Medicina alternativa

La sensibilidad química múltple, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el 16 de octubre en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de sensibilidad química múltiple, en la primera entrega del curso 2014-2015 de Gámez over, intervenciones que también emiten Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate), Kkinzona (Urretxu-Zumarraga) y Txindurri Irratia (Lautada).

Radio Euskadi difunde la idea de que el brote de ébola es un montaje de los CDC, la OMS y las farmacéuticas

Portada del número 175 de la revista 'Discovery DSalud'.Más de media hora dedicó el domingo por la mañana el programa Hágase la luz de Radio Euskadi a hacerse eco de la visión más conspiranoica del ébola. En una demostración de lo que, a mi juicio, nunca debería hacer un medio de comunicación público, Jesús García Blanca soltó un disparate tras otro con el entusiasta apoyo de la directora y presentadora del espacio, la periodista Teresa Yusta. Así, los oyentes nos enteramos de que el ébola es un virus integrado en nuestro genoma; de que es discutible que sea el causante de la fiebre hemorrágica que azota África occidental; de que estamos asistiendo a una farsa similar a la del sida; de que el brote que ya ha matado a más de 4.000 personas es un montaje; y de que nos iría mejor si hiciéramos caso a Teresa Forcades, la monja antivacunas, y al curandero antitransgénicos Josep Pamiés.

García Blanca es el autor de “Ébola: ¿otra falsa pandemia?”, un reportaje publicado en el último número de Discovery DSalud, revista en cuyas páginas se defiende que el VIH no existe, el cáncer tiene causas emocionales, las emisiones de radiofrecuencia provocan todo tipo de males y cosas por el estilo. “No es descartable que los problemas de salud que se achacan al virus del ébola puedan en realidad estar provocados por fármacos en mal estado, vacunas o medicamentos experimentales y pesticidas cuyos efectos se vean agravados por una pésima higiene, agua contaminada, desnutrición y, por ende, un sistema inmune debilitado”, concluye en su texto. (No se pregunten a qué se deben, entonces, casos como el de la auxiliar de enfermería Teresa Romero porque la lógica conspiranoica no es de este mundo.) Yusta considera, por su parte, un “trabajo fantástico” el de quienes hacen “una revista realmente formidable, Discovery DSalud“, lo que demuestra que no tiene ni idea de lo que habla. Por lo menos, en lo que a medicina, salud y ciencia se refiere. Si quieren, pueden escuchar la conversación que mantuvieron ambos ante los micrófonos de Radio Euskadi -para eso he incluido el siguiente archivo-, pero permítanme que les llame la atención sobre aspectos que creo que deberían llevar al consejero vasco de Salud, Jon Darpón, a tomar algún tipo de medida.

Como lleva haciendo sobre el sida José Antonio Campoy, director de Discovery DSalud, desde su época al frente de la revista esotérica Más Allá, García Blanca suelta muchas ideas y las mezcla a su gusto para vender la tesis de que el virus del ébola no existe o no es lo que nos han dicho. Así, al principio de la entrevista sostiene que es “discutible” que el ébola esté ahí, para luego añadir que, según el biólogo Máximo Sandín -del que no da un dato fundamental, que es antidarwinista-, el ébola, el marburgo y otros muchos virus “son endógenos, están integrados en nuestro genoma”, lo que descarta que sean mortales “porque estaríamos muertos todos”. García Blanca sostiene que el ébola “es un huesped nuestro, vive en simbiosis con nosotros, forma parte de nosotros”, y que “es absurdo pensar que una parte de nosotros está causando esta pandemia”. En realidad, lo que es absurdo es lo que él dice: que el virus no está ahí, pero que, al mismo tiempo, está dentro de nosotros. Me recuerda a conspiranoicos de los alunizajes como Santiago Camacho, que hace años mantenía que el hombre no llegó a la Luna y, en un momento determinado, empezó a decir que los astronautas encontraron extrañas construcciones en el satélite terrestre.

Portada del número 227 de la revista 'Enigmas'.Los expertos de los que echa mano Garcia Blanca pertenecen a lo más granado de la anticiencia. Así, en otro momento de la conversación, cita al médico Enric Costa, quien dice que “esto son fiebres hemorrágicas. Son conocidas por la medicina desde la Antigüedad. No tienen nada que ver con ningún virus ébola”. Costa, como antes Sandín, es un heterodoxo, por decirlo suavemente. Médico de formación, se pasó hace tiempo al lado oscuro de las mal llamadas terapias alternativas. Asegura que “el sida no es un fenómeno infeccioso” y que su causa es una intoxicación “tanto a nivel físico-químico como a nivel psicológico. Se ha producido un efecto vudú colectivo sobre la población de afectados, diciéndoles desde todas partes que tenían un virus que tarde o temprano, pero sin remedio, les mataría. Y, además, eso se ha convertido en una verdad dogmática que no permite a la persona afectada disponer de otro tipo de información. Esto, sumado a la marginación y desprecio de su propio hábitat social, produce en el marcado una desmoralización y un terror que son suficientes para destruir la vitalidad de cualquiera”.

Forcades, la gripe A y sus mentiras

La defensa que la presentadora hace de Teresa Forcades resulta ridícula. Afirma que, cuando saltó a la escena pública en otoño de 2009 con su vídeo Campanas contra la gripe A, la monja dijo cosas que luego hubo que admitir, algo que es siemplemente falso. La religiosa alertaba en su vídeo del riesgo de vacunarse contra la gripe y alimentaba la idea de que quienes, según ella, dominan el mundo podían llegar a provocar una pandemia para acabar con la mitad de la población. Mentía cuando decía que Organización Mundial de la Salud (OMS) había modificado la definición de pandemia para que encajara con las características de la gripe A y también cuando presentaba como prueba del peligro de las vacunas la contaminación de unas muestras que mataron varios hurones. Es cierto que una compañía farmacéutica mandó por error a algunos laboratorios muestras de vacuna contaminadas, pero el fallo se produjo en la fase de experimentación con animales y fue detectado. Y sentenciaba: “Con los datos que tenemos, es más probable pensar que aquí haya una mala intención que no pensar que haya habido unas causalidades casi imposibles”.

La monja antivacunas fue poco después de su debut mediático la estrella del II Congreso Ciencia y Espíritu, junto con negacionistas del sida, exopolíticos, defensores de que el 11-S fue un autoatentado de Estados Unidos, creyentes en la Tierra hueca, propagandistas de la contaminación electromagnética, los chemtrails, las casas piramidales con efectos terapéuticos, el alma grupal y otras chaladuras. Y ahora, como bien recordaba Javier Salas hace unos días, forma parte de la troupe de charlatanes del ébola y no duda en publicitar como remedio del mal la solución mineral milagrosa (MMS), un producto tóxico que algunos estafadores dicen que cura todo tipo de patologías, incluido el autismo.

Para García Blanca, el actual brote de ébola es obra de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la OMS, la Unicef, el Banco Mundial, la Fundación Bill y Melinda Gates, la Fundación Rockefeller y los laboratorios farmacéuticos. La estrategia, dice, se remonta a hace mucho tiempo. “Ya en los años 40 empezaron las primeras fabricaciones de epidemias de gripe falsas para mantener una agencia gubernamental que se dedica a la vigilancia de enfermedades”, los CDC. El colaborador de Discovery DSalud atribuye a los CDC la autoría de todo tipo de brotes de enfermedades, “incluida la epidemia falsa de sida de 1981″. Y yo pienso en los miles, centenares de miles de implicados en la conspiración, desde investigadores de primera línea hasta médicos especialistas, técnicos de laboratorio y demás. Todos callados, guardando el secreto de que el VIH no causa el sida, las diferentes gripes han sido creadas en laboratorio y el ébola es inofensivo como un gatito. Si tan seguros están de lo que dicen, ¿por qué no se inyectan García Blanca, Campoy, Forcades, Pamiés y compañía muestras de los inofensivos VIH y ébola?

Entiendo que los científicos no quieran prestarse al debate o a desmentir a personajes como éstos para no dar a sus disparates una relevancia inmerecida, pero, entonces, ¿qué van a creer, por ejemplo, los ciudadanos que hayan escuchado en la radio pública vasca que el virus del sida no existe, que las epidemias las montan los CDC y la OMS en beneficio de las farmacéuticas y demás disparates? Por otra parte, ¿es de recibo permanecer callados cuando una emisora pública difunde ideas anticientíficas y conspiranoicas sobre asuntos de salud pública? Piénsenlo, por favor.

Cuatro vende la barbaridad de que el cáncer puede curarse con una dieta

Cuatro vende la barbaridadde que el cáncer puede curarse con una dieta.Terrible. No encuentro otra palabra para describir la promoción que ayer hizo el programa En la caja, de Cuatro, de la idea de que el cáncer puede curarse con una dieta. El fragmento de 5 minutos del programa que trata del asunto -que pueden ver al final de estas líneas- lleva en la web de la cadena los siguientes titulo y subtítulo: “Odile superó un cáncer con múltiples metástasis gracias a su dieta. El 40% del cáncer se da en países desarrollados”.

El conductor de En la caja, Juanra Bonet, es al principio cauto y hasta escéptico sobre la milagrera idea de que el cuerpo puede curarse a sí mismo, defendida por una crudivegana. “Si yo produzco mi enfermedad, ¿por qué no me voy a poder sanar a mí mismo?”, se pregunta la mujer. El presentador considera ese discurso “precioso”, pero “un cuento infantil”. La misma mujer añade “Yo no creo en la quimioterapia. Si me enfermara, yo no me haría por ningún motivo quimioterapia”. En ese momento, tenía que haber intervendio en el programa un oncólogo y dejar las cosas claras. Sin embargo, la crítica se limita al conductor diciendo que ése es “el camino de los milagros” y, cuando la mujer dice que, si de ella dependiera el tratamiento contra el cáncer de otra persona -un hijo, por ejemplo-, nunca recurriría a la quimioterapia, Bonet tranquiliza su conciencia apostillando que, “afortunadamente, estamos ante algo muy hipotético”: ¿De verdad lo cree?

El presentador pasa de escéptico a creyente después de hablar con Odile Fernández, una médica que ha superado un cáncer de ovarios y ha escrito Mis recetas anticáncer, un libro en el que dice que se curó por la dieta que siguió. En 2010 los médicos le dijeron que tenía un 5% de probabilidades de vivir más de cinco años. Aunque todavía no ha pasado ese tiempo, asegura que la enfermedad ha desaparecido por completo, así que cabe suponer que podría estar entre el 5% de supervivientes. Hizo todo lo que le recomendó el oncólogo -cirugía y quimioterapia- y añadió a la receta una dieta especial. Como parece haberse curado, concluye que su sanación se debe a la dieta que ahora comercializa en forma de libro. “Odile era un argumento andante. En ese momento, es cuando ya empiezo a tomar nota bastante en serio”, dice un ya crédulo Bonet tras entrevistarla. La propia paciente reconoce que se operó y se sometió a quimioterapia, así que lo lógico sería achacar al tratamiento médico su victoria sobre el cáncer. Atribuírselo a una dieta milagrosa es como felicitar al clérigo que bendice un barco, y no a los ingenieros, porque la nave no se hunda.

Comer bien y tener otros hábitos saludables -como hacer ejercicio, no fumar y beber con moderación- es la mejor prevención demostrada contra el cáncer. Los expertos calculan que la mala alimentación está en el origen del 35% de los casos de la enfermedad. Pero, ¡ojo!, que una dieta equilibrada haga que se reduzcan las probabilidades de padecer el mal no significa que, una vez detectado, una alimentación determinada vaya a revertir el proceso. “No hay ninguna dieta anticáncer”, sentenciaba Andrés García Palomo, jefe de Oncología del Hospital de León, a principios del año pasado en el diario Abc. Ninguna.

No sólo es falso el titular del vídeo de Cuatro -”Odile superó un cáncer con múltiples metástasis gracias a su dieta”-, sino que, además, el subtítulo engañoso: “El 40% del cáncer se da en países desarrollados”. La idea que transmite esta última frase es que antes la vida era más sana -lo que sostiene la protagonista del vídeo- y, por eso, hay menos cáncer en los países más pobres. ¿Pero es verdad? No. Es cierto que se detectan anualmente más nuevos casos de cáncer en el mundo rico que en el pobre, pero supongo que se debe a que en muchos de los países menos desarrollados la mayor parte de la población no tiene a su alcance una buena asistencia médica porque, por otro lado, más del 60% de las muertes por cáncer se producen en países pobres. Hablando en plata: en el mundo más pobre se detectan menos cánceres, pero muere más gente de cáncer. “En el mundo, el 60% de las muertes por cáncer ocurre en los países pobres, y se calcula que, en 2025, esto aumentará a 75%… ¡Será una plaga terrible!”, advertía hace un mes el oncólogo peruano Elmer Huerta.

La sensibilidad química múltiple no está reconocida como enfermedad en España ni en ningún otro país

La falsa noticia del reconocimiento oficial de la SQM en españa, tal como la dio en su web el diario 'Deia'.“España reconoce oficialmente la sensibilidad química múltiple, la enfermedad de las personas burbuja“, decía el 24 de septiembre una nota de prensa del Fondo para la Defensa de la Salud Ambiental (Fodesam). Añadía que se había incluido en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) porque “ésta es la fórmula autorizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que un Gobierno -bajo ciertas pautas- pueda oficializar las dolencias de sus ciudadanos que ella aún no ha catalogado a nivel internacional. De esta forma, España se suma a la lista de países que reconocen la SQM, como Alemania (2000), Austria (2001), Japón (2009), Suiza (2010) y Dinamarca (2012)”. Al día siguiente, recibí varios mensajes de correo en los que parientes de presuntos afectados por SQM me informaban de la noticia y comprobé que algunos medios reproducían tal cual el comunicado de Fodesam, transmitiendo la idea de que la SQM es ya en España, oficialmente, una enfermedad más. ¿Es así? No.

La SQM fue identificada en los años 50 por el alergólogo estadounidense Theron G. Randolph. Según él, hay personas a quienes las sustancias químicas sintéticas les ponen enfermas. No las tóxicas, sino cualquier sustancia a un nivel muy por debajo del considerado seguro. Sufren tanto que llegan a tener que aislarse del plástico, de los colorantes, de las fibras sintéticas… Del mundo artificial. Las ideas y métodos de Randolph carecían de base científica cuando las formuló y, como se destacaba en 1995 en su obituario de The New York Times, con el paso el tiempo tampoco han conseguido el reconocimiento de sus colegas.

“Muchas personas con diagnóstico de SQM sufren mucho y son muy difíciles de tratar. Las investigaciones bien diseñadas sugieren que la mayoría de ellos tienen un desorden psicosomático por el que desarrollan múltiples síntomas en respuesta al estrés. Si esto es cierto -y creo que lo es- los pacientes de la ecología clínica corren el riesgo de diagnósticos erróneos, malos tratamientos, explotación financiera y retrasos de la atención médica y psiquiátrica. Además, las compañías de seguros, los empleadores, otros contribuyentes y, en definitiva, todos los ciudadanos se ven asediados por dudosas afirmaciones de invalidez y daños. Para proteger al público, las juntas estatales de licencias [médicas] deberían analizar las actividades de los ecólogos clínicos y decidir si la calidad general de su cuidado es suficiente para que se mantengan en la práctica médica”, resume Stephen Barrett, experto en pseudomedicinas y pseudoterapias. Es la opinión mayoritaria en la comunidad científica.

Ni ha sido reconocida ni se espera que lo vaya ser

Dos cosas me llamaron la atención del presunto reconocimiento de la SQM por el Gobierno español: que todo lo que había era un comunicado de parte interesada -el colectivo de supuestos afectados y quienes les respaldan- y que, hasta donde yo sabía, no se había publicado recientemente nada que demostrara que la enfemedad existe fuera de las mentes de los pacientes. Así que hice una cosa muy simple, el 25 de septiembre pregunté al Ministerio de Sanidad si era cierto que había reconocido la SQM como enfermedad. Después de recibir el viernes pasado una primera respuesta en la que se negaba tal extremo, pedí a los técnicos de la Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación que, por favor, me aclararan algunas dudas, lo que hicieron ayer.

“La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) es la herramienta de diagnóstico estándar para la epidemiología, la gestión de la salud y fines clínicos. Esto incluye el análisis de la situación sanitaria general de grupos de población. Se utiliza para controlar la incidencia y prevalencia de las enfermedades y otros problemas de salud, y proporciona un cuadro de la situación de salud general de los países y poblaciones”, dice en su web la OMS. “El propósito  es permitir el registro, el análisis y la comparación de los datos de mortalidad y morbilidad entre diferentes países, convirtiendo los literales diagnósticos en códigos que faciliten su posterior recuperación para el análisis de la información”, explica el Ministerio de Sanidad, y puntualiza que la CIE la elabora la OMS, “la estructura de la clasificación no puede ser modificada por ningún país ni organización” y que, aunque “algunos países incorporan nuevos términos diagnósticos y localismos en los índices alfabéticos” -algo que está permitido, “esta inserción de términos no supone ninguna inclusión ni creación de nuevos códigos, ni por tanto el reconocimiento de nuevas enfermedades, sólo simplifica la búsqueda del código apropiado”.

“No existe en ninguna de las clasificaciones internacionales de enfermedades un código específico para la SQM”, advierte el departamento que dirige Ana Mato. “En principio, parece que las próximas clasificaciones internacionales tampoco van a contar con un código específico para la SQM. En el borrador de lo que será CIE10 MC [acrónimo de Clasificación Internacional de Enfermedades, Décima Revisión, Modificación Clínica], no cuenta con un código propio. Por lo tanto, la sensibilidad química múltiple (SQM) no está reconocida ni clasificada en la CIE”, añaden. Puntualizan que la entrada del índice alfabético no adjudica nada de forma extraoficial ni reconoce una determinada patología o deja de hacerlo, “sólo facilita la búsqueda del código, el código que siempre le ha correspondido: 995.3 Alergia, no especificada“. Y aclaran que “la inclusión de la SQM en el índice alfabético del CIE9 MC lo que persigue es darle un número extraoficial  (extra CIE) a fin de registrar los casos de esa posible dolencia. No significa reconocimiento -eso depende la OMS-, sino que es un paso para facilitar el que se conozca su posible incidencia en España, aun cuando no sea una enfermedad reconocida. Otros países -como Alemania- hacen lo mismo”.

¿Conclusión? La SQM no está reconocida como enfermedad ni en España ni en ningún otro país, ni está previsto que la OMS vaya a reconocerla como tal. Lo más que hacen algunos países, como España, es atribuirle un código a la “posible dolencia” para conocer “su posible incidencia” entre la población, “aun cuando no sea una enfermedad reconocida”. Lamentablemente, nada de esto acabará con el sufrimiento, muy real, de los enfermos, víctimas muchas veces de profesionales de la salud sin escrúpulos que se lucran con la venta de tratamientos y remedios para enfermedades inexistentes como ésta y la hipersensibilidad electromagnética.