Platillos volantes

Los platillos volantes nazis de Franco

Titular de 'The Gazette' de 1947 que relaciona a Franco con los platillos volantes.“Tres científicos alemanes que trabajan bajo el patrocinio personal del Generalísimo Francisco Franco han desarrollado dos armas de guerra muy avanzadas, según las especificaciones y los planos sacados de España por un agente de una organización espía europea independiente”, contaba Lionel Shapiro en el periódico canadiense The Gazette el 4 de noviembre de 1947. Una de las armas, añadía el corresponsal en Ginebra del diario de Montreal, era “un cohete electromagnético que, se supone, es el responsable de los platillos volantes vistos sobre el continente norteamericano el pasado verano y de uno o quizá dos accidentes hasta ahora inexplicados de aviones de transporte”.

El verano de 1947 fue muy movido en los cielos de Estados Unidos. El 24 de junio, Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios, volaba en su avioneta de Chehalis a Yakima (Washington) cuando se desvió durante una hora de su ruta para buscar un avión militar de transporte accidentado cerca del monte Rainier. Ofrecían 5.000 dólares de recompensa por su localización. Después de un sobrevuelo infructuoso del volcán, decidió disfrutar del paisaje. “El aire estaba tan limpio aquel día que era un verdadero placer volar y, como la mayoría de los pilotos hacen cuando el aire está así y vuelan a una gran altitud, puse mi avión rumbo a Yakima, que estaba casi al este de mi posición, y simplemente me senté a observar el cielo y el terreno”, recordaba meses después en la revista Fate.

La primera oleada ovni

Kenneth Arnold posa junto a su avioneta poco después de haber visto nueve ovnis cerca del monte Rainier. Foto: AP.Poco antes de las 15 horas, varios destellos llamaron su atención y vio en las inmediaciones del monte Rainier nueve objetos extraños en formación. “Volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua”, y a gran velocidad. Cuando al final del día aterrizó en Pendleton (Oregon), intentó informar del suceso al FBI. Estaba convencido de que eran “algún nuevo invento del Gobierno en la línea de misiles guiados”. Pero la oficina local de la agencia estaba cerrada. Acabo contando lo que había visto a dos periodistas del diario East Oregonian, Nolan Skiff y Bill Bequette. El primero escribió la información, y el segundo la editó y encajó en la portada del periódico del día siguiente.

El segundo párrafo del texto de la primera página del East Oregonian del 25 de junio de 1947 comenzaba diciendo: “Él [Arnold] dijo haber visto a las 15 horas de ayer nueve aeronaves con forma de platillo que volaban en formación, muy brillantes -como si fueran de níquel- y volando a inmensa velocidad”. Nada más acabar de redactar la información, Bequette preparó otra versión para la agencia AP, que empezaba: “Nueve objetos brillantes con forma de platillo volando «a increíble velocidad» a 10.000 pies de altura han sido vistos hoy por Kenneth Arnold, de Boise (Idaho), piloto que ha dicho que no puede aventurarse a decir qué eran”. El problema era que los objetos no tenían forma de platillo, sino de bumerán, aunque a partir de entonces se vieron platillos volantes.

A finales de junio se registraban en Estados Unidos una docena de avistamientos diarios y, el 6 y 7 de julio, más de 150 al día. El 8 de julio, el Ejército anunció que había recuperado un platillo volante accidentado en Roswell (Nuevo México). Y el 1 de agosto dos oficiales del servicio de inteligencia de la Fuerza Aérea morían al estrellarse el bombardero B-25 en el que volvían a California de investigar un caso en el estado de Washington. La primera oleada de platillos volantes se saldó con más de 850 avistamientos en Estados Unidos entre junio y julio de 1947. Nadie buscaba entonces el origen de aquellos objetos fuera de la Tierra. Nadie hablaba de extraterrestres. Lo que temían tanto en la calle como en el Pentágono era que aquellos objetos fueran armas de alguna potencia enemiga. España no era una gran potencia, pero la simpatía de Franco por Hitler y la sospecha de que, tras la Segunda Guerra Mundial, daba refugio a científicos y criminales nazis la convertían  en uno de los posibles focos irradiadores de los platillos volantes.

Un amenaza de este mundo

Portada del primer número de la revista 'Fate', dedicada al caso de Kenneth Arnold.Shapiro aseguraba en The Gazette que las grandes potencias estaban convencidas de que todas las pistas conducían a Franco. “Según la información disponible, las armas habían sido desarrolladas en laboratorios secretos localizados cerca de Marbella”; el cohete había sido bautizado como KM2 -por sus inventores alemanes Knoh y Mueller- y probado en la costa de Málaga ante la atenta mirada del dictador desde su yate; y el proyectil nuclear había sido disparado en aguas de Baleares “desde cañones montados en un dragaminas español”. El corresponsal llamaba la atención sobre el hecho de que “Franco desapareció de Madrid varias veces en primavera y a comienzos del verano, y cuando volvía se decía que había estado pescando en su yate”.

Añadía que “el agente que sacó los planos de España” había presenciado esas pruebas y que el cohete, con un alcance de 16.000 kilómetros, se controlaba por radio, era “atraído por las vibraciones eléctricas de los aviones o el magnetismo de la masa de metal más cercana” y explotaba al entrar en contacto con el objetivo. El espía aseguraba que “los cohetes se habían lanzado hacia Norteamérica y que eran responsables de uno y probablemente dos accidentes de aviones de transporte (en Estados Unidos) que, a falta de mejor explicación, se habían achacado a defectos estructurales”.

Según Shapiro, la salida al mercado de los planos de las armas había provocado un aumento en la actividad de los espías en las capitales europeas como no se registraba desde el final de la guerra, con “grandes sumas de dinero y hasta amenazas de muerte en las negociaciones” por hacerse con los documentos. El material había sido ofrecido a “tres de las grandes potencias” y, hasta su venta, estaba depositado “en una cámara bancaria en una oscura ciudad del sur de Europa”.

Titular de 'The Pittsburgh Press' de 1947 que relaciona a Franco con los platillos volantes.Vista desde la distancia, la historia de los platillos volantes de Franco -que publicaron numerosos diarios estadounidenses- tiene todas las pintas de ser el típico bulo que le sirve a un periodista que cobra a pieza para sacarse un dinero, si es que no se lo ha inventado él. De hecho, el propio Shapiro advertía al final de la información: “Este corresponsal, que no es ni un agente secreto ni un experto técnico, ha presentado los hechos como los ha conocido. Podría haber desechado la historia como otro más de los muchos rumores que circulan por Europa. Pero pronto se hizo evidente que las secciones de inteligencia militar presentes en Europa dieron gran credibilidad a los informes y a la existencia de las armas, después de contrastarlos con sus propias informaciones”. Nadie más llegó a la misma conclusión que el periodista canadiense, y el asunto cayó pronto en el olvido hasta para la naciente prensa paranormal.

En la primavera de 1948 llegó a los quioscos la revista Fate, dirigida por Ray Palmer. Su primer número estaba dedicado casi en su integridad al naciente fenómeno de los platillos volantes e incluía un texto de Arnold en el que relataba su avistamiento. Pues bien, sólo en un artículo sin firma, titulado “The mystery of the flying disks” (El misterio de los discos volantes) y presumiblemente escrito por Palmer, se cita de pasada la historia de Franco, los nazis y las nuevas armas, diciendo que “parece haber buenas razones para sospechar que varios aviones de línea accidentados podrían haber sido abatidos después de todo” y atribuyéndosela a un tal David Shapiro. En ese número inaugural de Fate, revista de la que son copia todas la paranormales que hoy hay en el mercado, no se cita el caso de Roswell, lo que demuestra que ni los autores más sensacionalistas -Palmer era uno de ellos- le dieron en su tiempo el mínimo crédito.

No, José María Íñigo, el FBI no ha reconocido que se encontraran extraterrestres en Roswell

Informe al director del FBI sobre la recuperación en en Nuevo México de tres platillos volantes accidentados.“El FBI parece probar que de verdad se encontraron extraterrestres en Roswell”, dijo ayer José María Íñigo en No es un día cualquiera, en Radio Nacional de España. El periodista aseguró que, según un documento desclasificado, un agente llamado Guy Hottel informó en 1950 al director del FBI, Edgar Hoover, de cómo un investigador de las Fuerzas Aéreas sostenía que en Nuevo México se habían recuperado tres platillos volantes accidentados, ocupados cada uno por tres humanoides de menos de un metro de altura, “vestidos con tela metálica de textura muy fina”. Según un informante de identidad desconocida, la culpa de que las naves extraterrestres se accidentaran la tenía “un radar muy potente” militar que interfería con el instrumental de los platillos volantes. Cuando Pepa Fernández preguntó a Íñigo de cuándo era la publicación de la información que estaba dando a los oyentes, éste le respondió: “¡De ahora mismo, de ahora mismo!”. No es así, ni el documento era secreto hasta hace poco, ni es un reconocimiento de que se hayan recuperado cuerpos de alienígenas de platillos estrellados, ni tiene ninguna relación con el caso de Roswell.

El llamado memorándum Hottel -si quieren leerlo, pinchen en la imagen- es público desde finales de los años 70, desde poco después de que José María Íñigo se tragara en TVE los trucos de Uri Geller como una demostración de poderes paranormales. Consiste en un informe de una página dirigido el 23 de marzo de 1950 a Hoover por Guy Hottel, entonces responsable de la oficina del FBI en Washington. Dice:

La siguiente información se presenta a SA [tachado] por [tachado].

Un investigador de las Fuerzas Aéreas ha dicho que se han recuperado tres de los denominados platillos volantes en Nuevo México. Se han descrito como de forma circular con la parte central elevada y de aproximadamente 15 metros de diámetro. Cada uno estaba ocupado por tres cuerpos de forma humana, pero sólo un metro de altura, vestidos con ropa metálica de una textura muy fina. Cada cuerpo llevaba correajes similares a los de los monos de los aviadores y los pilotos de pruebas.

Según el informante [tachado], los platillos se encontraron en Nuevo México porque en esa región hay un radar del Gobierno muy potente que se cree que interfiere con los mecanismos de control de los platillos.

No se ha hecho ninguna investigación adicional por SA [tachado] sobre lo indicado aquí.

Ya en marzo de 2013 el FBI aseguraba que el archivo más popular de The Vault (La cripta), su repositorio digital abierto en 2011 con miles documentos que en algún momento fueron secretos, era el memorándum Hottel y explicaba sobre él:

Guy Hottel. Foto: FBI.En primer lugar, el memorándum Hottel no es nuevo. Fue difundido públicamente por primera vez a finales de los años 70 y fue publicado en la  web del FBI varios años antes de la puesta en marcha de The Vault.

En segundo lugar, el memorándum Hottel está fechado casi tres años después de los infames acontecimientos de Roswell de julio de 1947. No hay ninguna razón para creer que los dos hechos están conectados. El archivo del FBI sobre Roswell (otra página popular) se publica en otra parte de The Vault.

En tercer lugar, como se señaló en una historia anterior, el FBI sólo ha estado ocasionalmente involucrado en la investigación de los informes sobr ovnis y extraterrestres. Durante unos años después del incidente de Roswell, el director Hoover ordenó a sus agentes -a petición de la Fuerza Aérea- verificar los avistamientos de ovnis. Esta práctica terminó en julio de 1950, cuatro meses después del memorándum Hottel, lo que sugiere que a nuestra oficina local de Washington no le preocupó lo suficiente esa historia de platillos volantes como para investigarla.

Por último, el memorándum Hottel no prueba la existencia de los ovnis; es simplemente una afirmación de segunda o tercera mano que nunca se investigó. Algunas personas creen que el memorándum repite un fraude que circulaba en aquellos momentos, pero los archivos del FBI no tienen información para verificar esa teoría.

El engaño al que apunta el FBI en las últimas líneas es, casi con toda seguridad, el fraude de Scully, llamado así por el periodista estadounidense Frank Scully, quien en marzo de 1950 publicó el libro Behind the flying saucers (Detrás de los platillos volantes), del que vendió 60.000 ejemplares. Scully contaba en la obra que Estados Unidos había recuperado desde 1947 tres platillos volantes y 34 cadáveres de sus tripulantes. Extraterrestres, por supuesto. El problema es que la narración se basaba única y excluivamente en lo que le habían contado dos consumados estafadores, según reveló el periodista J.P. Cahn en la revista True en 1952.

¿A qué viene entonces que Íñigo se haya hecho ahora el lío que se ha hecho y no haya dado ni una respecto al memorándum Hottel? Aventuro a que se debe a que Daily Express informaba el 5 de octubre a sus lectores de que ufólogos japoneses acababan de descubrir el memorándum Hottel y lo vinculaba con Roswell. De hecho, lo que cuenta el diario sensacionalista británico es prácticamente lo mismo que contó ayer Íñigo en No es un día cualquiera, como pueden comprobar en el siguiente audio.

‘El archivo del misterio’: el origen de los platillos volantes

Los primeros platillos volantes no tenían forma de platillo, sino de bumerán, cuento en la segunda entrega  de El archivo del misterio de Órbita Laika (La 2). Los vio Kenneth Arnold, un hombre de negocios, el 24 de junio de 1947 cuando viajaba en su avioneta por las cercanías sobre las montañas Cascade (Estados Unidos). Nada más aterrizar en Pendleton (Oregon), intentó informar de los hechos en la oficina local del FBI, pero estaba cerrada y acabó a la mañana siguiente en la redacción del diario East Oregonian. Allí contó a dos periodistas, Nolan Skiff y Bill Bequette, que había visto cerca del monte Rainier una formación nueve extraños objetos que “volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua”.

Skiff escribió apresuradamente la información sobre el suceso, y Bequette la editó y tituló. El 26 de junio, el segundo párrafo del texto de la primera página del East Oregonian comenzaba diciendo: “Él [Arnold] dijo haber visto a las 15 horas de ayer nueve aeronaves con forma de platillo que volaban en formación, muy brillantes -como si fueran de níquel- y volando a inmensa velocidad”. Nada más acabar con la noticia del periódico, Bequette preparó para la agencia AP otra versión, que dio la vuelta al mundo y empezaba: “Nueve objetos brillantes con forma de platillo volando «a increíble velocidad» a 10.000 pies de altura han sido vistos hoy por Kenneth Arnold, de Boise (Idaho), piloto que ha dicho que no puede aventurarse a decir qué eran”.

Portada del número 1 de la revista 'Fate'.El de 1947 fue un verano intenso, platillísticamente hablando. Pocos días después, el Roswell Daily Record informó de que el Ejército había recuperado los restos de un platillo volante en las cercanías de un pueblo perdido de Nuevo México, Roswell, y se registraba el caso de la isla Maury, el primer gran fraude de la historia de la naciente ufología. El 7 de enero de 1948, el capitán Thomas F. Mantell murió mientras perseguía en su caza Mustang P-51 otro de esos ingenios cerca de la base aérea de Godman (Kentucky). En primavera de 1948 nació Fate, la primera revista dedicada a lo paranormal, con una portada dedicada al caso de Arnold. Y en enero de 1950 un militar retirado, Donald Keyhoe, estableció las bases del mito ovni: que los platillos volantes eran naves alienígenas que nos estaban estudiando y que el Gobierno estadounidense ocultaba la verdad. ¿Les suena?

Durante los dos años siguientes a la visión de los primeros platillos volantes que no eran tales, prácticamente nadie relacionó los extraños objetos con posibles ingenios extraterrestres. En aquella época, el ciudadano medio y el Gobierno estadounidenses temían que se tratara de algún tipo de arma enemiga, pero terrestre. Lo curioso, sin embargo, es que, el error de Bequette al confundir el modo de vuelo con la forma de los objetos hizo que todo el mundo empezara a ver el cielo platillos volantes. El periodismo había inventado la realidad, y la gente veía lo que decían los medios que tenía que ver.

George Adamski, los extraterrestres y la cara oculta de la Luna

George Adamski, uno de los mayores trapaceros que ha dado el mundo de los ovnis -y ha dado muchos entre visionarios y ufólogos-, alardeaba en los años 50 del siglo pasado de haber sido el primer humano que viajó a otros mundos. Lo había hecho a bordo de naves exraterrestres y en la cara oculta de la Luna había visto montañas, bosques, lagos, ciudades y animales. “Mientras miraba (la Luna), un pequeño animal cruzó la zona que observaba. Pude ver que tenía cuatro patas y piel, pero su velocidad me impidió identificarlo”, cuenta en su libro Inside the space ships (Dentro de las naves espaciales, 1955).

El platillo tapa de aspiradora de George Adamski.Adamski fue el primer contactado. En ufología se llama así a quienes dicen tener relaciones personales con seres de otros mundos. Tuvo su primer encuentro cara a cara con un tripulante de un platillo volante en el desierto de California el 20 de noviembre de 1952, cuando todavía se ganaba la vida como cocinero de un local de comida rápida en la carretera del observatorio de monte Palomar. Porque ésa era la cualificación del profesor George Adamski, como solía firmar sus cartas. El visitante era un venusiano alto, rubio y atractivo llamado Orthon, que hoy en día podría pasar por un componente de Locomía sin abanico. Después, Adamski conocería a marcianos y saturnianos con los que haría turismo por el Sistema Solar. Todos nuestros vecinos estaban preocupados porque usáramos la energía atómica con fines bélicos. Lo mismo que Klaatu, el visitante de Ultimátum a la Tierra, la película de Robert Wise de 1951 que está en el origen de la moda de los extraterrestres salvadores.

Me acordé de Adamski y sus historias de marcianos hace unos días cuando vi las fotos de la Luna en tránsito sobre la Tierra tomadas por el Observatorio de Clima del Espacio Profundo (DSCOVR) de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estadounidense desde 1,5 millones de kilómetros. En la iluminada cara oculta del terrestre, no se ve, lógicamente, ni rastro de lo que decía haber visto el contactado. Ya en 1959, cuando la sonda soviética Luna 3 sólo fotografió rocas, polvo y cráteres en ese hermisferio lunar, el primer amigo de los extraterrestres adujo que Moscú había retocado las imágenes para engañar a los estadounidenses.

Tránsito de la Luna sobre la Tierra a partir de fotos del satélite 'DSCOVR'. Montaje: NASA.

Con el paso del tiempo y el avance de la exploración espacial, las fantasías de Adamski, en las cuales -todo hay que decirlo- sólo llegó a creer el sector más chiflado de la ufología, se fueron yendo abajo. No había mundos habitables en nuestro vecindario ni nada artificial en la cara oculta de la Luna, como comprobaron los primeros humanos que la vieron directamente, los astronautas Frank Borman, James Lovell y William Anders a bordo del Apollo 8 en diciembre de 1968. El periodista Frank Edwards, por su parte, identificó el platillo volante en el que Adamski hizo su primer viaje a Venus. “Tras ocho años de pacientes investigaciones, llegué, finalmente, a la conclusión de que su nave espacial era en realidad el extremo superior de una aspiradora fabricada en 1937. Y dudo que se pueda viajar a través del espacio montado en una aspiradora”, escribió en Platillos volantes.. aquí y ahora (1968).

Adamski vendió decenas de miles de libros y llegó a ser recibido en audiencia privada por la reina Juliana de Holanda en 1959; pero el tiempo le puso en su sitio, como a todos los contactados. Así, los miembros del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI) aseguraban a mediados de los años 70 a Juan José Benítez que en Marte vivían dos especies de seres inteligentes, en Venus la temperatura superficial era “adecuada para el desenvolvimiento de la vida” y Calisto, Io, Europa y Ganímedes acogían colonias alienígenas. Benítez lo contó, con el rigor y escepticismo que siempre le han caracterizado, en su libro Ovnis: SOS a la Humanidad (1975), donde también narró su primera visión de lo que para él era una nave extraterrestre. Como todo el mundo sabe, Marte, Venus, Calisto, Io, Europa y Ganímedes son mundos rebosantes de vida… en un Universo alternativo. Ah, Benítez vio su platillo volante en el desierto peruano sólo en compañía de los miembros del IPRI y, por supuesto, no hay ninguna foto de la nave a pesar del anuncio previo.

La noche que la Ertzaintza, la Cruz Roja y la DYA persiguieron un ovni por las carreteras Guipúzcoa

Así contó 'El Diario vasco' la persecución del ovni por Guipúzcoa.En la noche del 10 al 11 de julio de 1985, Guipúzcoa fue escenario de una persecución de un ovni similar a la de Encuentros en la tercera fase en la que unos coches patrulla siguen a juguetonas naves alienígenas por las carreteras de Indiana. En el caso vasco, del que acaban de cumplirse treinta años, los ovnis no eran varios ni volaban a ras de asfalto, pero a su caza llegó a ir una caravana de ambulancias de la DYA y la Cruz Roja, coches de la Ertzaintza y de varias policias locales, y vehículos particulares. Al día siguiente, El Diario Vasco calificaba la comitiva de “auténtica procesión” y advertía de que todo parecía indicar que se trataba de “una falsa apreciación”. El culpable de la confusión, apuntaba el autor del reportaje, habría sido Júpiter. El lunes pasado, sin embargo, El Diario Vasco recordaba el episodio diciendo que “hace treinta años cientos de guipuzcoanos pasaron la noche en vilo pendientes de una misteriosa luz que parecía una nave extraterrestre”. ¿De verdad pasó algo misterioso aquella noche?

Todo empezó con una llamada de un lector a la redacción del periódico a las 22.30 horas del 10 de julio. “Aunque lo parezca, no le estoy tomando el pelo. Tome nota: estoy viendo un ovni encima mío, sobre una gasolinera cerrada que se encuentra en la carretera de Urnieta, entre Hernani y Tolosa”, dijo el comunicante. Y añadió: “No llamo ni siquiera con la intención de que lo publique. Simplemente quiero señalarle que, aunque parezca mentira, veo una luz como el flash de una cámara de fotos, parte de un objeto esférico situado sobre el Adarra. El objeto se desplaza a intervalos, primero muy lento y luego rápido, a mucha más velocidad de lo que suele hacerlo un avión o un helicóptero”. El diario avisó de los hechos a la central de la DYA para comprobar si había algo de cierto en la historia y, hora y media después, empezó la fiesta.

Hacia la medianoche, el personal de una ambulancia de la DYA dijo ver “una cosa rara en el cielo” sobre Antzuola, y desde la central les ordenador: “Seguid a esa luz hasta donde os lleve”. La siguieron por el puerto de la Descarga hasta Urretxu y, en el cruce de Zumarraga con Legazpia, se les unió una ambulancia de la Cruz Roja que estaba en la zona. Ya en Legazpia, se sumaron a la persecución la Ertzaintza y la Policía Municipal, y pronto se pusieron también a ello coches particulares. Una ambulancia llegó a lanzar “destellos a aquel objeto, sin que se dignara a responder”. Cinco horas duró la caza de la nave extraterrestre. Fernando Segura, el autor del reportaje, indicaba que un astrónomo aficionado que había visto el objeto decía que se trataba de Júpiter. “Al parecer -señalaba el periodista- en esta época del año es frecuente ver el planeta sobre nuestro cielo”. Los voluntarios de la DYA que habían empezado a perseguir el ovni rechazaban tal posibilidad, y el reportero, por su parte, confirmaba que ningún radar había detectado aquella noche tráfico extraño alguno sobre Guipúzcoa.

Noticia sobre el ovni visto en Markina el 24 de julio de 1985.Un grupo de amigos preparábamos aquel verano el lanzamiento de la primera publicación escéptica española, un fanzine cuya revisión hoy demuestra lo ingenuos y osados que éramos. No existía Internet, así que arreglábamos las cosas por carta y teléfono. Por fortuna, guardo todavía la correspondencia de aquella época, de los orígenes del movimiento escéptico español.  En una de las cartas, del 8 de agosto de 1985, comentaba yo al ingeniero de telecomunicaciones Félix Ares que otro compañero, el geólogo Francisco Javier Pereda, me había mandado una recorte de periódico sobre un ovni visto en Markina. Le decía que sospechaba que se trataba de Júpiter, planeta que en julio Ares y yo habíamos visto desde Lerate (Navarra) y, después, él desde Guipúzcoa y yo varias veces desde Lekeitio (Vizcaya). Júpiter se localizaba aquellos días a medianoche hacia el Este en la constelación de Capricornio, comentaba yo ese mismo día en otra carta a Gabriel Naranjo, hoy miembro del Círculo Escéptico, a partir de lo que había visto y de las efemérides astronómicas que publicaba la revista Algo.

El ovni que persiguieron ambulancias, coches patrulla y particulares durante cinco horas por las carreteras guipuzcoanas en la noche del 10 al 11 de julio de 1985 fue Júpiter. No hay más misterio, como ya dijo un astrónomo aficionado a El Diario Vasco. Los detalles técnicos pueden comprobarlos en un textro que publicaba el miércoles Juan Carlos Victorio, autor del blog Misterios del Aire. Una vez que varias personas creyeron ver algo extraño en el cielo, la idea se contagió a otros sugestionables. Ha pasado muchas veces con Venus y también con Júpiter. Robert Sheaffer, astrónomo aficionado y crítico de la ufología, cree que el objeto que persiguió a Betty y Barney Hill, los protagonistas de la primera abducción, por las carreteras de New Hampshire (Estados Unidos) antes del supuesto secuestro fue Júpiter, excepcionalmente brillante el 19 de septembre de 1961. Aquella noche había dos luces junto a la Luna, Saturno y Júpiter, pero los Hill sólo recordaban haber visto el ovni y una estrella junto al satélite. Sheaffer sostiene que el matrimonio tomó uno de los planetas -Júpiter era el más brillante- por un platillo volante. El resto de su historia fue producto de la cultura popular, y los sueños y ansias de Betty por ver un ovni, como su hermana. Así que ya ven: Júpiter fue el culpable de la primera abducción.