Medicina alternativa

Los españoles y la homeopatía y la acupuntura, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes sobre cómo la mitad de los españoles cree en la homeopatía y la acupuntura, en la trigésima entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

El gran negocio de las vacunas

Enfermos en pulmones de acero en la sala de la polio del Centro Nacional de Rahabilitación Rancho Los Amigos (California), en 1953.“El negocio de las vacunas pronto será la primera fuente de ingresos de las principales compañías farmacéuticas”, sentenciaba en enero de 2016 el autor de una información publicada en Global Research, una web conspiranoica y antiglobalización. La inmunización generalizada, suelen decir los antivacunas, responde a la voracidad de la industria farmacéutica y la complicidad de los gestores públicos más que a necesidades de salud pública. En las vacunas hay un gran negocio; es verdad. Las farmacéuticas quieren ganar dinero con sus inversiones y trabajo, lo mismo que el panadero, el quiosquero, el camarero, el fabricante de su móvil, usted y yo. ¿Pero ganan tanto con este tipo de medicamentos?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que el negocio de las vacunas ascendía en 2010 a unos 25.000 millones de dólares frente a los 5.000 de diez años antes. Gracias al crecimiento de los mercados chino, alemán, indio y japonés, así como a las campañas de donación, ese subsector moverá unos 35.000 millones de dólares en 2020. Es mucho dinero, aunque en 2010 las ventas de vacunas sólo suponían entre el 2% y el 3% del mercado farmacéutico global y están muy lejos de ser “la primera fuente de ingresos de las más grandes compañías farmacéuticas”. En 2016 GSK -la compañía líder en vacunas con cerca del 23% del mercado- debió a ellas el 16% de sus beneficios, muy por detrás del resto de los medicamentos (58%) y los productos de salud bucodental, nutrición y otros  (26%).

Las farmacéuticas ganan dinero con las vacunas, pero estos fármacos, que han evitado y evitan millones de muertes, también han resultado por eso perjudiciales para muchos. La OMS calcula que “la inmunización previene cada año entre 2 y 3 millones de defunciones por difteria, tétanos, tos ferina y sarampión”, y que, “si se mejorara la cobertura vacunal mundial, se podrían evitar otros 1,5 millones” de muertes. Las vacunas han acabado con la viruela, que sólo en el siglo XX mató a más de 300 millones de personas. Han puesto contra las cuerdas a la poliomielitis, que llenaba hace 60 años en Estados Unidos hangares de pulmones de acero para tratar a los enfermos con parálisis de los músculos que ayudan a la respiración y en 1988 dejaba paralíticos a casi mil niños al día en todo el mundo. Y han salvado 20,3 millones de personas de morir por sarampión entre 2000 y 2015. Así que los fabricantes de ataúdes -que diría el televisivo doctor House- y de pulmones de acero han visto perjudicados sus negocios por ellas. Triste, ¿verdad?

Un dólar en vacunas ahorra hasta 44

Adamu Yusif, un niño nigeriano de 15 años víctima de la polio, con sus compañeros de clase. Foto: Fundación Bill y Melinda Gates.Según un estudio publicado en la revista Health Affairs por investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, cada dólar invertido en vacunas supone un ahorro de hasta 44. Sachiko Ozawa y sus colaboradores examinaron el impacto económico previsto de un programa de vacunación contra diez enfermedades en 94 países de bajos y medianos ingresos entre 2011 y 2020. Concluyeron que los 34.000 millones de dólares necesarios para llevar a cabo la iniciativa supondrán a la larga un ahorro de 586.000 millones en gastos por enfermedad y hasta 1,53 billones en general. Otro trabajo sobre el impacto de la vacunación en EE UU, publicado en Pediatrics, ha determinado que la inmunización de los nacidos en 2009 contra 13 enfermedades supone para EE UU evitar 20 millones de casos de males prevenibles y 42.000 muertes prematuras, con unos beneficios netos para el país de 69.000 millones de dólares.

Cuando era niño, un compañero de clase llevaba hierros en las piernas a causa de la polio, había mucha gente con la cara picada por la viruela y pasar el sarampión, la varicela y la tos ferina era algo común. Gracias a las vacunas, hoy no ocurre eso. En el País Vasco, la última víctima de la polio fue una niña gitana  que sufría parálisis de la pierna y el brazo derechos, Fue en 1985. “Pocas medidas de salud pública pueden compararse con el impacto de las vacunas. La vacunación ha reducido la enfermedad, la discapacidad y la muerte a causa de una serie de enfermedades infecciosas”, escribían hace unas semanas Walter A. Orenstein y Rafi Ahmed en un editorial de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences en el que destacaban que estos fármacos son una de las herramientas para la prevención de la enfermedad “con mejor relación coste-efectividad”

Que gracias a las vacunas no se den en las sociedades desarrolladas casos de sarampión, paperas, rubéola, polio y otras enfermedades, lleva a algunos a pensar que esas patologías ya no existen. No es así, como demuestra el último brote de sarampión en Europa a consecuencia del avance del movimiento antivacunas. En países como Rumanía, Italia, Francia y otros, la cobertura vacunal ha bajado del 95%, y el sarampión -“una de las principales causas de muerte entre los niños pequeños”, según la OMS- tiene el campo más libre que nunca cuando se creía que estaba en vías de erradicación. El éxito de las vacunas lleva a gente con poca memoria a pensar que ciertas enfermedades han desaparecido cuando no es verdad. Están agazapadas a la espera de que bajemos las defensas.

Casos anuales de enfermedades en EE UU antes y después de la era vacunal. Gráfico: Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.Los antivacunas se benefician de que todos los demás estamos vacunados y los virus no pueden propagarse libremente. Por eso son raros, afortunadamente, en países como España los casos de niños que enferman y mueren por sarampión, difteria y otros males. Pero, si la cobertura vacunal baja, los antivacunas no sólo pondrán en peligro a sus hijos, sino también a aquéllos que, por razones médicas, no puedan vacunarse, hayan perdido la inmunidad o tengan las defensas bajas. Esa inmunidad de rebaño, basada en la solidaridad colectiva, puede perderse por la actitud egoísta e insolidaria de unos pocos. Es lo que sucedió en diciembre de 2014 en Disneylandia, donde los bajos índices de vacunación dispararon un brote de sarampión que se saldó con más de cien casos. Y en Japón a finales de los años 70, cuando se desplomó la tasa de vacunación contra la tos ferina y en 1979 la contrajeron más de 13.000 personas y 41 murieron, cuando seis años antes no se había registrado ningún fallecimiento y sólo 393 casos de la enfermedad.

El fraude antivacunas

El médico británico Andrew Wakefield falseó en 1998 los resultados de un estudio clínico y aseguró en la revista The Lancet  que la vacuna triple vírica -contra el sarampión, la rubéola y las paperas- causaba autismo. Resultó ser un fraude perpetrado para ganar millones fomentando el miedo a las vacunas. Él, que acabó siendo inhabilitado, y sus socios calculaban que iban a embolsarse hasta 33 millones de euros anuales en EE UU y Reino Unido sólo con la comercialización de pruebas para la detección de la enterocolitis autística, enfermedad cuya existencia no ha sido probada y que fue descrita por él y sus colaboradores en el mismo artículo de The Lancet en el que conectaban la  vacuna triple vírica con el autismo. El efecto de la repercusión mediática de su trabajo, considerado uno de los grandes fraudes científicos de la Historia, fue el desplome de las tasas de vacunación en Reino Unido, EE UU y otros países.

¿Qué se puede hacer ante esto además de campañas de concienciación? En Australia, quienes no inmunizan a sus hijos no tienen derecho a beneficios fiscales que se aplican hasta que los menores cumplen cinco años y California aprobó en 2015 una ley que prohíbe la escolarización de los niños que no estén vacunados. En España, podrían aplicarse esas dos medidas. Además, los colegios de médicos deberían sancionar a los profesionales que fomenten la antivacunación; la Justicia tendría que considerar la no vacunación infantil como una forma de maltrato; y los medios públicos dejar de dar cancha a los antivacunas y que no se repita lo que hacía hace poco TVE y en 2012 ETB. Por último, dado que la biología permite en la actualidad identificar al individuo origen de un brote, infeccioso también podría legislarse para que, si se trata de un niño que no ha sido vacunado por voluntad de sus padres, éstos hagan frente a todos los gastos ocasionados por su decisión y no se detraiga ese dinero del de todos.

¿Van a hacer nuestros políticos algo en la línea de lo antedicho o esperarán a que enfermen y mueran más niños por infecciones evitables? ¿Van a ser contundentes las sociedades científicas españolas y, como ha hecho la Asociación Médica Estadounidense, abogar por la vacunación obligatoria? Porque las vacunas son un gran negocio para todos y no deberíamos renunciar a él.

La mitad de los españoles cree que la homeopatía y la acupuntura funcionan

Creencias pseudocientíficas de los españoles. Fuente: Fecyt.

Uno de cada dos españoles cree que la homeopatía y la acupuntura funcionan, según la Octava encuesta de percepción social de la ciencia y la tecnología en España, realizada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt). El estudio, presentado hoy en Madrid, revela que el 59,8 % de los encuestados “confía mucho bastante o algo” en la acupuntura, porcentaje que desciende al 52,7% para la homeopatía. Los autores destacan que “las personas con mayor nivel de estudios confían más que la media en estas prácticas cuya eficacia no tiene evidencia científica”, algo que encaja con la sospecha que tenemos algunos de que ciertas posturas anticientíficas están más arraigadas entre la gente con mayor formación.

Los datos confirman lo apuntado por la edición de esta encuesta de 2014, cuando uno de cada cuatro españoles (24,6%) estaba convencido de que la homeopatía es una disciplina científica y uno de cada cinco (18,6%), de que lo es la acupuntura. Hace tres años, más de la mitad de la población (50,4%) creía que la homeopatía tiene algo o mucho de ciencia, y casi la mitad (49,2%) opinaba lo mismo de la acupuntura. Entonces no se detectaban diferencias significativas ni por sexos ni por edades en cuanto a otorgar validez científica a estas dos pseudomedicinas, y no había datos segregados por formación académica. La Octava encuesta de percepción social de la ciencia y la tecnología en España corrige ésta y otras carencias.

Creencia en la homeopatía y la acupuntura según el nivel de estudios. Fuente: Fecyt.

El informe demuestra que “hay una mayor percepción de que la acupuntura funciona y de que los productos homeopáticos funcionan entre las mujeres de 25 a 64 años, entre las personas con estudios medios de segundo ciclo, incluso entre quienes tienen estudios superiores en relación con el funcionamiento de la acupuntura, entre los residentes en poblaciones de más 500.000 habitantes, y en Canarias, Cataluña y la Comunidad Valenciana”. Además, “consideran que la acupuntura funciona y que los productos homeopáticos son efectivos en mayor medida las personas que se sitúan en el centro izquierda del espectro político, los que trabajan como representantes comerciales y administrativos. Lo hacen en menor medida quienes residen en hogares con ingresos mensuales superiores a los 3.000 euros, quienes se autoposicionan como de derechas”.

Los resultados del nuevo estudio demuestran que la creencia en la efectividad de la homeopatía y la acupuntura aumenta con el nivel académico, si bien la primera práctica tiene menos creyentes entre los universitarios que entre los bachilleres. Sólo el 16,9% de la población sin estudios o que no ha completado los básicos confía mucho o bastante en la homeopatía, pero ese porcentaje asciende hasta el 30,9% entre quienes han acabado la Secundaria para descender al 26% en los universitarios. La acupuntura tiene todavía mayor éxito entre el colectivo con estudios superiores. Un 40,1% de los universitarios confía mucho o bastante en ella, porcentaje que desciende al 32,9% en el primer ciclo de Secundaria, al 25,3% en Primaria y al 13,9% entre los encuestados sin estudios o que no han terminado los básicos.

Saber por qué se da este contrasentido -a mayor formación, más credulidad en pseudoterapias- me parece básico si lo que queremos es un sistema educativo que fomente la capacidad crítica para la ciudadanía pueda tomar decisiones basadas en pruebas y no en prejuicios, como ha sucedido en Reino Unido y Estados Unidos con el Brexit y con Trump. La mitad de los consultados (51,6%) reclama una mayor participación en las decisiones políticas sobre ciencia y tecnología, pero la mitad también cree en la efectividad de pseudoterapias: ¿se imaginan que se someta a consulta la inclusión de la homeopatía en la Sanidad pública o que un partido abogue por ello a la pesca de votos?

Las preguntas sobre la acupuntura y la homeopatía forman parte de un nuevo apartado de la encuesta de la Fecyt centrado en prácticas paranormales y pseudocientíficas. Además de la inclinación por ciertas pseudoterapias, las respuestas de esa sección revelan que la mayoría de los españoles no cree en el horóscopo (83,9%), los fenómenos paranormales (76,7%), los curanderos (76,3%), y los amuletos y números de la suerte (71,3%).

Para la Octava encuesta de percepción social de la ciencia y la tecnología en España, se hicieron 6.357 entrevistas personales entre el 20 de octubre y el 10 de diciembre pasados, con un mínimo de 350 individuos mayores de 15 años por cada comunidad autónoma. Los resultados tienen un margen de error de ±1,25% para un nivel de confianza del 95,5%.

Si conoce a alguien que crea en la homepatía -lo que es bastante probable-, anímele a que vea el episodio correspondiente de la serie Escépticos de ETB.

‘O perigo de crer’, el 20 de abril en Pontevedra

Cartel de la XXXIV Semana Gallega de Filosofía.O perigo de crer (El peligro de creer) es el título de la charla que daré en el Teatro Principal de Pontevedra el jueves 20 de abril, en el marco de la XXXIV Semana Gallega de Filosofía. El encuentro, organizado el Aula Castelao de Filosofía y dedicado este año a Filosofía y salud, se celebra la próxima semana de lunes al viernes. Cada día, la charla matutina (de 10.30 a 13.30 horas) aborda el tema desde una perspectiva filosófica, la de la tarde (de 17 a 19.30 horas) se circunscribe al ámbito gallego y la de la noche (de 20 a 22 horas) se dedica a controversias y está abierta al público.

Mi intervención será nocturna y hablaré sobre todo de las medicinas alternativas, pero también de espiritismo. Lo haré porque, mientras que las pseudoterapias afectan a nuestra salud física, la creencia en personas capaces de comunicarse con los muertos puede tener graves consecuencias psicológicas. Tanto los vendedores de pseudoterapias como los médiums se aprovechan de nuestra humanidad: del miedo a la enfermedad y a la muerte los primeros, y de la angustia que nos produce la pérdida de seres queridos los segundos. Por eso dediqué a pseudomédicos y espiritistas el núcleo de mi libro El peligro de creer.

Si quieren, nos vemos en Pontevedra el jueves de la próxima semana.

Nace en España la primera asociación de farmacéuticos contra las pseudoterapias

FarmaCiencia.El colectivo FarmaCiencia se convirtió el pasado miércoles en una asociación cuyo principal objetivo es “erradicar de la profesión (farmacéutica) cualquier terapia que no haya demostrado su eficacia”. “Nuestra prioridad es que la legislación deje de considerar los preparados homeopátícos medicamentos, porque con los colegios de farmacéuticos vemos que no hay nada que hacer. Pero lo más importante es dar a conocer al usuario que la homeopatía y otras prácticas llamadas alternativas son terapias fantasiosas y ridículas, que no curan ni han curado a nadie de nada desde que se inventaron. Porque será finalmente el usuario el que destierre estos engaños, como pasó con las pulseras del equilibrio”, explica el farmacéutico madrileño Suso Fernández, impulsor de la iniciativa y presidente de la recién fundada asociación.

Seis meses después de su nacimiento como grupo informal y tras haber conseguido que las tres sociedades científicas farmacéuticas españolas rechacen la homeopatía, FarmaCiencia ha dado el paso de constituirse en asociación porque la ausencia de “sostén legal” suponía ya un freno a su empuje, enorme en las redes sociales, pero no tanto fuera precisamente por esa razón. “Debido a nuestro carácter de movimiento espontáneo e informal que operaba principalmente a través de las redes sociales, nos veíamos muy limitados a la hora de ejercer nuestra actividad y emprender nuevas acciones. Se ha rechazado nuestra presencia en mesas de debate y no hemos podido presentar formalmente algunas iniciativas debido a que no estabas constituidos como asociación”, indica en su web.

No tengo conocimiento de que haya en el mundo otra asociación similar. “No sabemos de organizaciones como la nuestra fuera de España -coincide Fernández-. Indagaremos y, si no existen, intentaremos ser el núcleo de algo importante a nivel internacional. Lo que sucede es que en países como Reino Unido estas iniciativas salen de organismos oficiales como el Real Colegio de Farmacéuticos”. En España ocurre todo lo contrario. “Los colegios oficiales siguen en su búnker, apoyando a los homeópatas con sus cursos, sus vocales de homeopatía y su presencia en muchas actividades de defensa de esta práctica. Seguimos sin entender cómo el Consejo General de Colegios Farmacéuticos acoge esta pseudoterapia a pesar de que las tres sociedades científicas farmacéuticas se han posicionado claramente en contra. Si ni siquiera el 3% de los médicos la prescribe, ¿cómo la vende el 99,9% de las farmacias?”, se pregunta el presidente de FarmaCiencia.

“No nos une nada más que el deseo de mejorar nuestra profesión y ganar valor frente al paciente. Tanto órganos colegiales como asociaciones científicas, algunas facultades y la mayoría de los titulares de oficinas de farmacia defienden esta mancia. Están contaminados por las empresas de homeopatía, que son las que dictan lo que tienen que hacer y no la ciencia, como debería ser”, me explicaba en septiembre Fernández. Ahora, la nueva asociación tiene que hacer músculo, reunir a todos aquellos licenciados y profesionales de farmacia que apuestan por la ciencia frente a la superchería, por los medicamentos testados científicamente frente al agua con azúcar milagrosa. Si usted es uno de ellos, puede ponerse en contacto con FarmaCiencia a través de Twitteer, su página de Facebooksu web o su correo electrónico, o escribirme a través de la página de contacto de este blog y yo les remitiré su mensaje.