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¿Un ‘Expediente X’ de Lego? Por ahora, no

Fox Mulder en su despacho del FBI. Foto: Bret Waller.

El joven diseñador australiano Brent Waller ha creado un espectacular kit de Lego sobre Expediente X, con Dana Scully, Fox Mulder y el despacho de este último, presidido por el póster del platillo volante con el lema I want to believe (Quiero creer). Sin embargo, la juguetera danesa ha rechazado la comercialización de la caja, a diferencia de lo que ocurrió con otra creacion suya dedicada a los cazafantamas. “Lo sometí a Lego Ideas, pero, desafortunadamente, el contenido de la serie se consideró demasiado maduro para la marca Lego. Como esperaba que la idea fuera rechazada, no me sorprendió”, me ha comentado Waller por correo electronico. Lego Ideas es una web habilitada por la compañía en 2008 para recibir propuestas por parte de diseñadores: Si el posible producto se pone a la venta, el creador recibe un 1% de los beneficios netos. Hasta el momento, han llegado a las tiendas trece de esas ideas.

El póster, símbolo de la serie, del despacho de Fox Mulder. Foto: Brent Waller.Wallet, de cuyo trabajo me ha alertado el periodista Julio Arrieta, es fan de Expediente X desde que se estrenó en Australia en 1994. “Tenía 14 años. Me enganché de inmediato por el piloto, la dinámica de los protagonistas y el contenido de la serie, lo paranormal. Como Scully, siempre he sido escéptico sobre este tipo de historias en el mundo real; pero, como Mulder, quiero creer”. La construcción del prototipo de Lego le llevó cuatro horas de trabajo “a lo largo de un mes”, porque tuvo que pedir algunas piezas, diseñar los personajes y que se los imprimieran. El resultado, como ven, es espectacular.

Expediente X es la gran serie de televisión sobre lo paranormal. Durante nueve temporadas, entre 1993 y 2002, los agentes del FBI Fox Mulder (David Duchovny) y Dana Scully (Gillian Anderson) se enfrentaron a todo tipo de misterios, desde los extraterrestres hasta el chupacabras, siempre con el telón de fondo de la conspiración, personificada por El Fumador. El creador de la serie, Chris Carter compartía el deseo de creer de Mulder, pero sólo eso: siempre ha sido escéptico. Lo que hacía en Expediente X era estar al tanto de la actualidad paranormal y moldearla a su gusto para explotar los miedos del público.

La Fox ha anunciado hace poco la vuelta de Expediente X. Y esta misma semana Duchovny ha declarado a Entertainment Weekly que ya ha leído el primer guion y “es fantástico”. En principio, la cadena ha encargado únicamente seis episodios, el primero de los cuales se emitirá el 24 de enero de 2016, pero el actor dice que está abierto a que eso sea el principio de algo más grande.

Dana Scully y Fox Mulder enseñan sus credenciales. Foto: Brent Waller. El despacho de Fox Mulder. Foto: Brent Waller. Fox Mulder y Dana Scully, con los grises. Foto: Brent Waller.

“Charlie, Charlie… ¿soy tonto?” Cuando los espíritus no mienten

Charlie, Charlie... Los espíritus siempre dicen la verdad.Dicen que es la sensación de internet, que está arrasando en las redes, que… Yo no lo conocí hasta hace tres días. Supongo que depende, como los incendios de Twitter, de las fuentes de las que beba uno. Si son tontas, acabará leyendo y viendo tonterías. Por eso, algo tan pueril como dos lápices cruzados moviéndose sobre un papel, dividido en cuatro cuadrantes en los que se ha escrito alternativamente y no, se ha convertido en un fenómeno viral. El juego -paranormal, dicen- responde al nombre de Charlie, Charlie, la supuesta entidad a la que preguntas lo que sea y te responde a través del lápiz. “Nadie sabe quién es Charlie. Las teorías van desde que se trata de un niño suicida, una víctima de un accidente de tránsito, o una deidad pagana mexicana que ahora está aliada con el diablo cristiano”, cuenta el diario El Observador, de Montevideo.

Es cierto. Si uno pone un lapicero en equilibrio sobre otro, acabará moviéndose por el precario equilibrio en el que se encuentra, por vibraciones de la superficie sobre la que descansan o por soplidos de alguno de los reunidos. La mesa de mi despacho es, al parecer, demasiado estable, así que me veo obligado a soplar para que Charlie mueva el lápiz. El ingeniero Alberto Fernández, que da en institutos charlas para el fomento del pensamiento crítico, me decía ayer que en marzo los chavales le habían empezado a comentar el juego. Según el también escéptico Ezequiel del Bianco, el boom de esta semana es consecuencia de un estúpido vídeo del youtuber DrossRotzank. Ya hace años que James Randi pilló al caradura de James Hydrick moviendo un lápiz con el poder de su mente… mediante soplidos. Lo pueden comprobar a partir del minuto 7 del siguiente vídeo.

“La medicina alternativa no existe”, dice el experto Wallace Sampson

“La medicina alternativa no existe. Hemos examinado la mayoría de sus prácticas y, bioquímica o físicamente hablando, sus supuestos efectos están entre lo altamente improbable y lo imposible”, sentenciaba Wallace Sampson, profesor emérito de medicina en la Universidad de Stanford, en el San Francisco Chronicle en agosto de 2006. Considerado una autoridad en oncología, patología y hematología, Sampson dirigía la Scientific Review of Alternative Medicine, una publicación con revisión por pares dedicada al análisis de las denominadas terapias alternativas. “El propósito de la Scientific Review of Alternative Medicine es aplicar las mejores herramientas de la ciencia y la razón para determinar si las hipótesis son válidas y los tratamientos efectivos. No se rechazará ninguna afirmación porque encaje o no porque encaja o no con algún paradigma. Buscará simplemente respuestas justificadas a dos preguntas: «¿Es verdad?» y «¿Este tratamiento funciona?»”, se explica en la web de la revista, nacida en 1997 por iniciativa de Sampson y Paul Kurtz, el que fue fundador y presidente durante décadas del Comité para la Investigación Escéptica (CSI).

Sampson aseguraba en la información citada que ni siquiera la acupuntura, cuyo corpus doctrinal -recuerda- se ha establecido en Europa durante los últimos cien años, tiene una mínima utilidad terapéutica. A su juicio, lo que ocuirre con esta práctica es que la atención del cliente se desvía de los síntomas hacia las agujas. “No tiene ningún efecto sobre el proceso de la enfermedad, pero afecta a la percepción de los síntomas”. Y, con buen tino, se preguntaba: “¿Qué pasaría si la acupuntura no existiera?”. La respuesta es: nada. Ése es su impacto en nuestras vidas. Imagínese, sin embargo, lo que pasaría de no existir los antibióticos, las vacunas, las radiografías, la radioterapia… ¿Saben cuántas terapias han desarrollado en más de veinte años los dos grandes centros de investigación sobre las medicinas alternativas de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos? Ninguna. Y eso que el Centro Nacional para la Salud Complementaria e Integral (NCCIH), fundado 1992, y la Oficina de Medicina Complementaria y Alternativa para el Cáncer (OCCAM), creada en 1998, han gastado desde su nacimiento miles de millones de dólares. Ahora mismo, cuestan al contribuyente estadounidense unos 240 millones de dólares al año. ¿Hasta cuándo se va a seguir tirando dinero a la basura?

“La medicina alternativa no existe”, decía con razón Sampson en esta -vieja, pero actual- información de la que me he enterado a través del CSI. Como tampoco existen, coo suele recordar el periodista científico Mauricio-José Schwarz, la ingeniería alternativa, la quimica alternativa… Huya de la medicina alternativa, complementaria, integrativa o cómo la llamen en el futuro. Por un lado, hay medicina; por otro, cosas que intentan hacerse pasar por ella sin haber demostrado su efectividad. Como la democracia que se adjetiva, la medicina que se adjetiva es un sucedáneo.

Mulet, contra las falsas medicinas

'Medicina sin engaños', de José Miguel Mulet.El tercer libro de José Miguel Mulet no decepcionará a quienes disfrutaron con Los productos naturales ¡vaya timo! (2011) y Comer sin miedo (2014). Tras derribar los mitos de lo natural y los peligros de la comida en Occidente, el bioquímico y divulgador valenciano arremete contra las mal llamadas medicinas alternativas, prácticas tan populares como inútiles y peligrosas que, sin embargo, cuentan con el respaldo de muchos profesionales de la salud y, por supuesto, de una parte significativa de la analfabeta, científicamente hablando, clase política española.

Cuando J.M. -nos conocemos desde hace años y siempre le he llamado así- me comentó en febrero de 2014 que estaba embarcado en este libro, me alegré. Aunque hay obras específicas, como las dedicadas a la acupuntura y la homeopatía por Víctor-Javier Sanz Larrínaga, faltaba una general sobre el sector de las pseudoterapias y él era, a mi juicio, el autor ideal. ¿Por qué? Porque J.M. tiene una capacidad de comunicar que para sí la quisieran muchos. Cuando en noviembre pasado hablábamos de nuestros respectivos proyectos en un restaurante valenciano y me dijo el título del libro, me pareció un acierto total. Titular bien es lo más difícil del mundo, como sabe todo periodista. El título es lo primero que ve el público y, si no le llama la atención, ya puedes haber escrito algo memorable que pasará desapercibido. No es el caso que nos ocupa.

Medicina sin engaños se lee de un tirón. La primera parte está dedicada a la medicina y es imprescindible para captar el mensaje que intenta transmitir el autor. Al principio, era la parte que menos me interesaba, pero, una vez acabada la obra, me dí cuenta de que esas páginas son imprescindibles. El libro estaría cojo sin que J.M. nos explicara los orígenes de la medicina, en qué consiste ésta y por qué desconfiamos de ella, a pesar de que gracias a ella -y a las mejoras en la higiene, el saneamiento y el control de los alimentos-, vivimos mejor y más que nuestros antepasados y, por supuesto, que nuestros congéneres cuya salud depende de medicinas tradicionales. En las dos partes dedicadas a la pseudoterapias, el autor desmonta grandes fraudes contemporáneos como la homeopatía, el reiki y la quiropráctica, además de presentar algunos casos terribles de víctimas de estas prácticas. Y el epílogo es un decálogo para evitar a los charlatanes de la pseudomedicina, para ayudarnos a conservar nuestra salud y nuestro dinero.

Quien le conoce o ha asistido a alguna de sus conferencias escuchará muchas veces a lo largo del libro la voz de J.M., que ha sufrido durante un reciente viaje a Argentina el boicot de los fanáticos anticiencia. Por ejemplo, cuando dice respecto al ecoterrorista y vendedor de plantas milagrosas Josep Pàmies: “Guau, este señor cultiva plantas ilegales que evitan la quimioterapia. Digo yo que con el coste que tiene el tratamiento del  cáncer para la sanidad pública, esto es un chollo, ¿no? Ponemos varios huertecitos al lado de los hospitales y dejamos de comprar pastillas”. O cuando llama la atención sobre el inexplicable atractivo de las denominadas medicinas tradicionales: “Si hace siglos que en Occidente no vamos al médico para que nos ponga sanguijuelas, ¿para qué vas a que te pongan agujas?”.

Las 359 páginas de Medicina sin engaños tendrían que ser lectura obligatoria en las universidades donde se forman los futuros profesionales de la salud y del periodismo. En el caso de los primeros, para que como colectivo rechacen toda terapia sin base científica, expulsen de la profesión a los médicos y enfermeros que las practiquen y dejen de jugar con la salud de los ciudadanos; en el de los segundos, para que los medios de comunicación no sean altavoces publicitarios de todo tipo de estafas, como ocurre con demasiada frecuencia. Si algún día -no creo que yo lo vea- una universidad española se anima a introducir el pensamiento crítico en la formación de sus alumnos como una asignatura transversal -es decir, presente en todas las carreras-, esta obra de J.M. debería figurar entre las imprescindibles.

José Miguel Mulet (2015): Medicina sin engaños. (Col. “Imago mundi”). Destino. Barcelona. 359 páginas.

‘El peligro de creer’ ya está en las librerías

Portada de 'El peligro de creer', de Luis Alfonso Gámez.Después de casi dos años de trabajo, hoy sale a la venta El peligro de creer, publicado por Léeme Libros y prologado por Jose A. Pérez Ledo. Son más de 200 páginas en las que expongo cómo los médiums, médicos alternativos y otros nos engañan, nos sacan el dinero y juegan contra nuestros sentimientos y salud. Hay médiums, parapsicólogos, zahorís, grafólogos, homeópatas, videntes, telepredicadores, quiroprácticos… y muchas víctimas de sus desmanes. Y también aparecen en escena grandes magos y hombres de ciencia.

El peligro de creer está lleno de vueltas y revueltas, de saltos temporales, de conexiones que a primera vista pueden parecer extrañas, pero luego no lo son tanto. Hay en él muchas pequeñas grandes historias no porque las cuente yo, sino porque estaban ahí esperándome. También hay episodios de sobra conocidos, como el del origen del espiritismo moderno. Todos los interesados en estos temas hemos oído hablar alguna vez del caso de las hermanas Fox y, sin embargo, en cuanto profundizas en lo publicado, afloran contradicciones y vacíos. Fue el capítulo que más quebraderos de cabeza me produjo porque, para documentarme como creía que debía, tuve que consultar obras de las propias fundadoras del movimiento espiritista, de sus familiares y de sus primeros seguidores para intentar ofrecer un relato lo más fiel posible a los hechos. Por si alguien quiere profundizar en todo lo que cuento de éste y otros casos, el libro incluye numerosas referencias bibliográficas, con la dirección de la versión digital de la fuente si se da el caso.

No ha sido fácil escribir El peligro de creer. Me puse a ello sólo con una idea de cuál tenía que ser el punto de partida y cuál iba a ser el destino, y decidí dejar que el propio texto me indicara qué desviación tomar en cada momento. Gracias a eso, escribirlo ha sido un viaje apasionante en el que he aprendido mucho, leído sobre asuntos y personajes que nunca me habían interesado y han resultado apasionantes, y enriquecido mi biblioteca, aunque también ha supuesto un gran desgaste. Por fortuna, quedan lejos las noches y los fines de semana obsesionado con la búsqueda de un dato o cómo insertar una historia en el relato sin que chirriara, pero cercano el momento en que puse el punto final y sentí que había llegado a la meta. Luego vino la incertidumbre. ¿Lo que había escrito merecía la pena?

Mandé fragmentos y el original entero a un reducido número de personas cuyo juicio y sinceridad aprecio. Quería saber si el libro era interesante, y que me dijeran si algo les sonaba mal y si echaban en falta alguna cosa. Sus aportaciones, las de quienes me ayudaron en la búsqueda de material y las posteriores de José Antonio Menor, mi editor, han mejorado el original considerablemente. Y la ilustración de cubierta de Marta Bellvehí ha sido la guinda. Ahora, ustedes tienen la palabra. Además de en su librería habitual, pueden conseguir El peligro de creer en Léeme Libros, con los gastos de envío gratis para España, y en Amazon. Si lo hacen, espero que les guste tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.

Para que vayan abriendo boca, pueden echar un ojo al dossier de prensa.

Luis Alfonso Gámez (2015): El peligro de creer. Prologado por Jose A. Pérez Ledo. Léeme Libros. Madrid. 224 páginas.