• Rafael Lafuente, el futurólogo del fin del mundo
    Rafael Lafuente, con José María Íñigo en 'Directísimo' en 1980. Foto: TVE.
    Rafael Lafuente, con José María Íñigo en ‘Directísimo’ en 1980. Foto: TVE.

    «Ruego aplaces la fecha de tu muerte, pues deseamos que intervengas en Tertulia Indaliana. Abrazos, Jesús de Perceval».1 Corría enero de 1976. El destinatario del telegrama era Rafael Lafuente, un astrólogo que llevaba años anunciando que moriría el 16 de enero de 1976. En el diario Abc le presentaban como «el futurólogo que sabe la fecha de su muerte».2 El pintor y escultor Jesús de Perceval dirigía cada viernes una tertulia en torno a la cual giraba la vida cultural oficial almeriense, recuerda Miguel Ángel Blanco Martín en su tesis Cultura, periodismo y transición democrática en Almería (1973-1986), y quería contar con él. Lógico. Era todo un personaje. Por eso le mandó el telegrama  pidiéndole que retrasara su muerte.

    Rafael Lafuente forma parte de mis recuerdos de adolescencia. Era el futurólogo de guardia. Salía en TVE –la única televisión entonces– haciendo augurios que eran cualquier cosa menos tranquilizadores. Su imagen siempre la he asociado con el estallido de la Tercera Guerra Mundial, predicción que, junto con las muertes de Fidel Castro y del Papa en ejercicio, fue durante los años de la Guerra Fría una de las habituales de los adivinos españoles.

    «A finales del 83, la Tercera Guerra Mundial», le contó al periodista  Jesús María Amilibia en diciembre de 1982.3 Y lo mismo le dijo a Tico Medina pocos días después: «Digamos que para primeros de noviembre, más o menos». Eso sí, añadía, «España se salvará de la hecatombe. Va a sobrevivir porque no vamos a entrar en la contienda mundial. Afortunadamente».4 El detonante iba a ser la muerte del ayatolá Jomeini en octubre. «Al morir Jomeini, interviene Rusia en Irán. Y luego interviene Estados Unidos. Ahí está el comienzo de la Tercera Guerra Mundial», advertía en enero de 1983. Un mes antes había dicho: «El escenario de este enfrentamiento será Europa». El conflicto no iba ser atómico, aunque «quizás al final» se emplearían armas nucleares. En el ámbito doméstico, los militares golpistas del 23-F iban a salir a la calle antes de la Navidad de 1983 y volver a vestir el uniforme.

    No hubo Tercera Guerra Mundial, los funerales de Jomeini no se celebraron hasta 1989 y los líderes golpistas españoles tampoco salieron en libertad cuando él previó. El triplete de fallos no mermó, sin embargo, la credibilidad de Lafuente, que siguió apareciendo en la prensa, la radio y la televisión como si nada. En diciembre de 1983, Amilibia volvía a preguntarle sobre lo que iba a deparar 1984 sin hacer mención de que para entonces el mundo tenía que estar sumido en un conflicto que no había estallado. Y, en octubre de 1985, «el más famoso futurólogo español» concedía a  Los domingos de Abc una entrevista sobre la situación política nacional.5

    La ‘gran coalición’ de 1986

    Portada del libro 'Reportaje al futuro', publicado por el futurólogo en 1974.
    ‘Reportaje al futuro’, libro publicado por el futurólogo Rafael Lafuente en 1974.

    Lafuente auguraba que en las elecciones generales de 1986 el PSOE iba a ganar «por un escaso margen» y que a finales de ese año empezaría el «ocaso político» de Felipe González, líder socialista y presidente del Gobierno. «El próximo año Fraga puede confiar en que su papel político estará al alza desde mediados de marzo, lo que me hace pensar que las elecciones –que ya digo preveo para mayo– tengan como resultado un acuerdo armónico entre Fraga y Felipe González». «¿Un acuerdo entre Fraga y Felipe?», le preguntaba incrédulo el periodista. «Sí. Como las elecciones serán muy apretadas, es posible que haya un acuerdo y no sería de extrañar que en el próximo Gobierno haya gente de centroderecha. La situación del país y el interés nacional lo demandarán», explicaba el adivino, que veía, otra vez, el futuro mundial negro al recordar su fallida predicción de la Tercera Guerra Mundial. «Hoy creo que el peligro estuvo entre 1982 y 1983. Al menos hasta 1989 se impondrá la sensatez. Después…».

    El vidente se estampó otra vez contra la realidad. En las elecciones generales de junio de 1986, el PSOE arrasó: sacó casi 8,9 millones de votos y 184 escaños frente a los 5,2 millones de papeletas y 105 diputados de la conservadora Coalición Popular. No hubo, por supuesto, gran coalición. Es más, el exministro franquista Manuel Fraga se retiró sin gobernar en España en democracia –aunque sí lo hizo en Galicia, su tierra– y no fue hasta 1996 cuando José María Aznar llevó al rebautizado Partido Popular a la Presidencia del Gobierno. Pero es que, si por Lafuente hubiera sido, González habría salido de La Moncloa doce años antes. En 1983 le había dicho a Amilibia: «A finales del año próximo, Felipe González abandonará La Moncloa». El periodista le comentó que había oído que se estaba construyendo «un nuevo edificio para la Presidencia», pero el vidente le corrigió: «No, hijo, no; que quiero decir que [González] deja de ser presidente».

    Lafuente sobrevivió a la fecha que él mismo había marcado como la de su muerte, el 16 de enero de 1976, y no sé si participó en la Tertulia Indaliana, pero sí que el error le salió barato y rentable. Durante más de un lustro se anunció en todos los sitios como el vidente que había fijado la fecha de su fallecimiento y, cuando llegó el momento, no pasó nada. Nada. «Nunca anuncié que me iba a morir, sino que era probable que muriese en aquella fecha. No morí porque amo la vida e hice todo lo humanamente posible en el plano físico y psíquico para que el golpe mortal resultara amortiguado», se justificaba medio año después de la fecha fijada.6 No era eso lo que había dicho, por ejemplo, en La Vanguardia en enero de 1971 en una entrevista firmada por Del Arco. «¿No me dirá que sabe hasta el día que va a morir?», le preguntó el periodista. «Lo sé y lo he publicado: el 16 de enero de 1976», había respondido el futurólogo.7

    Rafael Lafuente falleció en julio de 1990 sin que haya constancia de que predijera tal fecha como la de su muerte ni de que alguna vez previera algo que no fuera obvio para cualquiera.

    Reportaje publicado en Magonia el 16 de febrero de 2024.

  • Misterios a la luz de la ciencia
    Portada de 'Misterios a la luz de la ciencia', obra coordinada por Luis Alfonso Gámez.
    ‘Misterios a la luz de la ciencia’, obra coordinada por Luis Alfonso Gámez.

    A mediados de los años 90, un día que iba al trabajo en coche, escuché en un programa de radio una conversación alucinante. Una oyente, a la que habían diagnosticado un mal cuya curación precisaba de cirugía, preguntaba a una astróloga si tenía que operarse inmediatamente, como le habían dicho los médicos, o era mejor esperar. Ni corta ni perezosa, la bruja le respondió que, según su signo del Zodiaco, lo mejor era posponer la operación. No sé lo que hizo la mujer ni si la confianza en los astros le costó la vida, pero sí que aquello me sobrecogió, porque estaba dispuesta a seguir el dictado de las estrellas antes que el de la ciencia que había descubierto la causa de su enfermedad. Acabo de comprobar hace unos días que la desvergonzada astróloga sigue anunciándose en la prensa, a la caza de incautos.

    Situaciones como la descrita son habituales. Aunque parezca mentira, en una sociedad como la nuestra, rica y acomodada, dependiente cada vez más de la ciencia y la tecnología, muchas personas se siguen refugiando en el pensamiento mágico, en cualquiera de sus variedades. Así, hay gente que confía en la homeopatía a la hora de enfrentarse a una enfermedad, cuando creer en esa llamada medicina alternativa no tiene más sentido que hacerlo en el poder de las estrellas o en el de una pata de conejo. La homeopatía propugna que una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad puede curarla y que, cuanto más pequeña es la dosis, mayores son sus efectos. Una medicina homeopática es más efectiva cuanto más disuelto está el principio activo o, lo que es lo mismo, cuanto menos hay, algo que contradice no solo el conocimiento científico, sino también el sentido común.

    Día a día, las autoridades sanitarias controlan la proporción de ciertas sustancias perjudiciales en el agua potable. Si el principio de la homeopatía –según el cual, cuanto más pequeña es la dosis, mayores son sus efectos– respondiese a la realidad, los ciudadanos de Occidente sufriríamos continuas alertas sanitarias por la baja concentración en el agua que bebemos de elementos perjudiciales para la salud, mientras que los habitantes de los países más pobres estarían mucho mas sanos que nosotros gracias a la alta contaminación de sus aguas. También nos emborracharíamos antes bebiendo vasos de agua con una gota de vino disuelta que tomando vasos de vino a secas. Nada de eso ocurre y, sin embargo, muchos conciudadanos nuestros gastan dinero en adquirir medicinas homeopáticas, productos que no contienen ningún principio activo. Si el principio de la homeopatía respondiese a la realidad, sería posible el suicidio homeopático. Sin embargo, hace cuatro años, una veintena de científicos belgas lo promovió como protesta porque las aseguradoras del país incluyeron la homeopatía entre sus servicios médicos. Ingirieron en grupo una dosis infinitesimal –por tanto, muy potente, según los principios homeopáticos– de un cóctel de venenos compuesto por belladona, arsénico y veneno de serpiente, entre otros; y no les pasó nada.

    La astrología y la homeopatía son solo dos ejemplos de cómo el pensamiento mágico se ha instalado en las sociedades desarrolladas. Además de que la explotación de la superstición y la pseudociencia sea un magnífico negocio, ¿a quá se debe este fenómeno?, ¿es peligroso?, ¿merece la pena perder el tiempo explicando a la gente qué hay de cierto y de falso en las visitas extraterrestres, los monstruos, la comunicación con los espíritus, el feng shui…? Hay quienes creen que sí, como los autores de este libro, fruto de una iniciativa única en España impulsada desde una institución académica, la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea; un medio de comunicación, el diario El Correo; y una asociación cultural que tiene como objetivo fomentar la práctica del pensamiento crítico, el Círculo Escéptico.

    En noviembre de 2006, Bilbao acogió una jornada de divulgación científica titulada Misterios, a la luz de la ciencia. Enmarcadas dentro de los actos de la Semana Europea de la Ciencia y la Tecnología, las charlas estaban dedicadas a asuntos atrayentes para el público a los que la mayoría de los científicos apenas presta atención al considerarlos ajenos a su quehacer. Ciertamente, los extraterrestres, los monstruos y las témporas tienen poco que ver con la astrofísica, la biología y la meteorología, respectivamente. Pero los científicos de esas disciplinas son quienes, en principio, parecen más capacitados para discernir lo auténtico de lo falso en esos tres campos, siempre y cuando lo hagan de una forma clara, conscientes de que el público no puede saber de todo, pero, al mismo tiempo, tiene derecho a recibir una información veraz sobre aquello que le interese.

    Ahora que en la televisión, la radio y los periódicos ha vuelto a cobrar auge el pensamiento esotérico, es más necesaria que nunca una comunidad científica comprometida que divulgue sus trabajos e ideas con claridad y de un modo atractivo, y al mismo tiempo guíe a sus conciudadanos por los lindes entre lo real y lo imaginario con la honestidad de quien tiene las pruebas a su favor. Ahora que algunos intentan sacralizar el misterio, convertirlo en algo intocable que no hay que tratar de explicar, sino ante lo que solo cabe asombrarse, conviene recordar que, si estamos donde estamos, si los aviones vuelan, muchas enfermedades se curan, vivimos más que ninguno de nuestros antepasados y comemos mejor, es porque el hombre ha explicado en los últimos siglos muchos misterios de la mano de la ciencia y su método.

    La ciencia avanza explicando misterios, algo que en los últimos siglos nos ha degradado de Reyes de la Creación a unos actores del montón, aunque diferentes al resto porque somos capaces de conocer lo que nos rodea y a nosotros mismos. A mediados de siglo XVI, Nicolás Copérnico nos expulsó del centro del universo al probar que la Tierra gira alrededor del Sol, y no al revés; hace solo siglo y medio, Charles Darwin nos convirtió en un producto de la evolución de seres inferiores. Aún así, como decía el fallecido Carl Sagan, somos –de momento– la única manera del cosmos de conocerse a sí mismo.

    Es bueno que nos preguntemos cosas, que busquemos explicación a lo aparentemente misterioso. Este libro responde a esa inquietud y da pistas para comprender mejor la trascendencia de algunas empresas y la imposibilidad de otras. Los tres primeros capítulos analizan la posibilidad de que haya vida en otros mundos, monstruos en el nuestro y sistemas de predicción meteorológica fiables basados en la sabiduría popular, de la mano del astrofísico Agustín Sánchez Lavega, el biólogo Eduardo Angulo y el meteorólogo Jon Sáenz. Después, el periodista científico Mauricio-José Schwarz nos ofrece una guía para la detección de camelos en un mundo donde cada vez más gente quiere engañarnos. El biólogo Juan Ignacio Pérez y el biofísico Felix Goñi reflexionan, por último, sobre el peligro que supone el auge del pensamiento mágico para sociedades democráticas como la nuestra. Los misterios están ahí no para adorarlos o para quedarnos embobados, sino para intentar explicarlos. Es lo que hacen los autores de este libro.

    Publicado en junio de 2008 como prólogo de Misterios a la luz de la ciencia (Universidad del País Vasco), libro coordinado por Luis Alfonso Gámez con textos de Eduardo Angulo, Félix Goñi, Juan Ignacio Pérez, Jon Sáenz, Agustín Sánchez Lavega y Mauricio José Schwarz.

  • La cara oculta del misterio
    Portada de 'La cara oculta del misterio', de Luis Alfonso Gámez.
    Portada de ‘La cara oculta del misterio’, de Luis Alfonso Gámez.

    A todos nos atrae el misterio. Las películas, las series de televisión y las novelas de intriga cuentan con seguidores por millones. Y la ciencia avanza por el ansia del ser humano de aclarar misterios, desde de dónde venimos hasta por qué enfermamos, pasando por qué hace que el clima cambie y cómo funciona nuestro cerebro. Cada vez que los científicos desvelan un misterio, aprendemos algo sobre el universo y sobre nosotros mismos. Pero hay misterios que se nos presentan como reales y no lo son. De esos es de los que se ocupa este libro, de algunos enigmas de los que casi todo el mundo ha oído hablar y que resultan seductores porque implican la existencia de fenómenos y entes sobrenaturales.

    No conozco a nadie que no se sienta intrigado por un buen enigma y que no quiera aprender más sobre él. Yo me introduje en el mundo de lo paranormal hace casi treinta años, en la adolescencia, interesado por la posibilidad de que nos visitaran seres de otros mundos. Me volqué en la lectura de libros y revistas sobre platillos volantes. Creía entonces que lo que contaban los ufólogos, los expertos en ovnis, tenía una base real. Con los años, me di cuenta de que esa base real existía, pero deformada hasta tal punto que, una vez que el experto de turno entraba en escena, cualquier fenómeno podía volverse inexplicable. Porque basta con seleccionar cuidadosamente los datos a incluir en el relato para hacer de un suceso vulgar y corriente, como la visión de una estrella o un sueño, algo misterioso. Eso es lo que me llevó a desconfiar de los ufólogos, primero, y del resto de los expertos en lo paranormal, después.

    La transición de adolescente crédulo a adulto escéptico fue una rápida sucesión de desengaños, de autores derribados de sus pedestales como las estatuas de Lenin en Europa del Este tras la caída del Muro de Berlín. Primero, cayeron los ufólogos. Luego, según fui escarbando en otros misterios, les siguieron los parapsicólogos, los arqueólogos fantásticos, los periodistas de misterios… El proceso fue más largo de lo que puede ser hoy para un joven porque a principios de los años 80 del siglo pasado no existía internet y las lecturas que dejaban desnudos a los emperadores del misterio tenían que ser localizadas en catálogos de papel y pedidas al otro del Atlántico por correo convencional. Por fortuna, eso ha cambiado; pero, aún así, hay tanta información en la Red que muchas veces es difícil diferenciar la que merece la pena de la que no, las fuentes fidedignas de las que no lo son. Antes no había información fidedigna accesible; ahora la hay, pero está mezclada con toneladas de basura. Es el reto al que se enfrentan quienes en la actualidad buscan respuestas por su cuenta.

    Este libro reúne 42 reportajes sobre otros tantos misterios que publiqué en el diario El Correo durante el verano de 2008. No es habitual que un periodista que cubre la información de ciencia escriba sobre fenómenos paranormales. Yo lo hago siempre que puedo porque los misterios atraen la atención de mucha gente sinceramente curiosa y porque buscar explicación a lo aparentemente inexplicado resulta divertido. No hay nada tan gratificante como aprender. Cuando me propuse, por ejemplo, averiguar qué había detrás de la leyenda de la Atlántida, la historia de las calaveras de cristal y la cirugía psíquica, sabía muy poco acerca de cada uno de esos enigmas. Al acercarme a ellos, acabé descubriendo historias apasionantes. Es algo que me pasó durante la redacción de cada uno de los capítulos de este libro, estuviera intentando saber qué hay de verdad en los relatos bíblicos o en que sólo usamos el 10 % del cerebro.

    Si una obra como esta tiene algún sentido, es que haya gente que pueda encontrar en sus páginas respuestas a preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. No pretendo –sería ingenuo y contraproducente– que me crean sin más. Me basta con que sean conscientes de que las cosas no son siempre como nos las cuentan en los medios de comunicación y en los libros, que conviene pararse a pensar de vez en cuando para evitar que nos engañen. En el mundo del misterio, hay una ley que funciona para identificar al mentiroso, la de la fama. Cuanto más conocido es un ufólogo, un parapsicólogo o un periodista esotérico, menos hay que fiarse de él. Apliquen esta máxima cuando se expongan a lo extraordinario y evitarán muchos engaños.

    Ha habido mucha gente sin la cual este libro no hubiera sido posible: mis jefes de El Correo, que aceptaron mi propuesta de dedicar una página del diario durante más de mes y medio a explicar la otra cara de algunos conocidos misterios; mis compañeros de sección, quienes no solo revisaron cuidadosamente los originales, sino que además me dieron ideas de posibles temas a tratar; el equipo de diseño del periódico, que me aguantó y resolvió las páginas de un modo fantástico; Iker Ayestarán, cuyas ilustraciones son una maravilla; la periodista Luisa Idoate, quien leyó todos los textos en bruto e hizo sugerencias y correcciones imprescindibles; el historiador José Luis Calvo, quien me aclaró muchas dudas y corrigió numerosos errores; Fernando L. Frías, Julio Arrieta, Ricardo Campo y Luis R. González hicieron también interesantes sugerencias; y Mikel Iturralde, director de El Correo Digital, se leyó algunos textos que me preocupaban e hizo oportunas puntualizaciones. A todos ellos, mi más sincero agradecimiento.

    Quedan muchos misterios ahí fuera. Al principio de mi extraña aventura del verano de 2008, temí que no iba a haber material para elegir temas con comodidad y variedad. Al final, surgían ideas según iba escribiendo. Muchas han quedado en el cajón. No exagero si digo que, a vuela pluma, se me ocurre otra cuarentena de enigmas que destripar. ¿Cuáles? Permítanme que me los reserve por si en un futuro vuelvo a la carga. De momento, les dejo con estas 42 enigmáticas historias.

    Publicado en septiembre de 2010, bajo el título de «Pasión por el misterio», como prólogo de La cara oculta del misterio (Comares), libro de Luis Alfonso Gámez y con ilustraciones de Iker Ayestarán.

  • El peligro de creer
    Portada de 'El peligro de creer', de Luis Alfonso Gámez.
    Portada de ‘El peligro de creer’, de Luis Alfonso Gámez.

    Creer no hace daño a nadie. Es lo que suele decirse aunque, en realidad, sí que hace daño. Y mucho. Para empezar, quien pone su fe en afirmaciones sin base científica o racional se daña a sí mismo por el mero hecho de depositar la confianza en individuos que no hacen lo que aseguran hacer o en seres o fuerzas que no existen. Además –dejando a un lado los fanatismos religiosos, cuyas terribles consecuencias conocemos todos–, en muchas ocasiones la fe en lo extraordinario quebranta gravemente el bolsillo, la salud, a los seres queridos y hasta al conjunto de la sociedad. Este libro analiza los riesgos de fenómenos sociales contemporáneos que mucha gente considera inofensivos: la creencia en personas capaces de comunicarse con los muertos y con otros poderes sobrenaturales, la tecnofobia y el auge de las mal llamadas medicinas alternativas.

    Sondeos hechos en los últimos años apuntan que entre el 20 % y el 25 % de los españoles cree en la astrología, y algunos menos en el espiritismo y en los adivinos. Incluso entre los ateos, el destino está escrito en las estrellas para más del 15 % y alrededor del 10 % considera posible comunicarse con los muertos. Hablamos de millones de personas: gente que lee el horóscopo del periódico como si fuera el pronóstico del tiempo, va a la consulta del tarotista o médium como quien acude a la del psicólogo, y llama a los servicios telefónicos de videncia o a los espacios televisivos de adivinación y espiritismo como quien consulta al médico. El de los brujos es, sin duda, un gran negocio. Como lo es la denominada medicina alternativa.

    No hay barrio de cualquier gran ciudad española sin acupuntor, iridiólogo, homeópata, quiropráctico, reflexólogo, practicante del reiki o de cualquier otra terapia exótica, generalmente presentada como oriental y milenaria, aunque muchas veces no sea ni lo uno ni lo otro. La mayoría de las farmacias vende homeopatía, productos con presentaciones similares a las de los medicamentos, pero que no lo son porque no han demostrado efectividad alguna, para los cuales no es necesario receta y que, sin embargo, algunos médicos recomiendan contra dolencias graves. Y un número creciente de padres opta por no vacunar a sus hijos porque no cree que las vacunas sirvan para algo; es más, muchos piensan que causan graves trastornos. Este último es, como veremos, el ejemplo más claro de colectivo social cuya superstición pone en peligro no solo a sus hijos, sino también a mucha otra gente.

    Si alguna vez ha ojeado el horóscopo o –como yo– se ha quedado hipnotizado ante un adivino televisivo, si le sorprende que los espíritus transmitan a un médium intimidades tanto de personajes populares como de gente de la calle, si conoce a alguien con homeópata, quiropráctico o acupuntor de cabecera, encontrará en estas páginas respuestas a preguntas que seguramente se habrá hecho en alguna ocasión: ¿hay personas que ven el futuro?, ¿condicionan las estrellas nuestras vidas?, ¿es verdad que los muertos hablan con ciertos individuos?, ¿por qué las medicinas alternativas se llaman así?, ¿por qué la medicina pública no cubre tratamientos que a mucha gente parecen ir bien para superar enfermedades?

    Dar con las respuestas a esas preguntas exigirá, a veces, desviarnos de la ruta directa para comprender mejor el fenómeno del que hablemos, sus orígenes y realidad. Porque el objetivo último de este libro no es que usted crea lo que yo le cuente, sino que se pare a pensar y forme su propia opinión, y también que aprenda a ver más allá de lo que muchas veces vemos cuando nos enfrentamos a lo aparentemente extraordinario. Para eso, además de las fuentes que cito en cada capítulo –con la dirección de internet donde encontrarlas, si es el caso–, al final incluyo la lista de libros consultados para quien desee ir más allá.

    Empecé a interesarme por los misterios paranormales en la adolescencia, hace bastantes años. Al principio mi curiosidad se centró en las observaciones de platillos volantes. El fenómeno ovni todavía me apasiona, pero por razones distintas a las de los quince años. Entonces me intrigaba la causa física de las visiones de ovnis y creía que podía haber algo revolucionario detrás, incluidas –¡por qué no!– inteligencias no humanas. Ahora lo que me atrae son los orígenes culturales y la construcción del mito de los visitantes extraterrestres. Una vez que los platillos volantes se cayeron de mi panteón de misterios, amplié poco a poco mi campo de intereses a otros enigmas paranormales e incluso a las llamadas terapias alternativas. El replicante Roy Batty dice en Blade runner (1982), poco antes de morir, que ha visto cosas que los humanos no creeríamos. Yo también he visto en casi cuatro décadas cosas increíbles. De algunas trata este libro.

    Publicado en mayo de 2015, bajo el título de «Creer hace daño», como introducción de El peligro de creer (Léeme Libros), libro de Luis Alfonso Gámez prologado por Jose A. Pérez Ledo. 

  • El frustrado plan español contra las pseudoterapias
    Póster sobre la homeopatía de la campaña del Gobierno español contra las pseudoterapias.
    Póster sobre la homeopatía de la campaña del Gobierno español contra las pseudoterapias.

    Algunos nos las prometimos muy felices cuando, en noviembre de 2018, los ministerios españoles de Sanidad y Ciencia anunciaron la puesta en marcha del Plan para la protección de la salud frente a las pseudoterapias. Creímos que por fin, después de décadas de mirar hacia otro lado, el Gobierno iba a empezar a proteger a la población de quienes venden remedios inútiles, cuando no peligrosos, enmascarándolos como si estuvieran basados en el conocimiento científico. Parecía que iba a acabar bien una década que había comenzado con un giro radical de los medios de comunicación respecto a las mal llamadas medicinas alternativas: pasaron a rechazarlas cuando hasta entonces las habían promocionado con la aquiescencia de los colegios profesionales de médicos y farmacéuticos. Un cambio de política editorial que se debió, a mi juicio, a la presión de los escépticos en las redes sociales y al miedo al ridículo.

    Comienzo del artículo publicado en «¡Paparruchas!», en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), el 2 de enero de 2024.

    Sigue en «El frustrado plan español contra las pseudoterapias».

  • La serpiente de verano de los pinchazos
    Durante el verano de 2022, discotecas, conciertos y romerías fueron en España escenarios de supuestos pinchazos a mujeres jóvenes. Foto: blackwhite.pictures.
    Durante el verano de 2022, discotecas, conciertos y romerías fueron en España escenarios de supuestos pinchazos a mujeres jóvenes. Foto: blackwhite.pictures.

    «Por fin una serpiente de verano», decía el título. Firmaba el artículo un periodista científico en un importante diario español. Era agosto de 2022. Cuando leí el titular, creí que por fin alguien se atrevía a decir sin tapujos en un medio de alcance nacional lo que sosteníamos cuatro gatos en las redes sociales y yo en mi periódico, el diario El Correo. No era así. El autor no hablaba de los pinchazos a mujeres jóvenes que, según la prensa, la radio y la televisión, se registraban por toda España en locales de ocio nocturno y fiestas patronales desde hacía semanas. Unas agresiones cuyos autores, decían los grandes medios, querían someter químicamente a las víctimas para abusar sexualmente de ellas. No, la reflexión periodística que había llamado mi atención iba de Nessie porque, ironizaba mi escéptico colega, el monstruo escocés había reaparecido en un «verano interminable y fatigoso». El autor ignoraba la histeria que crecía en aquellos momentos en el jardín ibérico.

    Comienzo del artículo publicado en «¡Paparruchas!», en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), el 14 de noviembre de 2023.

    Sigue en «La serpiente de verano de los pinchazos».

  • Eterna Atlántida
    Recreación de la capital de la Atlántida realizada por el canal de televisión National Geographic en 2011.
    Recreación de la capital de la Atlántida realizada por el canal de televisión National Geographic en 2011.

    No hubo en la Antigüedad otro imperio como el atlante. Su hogar era una isla más grande que el norte de África y Asia Menor juntas, situada en el Atlántico. Sus dominios se extendían por el sur de Europa hasta Italia y por el norte de África hasta Egipto. La capital tenía una acrópolis central y una sucesión de anillos de tierra dedicados a diferentes usos, separados por otros de agua. Había templos y palacios con fachadas recubiertas de metales preciosos, grandes estatuas de oro, fuentes de agua caliente y fría, abundancia de productos del campo y minerales, astilleros llenos de trirremes… Los atlantes «poseían tan gran cantidad de riquezas como no tuvo nunca antes una dinastía de reyes ni es fácil que llegue a tener en el futuro y estaban provistos de todo de lo que era necesario proveerse en la ciudad y en el resto del país», escribió Platón (427-347 antes de Cristo).

    Comienzo del reportaje publicado en el suplemento Territorios del diario El Correo el 11 de noviembre de 2023.

    Sigue en «Atlántida, el mito insumergible».

  • Más allá de las tumbas
    El panteón Chase, donde supuestamente se movían féretros de plomo, puede visitarse desde que sus dueños lo vaciaron. Foto: Kaspar C.
    El panteón Chase, donde supuestamente se movían féretros de plomo, puede visitarse desde que sus dueños lo vaciaron. Foto: Kaspar C.

    Una turba intentó asaltar el cementerio londinense de Highgate en la noche del 13 de marzo de 1970. Querían cazar a un vampiro que rondaba el camposanto victoriano donde están enterrados Karl Marx, Lucian Freud y Michael Faraday, entre otros. Algunos iban armados con cruces y estacas. En los meses anteriores, gamberros que entraban al cementerio por las noches habían visto figuras fantasmales. Tras publicarse las primeras noticias, un aficionado al ocultismo aseguró que había encontrado entre las tumbas zorros desangrados y dedujo que una de las entidades era un vampiro. Anunció que iba a practicar un exorcismo en el recinto el 13 de marzo, y a su llamada acudió un centenar de personas que tuvo que frenar la Policía.

    Comienzo del reportaje publicado en el suplemento Territorios del diario El Correo el 28 de octubre de 2023.

    Sigue en «Más allá de las tumbas».

  • «Los ovnis son un mito creado a partir de la literatura, la prensa, el cine y la tele»
    Vicente-Juan Ballester Olmos, en su despacho. Foto: Manuel Molines.
    Vicente-Juan Ballester Olmos, en su despacho. Foto: Manuel Molines.

    Vicente-Juan Ballester Olmos (Valencia, 1948) es una de las autoridades mundiales en el estudio de los ovnis. Compaginó durante tres décadas su trabajo como analista financiero en Ford España con una prolífica actividad investigadora, plasmada en una docena de libros desde su iniciático Ovnis: el fenómeno aterrizaje (1978). Artífice de la desclasificación de los informes sobre objetos volantes no identificados del Ejército del Aire, acaba de publicar The reliability of UFO witness testimony (2023), obra en la que sesenta autores examinan la fiabilidad del testigo de ovnis a la luz de la ciencia. En esta entrevista, explica las claves del informe publicado por la NASA en el que, 76 años después de la visión de los primeros platillos volantes, dieciséis expertos abogan por investigar el fenómeno y va más allá.

    – La NASA afirma que «el estudio de los fenómenos anómalos no identificados (FANI) presenta una oportunidad científica única». ¿Está de acuerdo?

    – Es una exageración de partida. Simula asignar excesiva relevancia al fenómeno para finalmente plantear un programa de estudio con aplicación de novedosos sensores y sistemas que requieren, naturalmente, financiación federal. Ese es el quid de la cuestión.

    Comienzo de la entrevista publicada en el diario El Correo el 15 de octubre de 2023.

    Sigue en «Los ovnis son un mito creado a partir de la literatura, la prensa, el cine y la tele».

  • La NASA no encuentra extraterrestres en los nuevos ovnis
    Ovni grabado por un F-18 del 'USS Theodore Roosevelt' en la Costa Este en enero de 2015. Foto: Departamento de Defensa de Estados Unidos.
    Ovni grabado por un F-18 del ‘USS Theodore Roosevelt’ en la Costa Este en enero de 2015. Foto: Departamento de Defensa de Estados Unidos.

    «En este momento, no hay ninguna razón para concluir que los informes sobre fenómenos anómalos no identificados tengan un origen extraterrestre», ha concluido el grupo independiente de expertos que ha estudiado los UAP, como llama ahora a los ovnis el Pentágono, durante un año por encargo de la NASA. El informe, presentado ayer en Washington, resulta decepcionante. No es una revisión de los incidentes registrados. La agencia espacial va a crear un departamento para el estudio de los ovnis y se ofrece al Gobierno de Estados Unidos para contribuir a su investigación, es de suponer que a cambio de los pertinentes fondos federales.

    Comienzo de la información publicada en el diario El Correo el 15 de septiembre de 2023.

    Sigue en «La NASA no encuentra extraterrestres en los nuevos ovnis».

  • El monstruoso origen de Nessie
    Dibujo de George Spicer del monstruo que cruzó la carretera delante de su coche en julio de 1933. 
    Dibujo de George Spicer del monstruo que cruzó la carretera delante de su coche en julio de 1933. 

    La primera vez que se vio a Nessie fue en tierra firme. George Spicer, un hombre de negocios de Londres, y su esposa circulaban en coche el 22 de julio de 1933 por la carretera del lago Ness cuando pasó delante ellos una rara criatura. «Vi lo más parecido a un dragón o animal prehistórico que he visto en mi vida. Cruzó mi camino unos cincuenta metros adelante y parecía llevar un pequeño cordero o animal de algún tipo. Parecía tener un cuello largo que se movía arriba y abajo», contó el hombre en una carta en The Inverness Courier el 4 de agosto. El animal medía entre 1,8 y 2,4 metros de largo –con el paso de los días creció hasta los 10 metros– «y era horrible». Para cuando quisieron fijarse en él, lo habían perdido de vista. «Probablemente desapareció en el lago», aventuró el testigo, para quien, fuera lo que fuera, había que matar a aquella criatura. Han pasado noventa años y nadie ha dado caza a Nessie. Y no porque no lo hayan intentado. 

    Comienzo del reportaje publicado en el diario El Correo el 3 de septiembre de 2023.

    Sigue en «El monstruoso origen de Nessie».

  • Política a galope de Gish

    Los periodistas políticos españoles han descubierto este verano el galope de Gish, técnica de debate que consiste en bombardear al adversario con una sucesión de mentiras imposible de desactivar en el tiempo disponible para una contrapartida racional. Es la estrategia que siguió el 10 de julio el candidato conservador a la Presidencia del Gobierno de España, Alberto Núñez Feijóo, durante el único cara a cara televisivo con su oponente socialista, Pedro Sánchez, jefe del Ejecutivo. Este fue incapaz de replicar debidamente las falsedades, los dos periodistas que moderaban el debate no hicieron nada y las mentiras se difundieron sin barreras.

    Comienzo del artículo publicado en «¡Paparruchas!», en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), el 18 de agosto de 2023.

    Sigue en «Política a galope de Gish».