Adiós a James Randi, mago y maestro de escépticos

James Randi con el autor, en el encuentro celebrado en la Universidad de Deusto en mayo de 2012. Foto: Javi Bellido.

No recuerdo cuándo fue la primera vez que oí hablar de James Randi. Sí recuerdo que, en cuanto pude, compré y leí Flim-Flam! (Fraudes paranormales, 1982), libro que devoré y todavía recomiendo a quien me pregunta por una buena obra sobre pensamiento crítico y denuncia de supercherías. Corrían los años 80 y entonces no existía Internet. Había que escribir cartas, mandar cheques y esperar que no se extraviaran para que, semanas después, el cartero dejara en tu buzón el libro o revista solicitado. Ése era el camino que teníamos que seguir hace décadas quienes vivíamos en España -y en otros países- para conocer la obra de The Amazing Randi, que falleció ayer a los 92 años. Nos ha dejado huérfanos, pero nos queda su ejemplo.

La primera vez que vi a Randi en acción fue en casa de Félix Ares, un amigo al que un grupo de entonces jóvenes habíamos animado a involucrarse activamente en la lucha contra la charlatanería. Al igual que nosotros, él había empezado como ufólogo, pero con el tiempo había evolucionado hacia el escepticismo, aunque se había limitado a leer y no había pensado en pasar a la acción. Hasta que nos conoció, nos habló de la existencia del Comité para la Investigación Escéptica (entonces, CSICOP) y fundamos un pequeño grupo de cazacharlatanes, la semilla de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico y el Círculo Escéptico.

Fue en los años 80, durante una visita a España de Mark Plummer, director ejecutivo del CSICOP, cuando vi un vídeo de Randi en casa de Félix. Se trataba de unas grabaciones de The Tonight Show con Johnny Carson, incluido el célebre desenmascaramiento del telepredicador Peter Popoff, que en la película Luces rojas (2012) plagió el cineasta español Rodrigo Cortés. Para mí, aquello fue definitivo: Randi era un maestro en el arte de poner en evidencia a quienes explotan a los más ingenuos.

Una generación de gigantes

James Randi forma parte de una generación de gigantes del pensamiento crítico, junto a Martin Gardner, Carl Sagan, Isaac Asimov, Ray Hyman y Paul Kurtz. Y es una figura clave en el escepticismo científico por unas características que lo hacen único. Entre otras, sus conocimientos y agudeza mental; su capacidad para explicar las cosas; su compromiso a la hora de recoger el testigo de magos como John Nevil Maskelyne y Harry Houdini; su valentía al enfrentarse a charlatanes que han recurrido muchas veces a los ataques ad hominem para desprestigiarle; su vis cómica; su cercanía a la gente; y su sentido del espectáculo. Reunía lo mejor de un intelectual y de un showman, y es quizás por esto último por lo que llegaba con facilidad a tantas personas, a niños, mayores, apasionados por la ciencia, simples curiosos, científicos a quienes no interesa lo paranormal…

Póster de un espectáculo de James Randi.

La cercanía de Randi la experimenté en varias ocasiones desde que le conocí en persona a principios de los años 90 en Pamplona, donde acudió invitado por el astrofísico Javier Armentia. Las dos últimas veces que disfruté de su cordialidad fueron una a distancia y otra en persona. La primera, en Nueva York, durante NECSS 2009, conferencia escéptica a la que acudí con mi buen amigo Doug Smith, del Centro para la Investigación (CfI). Fue una gran experiencia que sólo tuvo un borrón: Randi no pudo asistir en persona porque en aquel entonces estaba siendo tratado con quimioterapia contra un cáncer que felizmente superó. La enfermedad no impidió que mandara un corto y cariñoso saludo en vídeo a los 400 escépticos que llenábamos la sala. En su mensaje hizo gala de su sentido del humor, diciendo que había rechazado usar la homeopatía, la acupuntura, la oración y otros remedios fraudulentos, y había optado por la medicina científica. Tres años después, comprobé los buenos resultados de su confianza en la ciencia.

Randi visitó Bilbao en mayo de 2012, acompañado de D.J. Grothe, entonces director de la Fundación Educativa James Randi, y Justin Weinstein y Yana Zeltser, quienes estaban rodando la película biográfica An honest liar (Un honesto mentiroso). Fueron dos días muy intensos. Asistió a cenas con miembros del Círculo Escéptico y simpatizantes, hizo una visita privada al Museo Guggenheim, mantuvo una reunión de trabajo con el grupo de la psicóloga Helena Matute, que investiga en la Universidad de Deusto los mecanismos mentales del pensamiento mágico, dio una conferencia, concedió entrevistas, hizo incontables bromas y trucos, y siempre atendió amablemente a todo el que se le acercaba para fotografiarse con él, saludarle y manifestarle su admiración. Para mí, fueron días muy especiales por cumplir el viejo de sueño de tenerle en mi ciudad y porque pudieron conocerle amigos que le seguían y leían desde los ya lejanos años 80.

Humanismo y compromiso social

Cuando Randi se retiró de los escenarios como mago profesional a los 60 años, el mundo del espectáculo perdió una estrella, pero el pensamiento crítico ganó a alguien irrepetible. Alguien que es, para muchísima gente en todo el mundo, la personificación de la racionalidad, el escepticismo y el humanismo. Así, informado de los recortes en la Sanidad pública española que se intuían ya entonces el horizonte, aprovechó su conferencia en Bilbao para romper una lanza en favor de la universalidad de la asistencia médica.

Bajando del cielo de lo paranormal al suelo de la realidad, puso como ejemplo su reciente enfermedad, cuyo caro tratamiento había tenido que costear de su bolsillo, algo que no está al alcance de cualquiera y a diferencia de sus hermanos, que “viven en Canadá y no pagan nada por la asistencia médica”. Y es que el escepticismo científico va mucho más allá de la lucha contra las afirmaciones de lo paranormal y la pseudociencia: incluye una visión humanista del mundo en la cual la medida de todo es el bienestar humano y no se toleran discriminaciones de ninguna clase.

Alicia Sainz, del Círculo Escéptico, colabora con James Randi en un ‘experimento paranormal’ en la Universidad de Deusto. Foto: Belén Ibarrola.

Volviendo al escepticismo, imagínense lo que hubiera sido de no contar con un Randi entre nosotros. A él fue a quien llamó sir John Maddox, entonces director de la revista Nature, cuando en 1988 investigó en el laboratorio de Jacques Benveniste los resultados de sus experimentos sobre la memoria del agua, que parecían apoyar la verosimilitud científica de la homeopatía y, al final, fueron consecuencia de errores metodológicos.

Uri Geller, Peter Popoff, Jacques Benveniste, los parapsicólogos del Proyecto Alfa, los cirujanos psíquicos, y todo tipo de adivinos y estafadores lo habrían tenido más fácil para embaucar a la gente. ¿Alguien habría detectado sus trampas o errores? Seguramente, pero quien lo hizo fue Randi y expuso los resultados de sus investigaciones en los medios de comunicación. Y esto último es clave: tan importante es detectar los fraudes pseudocientíficos como darlos a conocer la opinión pública. Sin la exposición del engaño en los medios de comunicación, el escepticismo científico resulta inútil para la sociedad.

Después de décadas de denuncia de todo tipo de engaños, fraudes y errores, ¿qué pudo mantener a alguien como Randi en primera línea, con una agenda siempre apretada, viajando por todo el mundo, dando conferencias, escribiendo artículos…? Es algo que uno no puede evitar preguntarse cuando le veía tan entregado a la tarea de divulgar. No lo sé. En mi opinión, hay dos razones para que alguien como él se mantenga tan firme en una lucha que, desgraciadamente, da más disgustos que alegrías, en la que ayer desenmascaraste ante el mundo a un estafador y hoy ha reconvertido su negocio y gana más dinero. Por un lado, está que la caza de charlatanes es una actividad divertida; por otro, el compromiso social.

Valiente e inspirador

No sé si The Amazing Randi siguió hasta el final divirtiéndose cuando investigaba lo aparentemente sobrenatural. Es posible que se aburriera -o casi- después de tantos años, porque en el mundo de lo paranormal hace mucho que no hay fenómenos nuevos que examinar, sino sólo nuevas versiones de los viejos y explicados engaños. Lo que si sé es que, acertadamente, consideraba que quienes acuden a curanderos y médiums son víctimas de unos desaprensivos que se aprovechan de su dolor físico y psíquico. “Están haciendo mucho daño a la gente. La hacen sufrir y, en algunos casos, sus víctimas son personas con problemas mentales que debían tratar profesionales”, decía. Creo que es ese daño que hacen algunos a gente normal y corriente, personas en muchos casos de escasos recursos económicos y baja formación, lo que puede mantenerle a uno en primera línea de la lucha por la razón tantos años.

James Randi, en el centro, y D.J. Grothe, a la derecha, tras la cena en la que fueron nombrados socios de honor del Círculo Escéptico, en Bilbao en mayo de 2012. Foto: Justin Weinstein.

John Nevil Maskelyne, el mago victoriano que desenmascaraba médiums, escribió en 1892 en The Supernatural? que el principio del espiritismo es que “aquéllos que tienen mucho dinero y nada de cerebro están hechos para aquéllos que tienen mucho cerebro y nada de dinero”. Más de un siglo después, los espiritistas siguen comerciando con el dolor que causa la muerte de seres queridos, pero a ellos se han unido en el repugnante negocio de aprovecharse de la desesperación de los más crédulos todo tipo de brujos y curanderos, algunos con el título de medicina en la pared y amparados por una gran industria creada ex profeso para vender agua y azúcar a precio de oro. Randi no sólo plantó cara a esos desaprensivos, sino que, además, su valentía y buen hacer inspiraron a escépticos de todo el mundo.

“En cualquier otra época de la historia, nos sentiríamos agradecidos ante cualquier obstinado realista que decidiera desenmascarar a pícaros y bribones, y aplaudiríamos su valor. Cuánto más debemos expresar nuestra gratitud y admiración a alguien que lo hace ahora, en este punto tan crítico de la historia”, escribió Isaac Asimov en la introducción de Flim-Flam!. Es difícil expresar mejor lo mucho que tenemos que agradecer a James Randi quienes formamos parte del movimiento escéptico.

Muchas gracias, maestro. Muchas gracias por ser como eras, por ser tan cariñoso con todos los que se acercaban a ti, tan comprensivo, responder a todas las preguntas y hacer todo, siempre, con una sonrisa. Desde la distancia, hay mucha gente que te echa ya de menos, como todos los miembros del Círculo Escéptico con quienes cenaste en Bilbao y de quienes el último día de tu visita, pasada la medianoche y a pesar de que cinco horas más tarde tenías que levantarte para coger un avión, te despediste uno a uno. Un pequeño gran detalle que nunca olvidaremos.

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista.

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3 comentarios

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  1. Una gran perdida, y mas en tiempos como este, y no me refiero sólo a la pandemia, en los que increíblemente, la pseudorealidad pone en jaque a la ciencia.

  2. Muy buen artículo, solo considero que le hizo falta aclarar sobre si la Fundación James Randi seguirá o no en activo a manos de otros escépticos, deseo con todo mi corazón que así sea. Lo malo de vivir en una ciudad no destacada a nivel internacional como lo es Nuevo Laredo Tamaulipas en México es que no puedo llegar a conocer a personas tan admirables como James Randi :/ pero desde todos los rincones de la Tierra tiene sus admiradores necesitamos a muchos otros James Randi que cubran el hueco que ha dejado en la comunidad escéptica internacional.