Alienígenas en la prehistoria

«Es fantástico que los hombres primitivos del Magdaleniense, equipados con hachas de piedra y vestidos con pieles de animales, pudieran, simplemente con el poder de su imaginación, concebir objetos tan parecidos a máquinas erguidas sobre cuatro patas, equipadas con antenas y escalerillas, y exhibiendo superestructuras geométricas», escribía Aimé Michel en la revista Flying Saucer Review en noviembre de 1969. El ufólogo francés contaba, en un artículo titulado «Palaelolithic ufo-shapes» (Formas de ovnis paleolíticas), que había descubierto en algunas cuevas del arco franco-cantábrico –El Castillo y Altamira, entre otras– representaciones de lo que le parecían platillos volantes. Lo que los prehistoriadores denominan claviformes y tectiformes, signos cuya interpretación es todavía hoy objeto de debate entre los expertos, eran para él naves espaciales como las que protagonizan titulares de prensa desde junio de 1947, cuando Kenneth Arnold vio el primer platillo volante…

Sigue en la revista Muy Interesante (edición coleccionista), Paleoarte.

La superproducción de Hollywood que modeló el mito ovni

Platillo volante. Seguro que al leer estas dos palabras le ha venido a la cabeza una nave como la del extraterrestre de Ultimátum a la Tierra (1951). Robert Wise modeló en esa película, hace 50 años, el prototipo del mesías alienígena. Lo personificó en Klaatu, el alto, bien parecido y amable visitante interpretado por Michael Rennie. Y, en vez de llegar en una nave espaciotemporal ovoide como en el cuento de Harry Bates de 1940 en el que se basa el filme, le hizo aterrizar en Washington a bordo de un platillo volante porque desde junio de 1947 eran habituales las apariciones de objetos con esa forma en los cielos de Estados Unidos. El naciente credo ovni alimentó así a Hollywood, que a su vez alimentó al mito con la figura de Klaatu, su mensaje y la apariencia de su nave. Porque, tras el estreno de este clásico de la ciencia ficción, una sucesión de atractivos mesías extraterrestres se apareció a pícaros de variado pelaje, algunos de los cuales hicieron fama y fortuna como embajadores de otros mundos. El mito ovni no sería lo mismo sin Ultimátum a la Tierra

Sigue en la revista Muy Interesante (Nº 488, enero de 2022).

Una historia ilustrada de los ovnis con demasiados errores

‘Historia ilustrada de los ovnis’, de Adam Allsuch Boardman.

«El interés que despertaron en el gran público casos como el avistamiento de Kenneth Arnold en Roswell provocó una avalancha de películas de ciencia ficción listas para sacar provecho económico de la fiebre de los ovnis», afirma Adam Allsuch Boardman en su Historia ilustrada de los ovnis (2020), un libro muy bonito, pero con errores tan groseros como el de la frase anterior. Porque el considerado caso fundacional de la ufología, la observación de Kenneth Arnold del 24 de junio de 1947, tuvo lugar en las inmediaciones del monte Rainier, a más de 1.500 kilómetros de Roswell, donde dos semanas después se anunció la recuperación de los restos de un platillo volante accidentado que, ahora sabemos, eran en realidad piezas de un globo de un proyecto militar secreto.

Boardman empieza su relato recordándonos que hay quienes sostienen que recibimos visitas extraterrestres en la Antigüedad y atribuye la paternidad de esa idea a Erich von Däniken en Recuerdos del futuro (1968). Es un error equiparable al de vincular a Arnold con Roswell, porque Von Däniken no dice en su superventas nada que no propusieran antes Louis Pauwels, Jacques Bergier y Robert Charroux, entre otros. Honra al autor, eso sí, que, a pesar de que intenta casi siempre no descalificar a los protagonistas de su historia, llame la atención sobre el racismo que impregna esta visión del pasado en la que los logros de culturas no europeas son sistemáticamente obra de alienígenas.

No voy a comentar todos y cada uno de los errores que salpican el libro, pero sí algunos: se nos cuenta la historia de la emisión de La guerra de los mundos de Orson Welles de 1938 como si hubiera provocado un pánico generalizado, cuando se sabe desde hace décadas que no fue así; el autor incorpora al relato el falso misterio del triángulo de las Bermudas y asume que la desaparición del Vuelo 19 es un enigma; ignora la influencia de la película Ultimátum a la Tierra (1951) en la creación del mito adamskiano del mesías extraterrestre; y mete al bigfoot y otros monstruos en escena porque, dice, «muchos criptozoólogos opinan que los seres críptidos tienen un origen cósmico; que han sido abandonados en la Tierra o son consecuencia de extraños experimentos alienígenas». 

El influjo de la ciencia ficción y del ‘misterio Shaver’, según Boardman.

Entre los orígenes prearnoldianos del mito, Historia ilustrada de los ovnis incluye acertadamente el misterio Shaver y la oleada de aeronaves sobre Estados Unidos de 1896 y 1897, pero no cita ni los canales de Marte ni a Charles Fort. Además, el relato, que al principio parece seguir una cierto hilo, acaba difuminándose entre anécdotas irrelevantes, sin peso en la historia de la ufología. Por esi eso no bastara, en la versión española, un error de traducción tergiversa el conflicto que, según Richard Shaver, tendría lugar ahora mismo en la Tierra. Originalmente, los contendientes son los deros y los teros, dos tipos de extraterrestres que quedaron atrapados en el subsuelo de nuestroplaneta –que ellos llamaban Lemuria– hace miles de años. Los primeros son seres que intentan hacernos el mal; los segundos luchan con ellos en nuestro auxilio. Pues bien, la traducción española convierte a los «benévolos teros», una especie alienígena, en «el benévolo Teros», un individuo. No he hecho una lectura paralela del original y la traducción más allá de comprobar este extremo, y de que en un caso «on 12th September 1952» se traduce como «en septiembre de 1952», olvidando el día concreto. ¿Por qué? 

Personajes y libros irrelevantes

De la misma irrelevancia que afecta a los hechos narrados en gran parte del libro adolecen en el original la lista de personajes relacionados con los ovnis y la de lecturas recomendadas. En la primera brillan por su ausencia los astrofísicos Donald Menzel y Carl Sagan, los ufólogos Allan Hendry y Jerome Clark, el físico Edward Condon y el historiador Curtis Peebles, mientras que aparecen personajes marginales como Trevor James Constable, Farah Yurdozu, Ardi Sixkiller Clarke, Giorgios Tsoukalos y Erich von Däniken, entre otros. La relación de libros ignora, por su parte, los decisivos Final report of the study of unidentified flying objects (1968) –popularmente conocido como el Informe Condon– y The ufo handbook (1979), así como la extensa producción que en las últimas décadas ha analizado el mito, y se centra en obras desfasadas que poco aportarán al lector, como las de George Adamski, Charles Berlitz, Frank Scully, George Van Tassel y –por qué no decirlo– el siempre sobrevalorado Jacques Vallée. 

Así presenta el autor la fraudulenta abducción de Travis Walton.

La versión española incluye en la galería de personajes ufológicos a Fernando Jiménez del Oso. Sorprende esta elección porque su único mérito en el campo fue firmar un libro menor, El síndrome ovni (1984). No aparecen, por el contrario, ni Antonio Ribera ni Vicente-Juan Ballester Olmos, por citar solo dos autores con aportaciones mucho más importantes. En lo que a títulos recomendados se refiere, la traducción incorpora siete obras, ninguna fundamental ni a la altura de trabajos como Entre ufólogos, creyentes y contactados (1993), de Ignacio Cabria; Luces en los cielos (2003), de Ricardo Campo; Las abducciones ¡vaya timo! (2008), de Luis R. González; Invasores. Historias reales de extraterrestres en Argentina (2009), de Alejandro Agostinelli; y cualquiera de las de Ballester Olmos. Supongo que Boardman no tiene nada que ver con estas elecciones, aunque la editorial española tampoco identifica al autor de los añadidos.

Historia ilustrada de los ovnis (2020) es la prueba de que hay trabajos que es mejor hacer en equipo. Si Boardman, ilustrador de talento, hubiera trabajado con un experto en el fenómeno ovni, tendríamos un libro fiable, además de bonito. Y si para la versión española se hubiera contado con la asesoría de alguien que supiera un poco del tema, se podían haber ahorrado los fallos del original, al menos un grave error de traducción y unas ridículas modificaciones de contenidos en los personajes relacionados con el fenómeno y las lecturas recomendadas.

Adam Allsuch Boardman (2020): Historia ilustrada de los ovnis (An illustrated history of ufos). Traducción de Laura Ibáñez. Libros del Zorro Rojo. Barcelona, 2021. 125 páginas.

Adam Allsuch Boardman (2020): An illustrated history of ufos. Nobrow Press. Londres. 125 páginas.

Marcianos, venusianos y otros hermanos

El Sistema Solar rebosaba de vida inteligente hasta hace unos cincuenta años. La había en Marte, pero también en la Luna, Venus, Júpiter, Saturno, Ganímedes… Algunos eran nativos; otros, colonos llegados de distantes sistemas planetarios. Visitaban la Tierra de vez en cuando en sus platillos volantes para encontrarse con unos pocos elegidos, a quienes llegaban a llevar de viaje a sus hogares. Pero, de repente, todos se esfumaron. Cuando nuestras sondas espaciales comenzaron a explorar esos mundos, allí donde los contactados habían visto ciudades y jardines alienígenas, sólo había desiertos y profundos mares de nubes. Volvíamos a estar solos…

Sigue en la revista Muy Interesante (edición coleccionista), Misterios del Sistema Solar.

Ovnis y viajes interestelares

Portada de 'Ovnis y viajes interestelares, ¿realidad o fantasía?', del físico teórico Shahen Hacyan.

Ésta es la historia de una decepción. La del libro Ovnis y viajes interestelares, ¿realidad o fantasía?, del físico Shahen Hacyan. Aunque tiene unos años -se publicó en 2011-, no lo conocía hasta que hace unas semanas topé con él por casualidad. Y, claro, lo compré. Deseaba que fuera esa obra sobre el fenómeno que todavía no se ha escrito. Si no, me consolé, aunque no me descubra muchas cosas, seguro que hay alguna perla escondida entre sus páginas. Ni lo uno ni lo otro.

A pesar de llevar los ovnis en el título y estar dedicado a “un implacable cazador de ovnis”, éstos son sólo un cebo para atrapar a lectores ingenuos. Porque este libro no habla del mito de los objetos volantes no identificados, sino de las dificultades a las que se enfrenta el viaje interestelar según nuestros conocimientos actuales. Los ovnis propiamente dichos no aparecen hasta la página 114 y desaparecen en la 133. Y, para mayor desgracia, el segundo de los dos capítulos dedicados al fenómeno se centra en las desfasadas ideas de Carl Gustav Jung y Sigmund Freud.

Da la sensación de que ésta iba a ser una obra sobre viajes interestelares y alguien pensó que llevando los ovnis al título vendería más. Una pena porque, sin ellos, hubiera sido un libro honesto e interesante para el lego, aunque no descubra nada nuevo y en algunos momentos se meta en tecnicismos impropios de un texto de divulgación. Pero no estamos ante un libro honesto porque, desde la portada, nos engaña: usa los ovnis, entendidos como naves de otros mundos, como mero reclamo.

El conocimiento del fenómeno que tiene el autor es además muy superficial. Afirma, por ejemplo, que, en el caso fundacional del mito, Kenneth Arnold vio objetos con forma de plato, cuando se sabe desde hace décadas que no fue así. Lo que vio fueron unos objetos, con forma de bumerán, que volaban a gran velocidad, “erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua”. Un periodista, Bill Bequette, confundió el modo de vuelo con la forma y así nacieron los platillos volantes, aunque el autor de este libro lo ignore. Hacyan, que no duda de que estamos ante un mito moderno, ni siquiera apunta por qué nació cuando nació e ignora todos los antecedentes, que son muchos y muy interesantes. Después, cuando habla ya de la historia del fenómeno desde 1947, la cosa tampoco mejora mucho.

Lo bueno de Ovnis y viajes interestelares, ¿realidad o fantasía? es que se hace corto. Avisados quedan.

Shahen Hacyan [2011]: Ovnis y viajes interestelares, ¿realidad o fantasía? Fondo de Cultura Económica. (Col. «La ciencia para todos», nº 231). México. 146 páginas.