Stalin, Mengele y el platillo volante de Roswell

Modelo a tamaño real de un A-12 puesto en lo alto de un pilar en el Área 51 para las pruebas de radar. Foto: CIA.Cualquier misterio gana si hay nazis de por medio. Bien lo saben las revistas esotéricas españolas, que desde hace décadas lucen cada dos por tres en sus portadas a Adolf Hitler o algún símbolo nazi para relacionar ese régimen con el Grial, el ocultismo, los platillos volantes, el Arca de la Alianza, las sectas… En su libro Área 51. La historia jamás contada de la base militar más secreta de América (2011), recientemente traducido al español, la periodista estadounidense Annie Jacobsen va más allá y achaca el caso de Roswell a un plan del sanguinario Iósif Stalin en el que habría participado el no menos sanguinario Josef Mengele. Comunistas, nazis y platillos volantes, ¿se puede pedir más?

El diario Roswell Daily Record informó el 8 de julio de 1947 en su primera página de que el Ejército estadounidense tenía en su poder un platillo volante que se había estrellado en un rancho cercano a Roswell, Nuevo México. Al día siguiente, sin embargo, los militares dijeron que los restos correspondían en realidad a piezas de un globo meteorológico y mostraron a la Prensa unos trozos de madera de balsa y papel de aluminio. Nadie creyó entonces que una nave extraterrestre se hubiera accidentado cerca de Roswell, y el caso cayó en el olvido hasta 1980, cuando Charles Berlitz y William Moore publicaron El incidente, libro en el que sostenían que no sólo se habían recuperado los restos de un ingenio de otro mundo, sino también cuerpos de sus tripulantes…

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El vídeo de ‘Escépticos live on stage’, con J.M. Mulet y Luis Alfonso Gámez

J.M. Mulet y yo hablamos el 16 de febrero en Gandía de escepticismo en la octava edición de comunica2, el congreso internacional sobre redes sociales que dirigen en la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) los profesores Marga Cabrera, Rebeca Díez y Alberto Sancho. Mi segunda experiencia en esas jornadas fue tan satisfactoria como la primera –Palabra de Google-, a pesar del reto que suponía que J.M. y yo actuáramos juntos por primera vez. Aquí tienen el vídeo de la charla Escépticos live on stage:

Aquellos UFOs de los 70

‘La Amatxo’, de Daniel Tamayo, un cuadro de la exposición 'UFO' con la Virgen de Begoña en San Mamés bajo un haz de luz de un ovni.

El acrónimo UFO lo acuñó Edward Ruppelt, capitán de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, a principios de los años 50. Primer jefe del Proyecto Libro Azul, la iniciativa militar para el estudio de los platillos volantes, sustituyó esta última denominación por la más neutra de Unidentified Flying Object (UFO). En castellano, Objeto Volante No Identificado (OVNI). De UFO vienen ufología y ufonauta -el tripulante del UFO-, términos con los que se familiarizaron varias generaciones de españoles a través de una TVE en blanco y negro en la que el psiquiatra Fernando Jiménez del Oso, el hombre de las marcadas bolsas bajo los ojos y el eterno cigarrillo, narraba increíbles historias de encuentros con alienígenas protagonizados por gente corriente.

Uno de los que se asomaron a esa ventana a otros mundos fue el artista Fito Ramírez-Escudero (Bilbao, 1955), profesor de la Universidad del País Vasco (UPV) e impulsor de la galería Aire, que ha abierto sus puertas en Bilbao con la exposición colectiva UFO. “En los 70, una época muy dura, los extraterrestres eran un componente de tipo fantástico muy atractivo. Hasta cierto punto, una especie de sustitución de la fe religiosa que habíamos abandonado”, recuerda. No en vano, según algunos, los dioses de los libros sagrados eran extraterrestres que nos habían visitado en la Antigüedad y enseñado a levantar pirámides. Otros decían que apariciones como las de Fátima no tenían que ver con la religión, sino con seres de otros mundos. Pero todavía nadie hablaba de Roswell ni del Área 51, y las abducciones eran consideradas una excentricidad dentro de los propios ambientes ufológicos.

Era un mundo ingenuo en el que el saber se transmitía a través de charlas y grupos de aficionados que se reunían periódicamente. Bastaban una colección de recortes de prensa, una grabadora y una cámara de fotos para ser ufólogo, aunque no se supiera identificar en el cielo a Venus –considerado la reina de los ovnis– o se tomaran por una nave de otro mundo las luces rojas y blancas de un coche subiendo por una zigzagueante carretera. El problema del ovni fue siempre el no identificado. Si no se sabe lo que es algo, puede ser cualquier cosa. De hecho, la historia de la ufología tiene entre sus documentos gráficos más memorables planetas, nubes iluminadas por el Sol, reflejos de lámparas en ventanas y hasta moscas aplastadas en ellas.

Según nuestros robots fueron llegando a otros mundos, los ufonautas fueron alejándose. Hace tiempo que no hay marcianos ni venusianos. Por no haber, hace años que no hay ni una foto decente de un ovni. Ni siquiera borrosa. La ubicua fotografía digital ha matado a los UFOs, pero los platillos volantes han triunfado: ellos y sus tripulantes son, por méritos propios, parte de la cultura popular, recordatorios de un tiempo en el que queríamos creer.

Proyección-coloquio de ‘Encuentros en la tercera fase’ en Bilbao el 8 de mayo

Cartel de 'Encuentros en la tercera fase'.El auditorio Mitxelena del Bizkaia Aretoa acogerá el 8 de mayo (18 horas) una proyección-coloquio de Encuentros en la tercera fase, con motivo del cuadragésimo aniversario del estreno en España de la película de Steven Spielberg. Juan Ignacio Pérez, titular de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco (UPV), presentará la sesión y, tras la proyección, el periodista Borja Crespo y yo desvelaremos los secretos de este clásico de la ciencia ficción. La entrada a ‘Encuentros en la tercera fase’. El cine, el mito y la ciencia será libre hasta completar aforo.

Cuando rodó esta película, Spielberg estaba convencido de que nos visitaban extraterrestres. «Encuentros no es ciencia ficción; son hechos científicos», le dijo al actor Bob Balaban en marzo de 1976 cuando le propuso participar en el filme. La trama incluye observaciones de platillos volantes inspiradas en casos reales, y el título está tomado de la clasificación de avistamientos hecha por el astrónomo Joseph Allen Hynek, que había trabajado para la Fuerza Aérea en la investigación ovni. Considerado el padre de la ufología científica, Hynek no sólo fue asesor de Spielberg, sino que también sale en la película.

‘Encuentros en la tercera fase’. El cine, el mito y la ciencia es una iniciativa de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV y el Círculo Escéptico. Una oportunidad única para volver a ver la película en pantalla grande y conocer sus entresijos.