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Reiki

Los ensayos clínicos de terapias alternativas son intentos de probar si la magia funciona, dicen dos expertos

Imagine que tiene una enfermedad no mortal, su médico le propone someterse a un innovador tratamiento y le dice: “Mira, esta terapia carece de base científica; es más, contradice cosas firmemente establecidas. Y no ha sido probada en cultivos celulares ni en animales de laboratorio. Pero creo que tendrías que someterte a ella”. ¿Qué le respondería? Yo le diría que ni loco, que con mi salud no se juega. Sin embargo, todos los días hay gente sometiéndose a pruebas de terapias que desafían el conocimiento científico y que no han demostrado efectividad alguna, y esos ensayos se hacen con el visto bueno de organizaciones médicas, centros sanitarios y autoridades.

“En los últimos veinte años, ha surgido un nuevo fenómeno en los ensayos clínicos. Modalidades de la medicina complementaria y alternativa (CAM) o medicina integrativa (IM) basadas en principios con una probabilidad infinitesimalmente baja de éxito, o que incluso violan leyes bien establecidas de la física y la química, se están probando en ensayos clínicos aleatorios (ECA). Los proponentes de la CAM justifican con frecuencia tales ECA con el argumento de que por fin van a resolver de una vez por todas qué modalidades de CAM o IM funcionan y cuáles no. Nuestra respuesta es que se trata de un punto de vista equivocado que ha llevado a la infiltración de la pseudociencia en la medicina académica”, escriben, en el último número de la revista Trends in Molecular Medicine, el oncólogo David Gorski y el neurólogo Steven Novella, de las universidades de Wayne y Yale, respectivamente, y responsables del sitio Science-Based Medicine.

En su artículo, titulado “Clinical trials of integrative medicine: testing whether magic works?” (Los ensayos clínicos de la medicina integrativa: ¿comprobar que la magia funciona?), citan como ejemplos de tratamientos mágicos la homeopatía y el reiki, y abogan porque se suspendan todas las pruebas en humanos de ese tipo de terapias. “La homeopatía consiste en diluir las sustancias hasta que no queda nada y más allá, mientras que el reiki es, en esencia, un tipo de curación por la fe que sustituye las creencias cristianas por el misticismo oriental, como queda demostrado por la sustitución de la palabra dios por una energía universal que los maestros de reiki dicen ser capaces de aprovechar para canalizar su energía curativa en los pacientes”, explica Gorski.

Los ensayos clínicos de terapias no validadas científicamente son, según los autores, intentos de probar si la magia funciona. Además, llaman la atención sobre el hecho de que esos experimentos violan los principios de la medicina científica, que establecen que las pruebas en humanos no deben hacerse hasta que no se haya acumulado la suficiente evidencia científica a favor del tratamiento en cuestión. En la acupuntura, la homeopatía, el reiki y otras prácticas, se salta directamente al ensayo clínico sin investigación básica ni pruebas de laboratorio que respalden la efectividad de la nueva terapia. Sumen a eso el malgasto de recursos públicos y no olviden que la buena imagen de las llamadas medicinas alternativas -alimentada también por la existencia de ensayos clínicos- hace que muchas veces los enfermos sufran graves consecuencias e incluso mueran al abandonar el tratamiento convencional que funciona por el remedio mágico.

“Indistinguibles del placebo”

Esquema simplificado del paradigma asumido en la investigación médica. Imagen: 'Trends in Molecular Medicine'.Los principios de la homeopatía, establecidos por Samuel Hahnemann hace dos siglos, son que una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad puede curarlos y que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos. Estos presupuestos contradicen el conocimiento científico y han demostrado ser falsos. Hasta la fecha, todos los estudios científicos y dictámenes académicos han concluido que la homeopatía no tiene más efectividad que el placebo. El reiki, o su variante occidental el toque terapéutico, se basa en la existencia de una energia vital universal que sus practicantes aseguran canalizar, aunque, cuando se les ha sometido a pruebas experimentales, han sido incapaces de detectarla, como demostró una niña de 9 años en los años 90. Pero, en España, nada de eso importa. El Ministerio de Sanidad de Ana Mato ha anunciado una regularización de los productos homeopáticos en la que priman los intereses de las multinacionales del sector sobre los de los consumidores, y hospitales públicos usan el reiki con enfemos de cáncer en un intento de paliar los efectos secundarios de la quimioterapia y la radioterapia.

Gorski y Novella sostienen, muy sensatamente, que no deberían de llevarse a cabo pruebas en humanos de terapias biológicamente no plausibles o basadas en prácticas, como la homeopatía, la acupuntura y el reiki, cuyos “efectos son indistinguibles del placebo”. “El estudio de tratamientos altamente inverosímiles es un caso perdido. Es poco probable que este tipo de estudios demuestre beneficios y es poco probable que los defensores [de estas terapias] dejen de practicar esos tratamientos cuando los resultados sean negativos . Ese tipo de investigación sólo sirve para dar legitimidad a prácticas cuestionables”, sostiene Novella. Unas prácticas que en España cuentan con el apoyo de los colegios de médicos y de entidades como la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao (ACMB), que tiene una sección de homeopatía sobre la que no da explicaciones cuando se le piden con argumentos, como hice yo hace casi dos años.

“Si el sistema médico es actualmente demasiado impersonal, y los enfermos se amontonan en las consultas debido a que un médico tiene que ver más y más pacientes para cubrir su sueldo y los gastos, entonces la respuesta es encontrar una manera de arreglar esos problemas, no abrazar la charlatanería. Integrar la pseudociencia en la medicina basada en la ciencia no va a hacer que la medicina basada en la ciencia mejore. Uno de nuestros blogueros, Mark Crislip, tiene un fantástico dicho para esto: «Si mezclas estiércol con tarta de manzana, eso no hace que mejore el sabor del estiércol, sino peor la tarta de manzana». Con la CAM o medicina integrativa, eso es exactamente lo que estamos haciendo, y estos ensayos clínicos de magia son sólo ejemplos de ello”, sentencia Gorski.

Si mañana nos enteráramos de que una multinacional farmacéutica está probando en humanos un fármaco que no ha probado antes en cultivos y animales de laboratorio con buenos resultados, sería une scándalo, ¿no?. Entonces, ¿por qué asumimos como normal que se prueben en enfermos unas terapias, llamadas alternativas, que carecen de base científica y que no han demostrado ninguna efectividad en el laboratorio?

La Universidad del País Vasco sigue formando a enfermeros en reiki, homeopatía y otras pseudoterapias

Lo conté aquí hace un año con la esperanza de que alguien en la Universidad del País Vasco (UPV) tomara cartas en el asunto, pero, por lo visto, no hay nadie por la labor. Así que la Escuela de Enfermería de la UPV sigue incluyendo en su plan de estudios de grado una asignatura optativa, Enfermería en las Terapias Naturales, que promociona las mal llamadas medicinas alternativas. Se dan a los alumnos de tercero nociones de medicina energética, acupuntura, homeopatía, aromaterapia, medicina ortomolecular, colorterapia, musicoterapia, osteopatía, reiki, medicina ayurvédica y otras prácticas sin más efectividad demostrada que el placebo. Y se hace desde un punto de vista claramente pseudocientífico, como dejan claro tanto el plan de estudios como las lecturas complementarias recomendadas.

Básicamente, el programa del curso 2014-2015 es el mismo que el del 2012-2013. Así, dice en el apartado de “Competencias, descripción y objetivos”:

“En la sociedad actual, las terapias naturales están siendo ampliamente utilizadas como tratamientos complementarios a la medicina convencional. El conocimiento sobre el enfoque holístico del ser humano, las bases y principios de la medicina tradicional, así como los diferentes tipos de terapias naturales existentes permiten al profesional de enfermería tener una visión más amplia de posibles actuaciones de los pacientes frente a su enfermedad. Por consiguiente, el programa de la asignatura se centra en que los futuros profesionales de enfermería adquieran conocimientos sobre los diferentes enfoques y usos de las denominadas terapias. A lo largo de la asignatura realizarán un trabajo y exposición sobre una terapia complementaria; con el objetivo de profundizar en las mismas de forma «abierta y crítica». La adquisición de estos conocimientos posibilita un mayor acercamiento a los pacientes durante su desarrollo profesional.”

Bibliografía especializada de la asignatura de Enfermería en las Terapias Naturales, de la Universidad del País Vasco.Hace un año, ese apartado concluía diciendo: “Por consiguiente, el programa de la asignatura se centra en conocer los diferentes enfoques y usos de las terapias naturales que se pueden aplicar en el ámbito de la enfermería con el objetivo de un mejor trato al paciente”. No había ninguna referencia a la profundización “abierta y crítica”, aunque vayan ustedes a saber lo que eso significa en el contexto de esta asignatura. ¿Es más tranquilizador el plan de estudios de este año? Para mí, no. Incluye las mismas nociones de cosas como la medicina ortomolecular, la medicina tradicional hindú, la colorterapia, el masaje energético… y está plagado de jerga pseudocientífica -meridianos energéticos, medicina natural, enfoque holístico…-; la bibliografía es un disparate -Diálogo aventurado entre homeopatía y mitología, de Jordi Vila i Alcalde; La risa. La mejor medicina, de Robert Holden; Ayurveda, de Massimo Paltrinieri; Libro completo de reiki, de José María Jiménez Solana…-; y no sé facilita ni una dirección de Internet útil.

En marzo de 2013, la bibliografía de la asignatura era igual de demencial, entre las revistas se incluían una de homeopatía y otra de acupuntura, y había un apartado de Internet plagado de webs como En Buenas Manos, Cuerpo Mente, Salud Alternativa y otras. En un año, los responsables de la asignatura, que eliminaron esa lista de webs a raíz de la anotación de este blog, parecen haber sido incapaces de encontrar un solo sitio en Internet de su confianza y tampoco han encontrado ni un libro que examine las denominadas terapias alternativas o naturales -¿qué hay de natural en la homeopatía y la acupuntura?- con rigor. No es tan complicado para alguien con interés. Ni siquiera para alguien de letras, como yo. Ahí están, por citar sólo tres webs, Neurologica, el blog de Steven Novella; Quackwatch, el sitio de Stephen Barrett; y la página de Edzard Ernst. Y tampoco hay que partirse la cabeza para dar con libros como Mala medicina, de Ben Goldacre; Trick or treatment? Alternative medicine on trial, de Edzard Ernst y Simon Singh, del cual hay versión en euskera (Sendabide ala iruzurbide. Medikuntza alternatiboa proban); y La acupuntura ¡vaya timo! y La homeopatía ¡vaya timo!, de Víctor-Javier Sanz. Claro que ninguno de esos autores se traga tonterías como los meridianos energéticos y cosas parecidas.

Brujería en las aulas

“Esta asignatura puede ser perjudicial para los alumnos que la cursen no sólo porque les transmita información sobre terapias no probadas basadas en principios completamente opuestos a nuestros conocimientos de  fisiología -basicamente, lo que les enseñan está mal-, sino también porque fomenta la credulidad, que es la actitud contraria a la que deberían tener los profesionales sanitarios”, me comentaba hace un año un estudiante de medicina. Y otro añadía que “impartir asignaturas como ésta en una universidad solamente sirve para que la gente crea que esas prácticas son eficaces y mantengan su auge en una sociedad cada vez más científicamente ignorante, extendiendo la mala ciencia y fomentando las estupideces que acompañan a las explicaciones mágicas que se suelen dar en estas pseudociencias”. Nada parece haber cambiado.

Sembrar en los profesionales de la salud la idea de que existen otras medicinas además de la científica es un disparate que puede resultar perjudicial para la salud de los ciudadanos porque ellos están en primera línea de la atención al paciente. Sólo hay una medicina, la que funciona. El resto viste su inutilidad con adjetivos como alternativa, complementaria y natural por mercadotecnia, como la crema antiarrugas se vende en un frasco de diseño o es anunciada por una modelo de 20 años.

Homeópatas, acupuntores y demás están dejando poco a poco de lado el adjetivo alternativa para su medicina para evitarse problemas: si califican así a sus prácticas, transmiten la idea de que pueden elegirse en vez de las científicamente probadas y eso, en casos extremos -de enfermos que mueren por renunciar a tratamientos que funcionan y abrazar los alternativos-, podría resultar perjuidicial para el negocio. Complementarias es un adjetivo tan acertado para estas pseudoterapias como para las bendiciones del sacerdote ortodoxo de turno a una nave espacial en Baikonur, que serían -en jerga holística- ingeniería aeroespacial complementaria. Lo mismo que ninguna nave espacial despegaría, ni ningún barco flotaría o avión volaría, si fuera un trozo de metal sin más por muchas bendicioens que le echaran, nadie se cura de una enfermedad grave por muchos médicos complementarios que le atiendan. La complementariedad para la salud de las pseudomedicinas es similar a la de las bendiciones en la ingeniería aeroespacial naval o aeronáutica. Y, respecto a natural, poco hay que decir: es un adjetivo que vende porque se equipara con bueno, como si el ébola, el cáncer, el sida, la lepra… no fueran naturales. Ah, y no hay terapias naturales como no hay cocina natural.

Lo mismo que las bendiciones del pope de Baikonur -¿para cuándo una asignatura optativa sobre su poder a los ingenieros vascos?-, las terapias que promociona este curso de la UPV son brujería.

Los “estudiantes progresistas” de la Universidad de Valencia organizan jornadas de reiki y ‘rebirthing’

El reiki y el rebirthing protagonizarán dos de los tres días de las III Jornadas de Psicología y Logopedia de Campus Jove, “una organización estudiantil progresista que tiene como principal objetivo la defensa de los derechos de los estudiantes de la Universidad de Valencia (UV) y la construcción de la universidad valenciana, pública, de calidad e internacional”. “Hemos querido seguir con la dinámica de mostrar disciplinas que no se estudian en la facultad, pero son útiles en la sanación del ser humano, tanto desde la psicología, como desde la medicina, fisiología, etcétera”, han explicado los responsables de la iniciativa en Facebook, en un anuncio que han borrado tras la publicación de esta anotación..

Cartel de las III Jornadas de Psicología y Logopedia de Campus Jove en la Universidad de Valencia.Sara Fonseca, vicecoordinadora general de Campus Jove, argumenta que “el reiki es una técnica de sanación natural a través de la energía reconocida por la OMS, el rebirthing es una técnica de respiración consciente y conectada de crecimiento personal y autosuperación, y el Hatha Yoga incluye la práctica de ásanas o posturas corporales que aportan a los músculos firmeza y elasticidad, y calman la mente”. Ella es parte interesada. Además de como psicóloga, se presenta en Linkedin como grafóloga y maestra de reiki. La grafología es una disciplina tan científica como la culomancia.

El reiki se basa en la idea de que por nuestro cuerpo fluye una energía (ki) vital universal (rei). Según sus practicantes, cuando esa energía se bloquea, se producen enfermedades y trastornos de los cuales uno puede curarse si un experto elimina esos bloqueos energéticos mediante la imposición de manos. Naturalmente, esa energía vital sólo la detectan los creyentes. En 1996, una niña de 9 años, Emily Rosa, demostró con un sencillo experimento que los practicantes del toque terapéutico, una variante occidental del reiki que se ha colado en la Sanidad estadounidense, son incapaces de detectar la energía vital que dicen manipular. La niña publicó dos años después los resultados de su investigación en la prestigiosa revista de la Asociación Médica Americana, dejando claro que el toque terapéutico es una patraña.

El rebirthing es una pseudoterapia inventada por los escritores estadounidenses Leonard Orr y Sondra Ray en su libro Rebirthing in the New Age (Renacimiento en la Nueva Era. 1977). Consideraban que recordar ciertos momentos traumáticos del nacimiento tiene beneficios terapéuticos. Orr desarrolló unas técnicas de respiración que, según él, hacen recordar la estancia en el útero materno y el nacimiento, lo que asegura que sirve para curar enfermedades físicas y controlar las emociones. “Leonard -dice en su web oficial- fue espiritualmente iluminado en 1960″, cuando tuvo “innumerables” episodios de recuerdos “de su nacimiento, prenatales y de su infancia”. ¿Pruebas de todo eso? Las mismas que de la existencia de los marcianos. La técnica de respiración de Orr está incluida en el libro Crazy therapies: What are they? Do they work? (Terapias locas. ¿Qué son? ¿Funcionan? 1996), de los psicólogos Margaret Singer y Janja Lalich.

¡Se han cubierto de gloria los autodenominados “estudiantes progresistas” de la UV! El reiki y el rebirthing (renacimiento) son pseudociencia en estado puro y abrirles las puertas de la universidad -las jornadas se celebrarán del martes al jueves próximos en un aulario entre las facultades de Psicología y Odontología- es tan disparatado como hacerlo a la sábana santa. Como dice el estudiante que me ha alertado de este disparate, “es una vergüenza que tal y como están las cosas utilicemos los espacios públicos para promover la estupidez”. El cartel de las jornadas, que cuentan con el apoyo de la UV y de una tal Asociación Samadhi de Salud Integral, da por hecho que tenemos un cuerpo físico, uno mental, uno emocional y uno energético. Casi nada.

La Universidad del País Vasco forma a enfermeros en reiki, homeopatía y otras muchas pseudoterapias

La Escuela de Enfermería de la Universidad del País Vasco (UPV) incluye en su plan de estudios de grado una asignatura optativa sobre las mal llamadas medicinas alternativas, impartida por Óscar Francisco Cruchaga y Susana Bulnes. Esta última asegura que su nombre aparece en la web de la UPV vinculado a ese plan de estudios por error. Se dan a los alumnos de tercero nociones generales de medicina energética, acupuntura, homeopatía, aromaterapia, medicina ortomolecular, colorterapia, musicoterapia, osteopatía, reiki, medicina ayurvédica y otras prácticas sin más efectividad demostrada que el placebo. Y se hace desde un punto de vista claramente pseudocientífico, como dejan claro las lecturas complementarias recomendadas.

Los libros de consulta y profundización de la asignatura dan risa: son casi todas obras propias de librerías esotéricas o de la sección dedicada a medicinas alternativas de cualquier gran superficie. Títulos como Diálogo aventurado entre homeopatía y mitología, de Jordi Vila i Alcalde; La risa. La mejor medicina, de Robert Holden; Ayurveda, de Massimo Paltrinieri; y Libro completo de reiki, de José María Jiménez Solana. Entre las webs recomendadas, hay más de lo mismo. Además de figurar las de varias revistas de quiosco más cercanas a la autoayuda ecólatra que a la ciencia, se incluye, por ejemplo, En Buenas Manos, una mezcla de pseudoterapias y esoterismo, con una amplia sección dedicada a astrología, tarot, runas, adivinación… Solo echo a faltar en la bibliografía Discovery DSalud, la revista de José Antonio Campoy en la que niegan la existencia del VIH, abogan por la antivacunación y defienden que el cáncer no es una enfermedad, sino un mecanismo de defensa del cuerpo, entre otras barbaridades.

No hay, por supuesto, ni una referencia a fuentes que examinen las denominadas terapias alternativas o naturales -¿qué hay de natural en la homeopatía y la acupuntura?- con rigor. Es lógico. Nada puede resultar más nocivo para el objetivo que parecen tener los impulsores de la asignatura que la lectura de Mala medicina, de Ben Goldacre; Trick or treatment? Alternative medicine on trial (¿Truco o tratamiento? Juicio a la medicina alternativa), de Edzard Ernst y Simon Singh, del cual hay versión en euskera (Sendabide ala iruzurbide. Medikuntza alternatiboa proban); La acupuntura ¡vaya timo! y La homeopatía ¡vaya timo!, de Víctor-Javier Sanz; Neurologica, el blog de Steven Novella; y Quackwatch, la web de Stephen Barrett. Cualquiera con dos dedos de frente entendería, tras consultar todo o parte de este material, que la asignatura de Enfermería en las Terapias Naturales que se imparte en la UPV es un disparate de principio a fin.

“Dispuestos a creerse cualquier cosa”

“Esta asignatura puede ser perjudicial para los alumnos que la cursen no sólo porque les transmita información sobre terapias no probadas basadas en principios completamente opuestos a nuestros conocimientos de  fisiología -basicamente, lo que les enseñan está mal-, sino también porque fomenta la credulidad, que es la actitud contraria a la que deberían tener los profesionales sanitarios. De hecho, me preocupa que nuestros compañeros estén dispuestos a creerse cualquier cosa, especialmente si la dice un profesor”, lamenta Iker (nombre ficticio), un estudiante de medicina que, junto a otros colegas, me ha alertado de la existencia de esta asignatura.

Otro futuro médico, Esteban (nombre ficticio), cree que “impartir asignaturas como ésta en una universidad solamente sirve para que la gente crea que esas prácticas son eficaces y mantengan su auge en una sociedad cada vez más científicamente ignorante, extendiendo la mala ciencia y fomentando las estupideces que acompañan a las explicaciones mágicas que se suelen dar en estas pseudociencias”. Y eso es especialmente peligroso cuando hablamos de profesionales sanitarios. “Pongámonos en un caso en el que un paciente pregunta a un enfermero qué opina sobre determinada terapia que ha leído en una supuesta revista de salud que, en realidad, de salud sólo tiene el nombre. Los enfermeros son el personal que más está en contacto con los pacientes en el día a día, especialmente en los ingresos largos. Cuando un paciente pregunta, lo hace porque él no tiene ni idea y la recomendación que el sanitario le dé influirá sobremanera en su manera de actuar. Este profesional ha de ser capaz de explicar al paciente de manera crítica y no sesgada los beneficios y los riesgos potenciales que esa terapia puede conllevar, y más teniendo en cuenta el coste económico de éstas prácticas. De lo contrario, pueden crearse falsas esperanzas que lleven a un camino tortuoso con un desenlace fatal, tanto en lo económico como en lo personal. Y me imagino que no serían ni el último ni el primer caso, desgraciadamente”.

¿Cómo han podido pasar el temario y la bibliografía de Enfermería en las Terapias Naturales cualquier filtro académico cuando apestan a pseudociencia? Ninguna de las disciplinas llamadas alternativas ha demostrado más efectividad que la brujería, de la que están más cerca que de la ciencia. Flaco favor hacen, a los alumnos y a la ciudadanía, los responsables del departamento y de la escuela universitaria implicados malgastando así recursos públicos y tiempo de formación de los futuros enfermeros.

Les dejo con el episodio de Escépticos dedicado a las pseudomedicinas. Recuerden que a la homeopatía le dedicamos uno para que no se diluyera y que la serie, en su conjunto, está avalada por la Cátedra de Cultura Científica de la UPV.

‘La Sexta noticias’ alimenta la quimiofobia y la histeria electromagnética, otra vez

Se coge un congreso pseudocientífico organizado por entidades que venden remedios a males inexistentes, se entrevista a un par de supuestos expertos y a un par de pobres afectados, y el resultado es una pieza sobre sensibilidad química múltiple (SQM) e hipersensibilidad electromagnética que ejemplifica el peor periodismo gilipollas, el más irresponsable y sensacionalista. La presentadora advierte al espectador de que “la gran mayoría de estudios dice que eso (las sustancias químicas de síntesis y las ondas de los móviles y la Wi-Fi) no nos afectan”, y el redactor apunta al final que “los críticos con estos trastornos dicen que todo está en la mente”; pero toda la pieza está confeccionada en sentido contrario. Ocurrió el sábado en La Sexta noticias y me enteré gracias a Félix Moreno Gómez. No es algo nuevo. Ya cansa. Pero no por eso hay que dejar de denunciar la desinformación campante en algunos medios cuando se habla de este tipo de patologías.

Detrás del denominado VI Congreso Internacional de Medicina Ambiental, celebrado en Madrid el pasado fin de semana, no hay instituciones científicas, sino organizaciones que se dedican al negocio de asesorar a presuntos afectados, defenderles legalmente, hacer auditorias medioambientales y venderles todo tipo de cachivaches frente a una amenaza inexistente, además de clínicas alternativas con sus correspondientes tratamientos mágicos. Así, por ejemplo, la estrella de las jornadas fue el médico estadounidense William Rea, a quien tanto Europa Press como La Sexta presentaron como pionero de la medicina ambiental y de quien dijeron que ha tratado a más de 30.000 pacientes.

Lo que no contó ninguno de esos medios es que, ay, en 2007 la Junta Médica de Texas acusó a Rea de utilizar tests pseudocientíficos, hacer diagnósticos erróneos, practicar tratamientos “irracionales”, no informar a sus pacientes de que lo que hace no está probado y ejercer especialidades para las que no está preparado, tal como indica Stephen Barrett. Encima, el reportaje sostiene que la lucha contra la química de síntesis y el electromagnetismo recuerda la vivida contra el tabaco, como si los peligros de este hábito los hubiesen descubierto charlatanes como Rea y no científicos de verdad como los que no consulta La Sexta. Y, por supuesto, da por bueno que en España hay unos 300.000 afectados por SQM e hipersensibilidad electromagnética, cifra inventada por quienes rentabilidad estas dos nuevas enfermedades con origen, según ellos, en el maldito progreso, en la despiadada industria química y en las voraces operadoras telefónicas.

Mi momento preferido es cuando la presentadora del informativo limita la emisión de ondas de mal a los móviles y las redes Wi-Fi. ¿Por qué no incluye las de la televisión?, ¿qué las excluye de ser nocivas para la salud? Lo dije hace unos meses y lo repito: el quid de la cuestión en el asunto del miedo electromagnético y la quimiofobia es el mismo que en el caso de cualquier otra conspiranoia, que algunos ganan mucho dinero explotando la credulidad popular y que los periodistas, a veces, abdicamos de nuestro deber, traicionamos al público y hacemos publicidad a estos vendemotos por ignorancia, pereza o conseguir un titular llamativo. Todos los ensayos clínicos apuntan a que la SQM y la hipersensibilidad electromagnética son dolencias de origen psicosomático. Esta pieza de La Sexta noticias es un trabajo al servicio de quienes se inventan enfermedades para luego vender curas inexistentes a las mismas, y explotan el dolor de personas que sufren de verdad, como las dos mujeres que ofrecen sus testimonios. Periodismo irresponsable a más no poder.