Grafología

La astrología explica la inestabilidad política española, según ‘El Mundo’

Arranque del reportaje astrológico de 'El Mundo' sobre la situación política española.Una doble página dedicaba el domingo el diario El Mundo a analizar la situación política española desde el punto de vista de la astrología. Sí, ha leído bien, de la astrología. En 2016, un periódico español consulta las estrellas para ver cuándo tendremos un nuevo Ejecutivo. “No habra Gobierno ¡¡por Saturno!!”, se titula el disparate, firmado por el astrólogo Vicente Cassanya. “El triángulo que configuran Neptuno, Saturno y la Tierra marca un tiempo de alta inestabilidad política”, afirma el augur, quien añade que “habrá crisis hasta final del 2017″, cuando Rajoy pasará a la Historia. “Podríamos decir que Mariano Rajoy encarna a Saturno, Pedro Sánchez a Neptuno y Albert Rivera a la Tierra… Todo ellos y el líder de Podemos nacieron marcados por el ciclo Saturno-Neptuno, algo excepcional“, escribe Cassanya. Para él, “estamos en el ciclo maldito de los planetas”.

No merece la pena pararse a analizar nada. Son dos páginas de sinsentido astrológico, como lo serían si estuvieran dedicadas a la firma de los líderes políticos o la forma de sus caras. Cito la grafología y la morfopsicología porque son las dos artes adivinatorias, junto con la astrología, con las que más frecuentemente hacen el ridículo los grandes medios en periodos electorales. Supongo que el diario madrileño no ha consultado las entrañas de aves por miedo a la reacción de los animalistas.

Hubo un tiempo en el que El Mundo se llamó El Mundo del siglo XXI. Está claro que le sobraba una equis.

La RAE se traga el timo de la grafología en el IV centenario de Cervantes

Portada de 'Autógrafos de Miguel de Cervantes Saavedra', un facsímil de Círculo Científico.La grafología ha entrado por la puerta grande en la celebración del IV Centenario de la muerte de Cervantes gracias al libro Autógrafos de Miguel de Cervantes Saavedra, un facsímil de Círculo Científico del que sólo se han editado 1.616 ejemplares a 616 euros cada uno. La obra, cuya publicación está apoyada por la Marca España, reúne doce manuscritos no literarios del autor de El Quijote entre los 34 y 56 años, e incluye un prólogo de Darío Villanueva, director de la Real Academia Española (RAE) y textos de los filólogos José Manuel Lucía y Juan Gil, la paleógrafa Elisa Ruiz García y la grafóloga Sandra María Cerro, que habla de la personalidad según su caligrafía.

Dice esta última en su web que, al analizar la letra de Cervantes, ha descubierto a un hombre “impetuoso, pasional y apasionado, extremadamente inteligente y con una gran capacidad de resurgir entre sus propias cenizas. Creativo y con golpes de ingenio sorprendentes, era un hombre dinámico, puro nervio en acción, un caballero andante entusiasta y optimista, que no perdía de vista sus sueños. A día de hoy, sería un emprendedor nato, a quien seguramente, como le sucedió entonces, el éxito recompensaría su incesante esfuerzo por trabajar, avanzar, crecer y, sobre todo, confiar”.

Cervantes “era un nervio vivo, un hombre dinámico, activo y poco amante de la rutina”, contaba la grafóloga en el acto de presentación del libro en la RAE el 28 de enero. “Al comienzo de los textos no deja entrever emociones, pero a partir de la quinta línea se deja llevar por la pasión. Tenía gran capacidad de resiliencia, era rápido de ideas y el singular uso de las letras bajas, como la g, revela su pulsión sexual”, aseguraba. “Tiene una tendencia a inclinar las letras hacia la derecha. Eso implica sociabilidad y afectividad. La pasión le salía a borbotones”, explicaba el pasado sábado en Antena 3 Noticias, cuando supe de esta historia. Añade Cerro en su web que ella ha desnudado, a través de la caligrafía, “su personalidad, sus emociones y sus pasiones, de las que él mismo no deja atisbo alguno en el relato de su herencia manuscrita”. Esto último le da carta blanca para decir lo que le venga en gana, que siempre que case con lo que se sabe o se intuye del personaje parecerá que tiene razón y se fundamenta en datos objetivos, cuando no es así.

Arte adivinatoria

Los practicantes de la grafología dicen que pueden deducir la personalidad de alguien a partir de cómo escribe. Algunos de ellos van más allá y sostienen que, si modificamos la letra, modificamos la personalidad.  Lo llaman grafoterapia. ¿Se imaginan lo barato y socialmente beneficioso que sería que bastara con enseñar a escribir como es debido a los delincuentes para que se convirtieran en ciudadanos modelo? La grafología se utiliza, a veces, en el sector de la selección de personal para evaluar la idoneidad del candidato. La propia Cerro explicaba el domingo en El País que un test grafológico “permite analizar la personalidad integral de la persona, no sólo su carácter o temperamento, sino también sus emociones, actitud ante la vida y hasta su estado anímico en el momento de escribir”, y añadía que ayuda a descartar a candidatos cuya letra revele “falta de integridad personal o un perfil inestable y deshonesto”.

Manuscrito de Cervantes.Ningún medio ni crítico literario ha salido al paso de lo vergonzoso que resulta que la RAE y la Marca España avalen la grafología como si se tratara de una disciplina cientítfica cuando es pura y llanamente pseudociencia. Charlatanería. Y da igual que la practique un psicólogo que el brujo de la esquina. “La grafología es simplemente un rama del grupo de prácticas pseudocientíficas conocido como lectura de caracteres“, explican los psicólogos Scott O. Lilienfield, Steven Jay Lynn, John Ruscio y Barry Beyerstein en su muy recomendable libro 50 grandes mitos de la psicología popular (2010). Ese tipo de prácticas pseudocientíficas incluye la quiromancia, la frenología, la morfopsicología, la dactilopsicología, la lectura de la uñas y otras técnicas supuestamente adivinatorias. Teniendo en cuenta que la grafología es brujería, si me descartaran en un proceso de selección de personal por mi caligrafía, denunciaría al grafólogo, a la empresa de reclutamiento y a la firma que la hubiera contratado. Porque privar a alguien de un puesto de trabajo por su letra es como hacerlo por el color de piel.

En todas las pruebas científicamente controladas, los grafólogos han dejado claro que son incapaces de deducir la personalidad y el rendimiento laboral de alguien a partir de su escritura. Aciertan como usted o yo si les presentan un manuscrito y les dicen: “Es un texto de Cervantes. ¿Qué ve en él?”. Entonces, dicen lo que diría cualquiera del personaje y, si se les da tiempo, se documentan para adaptar su veredicto grafológico a lo que ya se conoce e intuye por otras vías. Sin embargo, cuando se enfrentan a una letra sin pistas sobre su autoría, las cosas cambian y no dan una, como otros adivinos en circunstancia similares. “Buena parte de la inmerecida reputación positivas de la grafología se basa en la confusión de los grafólogos con los examinadores de documentos cuestionados (EDC). Un EDC [o perito calígrafo] es un investigador científicamente preparado para hacer un peritaje, del que se sirven luego historiadores, coleccionistas o tribunales, acerca de sus orígenes y la autenticidad de un documento escrito. Los EDC determinan la probabilidad de que un individuo determinado haya escrito el documento en cuestión; no hacen ningún juicio acerca de la personalidad”, explican Lilienfield, Lynn, Ruscio y Beyerstein. Confundir a un perito calígrafo con un grafólogo es el equivalente a llamar astrólogo a un astrónomo.

La propia RAE define la grafología como “arte que pretende averiguar, por las particularidades de la letra, cualidades psicológicas de quien la escribe”. No dice ciencia, sino arte y añade que pretende; a la definición sólo le falta el adjetivo advinatoria detrás de arte para ser perfecta. Es triste que la RAE haya caído en las redes de la grafología y que esta pseudociencia contamine una obra que recoge los doce únicos textos autógrafos conocidos del autor de El Quijote. Y penoso que en algunos medios se dé publicidad al engendro sin el menor atisbo de crítica y se hablen de él como algo de lo que tenemos que estar orgullosos.

Grafólogos usan fraudulentamente el nombre del CSIC para promocionar un congreso pseudocientífico

Los organizadores del VI Foro internacional de grafología, psicología del rostro y lenguaje corporal están usando fraudulentamente el nombre del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) -lo llaman Centro Superior de Investigación Científica en su publicidad- para promocionar las jornadas. El encuentro se celebrará el 25, 26 y 27 de febrero en Barcelona, y sus organizadores afirman en los anuncios que tendrá lugar en el CSIC, en el número 64 la calle Hospital. El mensaje de correo que están enviando a los medios de comunicación dice:

Los próximos días 25,26 y 27 de febrero se celebrará en Barcelona en el Centro Superior de Investigación Científica (CSIC) el primer congreso en España de lenguaje corporal, psicología del rostro y grafología como ciencia.

Cartel del VI Foro internacional de grafología, psicología del rostro y lenguaje corporal, con la referencia al CSIC.“No cuentan con el apoyo del CSIC, ni se les ha cedido ningún local. Les hemos pedido que quiten el nombre del CSIC de la publicidad porque no queremos que aparezca vinculado a la pseudociencia”, me ha comentado un portavoz de la entidad. El inmueble que acoge el encuentro es un edificio propiedad del CSIC que funciona como residencia de investigadores y gestiona una empresa privada. Fue esta última la que dio el permiso de uso a los organizadores del congreso de grafología creyendo que era un encuentro científico como otros que tienen lugar en sus locales. Sin embargo, tras enterarse de la naturaleza real de la reunión -en la que se hablará de cosas como “la simbología de la firma” y “la psicología del rostro”- y de que sus promotores estaban usando el nombre del CSIC engañosamente, se ha retirado el permiso y el encuentro pseudocientífico ya no se celebrará en la residencia de investigadores.

Los practicantes de la grafología aseguran que pueden deducir el carácter de una persona a partir de cómo escribe, de si las mayúsculas son muy grandes, las letras van separadas, las líneas se inclinan hacia uno u otro lado… En vez de leer la personalidad en las líneas de la mano, la leen en la letra manuscrita. No hay que confundirlos con los peritos calígrafos, los expertos forenses que certifican, por ejemplo, si alguien es el autor o no de un manuscrito que se le atribuye. Los morfopsicólogos, por su parte, pretenden deducir la personalidad a partir de los rasgos faciales. Grafología y morfopsicología son artes adivinatorias, como la quiromancia, la lectura de los posos del café, el tarot, la astrología y otras.

No es la primera vez que ocurre algo así. En otoño de 2012, los organizadores del congreso pseudocientífico Historia, mitos y leyendas en el arte, que se celebró en Sevilla el 1 y 2 de diciembre, promocionaron el acto en Internet como si contaran con el respaldo del CSIC. El encuentro, en el que iban a participar un zahorí, un investigador de fenómenos forteanos y el conductor de un programa de radio pseudocientífico, entre otros, no contaba con ningún apoyo del CSIC.

La grafología, Europa Press y ’20 Minutos': presentando como ciencia una arte adivinatoria

Mezcla mentiras con verdades y las primeras saldrán ganando. Es algo que ya explotaron Louis Pauwels y Jacques Bergier en la revista Planète, donde en los años 60 mezclaban ciencia y ciencia fición con pseudociencia en beneficio de esta última, y que en la actualidad rentabilizan Iker Jiménez, en Cuatro y la Cadena SER, y Bruno Cardeñosa, en Onda Cero, con la complicidad de científicos y divulgadores poco escrupulosos. Así consiguen los promotores poner al mismo nivel ante su público el conocimiento científico que la última posesión demoniaca o secuestro extraterrestre.

Reportaje sobre la grafología publicado bajo el epígrafe de 'ciencia' en '20 Minutos'.Un ejemplo de esa práctica, habitual en el mal llamado periodismo del misterio, lo dio el viernes la agencia Europa Press en un reportaje titulado “Enséñame cómo escribes y te diré cómo eres”, dedicado a la grafología. El autor presenta esa práctica como “el estudio del carácter y psicología de una persona a través de los rasgos de su escritura, lo que incluye su letra. Hay una serie de parámetros generales que se desprenden de esta ciencia y que sirven para conocer la personalidad de una persona más a fondo”. Según 20 Minutos, que ha publicado el reportaje bajo el epígrafe de ciencia, la grafología “revela el carácter y la psicología de una persona y tiene múltiples usos: selección de personal, justicia…”; “el tamaño de la letra, la existencia de márgenes, la direcciónde las líneas, la curvatura de las letras o el orden y la limpieza revelan rasgos de la personalidad”; y “la firma también es muy reveladora: poner o no los apellidos, cerrar con un círculo la firma o poner punto final dicen mucho del autor”.

El segundo párrafo de la nota merece un lugar de honor en los anales del periodismo gilipollas. Dice:

“La grafología es muy práctica ya que se usa con frecuencia en el ámbito laboral y tiene múltiples usos: se utiliza para la selección de personal, ya que ayuda a conocer las aptitudes y posibilidades de cada sujeto para un puesto de trabajo; se usa también para llegar a determinar la mano autora de firmas presuntamente falsificadas o anónimas; y sirve incluso para conocer rasgos de personajes históricos. De hecho, esta técnica, está reconocida en los tribunales de justicia para su uso”.

Cualquiera que, sin saber más, lea ese párrafo concluirá que la grafología es una ciencia porque, si no, no se usaría en la selección de personal y para autentificar firmas. De hecho, todos hemos visto anuncios de empleo en los que se pide al currículo a mano y noticias en las que expertos se pronuncian sobre la autenticidad de una firma achacada a alguien. Pero es que ese párrafo es un revoltijo al estilo de Planète, Cuarto milenio y La rosa de los vientos. Mezcla pseudociencia y ciencia -grafología y peritaje caligráfico- a mayor gloria de la primera. Porque la grafología es una arte adivinatoria como la quiromancia, la lectura de los posos del café, el tarot, la astrología y otras.

La grafología es brujería

“La grafología es simplemente una rama de un grupo de prácticas pseudocientíficas conocidas como lectura de carácter. En varias épocas, los lectores de carácter han asumido que pueden abrir una ventana hacia nuestra arquitectura psicológica al interpretar los rasgos del rostro (fisiognomía), los pliegues en la mano (quiromancia), las protuberancias de la cabeza (frenología), la forma del ombligo (onfalomancia), las arrugas de la frente (metoposcopia), las hojas de té (taseografía), la dirección de rayos de luz reflejados en las uñas de la mano (onicomancia) y, nuestro favorito, la apariencia de pastelillos de albahaca (critomancia)”, explican los psicólogos Scott O. Lilienfield, Steven Jay Lynn, John Ruscio y Barry Beyerstein en su libro 50 grandes mitos de la psicología popular (2010). Y añaden que debe su inmerecida fama a “la confusión de los grafólogos con los examinadores de documentos cuestionados”, es decir, con los peritos calígrafos, que son expertos en determinar falsificaciones y autorías de documentos mediante el análisis de la caligrafía -cuando hablamos de manuscritos y firmas-, de las tintas, del papel… Un error en el que ha caído Europa Press.

En el segundo párrafo de la nota la agencia, se presentan la interpretación de la personalidad a través de la escritura y el peritaje caligráfico como variantes de una misma práctica. Un disparate. Sería como decir que la astrología y la astronomía son dos caras de una misma ciencia. O que lo son la alquimia y la química, la ufología y las astrobiología, la parapsicología y la psicología… No existe nada parecido a una interpretación científica de la personalidad por la escritura. Si hay empresas que usan la grafología en los procesos de selección de personal -que las hay-, igual es hora de empezar a denunciar esta práctica públicamente, ¿no creen? Porque es tan discriminatoria como elegirlos según el horóscopo, las líneas de la mano, la forma del cráneo o el color de pelo.

El resto de la nota Europa Press habla de lo que, según los grafólogos, dice nuestra letra de nosotros. Una bobada tras otra con el mismo fundamento que una lectura de las líneas de la mano. Los estudios controlados han demostrado que, si no cuentan con más información que la letra impresa, los grafólogos no aciertan sobre el autor de un texto más que los legos. Es decir, lo obvio. Cuando retratan a un personaje histórico por su escritura, los grafólogos dicen lo que ya todo el mundo sabe, sólo que lo disfrazan argumentando cosas como que las efes de Franco, Hitler, Mussolini, Pinochet y Stalin revelan su crueldad, y otras tonterías por el estilo. Y también hay grafólogos, como César Vidal -sí, también dice que es grafólogo-, que usan la interpretación de la escritura para insultar al enemigo político y decir de él -en este caso de José Luis Rodríguez Zapatero- que demuestra que es un “acomplejado”, un “torpe para relacionar ideas”, un “autoritario”, un “materialista descarnado”, un “receloso -e incluso envidioso- de la gente de talla”…