caja y lo guardé en un armario.

Hasta ayer, que lo saqué y, después de pensarlo, me propuse retomar la idea. Así que aquí tienen la primera entrega de Aquí no hay dragones, que tampoco es tan mal título y que encima hace honor a la verdad. Les cuento…

Según la Wikipedia, ese pozo de sabiduría del que todos bebemos más de lo que deberíamos, “Aquí hay dragones es una frase que se utiliza para referirse a territorios inexplorados o peligrosos, de acuerdo con la práctica medieval de poner serpientes marinas y otras criaturas mitológicas en los mapas de zonas desconocidas”. Añade la enciclopedia libre que esta expresión se encuentra en el llamado globo de Hunt-Lenox, que data de entre 1503 y 1507, y que, leo literalmente, “mapas anteriores contienen una gran variedad de referencias a criaturas míticas y reales, pero el mapamundi de Lenox es especialmente conocido por contener esta indicación”. 

Vale, bien, hasta aquí no había problemas. Además hay un montón de sitios en internet que repiten, con ligeras variaciones, que la frase se utiliza en mapas medievales para marcar los límites de la tierra conocida. No está mal. Podría haberme reafirmado en mi creencia y haberme animado a tirar para adelante. Es decir, a poner en marcha este podcast.

El problema es que rara vez me conformo con el primer resultado del buscador de Google o con lo que dice la Wikipedia. Si el tema realmente me interesa o tengo que escribir sobre él, me gusta ir a las fuentes originales, o lo más cerca posible de ellas, no porque sea un erudito ni un purista, sino porque, si te quedas con lo primero que sale en una búsqueda en Internet, hay muchas probabilidades de que des por cierta información que no lo es. Y también, para qué negarlo, porque me divierte la búsqueda. Algunas de las historias sobre lo paranormal más sorprendentes con las que me he topado -espero contarlas aquí- las he descubierto tirando del hilo a partir de frases aisladas publicadas en revistas y libros viejos en búsquedas que a veces me han llevado hasta meses.

No fue este el caso. En lo que se refiere a los dragones y los mapas, todo fue mucho más sencillo. En cuestión de minutos, saltando de un sitio a otro, encontré varias anotaciones, incluida alguna entrada de la Wikipedia, en las que se desmonta el mito de que la expresión Aquí hay dragones se usara habitualmente en mapas antiguos.

Aquí no hay dragones.
Aquí no hay dragones.

Porque resulta que no hay constancia de que ningún mapa contenga la leyenda Hic sunt dracones. Ni uno. Seguro que usted ya lo ha adivinado: solo aparece en el globo de Hunt-Lenox, que forma parte de la colección de la Biblioteca Pública de Nueva York y es una de las primeras esferas terrestres conocidas. Y, encima, la frase de marras no se encuentra en un lugar cualquiera del globo. Podían haberla puesto en donde tendrían que estar Norteamérica, Australia o la Antártida, territorios entonces desconocidos. Pero no, está en el sudeste asiático, cerca de donde está la isla indonesia de Komodo. Así que es posible que ese Aquí hay dragones se refiera al llamado dragón de Komodo, un lagarto que puede alcanzar los 3 metros de longitud. 

Más allá del de Komodo, dragones, lo que se dice dragones, no se conocen en el mundo real, aunque sean animales omnipresentes en mitologías muy distantes en el espacio y en el tiempo… 

Pero esa es otra historia…

Episodio 1 y único de Aquí no hay dragones, un podcast de Luis Alfonso Gámez:

Posdata: esta vez tampoco ha podido ser y esta prueba se queda en eso, en una prueba -hecha hace muchos meses con la mejor intención de continuidad-; pero la quería compartir con ustedes, audio incluido.

El último heredero de Houdini

Fue un mazazo. Poco antes de la medianoche del 20 de octubre, salto en Twitter la noticia: James Randi ha muerto. Como en esa red social a la gente se la mata y resucita con facilidad, al principio quise pensar que se trataba de un bulo. Era consciente de la avanzada edad de Randi y de su delicado estado de salud, pero quería creer. Segundos después, di con un tuit de Penn Jillete que confirmaba lo peor. «Randi, Randi, Randi, Randi. Es increíble lo mucho que te echo de menos. No imagino que este sentimiento vaya a desaparecer nunca. Randi», lamentaba la mitad parlanchina del dúo mágico Penn & Teller. «Un día triste para la verdad y la valentía. James Randi, un amigo y héroe, ha muerto hoy a los 92 años», escribía el físico Lawrence Krauss. «Lloro a James Randi, mago de clase mundial, némesis bienhumorada de doblacucharas, espiritistas y otros charlatanes», decía el biólogo Richard Dawkins

Sigue en la revista Muy Interesante (Nº 475, diciembre de 2020).