Platillos volantes: el nacimiento del mito

Portada del número 1 de la revista 'Fate', dedicada al alistamiento de Kenneth Arnold.“Todo empezó una soleada mañana del año 1947: exactamente el 24 de junio”, dice Antonio Ribera en su libro Treinta años de ovnis (1982). Con ligeras variaciones es lo que cuenta la mayoría de los ufólogos: que el caso de Kenneth Arnold, del que se cumplen 70 años, fue el causante de la fiebre de visitas extraterrestres que sufrimos en la segunda mitad del siglo XX y no sólo eso. “Al piloto civil norteamericano Kenneth Arnold le cabe la gloria bastante discutible de haber bautizado a las naves de los misteriosos señores del espacio. Fue Arnold, en efecto, quien creó el tan desdichado nombre de platillo volante“, escribe el mismo Ribera en El gran enigma de los platillos volantes (1966). A raíz de su avistamiento se multiplicaron las apariciones de objetos extraños, primero en los cielos de Estados Unidos y después en los del resto del mundo, y el bautizo del nuevo fenómeno se debió a esa observación, pero los extraterrestres tardarían años en llegar.

El 24 de junio de 1947, Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios, vio desde su avioneta nueve objetos en formación y a gran velocidad en las inmediaciones del monte Rainer (estado de Washington). Cuando al final de la jornada aterrizó en el aeropuerto de Pendleton (Oregón) y se lo comentó a amigos pilotos, le apuntaron que “podrían ser misiles guiados o algo nuevo”. “De hecho, varios expilotos del Ejército me informaron de que antes de entrar en combate en el extranjero les habían advertido de que podrían ver objetos de forma y diseño similares a los descritos por mí y me aseguraron que no estaba soñando ni volviéndome loco”, escribió meses después en la revista Fate. Uno de esos exmilitares, Sonny Robinson, creía que había visto algún tipo de nave experimental de Estados Unidos o de una potencia extranjera.

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El primer platillo volante del cine no vino de otro mundo

EL platillo volante de 'Bruce Gentry, daredevil of the skies'.El primer platillo volante del cine no llegó de otro mundo, sino que era un arma de un villano. Apareció en Bruce Gentry, daredevil of the skies (Bruce Gentry, el temerario de los cielos), un serial de quince episodios que Columbia estrenó en los cines de Estados Unidos el 10 de febrero de 1949, año y medio después del avistamiento de Kenneth Arnold que desató la fiebre ovni. El héroe, interpretado por Tom Neal, era un aviador curtido en las tiras cómicas de los periódicos que se veía involucrado en espectaculares persecuciones de coches y repartía mamporros a diestro y siniestro; el malvado, El Grabador, un tipo llamado así porque transmitía sus órdenes mediante cintas grabadas. Su objetivo, como el de todo supervillano que se precie, conquistar el mundo.

En el primer episodio del serial, titulado “El disco misterioso”, el avión pilotado por el héroe está a punto de chocar con un platillo volante que poco después explota en el aire. La aeronave de Gentry sufre antes de la aparición del objeto fallos en el instrumental, el efecto electromagnético que tres décadas después volvería loca la furgoneta de Roy Neary (Richard Dreyfuss) en Encuentros en la tercera fase (1977) y del que ya se hablaba a finales de los 40. El platillo volante de El Grabador deja bastante que desear como efecto especial, pero es el primero del cine. Dos años y medio después, en septiembre de 1951, Klaatu, el protagonista de Ultimátum a la Tierra, aterrizará en Washington con su nave espacial de forma discoidal en una espectacular escena.

El origen terrestre de los platillos volantes de Bruce Gentry, daredevil of the skies encaja con lo que entonces creían los estadounidenses y temían sus gobernantes. No fue hasta 1950 cuando se extendió la idea de que podía tratarse de naves alienígenas gracias a Donald E. Keyhoe, comandante retirado de la Infantería de Marina que en The flying saucers are real (Los platillos volantes son reales), el primer libro sobre el fenómeno, asegura que la Tierra está siendo observada por seres de otros planetas “desde hace al menos dos siglos”, que esa vigilancia se intensificó tras “las explosiones de bombas atómicas de 1945”, y que el Gobierno estadounidense lo sabe y lo oculta a la población..

Les dejo con la primera aparición cinematográfica de un platillo volante.

Javier Cárdenas, las vacunas y el autismo, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes sobre Javier Cárdenas, las vacunas y el autismo, en la trigésima sexta entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

“¡Qué escándalo! He descubierto que aquí se miente”

Al igual que el capitán Renault de ‘Casablanca’ descubre que en el local de Rick se juega, algunos periodistas han descubierto ahora que en el mundo se miente.“La culpa es de las redes sociales”. No me dirán que la sentencia no les suena familiar. De un tiempo a esta parte, el periodismo anda inquieto por la facilidad con que se expanden los bulos y las mentiras a través de las redes sociales. Muchas veces son los mismos que nos han alertado de la existencia de un juego -el de la ballena azul– que lleva a los adolescentes a suicidarse, del peligro de las borracheras femeninas por meterse en la vagina tampones empapados en vodka -el llamado tampodka-, del riesgo de que los teléfonos móviles provoquen cáncer y de las bondades de la homeopatía, por citar cuatro falsedades con gran predicamento mediático.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y el Brexit, dos victorias de la mentira y el populismo, han provocado un terremoto en torno a lo que se ha dado en llamar posverdad. Acuñado en 1992, el término, según el Diccionario Oxford, “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Es un neologismo para rebautizar el impacto de uno de los usos de la mentira de toda la vida: la propaganda. Sin embargo, como si el uso propagandístico de falsedades fuera algo nuevo, algunos grandes medios dedican tribunas y reportajes a la posverdad, los bulos y las mentiras, incidiendo en que el peligro está en las redes sociales y el efecto eco, consecuencia de la creación de comunidades ideológicas aisladas del exterior, de burbujas impermeables a mensajes discrepantes.

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