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Medicina alternativa

La Comisión Federal de Comercio urge a la FDA a que regule la homeopatía en defensa de los consumidores

Viñeta sobre la homeopatía de Jon A.U.La Comisión Federal de Comercio (FTC) de Estados Unidos ha recomendado a la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) que “reconsidere el marco legal que regula los medicamentos homeopáticos porque entra en conflicto con la doctrina de demostración de las afirmaciones publicitarias de la FTC de un modo que puede resultar perjudicial para los consumidores y causar confusión entre los anunciantes”. La agencia gubernamental encargada de la defensa de los derechos de los consumidores ha enviado esta sugerencia en respuesta a la petición de la FDA de que todo individuo u organización que lo quiera aporte “información pertinente” sobre la homeopatía de cara a la revisión de su marco regulatorio, una iniciativa puesta en marcha en abril.

La FTC recuerda que la actual regulación de los productos homeopáticos data en EE UU de 1988 y ya entonces era demasiado generosa con esa pseudoterapia. La denominada Guía de Política de Cumplimiento (CPG), explican los responsables de la FTC, “permite la elaboración y distribución de productos homeopáticos sin la aprobación de la FDA” y “sin demostrar su eficacia -a diferencia de los medicamentos normales y los suplementos dietéticos-“, además de que los fabricantes pueden incluir en el etiquetado afirmaciones sobre su idoneidad para tratar ciertas dolencias. “Para afirmaciones sobre la salud, la seguridad o la eficacia, la FTC ha requerido generalmente que los anunciantes presenten «evidencia científica competente y confiable», considerada como tal «pruebas, análisis, investigaciones o estudios hechos y evaluados de manera objetiva por personas cualificadas aceptadas en la profesión como fuentes de resultados precisos y fiables»”, dice el documento enviado a la FDA.

La agencia gubernamental sugiere tres posibles vías para resolver una situación que “perjudica a los consumidores” y puede llevar a algunos fabricantes de suplementos dietéticos a presentarlos como homeopáticos para eludir la ley: derogar las medidas de 1988 y someter a los productos homeopáticos al mismo marco legal que los medicamentos -lo que implicaría que cada preparado debería probar su eficacia-; suprimir la exigencia de que esos preparados incluyan indicaciones de uso en el etiquetado; o mantener esas indicaciones, pero exigir que estén respaldadas por pruebas.

Mejoras en el etiquetado

Los autores del documento advierten de que el riesgo de que los consumidores opten por productos homeopáticos frente a la medicina científica se ve incrementado, además, por la exposición de esos remedios en los comercios junto a otros de efectividad probada y la terminología usada en el etiquetado, donde pone 2C en vez de 0,01% y 30C en vez de 0,0000000000000000000000000000000000000000000000000000000001%, que resultaría mucho más informativo para el consumidor. La FTC presenta  en apoyo de su tesis los resultados de un estudio de su División de Prácticas Publicitarias que demuestra que la mayoría de los consumidores estadounidenses no sabe lo que es la homeopatía, cómo la regula la FDA o el nivel de evidencia científica en el que se apoyan sus afirmaciones.

En más de dos siglos, la homeopatía no ha demostrado nunca su efectividad más allá del placebo. No ha curado jamás ninguna enfermedad. A pesar de eso, en los países de nuestro entorno la política hacia ella es permisiva por las presiones de los llamados laboratorios homeopáticos -auténticas multinacionales de la venta de agua y azúcar a precio de oro- y la complicidad de los profesionales sanitarios -en particular, los farmacéuticos- que ganan dinero con esta pseudomedicina. Así, en España los productos homeopáticos se venden en farmacias, y los colegios de médicos y farmacéuticos amparan a quienes los prescriben y comercializan, aunque pongan en peligro la vida de los pacientes y en 2011 un grupo de expertos concluyera, en un informe para el Ministerio de Sanidad, que el principal y único efecto de la homeopatía es el placebo. A la misma conclusión han llegado en los últimos años  la revista The Lancet, la Asociación Médica Británica -para cuyos miembros “es brujería”-, el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes británica y el Consejo Nacional de Salud e Investigación Médica de Australia.

Si usted no sabe lo que es la homeopatía, le ayudará a hacerse una idea real el episodio que le dedicamos en la serie Escépticos de ETB:

El cáncer surge por el estrés, decía Bernabé Tierno

Entrevista al psicólogo Bernabé Tierno publicada por 'El Correo' en abril de 2014.“Un cáncer surge cuando una persona ha permitido que una situación estresante se mantenga gurante mucho tiempo. Se lleva el problema a dormir, a todas horas; permanece constantemente pensando en ello. Eso baja el sistema inmunológico”, decía a El Correo en abril de 2014 el psicólogo Bernabé Tierno, que falleció ayer en Madrid a los 75 años víctima de un cáncer óseo. El autor de libros de autoayuda respondía así a una pregunta de la periodista Saioa Echeazarra acerca de qué le diría a alguien “que sufre una grave enfermedad”. Tierno aseguraba que le estaban llamando “de distintos colegios de médicos, desde donde sostienen que la actitud del paciente ante la enfermedad es determinante” y, acto seguido, hablaba del cáncer y el estrés.

Qué podemos hacer para frenar a los antivacunas

Los riesgos de la antivacunación están ahí: un niño de 6 años murió el sábado por difteria en España, donde no se había registrado ningún caso de la enfermedad desde 1987, simplemente porque sus padres no habían querido vacunarle. El pequeño falleció después de pasar veinticinco días en la UCI del hospital Vall d’Hebron; ocho personas -siete de ellos menores- resultaron contagiados, aunque ninguno desarrolló la enfermedad porque estaban vacunados; y hay que suponer que el cerco alrededor del patógeno supuso un importante desembolso para las arcas públicas.

Andrew Wakefield, con su esposa Carmel, llegando a la sede del Consejo general Médico, en Londres en enero de 2010. Foto: AFP.Lo peor es, sin duda, la muerte del pequeño. Fue consecuencia directa de la estupidez de quienes tenían que haberle protegido. Nunca habría ocurrido si sus padres hubieran actuado sensatamente. No lo hicieron. Les engañaron los antivacunas, alguno de los cuales ahora culpa a la sanidad catalana de imprudencia. “Siempre serán posibles brotes de difteria, aunque la vacunación sea masiva como ocurrió en Rusia la década de los 90. Por eso la imprudencia del Ministerio de Sanidad y de la Conselleria de Salut de la Generalitat de Catalunya de no tener en stock ni una sola dosis de antitoxina de la difteria probablemente haya provocado la muerte del niño de Olot”, escribía el lunes el ecoterrorista, vendedor de productos milagro contra el cáncer y el sida, y antivacunas Josep Pàmies. Miente. El brote de difteria registrado en los años 90 en varios países de la antigua órbita soviética se debió a que la inestabilidad política había hecho que se dejara de vacunar a la población contra la enfermedad. Fue la caída en los índices de vacunación por lo que hubo cientos de muertos entonces. Y las autoridades sanitarias españolas no han cometido ninguna imprudencia en el caso del niño de Olot, que nunca se hubiera contagiado de haber estado vacunado.

“Lamentable muerte del niño de Olot con difteria. Algo horrible que supongo que no esperábamos”, escribió en su página de Facebook el sábado el también antivacunas Miguel Jara, de cuyo libro Vacunas,las justas siguen haciendo publicidad algunas televisiones. ¿Cómo que no lo esperábamos? ¿En qué mundo vive Jara? “Alrededor de una de cada diez personas que contraen difteria morirá como consecuencia de la enfermedad. En los niños menores de 5 años, hasta uno de cada cinco que contraen difteria morirá a causa de la enfermedad”, explican en su web los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Pàmies, por su parte, aconseja a “todas las personas que se consideren en riesgo de contagio (que) tomen cloruro de magnesio y evidentemente en esta enfermedad valorar los pros y los contras de revacunarse y hacerlo en consciencia, sabiendo a lo que nos arriesgamos en caso de vacunarse”. ¿A qué nos arriesgamos?

Los efectos secundarios graves de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina pueden ser “convulsión, espasmos o crisis de ausencia (alrededor de uno de cada 14.000 niños); llanto continuo durante tres horas o más (hasta alrededor de uno de cada 1.000 niños); y fiebre alta, 40º C o más (alrededor de uno de cada 16,000 niños)”, informa el Departamento de Salud de EE UU. La reacción alérgica grave se da en menos de un caso por cada millón de inmunizados. Es decir, en cualquier circunstancia, las complicaciones graves por vacunación son mucho menos frecuentes que los fallecimientos por difteria, que pueden llegar a un niño de cada cinco infectados. Todavía estamos esperando, por cierto, alguna reacción a la muerte del pequeño de Olot por parte de la llamada Liga para la Libertad de Vacunación, un grupo antivacunas que, cuando se conoció el caso, tuvo la desfachatez de decir que “la difteria no es una enfermedad infecciosa inicialmente severa” y animar a las familias a no vacunar a sus hijos.

¿Qué cabe hacer ante este panorama?

Educación y medidas coercitivas

El impacto de las vacunas en la salud de Estados Unidos. Gráfico: 'Journal of the American Medical Association'.No les voy a ocultar lo que ya saben: soy partidario de la obligatoriedad de todas aquellas vacunas incuidas en el calendario de inmunizaciones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que las vacunas evitan cada año en el mundo “entre 2 y 3 millones de defunciones por difteria, tétanos, tos ferina y sarampión”. Allí donde se han introducido masivamente la inmunización contra la difteria, el sarampión, la tos ferina, la rubeola, y otras enfermedades, las muertes por esas dolencias han desaparecido. Si en las sociedades avanzadas no hay casos de esos males, no es porque los patógenos hayan decidido retirarse, sino porque, al estar la mayoría de la población vacunada, se produce lo que se conoce como inmunidad de rebaño: el virus o bacteria no puede expandirse y contagiar a aquéllos que, por razones médicas, no puedan vacunarse o tengan sus defensas bajas. Esa inmunidad de rebaño, basada en la solidaridad colectiva, puede perderse por la actitud egoísta e insolidaria de los antivacunas, que hacen crecer el porcentaje de personas no protegidas y minarían la inmunidad de grupo. Es lo que sucedió en diciembre en Disneylandia, donde los bajos índices de vacunación dispararon un brote de sarampión en el que se registraron más de cien casos.

Nuestros políticos son partidarios de invocar principios como la solidaridad para hacer que los antivacunas entren en razón. Lamentablemente, mientras haya grupos que fomenten la antivacunación -en algunos casos, por intereses económicos; para vender sus productos milagro-, habrá padres engañados que pongan en peligro a sus hijos. De rebote, como digo en mi libro El peligro de creer, esos padres irresponsables, además de con la de sus hijos, juegan a la ruleta rusa con la salud de “los lactantes, de aquellos pequeños que no pueden ser inmunizados por circunstancias particulares, de quienes nacieron antes de las campañas de vacunación masivas y no pasaron la enfermedad, y de quienes han perdido o tienen debilitadas las defensas ante los agentes infecciosos, como los receptores de trasplantes de médula ósea, los diabéticos y los infectados por el VIH”. Si me obligan a ponerme el cinturón de seguridad en el coche -y ahí sólo pongo en peligro mi vida-, ¿por qué me permiten no vacunarme por capricho?

California acaba de aprobar una ley que prohíbe la escolarización de los niños que no estén vacunados. No podrán acceder a la enseñanza pública ni ni privada, a no ser que medien razones médicas para su no inmunización. Se acaba así con la exención de no vacunar por creencias religiosas o personales. Es una medida legítima para luchar contra un peligroso hábito que, si se extiende, puede se un peligro para todos. Jim Carrey, un actor tan histriónico como irracional, es culpable en parte del éxito del movimiento antivacunas en EE UU. En los programas de televisión de Oprah Winfrey, la Mariló Montero yanqui, difundió durante años junto con Jenny McCarthy, conejita Playboy y entonces su novia, la idea de que las vacunas provocan autismo.

Tuit del antivacunas Jim Carrey contra la decisión de los legisladores de California.El movimiento antivacunación contemporáneo tiene su origen en una investigación fraudulenta el médico británico Andrew Wakefield publicada en 1998 en la revista The Lancet. Tras examinar a doce niños autistas, él y sus colaboradores aseguraron que había una conexión entre la administración de la triple vírica –que protege contra el sarampión, la rubeola y la parotiditis (paperas)– y ese trastorno. Aunque la comunidad científica recibió el hallazgo con escepticismo por lo pequeño de la muestra, el estudio tuvo un gran impacto mediático en el Reino Unido. Muchos padres empezaron a tener miedo de que la triple vírica convirtiera a sus hijos en autistas y, en los diez años siguientes, el índice de vacunación país cayó del 92% al 85%, y los casos de sarampión se dispararon. En febrero de 2010 The Lancet retiró el artículo de sus archivos. Oficialmente, es como si nunca hubiera existido. En mayo de ese mismo año, el Consejo General Médico del Reino Unido prohibió a Wakefield ejercer en el país por su actitud deshonesta e irresponsable en ese estudio. Y, en enero de 2011, después de siete años de investigación, el periodista Brian Deer desveló en The British Medical Journal que Wakefield había planeado una serie de negocios para obtener millones de dólares aprovechándose del miedo hacia las vacunas que su fraudulenta investigación iba a infundir al público. Nada de esto importa a Carrey, abanderado de la causa de Wakefield en EE UU.. El muy ignorante ha tuiteado hace unas horas: “El gobernador de California dice a envenenar más a los niños con mercurio y aluminio en las vacunas obligatorias. Este fascismo corporativo tiene que parar“.

En Australia, el Gobierno ha decidido que quienes no inmunicen a sus hijos no tendrán derecho a beneficios fiscales que se aplican hasta que los menores cumplen cinco años. En España, podrían aplicarse tranquilamente esas dos medidas. Además, los colegios de médicos deberían sancionar a los profesionales que fomenten la antivacunación. Y, por último, dado que la biología permite en la actualidad identificar  el individuo origen de un brote, también podría legislarse para que, si se trata de un niño que no ha sido vacunado por voluntad de sus padres, éstos hagan frente a todos los gastos ocasionados su decisión y no se detraiga ese dinero del de todos. ¿Van a hacer nuestros políticos algo en la línea de California y Australia, o esperarán a que mueran más niños por enfermedades evitables? ¿Van a ser contundentes las sociedades científicas españolas y, como ha hecho la Asociación Médica Estadounidense, abogar por la vacunación obligatoria? La pelota está en los tejados de nuestros dirigentes y de la profesión médica.

Por su parte, los medios deberían dejar de promocionar a colectivos antivacunas como la Liga para la Libertad de Vacunación e individuos como Miguel Jara y Josep Pàmies. No hay dos bandos en el debate sobre la efectividad de las vacunas porque ese debate no existe en la comunidad científica. Esta el bando de la ciencia y el de los que maltratan a niños no vacunándoles al exponerles a graves enfermedades prevenibles. Hace falta más y, sobre todo, mejor información médica y científica para que la gente de la calle adquiera anticuerpos contra los charlatanes de la antivacunación. Las vacunas han erradicado enfermedades mortales como la viruela y están a punto de acabar con otras como la poliomielitis. Sus beneficios se cuentan por millones de vidas salvadas cada año y muchas más personas que no quedarán mutiladas o, por ejemplo, atadas a pulmones de acero de por vida. Sus riesgos son mínimos. Sn embargo, si no te vacunan tus padres, puedes acabar como el pequeño de Olot. En un ataúd.

Las vacunas ya son obligatorias en California

Comunicado del gobernador de California.El gobernador de California, Jerry Brown, ha firmado hoy la Ley 227, que obliga a vacunar a los niños antes de que entren en el jardín de infancia e impide cualquier exención por motivos religiosos o personales. La norma, aprobada por el Senado estatal el 14 de mayo y ratificada por la Asamblea de California el miércoles de la semana pasada, fue propuesta por los senadores demócratas Richard Pan y Ben Allen tras el brote de sarampión de diciembre en Disneylandia, cuyos efectos se dispararon gracias a los bajos índices de vacunación, según un estudio publicado en la revista Jama Pediatrics, y que superó los cien casos.

“La ciencia es clara: las vacunas protegen a los niños de manera espectacular contra una serie de enfermedades infecciosas y peligrosas. Si bien es cierto que ninguna intervención médica está exenta de riesgos, la evidencia muestra que la inmunización beneficia y protege a la comunidad poderosamente”, ha dicho el gobernador en un comunicado. Brown recuerda que la ley prevé la exención de la inmunización obligatoria por motivos médicos, incluido el historial familiar. A partir del 1 de julio de 2016, todos los niños deberán en California estar vacunados contra el sarampión, la tos ferina, las paperas y otras enfermedades para acceder a guarderías y el sistema educativo público y privado. Misisipi y Virginia Occidental son los únicos otros dos estados del país que impiden exenciones a la inmunización por creencias religiosas o personales.

Mientras a orillas del Pacífico se estrecha el cerco alrededor de los antivacunas, cuyo egoísmo pone en peligro a mucha gente, un niño de 6 años murió de difteria el sábado en España porque sus padres no habían querido vacunarle y, que yo sepa, los políticos siguen mirando hacia otro lado. ¿No hay nadie con sentido común en el Congreso de los Diputados?

De luto por las víctimas de la violencia religiosa y los antivacunas

lazo-negroLa violencia religiosa acabó ayer con decenas de vidas en Francia, Kuwait, Túnez y Somalia; el fanatismo anticientífico ha asesinado en España a un niño de 6 años al que sus padres no quisieron vacunar contra la difteria, una enfermedad prevenible de la que no se había registrado ningún caso en nuestro país en décadas. Los terroristas islámicos y antivacunas han conseguido sus objetivos. Por eso hoy estoy de luto. Los antivacunas son unos criminales que fomentan el maltrato infantil, explotan el miedo y la irracionalidad; y los dioses también. Como escribe Manuel Jabois en El País, “un mundo sin Dios sería un mundo objetivamente mejor. Sería, para empezar, un mundo sin coartadas. Tanto para hacer el mal como para hacer el bien”. Mi único deseo, además de que no haya más víctimas de la sinrazón, es que los medios que no son equidistantes con otros tipos de terrorismo tampoco lo sean con el de los antivacunas y éstos, en sus diferentes variantes, dejen de aparecer en prensa, radio y televisión como una de las partes implicadas en un debate inexistente.