Atlántida

Imágenes de satélite descubren dos complejos de pirámides en Egipto… y a la rana Gustavo en Marte

¿Creería usted a alguien que no es médico, ni patólogo, ni biólogo, ni tiene ninguna formación científica y dice que ha hallado la cura de una enfermedad? ¿No? Pues, en los últimos días, numerosos medios de comunicación han dado crédito a algo similar al informar de que se han descubierto dos complejos de pirámides en Egipto gracias a Google Earth. Las pretendidas ruinas estarían separadas por 140 kilómetros: en el sur, cerca de la ciudad de Abu Sidhum, su huella serían cuatro montículos y una gran meseta triangular de 182 metros de anchura; en el norte, cerca del oais de Faiyum, habría una pirámide truncada de 42 metros de anchura y tres pequeños montículos “con un alineamiento similar al de las pirámides de Giza”.

Me enteré del hallazgo de las supuestas pirámides el lunes y, tras leer lo que contaba una web británica, concluí que se trataba de una noticia agosteña. Decía que Angela Micol, una arqueóloga aficionada, había descubierto en fotos de satélite “dos nuevos complejos de pirámides” en Egipto y que una de las estructuras, la gran meseta triangular, tenía que haber sido originalmente “casi tres veces más grande” que la tumba de Keops. “Las imágenes hablan por sí mismas. Es obvio lo que podría haber en esos sitios, pero es necesaria una investigación sobre el terreno para verificar que son, de hecho, pirámides”, indicaba la experta.

Los cuatro montículos y la gran meseta triangular que Angela Micol considera pirámides. Foto: Google Earth.

La descubridora es una atlantóloga

La presunta arqueóloga es directiva del Instituto de Exploraciones Avanzadas Planetarias (Apex), “fundado en 2001 para investigar los sitios de las Bahamas y otros lugares del mundo que pueden proporcionar evidencia de antiguas civilizaciones avanzadas”, y que “continúa el trabajo de La Organización Atlantis (TAO), que empezó a patrocinar expediciones a las Bahamas en 1997”. Micol no es egiptóloga ni historiadora, sino una buscadora del mítico continente de la Atlántida, una atlantóloga que ha contado como colaboradores en esta investigación con Don J. Long y Bill Donato, miembros también del pseudocientífico Insituto Apex. Según ella, el egiptólogo Nabil Selim “ha verificado” que en las imágenes de satélite puede haber algo nuevo, lo que tampoco es decir mucho si se tiene en cuenta que este experto en 2007 también dio su bendición a las falsas pirámides de Bosnia, otro engendro, como las de Güímar, fruto de la imaginación de un empresario aficionado a la arqueología.

La mayoría de los medios ha repetido lo que dice Micol en su web -llamada Google Earth Anomalies– sin cuestionar nada, ni siquiera que en uno de los complejos cree ver una pirámide mucho más grande que la de Keops. Además, en varias informaciones -incluido un despacho de Europa Press- se apunta que “no es el primer descubrimiento que se hace a través de Google Earth” y que, “en 2011, la egiptóloga Sara Parcak identificó diecisiete nuevas pirámides que eran desconocidas hasta ese momento“. La diferencia entre Parcak y Micol es que la primera es historiadora y, claro, no se cree lo que cuenta la segunda, que se dedica a buscar anomalías en Google Earth como el trazado urbano atlante submarino próximo a Canarias.

La rana Gustavo, fotografiada en Marte por la 'Viking 1' en 1976. Foto: NASA.“Estos informes de Google Earth proceden de alguien que no es ni egiptólogo, ni arqueólogo, ni especialista en teledetección, y de una zona, a 12,8 kilometros al oeste del borde del valle del Nilo en el Alto Egipto, donde no hay ninguna razón que haya una pirámide…”, ha indicado Parcak, egiptóloga de la Universidad de Alabama y especialista en el uso arqueológico de imágenes de satélite. “Hay una pequeña probabilidad de que una o dos estructuras sean pirámides, pero no me lo parecen”, ha dicho el egiptólogo Bob Brier, de la Universidad de Long Island, a la MSNBC. Y Robert Littman, de la Universidad de Hawai y director de excavaciones en Egipto, también considera prematuro hablar de pirámides, aunque cree que las imágenes son “muy interesantes”.

De momento, hay tantas pruebas de la existencia real de los dos nuevos complejos de pirámides como de que los marcianos adoran a la rana Gustavo, cuya silueta puede verse en la región de Alba Patera en una imagen tomada por la Viking 1 en 1976, que también fotografió una esfinge y pirámides marcianas que, con el tiempo y unas cámaras de mayor resolución, han quedado en nada.

Las sirenas y la agencia oceánica de EE UU: una reflexión sobre el papel social de las instituciones científicas

“No se han encontrado pruebas de humanoides acuáticos”, sentenciaba hace trece días la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos. Con tan sorprendente declaración, la agencia científica gubernamental respondía a quienes tras ver en mayo un documental con recreaciones muy realistas en Animal Planet, un canal de Discovery Communications, se habían dirigido a ella preguntando si las sirenas existen. La nota decía:

No se han encontrado pruebas de humanoides acuáticos

Las sirenas -esos seres mitad humanos, mitad peces- son criaturas marinas legendarias que aparecen en las crónicas de las culturas marítimas desde tiempo inmemorial. El poeta épico griego Homero escribió sobre ellas en La odisea. En el antiguo Oriente Próximo, las sirenas eran las esposas de los poderosos dragones marinos, y servían como mensajeros de confianza entre sus cónyuges y los emperadores de la tierra. Los aborígenes australianos llaman a las sirenas yawkyawks, un nombre que podría referirse a sus hipnóticas canciones.

La creencia en las sirenas pudo surgir en los albores de nuestra especie. Figuras mágicas femeninas aparecen por primera vez en las pinturas rupestres en el Paleolítico tardío (Edad de Piedra), hace unos 30.000 años, cuando los humanos modernos empezaron a dominar la tierra y, presumiblemente, comenzaron a navegar por los mares. Las criaturas mediohumanas llamadas quimeras también abundan en la mitología, dodne, además de las sirenas, había sabios centauros, salvajes sátiros y espantosos minotauros, por nombrar sólo algunass criaturas.

¿Pero son las sirenas reales? No se han encontrado pruebas de humanoides acuáticos. ¿Por qué, entonces, ocupan el inconsciente colectivo de casi todos los pueblos marineros? Es mejor dejar la respuesta a esa pregunta a historiadores, filósofos y antropólogos.

La reacción de la NOAA se ha trasladado a los medios españoles con titulares como “La autoridad oceánica de EE UU certifica que… las sirenas no existen”, “El Gobierno americano afirma que las sirenas no existen”, “EE UU asegura que las sirenas no existen” y “Las sirenas y los zombies no existen: ya es oficial”, informaciones veraces, pero, también, cargadas de ironía en algunos casos. Y es que, como sabe cualquier españolito medio, los yanquis son tontos. ¿O no?

La lectura que yo hago de este episodio es otra. La nota de la NOAA es reveladora no tanto de la incultura de parte de la población estadounidense como del compromiso de esa institución científica con la educación pública. Si muchos contribuyentes se preguntan si las sirenas son reales después de ver un documental engañoso, alguien ha de salir al paso y por qué no va a hacerlo la entidad gubernamental encargada del estudio de los mares.

Los CDC y el apocalipsis zombi

Los prestigiosos Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) negaron hace un mes que los zombis existan después de una serie de ataques caníbales registrados en varias ciudades y supuestamente originados por el consumo de drogas. “Los CDC no tienen conocimiento de un virus o condición que pueda reanimar a los muertos (o hacer que los humanos puedan ser afectados por síntomas como los de los zombis”, declaró el portavoz de la agencia, David Daigle, al Huffington Post. Hace un año, los CDC explicaron a los estadounidenses cómo actuar ante un apocalipsis zombi no porque sus responsables crean que tal cosa es posible, sino como un modo de llegar a la gente y prepararla para enfrentarse a posibles desastres reales.

Tanto la actitud de la NOAA como la del CDC me parecen dignas de imitar. Responden al principio de que las instituciones científicas públicas tienen que colaborar en la educación de la ciudadanía y, si una creencia falsa se extiende, pronunciarse sobre ella, sean sirenas, zombis, la Atlántida, que el VIH no causa el sida o que las vacunas provocan autismo. En el otro platillo de la balanza, en el de los grandes errores, incluiría el borrón de la NASA -casi siempre envidiable en lo que a comunicación se refiere- cuando, por las críticas de algunos medios, rompió en 2003 el contrato que había firmado meses antes con el ingeniero aerospacial y divulgador científico James E. Oberg para que escribiera un libro en el que demostrara al hombre de la calle la realidad de los alunizajes. ¡Qué oportunidad perdida!

Las entidades científicas públicas deben investigar y divulgar, y esto último incluye ayudar a desterrar ideas erróneas de la mente de los ciudadanos. Sería deseable que en España empezaran a hacerlo habitualmente, implicándose, por ejemplo, en la lucha contra la histeria electromagnética y la locura antitransgénica. Es sólo una idea.

‘Piramidiotología’ cum laude, por la Universidad de Politécnica de Cataluña

Vista de la Gran Pirámide. Foto: Alex lbh.

Si “Galileo es el santo patrón de todos los chiflados autocompasivos”, como decía Isaac Asimov, la egipcia es su civilización preferida. Se han dicho tantas bobadas y con tanta impunidad sobre el antiguo Egipto que mucha gente tiene una visión distorsionada de esa cultura, una imagen deformada por el filtro de la pseudohistoria. El último disparate, del que me he enterado gracias a Mikel Iturralde, es que la Pirámide de Keops estuvo coronada por una esfera y se levantó en conmemoración del primer milenio del Diluvio Universal. Es lo que sostiene el arquitecto Miquel Pérez-Sánchez en La Gran Pirámide, clau secreta del passat, una tesis que ha merecido un excelente cum laude del tribunal correspondiente de la Universidad Politénica de Cataluña (UPC).

Que alguien obtenga el grado de doctor con una tesis piramidiota debería ser motivo de vergüenza para cualquier universidad y, sobre todo, para el tribunal responsable del desaguisado, pero estamos en España, no lo olviden. Así que nuestro protagonista se ha encontrado con una muy favorable acogida a sus estrambóticas ideas en grandes medios como La Vanguardia, El Periódico y la agencia Efe, y es de esperar que le reciban con los brazos abiertos en esas revistas donde conviven en armonía platillos volantes, monstruos, poderes paranormales, conspiraciones mundiales, medicinas alternativas, continentes desaparecidos y fines del mundo.

Pérez-Sánchez afirma que la Gran Pirámide es “el monumento conmemorativo de una gran destrucción, del Diluvio Universal, de su milenario”; que es “una especie de enciclopedia del saber de su tiempo”; que estaba coronada por una esfera que simbolizaba el ojo de Horus; que la altura de la estructura fue, original e intencionadamente, una milmillonésima parte de la distancia entre la Tierra y el Sol; que los egipcios conocían los números Pi, Phi, e y plásticos; que sabían que la Tierra era redonda; que Osiris fue un extranjero o la personificación de un pueblo que llevó la agricultura a Egipto…

“No da ni una. No hay nada de cierto en lo que dice Miquel Pérez-Sánchez”, sentencia Mara Castillo Mallén, doctora en Historia Antigua. Esta egiptóloga considera las afirmaciones del flamante doctor en arquitectura “absurdas”, equiparables a las de otros piramidiotas que atribuyen estas construcciones a extraterrestres, hablan de procesos de reblandecimiento de la piedra, de la existencia de electricidad en tiempos de los faraones… Para el también egiptólogo José Miguel Parra, autor del libro Las pirámides: historia, mito y realidad (2001), la nota de prensa con la que se dieron a conocer los resultados de la investigación de Pérez-Sánchez “no tiene desperdicio en cuanto a la cantidad de tonterías y sinsentidos que contiene, casi ninguno de los cuales es original, por cierto”.

Las afirmaciones del arquitecto no aguantan una mínima reflexión. “Si querían representar el ojo de Horus en lo alto de la pirámide, ¿por qué usaron una esfera? ¿Por qué en todos los documentos -papiros, estelas…- en los que se ve una pirámide no aparece nunca esa esfera? ¿Por que lo obeliscos están coronados por un piramidión y no por esa esfera?”, se pregunta Castillo Mallén. Por mucho que diga Pérez-Sánchez, los egipcios no tenían los conocimientos matemáticos que él cree, aunque respecto a Pi los expertos de verdad -los egiptólogos de carrera- mantengan discrepancias: los hay, como Parra, que dicen que, aunque esté presente en sus obras, “los egipcios ni lo conocían ni utilizaban”; y otros que sostienen lo contrario.

‘Friquismo’ contra egiptología

‘El poder mágico de las pirámides’, de Max Toth y Greg Nielsen.Vincular a Osiris con un pueblo extranjero es “una forma más de racismo y no es ni original”, apunta Castillo Mallén. Lo de conectar la Gran Pirámide con un aniversario del Diluvio Universal es tan serio como hacerlo con el del episodio de Eva y la manzana en el Jardín del Edén (no se me despisten: no hubo tal episodio; es otro mito). Y, así, sucesivamente… Numerología y piramiditiotismo a más no poder. Porque, para encontrar una relación entre cualquier dimensión de un objeto y la distancia de la Tierra al Sol, por ejemplo, sólo hay que elegir el dato apropiado: un bolígrafo Bic mide 15 centímetros, la billonésima parte de los 150 millones de kilómetros que nos separan de nuestra estrella. ¿Significa esa mágica relación que es un artilugio extraterrestre?

Castillo Mallén cree que estamos ante un ejemplo más de cómo el friquismo se ha apoderado de la egiptología en nuestro país. Aficionados sin formación académica y con “un conocimiento histórico limitadísimo” han tallado la imagen popular del Antiguo Egipto desde los años 60, cuando el realismo fantástico de Louis Pauwels y Jacques Bergier empezó a llenar el pasado de misterios inventados. Luego, llegaron revistas como Karma.7 y Mundo Desconocido, antecesoras de las que ahora se venden en los quioscos y donde ya se multiplicaron las chifladuras. Un poco más tarde, salió a la venta El poder mágico de las pirámides (1974), de Max Toth y Greg Nielsen, con una pirámide roja de cartón que el lector podía poner debajo de la cama para descansar mejor o en la que podía meter cuchillas de afeitar para que duraran más tiempo afiladas gracias a la energía piramidal.

Ya en 2004 y en TVE, Juan José Benítez ofrecía en su serie Planeta encantado una visión completamente tergiversada del Egipto de la IV Dinastía.  “Hace 4.600 años (cuando se construyó la Gran pirámide), el valle del Nilo despertaba al periodo Neolítico”, y  los habitantes de la región “se hallaban todavía en la Edad de Piedra, con un precario desarrollo agrícola y un incipiente pastoreo. Sus herramientas eran groseras, basadas fundamentalmente en la industria lítica”, y “ni siquiera conocían la escritura”, según el autor de Caballo de Troya. Y, ahora, un tribunal académico en el que la egiptología está representada por un aficionado da la máxima calificación a una tesis piramidiota.

Como dice Castillo Mallén, y yo suelo recordar en cuanto tengo oportunidad, “¡Egipto era la gran potencia de su tiempo!”. Me molestan los astroarqueólogos que, racistas como el más racista, atribuyen los logros de ésa y otras culturas a extraterrestres o misteriosas civilizaciones desaparecidas y también aquéllos que, ignorantes de la Historia, creen -como Pérez-Sánchez- que el ser humano sólo recientemente ha alcanzado unos conocimientos equiparables a los de los antiguos egipcios. No, tampoco es así. “Resulta chocante que una civilización tan compleja siguiera practicando la navegación de cabotaje; superara las cataratas sacando sus barcos del agua y subiéndolo o bajándolos a pie; no desarrollara el motor de explosión…”, concluye Castillo Mallén. Y vergonzoso que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ponga su sede de Cataluña a disposición de Pérez-Sánchez y sus colegas para que difundan tonterías como las anteriores y que la Atlántida fue una realidad. Pero, claro, es que el primero es doctor, en arquitectura,  por la UPC con una tesis numerológica y piramidiota.

‘El fin del mundo de 2012 y otros enigmas del pasado’, el jueves en Valladolid

Cartel de la segunda edición del cilo de conferencias 'Increíble... pero falso', organizado por el Museo de la Ciencia de Valladolid.Cuando, hace unos meses, la astrofísica Inés Rodríguez Hidalgo, directora del Museo de la Ciencia de Valladolid, me invitó a participar en la segunda edición del ciclo Increíble… pero falso, no podía decir que no. Nos conocemos desde hace años y, además de amiga, es una científica volcada en la divulgación y la denuncia de la pseudociencia. Tenía varios posibles temas en cartera para mi charla, pero Inés me dijo que le apetecía que hablara de El fin del mundo de 2012 y otros enigmas del pasado. El título, que me encanta, es de ella, y yo, que soy débil, me apropié de él y me puse inmediatamente a buscar un hilo conductor. Creo que lo he encontrado.

Así que, el próximo jueves a las 19 horas, hablaré en el auditorio del Museo de la Ciencia de Valladolid de algunas de esas obras de la Antigüedad que se vinculan con saberes perdidos e inteligencias alienígenas. No de todas, porque es imposible: no daría tiempo ni en una jornada entera. Piensen en las pirámides, la Atlántida, las pistas de Nazca, los dogones y el enigma de Sirio, el Arca de la Alianza, las calaveras de cristal, las estatuas de la isla de Pascua, el mapa de Piri reis, las piedras de Ica, Stonehenge… Así que, para acompañar al fin del mundo de 2012, he seleccionado un puñado de misterios, a los que se sumarán otros que, seguramente, saldrán durante el coloquio posterior a la charla. Ya saben, si están el jueves por Valladolid, será un placer saludarles.

‘La ilusión de lo increíble’, el 14 de marzo en el decimosexto encuentro ‘Bilbao & Tweets’

Bilbao & Tweets.El decimosexto encuentro Bilbao & Tweets, que se celebrará el miércoles de la semana próxima entre las 19 y 21 horas en la sala BilboRock (Muelle de la Merced, 1; 48003 Bilbao), estará dedicado al pensamiento crítico. El invitado soy yo y hablaré de La ilusión de lo increíble. Si quieren asistir, pueden inscribirse aquí. La entrada a estos actos suele ser gratis; pero, en esta ocasión, la entidad organizadora, la sede bilbaína de la Escuela Europea de Negocios (EEN), cobra 3 euros por cabeza para cubrir los gastos derivados del uso del local.

Cuando, por mediación de mi compañero Gorka Cabañas, la EEN me invitó a intervenir en un Bilbao & Tweets, me enfrenté a un problema: ¿de qué hablo? Aunque me explicaron que se trata de un encuentro informal, no quería ponerme a divagar sin más. Por eso, entre las charlas de mi arsenal -las de la conspiración lunar, la Atlántida, los ovnis, la guerra psíquica, las conspiraciones, el periodismo gilipollas y otras-, opté por proponer la titulada La ilusión de lo increíble. Y a los organizadores les gustó la idea.

Así que, al final, haré una especie de introducción -a mi modo- al pensamiento crítico, con un formato que admite variaciones según el perfil del público, además de dejar la puerta abierta a tratar todo aquello que interese a los asistentes, siempre y cuando yo sepa algo del asunto. Hablaré de espiritismo, poderes paranormales, astrología, animales que predicen la muerte, extraterrestres y lo que se tercie. Ya saben: si tienen que ver las cosas para creerlas y creen que todo lo que ven es cierto, acérquense a la sala BilboRock el miércoles de la semana que viene. Y, si no tienen la fortuna de estar en Bilbao, siempre podrán seguir el acto por streaming.