Extraterrestres

A cañonazos contra los ovnis

Uno de los objetos que sobrevolaron Los Ángeles el 25 de febrero de 1942, iluminado por los reflectores y entre detonaciones de proyectiles.

Se conoce como la batalla de Los Ángeles. Tuvo lugar en la madrugada del 25 de febrero de 1942. Durante una hora, las baterías antiaéreas que protegían la ciudad californiana dispararon sin descanso contra lo que los militares creían que era un avión japonés. Más de mil cuatrocientos proyectiles. Ni uno dio en el blanco. Según Beyond the spectrum. Being taken (2018), documental que pueden ver en Amazon Prime Video, el objeto era en realidad una nave extraterrestre y a episodios como ese se debe que los visitantes no se muestren más abiertamente. “Siempre les hemos disparado”, lamenta el narrador…

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Los extraterrestres invaden ‘Órbita Laika’

Vuelve Órbita Laika. Esta noche (22 horas) regresa a La 2 el ya veterano programa de ciencia con un nuevo formato, conductor y colaboradores. Cada entrega estará dedicada a un tema y el del estreno serán los extraterrestres. Y, claro, no hay programa sobre alienígenas que se precie sin ovnis. De ellos hablaré, en calidad de invitado, con el matemático el conductor del programa, Eduardo Sáenz de Cabezón. Espero que la conversación que tuvimos les resulte interesante y que se lo pasen tan bien  viéndola como me lo pasé yo en el plató, porque, como ya saben, me apasiona el tema ovni. Para que vayan calentando motores, les dejó aquí la entrega sobre el origen de los platillos volantes de la sección El archivo del misterio, en la segunda temporada de Órbita Laika, allá por 2015.

‘Oumuamua, ¿un mensajero de los extraterrestres?

Recreación artística de 'Oumuamua, el pimer asteroide interestelar detectado. Imagen: ESO / M. Kommesser.

Su nombre significa en hawaiano explorador, mensajero enviado hacia nosotros desde un distante pasado. Le va como anillo al dedo, porque ‘Oumuamua es el primer visitante interestelar del que tenemos noticia. Parece proceder de la región de Vega, la quinta estrella más brillante del cielo y desde la que llegaba el primer mensaje extraterrestre en Contacto (1985), la novela de Carl Sagan que llevó al cine Robert Zemeckis en 1997. Y el viaje le ha llevado su tiempo. A una velocidad de 94.800 kilómetros por hora, han tenido que pasar miles de millones de años desde que salió disparado de su sistema natal hasta que nos ha visitado…

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El alienígena de Atacama: ni extraterrestre ni niño mutante, un feto normal

Medición de la momia para un documental en el que se sostiene que es alienígena. Foto: 'Sirius'.Feto normal. Extraterrestre. Feto normal. Niña de 6 a 8 años con graves mutaciones. Feto normal. Es el recorrido que ha hecho desde 2003 la clasificación de una pequeña momia, de unos 15 centímetros, desenterrada por Óscar Muñoz, un saqueador de yacimientos en un cementerio del pueblo abandonado de La Noria, en el desierto de Atacama (Chile). Conocida como Ata, se encontró envuelta en una tela blanca y, aunque desde el principio hubo quienes apuntaron que se trataba de un feto abortado, pronto se apropiaron de ella los buscadores de platillos volantes.

Un empresario chileno se la compró a Muñoz y cobró hasta 860 euros por una foto de la momia hasta que se la vendió a un ufólogo español, Ramón Navia-Osorio, por una cantidad que nunca ha trascendido. Desde ese momento, la momia fue objeto de las especulaciones más locas, incluida la de que es un extraterrestre, claro. Un análisis genético dirigido por la bioinformática Sanchita Bhattacharya, de la Universidad de California en San Francisco, concluía en marzo pasado que es de este mundo, pero que sufría un enanismo extremo y otras graves deformidades consecuencia de mutaciones genéticas y murió a entre 6 y 8 años. Ahora, otro estudio firmado por expertos en anatomía humana desmonta el genético, que vio la luz en la revista Genome Research.

El nuevo trabajo, publicado en el International Journal of Paleopathology, descarta todas las anormalidades de las que hablaban Bhattacharya y sus compañeros. Siân Halcrow, de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), y sus colaboradores vienen a decir que sus colegas –ninguno experto en anatomía– no saben de lo que hablan. “Podemos calcular que este bebé murió a las 15 semanas de gestación”, dicen. Y desmontan una a una todas las supuestas anormalidades anatómicas, incluidas la falta de dos costillas –todavía no se habrían desarrollado– y el cráneo alargado, consecuencia del paso por el canal del parto. “El esqueleto es normal”, y las mutaciones detectadas nunca podrían haber afectado a un individuo tan joven, sentencian.

“Decir que nació, no creció más de 15 centímetros y vivió hasta los 6 años es un disparate. Fetos así los han visto todos los ginecólogos y forenses del mundo”, coincidía ayer Francisco Etxeberria, profesor de Medicina Legal y Forense de la Universidad del País Vasco. Él examinó visualmente a Ata en febrero de 2007 en Tenerife, durante el VI Congreso Mundial sobre Momias. Allí se presentó Navia-Osorio con el cuerpecillo. Se lo mostró a varios participantes, le dijeron que era un feto humano y entonces le pidió a Etxeberria que lo examinara. “Estaba claro. Tenía hasta parte del cordón umbilical. Le dije que era un feto abortado de 15 semanas y se enfadó”, recordaba ayer. Luego, se rodó un documental según el cual la momia es extraterrestre. “Todo en Ata es normal. Humano”, dice el antropólogo forense vasco, quien destaca que entre los autores del nuevo trabajo está Bernardo Arriaza, “uno de los científicos que más saben de momias en Latinoamérica”.

Aquellos UFOs de los 70

‘La Amatxo’, de Daniel Tamayo, un cuadro de la exposición 'UFO' con la Virgen de Begoña en San Mamés bajo un haz de luz de un ovni.

El acrónimo UFO lo acuñó Edward Ruppelt, capitán de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, a principios de los años 50. Primer jefe del Proyecto Libro Azul, la iniciativa militar para el estudio de los platillos volantes, sustituyó esta última denominación por la más neutra de Unidentified Flying Object (UFO). En castellano, Objeto Volante No Identificado (OVNI). De UFO vienen ufología y ufonauta -el tripulante del UFO-, términos con los que se familiarizaron varias generaciones de españoles a través de una TVE en blanco y negro en la que el psiquiatra Fernando Jiménez del Oso, el hombre de las marcadas bolsas bajo los ojos y el eterno cigarrillo, narraba increíbles historias de encuentros con alienígenas protagonizados por gente corriente.

Uno de los que se asomaron a esa ventana a otros mundos fue el artista Fito Ramírez-Escudero (Bilbao, 1955), profesor de la Universidad del País Vasco (UPV) e impulsor de la galería Aire, que ha abierto sus puertas en Bilbao con la exposición colectiva UFO. “En los 70, una época muy dura, los extraterrestres eran un componente de tipo fantástico muy atractivo. Hasta cierto punto, una especie de sustitución de la fe religiosa que habíamos abandonado”, recuerda. No en vano, según algunos, los dioses de los libros sagrados eran extraterrestres que nos habían visitado en la Antigüedad y enseñado a levantar pirámides. Otros decían que apariciones como las de Fátima no tenían que ver con la religión, sino con seres de otros mundos. Pero todavía nadie hablaba de Roswell ni del Área 51, y las abducciones eran consideradas una excentricidad dentro de los propios ambientes ufológicos.

Era un mundo ingenuo en el que el saber se transmitía a través de charlas y grupos de aficionados que se reunían periódicamente. Bastaban una colección de recortes de prensa, una grabadora y una cámara de fotos para ser ufólogo, aunque no se supiera identificar en el cielo a Venus –considerado la reina de los ovnis– o se tomaran por una nave de otro mundo las luces rojas y blancas de un coche subiendo por una zigzagueante carretera. El problema del ovni fue siempre el no identificado. Si no se sabe lo que es algo, puede ser cualquier cosa. De hecho, la historia de la ufología tiene entre sus documentos gráficos más memorables planetas, nubes iluminadas por el Sol, reflejos de lámparas en ventanas y hasta moscas aplastadas en ellas.

Según nuestros robots fueron llegando a otros mundos, los ufonautas fueron alejándose. Hace tiempo que no hay marcianos ni venusianos. Por no haber, hace años que no hay ni una foto decente de un ovni. Ni siquiera borrosa. La ubicua fotografía digital ha matado a los UFOs, pero los platillos volantes han triunfado: ellos y sus tripulantes son, por méritos propios, parte de la cultura popular, recordatorios de un tiempo en el que queríamos creer.