Escepticismo

‘O perigo de crer’, el 20 de abril en Pontevedra

Cartel de la XXXIV Semana Gallega de Filosofía.O perigo de crer (El peligro de creer) es el título de la charla que daré en el Teatro Principal de Pontevedra el jueves 20 de abril, en el marco de la XXXIV Semana Gallega de Filosofía. El encuentro, organizado el Aula Castelao de Filosofía y dedicado este año a Filosofía y salud, se celebra la próxima semana de lunes al viernes. Cada día, la charla matutina (de 10.30 a 13.30 horas) aborda el tema desde una perspectiva filosófica, la de la tarde (de 17 a 19.30 horas) se circunscribe al ámbito gallego y la de la noche (de 20 a 22 horas) se dedica a controversias y está abierta al público.

Mi intervención será nocturna y hablaré sobre todo de las medicinas alternativas, pero también de espiritismo. Lo haré porque, mientras que las pseudoterapias afectan a nuestra salud física, la creencia en personas capaces de comunicarse con los muertos puede tener graves consecuencias psicológicas. Tanto los vendedores de pseudoterapias como los médiums se aprovechan de nuestra humanidad: del miedo a la enfermedad y a la muerte los primeros, y de la angustia que nos produce la pérdida de seres queridos los segundos. Por eso dediqué a pseudomédicos y espiritistas el núcleo de mi libro El peligro de creer.

Si quieren, nos vemos en Pontevedra el jueves de la próxima semana.

El vídeo de mi charla ‘Palabra de Google’, en Comunica2

Aquí tienen el vídeo de Palabra de Google, la charla que di el 17 de febrero en comunica2, el congreso internacional sobre redes sociales que desde hace siete años organiza en Gandía la Universidad Politécnica de Valencia, dirigido por los profesores Marga Cabrera, Rebeca Díez y Alberto Sancho. Aunque era la primera vez que daba esta charla y hay muchas cosas que mejorar, me lo pasé muy bien y disfruté de la hospitalidad de mis anfitriones y con las ponencias y mesas redondas a las que pude asistir. Una experiencia a repetir.

Engañarnos es muy fácil

Carl Sagan temía que sus nietos vivieran en un Estados Unidos cuyos ciudadanos carecieran de “la capacidad de establecer sus prioridades o de cuestionar con conocimiento a los que ejercen la autoridad”. “Con las facultades críticas en declive, incapaces de discernir entre lo que nos hace sentir bien y lo que es cierto, nos iremos deslizando, casi sin darnos cuenta, en la superstición y la oscuridad”, auguraba el astrofísico en El mundo y sus demonios (1995). Evitarlo pasaba, en su opinión, por enseñar en la escuela “hábitos de pensamiento escéptico”, aunque eso supondría que las nuevas generaciones acabarían cuestionando más que los ovnis y a los videntes. “Quizá desafiarán las opiniones de los que están en el poder. ¿Dónde estaremos entonces?”, se preguntaba al final del libro.

El Centro de Investigación Pew, un grupo de reflexión con sede en Washington, revelaba al día siguiente de las elecciones presidenciales estadounidenses que a Donald Trump le habían votado bastantes menos graduados universitarios que a Hillary Clinton (43% frente a 52%), pero muchas más personas sin formación superior (52% frente a 44%). ¿Tienen las sociedades desarrolladas que plantearse cambios en la educación para fomentar el pensamiento crítico y que los ciudadanos no caigan rendidos ante los cantos de sirena del populismo?; con una población mejor educada, ¿Trump estaría en el Despacho Oval y Reino Unido fuera de la UE?

Sesgo ideológico

El filósofo de la ciencia Jesús Zamora Bonilla. Foto: José Ramón Ladra.“Nunca se sabe. Cuando Hitler salió elegido en los años 30, Alemania era el país con mejor educación de Europa. Aunque, cuanto más pensamiento crítico, más difícil es que cuajen cierto tipo de engaños, también hay ideas erróneas que arraigan en colectivos educados. Por ejemplo, la oposición a las vacunas está presente en gente con un alto nivel educativo”, advierte Jesús Zamora Bonilla, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la UNED. El problema ahora, añade, es que se ha extendido la idea de que “uno tiene derecho a que sea verdad lo que cree. No es así. Tienes derecho a creer tonterías, pero no dejan de serlo porque las creas”.

A la hora de protegernos frente a tonterías -algunas de ellas peligrosas, como la antivacunación-, Zamora Bonilla considera fundamental que “las instituciones funcionen bien” y que “la gente sepa que la última palabra en muchas cuestiones la tiene la ciencia, que no se basa en opiniones, sino en el análisis objetivo de los datos”. Si la población fuera consciente de eso, daría la espalda a los políticos que pescan votos en el miedo a los transgénicos y las ondas de telefonía, por ejemplo. “En el colegio tiene que haber asignaturas, que son a las que ha quitado peso la ley Wert, que fomenten el pensamiento crítico, en las que se enseñe a pensar, que no todas las opiniones son igual de válidas…”, apostilla.

El biólogo Juan Ignacio Pérez, en el Bizkaia Aretoa. Foto: Fernando Gómez.“Sería muy recomendable que en la escuela y el instituto se pusiera más énfasis en que no hay que dar por buena toda la información que recibimos. Por norma, deberíamos exigir pruebas de las afirmaciones que se hacen en todos los ámbitos. Deberíamos preguntar siempre el porqué de las cosas, incluso a nosotros mismos”, afirma Juan Ignacio Pérez Iglesias, biólogo y titular de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco. Lo que realmente preocupa hoy a muchos científicos estadounidenses, explica, “es el convencimiento de que con Donald Trump va a acabarse la toma de decisiones políticas basada en pruebas. Creen que lo que son hábitos de pensamiento y actuación beneficiosos que no se van a seguir aplicando”.

Pérez Iglesias es, no obstante, “escéptico sobre el potencial del sistema educativo a la hora de fomentar el pensamiento crítico porque en los seres humanos la componente irracional es beportantísima a la hora de tomar decisiones. Debemos ser conscientes de los sesgos, esos atajos mentales que forman parte de nuestro bagaje evolutivo y nos ayudan a resolver problemas sin pensar demasiado, y, sobre todo, del peso de lo emocional e ideológico. Hay mucha gente que vota a un partido porque las tripas se lo piden. Solo así se explica la insensibilidad ante la corrupción”. De ahí que él crea que el pensamiento crítico, “aunque hay que cultivarlo y promoverlo”, va a tener siempre “un alcance limitado”. “Es muy fácil engañarnos. Cuando entran en juego la política y la ideología, es igual de fácil engañar a cien catedráticos universitarios que a cien conductores de autobús”, coincide Zamora Bonilla.

Sentido común

El filósofo y pedagogo Gregorio luri.“Todos tenemos una parte un poco imbécil y no conocerla es la peor de las imbecilidades”, alerta el filósofo y pedagogo Gregorio Luri. Él prefiere hablar de “pensamiento riguroso en vez de pensamiento crítico”, porque, argumenta, solemos usar esta última acepción para aquel que coincide con el nuestro. “La clave está en pensar con rigor, algo que no es fácil, y tener claro que hay trampas en el pensamiento en las que no deberíamos caer, como las falacias. Pero someterte a una disciplina intelectual así resulta agotador, suele hacer daño y nunca sabes si la conclusión a la que has llegado es un fundamento firme o marca solo el límite de tus fuerzas”.

Por eso, en su opinión, más importante que el pensamiento crítico es “vivir en una comunidad con sentido común, que, como decía Aristóteles, básicamente se educa mostrando ejemplos de gente con sentido común. Hoy, sin embargo, predominan los de éxito fácil, de famoseo… Ahí hay un riesgo”. Para Luri, “la victoria de Trump se debe a que la alternativa era mucho peor. La gente no es tonta, no es estúpida. Lo que debería plantearse la socialdemocracia es por qué hay personas inteligentes, con buen criterio y una formación elevada, que se sienten perjudicadas por sus políticas. Trump me parece una persona bastante repulsiva, pero a los estadounidenses les ha parecido más repulsiva Hillary Clinton”. En el caso de Reino Unido, cree que la UE no ha sabido cautivar no solo a los británicos, sino tampoco a muchos otros nacionales. Pérez Iglesias tampoco achaca el Brexit a un voto no educado, sino a “la antigua querencia de Reino Unido por no estar en la UE”.

El economista José Luis Ferreira.“Si miras a los votantes de Trump, Le Pen y otros populismos, hay mucha gente con buena educación, que ha pasado por la Universidad. No sé cuál es el mejor antídoto para evitar que salgan los demonios que llevamos dentro: el racismo, el machismo… La mejor educación nunca sobra, pero no sé si es el antídoto. Estados Unidos, Francia y Holanda son países muy civilizados, muy educados”, advierte el economista José Luis Ferreira, profesor de la Universidad Carlos III. Frente a quienes sostienen que “los gobernantes nos quieren tontos”, él considera que esa visión conspiranoica carece de sentido. “No hace falta. Está visto que podemos ser educados y votarles de todas maneras. Lo puedo entender en otras épocas y en regímenes autoritarios, donde una élite expulsa de la educación a las mujeres y a las minorías, pero no creo que ningún dirigente quiera algo así en las sociedades democráticas. Ni Rajoy, ni Iglesias, ni Trump, ni Le Pen”.

Para Ferreira, en la escuela el pensamiento crítico tendría que impregnarlo todo. “Cualquier asignatura debería incluir no solo los datos y las teorías, sino también ver críticamente cómo se ha llegado a entender que eso es así y no de otra manera. Falta esta segunda parte, seguramente debido a unos programas siempre apretados. Igual hay que dar menos contenidos, pero con más profundidad”. Él no cree que ningún dirigente político rechazara esa posibilidad. “Los políticos de cualquier ideología están convencidos de que, si la gente pensara críticamente, les votaría a ellos porque su ideología es la buena”.

‘Palabra de Google’, mi charla del 17 de febrero en Gandía

Logo del congreso comunica2.Internet nos hace idiotas. Lo que se prometía como el gran depósito del saber mundial es en realidad un estercolero de rumores, noticias falsas y pseudoconocimiento ante el que estamos indefensos. ¿Cuántas veces ha oído frases de este tipo últimamente? Yo, muchas. La idea ha calado tan hondo que, tras las elecciones estadounidenses, se ha aplaudido en los medios de comunicación a algunos gigantes de Silicon Valley que han anunciado que van a poner en marcha detectores de fakes. ¿Lógico? Para mí, no.

Éste será el 17 de febrero el punto de partida de mi charla en comunicado2, el congreso internacional sobre redes sociales que organiza la Universidad Politécnica de Valencia (UPV). Defenderé, en contra de lo que sostienen muchos, que Internet no es el problema, sino la solución. ¿Por qué? Porque, a la hora de luchar contra la mentira, el auténtico problema somos nosotros, y en especial los periodistas y los medios de comunicación. Hay periodistas y grandes corporaciones -grupos editoriales y mediáticos- que han hecho de la mentira su negocio y cuyos desmanes prácticamente nadie denuncia por no cerrarse puertas. Digo prácticamente nadie porque, en lo que respecta a la pseudociencia, los escépticos llevamos décadas llamando mentiras a las mentiras y ficciones a los hechos inventados. En España, desde aquellos tiempos en  que Fernando Jiménez del Oso salía en la tele. Trump y su apostolado de la emntira son unos recién llegados.

En Palabra de Google -como he titulado mi charla-, presentaré algunos ejemplos de mentiras, bulos e informaciones falsas a las que hemos estado expuestos en los últimos años. ¿De dónde salieron? ¿Quiénes los difundieron? ¿Cómo sabemos que son basura? ¿Nacieron en Internet? ¿Se habrían evitado de no haber existido Internet? Son preguntas que  lanzo y sobre las que reflexionaremos el viernes en el Aula Magna del campus de la UPV en Gandía, de 10.30 a 11.30 horas. Anímense, inscríbanse y allí nos vemos.

¿Qué fue de la niña de ‘El exorcista’?

Cartel de la charla '¿qué fue de la niña de 'El exorcista'?'.¿Qué fue de la niña de El exorcista? ¿Nunca se lo ha preguntado? William Peter Blatty, el autor de El exorcista, aseguraba que la historia estaba basada en hechos reales. Así que tuvo que haber en algún lugar de Estados Unidos una adolescente poseída por Satanas, en cuyo cuerpo aparecieron llagas, que hablaba en lenguas extrañas, levitaba y bajaba escaleras como si fuera una araña. ¿Qué fue de ella?

Será una de las preguntas que intentaré responder el 8 de febrero a las 20.30 horas en la sala polivalente de BilboRock, dentro de la cuarta edición de Tracking Bilbao, las jornadas sobre cultura popular en la era digital que organizan el colectivo Caostica y el periodista Borja Crespo. Será una charla interactiva -animaré a los asistentes a usar sus móviles- en la que no hablaré solo de El exorcista, película a la que, entre otras cosas, le debe la güija su mala fama. Hablaré también de gremlins, jedis, poderes paranormales y otras cosas que algunos aseguran que no existen. Por cierto, ¿se ha planteado alguna vez de dónde salieron los gremlins?