Platillos volantes

Espíritus y visitantes extraterrestres, en Alicante en septiembre

Los constructores de canales. Ilustración: NASA.Espíritus, poderes paranormales y visitantes de otros mundos protagonizarán las dos charlas que daré el 7 de septiembre por la mañana en el salón de actos del edificio Germà Bernàcer de la Universidad de Alicante, en el marco de la cuarta edición del curso La ciencia toma la palabra: los problemas sociales de las pseudociencias en la era de la información. Mi intervención será la última antes de la reflexión final de los organizadores, pero, si pueden, les animo a asistir a la totalidad de las jornadas dado el interés del programa confeccionado por los profesores Isabel Abril, José M. Gómez y Rafael García, a quienes agradezco enormemente que hayan querido contar conmigo.

El lunes, tras la presentación (9.00 h) a cargo de los organizadores, José Miguel Mulet hablará entre las 9.45 y las 13.30 horas sobre Medicina y lo que no es. Por la tarde, entre las 16.00 y 19.00 horas, Helena Matute disertará sobre los Aspectos psicológicos de las creencias irracionales y la pseudociencia. El martes, José Luis Ferreira reflexionará sobre El escepticismo en Economía (9.00 h.); Xavier Luri hablará de Ciencia vs. pseudociencia: ¿cómo aplicar el metodo científico a la vida cotidiana? (11.15 h.); y Fernando Blasco, acerca de Magos y magufos. El uso de técnicas de ilusionismo en fenómenos ‘paranormales’ (16.00). El miércoles, hablaré yo sobre ¿Hay alien ahí? (9.00 h.) y El peligro de creer (11.30 h.), tras lo cual Isabel Abril, José M. Gómez y Rafael García presentarán las conclusiones del curso y lo cerrarán.

No es la primera vez que doy ninguna de las dos charlas, pero siempre hago cambios para cada nueva intervención. Como hace poco comentaba con varios amigos, las charlas crecen con el tiempo gracias a cosas que vas averiguando y defectos que vas corrigiendo. Además, en esta ocasión voy a contar con más tiempo que el habitual, así que incorporaré material nuevo. Mi primera intervención estará centrada en la evolución del mito de los platillos volantes -un tema que me apasiona desde la adolescencia- y la segunda en el eje de mi libro El peligro de creer (Léeme, 2015).

Organizado por la Universidad de Alicante, el curso La ciencia toma la palabra: los problemas sociales de las pseudociencias en la era de la información se celebrará del 5 al 7 de septiembre y pretende dar a los participantes herramientas intelectuales para que puedan “discernir lo que es verdad de lo que no, de lo que es ciencia de lo que no. El objetivo del curso es crear ciudadanos críticos ante el auge de ciertas pseudociencias, creencias, mitos o supersticiones que están arraigando en la sociedad, y que la gran cantidad de información de Internet amplía”. La matrícula cuesta 30 euros y es convalidable en la Universidad de Alicante por 2 créditos de grado o de libre elección o por un certificado de 20 horas del Instituto de Ciencias de la Educacion (ICE). El curso puede seguirse de manera presencial o a través de Internet, y pueden matricularse siguiendo las instrucciones de esta página.

Los platillos volantes de Franco, en Radio Vitoria

Pilar Ruiz de Larrea y yo hablamos el lunes sobre los platillos volantes de Franco, en la trigésima séptima entrega de la temporada de mi colaboración semanal en El mirador, en Radio Vitoria.

El verano de los primeros platillos volantes, en Radio Vitoria

Pilar Ruiz de Larrea y yo hablamos el lunes sobre el verano de los primeros platillos volantes, en la trigésima sexta entrega de la temporada de mi colaboración semanal en El mirador, en Radio Vitoria.

Los platillos volantes nazis de Franco

Titular de 'The Gazette' de 1947 que relaciona a Franco con los platillos volantes.“Tres científicos alemanes que trabajan bajo el patrocinio personal del Generalísimo Francisco Franco han desarrollado dos armas de guerra muy avanzadas, según las especificaciones y los planos sacados de España por un agente de una organización espía europea independiente”, contaba Lionel Shapiro en el periódico canadiense The Gazette el 4 de noviembre de 1947. Una de las armas, añadía el corresponsal en Ginebra del diario de Montreal, era “un cohete electromagnético que, se supone, es el responsable de los platillos volantes vistos sobre el continente norteamericano el pasado verano y de uno o quizá dos accidentes hasta ahora inexplicados de aviones de transporte”.

El verano de 1947 fue muy movido en los cielos de Estados Unidos. El 24 de junio, Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios, volaba en su avioneta de Chehalis a Yakima (Washington) cuando se desvió durante una hora de su ruta para buscar un avión militar de transporte accidentado cerca del monte Rainier. Ofrecían 5.000 dólares de recompensa por su localización. Después de un sobrevuelo infructuoso del volcán, decidió disfrutar del paisaje. “El aire estaba tan limpio aquel día que era un verdadero placer volar y, como la mayoría de los pilotos hacen cuando el aire está así y vuelan a una gran altitud, puse mi avión rumbo a Yakima, que estaba casi al este de mi posición, y simplemente me senté a observar el cielo y el terreno”, recordaba meses después en la revista Fate.

La primera oleada ovni

Kenneth Arnold posa junto a su avioneta poco después de haber visto nueve ovnis cerca del monte Rainier. Foto: AP.Poco antes de las 15 horas, varios destellos llamaron su atención y vio en las inmediaciones del monte Rainier nueve objetos extraños en formación. “Volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua”, y a gran velocidad. Cuando al final del día aterrizó en Pendleton (Oregon), intentó informar del suceso al FBI. Estaba convencido de que eran “algún nuevo invento del Gobierno en la línea de misiles guiados”. Pero la oficina local de la agencia estaba cerrada. Acabo contando lo que había visto a dos periodistas del diario East Oregonian, Nolan Skiff y Bill Bequette. El primero escribió la información, y el segundo la editó y encajó en la portada del periódico del día siguiente.

El segundo párrafo del texto de la primera página del East Oregonian del 25 de junio de 1947 comenzaba diciendo: “Él [Arnold] dijo haber visto a las 15 horas de ayer nueve aeronaves con forma de platillo que volaban en formación, muy brillantes -como si fueran de níquel- y volando a inmensa velocidad”. Nada más acabar de redactar la información, Bequette preparó otra versión para la agencia AP, que empezaba: “Nueve objetos brillantes con forma de platillo volando «a increíble velocidad» a 10.000 pies de altura han sido vistos hoy por Kenneth Arnold, de Boise (Idaho), piloto que ha dicho que no puede aventurarse a decir qué eran”. El problema era que los objetos no tenían forma de platillo, sino de bumerán, aunque a partir de entonces se vieron platillos volantes.

A finales de junio se registraban en Estados Unidos una docena de avistamientos diarios y, el 6 y 7 de julio, más de 150 al día. El 8 de julio, el Ejército anunció que había recuperado un platillo volante accidentado en Roswell (Nuevo México). Y el 1 de agosto dos oficiales del servicio de inteligencia de la Fuerza Aérea morían al estrellarse el bombardero B-25 en el que volvían a California de investigar un caso en el estado de Washington. La primera oleada de platillos volantes se saldó con más de 850 avistamientos en Estados Unidos entre junio y julio de 1947. Nadie buscaba entonces el origen de aquellos objetos fuera de la Tierra. Nadie hablaba de extraterrestres. Lo que temían tanto en la calle como en el Pentágono era que aquellos objetos fueran armas de alguna potencia enemiga. España no era una gran potencia, pero la simpatía de Franco por Hitler y la sospecha de que, tras la Segunda Guerra Mundial, daba refugio a científicos y criminales nazis la convertían  en uno de los posibles focos irradiadores de los platillos volantes.

Un amenaza de este mundo

Portada del primer número de la revista 'Fate', dedicada al caso de Kenneth Arnold.Shapiro aseguraba en The Gazette que las grandes potencias estaban convencidas de que todas las pistas conducían a Franco. “Según la información disponible, las armas habían sido desarrolladas en laboratorios secretos localizados cerca de Marbella”; el cohete había sido bautizado como KM2 -por sus inventores alemanes Knoh y Mueller- y probado en la costa de Málaga ante la atenta mirada del dictador desde su yate; y el proyectil nuclear había sido disparado en aguas de Baleares “desde cañones montados en un dragaminas español”. El corresponsal llamaba la atención sobre el hecho de que “Franco desapareció de Madrid varias veces en primavera y a comienzos del verano, y cuando volvía se decía que había estado pescando en su yate”.

Añadía que “el agente que sacó los planos de España” había presenciado esas pruebas y que el cohete, con un alcance de 16.000 kilómetros, se controlaba por radio, era “atraído por las vibraciones eléctricas de los aviones o el magnetismo de la masa de metal más cercana” y explotaba al entrar en contacto con el objetivo. El espía aseguraba que “los cohetes se habían lanzado hacia Norteamérica y que eran responsables de uno y probablemente dos accidentes de aviones de transporte (en Estados Unidos) que, a falta de mejor explicación, se habían achacado a defectos estructurales”.

Según Shapiro, la salida al mercado de los planos de las armas había provocado un aumento en la actividad de los espías en las capitales europeas como no se registraba desde el final de la guerra, con “grandes sumas de dinero y hasta amenazas de muerte en las negociaciones” por hacerse con los documentos. El material había sido ofrecido a “tres de las grandes potencias” y, hasta su venta, estaba depositado “en una cámara bancaria en una oscura ciudad del sur de Europa”.

Titular de 'The Pittsburgh Press' de 1947 que relaciona a Franco con los platillos volantes.Vista desde la distancia, la historia de los platillos volantes de Franco -que publicaron numerosos diarios estadounidenses- tiene todas las pintas de ser el típico bulo que le sirve a un periodista que cobra a pieza para sacarse un dinero, si es que no se lo ha inventado él. De hecho, el propio Shapiro advertía al final de la información: “Este corresponsal, que no es ni un agente secreto ni un experto técnico, ha presentado los hechos como los ha conocido. Podría haber desechado la historia como otro más de los muchos rumores que circulan por Europa. Pero pronto se hizo evidente que las secciones de inteligencia militar presentes en Europa dieron gran credibilidad a los informes y a la existencia de las armas, después de contrastarlos con sus propias informaciones”. Nadie más llegó a la misma conclusión que el periodista canadiense, y el asunto cayó pronto en el olvido hasta para la naciente prensa paranormal.

En la primavera de 1948 llegó a los quioscos la revista Fate, dirigida por Ray Palmer. Su primer número estaba dedicado casi en su integridad al naciente fenómeno de los platillos volantes e incluía un texto de Arnold en el que relataba su avistamiento. Pues bien, sólo en un artículo sin firma, titulado “The mystery of the flying disks” (El misterio de los discos volantes) y presumiblemente escrito por Palmer, se cita de pasada la historia de Franco, los nazis y las nuevas armas, diciendo que “parece haber buenas razones para sospechar que varios aviones de línea accidentados podrían haber sido abatidos después de todo” y atribuyéndosela a un tal David Shapiro. En ese número inaugural de Fate, revista de la que son copia todas la paranormales que hoy hay en el mercado, no se cita el caso de Roswell, lo que demuestra que ni los autores más sensacionalistas -Palmer era uno de ellos- le dieron en su tiempo el mínimo crédito.

No, José María Íñigo, el FBI no ha reconocido que se encontraran extraterrestres en Roswell

Informe al director del FBI sobre la recuperación en en Nuevo México de tres platillos volantes accidentados.“El FBI parece probar que de verdad se encontraron extraterrestres en Roswell”, dijo ayer José María Íñigo en No es un día cualquiera, en Radio Nacional de España. El periodista aseguró que, según un documento desclasificado, un agente llamado Guy Hottel informó en 1950 al director del FBI, Edgar Hoover, de cómo un investigador de las Fuerzas Aéreas sostenía que en Nuevo México se habían recuperado tres platillos volantes accidentados, ocupados cada uno por tres humanoides de menos de un metro de altura, “vestidos con tela metálica de textura muy fina”. Según un informante de identidad desconocida, la culpa de que las naves extraterrestres se accidentaran la tenía “un radar muy potente” militar que interfería con el instrumental de los platillos volantes. Cuando Pepa Fernández preguntó a Íñigo de cuándo era la publicación de la información que estaba dando a los oyentes, éste le respondió: “¡De ahora mismo, de ahora mismo!”. No es así, ni el documento era secreto hasta hace poco, ni es un reconocimiento de que se hayan recuperado cuerpos de alienígenas de platillos estrellados, ni tiene ninguna relación con el caso de Roswell.

El llamado memorándum Hottel -si quieren leerlo, pinchen en la imagen- es público desde finales de los años 70, desde poco después de que José María Íñigo se tragara en TVE los trucos de Uri Geller como una demostración de poderes paranormales. Consiste en un informe de una página dirigido el 23 de marzo de 1950 a Hoover por Guy Hottel, entonces responsable de la oficina del FBI en Washington. Dice:

La siguiente información se presenta a SA [tachado] por [tachado].

Un investigador de las Fuerzas Aéreas ha dicho que se han recuperado tres de los denominados platillos volantes en Nuevo México. Se han descrito como de forma circular con la parte central elevada y de aproximadamente 15 metros de diámetro. Cada uno estaba ocupado por tres cuerpos de forma humana, pero sólo un metro de altura, vestidos con ropa metálica de una textura muy fina. Cada cuerpo llevaba correajes similares a los de los monos de los aviadores y los pilotos de pruebas.

Según el informante [tachado], los platillos se encontraron en Nuevo México porque en esa región hay un radar del Gobierno muy potente que se cree que interfiere con los mecanismos de control de los platillos.

No se ha hecho ninguna investigación adicional por SA [tachado] sobre lo indicado aquí.

Ya en marzo de 2013 el FBI aseguraba que el archivo más popular de The Vault (La cripta), su repositorio digital abierto en 2011 con miles documentos que en algún momento fueron secretos, era el memorándum Hottel y explicaba sobre él:

Guy Hottel. Foto: FBI.En primer lugar, el memorándum Hottel no es nuevo. Fue difundido públicamente por primera vez a finales de los años 70 y fue publicado en la  web del FBI varios años antes de la puesta en marcha de The Vault.

En segundo lugar, el memorándum Hottel está fechado casi tres años después de los infames acontecimientos de Roswell de julio de 1947. No hay ninguna razón para creer que los dos hechos están conectados. El archivo del FBI sobre Roswell (otra página popular) se publica en otra parte de The Vault.

En tercer lugar, como se señaló en una historia anterior, el FBI sólo ha estado ocasionalmente involucrado en la investigación de los informes sobr ovnis y extraterrestres. Durante unos años después del incidente de Roswell, el director Hoover ordenó a sus agentes -a petición de la Fuerza Aérea- verificar los avistamientos de ovnis. Esta práctica terminó en julio de 1950, cuatro meses después del memorándum Hottel, lo que sugiere que a nuestra oficina local de Washington no le preocupó lo suficiente esa historia de platillos volantes como para investigarla.

Por último, el memorándum Hottel no prueba la existencia de los ovnis; es simplemente una afirmación de segunda o tercera mano que nunca se investigó. Algunas personas creen que el memorándum repite un fraude que circulaba en aquellos momentos, pero los archivos del FBI no tienen información para verificar esa teoría.

El engaño al que apunta el FBI en las últimas líneas es, casi con toda seguridad, el fraude de Scully, llamado así por el periodista estadounidense Frank Scully, quien en marzo de 1950 publicó el libro Behind the flying saucers (Detrás de los platillos volantes), del que vendió 60.000 ejemplares. Scully contaba en la obra que Estados Unidos había recuperado desde 1947 tres platillos volantes y 34 cadáveres de sus tripulantes. Extraterrestres, por supuesto. El problema es que la narración se basaba única y excluivamente en lo que le habían contado dos consumados estafadores, según reveló el periodista J.P. Cahn en la revista True en 1952.

¿A qué viene entonces que Íñigo se haya hecho ahora el lío que se ha hecho y no haya dado ni una respecto al memorándum Hottel? Aventuro a que se debe a que Daily Express informaba el 5 de octubre a sus lectores de que ufólogos japoneses acababan de descubrir el memorándum Hottel y lo vinculaba con Roswell. De hecho, lo que cuenta el diario sensacionalista británico es prácticamente lo mismo que contó ayer Íñigo en No es un día cualquiera, como pueden comprobar en el siguiente audio.