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Telefonía móvil

El abogado antiantenas Agustín Bocos, ‘La Vanguardia’ y el periodismo de clic

“No se olvide de apagar el wifi por la noche”, alertaba el abogado Agustín Bocos el 10 de octubre de 2011 en “La Contra” de La Vanguardia. Su discurso era la habitual mezcla de mentiras y medias verdades con las que se alimenta la histeria electromagnética. “Ya hay estudios que relacionan la hiperactividad, las cefaleas y el mal dormir infantil con estas ondas”, decía Bocos. Falso. Tras décadas de investigación, no se ha encontrado ninguna prueba que relacione las ondas de radiofrecuencia con enfermedad alguna, cáncer incluido. Sin embargo, el letrado vendía la idea de que los casos de leucemia infantil detectados hace años en un colegio de Valladolid se debían a unas antenas de telefonía próximas al centro cuando lo descartaron dos informes científicos, uno en 2002 y otro al año siguiente. Tres años y medio después, el periódico catalán se reafirma en su apoyo al letrado antiantenas y sus disparates.

Agustín Bocos es abogado de la Fundación Vivo Sano, entidad que forma parte de un entramado de organizaciones que camuflan su marginalidad con una multiplicidad de nombres tras los cuales siempre están las mismas personas. Fomentan la venta de asesorías legales, tratamientos médicos mágicos y soluciones domésticas inútiles para enfermedades inexistentes, como la hipersensibilidad electromagnética y la sensibilidad química múltiple. Sus víctimas son personas que sufren, aunque la causa de su mal no sean las ondas o las sustancias químicas de síntesis, y que a ellos les importan un bledo: su objetivo es hacer negocio a toda costa. Y La Vanguardia les hizo hace casi cuatro años una publicidad impagable.

Anuncio del encuentro digital del abogado antiantenas Agustín Bocos con los lectores de 'La Vanguardia'.“Ima Sanchís le realizó una entrevista [a Bocos] en “La Contra” en el año 2011 y desde entonces no ha dejado de acumular visitas, situándose entre lo más visto de la web cada día desde entonces. En redes sociales, el enlace ha sido compartido más de 5.000 veces en Twitter y suma más de 210.000 Me gusta en Facebook”, aseguraba el diario ayer en su edición digital. Y anunciaba un encuentro virtual de sus lectores con el personaje: “La Vanguardia vuelve a entrevistar al abogado y ofrece a sus lectores la posibilidad de hacerle llegar sus propias consultas a través del correo participación@lavanguardia.es, mediante Twitter con la etiqueta #ApagaElWifi o en los comentarios al pie de esta noticia. Tienes tiempo hasta el martes 27 de febrero”.

Es cierto. La entrevista a Bocos ha sido en Internet un éxito de larga duración. No hay semana en la que no resucite en las redes sociales. Pero eso no es óbice para volver a servir de altavoz de las afirmaciones anticientíficas del personaje. En todo caso, justificaría que un científico respondiera a las dudas de los lectores y acabara con los temores infundados. Con los miedos inventados por Bocos y sus colegas. Lástima de ocasión perdida: con su renovado apoyo al abogado antiantenas y sus disparetes, La Vanguardia vuelve a sacrificar la verdad científica a la superstición en el altar del periodismo de clic.

“Pánico en las ondas”, en la revista ‘Muy Interesante’

Arraque del reportaje sobre la histeria electromagnética publicado en 'Muy Interesante'.No pasa semana sin que algún medio de comunicación alerte sobre el peligro para la salud de las ondas de radiofrecuencia. Basándose en estudios científicos mal entendidos o información falsa facilitada por individuos que hacen negocio del pánico electromagnético, dicen que causan desde alteraciones del sueño e hipertensión hasta cánceres y esterilidad. Lo divertido es que, en muchas ocasiones, esas ideas sin fundamento se propagan desde la radio y la televisión, medios que usan las ondas electromagnéticas para llegar a su público. He hablado muchas veces sobre la histeria antiondas en este blog y siempre me he quedado con la sensación de que debería hacer una especie de resumen del estado de la cuestión. Así que, cuando a finales de septiembre Enrique Coperías, director de Muy Interesante, me propuso escribir “un artículo crítico” sobre emisiones de radiofrecuencia y salud, lo consideré la oportunidad que había esperado y me puse a ello. El resultado ha llegado a los quioscos con el número de enero de Muy Interesante, que dedica al tema cinco páginas. He intentado dos cosas: que el texto lo entienda cualquiera y dejar claro que no hay ninguna prueba de la nocividad de las ondas de telefonía y wifi, ni de que la llamada hipersensilidad electromagnética exista fuera de la cabeza de quienes la sufren. Espero que les guste.

‘Informativos Telecinco’ propaga la histeria electromagnética

La web de Telecinco, dando por buenas las ficciones de los antiantenas.Uno de cada diez españoles sufre sensibilidad electromagnética. Lo dijeron el sábado en Informativos Telecinco y así puede leerse en su web. No he podido ver la pieza hasta hace unas horas, pero es para enmarcar, un ejemplo de periodismo gilipollas de manual. Una vez más, el entramado de entidades que explotan el pánico electromagnético en España se la ha colado a un medio de comunicación mediante la argucia de sacar a José Miguel Rodríguez, director de la Fundación para la Salud Geoambiental, en una vivienda con una máquina de hace ping, que dirían los geniales Monty Python. No es algo nuevo. Ya se tragaron el cuento en su día TVELa SextaLa Vanguardia, la revista SModa de El País, El Mundo, La Voz de Galicia y otros muchos. Algunos medios siguen sin enterarse de que Geosanix, la Organización para la Defensa de la Salud, la Fundación Vivo Sano y la Fundación para la Salud Geoambiental, entre otras entidades, son la misma cosa, comparten sede en el 6º derecha del número 36 de la madrileña calle Príncipe de Vergara, y su objetivo es fomentar el miedo electromagnético para hacer negocio de él: vender artilugios para frenar las ondas y ofrecer asesorías legales y medioambientales a quienes se consideran afectados por patologías como la hipersensibilidad electromagnética, tan real como las posesiones demoniacas.

Permítanme que les transcriba lo que dicen en la pieza informativa de Telecinco:

Locutor: Rastreamos ondas electromagnéticas…

José Miguel Rodríguez: Es lo que cualquier electrodoméstico emite, estando conectado, aunque no esté encendido.

L.: Sólo en la cabecera de la cama encontramos tres elementos que las provocan. El que más, el teléfono inalámbrico.

J.M.R.: No deberíamos pasar de 0,01 y estamos en 10, 12…

L.: Al desenchufarlo, cesan las emisiones.

J.M.R.: Y ésta sería la situación óptima para un descanso adecuado.

L.: Lo mismo, con el móvil. ¿Dónde lo carga por las noches?

Viandante 1: El móvil lo tengo cargando en la mesilla.

Viandante 2: ¡En la mesilla de noche!

J.M.R.: Bueno, pues eso no es saludable. Podemos tener el móvil ya cargado, en modo avión, para usarlo como despertador.

L.: Si el router está cerca de la zona de descanso…

Viandante 3: ¡Encendido siempre!

Viandante 4: ¡El wifi, encendido!

J.M.R.: Este traqueteo que oyes (se escucha) es el ’router’ wifi. Lo vamos a desconectar y el cuerpo, pues, lo que nota es menor cansancio.

L.: El 10% de la población es electrosensible.

Afectada: ¡Muchísimos dolores de cabeza…!

L.: La enfermedad no está reconocida en España. Por ello, Pilar fue diagnosticada en Francia.

A.: Lo que es fundamental es que huyas de cualquier fuente de radiación.

L.: Aprender a vivir en la onda.

Todo, desde el principio hasta la gracieta final del periodista, resulta lamentable. Que un electrodoméstico emita ondas no implica que éstas sean perjudiciales para la salud, aunque en el caso de la tele depende del canal sintonizado, dada la especialidad de algunos en emitir basura. Además, no hay ninguna prueba de que las ondas de telefonía o de la wifi provoquen cáncer ni ninguna otra dolencia. Ninguna dolencia y ninguna prueba. Ése es el consenso científico basado en la evidencia. Las afirmaciones sobre límites y bienestar que hace José Miguel Rodríguez, director de la Fundación para la Salud Geoambiental, en el vídeo -pueden verlo abajo- merecen la misma credibilidad que unas de la Bruja Lola. Nada de lo que sostiene tiene fundamento científico. ¿Y qué decir del 10% de electrosensibles que habría en España? Pues, para empezar, que la electrosensilidad no existe y, para teminar, que esa cifra es inventada. ¿Su objetivo? Meter miedo. Es cierto, no obstante, que esa enfermedad no está reconocida en nuestro país, pero es que ¡no lo está en ningún lugar del mundo! Otra cosa es que haya médicos sin escrúpulos que la diagnostiquen y vendan remedios y tratamientos inútiles, como ocurre con la sensibilidad química múltiple. Por favor, sigan los enlaces de este texto si quieren más información y no se crean nada que provenga del entramado de organizaciones citado.

Llevo unos días sin televisor por una avería. No he notado un mejor descanso por el descenso de radiaciones electromagnéticas, pero he oído y visto menos estupideces que las habituales. Y eso que hay ciertos canales que nunca sintonizo.

La OMS, la telefonía móvil y la salud: las mentiras de un antiantenas

Plácido González Nogueira, socio de la clínica viguesa Medicalmagnetic, asegura hoy en La Voz de Galicia que la Organización Mundial de la salud (OMS), el MInisterio de Sanidad y los tribunales consideran probado que las ondas de radiofrecuencia producen “alteraciones de sueño, depresión, trastornos nerviosos, cambios de humor, fatiga crónica, irritabilidad, migraña, dolores reumáticos y fibromialgia”. Lo dice al principio de una entrevista repleta, por su parte, de falsedades:

-¿Cuáles son los principales problemas causados por las radiaciones electromagnéticas?

-Alteraciones de sueño, depresión, trastornos nerviosos, cambios de humor, fatiga crónica, irritabilidad, migraña, dolores reumáticos y fibromialgia, entre otros. Cada ser humano es un mundo. Cada vez gente más joven presenta pérdida de memoria, artritis y artrosis. Puede que las radiaciones sean la causa.

-¿Está probado que todo eso es producto de una exposición continuada a las radiaciones?

-Sí. No lo decimos sólo nosotros, lo dice la OMS, el Ministerio y algunas sentencias firmes. Se le está dando muy poca importancia en España y están causando graves problemas.

¿Qué dice la OMS?

Plácido González Nogueira, en 'La Voz de Galicia'.La OMS reconocía, en una nota informativa en diciembre de 2005, que hay personas que aseguran sufrir problemas de salud por su exposición a los campos electromagnéticos y que los síntomas son no específicos (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…), pero pueden llegar a resultar discapacitantes. Sin embargo, concluía que “no existe una base científica para vincular los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos. Es más, la hipersensibilidad electromagnética no es un diagnóstico médico, ni está claro que represente un único problema médico”. Hipersensibilidad electromagnética es como llaman los colectivos antiantenas a un supuesto mal que hace que algunas personas padezcan una gran variedad de síntomas debidos, según ellas, a la exposición a las ondas de telefonía y de instalaciones inalámbricas, líneas de alta tensión…

En ese mismo documento, la OMS añadía que “la mayoría de los estudios indican que las personas con hipersensibilidad electromagnética no pueden detectar la exposición a los campos electromagnéticos con algo más de precisión que las personas que no muestran hipersensibilidad electromagnética. Estudios a doble ciego bien controlados y conducidos han mostrado que los síntomas no tienen correlación con la exposición a los campos electromagnéticos. Se ha sugerido que los síntomas experimentados por algunas personas con hipersensibilidad electromagnética podrían deberse a factores ambientales no relacionados con los campos electromagnéticos. Los ejemplos pueden incluir el parpadeo de luces fluorescentes, resplandores y otros problemas visuales con monitores de vídeo, y el pobre diseño ergonómico de los puestos de trabajo con ordenadores. Existen también algunas indicaciones de que estos síntomas podrían deberse a condiciones psiquiátricas preexistentes, así como a reacciones de estrés resultado de la preocupación acerca de los efectos para la salud de los campos electromagnéticos, más que a la exposición a los campos electromagnéticos en sí misma”.

En mayo de 2011, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, incluyó las emisiones de radiofrecuencia “como posible carcinógeno para los humanos” en el grupo 2B, el mismo que el café. Nadie en la comunidad científica se explicaba en aquel momento, ni se explica ahora, las razones de esa decisión cuando los propios autores del estudio reconocían que se basaban en pruebas limitadas e inadecuadas. La decisión de la IARC fue política y nunca ha habido pruebas científicas que la sustenten, como quedó demostrado cuando publicaron el correspondiente informe en la revista The Lancet Oncology. En nuestro país, el entonces secretario general de Sanidad, José Martínez; la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC); el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Emilio Alba, y el presidente de la Fundación Instituto Valenciano de Oncología (IVO), Antonio Llombart, no dieron crédito alguno a ese dictamen. Ni lo dan ahora. Y, más allá de nuestras fronteras, ha pasado tres cuartos de lo mismo.

John D. Boice y Robert E. Tarone, del Instituto Internacional de Epidemiología, una organización integrada por investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, decían en julio de 2011 que la decisión de la agencia de la OMS estaba basada en pruebas limitadas e inadecuadas, y destacaban que que varios miembros del grupo de trabajo de la IARC consideraban la evidencia insuficiente para la calificación de “posible cancerígeno”. “Visto en este contexto, «posiblemente cancerígenos» no es una señal para abandonar los teléfonos móviles y volver a los fijos. Más bien, es una señal de que hay muy poca evidencia científica en cuanto a la carcinogenicidad del uso del celular”, sentenciaban.

Tras el dictamen de la IARC, la OMS emitía otra nota informativa en junio de 2011 sobre los posibles efectos de la radiación de los móviles. Entre otras cosas, decía:

La principal consecuencia de la interacción entre la energía radioeléctrica y el cuerpo humano es el calentamiento de los tejidos. En el caso de las frecuencias utilizadas por los teléfonos móviles, la mayor parte de la energía es absorbida por la piel y otros tejidos superficiales, de modo que el aumento de temperatura en el cerebro o en otros órganos del cuerpo es insignificante.

En varios estudios se han investigado los efectos de los campos de radiofrecuencia en la actividad eléctrica cerebral, la función cognitiva, el sueño, el ritmo cardíaco y la presión arterial en voluntarios. Hasta la fecha, esos estudios parecen indicar que no hay pruebas fehacientes de que la exposición a campos de radiofrecuencia de nivel inferior a los que provocan el calentamiento de los tejidos tenga efectos perjudiciales para la salud.

Además, tampoco se ha conseguido probar que exista una relación causal entre la exposición a campos electromagnéticos y ciertos síntomas notificados por los propios pacientes, fenómeno conocido como hipersensibilidad electromagnética.

¿Qué dicen el Ministerio de Sanidad y otras Administraciones?

Un informe de 2001 del Ministerio de Sanidad español concluía, entre otras cosas, que “la percepción del riesgo de algunos sectores sociales, siendo legítima, no se corresponde con las evidencias científicas disponibles que no han observado ningún efecto adverso para la salud derivado de la exposición a campos electromagnéticos procedentes de estaciones base”. Más recientemente, un folleto de la Federación Española de Municipios y Provincias, que cuenta con el visto bueno de Sanidad, reitera que “hasta la fecha no se ha encontrado ninguna evidencia científica de que la emisión radioeléctrica asociada a las antenas, y dentro de los límites establecidos por la legislación, provoque efectos perjudiciales para la salud”; destaca la unanimadad de la OMS, todos los comités científicos y las autoridades sanitarias en que “no hay ninguna evidencia de que los campos electromagnéticos empleados por las antenas (estaciones base) tanto de telefonía móvil como de radio o televisión produzcan cáncer”; y llama la atención sobre el hecho de que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia “no se pueden oler, probar, tocar o escuchar, y esta incapacidad del ser humano para percibirlos puede favorecer que algunas personas les atribuyan efectos que las investigaciones no han demostrado”.

Formado por científicos y por iniciativa de la Universidad Complutense de Madrid, el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) pretende “aportar elementos de juicio, información y asesoramiento de carácter científico y técnico a las Administraciones públicas y al conjunto de la sociedad en los debates que pudieran generarse sobre cuestiones relativas a las radiofrecuencias y la salud”. El CCARS ha redactado varios estudios desde 2006 y, en enero de 2011, publicó el Informe sobre radiofrecuencias y salud (2009-2010). Entre otras cosas, dice:

1. Los estudios experimentales in vivo e in vitro indican que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia utilizados en telefonía móvil, y cuyos niveles se mantengan por debajo de los fijados por la Comisión Internacional para la Protección frente a la Radiación No-Ionizante (ICNIRP) y las recomendaciones de la UE, no son genotóxicos ni mutagénicos ni inducen apoptosis o muerte celular.

2. La evidencia actual de los resultados clínicos y epidemiológicos establece que no hay relación causal entre exposición a los campos de radiofrecuencia utilizados en la telefonía móvil y efectos adversos sobre la salud.

3. Interpretados globalmente los resultados de los estudios epidemiológicos sobre tumores cerebrales y uso del teléfono móvil estudios publicados hasta la fecha no demuestran un incremento del riesgo padecer tumores cerebrales en un período de uso de 10 años. Sin embargo, en algún estudio se ha observado algún ligero aumento del riesgo en el grupo de usuarios con niveles más elevados de horas acumuladas, aunque los errores y sesgos detectados en estos estudios impiden obtener establecer relaciones causales.

4. Con respecto a períodos superiores de exposición en adultos o a la situación de la población infantil y juvenil, no se dispone de datos suficientes, y es preciso recomendar un uso racional de esta herramienta.

5. Los estudios controlados sobre personas que se declaran como hipersensibles a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia de la telefonía movil (teléfonos y antenas) han demostrado que no existe relación causal entre la sintomatología que expresan estas personas y su exposición a este tipo de radiofrecuencia.

6. Cabe esperar que, si hubiera algún efecto derivado de la masiva exposición a la telefonía móvil, éste debería reflejarse en las tendencias de incidencia de tumores cerebrales. Estos cambios no se han observado en los estudios realizados en varios países.

7. Los niveles de exposición de la población española a los campos electromagnéticos de radiofrecuencias asociados a la telefonía móvil son muy inferiores a los límites marcados en las recomendaciones del ICNIRP, de la UE y de la normativa vigente. Sin embargo la población española se encuentra entre los europeos más preocupados con respecto a los efectos sobre la salud de la exposición a los campos electromagnéticos, por lo que se recomienda establecer medidas dirigidas a informar a los ciudadanos.

La falacia de la Justicia

N la OMS ni las autoridades sanitarias españolas -ni de ningún otro país de neustro entorno- han admitido nunca que las ondas de radiofrecuencia tengan efectos perjudiciales sobre la salud. Sin embargo, González Nogueira, quien se presenta como experto en biomagnética, dice lo contrario y habla, además, de “algunas sentencias firmes” que apoyarían esa afirmación, como si lo que decida un juez tuviera validez científica. No, no es así. Si mañana un juez chiflado, que también los hay, dictamina que la Tierra no gira alrededor del Sol, nada cambiará, no habrá sido derrumbada la teoría heliocéntrica. Por eso mismo, que un juez dé la incapacidad laboral a una mujer porque vive en infierno por su creencia en la maldad de las ondas de radiofrecuencia no significa que el magistrado avale la existencia de la hipersensibilidad electromagnética, sino que considera que esa persona no está en condiciones físicas y, sobre todo, mentales de trabajar.

El resto de la entrevista a González Nogueira es más de lo mismo. Presidente de la Asociación Informativa Independiente sobre la Radiación Electromagnética y autor de un libro titulado Los efectos de las radiaciones electromagnéticas y cómo prevenirlas, mantiene, por ejemplo, que la exposición a las ondas de radiofrecuencia puede “desembocar en patologías neurodegenerativas”, aunque no haya ningún estudio que lo demuestre, y se saca de la manga un experimento que mete mucho miedo. “Colocamos dos grupos de cien ratones: uno expuesto las 24 horas a varios móviles cargándose y otro sin nada. A los dos meses, la mitad de los expuestos a los móviles murieron de manera violenta, a veces agrediéndose entre ellos. Otros presentaron altos niveles de hiperactividad”, dice. Terrible. Sólo tiene un pequeño fallo: ¿quiénes hicieron el experimento?, ¿dónde?, ¿en qué revista científica lo han publicado? Me da que ese experimento es tan real como las afirmaciones de González Nogueira sobre la OMS, el Ministerio de Sanidad y el peligro de los móviles.

Móviles y cáncer: un estudio de 11 años descarta cualquier conexión y casi nadie habla de ello

Muchos medios informan, un día tras otro, de la actividad de colectivos que piden la retirada de antenas de telefonía porque las ondas que emiten son, según ellos, peligrosas para la salud. Los mismos medios suelen dar la espalda a los trabajos científicos que demuestran, sistemáticamente, lo contrario. Un ejemplo reciente es la publicación en Reino Unido de los resultados del programa de Investigación sobre Telecomunicaciones Móviles y Salud (MTHR), un estudio de once años, puesto en marcha por el Departamento de Salud británico, que no ha encontrado ninguna conexión entre teléfonos móviles, antenas y cáncer, y del que es muy posible que usted no haya oído hablar porque los medios españoles parecen haberlo ignorado.

“Cuando el programa MTHR se puso en marcha, había muchas incertidumbres científicas sobre los posibles riesgos para la salud de los teléfonos móviles y la tecnología relacionada. Este programa independiente se ha completado y, a pesar de una exhaustiva investigación, no hemos encontrado evidencias de riesgos para la salud de las ondas de radio producidas por los móviles y sus estaciones base”, declaró la semana pasada a la Prensa británica David Coggon, de la Universidad de Southampton y presidente del comité de expertos. El programa ha exigido una inversión de 13,6 millones de libras (15,5 millones de euros), aportadas por el Gobierno británico y la industria. “Para garantizar que ninguno de los organismos financiadores pudiera influir en el resultado de la investigación, los proyectos fueron seleccionados y supervisados por un Comité de Gestión independiente”, formado por académicos expertos en la materia. Eso sí, con la prudencia característica de todo científico, Coggon añadió que se van a hacer estudios a largo plazo y que ya se han reservado fondos para ello.

Durante once años, dentro del programa MTHR, se han hecho 31 estudios que han dado como fruto unos 60 artículos en revistas científicas y en ninguno se ha detectado conexión alguna entre móviles y cáncer, algo que encaja con el conocimiento y la evidencia científica acumulados desde antes incluso de que estalló esta histeria. Así, John D. Boice y Robert E. Tarone, del Instituto Internacional de Epidemiología de Estados Unidos, recordaban, en el Journal of the National Cancer Institute en noviembre de 2011,  que “el efecto fotoeléctrico no es una cuestión de opinión, la absorción de energía de radiofrecuencia no puede romper las moléculas de ADN, y los estudios de carcinogenicidad en animales son bastante consistentes en mostrar que no hay aumentos de cáncer como consecuencia de la absorción de energía de radiofrecuencia”. O, lo que es lo mismo, que las ondas de radiofrecuencia no pueden provocar mutaciones genéticas que deriven en un cáncer. Y, para los temerosos por los efectos en los niños, decían: “De acuerdo con prácticamente todos los estudios realizados en adultos expuestos a las ondas de radiofrecuencia, no existen pruebas convincentes de que los niños que usan teléfonos celulares tengan un mayor riesgo de desarrollar un tumor cerebral que los niños que no los utilizan”.

El Parlamento vasco alimenta la histeria antiantenas

Aunque, como éste y otros muchos estudios confirman, no hay ninguna prueba de que el uso del móvil o de la Wi-Fi cause cáncer, en España, todos los partidos del Parlamento vasco suscribieron a principios de mes una iniciativa socialista para reclamar al Gobierno vasco que proteja “al máximo la salud de la ciudadanía, especialmente en lo referido a los colectivos sociales más sensibles y vulnerables” a las ondas de telefonía, e hiciera “un seguimiento de la evidencia epidemiológica acerca del impacto que esas instalaciones tienen en la salud de la ciudadanía. Por supuesto, no hay tampoco ninguna prueba científica de que existan colectivos “más sensibles y vulnerables” a las ondas de radiofrecuencia, digan lo que digan los políticos vascos, y la evidencia epidemiológica es inexistente en un mundo en el que en 1995 había 91 millones y ahora más de 6.500 millones. Con su irresponsable caza del voto, los parlamentarios Vitoria, alimentan la histeria electromagnética, se ponen del lado de la tecnofobia y dan la espalda a la ciencia.

Los colectivos antiantenas suelen reclamar pruebas de que los teléfonos móviles no causan cáncer, pero eso es imposible. Científicamente hablando, no puede demostrarse una negación. Ninguna. ¿Nadie es capaz de probar que los yogures, por ejemplo, no causan cáncer o que los Reyes Magos no existen? Lo que la ciencia puede decir es que no hay pruebas de que los yogures causen cáncer o de que existan los Reyes Magos. Y lo mismo pasa con los móviles, la Wi-Fi y las amenazadoras anternas de telefonía. Da igual lo que digan los políticos y opinemos los ciudadanos de a pie; en ciencia, sólo importan las pruebas.