La Atlántida emerge en otro mundo

Localizar la Atlántida en la Tierra topa con un escollo imposible de salvar. La corteza de nuestro planeta es como un rompecabezas formado por piezas que flotan sobre roca fundida. Esas placas -que pueden ser exclusivamente oceánicas o incluir tierras emergidas- crecen por sitios como la cordillera volcánica submarina del centro del Atlántico, lo que hace que Europa se aleje cada año de Norteamérica entre 1,8 y 2,5 centímetros; se reducen donde se encuentran y una de ellas se hunde por debajo de la otra o chocan entre sí para formar cordilleras como la del Himalaya; y acumulan tensión en algunos puntos de encuentro donde provocan terremotos, como ocurre en California con la falla de San Andrés, punto de fricción entre las placas del Pacífico y Norteamérica. Los continentes que hay son los que siempre han sido, si bien se mueven y hubo un tiempo -hace 300 millones de años- en que eran uno solo, llamado Pangea. Lo que no hay es huecos. No existe ningún espacio libre en la superficie de nuestro planeta en el que en otro tiempo hubiera habido una isla continente de las dimensiones de la citada por Platón en el Timeo y el Critias, lo mismo que no hay espacio para una pieza más en un puzle de cien piezas.

Por eso, la solución que han dado a su localización los guionistas de Stargate Atlantis es inmejorable: se la han llevado a otra galaxia.La serie original de Stargate está repleta de alusiones a los Antiguos, una raza que ha dejado la Vía Láctea plagada de puertas estelares -ingenios que permiten el viaje instantáneo entre mundos- y otros restos de su civilización, aunque de ellos casi nada se sabe. Stargate Atlantis -si no ha visto los dos primeros episodios y no quiere enterarse de detalles de la historia, sáltese este párrafo- comienza hace millones de años cuando los Antiguos hacen que la Atlántida, su ciudad, despegue de la Antártida rumbo a las estrellas. Ya en la actualidad, el comando Stargate encuentra sus restos en el Polo Sur, un equipo emprende un viaje sin retorno por la puerta estelar de las ruinas y llega a la Atlántida, que ahora está en un mundo de la galaxia Pegaso. Los exploradores se encuentran con que, para protegerla de una especie hostil, los Antiguos hundieron la ciudad en el mar del planeta al que fue trasladada y que, con su llegada, se despierta y el consumo de energía pone en peligro su integridad bajo el agua. Cuando parece que la estructura va ser aplastada por el mar, comienza a elevarse, hasta salir a flote.

Los guionistas han hecho casar la leyenda de Platón -a la que en un momento hace referencia un personaje- con los hechos y hunden la ciudad en el océano, aunque sea de otro planeta, para una posterior subida a la superficie. Una vez más, la factoría Stargate introduce en la trama un elemento de lo que podíamos llamar pseudohistoria dänikeniana, y lo hace con cierta coherencia interna. Para eso están las leyendas, para jugar con ellas en la ficción.Lo que más me agrada del guiño de Stargate Atlantis es que recupera y reinventa el mito. Lo actualiza y, 2.500 años después de Platón, lleva el nombre del legendario continente al título y a la esencia de una serie de televisión. Es ficción y es divertido que, tanto tiempo después del filósofo griego, su creación más popular emerja de las aguas y protagonice un producto que para muchos puede ser su primer contacto con la Atlántida.

Estamos ante una prueba de que el mito -en el mejor sentido de la palabra- goza de excelente salud. “Entre todas las leyendas antiguas que han llegado hasta nosotros, el mito de la Atlántida es una de las más duraderas. No forma parte de ninguna cosmografía religiosa y ha durado miles de años pese a carecer de la ventaja de un clero que hiciera proselitismo. Mientras que el judeocristianismo tiene la Biblia el islamismo tiene el Corán y las religiones védicas tienen los Upanisad, no hay ninguna religión que se base en los principios atlantes y tampoco existe un libro que haya transmitido la sabiduría de los siglos. La Atlántida aparece por primera vez en el diálogo de Platón titulado Timeo, que es un tratado filosófico sobre la creación, pero el filósofo griego no fundó ninguna religión. El relato tiene tal poder de sugestión que ha perdurado por sus propios méritos, se ha transmitido, con frecuencia de palabra a palabra, a lo largo de dos milenios y medio, y hoy día, en una era que se caracteriza por maravillas tecnológicas como la energía atómica e Internet, la leyenda de la Atlántida sigue viva”, dice Richard Ellis en En busca de la Atlántida (1998), el mejor libro sobre el tema publicado en España.

Trece libros hay en mi biblioteca que llevan el nombre del continente platónico en el título y del de Ellis es del que me acordé tras ver los dos primeros episodios de Stargate Atlantis. En los últimos años, no ha sido una obra fácil de encontrar, pero ahora eso va a cambiar, paradójicamente, gracias al tirón de un vendedor de misterios. Pedro Luis Gómez Barrondo, secretario del Círculo Escéptico, me contaba hace una semanas que el bueno de Iker Jiménez pone su rostro a una colección de libros pseudocientíficos que va a publicar Círculo de Lectores. Se ha debido despistar y en la selección de libros se le ha colado el de Ellis entre las trolas de rigor de Santiago Camacho, Enrique de Vicente, Raymond Moody y Michael Drosnin. La obra de Ellis no se publicará hasta Navidad, pero yo que ustedes iría localizando algún amigo socio de Círculo de Lectores para que me lo consiguiera. Merece la pena.

Ellis, Richard [1998]: En busca de la Atlántida. Mitos y realidad del continente perdido [Imagining Atlantis]. Trad. de Jordi Beltran. Editorial Grijalbo (Col. “Huellas Perdidas”). Barcelona 2000. 393 páginas.