Platillos volantes

Cine de ciencia ficción y platillos volantes, en Hala Bedi Irratia

Javi Urkiza y yo hablamos el jueves en Suelta la Olla, en Hala Bedi Irratia, de cine de ciencia ficción y platillos volantes, en la décima entrega del curso 2013-2014 de Gámez Over, intervenciones que también emiten Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate), Kkinzona (Urretxu-Zumarraga) y Txindurri Irratia (Lautada).

Google dedica un ‘doodle’ interactivo al caso de Roswell, donde no se estrelló ningún platillo volante

El 'doodle' del caso de Roswell.El doodle interactivo de Google de hoy conmemora el 66º aniversario del caso del ovni estrellado en Roswell (Nuevo México, Estados Unidos), un incidente ocurrido pocos días después del avistamiento de los primeros platillos volantes por Kenneth Arnold. La noticia de la captura de un presunto ingenio de origen desconocido -en aquel entonces, nadie hablaba de naves extraterrestres- fue el 8 de julio de 1947 la principal información de la primera página del Roswell Daily Record. “Los muchos rumores sobre platillos volantes se hicieron realidad ayer cuando la oficina de Inteligencia del Grupo de Bombarderos 509. de la Octava Fuera Aérea, Aeródromo del Ejército de Roswell (RAAF), tuvo la suerte de obtener un disco gracias a la cooperación de uno de los granjeros locales y de la oficina del sheriff del condado de Chávez”, contaba el diario, haciéndose eco de un comunicado de prensa dictado por el teniente Walter Haut.

Primera página del 'Roswell Daily Record' del 8 de julio de 1947.Sin embargo, al día siguiente, los militares se desdijeron, indicaron que los restos se correspondían en realidad con piezas de un globo meteorológico y mostraron a la Prensa los trozos de madera de barco y papel de aluminio. Nadie creyó entonces -ni en los años 50, 60 y 70- que una nave extraterrestre se hubiera estrellado cerca de Roswell, cuya base aérea acogía en 1947 el primer escuadrón atómico del mundo, el Grupo de Bombarderos 509.  Y el caso de Roswell cayó en el olvido durante más de treinta años. Los ufólogos ignoraron el suceso hasta 1980, cuando Charles Berlitz -entonces famoso por haber cebado la leyenda del triángulo de las Bermudas con dos libros repletos de información falsa y errónea- y William Moore publicaron El incidente, libro en el cual sostenían que habían encontrado testigos y pruebas de que los militares no sólo habían recuperado en Roswell los restos de una nave de otro mundo, sino también varios cuerpos de sus tripulantes. ¡Y llegó el desmadre! A partir de ese año, se sucedieron los libros sobre el caso, sin que nunca quedara claro cuál fue el día concreto del castañazo cósmico ni dónde se estampó contra el desierto el platillo volante. De hecho, el punto del presunto siniestro ha sido objeto de agrias discrepancias entre lugareños deseosos de hacer negocio en sus tierras.

Portada de un número de 'Año Cero' en el que Javier Sierra defendía la autenticidad de la película de la autopsia de Roswell.Los militares mintieron en 1947 cuando dijeron que en Roswell había caído un globo meteorológico. No fue así. Según información desclasificada en 1994 por la Fuerza Aérea estadounidense, los restos correspondían al globo número 4 del proyecto ultrasecreto Mogul, lanzado el 4 de junio desde Alamogordo, a 150 kilómetros de Roswell, y cuyo objetivo era detectar las ondas sonoras provocadas por las esperadas primeras pruebas nucleares soviéticas. Los vendedores de misterios ni se inmutaron. Un año después, el productor televisivo Ray Santilli vendió a cadenas de televisión de medio mundo una película en blanco y negro con la supuesta autopsia a uno de los alienígenas muertos en Roswell. Javier Sierra, en aquella época colaborador de la revista Año Cero, dio la cinta por buena. Estaba convencido de que el invento del transistor podía estar basado en tecnología del platillo estrellado en Nuevo México y proclamaba a los cuatro vientos respecto a los seres que aparecían en la película: “¡No son humanos!”, “¡Estaban vivos!”, “Jaque a la ciencia”, “Roswell, un Watergate cósmico”… Los extraterrestres cabezones eran, sin embargo, de goma, creaciones de John Humphreys, un experto en efectos espaciales que ha trabajado en series como Doctor Who. Pero nada de esto importa a los ufólogos ni en Roswell, donde todos los años por estas fechas montan un festival ovni para sacar los cuartos a los turistas.

Isaac Asimov, los marcianos, el Everest y Edmund Hillary

Portada de 'Buy Jupiter', de Isaac Asimov.“Dado que con frecuencia me llaman para hablar sobre el futuro del hombre, no puedo dejar de usar ‘Everest’ para señalar lo experto futurista que soy. Después de todo, predije que el monte Everest nunca se iba a conquistar, cinco meses después de que se conquistara”. Así recordaba Isaac Asimov (1920-1992) en El electrón es zurdo y otros ensayos científicos (1972), la historia de ‘Everest’, un cuento corto del que me acordé ayer cuando pensaba qué podía decir en la presentación de la mesa sobre “Ciencia, futuro, nuevas tecnologías y naturaleza humana” en la cual hoy han intervenido, en el palacio Euskalduna de Bilbao, el fisiólogo Juan Ignacio Pérez, la psicóloga Helena Matute y el experto en ciencia ficción, además de informático e ingeniero aeronáutico, Miquel Barceló, en el marco de las IV Jornadas de la Red de Salud Mental de Bizkaia.

El 7 de abril de 1953, Asimov vendió ‘Everest’ a la revista Universe por 30 dólares. Los protagonistas de la historia descubrían que el ser humano nunca iba a pisar el techo del mundo porque era un puesto de observación de los marcianos, que desde allí nos vigilaban, preocupados porque ya teníamos la energía atómica y estábamos a punto de disponer de naves espaciales. “El 29 de mayo de 1953, menos de dos meses después de que escribiera y vendiera ‘Everest’, Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaban la cumbre del Everest y no veían allí ni marcianos ni al abominable hombre de las nieves“, explicaba el escritor dos décadas más tarde en la recopilación de cuentos titulada Compre Júpiter (1975).

Que Asimov fuera autor de ciencia ficción no implica que creyera cualquier cosa. Los escritores de ciencia ficción suelen ser, por norma general, escépticos respecto a los poderes paranormales y los visitantes de otros mundos, y Asimov fue, de hecho, uno de los fundadores del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), actual Comité para la Investigación Escéptica (CSI). “No creía que en realidad hubiera marcianos en el Everest ni que fuera a retrasarse mucho la conquista del monte. Sólo pensaba que la gente tendría la decencia de abstenerse de escalarlo hasta que el cuento se publicara”, ironizaba el escritor en Compre Júpiter. No fue así y, para cuando ‘Everest’ vio la luz en Universe, había transcurrido medio año desde la gesta de Hillary y Norgay, de la cual se cumplieron 60 la semana pasada.

La preocupación de los marcianos de Asimov por la carrera nuclear encaja al dedillo con la mitología platillista de aquellos años. En Ultimátum a la Tierra (1951), la primera película que presenta los platillos volantes como naves de otros mundos, nuestros vecinos cósmicos quieren que abandonemos el uso de las armas atómicas. Un año después, George Adamski, un cocinero de un puesto de hamburguesas próximo al observatorio de Monte Palomar, vampiriza el mensaje de Klaatu, el extraterrestre de Ultimátum a la Tierra, y asegura haberse encontrado cara a cara en el desierto de California con un venusiano que le ha transmitido la preocupación reinante en el Sistema Solar por nuestras pruebas nucleares. Además, en ‘Everest’, los alienígenas se comunican con los humanos telepáticamente, recurso narrativo que viene al pelo para salvar el abismo cultural entre seres de mundos diferentes y del que, con otros fines, Asimov ya había echado mano para el personaje de El Mulo en las historias que acabarían componiendo Fundación e Imperio (1962) y Segunda Fundación (1962), publicadas originalmente entre 1945 y 1948 en la revista Astounding.

El tebeo ‘Azul y pálido’, sobre historias de ovnis, en Punto Radio Bizkaia

Pablo Ríos, Patxi Herranz y yo hablamos el martes en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, del tebeo Azul y pálido, sobre historias de ovnis, en la decimosexta entrega del curso 2012-2013 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

El misterio de Ummo, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el martes en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, del misterio de Ummo, en la decimoquinta entrega del curso 2012-2013 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.