Atlántida

El hombre que reinventó la Atlántida

Cuando oye la palabra Atlántida, ¿qué es lo que le viene a la cabeza? Muy probablemente, el lugar en el que el ser humano se civilizó y adquirió unos conocimientos y habilidades que luego heredaron pueblos de ambas orillas del Atlántico. Esa visión del continente perdido como cuna cultural de la Humanidad no tiene nada que ver con Platón, el filósofo griego que primero lo cita en sus diálogos Timeo y Critias en el siglo IV antes de la era común, sino que es deudora de la reinterpretación decimonónica del congresista y escritor estadounidense Ignatius Donnelly. Los expertos consideran que su obra marca un punto de inflexión en la bibliografía atlantista, formada por miles de títulos del más variado pelaje…

Sigue en la revista Muy Interesante (Nº 462, noviembre de 2019).

‘El archivo del misterio’: la Atlántida

La Atlántida ha estado de moda desde que a finales del siglo XIX el congresista estadounidense Ignatius Donnelly propuso, en Atlantis: the antediluvian world (Atlántida: el mundo antediluviano, 1883), que los refugiados del continente perdido fueron los padres de la civilización a ambos lados del Atlántico. La idea, apoyada en la existencia de pirámides en Egipto y Mesoamérica, prendió y se ha transmitido desde entonces de generación en generación.

La historia de la Atlántida, a la que dedicamos la sexta entrega de El archivo del misterio de Órbita Laika (La 2), la contó por primera por el filósofo griego Platón (429-347 antes de Cristo) en dos de sus diálogos, Timeo y Critias. Según ella, hace 11.000 años, un gran imperio, situado más allá del Estrecho de Gibraltar y bendecido por los dioses, se corrompió e intentó conquistar el Mediterráneo. Derrotaron a casi todos los pueblos ribereños cuando un puñado de griegos les venció y, como castigo a la soberbia de los atlantes, Zeus hundió su isla continente en el mar de la noche a la mañana. Originalmente localizada por Platón en el Atlántico, la Atlántida se ha ubicado posteriormente en la Antártida, Groenlandia, los Andes, Doñana, las islas Canarias, el mar Egeo… y casi no hay año en el que no se monte una expedición en su búsqueda.

Hipotética recreación de la Atlántida. Autora: Leire Fernández.El mito atlante es tan potente que ha sobrevivido más de 2.300 años sin necesidad de un iglesia y un clero. Hoy sabemos que hace 11.000 años -cuando el filósofo griego sitúa la acción- no existía Atenas ni había ningún imperio. Ninguno. Además, no hay ningún mecanismo geológico que haga factible la desaparición de un continente en unas horas y los continentes actuales son los que había entonces, sin que haya en la geología terrestre un hueco para uno más misteriosamente desaparecido. No hubo ninguna Atlántida fuera de la mente de Platón, quien posiblemente se inspiró en el mundo que le rodeaba -la estructura anillada de los núcleos urbanos de Tartessos, las Guerras Médicas, el hundimiento de la ciudad Helike…- para la historia con fines moralizares en la que los atenienses, sus paisanos, salvan a la Humanidad.

La pervivencia del mito atlante es tal que está en el origen de uno de los grandes fenómenos de la cultura pop contemporánea. Hace mucho, mucho tiempo… en un sitio muy, muy lejano, un malvado imperio intentó someter a todos los humanos, pero cayó derrotado por un puñado de hombres libres. Sí, lo ha adivinado, como apunta el arqueólogo Ken Feder, de la Universidad Central del Estado de Connecticut, la historia de la Atlántida es la de La guerra de las galaxias.

Por qué no me verán en ‘Órbita Laika’

Ángel Martín y Luis Alfonso Gámez, en el plató de 'Órbita Laika'. Foto: Jose A. Pérez.

No van a ver en la tele nada parecido a esta imagen, y lo siento. La foto la tomó Jose A. Pérez en el plató de Órbita Laika, en los Estudios Buñuel de Madrid, el 13 de noviembre, durante un descanso de los ensayos del episodio piloto del nuevo programa de ciencia de La 2. De ahí la semipenumbra. Mientras los técnicos ultimaban detalles, me senté a charlar con Ángel Martín, que poco antes nos había hecho disfrutar a Jose y a mí interpretando un par de canciones al piano. Durante unos minutos, los dos hablamos de mis locuras y del programa, y nos reímos. Cuando me levanté del sofá, fui más consciente que nunca de lo que iba a perderme.

Oí hablar por primera vez de Órbita Laika cuando todavía no se llamaba así. Poco después de la emisión de Escépticos, Blanca Baena y Jose A. Pérez, productora ejecutiva y creador de la serie de ETB, me anunciaron que querían hacer para TVE un programa de divulgación diferente, un late night show con un cómico al frente y un puñado de colaboradores, y que contaban conmigo. Tras la experiencia de Escépticos, lo más gratificante desde un punto de vista profesional que me ha pasado en años, comprenderán que me encantara la idea. Presentaron el proyecto a la convocatoria de ayudas para el fomento de la cultura científica de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt) de 2012 y fue elegido. Pero los ritmos en televisión son lentos y más en tiempos de crisis. Pasaron casi dos años, Jose pulió el proyecto a más no poder y, en julio pasado, la preproducción se puso en marcha. Y allí estaba yo, junto con Blanca, Jose y Urko Luengo, productor del programa.

Mi papel en Órbita Laika iba a ser doble: además de hacer una sección en la que desmontaría un presunto misterio, me encargaría de supervisar los contenidos de los colaboradores. Inmediatamente preparé una lista de veinte temas a tratar para que Jose, como director, pudiera elegir a su gusto doce, uno por cada entrega del programa. A finales de septiembre, ya había mandado los doce textos que servirían de base al guionista para mi sección: la conspiración lunar, la evolución de los extraterrestres, el triángulo de las Bermudas, la Atlántida, la comunicación con los muertos, la Gran Pirámide, la guerra psíquica, el monstruo del lago Ness, la estrella de Belén, las caras de Bélmez, el mito del 10% del cerebro y los círculos de las cosechas.

Mi único problema con Órbita Laika era que se grababa en Madrid y eso me iba a obligar a coger una serie de días libres en el trabajo, algo no siempre fácil en un periódico. Confiaba, sin embargo, en que fuera posible disponer de algunos días de vacaciones que me quedaban este año de tal modo que coincidieran con los de grabación. Lamentablemente, no ha podido ser así y por eso no me sentaré junto a Ángel Martín y sus invitados. Muy a mi pesar, al de mis compañeros y amigos Blanca y Jose -nunca les estaré lo suficientemente agradecido por su confianza y apoyo-, y al de TVE y la Fecyt, a quienes agradezco su comprensión a pesar de haberles dejado tirados en el último momento y que hayan querido que siga en el proyecto.

¡Ah!, por favor, no se pierdan el estreno de Órbita Laika el domingo en La 2 a las 23 horas.

Tres de cada cuatro estadounidenses creen que nos creó Dios

'La creación de Adán', de Miguel Ängel, en la Capilla Sixtina.

Tres de cada cuatro estadounidenses están convencidos de que Dios creó al ser humano tal cual es o guió la evolución durante cientos de millones de años hasta desembocar en nosotros, según la Encuesta de la Universidad de Chapman sobre los temores de los estadounidenses. El sondeo, hecho a una muestra representativa de 1.573 adultos, constata que el principal miedo hoy en el país es a caminar solo por la noche.

Más de la mitad de los encuestados (51,8%) cree que lo que cuenta la Biblia es cierto: un 17,1% se declara literalista y un 34,7% cree que, aun siendo ciertos, no hay que tomarse las afirmaciones y relatos bíblicos al pie de la letra. Frente a eso, sólo un 21,7% considera la Biblia “un libro antiguo de historias y leyendas”. Además, cuando se les pregunta por los orígenes del ser humano, un 76,4% de los estadounidenses cree que somos obra de Dios: un 39,9% está convencido de que Dios creó al Hombre como es ahora hace menos de 10.000 años y un 36,5%, que somos fruto de la evolución, “pero Dios guió el proceso”. Un 19% de la población cxree que somos fruto de un proceso evolutivo en el que no ha intervenido ninguna divinidad.

El capítulo dedicado a lo paranormal revela que el 69% de los encuestados considera posible influir en el mundo físico “mediante el poder del pensamiento positivo”; el 62,5% está convencido de que en el pasado existieron civilizaciones avanzadas del estilo de la Atlántida; el 58,3% cree que a veces los sueños prevén el futuro; para el 53,6%, las casas encantadas existen; el 47% considera la mayor parte del mal obra de Satán; y el 40,8% identifica los ovnis con naves de otros mundos. Sorprende el arraigo de la creencia en las visitas extraterrestres casi 70 años después del nacimiento del mito de los platillos volantes y también, por contraste, el poco crédito que tiene la adivinación. Aunque el 26,9% de los consultados admite haber consultado el horóscopo alguna vez, únicamente el 13,1% cree en la astrología y el 17,3% que hay gente capaz de ver el futuro. Hasta el bigfoot tiene más adeptos que la astrología, el 20,6%.

Antes de reírse de lo ignorantes que son los yanquis -como suelen hacer algunos a la menor oportunidad-, recuerden que el 65,6% de los españoles cree que el efecto invernadero está causado por la energía nuclear y el 64,6% que los tomates que comemos, a diferencia de los producidos por ingeniería genética, no tienen genes, según un estudio de la Fundación BBVA hecho público hace dos años.