El último heredero de Houdini

Fue un mazazo. Poco antes de la medianoche del 20 de octubre, salto en Twitter la noticia: James Randi ha muerto. Como en esa red social a la gente se la mata y resucita con facilidad, al principio quise pensar que se trataba de un bulo. Era consciente de la avanzada edad de Randi y de su delicado estado de salud, pero quería creer. Segundos después, di con un tuit de Penn Jillete que confirmaba lo peor. “Randi, Randi, Randi, Randi. Es increíble lo mucho que te echo de menos. No imagino que este sentimiento vaya a desaparecer nunca. Randi”, lamentaba la mitad parlanchina del dúo mágico Penn & Teller. “Un día triste para la verdad y la valentía. James Randi, un amigo y héroe, ha muerto hoy a los 92 años”, escribía el físico Lawrence Krauss. «Lloro a James Randi, mago de clase mundial, némesis bienhumorada de doblacucharas, espiritistas y otros charlatanes”, decía el biólogo Richard Dawkins

Sigue en la revista Muy Interesante (Nº 475, diciembre de 2020).

El quién es quién de los ufonautas

Ufonautas cabezones de la clasificación hecha por Jader U. Pereira en los años 70.
Ufonautas cabezones de la clasificación hecha por Jader U. Pereira en los años 70.

Kalna, Hedonto, Plut, Caldon. ¿Le dicen algo estos nombres? Seguramente, no. Corresponden a extraterrestres que, según la literatura ufológica, han contactado con nosotros desde el siglo pasado. Uno de los primeros fue Orthon, que el 20 de noviembre de 1952 se presentó con su platillo volante a George Adamski en el desierto de California. Venusiano, atractivo y campechano, eligió a un cocinero de hamburguesería como el humano al que transmitir la advertencia de nuestros vecinos de que dejáramos de jugar con armas nucleares. lo mismo que meses antes nos habían pedido Klaatu en la película Ultimátum a la Tierra. Sin hache, Orton es un ummita, uno de los alienígenas infiltrados entre nosotros que a mediados 60 empezaron a contar sus aventuras por carta al grupo madrileño de tertulianos liderado por el contactado Fernando Sesma.

'An alien who's who', de Martin Kottmeyer.
‘An alien who’s who’, de Martin Kottmeyer.

Estos nombres y otros muchos aparecen en An alien who’s who (2008), obra en la que Martin S. Kottmeyer lista los ufonautas, los tripulantes de los ovnis, que supuestamente nos han visitado en las últimas décadas. Por orden alfabético, el primero es A, un kladen que surgió del televisor del contactado David Hamel y se lo llevó astralmente hasta su platillo volante, y el último, Zyloo, del planeta Siton, un emisario de un tribunal alienígena que nos informó de su retirada de la Tierra. Kottmeyer es un historiador de la ufología, no un creyente en que nos visitan seres de otros mundos en sus naves, e hizo este catálogo por diversión.

“No creo que los extraterrestres tengan algún significado pragmático para la Humanidad. No nos dan dado ninguna nueva tecnología. No nos han contado nada de interés científico que haya resultado ser verdad”, recuerda en la introducción. Este quién es quién de los extraterrestres es una obra menor -más un capricho para completistas que otra cosa- de Kottmeyer, que ha hecho importantes aportaciones a la comprensión del mito ovni, analizando con lupa hitos como la observación de Kenneth Arnold y la abducción de los Hill

La mayoría de ese material estaba hasta hace poco sólo disponible en inglés y no era fácil de encontrar, pero ahora un grupo de ufólogos serios hispanoamericanos, reunidos bajo el sello Coliseo Sentosa, ha empezado a publicar la obra de Kottemeyer en español. Ya han visto la luz dos volúmenes, Extraterrestres bajo la lupa (2020) y La gran ilusión extraterrestre (2020), y pronto habrá más. Son trabajos imprescindibles para cualquiera interesado en profundizar en el gran mito del siglo XX.

La travesura de un cura inglés que inspiró a Orson Welles para ‘La guerra de los mundos’

El padre Ronald Knox.
El padre Ronald Knox.

“Los 96 metros de la torre del reloj acaban de caer al suelo, junto con el famoso reloj, el Big Ben… Informes recientes dicen que la multitud ha capturado al señor Wotherspoon, ministro de Tráfico, cuando trataba de huir disfrazado. Lo han colgado de una farola en Vauxhall”, alertaba un locutor de radio a los londinenses el sábado 16 de enero de 1926. Había estallado una revuelta bolchevique en la capital británica y, minutos antes del linchamiento del miembro del Gobierno, BBC Radio, entonces una compañía privada que operaba en régimen de monopolio, había interrumpido la emisión de una conferencia sobre literatura del siglo XVII para informar de los disturbios. 

Los boletines de urgencia hablaban de una masa de desempleados que había arrasado la Galería Nacional, volado el hotel Savoy y el Parlamento, y provocado una masacre en el parque de San Jaime. Los oyentes escucharon durante 12 minutos explosiones y los gritos de la multitud, y bombardearon a los periódicos con llamadas telefónicas. Creían que Londres era escenario de una revolución similar a la rusa de 1917, pero todo era una ficción. Autor de novelas de detectives, el sacerdote católico Ronald Knox no sólo había guionizado la revuelta, sino que también había sido quien desde Edimburgo había puesto voz al locutor que informaba de los hechos a la audiencia de BBC Radio.

Una parodia anunciada

El montaje había sido anunciado en la prensa como Broadcasting the barricades (Retransmitiendo las barricadas), a cargo del «reverendo padre Ronald Knox». Además, antes del inicio del programa a las 19.40 horas, la emisora había avisado a los oyentes de que lo que iban a escuchar era una ficción. Y el padre Knox salpicó la narración de detalles que dejaran claro que era una broma, como el nombre de algunos implicados –Wotherspoon suena en inglés como cuchara de agua– y que uno de los cabecillas de los sublevados fuera secretario del Movimiento Nacional para Abolir las Colas en el Teatro. Nada de eso evitó que, en un clima de inestabilidad política que culminaría en una huelga general del 4 al 13 de mayo, mucha gente cayera en el engaño. Sólo el hotel Savoy recibió cerca de 200 llamadas de clientes preguntando si estaba realmente en ruinas. 

'The New York Times' informó el 18 de enero de 1926 del pánico provocado en Londres por la emisión radiofónica del padre Knox.
‘The New York Times’ informó el 18 de enero de 1926 del pánico provocado en Londres por la emisión radiofónica del padre Knox.

El 18 de enero, The New York Times informaba de cómo una parodia de un informativo sobre una revuelta en Londres había alarmado a los británicos. La radio comercial tenía solo cuatro años de vida en Reino Unido y, como sucedió con La guerra de los mundos el 30 de octubre de 1938 en Estados Unidos, muchos oyentes habían sintonizado la emisora ya empezado el programa. Un año después, el 30 de junio de 1927, la estación de radio 5CL de Adelaida (Australia) emitió durante 16 minutos lo que parecía el inicio de un ataque aéreo a la ciudad, con la interrupción de una actuación musical y el sonido de bombas y disparos. Había sido anunciado los días anteriores como un programa especial, pero aún así las centralitas de la Policía y los periódicos recibieron numerosas llamadas de ciudadanos aterrorizados.

«Saqué la idea de un programa de la BBC que se había emitido el año anterior (sic), cuando un sacerdote católico contó cómo unos comunistas se habían apoderado de Londres y mucha gente lo creyó. Y pensé que sería divertido hacerlo a gran escala. Hagámoslo desde el espacio exterior: así es como se me ocurrió la idea», contaba décadas después Orson Welles a Peter Bogdanovich respecto a su dramatización de La guerra de los mundos para la CBS. El montaje, magníficamente guionizado por Howard Koch, que luego ganó un Oscar por Casablanca, tuvo bastante más eco que el del padre Knox porque la radio era en 1938 ya un medio pujante y la prensa estadounidense exageró el pánico para intentar minar la credibilidad de un competidor.

¡Cuidado con los famosos!

Hay pocas cosas tan peligrosas como un consejo de un famoso. Sobre todo, si se trata de un consejo de salud. Oler un limón previene el cáncer, las vacunas provocan autismo, meterse huevos de jade en la vagina equilibra las hormonas, hay que desintoxicar el organismo bebiendo zumos, el cáncer tiene su origen en trastornos emocionales… Todas estas afirmaciones –a cada cual más loca– y otras por el estilo las han hecho y hacen personajes conocidos no por sus aportaciones al conocimiento científico, sino por ser estrellas del deporte, el espectáculo y el periodismo. Son famosos y, por eso, lo que dicen puede tener un gran impacto social. Bobadas incluidas…

Sigue en la revista Muy Interesante (Nº 474, noviembre de 2020).

Adiós a James Randi, mago y maestro de escépticos

James Randi con el autor, en el encuentro celebrado en la Universidad de Deusto en mayo de 2012. Foto: Javi Bellido.

No recuerdo cuándo fue la primera vez que oí hablar de James Randi. Sí recuerdo que, en cuanto pude, compré y leí Flim-Flam! (Fraudes paranormales, 1982), libro que devoré y todavía recomiendo a quien me pregunta por una buena obra sobre pensamiento crítico y denuncia de supercherías. Corrían los años 80 y entonces no existía Internet. Había que escribir cartas, mandar cheques y esperar que no se extraviaran para que, semanas después, el cartero dejara en tu buzón el libro o revista solicitado. Ése era el camino que teníamos que seguir hace décadas quienes vivíamos en España -y en otros países- para conocer la obra de The Amazing Randi, que falleció ayer a los 92 años. Nos ha dejado huérfanos, pero nos queda su ejemplo.

La primera vez que vi a Randi en acción fue en casa de Félix Ares, un amigo al que un grupo de entonces jóvenes habíamos animado a involucrarse activamente en la lucha contra la charlatanería. Al igual que nosotros, él había empezado como ufólogo, pero con el tiempo había evolucionado hacia el escepticismo, aunque se había limitado a leer y no había pensado en pasar a la acción. Hasta que nos conoció, nos habló de la existencia del Comité para la Investigación Escéptica (entonces, CSICOP) y fundamos un pequeño grupo de cazacharlatanes, la semilla de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico y el Círculo Escéptico.

Fue en los años 80, durante una visita a España de Mark Plummer, director ejecutivo del CSICOP, cuando vi un vídeo de Randi en casa de Félix. Se trataba de unas grabaciones de The Tonight Show con Johnny Carson, incluido el célebre desenmascaramiento del telepredicador Peter Popoff, que en la película Luces rojas (2012) plagió el cineasta español Rodrigo Cortés. Para mí, aquello fue definitivo: Randi era un maestro en el arte de poner en evidencia a quienes explotan a los más ingenuos.

Una generación de gigantes

James Randi forma parte de una generación de gigantes del pensamiento crítico, junto a Martin Gardner, Carl Sagan, Isaac Asimov, Ray Hyman y Paul Kurtz. Y es una figura clave en el escepticismo científico por unas características que lo hacen único. Entre otras, sus conocimientos y agudeza mental; su capacidad para explicar las cosas; su compromiso a la hora de recoger el testigo de magos como John Nevil Maskelyne y Harry Houdini; su valentía al enfrentarse a charlatanes que han recurrido muchas veces a los ataques ad hominem para desprestigiarle; su vis cómica; su cercanía a la gente; y su sentido del espectáculo. Reunía lo mejor de un intelectual y de un showman, y es quizás por esto último por lo que llegaba con facilidad a tantas personas, a niños, mayores, apasionados por la ciencia, simples curiosos, científicos a quienes no interesa lo paranormal…

Póster de un espectáculo de James Randi.

La cercanía de Randi la experimenté en varias ocasiones desde que le conocí en persona a principios de los años 90 en Pamplona, donde acudió invitado por el astrofísico Javier Armentia. Las dos últimas veces que disfruté de su cordialidad fueron una a distancia y otra en persona. La primera, en Nueva York, durante NECSS 2009, conferencia escéptica a la que acudí con mi buen amigo Doug Smith, del Centro para la Investigación (CfI). Fue una gran experiencia que sólo tuvo un borrón: Randi no pudo asistir en persona porque en aquel entonces estaba siendo tratado con quimioterapia contra un cáncer que felizmente superó. La enfermedad no impidió que mandara un corto y cariñoso saludo en vídeo a los 400 escépticos que llenábamos la sala. En su mensaje hizo gala de su sentido del humor, diciendo que había rechazado usar la homeopatía, la acupuntura, la oración y otros remedios fraudulentos, y había optado por la medicina científica. Tres años después, comprobé los buenos resultados de su confianza en la ciencia.

Randi visitó Bilbao en mayo de 2012, acompañado de D.J. Grothe, entonces director de la Fundación Educativa James Randi, y Justin Weinstein y Yana Zeltser, quienes estaban rodando la película biográfica An honest liar (Un honesto mentiroso). Fueron dos días muy intensos. Asistió a cenas con miembros del Círculo Escéptico y simpatizantes, hizo una visita privada al Museo Guggenheim, mantuvo una reunión de trabajo con el grupo de la psicóloga Helena Matute, que investiga en la Universidad de Deusto los mecanismos mentales del pensamiento mágico, dio una conferencia, concedió entrevistas, hizo incontables bromas y trucos, y siempre atendió amablemente a todo el que se le acercaba para fotografiarse con él, saludarle y manifestarle su admiración. Para mí, fueron días muy especiales por cumplir el viejo de sueño de tenerle en mi ciudad y porque pudieron conocerle amigos que le seguían y leían desde los ya lejanos años 80.

Humanismo y compromiso social

Cuando Randi se retiró de los escenarios como mago profesional a los 60 años, el mundo del espectáculo perdió una estrella, pero el pensamiento crítico ganó a alguien irrepetible. Alguien que es, para muchísima gente en todo el mundo, la personificación de la racionalidad, el escepticismo y el humanismo. Así, informado de los recortes en la Sanidad pública española que se intuían ya entonces el horizonte, aprovechó su conferencia en Bilbao para romper una lanza en favor de la universalidad de la asistencia médica.

Bajando del cielo de lo paranormal al suelo de la realidad, puso como ejemplo su reciente enfermedad, cuyo caro tratamiento había tenido que costear de su bolsillo, algo que no está al alcance de cualquiera y a diferencia de sus hermanos, que “viven en Canadá y no pagan nada por la asistencia médica”. Y es que el escepticismo científico va mucho más allá de la lucha contra las afirmaciones de lo paranormal y la pseudociencia: incluye una visión humanista del mundo en la cual la medida de todo es el bienestar humano y no se toleran discriminaciones de ninguna clase.

Alicia Sainz, del Círculo Escéptico, colabora con James Randi en un ‘experimento paranormal’ en la Universidad de Deusto. Foto: Belén Ibarrola.

Volviendo al escepticismo, imagínense lo que hubiera sido de no contar con un Randi entre nosotros. A él fue a quien llamó sir John Maddox, entonces director de la revista Nature, cuando en 1988 investigó en el laboratorio de Jacques Benveniste los resultados de sus experimentos sobre la memoria del agua, que parecían apoyar la verosimilitud científica de la homeopatía y, al final, fueron consecuencia de errores metodológicos.

Uri Geller, Peter Popoff, Jacques Benveniste, los parapsicólogos del Proyecto Alfa, los cirujanos psíquicos, y todo tipo de adivinos y estafadores lo habrían tenido más fácil para embaucar a la gente. ¿Alguien habría detectado sus trampas o errores? Seguramente, pero quien lo hizo fue Randi y expuso los resultados de sus investigaciones en los medios de comunicación. Y esto último es clave: tan importante es detectar los fraudes pseudocientíficos como darlos a conocer la opinión pública. Sin la exposición del engaño en los medios de comunicación, el escepticismo científico resulta inútil para la sociedad.

Después de décadas de denuncia de todo tipo de engaños, fraudes y errores, ¿qué pudo mantener a alguien como Randi en primera línea, con una agenda siempre apretada, viajando por todo el mundo, dando conferencias, escribiendo artículos…? Es algo que uno no puede evitar preguntarse cuando le veía tan entregado a la tarea de divulgar. No lo sé. En mi opinión, hay dos razones para que alguien como él se mantenga tan firme en una lucha que, desgraciadamente, da más disgustos que alegrías, en la que ayer desenmascaraste ante el mundo a un estafador y hoy ha reconvertido su negocio y gana más dinero. Por un lado, está que la caza de charlatanes es una actividad divertida; por otro, el compromiso social.

Valiente e inspirador

No sé si The Amazing Randi siguió hasta el final divirtiéndose cuando investigaba lo aparentemente sobrenatural. Es posible que se aburriera -o casi- después de tantos años, porque en el mundo de lo paranormal hace mucho que no hay fenómenos nuevos que examinar, sino sólo nuevas versiones de los viejos y explicados engaños. Lo que si sé es que, acertadamente, consideraba que quienes acuden a curanderos y médiums son víctimas de unos desaprensivos que se aprovechan de su dolor físico y psíquico. “Están haciendo mucho daño a la gente. La hacen sufrir y, en algunos casos, sus víctimas son personas con problemas mentales que debían tratar profesionales”, decía. Creo que es ese daño que hacen algunos a gente normal y corriente, personas en muchos casos de escasos recursos económicos y baja formación, lo que puede mantenerle a uno en primera línea de la lucha por la razón tantos años.

James Randi, en el centro, y D.J. Grothe, a la derecha, tras la cena en la que fueron nombrados socios de honor del Círculo Escéptico, en Bilbao en mayo de 2012. Foto: Justin Weinstein.

John Nevil Maskelyne, el mago victoriano que desenmascaraba médiums, escribió en 1892 en The Supernatural? que el principio del espiritismo es que “aquéllos que tienen mucho dinero y nada de cerebro están hechos para aquéllos que tienen mucho cerebro y nada de dinero”. Más de un siglo después, los espiritistas siguen comerciando con el dolor que causa la muerte de seres queridos, pero a ellos se han unido en el repugnante negocio de aprovecharse de la desesperación de los más crédulos todo tipo de brujos y curanderos, algunos con el título de medicina en la pared y amparados por una gran industria creada ex profeso para vender agua y azúcar a precio de oro. Randi no sólo plantó cara a esos desaprensivos, sino que, además, su valentía y buen hacer inspiraron a escépticos de todo el mundo.

“En cualquier otra época de la historia, nos sentiríamos agradecidos ante cualquier obstinado realista que decidiera desenmascarar a pícaros y bribones, y aplaudiríamos su valor. Cuánto más debemos expresar nuestra gratitud y admiración a alguien que lo hace ahora, en este punto tan crítico de la historia”, escribió Isaac Asimov en la introducción de Flim-Flam!. Es difícil expresar mejor lo mucho que tenemos que agradecer a James Randi quienes formamos parte del movimiento escéptico.

Muchas gracias, maestro. Muchas gracias por ser como eras, por ser tan cariñoso con todos los que se acercaban a ti, tan comprensivo, responder a todas las preguntas y hacer todo, siempre, con una sonrisa. Desde la distancia, hay mucha gente que te echa ya de menos, como todos los miembros del Círculo Escéptico con quienes cenaste en Bilbao y de quienes el último día de tu visita, pasada la medianoche y a pesar de que cinco horas más tarde tenías que levantarte para coger un avión, te despediste uno a uno. Un pequeño gran detalle que nunca olvidaremos.