About Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista y ha sido el conductor de Escépticos, una serie de ETB que es la primera producción española de televisión dedicada a la promoción del pensamiento crítico. Ha colaborado con Punto Radio Bizkaia -antes Punto Radio Bilbao-, Radio 3 y Radio Nacional de España, con intervenciones que pueden escucharse en cualquier sitio gracias al podcast Magonia. Da charlas sobre ciencia y pseudociencia ante todo tipo de público -desde escolares hasta jubilados, pasando por universitarios-, en las que habla de la conspiración lunar, la Atlántida, los ovnis, la guerra psíquica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las conspiraciones, el periodismo gilipollas y, si se da el caso, hace a los asistentes experimentar lo paranormal. Trabaja en el diario El Correo de Bilbao, donde ha cubierto la información de ciencia durante años. Mantiene desde junio de 2003 este blog, dedicado al análisis crítico de los presuntos misterios paranormales y al fomento del escepticismo, y firma desde octubre de 2010 una columna en español, ¡Paparruchas!, en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario, de la que es consultor. Además, es fundador del Círculo Escéptico, asociación organizadora del Día de Darwin y de los encuentros Enigmas y Birras, entre otros actos de divulgación del pensamiento crítico. Ha escrito los libros La cara oculta del misterio (2010) y Crónicas de Magonia (2012), y ha coordinado la obra colectiva Misterios a la luz de la ciencia (2008), publicada por la Universidad del País Vasco y en la cual destacados científicos examinan la posibilidad de vida extraterrestre y la existencia de monstruos, entre otros asuntos. Fue el único español participante en el libro Skeptical odysseys. Personal accounts by the world's leading paranormal inquirers (Odiseas escépticas. Reflexiones personales de los principales investigadores mundiales sobre lo paranormal. 2001), editado por el filósofo Paul Kurtz. Si quiere informarle de algo relacionado con los temas de este blog o entrar en contacto con él para cualquier cosa, puede hacerlo por correo electrónico, Twitter, Facebook o Google +.

Posts by Luis Alfonso Gámez:

La Sanidad pública británica prohibirá a sus médicos recetar homeopatía

El manual científico definitivo de homeopatía. Autor: Refutaciones a los memes antivacunas.Los médicos de la Sanidad pública británica no podrán prescribir homeopatía a sus pacientes, según las nuevas directrices del Servicio Nacional de Salud (NHS). “En el mejor de los casos, la homeopatía es un placebo y un mal uso de los escasos fondos del NHS, que mejor podrían dedicarse a tratamientos que funcionan”, ha dicho Simon Stevens, director ejecutivo del NHS en Inglaterra al anunciar la medida, informa The Independent. La prescripción de tratamientos homeopáticos supuso a las arcas públicas inglesas un desembolso de 92.412 libras en 2016 y de al menos 578.000 durante los últimos cinco años, dinero que ahora se destinará a otros fines.

El NHS, que también va a retirar la financiación pública por su falta de efectividad a las hierbas medicinas, recuerda en las nuevas directrices que el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes dictaminó en 2010 que “no existe ninguna prueba de que (la homeopatía funcione) funcione más allá del placebo”. En España, la Real Academia Nacional de Farmacia y las tres sociedades científicas farmacéuticas existentes se han manifestado en los mismos términos, y la Organización Médica Colegial coincide en que la homeopatía es un proceso “ilusorio y engañoso” sin base científica. Un grupo de expertos elegido por el Ministerio de Sanidad español concluyó en un informe en 2011 que la homeopatía “no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta”.

Los principios de la homeopatía, establecidos por el médico alemán Samuel Hahnemann en 1796, son que una sustancia que provoca un síntoma puede curarlo si se diluye mucho y que, cuanto más diluida esté, mayores serán sus efectos sanadores. La elaboración de un producto homeopático empieza con una parte del ingrediente, el principio activo, que se disuelve en 99 partes de agua, alcohol o lactosa: el resultado es una dilución 1 CH o centesimal hahnemaniano. Luego, se toma una parte de esa primera dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente elegido (2 CH); seguidamente, se toma una parte de esa segunda dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente (3 CH); y así sucesivamente. En las farmacias, se venden habitualmente remedios contra la gripe con diluciones de 200 CH, el equivalente a disolver una molécula en varios universos. Pruebas de laboratorio hechas en todo el mundo han demostrado que los preparados homeopáticos no tienen más que azúcar. Muy caro, pero sólo azúcar. “Los principios de la homeopatía son tonterías”, sentenciaba en mayo de año pasado la Sociedad Estadounidense de Química (ACS).

El gran peligro de la homeopatía es que los pacientes abandonen los tratamientos científicos por unos supuestos remedios que en más de 200 años no han demostrado más efectividad que el “cura cura sana, culito de rana”. Ya es hora de que, como reclama la Real Academia Nacional de Farmacia española, las autoridades sanitarias se planteen “si los productos homeopáticos sin indicación deberían mantener la condición de medicamentos” y a los que la tienen “exigir los estudios que se realizan para evaluar la evidencia científica en relación con su eficacia y seguridad”. Porque los mal llamados medicamentos homeopáticos no tienen que demostrar, como los de verdad que curan nada; sólo que no son perjudiciales, como las gominolas.

¿De dónde vienen los dragones?

'San Jorge y el Dragón', de Vittore Carpaccio (1466-1525).

“¡Nunca te rías de dragones vivos, Bilbo imbécil!”, se dice a sí mismo el protagonista de El hobbit (1937) tras un accidentado encuentro con Smaug. Grande, con apariencia de reptil y el cuerpo cubierto de escamas, con garras, volador y escupidor de fuego, la de Smaug es la imagen más frecuentemente asociada en Occidente a esas bestias. Sin embargo, no todos los dragones encajan en ella. “En el mundo de los animales fantásticos, el dragón es único. Ninguna otra criatura imaginaria ha aparecido en una variedad tan rica de formas”, apunta el zoólogo Desmond Morris en el prólogo de Dragones. Una historia ilustrada (1995), obra de su colega Karl Shuker.

Amuleto de dragón de jade de la cultura Hongshan. Foto: Wheielapn.Desde Alaska hasta Etiopía. Desde Europa central hasta India. Desde Polinesia hasta Norteamérica. Desde Japón hasta Mesopotamia. Desde los amuletos de jade chinos del Neolítico hasta las bestias de Daenerys Targaryen, la Madre de Dragones de la saga literaria Canción de hielo y fuego y la serie de televisión Juego de tronos. El dragón es universal. “Es el más gigantesco y también el más temible de los monstruos míticos. Al mismo tiempo, es también el más complejo. La razón es sencilla, el dragón es, por decirlo así, una criatura sintética”, afirma el paleontólogo Willy Ley en El pez pulmonado, el dodo y el unicornio (1941).

Unicornios y gigantes nacen de interpretaciones fantásticas del rinoceronte y de fósiles de elefante, respectivamente, pero los dragones no tienen un único origen. Son hijos de muchas bestias. Pueden tener cabeza de lagarto o de serpiente, pero también de león o de ave rapaz; escamas de cocodrilo; patas de lagarto; alas de murciélago… Hay dos grandes tradiciones que se han influido mutuamente: la europea -con criaturas de cuatro patas y dos alas, malévolas, que expulsan fuego por la boca- y la china, con forma de serpiente con cuatro patas, controladora del agua y símbolo de poder, fuerza y buena suerte.

Las representaciones más antiguas de dragones son unos amuletos de jade de la cultura Hongshan, que se desarrolló en China entre hace 6.700 y 4.900 años. Serpentiformes, se parecen a los primigenios mediterráneos. En estas longitudes, las primeras menciones datan de la Grecia clásica. El drákon es una serpiente gigante -eso significa la palabra- como la Pitón de Delfos, guardiana del famoso oráculo a la que debemos pitonisa como sinonimo de adivina. Matt Kaplan, autor de The science of monsters. The origins of the creatures we love to fear (La ciencia de los monstruos. Los orígenes de las criaturas a las que nos encanta temer. 2012) y otros estudiosos creen que el mito del drákon y otros similares dela región mediterránea se basan en grandes serpientes como las que Plinio el Viejo (23-79) describe en su Historia natural. “En realidad, cuando hablaron de dracones, los autores clásicos quisieron decir culebras gigantes de la clase de la pitón. Plinio afirmó que vivieron en India y que caían desde los árboles sobre sus víctimas, a las que mataban enroscándose en ellas”, ilustra Ley.

Los esqueletos de plesiosaurio -en primer plano, uno de ellos- pueden estar en el origen de las leyendas de dragones de Europa central. :: Foto: Ghedoghedo.Fósiles de dragones

El dragón clásico europeo se modela en la Edad Media. Adquiere las capacidades de volar y de echar fuego por la boca en el siglo V, y se convierte en cuadrúpedo con alas de murciélago en el siglo XIII. A pesar de que por su aspecto tendemos a emparentarlo con los dinosaurios -y en particular con el tiranosaurio- esa idea carece de pruebas que la sustenten. Hasta el momento, no se conoce de ninguna historia de dragones que esté relacionada con fósiles de dinosaurios ni en Oriente ni en Occidente.

“En Europa la mayoría de las leyendas draconianas que pueden relacionarse con la paleontología están basadas en restos fósiles de mamíferos cuaternarios. Algo semejante ocurre en China, en este caso con huesos de mamíferos de edad cenozoica”, explica José Luis Sanz en Mitología de los dinosaurios (1999). El paleontólogo español recuerda que muchas cuevas de Centroeuropa llevan “el nombre de caverna o guarida del dragón o de los dragones”. Cuenta, por ejemplo, cómo en el siglo XVII dos médicos, el alemán Petersonius Hayn y el rumano Johann Georg Vette, hallaron en grutas de Moravia y de Transilvania huesos de dragones que, centurias después, se identificaron como de osos de las cavernas.

‘Dragón rojo’, del artista japonés Katsushika Hokusai (1760-1849).A principios del siglo XX, el paleontólogo austriaco Othenio Abel investigó la leyenda del dragón de Klagenfurt y descubrió que el cráneo hasta entonces considerado de la bestia era de un rinoceronte lanudo. En el otro extremo del mundo pasa lo mismo. “Los chinos llamaron huesos de dragón a cualquier fósil, a menos que fuera un diente de dragón“, ironiza Ley. Sanz destaca, no obstante, cómo algunos paleontólogos alemanes creen que el origen de ciertos dragones locales pudieron ser hallazgos de esqueletos completos de plesiosaurios, reptiles marinos -no dinosaurios- del Jurásico a los que también se relaciona con una criatura contemporánea no menos mítica, el monstruo del lago Ness.

Hijo de alimañas extintas y reales -como el cocodrilo y las grandes serpientes-, el inexistente dragón es omnipresente en nuestro mundo. ¿Por qué? Quizá porque un mamífero frágil, sin garras ni dientes, acostumbrado durante la mayor parte de su historia evolutiva a ser más presa que cazador, proyectó en un momento dado sus miedos en una criatura excepcional, poderosa y aterradora con las características de aquellas a las que más temía.

 

El ardiente aliento de la bestia

Aunque no hay ni ha habido un animal como el dragón, es posible encontrar sus diferentes rasgos repartidos entre bestias reales. Todos, menos uno. No hay ninguna criatura que expulse o haya expulsado fuego por la boca. ¿De dónde sale entonces la idea de que el dragón lo hace?

Imágenes de dragones –como la de la foto–, leones y toros decoraban la Puerta de Ishtar, en la Babilonia de mediados del primer milenio antes de nuestra era.Una de las primeras referencias a dragones que escupen fuego aparece en la Historia regum Britanniae (Historia de los reyes de Britania), escrita por el clérigo Godofredo de Monmouth entre 1130 y 1136. En la Britania del siglo V, el rey Vortigern quería construir una fortaleza en una colina galesa, pero no lo conseguía. Cada vez que los muros tomaban altura, la tierra temblaba y se venían abajo. El rey consultó a su consejo de sabios, que le dijo que todo se solucionaría derramando sobre el terreno la sangre de un niño sin padre. El monarca lo encontró, pero, antes del sacrificio, el niño le dijo que matarle no iba a servir de nada porque la razón última de sus problemas era que en el subsuelo había dragones que protegían la tierra. Los hombres de Vortigern excavaron y se encontraron con dragones que echaban fuego por la boca. Y el niño salvó el pellejo.

En The science of monsters. The origins of the creatures we love to fear, Matt Kaplan recuerda esa leyenda y plantea que el ardiente aliento del dragón bien pudo nacer en las minas de carbón de Gales y otros lugares cuando hombres con sus antorchas dieron con bolsas de grisú y provocaron explosiones. Al ignorar la causa, aquellos mineros atribuyeron las mortales llamaradas a una bestia. Y así el dragón empezó a vivir bajo tierra y a expulsar fuego.

El incidente Roswell

Primera página del 'Roswell Daily Record' del 8 de julio de 1947, anunciando la captura de un platillo volante por los militares.Arqueólogos de la Universidad de Nuevo México (UNM) excavaron en un rancho cercano a Roswell en septiembre de 2002. Buscaban restos del platillo volante que, según la literatura ufológica, se había estrellado en julio de 1947 en esa región del suroeste de Estados Unidos. Algo que se hubieran dejado en el desierto los militares que recuperaron el ingenio y los cuerpos de sus tripulantes. “Estamos cavando agujeros para buscar pruebas físicas del impacto de una nave extraterrestre”, explicó el arqueólogo William Doleman, director del equipo de la UNM. El proyecto, financiado por SyFy -entonces, Sci-Fi Channel-, fue un fiasco. No encontraron nada que apoyara la realidad de unos hechos sobre los que se han escrito decenas de libros y emitido centenares de horas de programas de televisión.

El incidente Roswell ocurrió dos semanas después de que Kenneth Arnold viera, el 24 de junio de 1947 cerca del monte Rainier, nueve objetos con forma de bumerán que “volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua”. En las crónicas periodísticas se habló de platillos volantes -confundiendo la forma con el modo de vuelo-, y estos invadieron los cielos de EE UU. El 6 y 7 de julio se registraron 150 avistamientos al día, y el 8 el diario Roswell Daily Record contaba en su primera página que los militares habían capturado uno de esos objetos.

El general Roger Ramey y el coronel Thomas Dubois, con los restos del objeto accidentado.“Los muchos rumores sobre platillos volantes se hicieron realidad ayer cuando la oficina de Inteligencia del Grupo de Bombarderos 509 de la Octava Fuera Aérea, Aeródromo del Ejército de Roswell (RAAF), tuvo la suerte de obtener un disco gracias a la cooperación de uno de los granjeros locales y de la oficina del sheriff del condado de Chávez”, decía el comunicado de prensa dictado por el teniente Walter Hau. Al día siguiente, los militares rectificaron. Aseguraron que los restos correspondían a un globo meteorológico, y mostraron a la Prensa trozos de madera de balsa y papel de aluminio encontrados en su rancho por Marc Brazel, “uno de los más respetados y fiables” vecinos de la localidad. Y el incidente Roswell cayó en el olvido.

Hasta enero de 1950, casi nadie creía que los platillos vinieran de otros mundos. Entonces, a raíz del libro The flying saucers are real (Los platillos volantes son reales), del militar retirado Donald Keyhoe, los misteriosos objetos pasaron a ser naves extraterrestres. Un par de años después, George Adamski, un cocinero de un puesto de hamburguesas, se encontró cara a cara con los visitantes en el desierto de California y, a mediados de los años 60, salió a la luz la primera abducción: la de Betty y Barney Hill. Los militares siguen investigando las apariciones de ovnis -la Fuerza Aérea acuñó la denominación objeto volante no identificado en 1953- hasta que el Informe Condon -llamado así popularmente por su director, el físico Edward U. Condon- dictamina en 1968 que en veintiún años el estudio del fenómeno “no ha aportado nada al conocimiento científico” y que no merece la pena prestarle más atención.

Disneylandia alienígena

Visitantes en el Museo Ovni de Roswell. Foto: AP.El caso de Roswell no existe para la ufología de los años 40, 50, 60 y 70. Ni siquiera para los autores más enloquecidos. Como mucho, se cita como la historia de una confusión. Hasta que en 1980 llega a las librerías The Roswell incident (El incidente Roswell), firmado por Charles Berlitz y William Moore. No son dos autores dignos precisamente de crédito. Un año antes han publicado The Philadelphia experiment (El experimento Filadelfia), donde afirman que EE UU ha conseguido hacer invisible un destructor y a sus tripulantes. Berlitz, además, había escrito en 1974 el libro que populariza el mito de las desapariciones del triángulo de las Bermudas, del que se venden más de 20 millones de ejemplares en 30 idiomas. Con ese bagaje de misterios inventados y unos cuantos testigos sacados de la manga, los autores de The Roswell incident reescriben la historia y hablan por primera vez del hallazgo en el desierto de cadáveres alienígenas.

Berlitz y Moore convierten un suceso olvidado en un gran negocio. Otros ufólogos se suman inmediatamente a la lucrativa moda, salen testigos de debajo de las piedras, Roswell abre un museo ovni y se convierte en la Disneylandia de los extraterrestres. Las versiones del suceso original se multiplican, como el punto del supuesto accidente, que varios lugareños trasladan a su gusto para situar el siniestro en sus tierras y sacar así pasta a los turistas. Y entonces ocurre algo realmente inesperado: se rompe el secreto oficial sobre el caso Roswell.

La Fuerza Aérea reconoce en 1994 que, efectivamente, recuperó en julio de 1947 restos de un objeto accidentado en el desierto de Nuevo México, aunque no de una nave extraterrestre. Se trataba de un globo -de ahí la madera de balsa y el papel de aluminio, materiales en principio poco  aptos para el viaje interplanetario- de un proyecto secreto llamado Mogul, cuyo objetivo era detectar las ondas sonoras provocadas por las esperadas primeras pruebas nucleares soviéticas. ¿Pero de dónde habían salido las historias de cadáveres de alienígenas cabezones? Aunque muy probablemente fueran meras invenciones de ufólogos o de supuestos testigos ansiosos de gloria, un informe de 1997 apunta que pudo tratarse de maniquíes que la Fuerza Aérea lanzó a cientos sobre Nuevo México en pruebas de caída libre entre 1953 y 1959. Los testigos habrían confundido las fechas.

Setenta años después, la realidad, sin embargo, no importa a los miles de personas que estos días invaden Roswell buscando huellas de unos extraterrestres que nunca existieron antes de Charles Berlitz.

 

El fraude de la autopsia del marciano

John Humphreys, experto en efectos especiales de series como Max Headroom y películas como Charlie y la fábrica de chocolate, recorrió Londres una noche de 1995 repartiendo entre cubos de basura los restos de unos monigotes de extraterrestres cabezones. Los había hecho él y no quería dejar rastro de su trabajo después de haberlos empleado en el rodaje de una película en blanco y negro en la que simulaba ser un médico que practicaba la autopsia a un alienígena accidentado en Roswell en 1947. Poco después, las revistas esotéricas de todo el mundo se hacían eco de la existencia de la cinta y ufólogos, como el español Javier Sierra, defendían su autenticidad hasta el extremo de afirmar que demostraba que alguno de los tripulantes del platillo volante de Roswell había sobrevivido al siniestro.

Morfopsicología en selección de personal: discriminación laboral por la cara

La oferta de empleo de 'Infojobs' con preselección según la morfopsicología.¿Se imagina que le rechazaran para un puesto de trabajo aduciendo que tiene la nariz pequeña (o grande), los ojos muy juntos (o muy separados) o un mentón muy pronunciado (o apenas marcado)? Pues eso se está haciendo en España. Una semana después de que Javier Cárdenas hiciera en TVE un apología de la morfopsicología -una práctica tan científica como la quiromancia y la mucho más risible culomancia-, el fotógrafo y diseñador gráfico Tomás Generelo descubrió en el portal Infojobs una oferta para un puesto de comercial en la que pedían una foto del candidato para una “previa preselección morfopsicológica”. El anuncio decía en ese apartado:

Rogamos que en su oferta adjunten fotografía reciente ya que hacemos una previa preselección morfopsicológica y con ello podemos ahorrarles y ahorrarnos tiempo.

Con la preselección morfopsicológica no buscamos personas guapas, sino que tengas competencias naturales innatas para ejercer dicha función además de las aprendidas.

Ahora resulta no sólo que hay personas con competencias profesionales “naturales innatas”, sino que además ésas se reflejan en el rostro.

La morfopsicología fue inventada en 1937 por el psiquiatra francés Louis Corman (1901-1995) y está en la onda de la craneometría, usada por los nazis para diferenciar por las medidas del cráneo a arios de quienes no lo son; la frenología, que clasifica las personalidades por la forma del cráneo y las facciones; la fisiognomía, que juzga a la gente por sus rasgos faciales y de la que la morfopsicología es una versión modernizada; y la metospocopia, que determina el carácter por las arrugas, en especial las de la frente. Divide el rostro en la parte alta o de la razón, la media o de la emoción y la baja o de los instintos. Se basa en patochadas como que una boca pequeña demuestra que alguien es ahorrador y una nariz carnosa implica capacidad de afecto.

El morfopsicólogo más conocido de España es Julián Gabarre, que también practica la grafología, otra arte adivinatoria. A él han recurrido en los últimos años algunos medios para establecer por la cara las posibilidades de éxito de Fernando Alonso en la Fórmula 1 y el candidato más apto para presidir el Barça, aunque otras cabeceras han optado por otros expertos para dictaminar, por ejemplo, cómo es el rostro del poder y analizar las personalidades de Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton.

Aunque preocupante y censurable, una cosa es que haya medios de comunicación que promocionen una pseudociencia y otra que las opciones de uno de optar a un empleo dependan de la opinión sobre tu cara del adivino de turno. Porque eso, y no otra cosa, es un morfopsicólogo, un Rappel con ínfulas. Si ustedes se ven en esa situación, o en que en un proceso de selección de personal tiene en cuenta la forma de su letra, denuncienlo porque es tan arbitrario como discriminar por el signo del Zodiaco, el color de piel, la tendencia sexual, el credo y las líneas de la mano.

Por qué no hay que creer en los milagros, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes sobre por qué no hay que creer en los milagros, en la trigésima novena y última entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo aquí.