Reiki

La Universidad del País Vasco sigue formando a enfermeros en reiki, homeopatía y otras pseudoterapias

Lo conté aquí hace un año con la esperanza de que alguien en la Universidad del País Vasco (UPV) tomara cartas en el asunto, pero, por lo visto, no hay nadie por la labor. Así que la Escuela de Enfermería de la UPV sigue incluyendo en su plan de estudios de grado una asignatura optativa, Enfermería en las Terapias Naturales, que promociona las mal llamadas medicinas alternativas. Se dan a los alumnos de tercero nociones de medicina energética, acupuntura, homeopatía, aromaterapia, medicina ortomolecular, colorterapia, musicoterapia, osteopatía, reiki, medicina ayurvédica y otras prácticas sin más efectividad demostrada que el placebo. Y se hace desde un punto de vista claramente pseudocientífico, como dejan claro tanto el plan de estudios como las lecturas complementarias recomendadas.

Básicamente, el programa del curso 2014-2015 es el mismo que el del 2012-2013. Así, dice en el apartado de “Competencias, descripción y objetivos”:

“En la sociedad actual, las terapias naturales están siendo ampliamente utilizadas como tratamientos complementarios a la medicina convencional. El conocimiento sobre el enfoque holístico del ser humano, las bases y principios de la medicina tradicional, así como los diferentes tipos de terapias naturales existentes permiten al profesional de enfermería tener una visión más amplia de posibles actuaciones de los pacientes frente a su enfermedad. Por consiguiente, el programa de la asignatura se centra en que los futuros profesionales de enfermería adquieran conocimientos sobre los diferentes enfoques y usos de las denominadas terapias. A lo largo de la asignatura realizarán un trabajo y exposición sobre una terapia complementaria; con el objetivo de profundizar en las mismas de forma «abierta y crítica». La adquisición de estos conocimientos posibilita un mayor acercamiento a los pacientes durante su desarrollo profesional.”

Bibliografía especializada de la asignatura de Enfermería en las Terapias Naturales, de la Universidad del País Vasco.Hace un año, ese apartado concluía diciendo: “Por consiguiente, el programa de la asignatura se centra en conocer los diferentes enfoques y usos de las terapias naturales que se pueden aplicar en el ámbito de la enfermería con el objetivo de un mejor trato al paciente”. No había ninguna referencia a la profundización “abierta y crítica”, aunque vayan ustedes a saber lo que eso significa en el contexto de esta asignatura. ¿Es más tranquilizador el plan de estudios de este año? Para mí, no. Incluye las mismas nociones de cosas como la medicina ortomolecular, la medicina tradicional hindú, la colorterapia, el masaje energético… y está plagado de jerga pseudocientífica -meridianos energéticos, medicina natural, enfoque holístico…-; la bibliografía es un disparate -Diálogo aventurado entre homeopatía y mitología, de Jordi Vila i Alcalde; La risa. La mejor medicina, de Robert Holden; Ayurveda, de Massimo Paltrinieri; Libro completo de reiki, de José María Jiménez Solana…-; y no sé facilita ni una dirección de Internet útil.

En marzo de 2013, la bibliografía de la asignatura era igual de demencial, entre las revistas se incluían una de homeopatía y otra de acupuntura, y había un apartado de Internet plagado de webs como En Buenas Manos, Cuerpo Mente, Salud Alternativa y otras. En un año, los responsables de la asignatura, que eliminaron esa lista de webs a raíz de la anotación de este blog, parecen haber sido incapaces de encontrar un solo sitio en Internet de su confianza y tampoco han encontrado ni un libro que examine las denominadas terapias alternativas o naturales -¿qué hay de natural en la homeopatía y la acupuntura?- con rigor. No es tan complicado para alguien con interés. Ni siquiera para alguien de letras, como yo. Ahí están, por citar sólo tres webs, Neurologica, el blog de Steven Novella; Quackwatch, el sitio de Stephen Barrett; y la página de Edzard Ernst. Y tampoco hay que partirse la cabeza para dar con libros como Mala medicina, de Ben Goldacre; Trick or treatment? Alternative medicine on trial, de Edzard Ernst y Simon Singh, del cual hay versión en euskera (Sendabide ala iruzurbide. Medikuntza alternatiboa proban); y La acupuntura ¡vaya timo! y La homeopatía ¡vaya timo!, de Víctor-Javier Sanz. Claro que ninguno de esos autores se traga tonterías como los meridianos energéticos y cosas parecidas.

Brujería en las aulas

“Esta asignatura puede ser perjudicial para los alumnos que la cursen no sólo porque les transmita información sobre terapias no probadas basadas en principios completamente opuestos a nuestros conocimientos de  fisiología -basicamente, lo que les enseñan está mal-, sino también porque fomenta la credulidad, que es la actitud contraria a la que deberían tener los profesionales sanitarios”, me comentaba hace un año un estudiante de medicina. Y otro añadía que “impartir asignaturas como ésta en una universidad solamente sirve para que la gente crea que esas prácticas son eficaces y mantengan su auge en una sociedad cada vez más científicamente ignorante, extendiendo la mala ciencia y fomentando las estupideces que acompañan a las explicaciones mágicas que se suelen dar en estas pseudociencias”. Nada parece haber cambiado.

Sembrar en los profesionales de la salud la idea de que existen otras medicinas además de la científica es un disparate que puede resultar perjudicial para la salud de los ciudadanos porque ellos están en primera línea de la atención al paciente. Sólo hay una medicina, la que funciona. El resto viste su inutilidad con adjetivos como alternativa, complementaria y natural por mercadotecnia, como la crema antiarrugas se vende en un frasco de diseño o es anunciada por una modelo de 20 años.

Homeópatas, acupuntores y demás están dejando poco a poco de lado el adjetivo alternativa para su medicina para evitarse problemas: si califican así a sus prácticas, transmiten la idea de que pueden elegirse en vez de las científicamente probadas y eso, en casos extremos -de enfermos que mueren por renunciar a tratamientos que funcionan y abrazar los alternativos-, podría resultar perjuidicial para el negocio. Complementarias es un adjetivo tan acertado para estas pseudoterapias como para las bendiciones del sacerdote ortodoxo de turno a una nave espacial en Baikonur, que serían -en jerga holística- ingeniería aeroespacial complementaria. Lo mismo que ninguna nave espacial despegaría, ni ningún barco flotaría o avión volaría, si fuera un trozo de metal sin más por muchas bendicioens que le echaran, nadie se cura de una enfermedad grave por muchos médicos complementarios que le atiendan. La complementariedad para la salud de las pseudomedicinas es similar a la de las bendiciones en la ingeniería aeroespacial naval o aeronáutica. Y, respecto a natural, poco hay que decir: es un adjetivo que vende porque se equipara con bueno, como si el ébola, el cáncer, el sida, la lepra… no fueran naturales. Ah, y no hay terapias naturales como no hay cocina natural.

Lo mismo que las bendiciones del pope de Baikonur -¿para cuándo una asignatura optativa sobre su poder a los ingenieros vascos?-, las terapias que promociona este curso de la UPV son brujería.

Los “estudiantes progresistas” de la Universidad de Valencia organizan jornadas de reiki y ‘rebirthing’

El reiki y el rebirthing protagonizarán dos de los tres días de las III Jornadas de Psicología y Logopedia de Campus Jove, “una organización estudiantil progresista que tiene como principal objetivo la defensa de los derechos de los estudiantes de la Universidad de Valencia (UV) y la construcción de la universidad valenciana, pública, de calidad e internacional”. “Hemos querido seguir con la dinámica de mostrar disciplinas que no se estudian en la facultad, pero son útiles en la sanación del ser humano, tanto desde la psicología, como desde la medicina, fisiología, etcétera”, han explicado los responsables de la iniciativa en Facebook, en un anuncio que han borrado tras la publicación de esta anotación..

Cartel de las III Jornadas de Psicología y Logopedia de Campus Jove en la Universidad de Valencia.Sara Fonseca, vicecoordinadora general de Campus Jove, argumenta que “el reiki es una técnica de sanación natural a través de la energía reconocida por la OMS, el rebirthing es una técnica de respiración consciente y conectada de crecimiento personal y autosuperación, y el Hatha Yoga incluye la práctica de ásanas o posturas corporales que aportan a los músculos firmeza y elasticidad, y calman la mente”. Ella es parte interesada. Además de como psicóloga, se presenta en Linkedin como grafóloga y maestra de reiki. La grafología es una disciplina tan científica como la culomancia.

El reiki se basa en la idea de que por nuestro cuerpo fluye una energía (ki) vital universal (rei). Según sus practicantes, cuando esa energía se bloquea, se producen enfermedades y trastornos de los cuales uno puede curarse si un experto elimina esos bloqueos energéticos mediante la imposición de manos. Naturalmente, esa energía vital sólo la detectan los creyentes. En 1996, una niña de 9 años, Emily Rosa, demostró con un sencillo experimento que los practicantes del toque terapéutico, una variante occidental del reiki que se ha colado en la Sanidad estadounidense, son incapaces de detectar la energía vital que dicen manipular. La niña publicó dos años después los resultados de su investigación en la prestigiosa revista de la Asociación Médica Americana, dejando claro que el toque terapéutico es una patraña.

El rebirthing es una pseudoterapia inventada por los escritores estadounidenses Leonard Orr y Sondra Ray en su libro Rebirthing in the New Age (Renacimiento en la Nueva Era. 1977). Consideraban que recordar ciertos momentos traumáticos del nacimiento tiene beneficios terapéuticos. Orr desarrolló unas técnicas de respiración que, según él, hacen recordar la estancia en el útero materno y el nacimiento, lo que asegura que sirve para curar enfermedades físicas y controlar las emociones. “Leonard -dice en su web oficial- fue espiritualmente iluminado en 1960″, cuando tuvo “innumerables” episodios de recuerdos “de su nacimiento, prenatales y de su infancia”. ¿Pruebas de todo eso? Las mismas que de la existencia de los marcianos. La técnica de respiración de Orr está incluida en el libro Crazy therapies: What are they? Do they work? (Terapias locas. ¿Qué son? ¿Funcionan? 1996), de los psicólogos Margaret Singer y Janja Lalich.

¡Se han cubierto de gloria los autodenominados “estudiantes progresistas” de la UV! El reiki y el rebirthing (renacimiento) son pseudociencia en estado puro y abrirles las puertas de la universidad -las jornadas se celebrarán del martes al jueves próximos en un aulario entre las facultades de Psicología y Odontología- es tan disparatado como hacerlo a la sábana santa. Como dice el estudiante que me ha alertado de este disparate, “es una vergüenza que tal y como están las cosas utilicemos los espacios públicos para promover la estupidez”. El cartel de las jornadas, que cuentan con el apoyo de la UV y de una tal Asociación Samadhi de Salud Integral, da por hecho que tenemos un cuerpo físico, uno mental, uno emocional y uno energético. Casi nada.

La Universidad del País Vasco forma a enfermeros en reiki, homeopatía y otras muchas pseudoterapias

La Escuela de Enfermería de la Universidad del País Vasco (UPV) incluye en su plan de estudios de grado una asignatura optativa sobre las mal llamadas medicinas alternativas, impartida por Óscar Francisco Cruchaga y Susana Bulnes. Esta última asegura que su nombre aparece en la web de la UPV vinculado a ese plan de estudios por error. Se dan a los alumnos de tercero nociones generales de medicina energética, acupuntura, homeopatía, aromaterapia, medicina ortomolecular, colorterapia, musicoterapia, osteopatía, reiki, medicina ayurvédica y otras prácticas sin más efectividad demostrada que el placebo. Y se hace desde un punto de vista claramente pseudocientífico, como dejan claro las lecturas complementarias recomendadas.

Los libros de consulta y profundización de la asignatura dan risa: son casi todas obras propias de librerías esotéricas o de la sección dedicada a medicinas alternativas de cualquier gran superficie. Títulos como Diálogo aventurado entre homeopatía y mitología, de Jordi Vila i Alcalde; La risa. La mejor medicina, de Robert Holden; Ayurveda, de Massimo Paltrinieri; y Libro completo de reiki, de José María Jiménez Solana. Entre las webs recomendadas, hay más de lo mismo. Además de figurar las de varias revistas de quiosco más cercanas a la autoayuda ecólatra que a la ciencia, se incluye, por ejemplo, En Buenas Manos, una mezcla de pseudoterapias y esoterismo, con una amplia sección dedicada a astrología, tarot, runas, adivinación… Solo echo a faltar en la bibliografía Discovery DSalud, la revista de José Antonio Campoy en la que niegan la existencia del VIH, abogan por la antivacunación y defienden que el cáncer no es una enfermedad, sino un mecanismo de defensa del cuerpo, entre otras barbaridades.

No hay, por supuesto, ni una referencia a fuentes que examinen las denominadas terapias alternativas o naturales -¿qué hay de natural en la homeopatía y la acupuntura?- con rigor. Es lógico. Nada puede resultar más nocivo para el objetivo que parecen tener los impulsores de la asignatura que la lectura de Mala medicina, de Ben Goldacre; Trick or treatment? Alternative medicine on trial (¿Truco o tratamiento? Juicio a la medicina alternativa), de Edzard Ernst y Simon Singh, del cual hay versión en euskera (Sendabide ala iruzurbide. Medikuntza alternatiboa proban); La acupuntura ¡vaya timo! y La homeopatía ¡vaya timo!, de Víctor-Javier Sanz; Neurologica, el blog de Steven Novella; y Quackwatch, la web de Stephen Barrett. Cualquiera con dos dedos de frente entendería, tras consultar todo o parte de este material, que la asignatura de Enfermería en las Terapias Naturales que se imparte en la UPV es un disparate de principio a fin.

“Dispuestos a creerse cualquier cosa”

“Esta asignatura puede ser perjudicial para los alumnos que la cursen no sólo porque les transmita información sobre terapias no probadas basadas en principios completamente opuestos a nuestros conocimientos de  fisiología -basicamente, lo que les enseñan está mal-, sino también porque fomenta la credulidad, que es la actitud contraria a la que deberían tener los profesionales sanitarios. De hecho, me preocupa que nuestros compañeros estén dispuestos a creerse cualquier cosa, especialmente si la dice un profesor”, lamenta Iker (nombre ficticio), un estudiante de medicina que, junto a otros colegas, me ha alertado de la existencia de esta asignatura.

Otro futuro médico, Esteban (nombre ficticio), cree que “impartir asignaturas como ésta en una universidad solamente sirve para que la gente crea que esas prácticas son eficaces y mantengan su auge en una sociedad cada vez más científicamente ignorante, extendiendo la mala ciencia y fomentando las estupideces que acompañan a las explicaciones mágicas que se suelen dar en estas pseudociencias”. Y eso es especialmente peligroso cuando hablamos de profesionales sanitarios. “Pongámonos en un caso en el que un paciente pregunta a un enfermero qué opina sobre determinada terapia que ha leído en una supuesta revista de salud que, en realidad, de salud sólo tiene el nombre. Los enfermeros son el personal que más está en contacto con los pacientes en el día a día, especialmente en los ingresos largos. Cuando un paciente pregunta, lo hace porque él no tiene ni idea y la recomendación que el sanitario le dé influirá sobremanera en su manera de actuar. Este profesional ha de ser capaz de explicar al paciente de manera crítica y no sesgada los beneficios y los riesgos potenciales que esa terapia puede conllevar, y más teniendo en cuenta el coste económico de éstas prácticas. De lo contrario, pueden crearse falsas esperanzas que lleven a un camino tortuoso con un desenlace fatal, tanto en lo económico como en lo personal. Y me imagino que no serían ni el último ni el primer caso, desgraciadamente”.

¿Cómo han podido pasar el temario y la bibliografía de Enfermería en las Terapias Naturales cualquier filtro académico cuando apestan a pseudociencia? Ninguna de las disciplinas llamadas alternativas ha demostrado más efectividad que la brujería, de la que están más cerca que de la ciencia. Flaco favor hacen, a los alumnos y a la ciudadanía, los responsables del departamento y de la escuela universitaria implicados malgastando así recursos públicos y tiempo de formación de los futuros enfermeros.

Les dejo con el episodio de Escépticos dedicado a las pseudomedicinas. Recuerden que a la homeopatía le dedicamos uno para que no se diluyera y que la serie, en su conjunto, está avalada por la Cátedra de Cultura Científica de la UPV.

‘La Sexta Noticias’ alimenta la quimiofobia y la histeria electromagnética, otra vez

Se coge un congreso pseudocientífico organizado por entidades que venden remedios a males inexistentes, se entrevista a un par de supuestos expertos y a un par de pobres afectados, y el resultado es una pieza sobre sensibilidad química múltiple (SQM) e hipersensibilidad electromagnética que ejemplifica el peor periodismo gilipollas, el más irresponsable y sensacionalista. La presentadora advierte al espectador de que “la gran mayoría de estudios dice que eso (las sustancias químicas de síntesis y las ondas de los móviles y la Wi-Fi) no nos afectan”, y el redactor apunta al final que “los críticos con estos trastornos dicen que todo está en la mente”; pero toda la pieza está confeccionada en sentido contrario. Ocurrió el sábado en La Sexta Noticias y me enteré gracias a Félix Moreno Gómez. No es algo nuevo. Ya cansa. Pero no por eso hay que dejar de denunciar la desinformación campante en algunos medios cuando se habla de este tipo de patologías.

Detrás del denominado VI Congreso Internacional de Medicina Ambiental, celebrado en Madrid el pasado fin de semana, no hay instituciones científicas, sino organizaciones que se dedican al negocio de asesorar a presuntos afectados, defenderles legalmente, hacer auditorias medioambientales y venderles todo tipo de cachivaches frente a una amenaza inexistente, además de clínicas alternativas con sus correspondientes tratamientos mágicos. Así, por ejemplo, la estrella de las jornadas fue el médico estadounidense William Rea, a quien tanto Europa Press como La Sexta presentaron como pionero de la medicina ambiental y de quien dijeron que ha tratado a más de 30.000 pacientes.

Lo que no contó ninguno de esos medios es que, ay, en 2007 la Junta Médica de Texas acusó a Rea de utilizar tests pseudocientíficos, hacer diagnósticos erróneos, practicar tratamientos “irracionales”, no informar a sus pacientes de que lo que hace no está probado y ejercer especialidades para las que no está preparado, tal como indica Stephen Barrett. Encima, el reportaje sostiene que la lucha contra la química de síntesis y el electromagnetismo recuerda la vivida contra el tabaco, como si los peligros de este hábito los hubiesen descubierto charlatanes como Rea y no científicos de verdad como los que no consulta La Sexta. Y, por supuesto, da por bueno que en España hay unos 300.000 afectados por SQM e hipersensibilidad electromagnética, cifra inventada por quienes rentabilidad estas dos nuevas enfermedades con origen, según ellos, en el maldito progreso, en la despiadada industria química y en las voraces operadoras telefónicas.

Mi momento preferido es cuando la presentadora del informativo limita la emisión de ondas de mal a los móviles y las redes Wi-Fi. ¿Por qué no incluye las de la televisión?, ¿qué las excluye de ser nocivas para la salud? Lo dije hace unos meses y lo repito: el quid de la cuestión en el asunto del miedo electromagnético y la quimiofobia es el mismo que en el caso de cualquier otra conspiranoia, que algunos ganan mucho dinero explotando la credulidad popular y que los periodistas, a veces, abdicamos de nuestro deber, traicionamos al público y hacemos publicidad a estos vendemotos por ignorancia, pereza o conseguir un titular llamativo. Todos los ensayos clínicos apuntan a que la SQM y la hipersensibilidad electromagnética son dolencias de origen psicosomático. Esta pieza de La Sexta Noticias es un trabajo al servicio de quienes se inventan enfermedades para luego vender curas inexistentes a las mismas, y explotan el dolor de personas que sufren de verdad, como las dos mujeres que ofrecen sus testimonios. Periodismo irresponsable a más no poder.

Reiki contra la sensibilidad química múltiple, un remedio mágico contra un mal imaginario, en La 2

Mujer que cree padecer SQM se somete a reiki en la Escuela del Bienestar. Foto: TVE:

Todavía no me había recuperado de la visión de Javier Arenas Power Balance en alto durante el mitín de cierre de campaña de las elecciones andaluzas, cuando he presenciado en La 2, a primera hora de la tarde, un quimiofóbico reportaje en El Escarabajo Verde. Este espacio se presenta como un programa de “documentales sobre medio ambiente, sostenibilidad, naturaleza”; pero, por lo que he visto, está en realidad dedicado a fomentar la ecolatría y el alarmismo anticientífico. Hoy, han hablado de cómo la exposición a sustancias químicas de síntesis provoca en algunas personas una amplia variedad de síntomas: dolores de cabeza y articulares, problemas respiratorios, náuseas, fatiga… Es lo que se llama el síndrome de sensibilidad química múltiple (SQM).

“¿Conoce a alguien que se siente fatal al oler perfumes, gasolina, insecticidas o productos de limpieza? En España, 300.000 personas padecen sensibilidad química múltiple (SQM). Y ni la Sanidad pública la trata ni los médicos la conocen”, puede leerse en la presentación de esta entrega de El Escarabajo Verde. El programa, que pueden ver aquí, da por hecho que la SQM “la provocan el progreso tecnológico y la industrialización descontrolada en que vivimos”, y que poco menos que hay una conspiración para que la Sanidad pública no cubra su tratamiento. Los autores del reportaje sostienen, en contra de toda la evidencia científica, que es una enfermedad que “se contrae por exposiciones a insecticidas, herbicidas o productos de limpieza”, y que no es una patología mental. Sin embargo, los ensayos clínicos apuntan a que la SQM es una dolencia de origen psicosomático, al igual que la denominada hipersensibilidad electromagnética y las posesiones demoniacas.

Ecobola e imposición de manos

En El Escarabajo Verde, han dado hoy la espalda el veredicto de la ciencia para presentar al espectador sólo testimonios de afectadas, de médicos que las tratan en sus consultas privadas, y de centros donde las pacientes se someten a terapias energéticas como el reiki y les recomiendan el uso de la ecobola para lavar la ropa. Visiten ustedes la web de la denominada Escuela del Bienestar, alabada en el reportaje, y comprueben cómo ese centro ofrece una variedad de pseudoterapias para tratar a esta gente que incluyen la osteopatía energética celular; el reiki; el zen; la terapia reconectiva; la meditación; la terapia Homa… Los reporteros del programa, tan naturales ellos, dan por buenas todas esas chifladuras y la palabra de las enfermas. No dudo de que esas mujeres lo estén pasando mal; pero no hay ninguna prueba de que su calvario tenga un origen orgánico. Todo lo contrario.

Al igual que ocurre con la hipersensibilidad electromagnética, las pruebas científicas apuntan a que la SQM existe únicamente en la medida en que hay gente que cree que lo sufre. Y, obviamente, en cuanto hay quien cree que padece una patología, hay quien asegura paliarla. ¡Siempre habrá alguien dispuesto a ganarse la vida inventándose tratamientos para enfermedades inexistentes! Como en el caso del pánico electromagnético, también los expertos en la SQM optan por hacer negocio antes que por publicar investigaciones en revistas científicas. El momento más alucinante de este anticientífico y sensacionalista reportaje -titulado “SQM, la agresión invisible”- está al final, cuando las cámaras muestran a enfermas sometiéndose a reiki, imposición de manos, en la Escuela del Bienestar en Montcada i Reixac (Barcelona). Está claro: el mejor tratamiento para un mal imaginario es la magia.

Las pruebas de doble ciego han demostrado que los pacientes con sensibilidad química múltiple reaccionan igual ante placebo que ante los supuestos agentes químicos que les causarían el mal. O, lo que es lo mismo, que no hay una causa orgánica detrás del síndrome. Ronald Gots, un especialista que ha revisado los historiales de más de un centenar de enfermos, describe la SQM como la etiqueta puesta a gente que no se siente bien por una variedad de razones y que comparte la creencia de que la culpa es de su sensibilidad a los productos químicos, según recoge Stephen Barrett, experto en la crítica de las pseudomedicinas. Gots añade: “La SQM desafía cualquier clasificación como enfermedad. No tiene características consistentes ni una causa uniforme, ni características mensurables u objetivas. Existe porque el paciente cree en ella y hay un médico que confirma esa creencia”. Barrett, por su parte, recuerda que la minoría de médicos que cree en la SQM se corresponde con los llamados ecológicos o expertos en medicina ambiental, profesionales cuyas prácticas se sitúan en los límites de la medicina, cuando no son abiertamente pseudocientíficas.

Hace una semana, ETB hacía apología de la antivacunación; hoy, TVE la hace de una enfermedad inexistente y de quienes tratan a los no-enfermos. Para llorar.