Telefonía móvil

La alergia a la wifi, en Radio Vitoria

Alejandra Eguiluz y yo hablamos el lunes de la alergia a la wifi, en la novena entrega de la temporada de mi colaboración semanal en El mirador, en Radio Vitoria.

El suicidio de Jenny Fry, una niña ‘alérgica a la wifi’, y el sensacionalismo periodístico

Así han titulado la noticia sobr el suicidio de Jenny Fry 'The Daily Mail' y Telecinco.Un suicidio es siempre un hecho terrible y más si lo protagoniza un menor. Pero algunos medios parecen no tener bastante con eso y no dudan en ocasiones en echar más leña al fuego sensacionalista. Es lo que ha hecho The Daily Mail en el caso de Jenny Fry, un niña de 15 años que se ahorcó en un bosque cercano a su casa de Oxfordshire (Reino Unido) en junio después de “desarrollar una reacción alérgica a la wifi de su escuela”, según el diario. Telecinco ha titulado en su web: “Una joven de 15 años se suicida por su alergia a las ondas del wifi de su instituto”. ¿Fuentes? El tabloide británico, que a su vez tenía como única fuente a los padres de la escolar.

Una de las lacras del periodismo actual es que muchas veces toma las declaraciones de afectados o expertos en cualquier cosa como si fueran palabra de Dios. Se coge a alguien que sostiene algo impactante, se le hace una entrevista y se presenta como una realidad científicamente demostrada. Puede decir que cura con las manos, que saca demonios de la gente, que detecta agua con la mente, que modifica tu personalidad modificando tu caligrafía, que vio extraterrestres en Roswell… Da igual, siempre hay un medio dispuesto a darle cancha en la lucha por la audiencia. Larry King entrevistó, 21 de enero de 1993 en su programa de la CNN, a David Reynard, un viudo convencido de que la radiación de un móvil había sido la causante del tumor cerebral que había matado a su esposa, y se desató la histeria antiondas que todavía hoy sufrimos. Más recientemente, el 21 de mayo de 2007 la BBC emitió Wi-Fi: a warning signal (Wifi: una señal de alarma), un documental sensacionalista que vinculaba las emisiones de las redes inalámbricas con una presunta dolencia denominada hipersensibilidad electromagnética. Fue este documental de la prestigiosa televisión pública británica el que dio el impulso definitivo a la ideas de que la wifi puede resultar peligrosa y de que hay personas sensibles a las ondas de radiofrecuencia. Días después, la BBC reconoció que “no hay pruebas sobre los efectos de la exposición a largo plazo a las conexiones wifi”, pero el mal ya estaba hecho.

Enfermedad inexistente

La información del caso de Jenny Fry proporcionada por The Daily Mail y otros medios es, además de sensacionalista, irresponsable. Una muestra del periodismo que ha hecho que la sociedad desconfíe cada vez más de los medios. Dicen que, según su madre, la chica padecía de hipersensibilidad electromagnética y que por eso se quitó la vida. Pero es que la hipersensibilidad electromagnética no existe. Ya en 2005 la Organización Mundial de la Salud advertía de que “no existe una base científica para vincular los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…) con la exposición a los campos electromagnéticos. Es más, la hipersensibilidad electromagnética no es un diagnóstico médico, ni está claro que represente un único problema médico”.

Nada ha cambiado desde entonces, aunque haya quienes se lucren diagnósticando la supuesta enfermedad y vendiendo a los llamados electrosensibles remedios milagrosos. Piénselo: tambén hay quien se cree poseído por el Diablo y quien practica exorcismos, pero eso no prueba ni que exista el Demonio ni que posea a personas. The Daily Mail incluye en su información una breve nota advirtiendo de que la hipersensibilidad electromagnética no está reconocida como  enfermedad y que la OMS dice que no existe, pero añade: “Sin embargo, varios renombrados médicos han hecho campaña para que eso cambiar. En Suecia, la electrohipersensibilidad se considera una discapacidad”. ¿Dónde están las pruebas científicas que apoyen tales pretensiones? Se lo digo yo: no existen.

Los enfermos -como la pobre Jenny Fry- sí existen. Son personas que creen que las ondas de radiofrecuencia afectan a su organismo, que sufren de verdad, personas que necesitan de tratamiento psicológico o psiquiátrico y que, por desgracia, frecuentemente suelen acabar en las garras de desaprensivos que se lucran convenciéndoles de que la hipersensiblidad electromagnética es una patología tan real como el sida. El último culpable de la muerte de Jenny Fry es quien la convenció de que sufría alergia a las ondas. Los medios que alimentan esa idea publicando la noticia acríticamente están haciendo periodismo basura y arriesgándose a provocar más casos similares, a que otras personas con problemas mentales no vayan al psiquiatra o al psicólogo, y sean víctimas de los charlatanes sin escrúpulos que dianostican enfermedades que no existen, como la alergia a las ondas.

EH Bildu frena la wifi en Plentzia para “proteger” a la población, ¿cerrará bares, asadores y cafeterías?

Los hijos del personaje interpretado por Mel Gibson se protegen de los alienígenas con cascos de papel de aluminio, en 'Señales', la película de M. Night Shyamalan.El Ayuntamiento de Plentzia ha rechazado una subvención de 3.000 euros de la Diputación de Vizcaya para instalar redes wifi en las proximidades de la Casa Consistorial, en la playa y en el puerto porque la ciudadanía “no ha elegido someterse a la exposición de campos electromagnéticos, que, según declaraciones de organismos internacionales, pueden presentar un riesgo para la salud”. Cuenta Virginia Urieta en El Correo que la ayuda había sido pedida por el anterior equipo de gobierno, pero el actual, de EH Bildu, ha renunciado a ella basándose en pronunciamientos de la Organización Mundial de la Salud y el Parlamento Europeo a favor de “proteger” a niños, enfermos y personas mayores de los efectos de los campos electromagnéticos artificiales.

Me encanta la referencia a los campos electromagnéticos artificiales y espero que, por coherencia, EH Bildu corte inmediatamente la electricidad en el municipio, prohíba el uso de teléfonos móviles y apantalle la localidad para impedir el paso de ondas de radio y televisión. Se van a tener que gastar mucho dinero, pero así estarán velando por la salud de los vecinos desde su punto de vista, aunque a cambio harán un ridículo mundial. Ardo en deseos de ver la reacción de los vecinos cuando, para su bien -según el Ayuntamiento- nadie pueda ver un partido del Athletic por la tele.

Tanta preocupación por la salud de los ciudadanos sería de admirar si tuviera alguna base científica, pero es que no la tiene. Ignorancia o populismo -o una combinación de ambas- están en el origen de la decisión del Ayuntamiento de Plentzia, como lo estuvieron en la del de Vitoria cuando acordó, a finales de septiembre, señalizar y delimitar la wifi en los edificios municipales porque “representa una amenaza o un daño para la salud humana”. Repito lo que dije entonces: miles de estudios y experimentos no han encontrado ninguna prueba de efectos perniciosos para la salud en las ondas de radiofrecuencia, no se conoce ningún mecanismo por el que pudieran resultar peligrosas, y los epidemiólogos no han detectado ningún aumento en los males que se achacan a este tipo de emisiones, a pesar del espectacular incremento registrado en el uso de móviles y redes inalámbricas en los últimos años.

Lo que dice la ciencia

Asegura el Ayuntamiento de Plentzia que basa su postura en lo acordado por el Parlamento Europeo y la OMS. Lo siento, pero el Parlamento Europeo no es una institución científica, sino política, como la corporaciones vitoriana y la plentziarra. Si sus integrantes acuerdan algo, no significa nada desde un punto de vista científico. Mañana podrían decidir que el hombre convivió con los dinosaurios o que Adán era vasco, pero eso no cambiaría la historia no haría a unos homínidos contemporáneos de los lagartos terribles y tampoco demostraría que Adán existió. Lo de la OMS es, ciertamente, harina de otro costa.

La OMS reconocía en 2005, en una nota informativa sobre emisiones de radiofrecuencia y salud, que hay personas que aseguran sufrir problemas de salud por su exposición a los campos electromagnéticos y que los síntomas son no específicos (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…), pero pueden llegar a resultar discapacitantes. Sin embargo, concluía que “no existe una base científica para vincular los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos. Es más, la hipersensibilidad electromagnética no es un diagnóstico médico, ni está claro que represente un único problema médico”.

No creo que el alcalde de Plentzia, David Crestelo, se refiera a ese pronunciamiento de la OMS de hace diez años ni a otros posteriores en la misma línea, sino al de mayo de 2011 de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, que incluyó las emisiones de radiofrecuencia “como posible carcinógeno para los humanos”. ¿Preocupante? Para nada. El grupo 2B de carcinogenicidad de la clasificación de la IARC, en el que están las ondas de radiofrecuencia (móviles, wifi…), es el tercero en peligrosidad, por debajo del 1 y del 2A. El grupo 2B incluye agentes o mezclas “posiblemente carcinógenos para el ser humano”, sustancias sobre las que “existen pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos y pruebas insuficientes de carcinogenicidad en experimentación animal”. El café está en este grupo, por ejemplo.

Chuletón. Foto: Javier Lastras.El grupo 2A de la IARC -que conlleva mayor riesgo- comprende los agentes “probablemente carcinógenos”. Se trata de aquéllos sobre los que “existen pruebas limitadas de la carcinogenicidad en humanos y pruebas suficientes de la carcinogenicidad en experimentación animal”. Incluye los gases de los motores de combustión, las lámparas bronceadoras y, desde hace unas semanas, la carne roja. Y el grupo 1 se refiere a sustancias que son carcinógenos demostrados, es decir, sobre las que existen “pruebas suficientes de carcinogenicidad en humano”. Ahí están el tabaco, tomar el sol, las bebidas alcohólicas y, desde finales de octubre, las carnes procesadas (embutidos, salchichas, jamones…).

Si David Crestelo y su equipo quieren proteger de verdad a sus vecinos, deben empezar por prohibir la venta y el consumo de alcohol y tabaco, cerrar la playa a quienes quieran tomar baños de sol, clausurar los asadores… Ridículo, ¿verdad? Pues todas esas actividades o sustancias relacionadas son, según la OMS y la ciencia, peores para la salud que las ondas de wifi, cuya peligrosidad nadie ha demostrado hasta el momento. Si hace algo de lo anteriormente indicado, es muy posible que EH Bildu se descalabre en Plentzia en las próximas elecciones, pero por lo menos habrán sido coherentes.

Hay cosas que todo político debería saber respecto a este tema, sobre todo para no hacer el ridículo.

La Policía Nacional difunde en Twitter el bulo de que la radiación de los móviles y la wifi provoca insomnio

Tuit antiondas de la Policía Nacional.La Policía Nacional ha difundido en Twitter el bulo de que la radiación de los teléfonos móviles y las redes inalámbricas puede ser la causa de tu insomnio. El tuit policial dice: “Posible causa de tu insomnio = móvil en la mesilla. La contaminación invisible de móviles y wifi puede dejarte en vela!! #Desengánchate”. Creía que, después de la estúpida normativa antiondas aprobada por unánimidad por el Ayuntamiento de Vitoria, nada podía sorprenderme. Sin embargo, los responsables de redes sociales de la Policía Nacional lo han conseguido: un cuerpo de seguridad difundiendo bulos cuando uno de sus objetivos tiene que ser combatirlos. ¿Qué será lo próximo, advertirnos de que no cojamos en autoestop a la chica de la curva? Por favor, antes de hacerse eco de tonterías anticientíficas, infórmense, señores de la Policía Nacional: no hay ninguna prueba de que las ondas de telefonía provoquen cáncer ni ninguna otra dolencia. Atribuir efectos dañinos para la salud a las ondas de radiofrecuencia tiene tanto sentido como culpar al Diablo del mal en el mundo.

Vitoria y la wifi: un pleno municipal analfabeto

Los hijos del personaje interpretado por Mel Gibson se protegen de los alienígenas con cascos de papel de aluminio, en 'Señales', la película de M. Night Shyamalan.El pleno del Ayuntamiento de Vitoria acordó ayer por unanimidad “delimitar la señal wifi en centros cívicos y edificios municipales, señalizando las zonas en las que exista”; “dejar libre de wifi los espacios propiamente infantiles, como ludotecas y bibliotecas familiares, y procurar la disminución de su incidencia y, en su caso, establecer zonas libres en canchas de juego y entradas”; además de “señalizar los espacios infantiles como zonas libres de wifi”. La medida tiene su origen en una moción de Sumando-Podemos que luego modificó y propuso el PNV añadiendo que esos pasos se darán “de forma paulatina y de acuerdo con las posibilidades técnicas”. Según informaba El Correo, “el Ayuntamiento invoca «el principio de precaución» y sostiene que, cuando una actividad «representa una amenaza o un daño para la salud humana, hay que tomar medidas incluso cuando la relación causa-efecto no haya podido demostrarse científicamente de forma concluyente»”.

El objetivo, decía la propuesta de la formación afín a Pablo Iglesias, es proteger a los vitorianos “más vulnerables” de “la polución electromagnética” generada por las instalaciones de wifi. Hace un mes, Pablo Iglesias y Estefanía Torres, eurodiputados de Podemos, pidieron a la Comisión Europea en el Parlamento Europeo el “reconocimiento integral de la electrohipersensibilidad” o hipersensibilidad electromagnética, una presunta dolencia de cuya existencia no hay ninguna prueba fuera de la cabeza de los enfermos y más allá los intereses de quienes hacen negocio del miedo. Como ha establecido la Organización Mundial de la Salud (OMS), “no hay bases científicas para vincular la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos”. Todo indica que estamos ante un mal de origen psicosomático: el enfermo sufre cuando se cree expuesto a la radiación que, según él, resulta nociva. Nada más.

El principio de precaución

Es descorazonador ver cómo una corporación en pleno -PNV, PP, Bildu, PSE, Podemos e Irabazi- abraza la pseudociencia de este modo. Quienes ayer votaron en Vitoria a favor de la delimitación de los espacios con wifi en los centros cívicos y edificios municipales, y de su señalización como si fueran zonas peligrosas, no son dignos de la confianza de los vecinos de la capital alavesa porque legislan desde el desconocimiento. Ignoran el conocimiento y la evidencia experimental acumulados durante décadas, presentan como una amenaza para la salud algo que no lo es e invocan torticeramente el principio de precaución, que se ha convertido en una especie de mantra para los antitransgénicos y los antiondas.

Según una comunicación de la Comisión Europea de febrero de 2000, el principio de precaución puede invocarse “cuando la información científica es insuficiente, poco concluyente o incierta, y cuando hay indicios de que los posibles efectos sobre el medioambiente y la salud humana, animal o vegetal pueden ser potencialmente peligrosos e incompatibles con el nivel de protección elegido”. El mismo documento comunitario añade que “el recurso al principio de precaución presupone que se han identificado los efectos potencialmente peligrosos derivados de un fenómeno, un producto o un proceso, y que la evaluación científica no permite determinar el riesgo con la certeza suficiente”.

En el caso que nos ocupa, la evidencia es concluyente: miles de estudios y experimentos no han encontrado ninguna prueba de efectos perniciosos para la salud en las ondas de radiofrecuencia, no se conoce ningún mecanismo por el que pudieran resultar peligrosas, y los epidemiólogos no han detectado ningún aumento en los males que se achacan a este tipo de emisiones. Si fuera cierto lo que sostienen los antiondas, se habría registrado hace años un aumento de los tumores cerebrales y otros males que ellos atribuyen a la wifi y los móviles, de los que sólo había 91 millones de líneas en 1993 y ahora hay más de 7.300 millones. ¿Ha habido un incremento de las patologías que algunos achacan a las ondas de radiofrecuencia? No.

Lo que hizo ayer el Ayuntamiento de Vitoria es impulsar el analfabetismo científico y a quienes hacen negocio inventándose enfermedades y vendiendo remedios inútiles contra ellas a los más incautos. Con su consenso desde la ignorancia, PNV, PP, Bildu, PSE, Podemos e Irabazi siembran en muchos padres el miedo a que las ondas de radiofrecuencia afecten a sus hijos, aunque tampoco ningún estudio ha probado que el uso del móvil o de la wifi sea más peligroso para un niño que para un adulto. ¿Cabe una política más irresponsable? ¿Todos los grupos municipales vitorianos comulgan con la peligrosidad de la wifi o algunos se han sumado alegremente a esa idea sólo para no ser señalados?

Todo por los votos

Padres antiantenas de la ikastola Ibaiondo de Vitoria con cascos de papel de aluminio.No es la primera vez ni será la última que dirigentes políticos vascos ignoran la ciencia para evitar el enfrentamiento con el bullicioso colectivo antiondas, que en ocasiones ha llegado a amenazar directamente a los científicos que les llevan la contraria. En enero del año pasado, el Departamento de Educación del Gobierno vasco decidió blindar la ikastola Ibaiondo, en Vitoria, y el instituto de Solokoetxe, en Bilbao, frente a las emisiones de unas antenas de telefonía próximas para atender la preocupación de algunos padres. Lo más triste es que ese departamento lo dirige una química de la Universidad del País Vasco (UPV), la consejera Cristina Uriarte, quien daba así la espalda a la ciencia a la hora de tomar una decisión política que tenía que basarse en ella. Un mes después, los socialistas conseguían que todos los partidos del Parlamento vasco se sumaran a la histeria antiantenas.

Para decidir en el futuro con un mínimo conocimiento de causa, lo menos que deberían hacer los corporativos vitorianos es ver el episodio de Escépticos dedicado a las ondas de radiofrecuencia, avalado -como toda la serie- por la Cátedra de Cultura Científica de la UPV. Como alternativa, les recomiendo un decálogo de lo que todo político debería tener claro a la hora de hablar de emisiones de telefonía, wifi y salud, y, en última instancia, les animo a leer mi libro El peligro de creer, que incluye un largo capítulo sobre el miedo a las ondas de radiofrecuencia y la hipersensibilidad electromagnética desde sus orígenes en Estados Unidos a principios de los años 90.

La primera vez que escribí aquí sobre este asunto, en el lejano 2007, no sospechaba que pudiéramos llegar tan lejos. Ocho años después, no sé a qué espera la comunidad científica para dar la cara sin titubeos y, por ejemplo, desautorizar con contundencia a los corporativos vitorianos en pleno. Estos lodos son consecuencia, no lo duden, de la irresponsable actitud de algunos periodistas y medios de comunicación que durante años han alimentado la histeria electromagnética y también del pasotismo de muchos científicos a la hora de responder a los miedos y dudas de los ciudadanos, dejando el campo libre a los charlatanes y al populismo. Porque las medidas tomadas por el Ayuntamiento de Vitoria para frenar los inexistentes efectos nocivos de la wifi son tan útiles y serias como los crucifijos para impedir las posesiones demoniacas.