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Periodismo gilipollas

Radio Euskadi difunde la idea de que el brote de ébola es un montaje de los CDC, la OMS y las farmacéuticas

Portada del número 175 de la revista 'Discovery DSalud'.Más de media hora dedicó el domingo por la mañana el programa Hágase la luz de Radio Euskadi a hacerse eco de la visión más conspiranoica del ébola. En una demostración de lo que, a mi juicio, nunca debería hacer un medio de comunicación público, Jesús García Blanca soltó un disparate tras otro con el entusiasta apoyo de la directora y presentadora del espacio, la periodista Teresa Yusta. Así, los oyentes nos enteramos de que el ébola es un virus integrado en nuestro genoma; de que es discutible que sea el causante de la fiebre hemorrágica que azota África occidental; de que estamos asistiendo a una farsa similar a la del sida; de que el brote que ya ha matado a más de 4.000 personas es un montaje; y de que nos iría mejor si hiciéramos caso a Teresa Forcades, la monja antivacunas, y al curandero antitransgénicos Josep Pamiés.

García Blanca es el autor de “Ébola: ¿otra falsa pandemia?”, un reportaje publicado en el último número de Discovery DSalud, revista en cuyas páginas se defiende que el VIH no existe, el cáncer tiene causas emocionales, las emisiones de radiofrecuencia provocan todo tipo de males y cosas por el estilo. “No es descartable que los problemas de salud que se achacan al virus del ébola puedan en realidad estar provocados por fármacos en mal estado, vacunas o medicamentos experimentales y pesticidas cuyos efectos se vean agravados por una pésima higiene, agua contaminada, desnutrición y, por ende, un sistema inmune debilitado”, concluye en su texto. (No se pregunten a qué se deben, entonces, casos como el de la auxiliar de enfermería Teresa Romero porque la lógica conspiranoica no es de este mundo.) Yusta considera, por su parte, un “trabajo fantástico” el de quienes hacen “una revista realmente formidable, Discovery DSalud“, lo que demuestra que no tiene ni idea de lo que habla. Por lo menos, en lo que a medicina, salud y ciencia se refiere. Si quieren, pueden escuchar la conversación que mantuvieron ambos ante los micrófonos de Radio Euskadi -para eso he incluido el siguiente archivo-, pero permítanme que les llame la atención sobre aspectos que creo que deberían llevar al consejero vasco de Salud, Jon Darpón, a tomar algún tipo de medida.

Como lleva haciendo sobre el sida José Antonio Campoy, director de Discovery DSalud, desde su época al frente de la revista esotérica Más Allá, García Blanca suelta muchas ideas y las mezcla a su gusto para vender la tesis de que el virus del ébola no existe o no es lo que nos han dicho. Así, al principio de la entrevista sostiene que es “discutible” que el ébola esté ahí, para luego añadir que, según el biólogo Máximo Sandín -del que no da un dato fundamental, que es antidarwinista-, el ébola, el marburgo y otros muchos virus “son endógenos, están integrados en nuestro genoma”, lo que descarta que sean mortales “porque estaríamos muertos todos”. García Blanca sostiene que el ébola “es un huesped nuestro, vive en simbiosis con nosotros, forma parte de nosotros”, y que “es absurdo pensar que una parte de nosotros está causando esta pandemia”. En realidad, lo que es absurdo es lo que él dice: que el virus no está ahí, pero que, al mismo tiempo, está dentro de nosotros. Me recuerda a conspiranoicos de los alunizajes como Santiago Camacho, que hace años mantenía que el hombre no llegó a la Luna y, en un momento determinado, empezó a decir que los astronautas encontraron extrañas construcciones en el satélite terrestre.

Portada del número 227 de la revista 'Enigmas'.Los expertos de los que echa mano Garcia Blanca pertenecen a lo más granado de la anticiencia. Así, en otro momento de la conversación, cita al médico Enric Costa, quien dice que “esto son fiebres hemorrágicas. Son conocidas por la medicina desde la Antigüedad. No tienen nada que ver con ningún virus ébola”. Costa, como antes Sandín, es un heterodoxo, por decirlo suavemente. Médico de formación, se pasó hace tiempo al lado oscuro de las mal llamadas terapias alternativas. Asegura que “el sida no es un fenómeno infeccioso” y que su causa es una intoxicación “tanto a nivel físico-químico como a nivel psicológico. Se ha producido un efecto vudú colectivo sobre la población de afectados, diciéndoles desde todas partes que tenían un virus que tarde o temprano, pero sin remedio, les mataría. Y, además, eso se ha convertido en una verdad dogmática que no permite a la persona afectada disponer de otro tipo de información. Esto, sumado a la marginación y desprecio de su propio hábitat social, produce en el marcado una desmoralización y un terror que son suficientes para destruir la vitalidad de cualquiera”.

Forcades, la gripe A y sus mentiras

La defensa que la presentadora hace de Teresa Forcades resulta ridícula. Afirma que, cuando saltó a la escena pública en otoño de 2009 con su vídeo Campanas contra la gripe A, la monja dijo cosas que luego hubo que admitir, algo que es siemplemente falso. La religiosa alertaba en su vídeo del riesgo de vacunarse contra la gripe y alimentaba la idea de que quienes, según ella, dominan el mundo podían llegar a provocar una pandemia para acabar con la mitad de la población. Mentía cuando decía que Organización Mundial de la Salud (OMS) había modificado la definición de pandemia para que encajara con las características de la gripe A y también cuando presentaba como prueba del peligro de las vacunas la contaminación de unas muestras que mataron varios hurones. Es cierto que una compañía farmacéutica mandó por error a algunos laboratorios muestras de vacuna contaminadas, pero el fallo se produjo en la fase de experimentación con animales y fue detectado. Y sentenciaba: “Con los datos que tenemos, es más probable pensar que aquí haya una mala intención que no pensar que haya habido unas causalidades casi imposibles”.

La monja antivacunas fue poco después de su debut mediático la estrella del II Congreso Ciencia y Espíritu, junto con negacionistas del sida, exopolíticos, defensores de que el 11-S fue un autoatentado de Estados Unidos, creyentes en la Tierra hueca, propagandistas de la contaminación electromagnética, los chemtrails, las casas piramidales con efectos terapéuticos, el alma grupal y otras chaladuras. Y ahora, como bien recordaba Javier Salas hace unos días, forma parte de la troupe de charlatanes del ébola y no duda en publicitar como remedio del mal la solución mineral milagrosa (MMS), un producto tóxico que algunos estafadores dicen que cura todo tipo de patologías, incluido el autismo.

Para García Blanca, el actual brote de ébola es obra de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la OMS, la Unicef, el Banco Mundial, la Fundación Bill y Melinda Gates, la Fundación Rockefeller y los laboratorios farmacéuticos. La estrategia, dice, se remonta a hace mucho tiempo. “Ya en los años 40 empezaron las primeras fabricaciones de epidemias de gripe falsas para mantener una agencia gubernamental que se dedica a la vigilancia de enfermedades”, los CDC. El colaborador de Discovery DSalud atribuye a los CDC la autoría de todo tipo de brotes de enfermedades, “incluida la epidemia falsa de sida de 1981″. Y yo pienso en los miles, centenares de miles de implicados en la conspiración, desde investigadores de primera línea hasta médicos especialistas, técnicos de laboratorio y demás. Todos callados, guardando el secreto de que el VIH no causa el sida, las diferentes gripes han sido creadas en laboratorio y el ébola es inofensivo como un gatito. Si tan seguros están de lo que dicen, ¿por qué no se inyectan García Blanca, Campoy, Forcades, Pamiés y compañía muestras de los inofensivos VIH y ébola?

Entiendo que los científicos no quieran prestarse al debate o a desmentir a personajes como éstos para no dar a sus disparates una relevancia inmerecida, pero, entonces, ¿qué van a creer, por ejemplo, los ciudadanos que hayan escuchado en la radio pública vasca que el virus del sida no existe, que las epidemias las montan los CDC y la OMS en beneficio de las farmacéuticas y demás disparates? Por otra parte, ¿es de recibo permanecer callados cuando una emisora pública difunde ideas anticientíficas y conspiranoicas sobre asuntos de salud pública? Piénsenlo, por favor.

La grafología, Europa Press y ’20 Minutos’: presentando como ciencia una arte adivinatoria

Mezcla mentiras con verdades y las primeras saldrán ganando. Es algo que ya explotaron Louis Pauwels y Jacques Bergir en la revista Planète, donde en los años 60 mezclaban ciencia y ciencia fición con pseudociencia en beneficio de esta última, y que en la actualidad rentabilizan Iker Jiménez, en Cuatro y la Cadena SER, y Bruno Cardeñosa, en Onda Cero, con la complicidad de científicos y divulgadores poco escrupulosos. Así consiguen los promotores poner al mismo nivel ante su público el conocimiento científico que la última posesión demoniaca o secuestro extraterrestre.

Reportaje sobre la grafología publicado bajo el epígrafe de 'ciencia' en '20 Minutos'.Un ejemplo de esa práctica, habitual en el mal llamado periodismo del misterio, lo dio el viernes la agencia Europa Press en un reportaje titulado “Enséñame cómo escribes y te diré cómo eres”, dedicado a la grafología. El autor presenta esa práctica como “el estudio del carácter y psicología de una persona a través de los rasgos de su escritura, lo que incluye su letra. Hay una serie de parámetros generales que se desprenden de esta ciencia y que sirven para conocer la personalidad de una persona más a fondo”. Según 20 Minutos, que ha publicado el reportaje bajo el epígrafe de ciencia, la grafología “revela el carácter y la psicología de una persona y tiene múltiples usos: selección de personal, justicia…”; “el tamaño de la letra, la existencia de márgenes, la direcciónde las líneas, la curvatura de las letras o el orden y la limpieza revelan rasgos de la personalidad”; y “la firma también es muy reveladora: poner o no los apellidos, cerrar con un círculo la firma o poner punto final dicen mucho del autor”.

El segundo párrafo de la nota merece un lugar de honor en los anales del periodismo gilipollas. Dice:

“La grafología es muy práctica ya que se usa con frecuencia en el ámbito laboral y tiene múltiples usos: se utiliza para la selección de personal, ya que ayuda a conocer las aptitudes y posibilidades de cada sujeto para un puesto de trabajo; se usa también para llegar a determinar la mano autora de firmas presuntamente falsificadas o anónimas; y sirve incluso para conocer rasgos de personajes históricos. De hecho, esta técnica, está reconocida en los tribunales de justicia para su uso”.

Cualquiera que, sin saber más, lea ese párrafo concluirá que la grafología es una ciencia porque, si no, no se usaría en la selección de personal y para autentificar firmas. De hecho, todos hemos visto anuncios de empleo en los que se pide al currículo a mano y noticias en las que expertos se pronuncian sobre la autenticidad de una firma achacada a alguien. Pero es que ese párrafo es un revoltijo al estilo de Planète, Cuarto milenio y La rosa de los vientos. Mezcla pseudociencia y ciencia -grafología y peritaje caligráfico- a mayor gloria de la primera. Porque la grafología es una arte adivinatoria como la quiromancia, la lectura de los posos del café, el tarot, la astrología y otras.

La grafología es brujería

“La grafología es simplemente una rama de un grupo de prácticas pseudocientíficas conocidas como lectura de carácter. En varias épocas, los lectores de carácter han asumido que pueden abrir una ventana hacia nuestra arquitectura psicológica al interpretar los rasgos del rostro (fisiognomía), los pliegues en la mano (quiromancia), las protuberancias de la cabeza (frenología), la forma del ombligo (onfalomancia), las arrugas de la frente (metoposcopia), las hojas de té (taseografía), la dirección de rayos de luz reflejados en las uñas de la mano (onicomancia) y, nuestro favorito, la apariencia de pastelillos de albahaca (critomancia)”, explican los psicólogos Scott O. Lilienfield, Steven Jay Lynn, John Ruscio y Barry Beyerstein en su libro 50 grandes mitos de la psicología popular (2010). Y añaden que debe su inmerecida fama a “la confusión de los grafólogos con los examinadores de documentos cuestionados”, es decir, con los peritos calígrafos, que son expertos en determinar falsificaciones y autorías de documentos mediante el análisis de la caligrafía -cuando hablamos de manuscritos y firmas-, de las tintas, del papel… Un error en el que ha caído Europa Press.

En el segundo párrafo de la nota la agencia, se presentan la interpretación de la personalidad a través de la escritura y el peritaje caligráfico como variantes de una misma práctica. Un disparate. Sería como decir que la astrología y la astronomía son dos caras de una misma ciencia. O que lo son la alquimia y la química, la ufología y las astrobiología, la parapsicología y la psicología… No existe nada parecido a una interpretación científica de la personalidad por la escritura. Si hay empresas que usan la grafología en los procesos de selección de personal -que las hay-, igual es hora de empezar a denunciar esta práctica públicamente, ¿no creen? Porque es tan discriminatoria como elegirlos según el horóscopo, las líneas de la mano, la forma del cráneo o el color de pelo.

El resto de la nota Europa Press habla de lo que, según los grafólogos, dice nuestra letra de nosotros. Una bobada tras otra con el mismo fundamento que una lectura de las líneas de la mano. Los estudios controlados han demostrado que, si no cuentan con más información que la letra impresa, los grafólogos no aciertan sobre el autor de un texto más que los legos. Es decir, lo obvio. Cuando retratan a un personaje histórico por su escritura, los grafólogos dicen lo que ya todo el mundo sabe, sólo que lo disfrazan argumentando cosas como que las efes de Franco, Hitler, Mussolini, Pinochet y Stalin revelan su crueldad, y otras tonterías por el estilo. Y también hay grafólogos, como César Vidal -sí, también dice que es grafólogo-, que usan la interpretación de la escritura para insultar al enemigo político y decir de él -en este caso de José Luis Rodríguez Zapatero- que demuestra que es un “acomplejado”, un “torpe para relacionar ideas”, un “autoritario”, un “materialista descarnado”, un “receloso -e incluso envidioso- de la gente de talla”…

El ‘fake’ de la mujer con tres pechos y el periodismo gilipollas

La mujer con tres tetas y parte del documento en el que denuncia el robo de una maleta con, entre otras cosas, 'una prótesis de tres pechos'.

Una estadounidense se ha gastado 15.000 euros en ponerse un tercer pecho para hacerse famosa, cuentan multitud de medios desde hace días. Añaden que Jasmine Tridevil, una joven de Tampa (Florida), ahorró para ello durante dos años y más de 50 cirujanos se negaron a operarla antes de  que uno se prestara a ello, a cambio de que le exigiera que nunca revelaría su nombre. Si su detector de bulos se ha disparado al leer esa noticia, felicidades: la historia de la mujer con tres pechos es un fake, un montaje, un fraude.

jasmine-tridevil-com

Como explican en Snopes, el dominio jasminetridevil.com está a nombre de Alisha Golden, una masajista de Florida que es un clon de la mediática Jasmine Tridevil, si bien tiene sólo dos tetas. Además, la web TMZ ha conseguido un documento que demuestra el fraude. Fechado el 16 de septiembre de este año, es una denuncia presentada por Golden ante la Policía del aeropuerto de Tampa por el robo de una maleta negra de nailon que contenía, entre otras cosas, “una prótesis de tres pechos” valorada en 5.000 dólares, según la mujer.

La engañabobos es masajista y propietaria de Alisha Golden Touch, firma que en un directorio de empresas se presenta como “proveedora de bulos de Internet desde 2014″ y “especialista en masajes a mujeres con tres pechos”.

Otro éxito más del periodismo gilipollas.

La maldición de Aaron Ramsey, la muerte de Robin Williams y el periodismo gilipollas

Información sobre la maldición de Aaron Ramsey.“La muerte de Robin Williams agranda la maldición de Ramsey”, dice lainformacion.com. Y aclara en dos subtítulos la relación -si puede llamarse así- entre el futbolista del Arsenal y el actor fallecido : “Sus últimos cuatro tantos han precedido al fallecimiento de Osama Bin Laden, Steve Jobs, Muamar Gadafi y Whitney Houston”; “Este fin de semana anotó ante el Manchester y ayer conocíamos la noticia del fallecimiento del actor Robin Williams”. No es una inocentada; no estamos a 28 de diciembre.

Cuenta lainformación.com que “todo empezó el 1 de mayo de 2011 cuando Ramsey marcó ante el Manchester United. Al día siguiente Osama Bin Laden era ejecutado”. ¿Cree usted que fue casualidad? Para nada, según el autor, quien recuerda que Steve Jobs murió tres días después de otro gol de Ramsey, Muamar Gadafi al día siguiente de otro tanto y Whitney Houston tres cuartos de lo mismo. “Afortunadamente, Ramsey no es un goleador como Cristiano Ronaldo o Messi, porque de ser así la lista de famosos desaparecería rápidamente”, tranquiliza el redactor a sus lectores.

La maldición de Aaron Ramsey en la portada de 'lainformacion.com'.Ah, la noticia, que en la subportada de Deportes se equipara a la de que “Europol alerta de un posible atentado yihadista durante el Mundial de Basket”, acaba con ese mantra que parece legitimar la publicación de cualquier memez en los tiempos que corren: “Las redes sociales ya se han hecho eco de esta maldición y ha comenzado a circular imágenes de sus últimos goles junto con las fotos de los personajes famosos que perdieron la vida horas después de los tantos del inglés. Ya saben: cualquier tontería dicha en Twitter es noticia.

La maldición del futbolista galés ha merecido la atención, entre otros, de Azteca Deportes, donde dicen que “salvar un gol de Aaron Ramsey es salvar una vida”; Terra, que destaca que una de sus víctimas fue el dictador argentino Jorge Videla; y el portal deportivo Goal, que da la clave al precisar que, “si de los 40 goles que suma [Ramsey] en total en su carrera, en 9 ocasiones lo siguió una muerte, evidentemente una fuerza mayor lo persigue”. Dada la cantidad de famosos que hay en el mundo y que la muerte no tiene que ocurrir el mismo día que el gol ni al siguiente -se habla en varios de los casos de hasta tres días de demora-, y ni siquiera siempre, es muy fácil atribuir el fallecimiento de alguien conocido al furbolista del Arsenal. Sólo hace falta bucear en las necrológicas…

Que ahora recuerde, en las últimas semanas nos han dejado la actriz Marilyn Burns, la reina del grito (5 de agosto); el actor James Garner (19 de julio); la escritora Nadine Gordiner (13 de julio); el director de orquesta Lorin Maazel (13 de julio); la escritora Ana María Matute (25 de junio); el actor Eli Wallach (24 de junio)… y seguro que hay más. Los inventores de la maldición de Ramsey no han encontrado 40 víctimas para sus 40 goles sólo porque no se han puesto a buscar. Y lo mismo podrían hacer con cualquier otro futbolista.

Ya verán cómo en las próximas horas más medios se suman a este festival de la estupidez que es la maldición de Aaron Ramsey.

La OMS, la telefonía móvil y la salud: las mentiras de un antiantenas

Plácido González Nogueira, socio de la clínica viguesa Medicalmagnetic, asegura hoy en La Voz de Galicia que la Organización Mundial de la salud (OMS), el MInisterio de Sanidad y los tribunales consideran probado que las ondas de radiofrecuencia producen “alteraciones de sueño, depresión, trastornos nerviosos, cambios de humor, fatiga crónica, irritabilidad, migraña, dolores reumáticos y fibromialgia”. Lo dice al principio de una entrevista repleta, por su parte, de falsedades:

“-¿Cuáles son los principales problemas causados por las radiaciones electromagnéticas?

-Alteraciones de sueño, depresión, trastornos nerviosos, cambios de humor, fatiga crónica, irritabilidad, migraña, dolores reumáticos y fibromialgia, entre otros. Cada ser humano es un mundo. Cada vez gente más joven presenta pérdida de memoria, artritis y artrosis. Puede que las radiaciones sean la causa.

-¿Está probado que todo eso es producto de una exposición continuada a las radiaciones?

-Sí. No lo decimos sólo nosotros, lo dice la OMS, el Ministerio y algunas sentencias firmes. Se le está dando muy poca importancia en España y están causando graves problemas.”

¿Qué dice la OMS?

Plácido González Nogueira, en 'La Voz de Galicia'.La OMS reconocía, en una nota informativa en diciembre de 2005, que hay personas que aseguran sufrir problemas de salud por su exposición a los campos electromagnéticos y que los síntomas son no específicos (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…), pero pueden llegar a resultar discapacitantes. Sin embargo, concluía que “no existe una base científica para vincular los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos. Es más, la hipersensibilidad electromagnética no es un diagnóstico médico, ni está claro que represente un único problema médico”. Hipersensibilidad electromagnética es como llaman los colectivos antiantenas a un supuesto mal que hace que algunas personas padezcan una gran variedad de síntomas debidos, según ellas, a la exposición a las ondas de telefonía y de instalaciones inalámbricas, líneas de alta tensión…

En ese mismo documento, la OMS añadía que “la mayoría de los estudios indican que las personas con hipersensibilidad electromagnética no pueden detectar la exposición a los campos electromagnéticos con algo más de precisión que las personas que no muestran hipersensibilidad electromagnética. Estudios a doble ciego bien controlados y conducidos han mostrado que los síntomas no tienen correlación con la exposición a los campos electromagnéticos. Se ha sugerido que los síntomas experimentados por algunas personas con hipersensibilidad electromagnética podrían deberse a factores ambientales no relacionados con los campos electromagnéticos. Los ejemplos pueden incluir el parpadeo de luces fluorescentes, resplandores y otros problemas visuales con monitores de vídeo, y el pobre diseño ergonómico de los puestos de trabajo con ordenadores. Existen también algunas indicaciones de que estos síntomas podrían deberse a condiciones psiquiátricas preexistentes, así como a reacciones de estrés resultado de la preocupación acerca de los efectos para la salud de los campos electromagnéticos, más que a la exposición a los campos electromagnéticos en sí misma”.

En mayo de 2011, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, incluyó las emisiones de radiofrecuencia “como posible carcinógeno para los humanos” en el grupo 2B, el mismo que el café. Nadie en la comunidad científica se explicaba en aquel momento, ni se explica ahora, las razones de esa decisión cuando los propios autores del estudio reconocían que se basaban en pruebas limitadas e inadecuadas. La decisión de la IARC fue política y nunca ha habido pruebas científicas que la sustenten, como quedó demostrado cuando publicaron el correspondiente informe en la revista The Lancet Oncology. En nuestro país, el entonces secretario general de Sanidad, José Martínez; la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC); el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Emilio Alba, y el presidente de la Fundación Instituto Valenciano de Oncología (IVO), Antonio Llombart, no dieron crédito alguno a ese dictamen. Ni lo dan ahora. Y, más allá de nuestras fronteras, ha pasado tres cuartos de lo mismo.

John D. Boice y Robert E. Tarone, del Instituto Internacional de Epidemiología, una organización integrada por investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, decían en julio de 2011 que la decisión de la agencia de la OMS estaba basada en pruebas limitadas e inadecuadas, y destacaban que que varios miembros del grupo de trabajo de la IARC consideraban la evidencia insuficiente para la calificación de “posible cancerígeno”. “Visto en este contexto, «posiblemente cancerígenos» no es una señal para abandonar los teléfonos móviles y volver a los fijos. Más bien, es una señal de que hay muy poca evidencia científica en cuanto a la carcinogenicidad del uso del celular”, sentenciaban.

Tras el dictamen de la IARC, la OMS emitía otra nota informativa en junio de 2011 sobre los posibles efectos de la radiación de los móviles. Entre otras cosas, decía:

“La principal consecuencia de la interacción entre la energía radioeléctrica y el cuerpo humano es el calentamiento de los tejidos. En el caso de las frecuencias utilizadas por los teléfonos móviles, la mayor parte de la energía es absorbida por la piel y otros tejidos superficiales, de modo que el aumento de temperatura en el cerebro o en otros órganos del cuerpo es insignificante.

En varios estudios se han investigado los efectos de los campos de radiofrecuencia en la actividad eléctrica cerebral, la función cognitiva, el sueño, el ritmo cardíaco y la presión arterial en voluntarios. Hasta la fecha, esos estudios parecen indicar que no hay pruebas fehacientes de que la exposición a campos de radiofrecuencia de nivel inferior a los que provocan el calentamiento de los tejidos tenga efectos perjudiciales para la salud.

Además, tampoco se ha conseguido probar que exista una relación causal entre la exposición a campos electromagnéticos y ciertos síntomas notificados por los propios pacientes, fenómeno conocido como hipersensibilidad electromagnética.”

¿Qué dicen el Ministerio de Sanidad y otras Administraciones?

Un informe de 2001 del Ministerio de Sanidad español concluía, entre otras cosas, que “la percepción del riesgo de algunos sectores sociales, siendo legítima, no se corresponde con las evidencias científicas disponibles que no han observado ningún efecto adverso para la salud derivado de la exposición a campos electromagnéticos procedentes de estaciones base”. Más recientemente, un folleto de la Federación Española de Municipios y Provincias, que cuenta con el visto bueno de Sanidad, reitera que “hasta la fecha no se ha encontrado ninguna evidencia científica de que la emisión radioeléctrica asociada a las antenas, y dentro de los límites establecidos por la legislación, provoque efectos perjudiciales para la salud”; destaca la unanimadad de la OMS, todos los comités científicos y las autoridades sanitarias en que “no hay ninguna evidencia de que los campos electromagnéticos empleados por las antenas (estaciones base) tanto de telefonía móvil como de radio o televisión produzcan cáncer”; y llama la atención sobre el hecho de que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia “no se pueden oler, probar, tocar o escuchar, y esta incapacidad del ser humano para percibirlos puede favorecer que algunas personas les atribuyan efectos que las investigaciones no han demostrado”.

Formado por científicos y por iniciativa de la Universidad Complutense de Madrid, el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) pretende “aportar elementos de juicio, información y asesoramiento de carácter científico y técnico a las Administraciones públicas y al conjunto de la sociedad en los debates que pudieran generarse sobre cuestiones relativas a las radiofrecuencias y la salud”. El CCARS ha redactado varios estudios desde 2006 y, en enero de 2011, publicó el Informe sobre radiofrecuencias y salud (2009-2010). Entre otras cosas, dice:

1. Los estudios experimentales in vivo e in vitro indican que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia utilizados en telefonía móvil, y cuyos niveles se mantengan por debajo de los fijados por la Comisión Internacional para la Protección frente a la Radiación No-Ionizante (ICNIRP) y las recomendaciones de la UE, no son genotóxicos ni mutagénicos ni inducen apoptosis o muerte celular.

2. La evidencia actual de los resultados clínicos y epidemiológicos establece que no hay relación causal entre exposición a los campos de radiofrecuencia utilizados en la telefonía móvil y efectos adversos sobre la salud.

3. Interpretados globalmente los resultados de los estudios epidemiológicos sobre tumores cerebrales y uso del teléfono móvil estudios publicados hasta la fecha no demuestran un incremento del riesgo padecer tumores cerebrales en un período de uso de 10 años. Sin embargo, en algún estudio se ha observado algún ligero aumento del riesgo en el grupo de usuarios con niveles más elevados de horas acumuladas, aunque los errores y sesgos detectados en estos estudios impiden obtener establecer relaciones causales.

4. Con respecto a períodos superiores de exposición en adultos o a la situación de la población infantil y juvenil, no se dispone de datos suficientes, y es preciso recomendar un uso racional de esta herramienta.

5. Los estudios controlados sobre personas que se declaran como hipersensibles a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia de la telefonía movil (teléfonos y antenas) han demostrado que no existe relación causal entre la sintomatología que expresan estas personas y su exposición a este tipo de radiofrecuencia.

6. Cabe esperar que, si hubiera algún efecto derivado de la masiva exposición a la telefonía móvil, éste debería reflejarse en las tendencias de incidencia de tumores cerebrales. Estos cambios no se han observado en los estudios realizados en varios países.

7. Los niveles de exposición de la población española a los campos electromagnéticos de radiofrecuencias asociados a la telefonía móvil son muy inferiores a los límites marcados en las recomendaciones del ICNIRP, de la UE y de la normativa vigente. Sin embargo la población española se encuentra entre los europeos más preocupados con respecto a los efectos sobre la salud de la exposición a los campos electromagnéticos, por lo que se recomienda establecer medidas dirigidas a informar a los ciudadanos.

La falacia de la Justicia

N la OMS ni las autoridades sanitarias españolas -ni de ningún otro país de neustro entorno- han admitido nunca que las ondas de radiofrecuencia tengan efectos perjudiciales sobre la salud. Sin embargo, González Nogueira, quien se presenta como experto en biomagnética, dice lo contrario y habla, además, de “algunas sentencias firmes” que apoyarían esa afirmación, como si lo que decida un juez tuviera validez científica. No, no es así. Si mañana un juez chiflado, que también los hay, dictamina que la Tierra no gira alrededor del Sol, nada cambiará, no habrá sido derrumbada la teoría heliocéntrica. Por eso mismo, que un juez dé la incapacidad laboral a una mujer porque vive en infierno por su creencia en la maldad de las ondas de radiofrecuencia no significa que el magistrado avale la existencia de la hipersensibilidad electromagnética, sino que considera que esa persona no está en condiciones físicas y, sobre todo, mentales de trabajar.

El resto de la entrevista a González Nogueira es más de lo mismo. Presidente de la Asociación Informativa Independiente sobre la Radiación Electromagnética y autor de un libro titulado Los efectos de las radiaciones electromagnéticas y cómo prevenirlas, mantiene, por ejemplo, que la exposición a las ondas de radiofrecuencia puede “desembocar en patologías neurodegenerativas”, aunque no haya ningún estudio que lo demuestre, y se saca de la manga un experimento que mete mucho miedo. “Colocamos dos grupos de cien ratones: uno expuesto las 24 horas a varios móviles cargándose y otro sin nada. A los dos meses, la mitad de los expuestos a los móviles murieron de manera violenta, a veces agrediéndose entre ellos. Otros presentaron altos niveles de hiperactividad”, dice. Terrible. Sólo tiene un pequeño fallo: ¿quiénes hicieron el experimento?, ¿dónde?, ¿en qué revista científica lo han publicado? Me da que ese experimento es tan real como las afirmaciones de González Nogueira sobre la OMS, el Ministerio de Sanidad y el peligro de los móviles.