Platillos volantes

“Platillos volantes. El origen del mito”, el sábado en Bilbao

“Platillos volantes. El origen del mito” es el titulo de la charla que daré este sábado (18 horas) en el marco de los encuentros Enigmas y Birras de Bilbao, organizados desde mayo de 2011 por el Círculo Escéptico y que en la actualidad se celebran en el Dock (Paseo de Uribitarte, 3).

“Al piloto civil norteamericano Kenneth Arnold le cabe la gloria bastante discutible de haber bautizado a las naves de los misteriosos señores del espacio. Fue Arnold, en efecto, quien creó el tan desdichado nombre de platillo volante”, cuenta Antonio Ribera en su libro El gran enigma de los platillos volantes (1966). Con ligeras variaciones es lo que sostiene la mayoría de los ufólogos, que el caso de Arnold fue el germen de la fiebre de visitas extraterrestres que sufrimos en la segunda mitad del siglo XX. La realidad es, sin embargo, bastante más compleja.

El mito de los platillos volantes, entendidos como naves de otros mundos, surge tras décadas de obsesión marciana, en un mundo que consideraba posible la visita de extraterrestres, en el que los medios de comunicación tienen un inmenso poder, en pleno auge de la ciencia ficción y poco después de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Con esos componente se prepara el terreno para la llegada a la Tierra en 1947 de los platillos volantes y, años después, de los extraterrestres. De todo esto hablaré el sábado. Ah, y mostraré algunas viejas imágenes que les sorprenderán.

Retiran de la venta una maqueta de un platillo volante nazi por falsear la Historia

El platillo volante nazi 'Haunebu II' de Revell. La juguetera alemana Revell ha retirado del mercado una maqueta de un platillo volante nazi, el Haunebu II, porque en su descripción se falsea la Historia al decir que es una réplica de una nave real. En la caja el producto se presenta como un modelo de una aeronave que en los años 40 llegó a volar “a más de 6.000 kilómetros por hora” y viajó al espacio, según ha informado el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung. La realidad, sin embargo, es que el Haunebu II no existió. Los nazis no conquistaron el espacio, no tienen una base en la cara oculta de la Luna y no construyeron platillos volantes. Eso son fantasías de periodistas del misterio, Hollywood y Canal de Historia.

La comercialización de la maqueta como si fuera de un aparato de la Luftwaffe había provocado las protestas del Museo de Historia Militar (MHM) de Dresde y la Asociación Alemana para la Protección de la Infancia (DKSB), a la que preocupaba que un juguete con simbología nazi llegara a manos de niños. “En esa época era tecnológicamente imposible hacer algo así”, ha indicado al diario alemán el historiador Jens Wehner, del MHM, en referencia a la construcción de una nave espacial como el Haunebu II. “Los entusiastas (de la ultraderecha) pueden usar esto como una estrategia para arrojar dudas sobre lo que sabemos hoy del nacionalsocialismo”, ha añadido el experto.

Revell tiene en su catálogo maquetas de naves espaciales del cine, como el Halcón milenario, y también hay otros fabricantes que venden réplicas del Haunebu II, pero en ambos casos se aclara que son producto de la imaginación de sus creadores. Al anunciar que deja de fabricar el platillo volante nazi -medida un tanto drástica porque hubiera bastado con corregir la descripción de la nave en la caja-, Revell ha admitido que erró en el etiquetado de la maqueta. “Lamentablemente, la descripción de nuestro producto no expresa adecuadamente esto y nos disculpamos por ello”, ha dicho en un comunicado. Un portavoz de la compañía ha precisado que en ningún momento ha sido su intención glorificar a los nazis. No diría yo lo mismo de algunas revistas esotéricas españolas de mi colección.

El Pentágono y los ovnis

El mayor Héctor Quintanilla, en el centro, con su equipo del Proyecto Libro Azul a finales de los 60El Pentágono destinó 22 millones de dólares entre 2007 y 2012 a la investigación de observaciones de “fenómenos aéreos no identificados”, ovnis. La existencia de este proyecto ha salido a la luz en las páginas de The New York Times el pasado fin de semana, e inmediatamente ha sido confirmada de manera oficial. “El Programa Avanzado de Identificación de Amenazas a la Aviación terminó en 2012. Se decidió entonces que había otros asuntos de mayor prioridad que merecían los fondos”, admite el Departamento de Defensa (DoD) de Estados Unidos en un comunicado.

El proyecto nació por iniciativa del senador demócrata Harry Reid (Nevada), a quien respaldaron su compañero de partido Daniel Inouye (Hawai) y el republicano Ted Stevens (Alaska). “La verdad está ahí fuera. En serio”, dijo el sábado Reid, ya retirado, en Twitter al enlazar el reportaje de The New York Times. Su exportavoz, Kristen Orthman, confirmó en la misma red social la pasión de su antiguo jefe por los ovnis. Y este añadió: “Si alguien dice que tiene las respuestas, se está engañando a sí mismo. No conocemos las respuestas, pero tenemos muchas pruebas para respaldar las preguntas. Esto va de ciencia y seguridad nacional. Si EE UU no toma la iniciativa para responder estas preguntas, otros lo harán”.

Luis Elizondo, un veterano oficial de inteligencia convencido de que nos visitan alienígenas, dirigió el programa durante seis años desde su despacho del Pentágono. Él y sus colaboradores analizaban avistamientos de ovnis para determinar si los habían producido drones, ingenios de otras potencias y hasta naves extraterrestres. Elizondo abandonó el DoD en octubre desengañado por la falta de dinero para el proyecto, pero ha asegurado al diario neoyorquino que, a pesar de la retirada de fondos de 2012, siguió investigando casos hasta hace dos meses.

Según The New York Times, la mayoría del dinero del proyecto habría ido a parar a una compañía aeroespacial dirigida por Robert Bigelow, un magnate hotelero de Nevada amigo de Reid y que tiene un contrato con la NASA para fabricar módulos espaciales hinchables. De 72 años, el millonario convenció hace un decenio al senador de que había que destinar fondos federales a la investigación ovni. Bigelow, que ha apoyado económicamente la carrera del político, es el principal promotor del Instituto Nacional para la Ciencia del Descubrimiento (NIDS), una organización dedicada al estudio de lo paranormal, y también es dueño del rancho Skinwalker. En esta propiedad de Utah se han registrado, según él y sus correligionarios, avistamientos de ovnis, misteriosas mutilaciones de ganado, apariciones del chupacabras y otros fenómenos que harían las delicias de Fox Mulder. “Los extraterrestres están justo delante de nuestras narices”, dijo el magnate en 60 minutes, el programa de la CBS, el 28 de mayo.

Desde 1947

En las altas esferas de la Defensa no piensan lo mismo. Las observaciones de objetos no identificados por militares recopiladas dentro de este programa no han hecho que el Gobierno cambie de opinión respecto al fenómeno ovni, considerado desde hace décadas un asunto menor. Desde que se denunciaron las primeras visiones de platillos volantes en junio de 1947, tanto la CIA como la Fuerza Aérea tomaron cartas en el asunto ante el temor de que se tratara de ingenios soviéticos. Pronto se descartó eso y también que se tratara de naves de otros mundos.

Tras sucesivos proyectos de investigación -con nombres como Signo, Rencor y Libro Azul- y después de veintiún años de pesquisas, los militares estadounidenses dieron a finales de los años 60 carpetazo a la investigación sobre ovnis al concluir que ni eran producto de una tecnología avanzada ni suponían un peligro para la seguridad nacional. En 1968, los autores del Informe Condon -llamado así por su director, el físico Edward U. Condon- dictaminaron que el estudio del fenómeno ovni no había aportado “nada al conocimiento científico” y que no merecía la pena prestarle más atención. Cincuenta años después, las cosas siguen igual.

El misterio del Área 51

La CIA empleó durante décadas la pasión por los ovnis para encubrir vuelos de sus aviones espía, reconoció la agencia en 1997. Las aeronaves tenían su base en el Área 51 (Nevada) y, para alegría de los espías, los fanáticos de los ovnis las tomaban por ingenios de otros mundos. Allí se llevaban también para su estudio restos de naves y satélites soviéticos. Al mismo tiempo, EE UU intentaba desarrollar en secreto una nave supersónica con forma de platillo dentro del llamado Proyecto 1794. Lo abandonó en 1961 tras invertir 31 millones: nunca superó los 56 kilómetros por hora ni se elevó más de un metro.

La invasión de los platillos volantes, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos los dos últimos lunes sobre la invasión de los platillos volantes, en la trigésima séptima y trigésima octava entregas de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar los programas completos aquí y aquí.

Platillos volantes: el nacimiento del mito

Portada del número 1 de la revista 'Fate', dedicada al alistamiento de Kenneth Arnold.“Todo empezó una soleada mañana del año 1947: exactamente el 24 de junio”, dice Antonio Ribera en su libro Treinta años de ovnis (1982). Con ligeras variaciones es lo que cuenta la mayoría de los ufólogos: que el caso de Kenneth Arnold, del que se cumplen 70 años, fue el causante de la fiebre de visitas extraterrestres que sufrimos en la segunda mitad del siglo XX y no sólo eso. “Al piloto civil norteamericano Kenneth Arnold le cabe la gloria bastante discutible de haber bautizado a las naves de los misteriosos señores del espacio. Fue Arnold, en efecto, quien creó el tan desdichado nombre de platillo volante“, escribe el mismo Ribera en El gran enigma de los platillos volantes (1966). A raíz de su avistamiento se multiplicaron las apariciones de objetos extraños, primero en los cielos de Estados Unidos y después en los del resto del mundo, y el bautizo del nuevo fenómeno se debió a esa observación, pero los extraterrestres tardarían años en llegar.

El 24 de junio de 1947, Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios, vio desde su avioneta nueve objetos en formación y a gran velocidad en las inmediaciones del monte Rainer (estado de Washington). Cuando al final de la jornada aterrizó en el aeropuerto de Pendleton (Oregón) y se lo comentó a amigos pilotos, le apuntaron que “podrían ser misiles guiados o algo nuevo”. “De hecho, varios expilotos del Ejército me informaron de que antes de entrar en combate en el extranjero les habían advertido de que podrían ver objetos de forma y diseño similares a los descritos por mí y me aseguraron que no estaba soñando ni volviéndome loco”, escribió meses después en la revista Fate. Uno de esos exmilitares, Sonny Robinson, creía que había visto algún tipo de nave experimental de Estados Unidos o de una potencia extranjera.

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