Conspiraciones

Los ‘chemtrails’ no existen, dicen los principales científicos atmosféricos del mundo

Un avión con sus estelas de condensación. Foto: Mick West.Para los principales científicos atmosféricos, los chemtrails no existen, revela una encuesta cuyos resultados publica Environmental Research Letters. Químicos y geoquímicos atmosféricos coinciden, en el primer artículo sobre la materia en una revista con revisión por pares, en que esas estelas que algunos consideran la prueba de un programa de geoingeniería a escala global pueden explicarse fácilmente por procesos químicos y físicos conocidos relacionados con las estelas de condensación de los aviones y los aerosoles, entre otros factores

Chemtrails es como los conspiranoicos llaman a lo que consideran una variante de los contrails, las estelas de condensación que se forman detrás los aviones que vuelan a unos 10.000 metros cuando el vapor de agua que sale de sus motores se congela y los cristalitos de hielo dan lugar a un haz blanco. Los partidarios de la teoría de la conspiración consideran los chemtrails  una prueba de que nos fumigan para -elija lo que usted quiera- esterilizarnos, contagiarnos enfermedades, modificar nuestro ADN, alterar el clima, controlar nuestras mentes o cualquier otra cosa por el estilo.

En 2011, el 16,6 % de los 3.0105 participantes en una encuesta realizada en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido daba por cierta la existencia de un programa d efumigación  a escala planetaria. “Descubrimos que un 2,6% de los sujetos creen que es completamente cierto que el Gobierno tiene un programa secreto que usa aviones para dispersar sustancias químicas nocivas en el aire, y que un 14% cree que eso es parcialmente verdad. La distribución no varía sustancialmente en los tres países”, explicaban hace cinco años A.M. Mercer y sus colaboradores en Environmental Research Letters.

Rechazo rotundo

Investigadores del Centro Carnegie para la Ciencia, la Universidad de California y la organización sin fines de lucro Near Zero han preguntado ahora a 77 químicos y geoquímicos de primera línea si para ellos hay pruebas de un programa de fumigación de ese tipo mediante chemtrails y 76 han dicho que no. Esos científicos han añadido que las presuntas pruebas presentadas por los partidarios de la conspiración no son tales y pueden explicarse fácilmente como estelas de condensación de aviones.

Los expertos encuestados “rechazan rotundamente” que las fotos de estelas demuestren al existencia “de una conspiración atmosférica a gran escala”, ha indicado Steven Davis, de la Universidad de California y uno de los autores del trabajo. Los científicos que han respondido a la encuesta alertan, además, de que los métodos de toma de muestras que siguen los partidarios de la teoría de la fumigación estarían en el origen de resultados erróneos que alimentarían su visión conspiranoica:

“A pesar de la persistencia de las teorías erróneas acerca de los programas de pulverización de sustancias químicas en  la atmósfera, hasta ahora no se habían hecho estudios revisados por pares académicos mostrando que lo que algunas personas piensan que son estelas químicas son sólo estelas normales. Las estelas son cada vez más abundantes por el aumento del transporte aéreo. Además, es posible que el cambio climático esté haciendo que las estelas persistan durante más tiempo que el que solían”, ha explicado Ken Caldeira, del Centro Carnegie para la Ciencia y coautor del trabajo.

Los platillos volantes de Franco, en Radio Vitoria

Pilar Ruiz de Larrea y yo hablamos el lunes sobre los platillos volantes de Franco, en la trigésima séptima entrega de la temporada de mi colaboración semanal en El mirador, en Radio Vitoria.

Eduardo Garzón borra de su ‘timeline’ seis tuits ‘conspiranoicos’ sobre el 11-S

Tuits conspiranoicos sobre el 11-S de Eduardo Garzón.Eduardo Garzón, hermano del líder de IU, borró ayer de su cuenta de Twitter seis viejos mensajes en los que daba pábulo a las teorías conspiranoicas sobre el 11-S, confirmaron ayer varios usuarios de esa red social. El asesor del área de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid había publicado los tuits el 11 de septiembre de 2011, décimo aniversario de los ataques contra Nueva York y Washington. Se hacía eco en ellos del contenido del artículo “Cinco grandes mentiras sobre el 11-S”, de Renán Vega, publicado en la web Rebelión.

Vega sostiene en ese texto que los medios de comunicación son “como loros amaestrados” que repiten “la versión oficial” del 11-S “sin cuestionarla lo más mínimo y dándola por cierta”. Esto ya debería llevar al escepticismo a cualquiera: ¿todos los medios de comunicación participando en una conspiración y ninguno se desmarca y saca pruebas concluyentes de ese fraude planetario? El razonamiento de partida es tan ridículo como el de los antivacunas y homeópatas que acusan a la medicina oficial de ocultar la verdad. Aunque no es objeto de estas líneas analizar lo que dice el autor del artículo de Rebelión, voy a comentar uno de los puntos para que vean el rigor del autor.

Si quieren comprobar cómo lo que dice Vega se parece a la realidad tanto como Cuarto milenio, les recomiendo el libro Debunking 9/11 myths. Why conspiracy theories can’t stand up to the facts (Desmontando los mitos del 11-S. ¿Por qué las teorías de la conspiración no aguantan los hechos?, 2006), que resume una investigación del equipo de la revista Popular Mechanics de la que hay una versión en línea. En ese trabajo podrán ver, por ejemplo, cómo miente al afirmar que el derrumbamiento del World Trade Center fue consecuencia de demoliciones controladas porque “diversos estudios han concluido que era físicamente imposible que las torres se fueran al piso como resultado del choque (de los aviones), porque las temperaturas que se produjeron tras el impacto no alcanzaron el nivel necesario para fundir o debilitar la estructura de acero que sostenía los edificios, y porque, salvo las demoliciones controladas, nunca antes ni después se había visto una caída libre en la que los pisos inferiores, con todo su peso en hormigón y acero, no ofrecen ninguna resistencia a los pisos de arriba”. La realidad es que los 37.000 litros de combustible de cada uno de los aviones ardieron a entre 1.100º C y 1.200ºC, mientras que para fundir acero se necesitan 1.510º C, pero el acero pierde ya resistencia a sólo 400º C y, si el fuego alcanza los 1.000º C, sólo retiene el 10% de su fortaleza original. Así que, en cuanto se empezaron a debilitar las estructuras, ya dañadas por los choques, el colpaso final de los dos rascacielos era algo previsible.

Cartel de un acto electoral protagonizado por Eduardo Garzón.El problema no es tanto que Vega alimente la conspiranoia -hay más gente que lo hace- como que alguien como Eduardo Garzón, referente para cierto sector de la izquierda, asuma acríticamente esas ideas, como se deduce de los tuits borrados. El economista borró ayer esos mensajes justo después de que los recuperara un tuitero en un pantallazo que vi por casualidad. Inmediatamente, mandé el siguiente mensaje público a Garzón: “Hola, @edugaresp, ¿estos tuits son tuyos y los has borrado? Si es así, ¿sigues pensando eso del 11S?” (incluía el pantallazo). Ante su silencio, le dije una hora después: “Hola, @edugaresp. Te empiezo a seguir para que respondas a mi anterior pregunta por privado si así lo prefieres. Saludos”. Veinticuatro horas después, no he recibido ninguna respuesta de Garzón, que, sin embargo, ha estado activo en Twitter.

Por si no hubiéramos tenido suficiente con un PP que durante años ha respaldado la conspiración del 11-M apoyado por algunos medios de comunicación, hay cierta izquierda española que, quizás llevada por el antiamericanismo, hace lo propio sobre el 11-S. Y es que la estupidez no conoce fronteras ideológicas. Recuerden, por ejemplo, cómo en 2013 Beatriz Talegón, entonces secretaria general de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas, planteaba que “detrás del 15-M puede estar la derecha” y cómo llegó a creerse que el falso documental Operación Palace demostraba que el golpe de Estado del 23-F fue un montaje de la clase dirigente para afianzar la democracia.

Los platillos volantes nazis de Franco

Titular de 'The Gazette' de 1947 que relaciona a Franco con los platillos volantes.“Tres científicos alemanes que trabajan bajo el patrocinio personal del Generalísimo Francisco Franco han desarrollado dos armas de guerra muy avanzadas, según las especificaciones y los planos sacados de España por un agente de una organización espía europea independiente”, contaba Lionel Shapiro en el periódico canadiense The Gazette el 4 de noviembre de 1947. Una de las armas, añadía el corresponsal en Ginebra del diario de Montreal, era “un cohete electromagnético que, se supone, es el responsable de los platillos volantes vistos sobre el continente norteamericano el pasado verano y de uno o quizá dos accidentes hasta ahora inexplicados de aviones de transporte”.

El verano de 1947 fue muy movido en los cielos de Estados Unidos. El 24 de junio, Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios, volaba en su avioneta de Chehalis a Yakima (Washington) cuando se desvió durante una hora de su ruta para buscar un avión militar de transporte accidentado cerca del monte Rainier. Ofrecían 5.000 dólares de recompensa por su localización. Después de un sobrevuelo infructuoso del volcán, decidió disfrutar del paisaje. “El aire estaba tan limpio aquel día que era un verdadero placer volar y, como la mayoría de los pilotos hacen cuando el aire está así y vuelan a una gran altitud, puse mi avión rumbo a Yakima, que estaba casi al este de mi posición, y simplemente me senté a observar el cielo y el terreno”, recordaba meses después en la revista Fate.

La primera oleada ovni

Kenneth Arnold posa junto a su avioneta poco después de haber visto nueve ovnis cerca del monte Rainier. Foto: AP.Poco antes de las 15 horas, varios destellos llamaron su atención y vio en las inmediaciones del monte Rainier nueve objetos extraños en formación. “Volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua”, y a gran velocidad. Cuando al final del día aterrizó en Pendleton (Oregon), intentó informar del suceso al FBI. Estaba convencido de que eran “algún nuevo invento del Gobierno en la línea de misiles guiados”. Pero la oficina local de la agencia estaba cerrada. Acabo contando lo que había visto a dos periodistas del diario East Oregonian, Nolan Skiff y Bill Bequette. El primero escribió la información, y el segundo la editó y encajó en la portada del periódico del día siguiente.

El segundo párrafo del texto de la primera página del East Oregonian del 25 de junio de 1947 comenzaba diciendo: “Él [Arnold] dijo haber visto a las 15 horas de ayer nueve aeronaves con forma de platillo que volaban en formación, muy brillantes -como si fueran de níquel- y volando a inmensa velocidad”. Nada más acabar de redactar la información, Bequette preparó otra versión para la agencia AP, que empezaba: “Nueve objetos brillantes con forma de platillo volando «a increíble velocidad» a 10.000 pies de altura han sido vistos hoy por Kenneth Arnold, de Boise (Idaho), piloto que ha dicho que no puede aventurarse a decir qué eran”. El problema era que los objetos no tenían forma de platillo, sino de bumerán, aunque a partir de entonces se vieron platillos volantes.

A finales de junio se registraban en Estados Unidos una docena de avistamientos diarios y, el 6 y 7 de julio, más de 150 al día. El 8 de julio, el Ejército anunció que había recuperado un platillo volante accidentado en Roswell (Nuevo México). Y el 1 de agosto dos oficiales del servicio de inteligencia de la Fuerza Aérea morían al estrellarse el bombardero B-25 en el que volvían a California de investigar un caso en el estado de Washington. La primera oleada de platillos volantes se saldó con más de 850 avistamientos en Estados Unidos entre junio y julio de 1947. Nadie buscaba entonces el origen de aquellos objetos fuera de la Tierra. Nadie hablaba de extraterrestres. Lo que temían tanto en la calle como en el Pentágono era que aquellos objetos fueran armas de alguna potencia enemiga. España no era una gran potencia, pero la simpatía de Franco por Hitler y la sospecha de que, tras la Segunda Guerra Mundial, daba refugio a científicos y criminales nazis la convertían  en uno de los posibles focos irradiadores de los platillos volantes.

Un amenaza de este mundo

Portada del primer número de la revista 'Fate', dedicada al caso de Kenneth Arnold.Shapiro aseguraba en The Gazette que las grandes potencias estaban convencidas de que todas las pistas conducían a Franco. “Según la información disponible, las armas habían sido desarrolladas en laboratorios secretos localizados cerca de Marbella”; el cohete había sido bautizado como KM2 -por sus inventores alemanes Knoh y Mueller- y probado en la costa de Málaga ante la atenta mirada del dictador desde su yate; y el proyectil nuclear había sido disparado en aguas de Baleares “desde cañones montados en un dragaminas español”. El corresponsal llamaba la atención sobre el hecho de que “Franco desapareció de Madrid varias veces en primavera y a comienzos del verano, y cuando volvía se decía que había estado pescando en su yate”.

Añadía que “el agente que sacó los planos de España” había presenciado esas pruebas y que el cohete, con un alcance de 16.000 kilómetros, se controlaba por radio, era “atraído por las vibraciones eléctricas de los aviones o el magnetismo de la masa de metal más cercana” y explotaba al entrar en contacto con el objetivo. El espía aseguraba que “los cohetes se habían lanzado hacia Norteamérica y que eran responsables de uno y probablemente dos accidentes de aviones de transporte (en Estados Unidos) que, a falta de mejor explicación, se habían achacado a defectos estructurales”.

Según Shapiro, la salida al mercado de los planos de las armas había provocado un aumento en la actividad de los espías en las capitales europeas como no se registraba desde el final de la guerra, con “grandes sumas de dinero y hasta amenazas de muerte en las negociaciones” por hacerse con los documentos. El material había sido ofrecido a “tres de las grandes potencias” y, hasta su venta, estaba depositado “en una cámara bancaria en una oscura ciudad del sur de Europa”.

Titular de 'The Pittsburgh Press' de 1947 que relaciona a Franco con los platillos volantes.Vista desde la distancia, la historia de los platillos volantes de Franco -que publicaron numerosos diarios estadounidenses- tiene todas las pintas de ser el típico bulo que le sirve a un periodista que cobra a pieza para sacarse un dinero, si es que no se lo ha inventado él. De hecho, el propio Shapiro advertía al final de la información: “Este corresponsal, que no es ni un agente secreto ni un experto técnico, ha presentado los hechos como los ha conocido. Podría haber desechado la historia como otro más de los muchos rumores que circulan por Europa. Pero pronto se hizo evidente que las secciones de inteligencia militar presentes en Europa dieron gran credibilidad a los informes y a la existencia de las armas, después de contrastarlos con sus propias informaciones”. Nadie más llegó a la misma conclusión que el periodista canadiense, y el asunto cayó pronto en el olvido hasta para la naciente prensa paranormal.

En la primavera de 1948 llegó a los quioscos la revista Fate, dirigida por Ray Palmer. Su primer número estaba dedicado casi en su integridad al naciente fenómeno de los platillos volantes e incluía un texto de Arnold en el que relataba su avistamiento. Pues bien, sólo en un artículo sin firma, titulado “The mystery of the flying disks” (El misterio de los discos volantes) y presumiblemente escrito por Palmer, se cita de pasada la historia de Franco, los nazis y las nuevas armas, diciendo que “parece haber buenas razones para sospechar que varios aviones de línea accidentados podrían haber sido abatidos después de todo” y atribuyéndosela a un tal David Shapiro. En ese número inaugural de Fate, revista de la que son copia todas la paranormales que hoy hay en el mercado, no se cita el caso de Roswell, lo que demuestra que ni los autores más sensacionalistas -Palmer era uno de ellos- le dieron en su tiempo el mínimo crédito.