Medicina alternativa

La OMS alerta en Twitter de que “no hay ninguna prueba de que la homeopatía pueda curar el ébola”

Tuit en el que la OMS advierte de que la homeopatía no cura el ébola.No hay ninguna prueba de que la homeopatía pueda curar el ébola. Los pacientes graves necesitan cuidados intensivos”, alertaba en Twitter hace un rato la Organización Mundial de la Salud. El aviso es pertinente. Miembros de la comunidad homeopática están, como suele ser habitual ante alertas sanitarias, aprovechando el brote de fiebre hemorrágica de África Occidental, que ya se ha cobrado más de 670 vidas, para hacer publicidad de su pseudoterapia.

El tuit de la OMS puede considerarse, de hecho, una respuesta al homéopata indio Wilton Noronha. Hace dos días, éste decía en esa misma red social que el remedio homeopático contra el ébola es el Crotalus horridus, preparado a base de veneno de serpiente de cascabel. Diluido hasta el límite de que no quede ni una molécula en la pócima final, el Crotalus horridus tiene un enorme poder curativo, según los homeópatas y en contra de toda lógica.

homeopatia-ebolaLa OMS -y algunos usuarios de Twitter ya han llamado la atención sobre ello- se ha quedado corta en su puntualización porque, no es que la homeopatía no cure el ébola, es que no cura nada. Es sólo agua y azúcar. Los principios fundamentales de esta pseudoterapia, establecidos por Samuel Hahnemann hace dos siglos, son que una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad puede curarlos y que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos. Esas falsedades se traducen en unos preparados tan diluidos que no queda en ellos ni una molécula de principio activo, como demostramos en Escépticos al analizar un supuesto somnífero homeopático con la tecnología más avanzada, y una muy rentable industria de venta de agua y pastillas de azúcar a precio de oro y a costa de la salud de la gente.

La homeopatía es nada y no ha demostrado curar nada más allá del placebo. No sirve ni para embarazadas, ni para bebés, ni para nadie. ¿Alguien puede creer que, con los enormes costes de la sanidad pública, si funcionara, se iba a dar la espalda a esta práctica cuando casi todo podría curarse con agua y azúcar? Que sea nada no significa que la homeopatía sea inocua. Puede tener efectos secundarios muy graves y hasta mortales, porque los usuarios de esta pseudomedicina muchas veces abandonan los tratamientos médicos efectivos por la esperanza de que la magia les sane.

Recuerden: la medicina científica no lo cura todo, pero la alternativa no cura nada.

Día Internacional del Agua con Azúcar Curalotodo, remedio también conocido como homeopatía

Viñeta de Jon A.U.Con motivo del natalicio de Samuel Hahnneman, se celebra hoy el primer Día Internacional de la Homeopatía o Día Internacional del Agua con Azúcar Curalotodo. Por eso, conviene recordar que esa práctica nunca ha demostrado su efectividad más allá del placebo, que es un timo. Sus principios -que lo similar cura lo similar y que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos- van contra el sentido común, la experiencia cotidiana y el conocimiento científico. En 200 años, todos los experimentos científicos sobre el poder curativo de la homeopatía han resultado negativos.

La política de los colegios de médicos y farmacéuticos ante la homeopatía es la de quienes se doblegan a los intereses comerciales de multinacionales y profesionales que anteponen el negocio de la venta de azúcar a precio de oro a la salud de los ciudadanos. Otras prestigiosas organizaciones también amparan esta estafa. En enero de 2013 , pregunté a  la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (ACMB) por qué tiene una sección dedicada a la homeopatía. Prometieron una respuesta, pero todavía no me ha llegado.

Las autoridades sanitarias deberían poner coto a una práctica que puede tener graves consecuencias para quienes confían en ella. Porque un remedio homeopático es tan curativo como el agua bendita, pero puede ser mortal. Al venderse como efectivo contra la enfermedad, puedengenerar en el paciente la sensación de que está poniendo remedio a un problema de salud y no necesita la siempre más incómoda medicina convencional, con trágicas consecuencias.

Recuerdo a los siempre desinteresados homeópatas que el ilusionista James Randi ofrece un millón de dólares desde hace más de una década a quien demuestre científicamente que la homeopatía funciona. Humildemente, yo daré 6.000 euros de mi bolsillo a quien lo pruebe. Lancé el reto en noviembre de 2011 a la médico homeópata María Ángeles Municio y, por extensión, a todo aquél que quisiera convencerme de las bondades de esa práctica. Sentado espero.

Si no tienen una opinión formada sobre la homeopatía, igual les ayuda el episodio que le dedicamos en la serie Escépticos de ETB:

Jimmy Wales, cofundador de la ‘Wikipedia’, llama “charlatanes lunáticos” a los médicos alternativos

Jimmy Wales. Foto: Manuel Archain.Jimmy Wales, cofundador de laWikipedia, no está por la labor de que la enciclopedia libre alimente la creencia en terapias cuya efectividad no ha sido demostrada científicamente. Ante una petición en la plataforma Change.org de grupos que consideran que “gran parte de la información [de la Wikipedia] relacionada con los enfoques holísticos de curación es parcial, engañosa, anticuada o simplemente mala” debido a la censura de los “autodenominados escépticos“, Wales ha replicado que lo que valen son las pruebas y las publicaciones en revistas científicas, y ha calificado de “charlatanes lunáticos” a los practicantes de las mal llamadas medicinas alternativas.

La petición de la Asociación para la Psicología Energética Comprensiva, que ha sido firmada por unas 8.000 personas, dice:

Jimmy Wales, fundador de la Wikipedia: cree y aplique nuevas políticas que permitan una verdadera discusión científica sobre los enfoques holísticos de curación

La Wikipedia es ampliamente utilizada y de confianza. Por desgracia, gran parte de la información relacionada con los enfoques holísticos de curación es parcial, engañosa, anticuada o simplemente mala. Durante cinco años, los repetidos esfuerzos para corregir esa desinformación han sido bloqueados, y la organización Wikipedia no ha tomado cartas en el asunto. Como resultado de esto, las personas interesadas en los beneficios de la medicina energética, la psicología energética y enfoques específicos como las técnicas de liberación emocional, la terapia del campo del pensamiento y la técnica de acupresión Tapas van a sus páginas, confían en lo que leen y no hacen nada por recibir ayuda a partir de estos enfoques que la investigación, de hecho, ha demostrado que son muy beneficiosos para muchos. Esto tiene consecuencias graves, pues la gente sigue sufriendo problemas físicos y emocionales que bien podrían aliviarse con estos enfoques.

Larry Sanger, cofundador de Wikipedia, dejó la organización debido a dudas sobre su integridad. Declaró: “En algunos campos y en algunos temas, hay grupos que ocupan artículos e insisten en hacer que reflejen sus propios puntos de vista. No hay un mecanismo creíble para aprobar versiones de artículos”.

Éste es exactamente el caso de las páginas de Wikipedia de la psicología energética, la medicina energética, la acupuntura y otras formas de medicina complementaria y alternativa (CAM ), que actualmente están escoradas hacia un punto de vista negativo y anticientífico de estos enfoques a pesar de los numerosos estudios rigurosos que en los últimos años han demostrando su eficacia. Estas páginas las controlan unos autoproclamados escépticos que actúan como censores de facto de la Wikipedia. Visten sus objeciones con el lenguaje de la visión más estrecha posible de la ciencia para reprimir la discusión abierta sobre la innovación en la asistencia sanitaria. Como vigilantes del statu quo, se niegan a debatir con los investigadores y médicos de vanguardia y con cualquier persona con un punto de vista diferente. Revisores imparciales deberían ser los responsables de controlar estas importantes áreas.

La respuesta de Wales, colgada el domingo pasado, dice:

No, tenéis que estar bromeando. Cada persona que ha firmado esta petición tiene que volver a revisar sus premisas y pensar más sobre lo que significa ser honesto, los hechos y la verdad.

La política de la Wikipedia sobre este tipo de cosas es clara y correcta. Si usted consigue publicar su trabajo en revistas científicas respetables -es decir, si puede presentar pruebas a través de experimentos científicos repetibnles-, entonces la Wikipedia lo cubrirá adecuadamente.

Lo que no haremos es pretender que la obra de charlatanes lunáticos es equiparable al “verdadero discurso científico”. No lo es.

No hay escépticos malvados que boicoteen debates sobre asuntos científicos de vanguardia en la Wikipedia en inglés -la Wikipedia en español es altavoz de todo tipo de supercherías-; lo que faltan son pruebas que apoyen lo que sostienen los defensores de las denominadas medicinas alternativas. En contra de los que sostienen los impulsores de esta petición, prácticas como la homeopatía, la acupuntura y la quiropráctica -por citar sólo tres- ponen en riesgo la vida de mucha gente, bebés incluidos.

Por qué voy a suicidarme homeopáticamente cuantas veces haga falta… y más

“¡Eso del suicidio homeopático que haces es una payasada!”. Algo parecido a esto me soltó la homeópata y pediatra vizcaína María Ángeles Municio  al término del debate sobre esa pseudomedicina celebrado como parte de los coloquios organizados por la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco (UPV), en colaboración con el Círculo Escéptico y EITB, en torno a los temas de la serie de televisión Escépticos, dirigida por José A. Pérez y conducida por mí. La frase igual no es literal, pero ése era el espíritu e incluía -de eso estoy seguro- suicidio homeopático y payasada. Era el 23 de noviembre de 2011. Jose se rio y yo ofrecí a la homeópata 6.000 euros de mi bolsillo si demostraba que su pseudoterapia funciona más allá del placebo. Han pasado dos años largos y sigo sin haber tenido que soltar el dinero.

Abriendo, con torpeza infinita, un tubo de granulado de Setadif PC. La mitad de los gránulos salieron por los aires, como puede verse. El resto me los comí y añadí otras 40 pastillas por si acaso. Foto: Laura Esteban.Una semana después, el 1 de diciembre de 2011, volví a encontrarme con Municio. Formaba parte de una delegación de Laboratorios Boiron que visitó la redacción de El Correo para pedirnos a Fermín Apezteguia, periodista especializado en información sanitaria, y a mí una mayor sensibilidad hacia la homeopatía. La encabezaba Cristina Mendizábal, portavoz de la multinacional francesa, y su tercer integrante era Guillermo Basauri, médico y profesor del Centro de Enseñanza y Desarrollo de la Homeopatía (CEDH). Fue un encuentro  muy interesante, aunque no nos convencieron de las bondades de la homeopatía, cuyos principios -que lo similar cura lo similar y que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos- van contra el sentido común, la experiencia cotidiana y el conocimiento científico, y, por supuesto, nunca han sido demostrados. Y Municio volvió a quejarse de mi payasada, aunque no recuerdo si esta vez la calificó así o de simple tontería.

Desde febrero de 2011, cada vez que he ingerido una caja de Sedatif PC, supuesto sedante de Boiron compuesto de nada más que azúcar, o he hecho alarde de ello, me he encontrado con reacciones de homeópatas más airadas que cuando digo que su pseudoterapia no funciona. Así que, cuando el 7 de enero pasado se pusieron en contacto conmigo desde el programa Equipo de Investigación de La Sexta para hacerme una entrevista para el reportaje “El milagro de la homeopatía”, les ofrecí la posibilidad de suicidarme homeopáticamente ante las cámaras. Aceptaron y, además de grabar una larga entrevista, me tomé una caja entera de Sedatif PC con los efectos por todos conocidos y previsibles: ninguno.

Objetivo: llegar al público

¿Por qué lo hice? Porque tomar una caja de cualquier producto homeopático es la mejor manera de demostrar que no son nada, que carecen de efectos secundarios porque tampoco los tienen primarios, a no ser que creas en esa pseudoterapia. Y a eso se le llama placebo. De niños, por la cuenta que nos tiene, aprendemos a tener cuidado con los medicamentos y que, si ingieres demasiadas pastillas por accidente o intencionadamente, las consecuencias pueden llegar a ser fatales. Es algo grabado en nuestra memoria y que lleva a que, cuando un niño te ve tomar 40 pastillas como si nada, concluya que no son medicamentos de verdad y que, por tanto, la homeopatía es un timo. Es algo automático. Por eso, a los homeópatas les molesta tanto que se dé cancha al imposible suicidio con sobredosis de sus inútiles pastillas. Por eso, voy a suicidarme homeopáticamente cuantas veces haga falta… y más.

“Una carcajada vale por diez mil silogismos. No sólo es más eficaz, sino también mucho más inteligente”, escribió el periodista Henry Louis Mencken en The American Mercury en 1924. Un suicidio homeopático es mucho más efectivo a la hora de inmunizar al lego contra esa pseudomedicina que diez mil alusiones al número de Avogadro. El objetivo es llegar al público; no parecer más listos que nadie. A la hora de denunciar el engaño de la homeopatía, huya del número de Avogrado como de la peste y ponga ejemplos que pueda entender su abuela o el más pequeño de la casa. No es tan difícil y, acompañado de un buen suicidio, este cóctel resulta letal para los intereses homeópatas.

Sensibilidad química múltiple: una etiqueta alarmista para una enfermedad que no existe

Hay personas que dicen que las sustancias químicas sintéticas les ponen enfermas. No las tóxicas, sino cualquier sustancia a nivel muy por debajo del considerado seguro. Sufren tanto que llegan a tener que aislarse del plástico, de los colorantes, de las fibras sintéticas… Del mundo artificial. Padecen, según algunos médicos, un mal consecuencia de la vida moderna: la sensibilidad química múltiple (SQM). La identificó en los años 50 el alergólogo estadounidense Theron G. Randolph, quien en 1965 fundó lo que hoy es la Academia Estadounidense de Medicina Ambiental. De vez en cuando, la dramática historia de uno de estos enfermos salta a los medios, como un aviso del futuro que nos espera. ¿O no?

Reportaje de 'El Mundo', sobre Elvira Roda, afectada de sensibilidad química múltiple.El diario El Mundo contaba ayer el calvario de Elvira Roda, de 38 años y que hace diez “cayó aquejada de sensibilidad química múltiple (SQM) mientras trabajaba como diseñadora en el Instituto de Tecnología Cerámica de Castellón, coincidiendo con una desratización que se hizo con los empleados dentro”. La joven estuvo internada varios meses en un centro de salud ambiental de Dallas (EE UU) y, en 2008, Francisco Hernando, El Pocero, la trasladó a España en su avión privado, “higienizado para la ocasión”. Vive ahora en un búnker, minimizando el contacto con todo aquello que pueda provocarle una crisis, episodios que se caracterizan, en su caso, por “fotofobia, taquicardias, sequedad glandular, fibromialgia, espasmos pulmonares, estragos en los sistemas inmunológico y digestivo”. Y gasta 4.000 euros mensuales en una medicación “sin conservantes ni colorantes” que le traen de Andorra. Un auténtico drama; aunque la enfermedad no exista como tal. Porque la SQM no ha sido claramente definida, no se ha propuesto ningún mecanismo creíble que la provoque, ni ha habido un solo caso demostrado científicamente. Lo único que hay es un variado conjunto de síntomas que paciente y supuestos expertos identifican como causados por el mal.

“Muchas personas con diagnóstico de SQM sufren mucho y son muy difíciles de tratar. Las investigaciones bien diseñadas sugieren que la mayoría de ellos tienen un desorden psicosomático por el que desarrollan múltiples síntomas en respuesta al estrés. Si esto es cierto -y creo que lo es- los pacientes de la ecología clínica corren el riesgo de diagnósticos erróneos, malos tratamientos, explotación financiera y retrasos de la atención médica y psiquiátrica. Además, las compañías de seguros, los empleadores, otros contribuyentes y, en definitiva, todos los ciudadanos se ven asediados por dudosas afirmaciones de invalidez y daños. Para proteger al público, las juntas estatales de licencias [médicas] deberían analizar las actividades de los ecólogos clínicos y decidir si la calidad general de su cuidado es suficiente para que se mantengan en la práctica médica”, resume Stephen Barrett, experto en pseudomedicinas y pseudoterapias. No es una opinión aislada, sino la mayoritaria en la comunidad científica. Y es que, sesenta años después de haber sido supuestamente identificada por Randolph como una nueva enfermedad, hay las mismas pruebas que entonces de la realidad de la SQM: ninguna.

La mejor terapia, no creer

Los estudios científicamente controlados han revelado que quienes creen padecer SQM sufren los mismos síntomas ante sustancias químicas sintetizadas en el laboratorio que ante placebos. Así, tras revisar 37 estudios, J. Das-Munshi, G.J. Rubin y S. Wessely, del Instituto de Psiquiatría de Londres, concluyeron en 2006 que los pacientes reaccionan ante las sustancias químicas “cuando pueden discernir las diferencias entre las sustancias activas y simuladas, lo que sugiere que el mecanismo de acción no es específico de la propia química y podría estar relacionado con las expectativas y creencias previas”. El origen de la enfermedad estaría en la mente de los enfermos, como pasa en el caso de la llamada hipersensibilidad electromagnética, otro inexistente mal de la sociedad moderna cuyo tratamiento ya han convertido en negocio algunos.

“El fenómeno de la sensibilidad química múltiple es una manifestación peculiar de nuestra tecnofóbica y quimiofóbica sociedad. La han rechazado como enfermedad orgánica la Academia Estadounidense de Alergia e Inmunología, la Asociación Médica Estadounidense, la Asociación Médica de California, el Colegio Estadounidense de Médicos y la Sociedad Internacional de Toxicología y Farmacología”, escribió el químico, toxicólogo y farmacólogo Ronald E. Gots en la revista Clinical Toxicology en 1995. Tampoco la Organización Mundial de la Salud la reconoce como una enfermedad. Para Gots, quien ha examinado las historias clínicas de decenas de afectados, la SQM es “una etiqueta para las personas que no se sienten bien por una variedad de razones y que comparten la creencia de que la culpable de su mal es la sensibilidad química”. Y añade: “Existe [la enfermedad] porque el paciente lo cree y un médico valida esa creencia”. Si usted no cree en la SQM, que es una especie de alergia al mundo artificial que nos permite vivir más y mejor que nuestros antepasados, no la sufrirá.

Los que refuerzan la creencia en esta no-enfermedad suelen ser ecólogos clínicos y médicos ambientalistas, especilidades ambas tan reconocidas como la de reikiólogo, y también periodistas atraídos por las erróneamente denominadas historias de interés humano, que se han convertido en el cajón de sastre para todo tipo de tecnofobias. Si usted quiere formarse su propia opinión sobre la SQM, puede empezar por la Wikipedia, pero evite la versión española, donde la información sobre muchas supercherías y charlatanes roza el compadreo, y consulte la versión inglesa, mucho más completa y rigurosa.