Más de la mitad de los ovnis vistos en EE UU en los años 50 y 60 fueron aviones espía, según la CIA

«Los vuelos del U-2 y del Oxcart fueron responsables de más de la mitad de todos los avistamientos de ovnis de finales de los años 50 y los años 60″, se asegura en un informe de la CIA redactado en 1992 que acaba de desclasificarse. En el estudio, titulado The Central Intelligence Agency and overhead reconnaissance (La Agencia Central de Inteligencia y el reconocimiento aéreo), el Gobierno de Estados Unidos habla por primera vez abiertamente de cómo y por qué se creó el Área 51, la base militar secreta del lago seco Groom (Nevada) desde donde han despegado sus más avanzados aviones espía desde 1955.
Mapa de la CIA del lago Groom, con la primera referencia al Área 51.El nuevo informe desclasificado no es el primer reconocimiento oficial de las operaciones de la base del lago Groom. Washington ya admitió la existencia del complejo militar de Nevada en abril de 2000, cuando una compañía estadounidense publicó en Internet fotos de las instalaciones tomadas por satélite. En las imágenes se veían hangares, pistas de aterrizaje, carreteras y canchas deportivas; el corazón de un complejo militar de unos 155 kilómetros cuadrados. “Tenemos ahí un centro de operaciones; pero el trabajo es materia clasificada”, dijo entonces Gloria Gales, portavoz de la Fuerza Aérea. “Mucha gente de mi Administración estaba convencida de que Roswell era un fraude, pero creía que lo de ese lugar de Nevada [el Área 51] iba en serio, que había allí un artefacto alienígena. Así que mandé a alguien a que lo averiguara. Y se trataba realmente de una instalación de Defensa en la que se hacían cosas aburridas que no queríamos que nadie más viera”, explicaba Bill Clinton en 2005 a la revista FinanceAsia.
Así narran ahora los historiadores militares Gregory W. Pedlow y Donald E. Welzenbach cómo se decidió la creación y ubicación de esas instalaciones, cuando se puso en marcha el proyecto del U-2:

Al tiempo que se avanzaba en el fuselaje [del U-2] en California, en los motores en Connecticut y en el sistema de cámara en Boston, altos oficiales de los Proyectos de Desarrollo volaban a California y Nevada para buscar un lugar donde probar el avión de una manera segura y secreta. El 12 de abril 1955, Richard Bissell y el coronel Osmund Ritland (el oficial jefe de la Fuerza Aérea del proyecto) sobrevolaron Nevada con Kelly Johnson [ingeniero aeronáutico de Lockheed y padre del U-2] en un pequeño avión Beechcraft pilotado por Tony LeVier, jefe de pilotos de pruebas de la  Lockheed. Vieron lo que parecía ser una pista de aterrizaje en un salar conocido como el lago Groom, cerca de la esquina noreste del Campo de Pruebas de Nevada de la Comisión de Energía Atómica (AEC). Después de discutir sobre el aterrizaje en la antigua pista de aterrizaje, LeVier bajó hacia el lecho del lago y los cuatro examinaron la pista. La instalación había sido utilizada durante la Segunda Guerra Mundial como campo de tiro por pilotos del Cuerpo Aéreo de Ejército. Desde el aire, la pista parecía asfaltada, pero en una inspección más cercana resultó que había sido hecha de tierra compactada que se había convertido en polvo hasta los tobillos después de más de una década de inactividad. Si LeVier hubiera intentado aterrizar en la pista, el avión probablemente se hubiera estrellado de morro al hundirse sus ruedas en la tierra suelta, matando o hiriendo a todas las figuras clave del proyecto U-2.

Bissell y sus colegas estuvieron de acuerdo en que el lago Groom sería el lugar ideal para probar el U-2 y entrenar a sus pilotos. Cuando volvió a Washington, Bissell descubrió que el lago Groom no era parte del campo de pruebas de la AEC. Después de consultar con Dulles [John Foster Dulles, el secretario de Estado], Bissell y Miller [Herbert Miller, segundo de Bissell en el proyecto U-2] pidieron a la Comisión de Energía Atómica que añadiera el lago Groom a sus propiedades en Nevada. El presidente de la AEC, Lewis Strauss, accedió de inmediato, y el presidente Eisenhower también aprobó la incorporación de esa tira de desierto, conocida por su designación en el mapa como el Área 51, al Campo de Pruebas de Nevada. La zona del Área 51 se muestra en los mapas actuales no clasificados como una pequeña área rectangular junto a la esquina noreste del mucho más grande Campo de Pruebas de Nevada. Para hacer que las nuevas instalaciones en medio de la nada sonaran más atractivas a sus trabajadores, Kelly Johnson las llamó Rancho Paraíso, nombre que fue pronto abreviado a Rancho.

Aunque el lecho del lago seco podría haber servido como pista de aterrizaje, los jefes del proyecto decidieron que se necesitaba una pista pavimentada para que los vuelos de prueba también pudieran tener lugar cuando el agua de lluvia bajaba desde las montañas cercanas y llenaba el lago (en esos momentos, la base tenía otro nombre no oficial, Watertown Strip). En julio de 1955, la base estaba lista y comenzó a llegar el personal de la Agencia, la Fuerza Aérea y la Lockheed.

Un U-2, en vuelo. Foto: Fuerza Aérea de Estados Unidos.
El 24 de junio de 1947, el avistamiento por Kenneth Arnold de nueve objetos con forma de bumerán, que “volaban erráticos, como un platillo si lo lanzas sobre el agua”, sobre las montañas Cascade había inaugurado la era de los platillos volantes. A principios de los años 50, los misteriosos objetos que surcaban los cielos estadounidenses empezaron a ser considerados por muchos naves de otros mundos y, una vez que el primer U-2 despegó del Área 51 el 4 de agosto de 1955, las visiones se multiplicaron. Así lo explican los autores de The Central Intelligence Agency and overhead reconnaissance:

Las pruebas de alta altitud del U-2 pronto dieron lugar a un inesperado efecto colateral: un enorme aumento en los informes de objetos volantes no identificados (ovnis). A mediados de la década de 1950, la mayoría de aviones comerciales volaban a altitudes de entre 10.000 y 20.000 pies y las aeronaves militares, como el B-47 y el B-57, operaban por debajo de los 40.000 pies. En consecuencia, una vez que el U-2 comenzó a volar a altitudes superiores a los 60.000 pies, los controladores de tráfico aéreo empezaron a recibir un número creciente de informes de ovnis.

Dichos informes eran más frecuentes en las primeras horas de la tarde procedentes de pilotos de aviones que viajaban de Este a Oeste. Cuando el Sol caía por debajo del horizonte de un avión de pasajeros que volaba a 20.000 pies, el avión quedaba en la oscuridad. Pero, si un U-2 estaba cerca de la aeronave, su horizonte desde una altitud de 60.000 piezas estaba considerablemente más lejos y, tan alto en el cielo, que sus alas plateadas reflejarían los rayos del Sol y le parecerían a un piloto de aerolínea, 40.000 pies más abajo, objetos ardientes. Hasta a plena luz del día, los fuselajes plateados de los U-2 podían captar la luz del Sol y causar reflejos o destellos visibles desde bajas altitudes y hasta desde tierra. En aquellos años, nadie creía posible un vuelo tripulado por encima de los 60.000 pies, luego nadie esperaba ver objetos tan altos en el cielo.

Los pilotos de líneas aéreas no sólo informaron de sus avistamientos a los controladores de tráfico aéreo, sino que, además, ellos y los observadores terrestres escribieron cartas a la unidad de la Fuerza Aérea en el Comando de Desarrollo Aéreo de Wright, en Dayton, encargada de investigar estos fenómenos [las visiones de ovnis]. Esto, a su vez, condujo a la operación Libro Azul de la Fuerza Aérea. Con base en Wright-Patterson, la operación recogía todos los informes de avistamientos de ovnis. Los investigadores de la Fuerza Aérea intentaban explicar esos avistamientos vinculándolos a causas naturales. Los investigadores de Libro Azul recibían regularmente llamadas de personal de la Agencia en Washington para comparar los informes de ovnis con los registros de vuelo del U-2. Esto permitió a los investigadores descartar la mayoría de los informes de ovnis, aunque no podían revelar a los autores de las cartas la verdadera causa de los avistamientos de ovnis. Los vuelos del U-2 y del Oxcart fueron responsables de más de la mitad de todos los avistamientos de ovnis de finales de los años 50 y los años 60.

Imagen de satélite del Área 51, en Nevada, tomada en 2003.En el informe de Pedlow y Welzenbach, de más de 400 páginas, no hay más referencias a ovnis y ninguna a platillos volantes estrellados ni cuerpos de alienígenas cabezones. Ya en 1997, un estudio titulado CIA’s role in the study of ufos, 1947-90 (El papel de la CIA en el estudio de los ovnis 1947-1990), obra del historiador Gerald K. Haines, apuntó que en los años 50 y 60 “cerca de la mitad” de los avistamientos de ovnis en EE UU correspondieron a vuelos de aviones espía. El nuevo informe confirma eso y, en líneas generales lo que los escépticos llevamos diciendo décadas: que los militares estadounidenses, y de otros países, han utilizado la creencia en los ovnis como tapadera de pruebas de armas secretas, en este caso, aviones espía. La CIA prefería que el público creyera en visitantes extraterrestres a destapar la existencia de sus más sofisticadas herramientas y, durante décadas, muchos ufólogos han colaborado, sin saberlo, en ese encubrimiento al intentar convencer a la gente de que en el Área 51 se guardan restos de naves y seres de otros mundos.

Charles Fort, el primer ufólogo

«El mayor de los misterios: ¿por qué no se muestran ellos a nosotros, abiertamente? Quizá se mantengan apartados por razones morales; pero ¿no habrá entre ellos algunos degenerados? O por razones físicas: desde el momento en que evaluamos esta posibilidad, creemos de buen grado que el acercamiento de nuestro mundo por otro mundo sería catastrófico. Pero, con todo, debemos interesarles, sea el grado que sea. Los microbios y los gérmenes nos interesan, algunos incluso nos apasionan», escribió Charles Fort (1874-1932) en El libro de los condenados (1919). Ellos eran los extraterrestres que el escritor estadounidense creía que visitaban la Tierra desde hacía milenios. Decía:

Pienso que pertenecemos a algo. Que antiguamente la Tierra era una especie de tierra de nadie que otros mundos exploraron, colonizaron y se disputaron.

Actualmente, alguien posee la Tierra, y ha alejado de ella a todos los colonos. Nadie se nos ha aparecido viniendo del más allá, tan abiertamente como un Cristóbal Colón desembarcando en San Salvador o Hudson remontando el río que lleva su nombre. Pero, en cuanto a las visitas subrepticias hechas al planeta, muy recientemente aún, en cuanto a los viajeros emisarios llegados quizá de otro mundo y cuidando mucho de evitarnos, tenemos pruebas convincentes.

Charles Fort.Fort estaba convencido de que algunos objetos y luces que se veían en los cielos de finales del siglo XIX y principios del XX eran ingenios de otros mundos, y mantenía que los arqueólogos se habían topado con artefactos que nuestros antepasados no pudieron fabricar. Así, acerca de «un instrumento de hierro (encontrado) dentro de un bloque de carbón» a dos metros bajo tierra en Escocia, que tenía «un aire moderno», especulaba con que pudo «ser abandonado por algún visitante extraterrestre». Sobre una lente de cristal descubierta en Nínive, con que, «a millones de kilómetros en el espacio, alguien despliega un telescopio y la lente se desprende», y cae a la Tierra. Intuía que Stonehenge es obra de gigantes, «ocasionales visitantes del planeta». «La noción de los visitantes extraterrestres en China, durante lo que nosotros llamamos el periodo histórico, no será más que moderadamente absurda cuando la abordemos», aseguraba. Y añadía:

Admito que varios de estos otros mundos puedan poseer condiciones de vida análogas a las del nuestro, pero creo que algunos son tan diferentes que sus emisarios no podrían vivir entre nosotros sin medios artificiales de adaptación. ¿Cómo podrían respirar nuestro aire atenuado los visitantes venidos de una atmósfera gelatinosa?

Quizá con máscaras. Como aquéllas que se han encontrado en los antiguos depósitos. Algunas eran de piedra, y son atribuidas a un atavío ceremonial de las poblaciones salvajes. Pero la máscara encontrada en el Condado de Sullivan, Missouri…

… ¡Era de hierro y plata!

Dice cosas que descubrirán, décadas después, Jacques Bergier, Louis Pauwels, Erich von Däniken, Peter Kolosimo, Andrew Tomas, Brad Steiger, Zecharia Sitchin, David Icke, Antonio Ribera, Robert K. Temple
‘Minialienígenas’
Fort es el primer ufólogo, mucho antes de que se vean los primeros platillos volantes en Estados Unidos, y también el primer defensor de los astronautas en la Antigüedad. Su discurso es siempre farragoso y, muchas veces, delirante. Como cuando habla de unos diminutos  alienígenas, los elveranos, y de su contrapartida gigante, los monstratorianos. Los elveranos, escribe, «han venido en hordas densas, como una nube de langostas, en expediciones de caza -a la caza de ratones, sin duda, o de las abejas-, hordas minúsculas horrorizadas ante cualquiera que se tragara más de una habichuela a la vez, temiendo por cualquiera que  engullera más de una gota de rocío a la vez». Resulta imposible tomarse en serio afirmaciones como ésa, y otras. Pero así era Charles Fort. En algunos momentos, parece un Philip K. Dick de lo paranormal.
El ufólogo gallego Óscar Rey Brea propuso en 1954 que las épocas de mayor número de observaciones de platillos volantes se correspondían con las de mayor proximidad entre el planeta rojo y la Tierra, las llamadas oposiciones, que se dan cada veintiséis meses. Pero, ya en septiembre de 1926, en la sección de cartas de The New York Times, Fort auguraba que habría una oleada de avistamientos de aeronaves en unas semanas, en coincidencia con la siguiente oposición marciana, y se preguntaba por qué los marcianos no aterrizaban en Central Park y desfilaban por Broadway entre confeti. «Puedo pensar en varias razones, y una de ellas es que durante mucho tiempo los marcianos han estado en comunicación con la Tierra y han, de un modo oculto, controlado, y hasta explotado, a sus habitantes. No se han descubierto a sí mismos excepto para patrullar abiertamente el cielo».
«El libro de los condenados se convirtió en el evangelio de los posteriores escritores sobre lo paranormal», dice Jim Steinmeyer en Charles Fort. The man who invented the supernatural (Charles Fort. El hombre que inventó lo sobrenatural. 2008). Tiene razón. Al autor estadounidense deben su nombre los fenómenos forteanos, que comprenden los platillos volantes, los fenómenos paranormales, los artefactos arqueológicos extraños, las desapariciones misteriosas, las lluvias y muertes masivas de animales, los rayos en bola… Periodista autodidacta, Fort dedicó buena parte de su vida a la recopilación de sucesos rechazados por la ciencia, un millar de los cuales reunió en El libro de los condenados y el resto en sus libros New lands (Nuevos mundos. 1923), Lo! (1931) y Wild talents (Talentos salvajes. 1932). De vivir hoy, sería un habitual de los congresos y programas de radio y televisión conspiranoicos, una especie de Enrique de Vicente. «La ciencia de hoy es la superstición de mañana; la ciencia de mañana, la superstición de hoy», decía. Otro mantra del denominado periodismo del misterio un siglo después.
Boceto de la placa metálica que se instalará en la fachada de la casa londinense de Charles Fort.¿A qué viene recordar ahora a Charles Fort? A que la Asociación Marchmont, del barrio londinense de Bloomsbury, colocará una placa conmemorativa en el número 39 de Marchmont Street, donde vivió entre 1921 y 1928. La organización vecinal ya ha empezado a recaudar fondos para el homenaje, presupuestado en 1.200 libras (1.375 euros), y tiene un diseño de placa, abierto a posibles «pequeños cambios» sugeridos por los responsables de la revista Fortean Times, fundada en 1973 por Bob Rickard para continuar el trabajo de Fort. El texto dice: «Charles Fort. 1874-1932. Fundador estadounidense del forteanismo, el estudio de los fenómenos anómalos. Vivió aquí entre 1921 y 1928».
Las placas azules de la Asociación Marchmont comenzaron a instalarse en octubre de 2009 y rinden homenaje a los personajes ilustres que han vivido en la zona del centro de Londres delimitada por Euston Road, Guilford Street, Woburn Place y Gray’s Inn Road. Fortean Times es una revista mensual a la que estoy suscrito desde mediados de los años 90, que aúna las más divertidas locuras con el esceptismo y está magníficamente editada. Nada que ver con lo que se publica por estos lares.

Adiós a Marjorie Fish, la autora del mapa estelar de los extraterrestres que abdujeron a los Hill

Marjorie Fish.Marjorie Fish, una maestra de Ohio, dibujó en 1972 un mapa con rutas comerciales entre estrellas de nuestro vecindario basado en uno mudo, supuestamente visto por Betty Hill, la primera abducida, en el platillo volante de sus captores el 19 de septiembre de 1961. Astrónoma aficionada, Fish había conocido el mapa gracias el libro El viaje interrumpido (1966), que el periodista John G. Fuller dedicó al caso del secuestro por extraterrestres del matrimonio Hill, y posteriormente se había reunido con Betty para recabar detalles. La maestra hizo primero un modelo en tres dimensiones a finales de los años 60 y, en 1972, aseguró haber identificado las estrellas del mapa: las dos más grandes serían Zeta 1 Reticuli y Zeta 2 Reticuli, y se suponía que eran de donde venían los visitantes. Fish, cuyo mapa es un clásico de la ufología, murió en abril a los 80 años en una residencia de ancianos de Oak Ridge (Ohio), pero la noticia no ha trascendido hasta hace unos días. Lo raro es que, en el obituario publicado por The News-Herald, se dice que con el tiempo rectificó en su interpretación del mapa estelar.

«Como una de sus aficiones, Marjorie hizo una investigación sobre el mapa de Betty Hill mediante la construcción de un mapa estelar en 3-D a finales de los años 60, para lo que utilizó varias bases de datos. Encontró un modelo que encajaba con el dibujo de la señora Hill, lo que generó interés internacional. Más tarde, después de recopilar nuevos datos, determinó que las estrellas binarias del modelo estaban demasiado juntas como pasa permitir la vida, así que, como una autentica escéptica, emitió un comunicado diciendo que sentía que la correlación era poco probable».

Boceto original que Betty Hill dibujó durante una de las sesiones con el psiquiatra Benjamin Simon.Hasta ahora, nadie en la comunidad ufológica parecía tener noticias de que Fish hubiera renegado de su interpretación del mapa. Ni siquiera aquéllos que han dedicado años al estudio de su trabajo. Se trata, de momento, de un enigma dentro de un no-enigma. Porque tanto el caso de Betty y Barney Hill como el mapa de Marjorie Fish fueron explicados convencionalmente hace años. En lo que respecta a la primera abducción -que está en el origen del extraterrestre gris, cabezón y de grandes ojos rasgados y establece el prototipo cultural del secuestro por alienígenas-, ya el psiquiatra Benjamin Simon, a quien bajo hipnosis contó el matrimonio lo sucedido, concluyó que la historia había sido inventada, seguramente involuntariamente, por Betty. Y ésta había contado sus pesadillas sobre el asunto a su marido durante meses hasta que los dos las integraron en sus recuerdos de una noche en la que volvían en coche a su hogar de Portsmouth después de unas vacaciones en Canadá.
El matrimonio vio junto a la Luna una luz -parecía una estrella- que no podía identificar y que creyeron que les seguía. Se desviaron por carreteras secundarias y llegaron a casa dos horas más tarde que lo previsto. La luz en el cielo fue todo lo que recordaron hasta que Betty empezó a tener pesadillas con una nave espacial y, más tarde, un secuestro por extraterrestres. La mujer, una apasionada de los platillos volantes, contaba sus sueños a su esposo como si fueran recuerdos del viaje y, al final, los dos acabaron convencidos de que habían sido examinados en un platillo volante, aunque sus versiones diferían en detalles relevantes. El estímulo inicial, el desencadenante de todo, fue posiblemente un planeta. Aquella noche había dos luces junto a la Luna, Saturno y Júpiter, pero el matrimonio sólo recordaba haber visto el ovni y una estrella junto al satélite. El investigador escéptico Robert Sheaffer cree que el matrimonio tomó uno de los planetas por un platillo volante; luego, la mente de la mujer hizo el resto.
El mapa original de Marjorie Fish (arriba) y sin las estrellas que la astronomía actual descarta como aptas para acoger vida o demasiado alejadas del resto. Foto: 'ForteanTimes'.Aunque todavía es objeto de polémica entre algunos ufólogos, ya Carl Sagan y Steven Soter indicaron en 1975, en la revista Astronomy, que el parecido entre el boceto de Betty Hill y el mapa de Fish se debía únicamente a cómo se habían dibujado las líneas y que, sin ellas, las distribuciones de puntos no se asemejaban en nada. Así es. Además, hace cinco años, Brett Holman, físico de la Universidad de Melbourne, examinaba el mapa a la luz de los conocimientos astronómicos y demostraba que al menos un tercio de las estrellas identificadas Fish no pueden soportar planetas habitables o no están en donde las situaba la maestra: dos han acabado siendo estrellas variables, otras dos son parte de sistemas estelares múltiples y otras dos están tan alejadas del resto que no podrían formar parte del mapa.

‘The Sun’ pide disculpas a «cualesquiera formas de vida extraterrestres» por vincularlas a la Cienciología

La disculpa de 'The Sun' a los alienígenas.Después de recibir una carta de los abogados de la Cienciología, la secta creada por el menos que mediocre escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard, el diario británico The Sun se ha visto obligado a publicar hoy una disculpa, que traduzco a continuación:

Extraterrestres: una disculpa

El sábado, en un artículo titulado «Platillos volantes sobre el cuartel general británico de Cienciología», dijimos que «dos discos plateados planos» fueron vistos «sobre el cuartel general de la Iglesia de la Cienciología».

A raíz de una carta de los abogados de la Iglesia, pedimos disculpas a cualesquiera formas de vida extraterrestres por vincularlas a los cienciólogos.

«Es la fe de erratas más cachonda de la historia», ha escrito Ramón Salaverría, profesor de periodismo en la Universidad de Navarra, en Twitter, red social en la que ha destapado la humorada Sophy Ridge, corresponsal política de Sky News.
The Sun informó el sábado de que,en la mañana del 30 de diciembre, las tripulaciones de tres aviones de pasajeron habían visto un total de seis ovnis -dos cada una- sobre la vertical de la sede británica de la Cienciología, una mansión georgiana de Sussex que anteriormente perteneció al marajá de Jaipur. Los objetos fueron captados por los radares de control de tráfico aéreo antes de desaparecer repentinamente. «Curiosamente, se vieron un día después de que los cienciólogos -uno de cuyos seguidores famosos es Tom Cruise- grabaron un mensaje para los alienígenas en las colinas de Nuevo México (Estados Unidos)«, escribió Paul Sims, cuyo artículo, llevaba el antetítulo de «Encuentro cercano del tipo absurdo».
Ciertamente, demuestra muy poco respeto por cualquier ser inteligente vincularle a la cienciología.

Hollywood prepara una película sobre John Mack, el psiquiatra de Harvard que creía en las abducciones

Tras de cuatro años de negociaciones con la familia de John Mack, MakeMagic Productions ha conseguido los derechos para rodar una película sobre la vida del psiquiatra de la Universidad de Harvad que creía en los secuestros extraterrestres y escribió sobre dos libros sobre el tema: Abduction (Abducción, 1994) y Passport to the Cosmos (Pasaporte al Cosmos, 1999). Los responsables de la productora aseguran en su web que están «muy emocionados» de poder trasladar a la pantalla grande «la increíble historia real» de este académico «cuyo mundo tradicional se hizo añicos cuando el estudio de las personas que decían haber sido abducida por extraterrestres le llevó a una conclusión sorprendente, que ni mentían ni estaban locos». MakeMagic Productions realizará la película en asociación con Wildwood Enterprises, productora de Robert Redford.
El psiquiatra John E. Mack. Foto: Harvard University Press.Mack ganó el premio Pulitzer por una biografía de T.E. Lawrence, fue profesor de Harvard y un reputado psiquiatra, hasta que publicó su primer libro sobre  abducidos en 1994. Su periplo ufológico había comenzado cuatro años antes, cuando conoció a Budd Hopkins, un pintor neoyorquino con obra en museos como el Guggenheim y el MoMA. Desde mediados de los años 70 hasta su fallecimiento por cáncer en agosto de 2011, Hopkins fue uno de los ufólogos claves en la creación de la fiebre de los secuestros extraterrestres. Al principio, contrataba terapeutas para que hipnotizaran a quienes creían haber sufrido episodios de tiempo perdido, el misterioso olvido de lo ocurrido durante unas horas; con el tiempo, empezó a practicar la hipnosis él mismo. Quienes recurrían a Hopkins, siempre recordaban encuentros con alienígenas como los que plasmó en sus libros Missing Time (Tiempo perdido, 1981), Intruders  (Intrusos, 1987) y Witnessed (Testigo, 1996).
El encuentro con el pintor ufólogo en enero de 1994 fue para Mack una revelación. El psiquiatra se refería a la fecha «como uno de esos días que marcan un punto en el que todo cambia en tu vida», indica Ralph Bluementhal en un reportaje publicado en el último número de Vanity Fair.  Hopkins le pidió su opinión experta sobre la salud mental de unos supuestos abducidos, que él consideraba personas cuerdas, y le dio una serie de cartas en las cuales describían sus extraordinarias vivencias. Mack las leyó y acabó convencido de que lo que aquellas personas contaban era real, que no se trataba de algo que hubiera sucedido en su imaginación. Empezó a tratar a presuntos abducidos y, tras atender a unos 200, concluyó que las entidades que les atormentaban podían ser de otro mundo, aunque también de un universo paralelo, y que los episodios que narraban se enmarcaban dentro de un plan para la obtención de híbridos entre humanos y alienígenas. Todo ello a partir de simples testimonios, de evidencia anecdótica.
Redefinir la realidad
Los devaneos ufológicos de Mack, y su eco en los medios, sentaron muy mal en la Universidad Harvard. La institución abrió una investigacion en la cual, al final, fue exculpado y confirmado como profesor de la Facultad de Medicina con libertad académica para investigar lo que quisiera, aunque advertido de que sus trabajos y conducta profesional nunca debían violar los estándares de Harvard. El comité creía que su estudio de los abducidos no había sido científicamente riguroso y que psiquiatras no mediatizados por sus creencias sobre los ovnis habrían llegado a conclusiones  muy diferentes que no exigían la presencia de visitantes de ningún tipo, sino que podían explicarse mediante fenómenos naturales como la parálisis del sueño, visiones aterradoras que se dan en el momento de dormirse o despertarse y en las cuales el sujeto está paralizado.
El psiquiatra rechazó las conclusiones del comité investigador. Para él, había que redefinir el propio concepto de realidad. «Las asunciones seculares acerca de la realidad dominantes durante mi formación universitaria eran, de hecho, una gran ilusión, una superstición materialista que ha mantenido el pensamiento occidental varado y aprisionado durante los últimos 300 años. ¿Cómo responden a estos fenómenos los guardianes del moribundo paradigma tradicional? Muchos gritan que es pseudociencia«, sentenciaba. «Si admitimos que los sujetos han vivido un suceso real -algo que él daba por hecho, pero la mayoría de sus colegas no-, algo que entra en nuestra realidad tridimensional sin formar totalmente parte de ella, surgen preguntas como: ¿Qué tipo de realidad es ésta? ¿De dónde vienen esos seres? ¿Cuál es su relación con lo divino o lo demoniaco? ¿Son entidades o formas de energía que se manifiestan en nuestro mundo, pero proceden de otra dimensión o universo?», escribía en 2002 en Oberlin Alumni Magazine.
Mack fue una rara avis en Harvard no por estudiar a abducidos, sino por sus estrafalarias conclusiones. Otros investigadores de esa universidad han examinado a este tipo de personas sin problemas. Es el caso de la psicóloga Susan Clancy, autora de Abducted. How people come to believe they were kidnapped by aliens (Abducidos. Cómo llega la gente a creer que ha sido secuestrada por alienígenas, 2006), un interesante libro publicado por la propia Harvard University Press. «Las abducciones no suceden en el mundo real. Son las interpretaciones que algunas personas hacen de experiencias y síntomas extraños que sufren», me contaba hace siete años Clancy, quien considera que la parálisis del sueño está detrás de muchos casos de supuestos secuestros extraterretres. Si usted ha sufrido, como yo y una de cada cuatro personas, algún episodio de ese tipo, seguro que comparte su opinión de que «la parálisis del sueño es para mucha gente el primer paso en una historia de abducción, el segundo consiste en intentar explicar qué es lo que a uno le ha ocurrido» y el tercero, topar con un terapeuta creyente en los ovnis que le implante, voluntaria o involuntariamente, falsos recuerdos.
Ahora sólo queda esperar lo que hagan MakeMagic Productions y Wildwood Enterprises con una historia que es, desde luego, apasionante, la del psiquiatra de Harvard que creía en la realidad de las abducciones. John Mack murió el 27 de septiembre de 2004 en Londres al atropellarle un conductor borracho.

La exopolítica, el Proyecto Libro Azul y los marcianos: algunos periodistas se lo tragan todo

La supuesta noticia sobre Richard French y sus extraterrestres.Va un tipo, dice que ha visto hadas y algunos periodistas se tragan el cuento y presentan el testimonio como una prueba de la existencia de esos seres. Básicamente, es lo que ha ocurrido a raíz de un encuentro de la ufología más chiflada celebrado en el Club Nacional de Prensa de Washington entre el 29 de abril y el 3 de mayo. Así, en los últimos días nos hemos enterado de que un exmilitar que participó en uno de los programas secretos de investigación ovni de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos se encontró, cara a cara, con visitantes de otros mundos. «Eran de unos 60 a 90 centímetros de altura, de color gris claro, muy delgados, con brazos largos, con dos o tres dedos. La parte superior de la cabeza era mucho más amplia que la línea de la mandíbula, los ojos eran muy inclinados y no se podían ver pupilas en ellos», ha explicado el teniente coronel retirado Richard French, presentado en algunos medios como «uno de los investigadores principales del llamado Proyecto Libro Azul«. Igual usted también lo ha leído por ahí. ¿Sabe qué hay de cierto en toda esta historia? Nada. Pero retrocedamos trece años.
El Club Nacional de Prensa de Washington acogió el 9 de mayo de 2001 un montaje digno de Expediente X. Un grupo de ufólogos, denominado Proyecto Revelación, convocó a los medios de comunicación para hacerles «importantes revelaciones sobre la realidad del fenómeno ovni». En el estrado, un veintena de exfuncionarios del Gobierno estadounidense, algunos de ellos militares; en el patio de butacas, representantes de los principales periódicos y de una docena de cadenas de televisión, a la espera de pruebas. «Es el fin de la infancia de la especie humana. Ha llegado la hora de que nos convirtamos en adultos maduros entre las civilizaciones cósmicas que están ahí fuera», anunció Steven Greer, exmédico de urgencias y director del grupo. Sus acompañantes contaron entonces las típicas visiones de platillos volantes habituales desde 1947. Eludieron cualquier referencia a secuestros o a encuentros sexuales con los visitantes; pero la conspiración estaba allí. De hecho, sólo se echó en falta a El Fumador, el oscuro personaje que hacía la vida imposible en la televisión a Mulder y Scully.
Greer, como muchos de sus colegas, creía que los testimonios expuestos -no se presentó otra cosa- «demuestran, de una vez por todas, que no estamos solos». Ni siquiera en la Tierra. «Por lo menos desde los años 40, y quizá desde los 30, ha habido vehículos espaciales de origen extraterrestre que fueron derribados, ocupados y estudiados», dijo el entonces director del Proyecto revelación. Uno de sus compañeros fue más allá. Clifford Stone, sargento retirado, dijo que hay catalogados nada menos que 57 tipos de alienígenas y aseguró haber visto a los malheridos tripulantes de esas naves, que tienen debilidad por accidentarse en EE UU, cuyo Gobierno oculta la verdad al mundo. Uno de esos aparatos sería el que se estrelló en Roswell, Nuevo México, en 1947. Greer indicó que, del estudio de éste y otros platillos siniestrados, EE UU y Reino Unido han obtenido grandes frutos. Nada nuevo. A mediados de los años 90, el ufólogo español -ahora, novelista- Javier Sierra ya aseguraba que el transistor se desarrolló a partir de la tecnología del ovni de Roswell.
Una «feliz banda de lunáticos»
La rueda de prensa de mayo de 2001 en Washington «demostró, sin sombra de duda, que realmente hay gente que cree en los ovnis», apuntaba al día siguiente irónicamente Joel Achenbach, que cubrió el acto para The Washington Post. La representación de hace tres semanas en el Club de la Prensa de Washington imitó el formato de las comparecencias ante una comisión del Congreso y contó con su propio plantel de congresistas, lo que no significa que merezca mayor crédito que una rueda de prensa. De hecho, Parapolitical tituló la crónica previa: «Ufo carnival returns to National Press Club» (El carnaval ovni vuelve al Club Nacional de Prensa). Y añadía que más importante que el tema del encuentro era «el hecho de que se trata de la primera reunión de los congresistas estadounidenses más chiflados que han existido. Según el Grupo Investigación Paradigma, que forma parte de la red mundial de exopolítica, realizarán una simulación de audiencia para «lograr lo que el Congreso de EE UU no ha hecho durante 45 años», obligar a la Casa Blanca a que admita de una vez que nos visitan extraterrestres.
El excoronel Billie F. Woodard lleva en la frente un cristal que dice que procede de Lemuria y funciona como una especie de tercer ojo. Foto: 'Daily News'.
¿Cómo puede un medio llamar chiflados a ilustres congresistas? Porque en todas partes cuecen habas, no sólo en España, donde tenemos exministras de Sanidad y expresidentes autonómicos que han usado la pulsera Power Balance y la actual ministra de Trabajo, Fátima Báñez, se  encomienda a la Virgen del Rocío para “salir de la crisis y volver al crecimiento”. Segun Parapolitical, los seis excongresistas de ese comité ovni forman una «feliz banda de lunáticos». Uno de ellos, el republicano Roscoe Bartlett, cree que el fallecido Sun Myong Moon, líder de la secta Moon, era El Mesías; y otro, el demócrata Mikel Gravel, está en bancarrota y se busca la vida como puede, incluyendo encuentros de negadores del Holocausto y partidarios de que el 11-S fue un autoataque. Si los que escuchaban -cobró cada excongresista 20.000 dólares limpios- no parecen muy cuerdos, los que testificaban forman parte de la ufología más disparatadas. Individuos con historial académico inventados, ufólogos como Nick Pope y Stanton Friedman, el omnipresente Greer -impulsor del fraude del extraterrestre de Atacama– y exmilitares como Billie F. Woodard, quien lleva en la frente un cristal que dice que procede de Lemuria y funciona como una especie de tercer ojo.
Es en ese entorno en el que se dan las declaraciones del teniente coronel Richard French a Lee Speigel, colaborador de The Huffington Post. El exmilitar asegura que a principios de los años 50 era investigador del Proyecto Libro Azul, el más famoso de los programas secretos de investigación ovni de las Fuerzas Aérea. «Su trabajo consistía en desmentir falsos avistamientos de ovnis», explica Speigel. Un día, viajó hasta Terranova porque les habían informado de la presencia de dos platillos sumergidos a poca profundidad cerca de la costa de San Juan. Una vez en el lugar,  vio las naves – de unos 6 metros de diámetro- y a dos enanos cabezones flotando cerca de ellas, según él, haciendo reparaciones. Minutos después, los platillos salieron disparados hacia el cielo. Esto es lo que nos han contado en algunos medios.
Un fraude llamado Richard French
Richard French.Lo que no nos ha dicho ninguno, y recuerda el escéptico Robert Sheaffer, es que Lee Speigel es un veterano periodista esotérico que, a finales de los años 70,  ayudó a Eric Gairy, primer ministro de la isla de Grenada, a proponer ante la Asamblea General de la ONU la creación de una agencia multinacional que estudiara el fenómeno ovni. La iniciativa, de la que alardea en su perfil de The Huffington Post y en la que participaron los ufólogos Joseph Allen Hynek y Jacques Vallée, fracasó. Pero fue sólo una muesca en la larga carrera esotérica de Speigel, quien entre 1978 y 1986 presentó más de 1.500 programas dedicados a los ovnis en la NBC Radio. Así que la fuente periodística de la historia del exinvestigador del Proyecto Libro Azul es tan fiable como un Juan José Benítez, Iker Jiménez o Bruno Cardeñosa cualquiera. Pero eso no es todo.
Sheaffer también recuerda que el famoso autor paranormal John A. Keel cita a French en las primeras su clásico The mothman prophecies (Las profecías del hombre polilla, 1975), y no precisamente para bien. «Richard French era un impostor, uno más de los muchos que recorrieron estados Unidos en 1967», dice después de explicar que se hacía pasar por investigador de las Fuerzas Aéreas, pero iba de paisanos, en un coche normal y corriente, y sin ninguna credencial que acreditara que fuera militar. Cierto es que Keel deja caer que podía tratarse de un hombre de negro, pero eso forma parte del juego que siempre se trajo este escritor. La realidad -y puede comprobarla cualquiera- es que, si se busca Richard French en los archivos del Proyecto Libro Azul, no existe ninguna referencia al personaje, mientras que hay 248 a Hynek y 19 a Vallée, por citar a dos ufólogos famosos.
Esto es lo que pasa cuando se araña la superficie de la historia del teniente coronel Richard French y sus marcianos cabezones. Ah, y no le den importancia a una bobada porque se diga en el Club Nacional de Prensa de Washington, porque esa entidad alquila sus instalaciones.

‘Encuentros en la tercera fase’ y el mito de los platillos volantes: el vídeo de la charla

Aquí tienen el vídeo de ‘Encuentros en la tercera fase’ y el mito ovni, la charla que di el 4 de mayo en una jornada organizada por la Tertulia de Ciencia-Ficción de Bilbao (TerBi), de la que soy miembro.

Cuando R2D2 sobrevoló la Torre del Diablo y otras curiosidades de ‘Encuentros en la tercera fase’

Anuncio del estreno de 'Encuentros en la tercera fase' publicado en 'El Correo' el 17 de marzo de 1978.Encuentros en la tercera fase es la gran película sobre el fenómeno de los platillos volantes. Se estrenó en 1977, cuando la creencia en las visitas extraterrestres era más popular que nunca y la ufología no había caído todavía en la espiral de locura y descrédito a la que la acabarían conduciendo el caso de Roswell, el conspiracionismo más extremo y la moda de las abducciones. Cuando la película de Steven Spielberg llegó a los cines, lo hizo a lo grande y respondió a las expectativas depositadas en el joven genio de Duel (1971) y Tiburón (1975). Han pasado casi cuatro décadas y su retrato del mito ovni sigue vigente.
Encuentros en la tercera fase está llena de ufología y, como buena hija, ha influido en la ufología posterior, en especial, en lo que se refiere al prototipo de extraterrestre. Veamos algunas curiosidades que nos ayudan a entender mejor esta cinta memorable, en la que todo encaja a la perfección. Una película que costó 20 millones de dólares y lleva recaudados 337.
1. Firelight. Spielberg vivió la adolescencia a finales de los años 50 y principios de los 60, en plena fiebre de los platillos volantes en Estados Unidos. Los primeros los había visto Kenneth Arnold, un vendedor de equipos de extinción de incendios, sobre el monte Rainier el 24 de junio de 1947, seis meses después del nacimiento del primogénito de la pianista y restauradora Leah Adler y el ingeniero eléctrico Arnold Spielberg. Entonces, nadie pensaba que vinieran de otros mundos. Quien primero habló de visitantes alienígenas fue el mayor retirado Donald E. Keyhoe en un artículo para la revista True y en su libro The flying saucers are real (Los platillos volantes son reales), publicado en 1950 y en el cual también acusa al Gobierno estadounidense de ocultar la verdad sobre el fenómeno. Esos dos principios básicos de la ufología, el origen extraterrestre y el encubrimiento gubernamental, serán claves en Encuentros en la tercera fase.
Spielberg, con 16 años, prepara el rodaje de un despegue para 'Firelight'. Foto: Archivo de Steven Spielberg.
Ultimátum a la Tierra, la película de Robert Wise protagonizada por Michael Rennie, llega a los cines en 1951. En ella, un extraterrestre visita la Tierra para, en nombre de la Confederación Galáctica, exigir el fin de las pruebas nucleares, lo mismo que, un año después, transmite en el mundo real un venusiano a George Adamski, vendedor de hamburguesas que se convertirá en el primero de los contactados. Spielberg crece en un país donde hay gente que dice encontrarse cara a cara con alienígenas y se suceden los avistamientos de platillos volantes. Según sus biógrafos, su interés por los ovnis se dispara en 1957 cuando la familia vive en Phoenix (Arizona) y su padre se lo lleva una noche al desierto para ver un cometa. No hubo suerte, pero padre e hijo presenciaron una espectacular lluvia de estrellas fugaces. «Mi primera introducción al mundo que hay más allá de la Tierra…», dijo años después el cineasta al recordar aquella experiencia.
Spielberg se adentra en el mundo de la ciencia ficción gracias a las revistas y libros de su padre, aficionado al género, y se entusiasma con películas como Ultimátum a la Tierra y Planeta prohibido (1956). Pero el detonante de su primera cinta sobre extraterrestres -que está en el germen de Encuentros en la tercera fase– fue que, durante una excursión de los Boy Scouts que se perdió, sus amigos vieron una luz extraña en el cielo. El adolescente Steven se sintió frustrado y se puso inmeditamente a escribir el guion de Firelight (Luz de fuego), un filme protagonizado por unos alienígenas, los altarianos, que visitan la Tierra para secuestrar humanos para un zoo.

Había ganado varios premios por una cinta bélica de 40 minutos titulada Escape to nowhere (Escapar a ninguna parte, 1961) y se asoció con su padre para reunir los 500 dólares que iba a costar la película. Tenía 16 años cuando en junio de 1963 empezó el rodaje con un reparto compuesto de amigos, familiares y compañeros de clase. «La producción atrajo una gran atención y el Arizona Republic publicó dos artículos y una foto de la película», indica Ray Morton en Close encounters of the third kind. The making of Steven Spielberg’s classic film (Encuentros en la tercera fase. El rodaje del clásico de Steven Spielberg, 2007). Y añade que el joven director empleó todo tipo de efectos para dar verosimilitud a la historia. La cinta duraba 135 minutos, se estrenó el 24 de marzo de 1964 en el Little Teathre de Phoenix y dio beneficios. «Cobramos la entrada a un dólar. Quinientas personas vinieron a ver la película y creo que alguna probablemente pagó 2 dólares, porque ganamos uno aquella noche», recuerda Spielberg.
«Firelight presenta los temas de intrusos sobrenaturales, la alienación suburbana y la huida, las familias rotas y los niños secuestrados, la aventura científica y la renovación espiritual que son familiares en la obra madura de Spielberg», escribe Joseph McBride en Steven Spielberg: A Biography (Steven Spielberg: una biografía, 1999). Curiosamente, el creador del extraterrestre más entrañable de la historia debuta en la ciencia ficción con unos visitantes malvados. No pudo sustraerse del ambiente paranoico en el que se había criado y que caracteriza buena parte de la ciencia ficción cinematográfica estadounidense de los años 50. Por desgracia, de Firelight sólo han llegado fragmentos hasta nuestros días. Cuando empezaba en Hollywood, Spielberg la utilizaba como carta de presentación y, en una ocasión, dejó los rollos a una productora que quebró poco después y desapareció sin habérselos devuelto. En mayo de 1977, Spielberg reveló al ufólogo francés Jacques Vallé el origen de Encuentros en la tercera fase: «Ya hice esta película una vez. Nadie la vio. La hice en 8 milímetros cuando era adolescente»,  le dijo en clara referencia a Firelight.
'The ufo experience', de Joseph Allen Hynek.2. El por qué del nombre. Encuentros en la tercera fase es una traducción errónea de Close encounters of the third kind (Encuentros cercanos del tercer tipo). La película es un recorrido por la llamada clasificación de Joseph Allen Hynek (1910-1986), un astrónomo que, durante más de dos décadas, colaboró con la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la investigación de casos de ovnis. Hynek se quitó la careta escéptica -en realidad, siempre había sido un creyente- a finales de los años 60 para convertirse en el padre de la denominada ufología científica y, en 1972, publicó The ufo experience (La experiencia ovni). En ese libro, divide los avistamientos de platillos volantes en observaciones lejanas y cercanas, siendo estas últimas las que tienen lugar a menos de 150 metros. Dentro de las primeras, distingue las luces nocturnas, los discos diurnos y los objetos detectados por radar, y entre las segundas están los encuentros cercanos del primer tipo -el objeto no interactúa ni con el testigo ni con el entorno-, los del segundo tipo -deja pruebas en forma de huellas, quemaduras…- y los del tercer tipo -se hacen visibles los tripulantes-, que son los que dan título a la película.
La acción arranca con el descubrimiento en el desierto de Sonora de los aviones del Vuelo 19, cinco torpederos TBM Avenger que, con sus catorce tripulantes, se esfumaron en el Atlántico, frente a Florida, el 5 de diciembre de 1945, cuando participaban en un vuelo de adiestramiento en orientación sin instrumental ni puntos de referencia. Este caso se hizo famoso en los años 70 de la mano de Charles Berlitz, quien lo atribuyó al misterioso triángulo de las Bermudas. La desaparición del Vuelo 19 se debió, en realidad, a una sucesión de errores de los jóvenes pilotos -todos, menos uno, novatos- en un día de “fuertes vientos y con el mar muy alborotado”. Desorientados, los aparatos cayeron al agua cuando se les acabó el combustible, y los aviadores murieron por el choque o ahogados. A fecha de hoy, no se han encontrado los aviones.
En Encuentros en la tercera fase, a los integrantes del Vuelo 19 les secuestraron visitantes de otros mundos, que los devuelven a la Tierra al final de la película. Entre el hallazgo de los aviones y el regreso de sus tripulantes, Spielberg recorre la clasificación de Hynek: vemos luces nocturnas, no discos diurnos -hubiera minado la apoteosis final-, sufrimos el efecto electromagnético cuando el automóvil del protagonista se topa con un ovni en una carretera de noche y asistimos a un espectacular primer contacto.
Joseph Allen Hynek, en 'Encuentros en la tercera fase'.
Entre los asistentes al apoteósico desenlace -que no sería tal sin la música de John Williams-, está Hynek. Protagoniza 8 segundos en los que se abre paso entre el gentío, con su barba de chivo, bata blanca y chupando una pipa. No aparece en los créditos, pero Columbia mencionó su Centro para el Estudio de los Ovnis (CUFOS) en el dossier de prensa y, además, pagó 2.000 suscripciones a su boletín por un total de 20.000 dólares. Pero la editorial de The Ufo experience demandó a la productora por violación de derechos de autor por el título de la película y eso acabó con las buenas relaciones entre Columbia y Hynek, según Jacques Vallée, el estudioso de los platillos volantes con mayor protagonismo en la cinta.
Joseph Allen Hynek y Jacques Vallée, en los años 70.3. Un ufólogo francés en la trastienda. Claude Lacombe, a quien da vida François Truffaut, es el científico que dirige la investigación ovni para el Gobierno estadounidense y está inspirado en un ufólogo de carne y hueso, Jacques Vallée, un francés que se trasladó a vivir a Estados Unidos hace 50 años. Informático y astrofísico de formación, y apasionado por los ovnis, conoció a Hynek en 1962 en la Universidad del Noroeste (Illinois) y, un año más tarde, se convirtió en su secretario. Ambos habían sido rosacruces en su juventud. Vallée acabó siendo la mano derecha de Hynek y es autor de Pasaporte a Magonia (1969), libro en el que propone que “los seres de los ovnis actuales pertenecen al mismo tipo de manifestaciones que se describían en siglos pasados secuestrando humanos y volando a través de los cielos”. Huye de la hipótesis extraterrestre y tiende un puente entre las visiones de la ufología y las de ángeles, demonios, hadas y elfos. Todas son, para él, manifestaciones de un fenómeno originado en una realidad alternativa.
Que Truffaut era el alter ego cinematográfico de Vallée es algo de lo que nos dimos cuenta todos los interesados en el tema ovni que vimos Encuentros en la tercera fase cuando se estrenó. “Por supuesto, [Lacombe] está basado en Jacques [Vallée]. He leído sus libros. Me parecía interesante la idea de un francés investigando sobre ovnis en Estados Unidos”,  le contó Spielberg en mayo de 1977 a la periodista Marcia Seligson, cuando preparaba un perfil del cineasta para la revista New West. Durante esa entrevista, Spielberg admitió, además, haber eliminado una escena en la cual Lacombe intenta aprender inglés tumbado en la cama de un hotel escuchando una cinta que ha comprado en Francia y en la que, por eso, la voz grabada habla inglés con acento francés. Algo divertidamente ridículo.
Vallée, el segundo por la izquierda, y Hynek, el cuarto, en una reunión con Kurt Waldheim en la ONU.
En el segundo volumen de sus memorias, Forbidden science. Journals: volume two 1970-1979 (Ciencia prohibida. Diarios: volumen dos 1970-1979, 2009), Vallée asegura, entre otras cosas, que Spielberg se rompió la cabeza hasta dar con el modo en que los extraterrestres transmitirían a los humanos el lugar elegido para el primer contacto. El cineasta le contó un día que había pasado horas reunido para nada con técnicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. «He oído todas las explicaciones de esos tíos de pelo largo con máquinas de millones de dólares y muchas luces parpadeantes, pero no he podido encontrar ningún sentido a su jerga. La escena tiene que ser gráfica, visual», le decía al ufólogo francés. Según Vallée, él propuso a Spielberg que los alienígenas transmitieran una serie de números, éstos fueran las coordenadas del lugar del aterrizaje de la nave nodriza y el descubrimiento lo hiciera un técnico con un globo terrestre. Al final, será el intérprete de Lacombe, geógrafo de profesión, quien dé con la respuesta en medio del caos.
Hynek y Vallée son las dos grandes figuras ufológicas de los años 70. En noviembre de 1978, el primero habla ante la Asamblea General de la ONU y pide -en un discurso consensuado con Vallée y otro ufólogo frandés, Claude Poher- que se cree una agencia multinacional que estudie el fenómeno. Hynek está convencido de que detrás de los ovnis hay «alguna forma de inteligencia», pero no tiene claro si se trata de extraterrestre, de «una realidad superior» o de la mente humana. Y aboga por «la creación de un mecanismo dentro de las Naciones Unidas para facilitar el intercambio y la traducción de los informes y estudios realizados en distintos países miembros». La iniciativa, apadrinada por Eric Gairy, primer ministro de la isla de Grenada, no llegará a buen puerto, aunque dejará para la posteridad las fotos de los ufólogos reunidos con Kurt Waldheim, entonces secretario general de la ONU.
El extraterrestre que dibujó Barney Hill en la consulta del psiquiatra Benjamin Simon.4. La película que encumbró a los grises. ¿De dónde sale el extraterrestre menudo, gris, cabezón y de ojos almendrados? El prototipo actual de tripulante de un platillo volante es una evolución del retrato robot que hizo Barney Hill de los alienígenas que, según él, le secuestraron junto a su esposa, Betty, en septiembre 1961 en una carretera secundaria de New Hampshire. «Los hombres tenían la cabeza de forma rara, con el cráneo grande que se empequeñecía hacia la barbilla. Y sus ojos se alargaban, llegando casi hasta las sienes. […] La piel era grisácea, de aspecto casi metálico», contó Barney, bajo hipnosis, al psiquiatra Benjamin Simon. Betty, que era asistente social, describió a los visitantes como de aspecto “mongoloide: ese tipo de cara redonda y frente ancha, algo basto. Su piel parecía de un gris azulado, pero probablemente era algo mas blanca”, según recoge el periodista John G. Fuller en su libro El viaje interrumpido (1966), que narra el secuestro de los Hill.
Ese visitante de grandes ojos almendrados y piel gris se hace popular gracias, sobre todo, a The ufo incident (El incidente ovni), el telefilme de 1975 en el cual James Earl Jones da vida a Barney y Estelle Parsons, a Betty. Los secuestros por extraterrestres se multiplican tras la emisión de The ufo incident por la NBC en prime time. Hasta 1975 se habían registrado unas cincuenta abducciones, todas denunciadas después que la del matrimonio de New Hampshire, mientras que de 1975 a 1977 salieron a la luz cien nuevas.
Extraterrestre de 'El escudo Bellero'.Un leñador, Travis Walton, aseguró en noviembre de 1975 que había sido secuestrado por alienígenas como los de los Hill y, dos años más tarde, Steven Spielberg puso a los cabezones de ojos rasgados a los mandos de las luminosas naves de Encuentros en la tercera fase. Muchos después, el estudioso del mito ovni Martin Kottmeyer descubrió que, doce días antes de que Barney dibujara el retrato del alienígena ante su psiquiatra, extraterrestres con esos ojos protagonizaron El escudo Bellero, un episodio de la serie The outer limits (Más allá del límite). Ése fue el detonante. Luego, su presencia en los medios y en obras de ficción de gran impacto popular, como la película de Spielberg y la serie Expediente X, hizo que el gris se impusiera sobre todos los demás alienígenas que habían protagonizado relatos de ovnis desde mediados de los años 50.
Por cierto, el doctor Simon nunca creyó que los Hill hubieran sido secuestrados por extraterrestres. Para él, la historia se había cocinado en la mente de una Betty interesada por los ovnis y obsesionada por unas pesadillas que creía basadas en hechos reales y con las que bombardeó a Barney durante meses, hasta que las incorporó a su memoria como falsos recuerdos. En la época que se rueda Encuentros en la tercera fase, gran parte de la comunidad ufológica considera los secuestros por extraterrrestres algo increíble. Spielberg, sin embargo, incorpora las abducciones a la trama como hilo conductor, aunque parecen tener más un fin espiritual que físico, alejadas de la supuesta experimentación con humanos que con el tiempo ganará terreno en la ufología más popular.
La nave nodriza de 'Encuentros en al tercera fase'. A la derecha, en el borde del 'cuenco', está R2D2. Foto: Museo Nacional del Aire y del Espacio de la Institución Smithsoniana.5. R2D2 sobrevuela la Torre del Diablo. La gran nave extraterrestre contiene algunas miniaturas incluidas por su diseñador a modo de broma: un autobús, un avión, un submarino, un buzón de correos, una tumba… y a R2D2. La silueta del droide astromecánico de La guerra de las galaxias es visible cuando el gigantesco ovni se eleva sobre la Torre del Diablo ante el asombro de Jillian Guiler, la madre del niño secuestrado por los visitantes. Si R2D2 está en Encuentros en la tercera fase, que se rodó prácticamente a la vez que La guerra de las galaxias, es porque la nave nodriza la diseñó Ralph McQuarrie. Este artista creó buena parte del universo visual de la trilogía original de Lucas -incluidos Darth Vader, R2D2, C-3PO, Han Solo, Boba Fett, Obi-Wan Kenobi, Yoda…-, y también la estética de series como Battlestar Galactica (1978) y filmes como En busca del arca perdida (1981), ET (1982), Cocoon (1985) y Star Trek IV. Misión: salvar la Tierra (1986).
R2D2, en la gran nave nodriza en la Torre del Diablo.
6. Spielberg y Lucas intercambian beneficios. «Te daré el 2,5% de mis beneficios de La guerra de las galaxias si me das el 2,5% de los tuyos de Encuentros en la tercera fase«, propuso George Lucas a Steven Spielberg en julio de 1976 durante una visita al hangar de Mobile (Alabama) donde se rodaba la escena final de la Torre del Diablo. Lucas estaba convencido de que la película de su amigo iba a ser un éxito de taquilla, mientras que la suya no la iba a ver nadie de más de 12 años. Spielberg aceptó y Lucas se confundió… en parte. Encuentros en la tercera fase fue un taquillazo que sacó a Columbia de la bancarrota, pero La guerra de las galaxias fue un fenómeno cultural que aún persiste. En el documental que acompaña la edición en DVD del trigésimo aniversario, Spielberg reconoce que hizo bastante mejor negocio que su amigo.
7. La fallida continuación de Encuentros en la tercera fase. Tras el éxito de taquilla, Columbia presionó a Spielberg para que rodara una secuela. Él no quería hacerlo, pero tampoco que pasara como con Tiburón, cuya segunda parte rechazó dirigir para Universal y acabó siendo un bodrio. Así que ofreció a Columbia una especie de continuación de Encuentros en la tercera fase. En realidad, no era tal: se iba a titular Night skies (Cielos nocturnos) e iba a contar la historia de un grupo de personas asedidadas por unos violentos extraterrestres en un rancho de la América profunda.
Boceto de la apariencia de los intrusos hecho por Gary F. Hodson, de la 101ª División Aerotransportada, con base en Fuerte Campbell.La trama se basaba en un suceso ovni, el caso de Kelly-Hopkinsville, ocurrido el 21 de agosto de 1955 en la granja Sutton, en Kentucky, cuando, después de ver a las 19 horas una luz en el cielo, un grupo de lugareños sufrió el supuesto asedio de alienígenas durante horas. Ya de noche, los aterrorizados granjeros, que dispararon a sus presuntos atacantes, salieron huyendo en sus coches hasta la comisaría de Hopkinsville, cuyos agentes no encontraron en el rancho prueba alguna ni del aterrizaje de una nave ni de la presencia de intrusos. “En esa parte del país, la gente de la extracción social y económica de los testigos «dispara primero y pregunta después»”, escribió Hynek en The ufo experience. Para él, fue desde un principio un caso «claramente absurdo, hasta el extremo de ofender al sentido común».
Spielberg renunció al final a trasladar el caso de Kelly-Hopkinsville a la pantalla grande porque, después el rodaje de En busca del arca perdida, quería trabajar en algo más tranquilo. Y así nació ET.  Las descripciones de los alienígenas de Kentucky -criaturas flotantes, sin cuello, de ojos saltones, grandes orejas puntiagudas y largos brazos- sirvieron como modelo para los gremlins de la película de Joe Dante. Por cierto, los visitantes aterradores del caso de Kelly-Hopkinsville fueron seguramente una pareja de gran búho cornudo (Bubo virginianus), según el ufólogo francés Renaud Leclet y el escéptico estadounidense Joe Nickell.
8. Spielberg, el escéptico. “Ya no estoy tan seguro de la presencia de vida extraterrestre entre nosotros como veinte años atrás -admite el cineasta en una entrevista del ufólogo Álex Chionetti publicada en agosto de 2005 en la revista Año Cero-. En los 70 yo estaba absolutamente convencido de que estábamos siendo visitados. Es lo que reflejé durante el rodaje de Encuentros en la tercera fase, y después con ET. Pero no me han convencido mucho las evidencias que se han aportado desde entonces. A diferencia de los años 60 y 70, ahora poseemos millones de videocámaras y, no obstante, no hemos conseguido mejores evidencias. Las imágenes de los ovnis de hace treinta años no han cambiado y siguen siendo de objetos que no requieren necesariamente una tecnología extraterrestre. En Encuentros en la tercera fase había diversos tipos de no identificados, muchos imaginados por mí, pero otros basados en hechos reales. Sin embargo, en todo el material de estos años no he llegado a ver un caso que se acercara a alguna de mis interpretaciones del fenómeno”.
El entrevistador discrepó. «No estoy de acuerdo», replicó, y añadió que en los últimos años las pruebas habían seguido acumulándose. “Bueno, me gustaría ver esos vídeos, ya que nadie me ha demostrado todavía que existan evidencias más fuertes… Naturalmente, no lo niego… Por favor, hágamelos llegar a través de su contacto con mi publicista”, respondió Spielberg al colaborador de Año Cero. Pruebas es lo que pedimos los escépticos a quienes hacen proposiciones extraordinarias como que nos visitan seres de otros mundos.
Nota
Este texto está basado en parte de la charla ‘Encuentros en la tercera fase’ y el mito ovni, que di el 4 de mayo en Bilbao en una jornada organizada por la Tertulia de Ciencia-Ficción de Bilbao (TerBi), de la cual soy miembro.

La verdad sobre el ‘extraterrestre de Atacama’ y el caso de Roswell, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves en Suelta la Olla, en Hala Bedi Irratia, del extraterrestre de Atacama y del caso de Roswell, en la primera de mis colaboraciones quincenales del curso 2012-2013 en esa radio, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

El forense Francisco Etxeberria dictaminó en 2007 que el ‘extraterrestre de Atacama’ es un feto humano

La criatura que va a protagonizar el nuevo fraude de la autopsia del marciano es, en realidad, un feto humano momificado, según un estudio realizado en 2007 por Francisco Etxeberria, profesor de Medicina Legal y Forense de la Universidad del País Vasco (UPV), presidente de la Sociedad de Ciencias de Aranzadi, secretario de la Asociación Española de Paleopatología y subdirector del Instituto Vasco de Criminología. Sin embargo, Telecinco ha presentado hoy en sus informativos al ser como un pequeño alienígena y ha llegado a decir que su ADN no es humano, algo de lo que me he enterado gracias a Gustavo Vázquez, miembro del Círculo Escéptico. Es lo que se sostiene en Sirius, un documental que se estrena en Los Ángeles el 22 de abril, Steven Greer, un médico estadounidense que afirma que “hay civilizaciones extraterrestres que están queriendo tomar contacto con nosotros de forma pacífica, pero aún no ha habido nadie que haya contestado. Los extraterrestres nos llaman, pero nadie contesta”. Activo exopolítico, dice que a los humanos nos crearon en un laboratorio alienígena.
Imagen de la autopsia al 'extraterrestre de Atacama'.
Conocido en Chile como el Extraterrestre de La Noria -por la localidad en la cual se encontró-, el Feto, Cochayuyo y el Alien nortino, estamos ante un humanoide cabezón de unos 15 centímetros de altura. Fue desenterrado en el invierno de 2003 por el saqueador de yacimientos arqueológicos Óscar Muñoz en el antiguo poblado de La Noria, en el desierto de Atacama. Poco después, se lo enseñó a un joven fotógrafo y empezó el negocio. «Según Mario Pizarro, representante de Aion (una organización ufológica) en la zona norte, hay gente que está dispuesta a pagar hasta 80 millones de pesos (unos 113.000 euros) por la criatura. Asimismo, el propietario del esqueleto cobra 500.000 pesos (860 euros) por permitir tomarle una foto y 750.000 por dos imágenes», contaba Camilo Aravena Arriagada en el diario La Estrella de Iquique el 19 octubre de 2003. El periodista indicaba que un científico le había dicho que se trataba de un feto humano.
La cabeza del supuesto extraterrestre de Atacama.Eso mismo sospechaba entonces el ufólogo chileno Rodrigo Fuenzalida, quien no pasaba por alto que la criatura había sido desenterrada en las inmediaciones de un cementerio y bajo tierra había estado envuelta en una tela blanca. «Tras observar de cerca la pequeña figura, logré apreciar algo que parecen ser restos del cordón umbilical, y es notorio un fuerte golpe en la zona parietal izquierda, que pudo haber desencajado el cráneo dándole la forma tan sorprendente que presenta actualmente. Este tema responde más a un enigma al que deberán dar respuesta profesionales del área de la medicina o la biología, ya que no se trata de un caso ufológico ni tiene relación alguna con seres extraterrestres».
El estudio del espécimen
El forense Francisco Etxeberria examinó el espécimen el 24 de febrero de 2007 por encargo de Ramón Navia-Osorio Villar y Jaume Ametller Viñamata, del Instituto de Investigación y Estudios Exobiológicos, una veterana organización ufológica española que acabó adquiriendo la criatura. El científico concluyó en el informe que se trata de un «cuerpo momificado con todas las características humanas propias de un feto. El cuerpo tiene una longitud de 14 centímetros y presenta todas estructuras y conexiones anatómicas normales en cabeza tronco y extremidades. En toda la superficie corporal muestra el tegumento propio de la piel que consolida las estructuras de partes blandas y los huesos».
El forense vasco Francisco Etxeberria. Foto: Mikel Fraile.«En su conjunto, la proporcionalidad de las estructuras anatómicas (esqueléticas y de partes blandas), el grado de desarrollo de cada uno de los huesos y su configuración macroscópica, permiten interpretar, fuera de toda duda, que se trata de un feto humano momificado completamente normal. La longitud de las clavículas es de unos 15 milímetros y la de los fémures de unos 20 milímetros. Tanto por la longitud total del cuerpo como por las longitudes de estos huesos, se puede estimar que se trata de un feto con una edad de gestación próxima a las 15 semanas», dictaminó Etxeberria. Y añadió que, «con el nivel de análisis realizado, no nos resulta posible establecer si este feto momificado es resultado de un aborto espontáneo o provocado» ni era posible precisar su antigüedad.
A Navia-Osorio, sin embargo, no le convenció el dictamen del experto. «No tenemos pruebas concluyentes que determinen la naturaleza del espécimen. En este proceso, las personas más indicadas para saber si es o no feto son las madres que han tenido hijos, pues a todas a las que hemos preguntado han dicho que es imposible que eso sea un feto. Me fío más de las madres, que de aquellos otros que por miedo dicen lo que no piensan. Y así, poco a poco, se va escribiendo la historia, naturalmente toda falsa», escribió en un artículo publicado en la revista Espacio Compartido (Nº 50). El razonamiento sobre las madres es puro delirio. Lo más sorprendente, sin embargo, es que el texto incluía el informe de Etxeberria, que es concluyente. «Es un disparate», me ha comentado el forense vasco hoy después de ver lo que están contando las televisiones de medio mundo. Ahora mismo, el científico está en Chile para intentar aclarar la muerte de Pablo Neruda.
En las próximas semanas, Steven Greer venderá su montaje a medio mundo, como en 1995 hizo el productor televisivo Ray Santilli con la infame autopsia de Roswell. ¡Están avisados!

Informe médico pericial

Francisco Etxeberria Gabilondo, Doctor en Medicina, Profesor Titular de Medicina Legal y Forense de la Universidad del País Vasco, Médico Especialista en Medicina Legal y Forense, Especialista en Antropología Forense por la Universidad Complutense de Madrid, Médico Colegiado en Guipúzcoa nº 3538, elabora el siguiente informe médico pericial a solicitud de D. Ramón Navia-Osorio Villar y D. Jaume Ametller Viñamata del Instituto de Investigación y Estudios Exobiológicos en relación a una momia encontrada en el expoblado minero de La Noria, región I de Chile presentada en forma de poster al VI Congreso Mundial de Estudios sobre Momias celebrado en Teguise, Lanzarote (España).

Operaciones practicadas

  • Estudio de la documentación aportada al Congreso, en la que se describe el lugar de procedencia, las características del hallazgo y dos fotografías del espécimen (Foto 1).

  • Inspección directa del espécimen efectuada el día 24 de los corrientes.

Valoración

Se trata del cuerpo momificado con todas las características humanas propias de un feto. El cuerpo tiene una longitud de 14 centímetros y presenta todas estructuras y conexiones anatómicas normales en cabeza tronco y extremidades. En toda la superficie corporal muestra el tegumento propio de la piel que consolida las estructuras de partes blandas y los huesos.

En las regiones articulares la coloración es más oscura así como en general en aquellos lugares en los cuales predominan las partes blandas que se encuentran resecadas y retraídas.

En la región abdominal se evidencia la existencia de una porción de cordón umbilical.

El cráneo se muestra aplastado lateralmente y presenta todas las estructuras entre las que se identifican las fontanelas lambdática y frontal.

En su conjunto, la proporcionalidad de las estructuras anatómicas (esqueléticas y de partes blandas), el grado de desarrollo de cada uno de los huesos y su configuración macroscópica, permiten interpretar, fuera de toda duda, que se trata de un feto humano momificado completamente normal.

La longitud de las clavículas es de unos 15 milímetros y la de los fémures de unos 20 milímetros. Tanto por la longitud total del cuerpo como por las longitudes de estos huesos, se puede estimar que se trata de un feto con una edad de gestación próxima a las 15 semanas.

Con respecto a la data del espécimen hay que considerar que existen zonas de tejido muy oscuras que contrastan con otras de color parduzco y por ello parece razonable estimar que no se trata de una momificación muy antigua entendiendo por ello varios centenares de años.

En cuanto a la momificación resulta sencillo explicar este proceso si tenemos presente que los fetos no tienen flora bacteriana en el tubo digestivo que es donde se inicia la putrefacción de los cadáveres, unido a la circunstancia de la pérdida de sangre como consecuencia de no haber mantenido ninguna precaución con el cordón umbilical. De este modo, la hipovolemia habría favorecido el proceso de conservación del cadáver.

A lo anterior cabe añadir otros factores externos de carácter medioambiental y climático como son la sequedad y alta temperatura que caracterizan el lugar del hallazgo que además de favorecer la momificación, aseguran su posterior conservación.

Conclusiones

1.- Se trata de un feto momificado de unas 15 semanas de gestación.

2.- Con el nivel de análisis realizado no nos resulta posible establecer si este feto momificado es resultado de un aborto espontáneo o provocado.

3.- Con el nivel de análisis realizado no nos resulta posible precisar la data del mismo aunque creemos que es más posible que su cronología sea reciente y contemporánea.

La criatura de La Noria.

Fotografía tomada del póster presentado al VI Congreso Mundial de Estudios sobre momias celebrado en Teguise, Lanzarote (España). Ramón Navia-Osorio Villar y Jaume Ametller Viñamata.

Fdo. Dr. Fco. Etxeberria Gabilondo.

En Donostia, a 28 de febrero de 2007.

La cara oculta del padre de la ufología: el extraño caso del doctor Hynek y el señor Hyde

El astrónomo Joseph Allen Hynek (1910-1986) es el Pablo de Tarso de la ufología. El hombre al que invocan desde hace más de cuarenta años los creyentes en los platillos volantes para intentar dar a su afición una pátina científica. Durante más de dos décadas, colaboró con la Fuerza Aérea de Estados Unidos en los proyectos Signo, Rencor y Libro Azul, buscando explicaciones convencionales para las observaciones de ovnis. Era entonces la bestia negra de los ufólogos. Sin embargo, a finales de los años 60, se cayó públicamente del caballo de la incredulidad para convertirse en el padre de la denominada ufología científica. Ese hito fundacional del credo ovni es -como pasa con todas las religiones- una leyenda, asegura John Franch en «The secret life of J. Allen Hynek» (La vida secreta de J. Allen Hynek), un artículo publicado en el último número de The Skeptical Inquirer, la revista del Comité para la Investigación Escéptica (CSI). Los hechos parecen darle la razón.
«La aparente transformación del profesor [Hynek] de escéptico a defensor de los ovnis no fue la conversión que parece a primera vista», dice Franch, basándose en las memorias de Jacques Vallée. El astrofísico y ufólogo francés y Hynek se conocieron en 1962 en la Universidad del Noroeste (Illinois, Estados Unidos) y, un año más tarde, el primero, entonces estudiante de informática, se convirtió en secretario del segundo, de quien acabaría siendo la mano derecha. En Vallée está inspirado Claude Lacombe, el personaje interpretado por François Truffaut en Encuentros en la tercera fase (1977), película de Steven Spielberg de la cual Hynek fue asesor -el título se basa en su clasificación de los avistamientos de ovnis- y en la que aparece 8 segundos abriéndose paso entre el gentío durante el aterrizaje de la gran nave extraterrestre en la Torre del Diablo. El Hynek científico, serio y riguroso, alejado del esoterismo, habitual de los libros de autores como Antonio Ribera, se transmuta en los recuerdos de Vallée en alguien interesado por lo oculto desde la adolescencia.
Joseph Allen Hynek, en 'Encuentros en la tercera fase'.
El rosacruz
Según Hynek confesó al informático francés, y recoge Franch, se hizo astrónomo para descubrir los límites de la ciencia, los fenómenos inexplicados para ésta. En la adolescencia, se interesó por los rosacruces y, en el instituto, se gastó 100 dólares de la época en The secret teachings of all ages: an encyclopedic outline of masonic, hermetic, qabbalistic and rosicrucian symbolical philosophy (Las enseñanzas secretas de todas las épocas: un esbozo enciclopédico de la filosofía simbólica masónica, hermética, cabalística y rosacruz. 1928), obra magna del escritor canadiense Manly Palmer Hall. «Todos mis compañeros de estudios pensaban que estaba loco porque no me había comprado una moto, como habían hecho ellos», le confesaría años después a Vallée.
Detrás del aparentemente escéptico que empezó a colaborar con la Fuerza Aérea en 1948, muy poco después del avistamiento de Kenneth Arnold que dio nombre al fenómeno de  los platillos volantes, había, por tanto, un apasionado por el ocultismo y los fenómenos presuntamente inexplicables. Y no fue un pecadillo de juventud, según se desprende de lo que Vallée contaba en una entrevista radiofónica  en 1993 acerca de su pasado rosacruz compartido. «Yo estaba encantado de saber que durante muchos años él [se refiere a Hynek] también había recogido información de la tradición. Los dos, por cierto, habíamos llegado a la misma conclusión, que realmente no necesitábamos una organización para continuar esa investigación, ya que hay muchas fuentes de todo y ese tipo de investigación se hace mejor independientemente. Sin embargo, esas organizaciones eran muy sinceras y nos facilitaron un buen comienzo».
Joseph Allen Hynek y Jacques Vallée, en los años 70.Vallée desvela en esa entrevista que Hynek y otro astrónomo estadounidense viajaron en 1958 a Francia para visitar al ufólogo Aimé Michel y «salieron convencidos de que había descubierto algo importante». Michel fue el patriarca de la ufología gala. Desarrolló en colaboración con Jacques Bergier, coautor con Louis Pauwels de El retorno de los brujos (1960), la teoría de las ortotenias, según la cual los casos de ovnis de la oleada francesa de 1954 se ordenaban sobre líneas rectas, una especie de aerovías para platillos volantes. Al final, Vallée concluyó en 1966 que las ortotenias eran debidas al azar. Todo el trabajo de Michel ha demostrado con el tiempo ser tan inútil como el de otros muchos ufólogos, así que el presunto entusiasmo de Hynek y su colega era infundado.
Escepticismo de fachada
Ya en 1960 Hynek empezó a apuntar que los ovnis podían merecer un estudio científico serio. En una carta que el 17 de febrero de ese año dirigió a un general de la Fuerza Aérea, y que cita Franch, decía: «Sólo necesito recordarle que, hace menos de dos siglos, todo lo referente a los meteoritos se mantenía al margen de la astronomía legítima porque las historias que piedras que caen del cielo se consideraban cuentos de viejas. Si esos hechos hubieran recibido la suficiente atención por parte de los científicos de entonces, la productiva rama de la astronomía que ahora conocemos como meteorítica hubiera nacido un siglo antes de lo que lo hizo». El ejemplo de los meteoritos, junto con el caso de Galileo, se convertirá con el tiempo en uno de los mantras de la ufología. Poco después, Vallée y Hynek montaron un grupo de discusión ovni. Según el francés, el astrónomo estadounidiense estaba sólo a la espera de un caso inexplicable cuya evidencia resultara tan abrumadora que obligara a la comunidad científica a aceptar el fenómeno ovni como real.
El agente de policía Lonnie Zamora.Llegó. Fue el avistamiento en el que el policía Lonnie Zamora se topó con un extraño objeto y dos humanoides a las afueras de Socorro (Nuevo México) en la tarde del 24 de abril de 1964. El patrullero seguía a un Chevrolet negro que circulaba “a excesiva velocidad” por las afueras de Socorro cuando escuchó una fuerte explosión, así que abandonó la persecución para investigar. A entre 150 y 200 metros de distancia del lugar de la explosión, vio lo que en principio le pareció un automóvil volcado y a “dos personas en trajes blanco de mecánico”. A unos 30 metros del ovni, concluyó que era un “objeto de forma ovalada”, “liso, sin ventanas ni puertas”, “como de aluminio, blanco”. Se bajó del coche, oyó otro estruendo, vio una llama bajo el objeto, que empezó a despegar, echó a correr y se cayó junto a su auto, perdiendo las gafas. Siguió corriendo, mirando atrás de vez en cuando y escuchando silbidos y crepitaciones. Poco después, el extraño ingenio se perdía entre las montañas.
Cuando Hynek investigó el suceso, se quedó perplejo por el testimonio del policía y las huellas de la nave encontradas en el terreno. “Es el caso mejor documentado de la historia y, a pesar de una investigación exhaustiva, todavía no hemos podido identificar el vehículo o el estímulo que atemorizó a Zamora hasta el pánico”, escribió dos años más tarde el mayor Héctor Quintanilla, director entonces del Proyecto Libro Azul. “De todos los encuentros cercanos del tercer tipo, éste es el que con más claridad sugiere la presencia de un aparato volador real y concreto, acompañado por ruidos y propulsión”, dice Hynek en su libro El informe Hynek (1977). Según sus biógrafos, fue uno de los casos que le dio el empujón definitivo para salir del armario ufológico. Hoy en día, sabemos, gracias a una carta descubierta entre la correspondencia del premio Nobel Linus Pauling, que el caso de Socorro fue una broma montada por estudiantes del Instituto de Tecnología y Minería de Nuevo México (NM Tech).
En marzo de 1966, Hynek se vio envuelto en un episodio que le hizo objeto de mofa en todo el país. Achacó provisionalmente unas luces nocturnas vistas en Michigan por decenas de personas al gas de los pantanos. Ese episodio le hizo llegar sentirse culpable de su «actitud escéptica». Un mes después, compareció ante un comité de congresistas y pidió que se formara un panel científico para analizar el problema de los ovnis, lo que con el tiempo sería el Comité Condon, dirigido por el físico Edward U. Condon, financiado por la Fuerza Aérea y con sede en la Universidad de Colorado.
El informe final de ese grupo de expertos, que examinó información de los archivos militares y las organizaciones privadas, supuso en 1969 la puntilla a las aspiraciones de la ufología por hacerse un hueco entre las disciplinas científicas: «Nuestra conclusión general es que, en los últimos veintiún años, el estudio de los ovnis no ha aportado nada al conocimiento científico. La consideración cuidadosa de la información que está a nuestra disposición nos lleva a concluir que un estudio adicional de los ovnis no puede justificarse con la expectativa de que la ciencia vaya a avanzar gracias a ello». Este mazazo lanzó definitivamente a la ufología a Hynek, cuyo escepticismo público hasta entonces Franch califica de simple fachada. «Estudioso de lo oculto durante mucho tiempo, estaba abierto a outré notions: por ejemplo, creía que había más planos de existencia que el físico e incluso respaldo afirmaciones referentes a la cirugía psíquica y la fotografía psíquica«, recuerda en The Skeptical Inquirer.
Carta a ‘Science’
El astrónomo escribió el 1 de agosto de 1966 una carta a Science, que la revista publicó el 21 de octubre siguiente (Vol. 154, Nº 3.747) bajo el título de «Ufo’s merit scientific study» (El merecido estudio científico de los ovnis). En ella, dice sentirse ante sus colegas «como el viajero a tierras exóticas y lugares remotos que se descarga de su obligación hacia aquéllos que quedaron en casa informándoles de las extrañas costumbres de los nativos». Reconoce que la mayoría de los casos que ha investigado para la Fuerza Aérea corresponde a identificaciones erróneas, pero añade que «el residuo de casos ovni misteriosos» hace necesaria una investigación por científicos de todas las áreas, incluidas las sociales.
Carta de Joseph Allen Hynek a la revista 'Science'. Foto: 'Science'.
En la misiva, que ocupa una página entera de la revista, Hynek aclara siete -a su juicio- ideas erróneas, como que los ovnis sólo los ven los creyentes, que los testigos son siempre gente sin formación, que los científicos no los ven… Respecto a su posible origen extraterrestre, admite que es cierto que no hay pruebas de ello, pero sentencia que, «mientras sean no identificados, la cuestión debe obviamente permanecer abierta»; se pregunta si «¿estaremos cometiendo el mismo error que la Academia de Ciencias Francesa cuando rechazaba las historias de piedras que caen del cielo?»; y concluye apelando a la provisionalidad del saber científico. «He empezado a sentir que hay una tendencia en la ciencia del siglo XX a olvidar que habrá una ciencia del siglo XXI y una ciencia del siglo XXX, que considerarán nuestro actual conocimiento del Universo insuficiente. Sufrimos, tal vez, de provincianismo temporal, de una forma de arrogancia que siempre ha irritado a la posteridad».
El residuo enigmático, la existencia de casos con testigos cualificados y la provisionalidad del conocimiento científico fueron durante décadas las balas de plata de la ufología. Unas balas tan efectistas de cara al público como inútiles en la realidad. El propio Hynek nunca fue capaz de cuantificar debidamente el residuo de avistamientos inexplicados tras la pertinente investigación. Lo mismo hablaba del 20% que del 1%. Da igual: el problema del residuo ufológico es que no demuestra por sí solo nada extraordinario, al igual que el residuo de crímenes inexplicados no prueba que anden por ahí sueltos vampiros, hombres lobo y otros monstruos. La experiencia ha demostrado que los presuntamente mejores testigos, los pilotos militares, son tan poco fiables que el resto. Por citar un caso clásico, en enero de 1948, Thomas F. Mantell, capitán de la Guardia Nacional Aérea de Kentucky, murió cuando perseguía con su avión un globo de un proyecto secreto creyendo que era un platillo volante. Y, aunque es cierto que el conocimiento científico es provisional, casi setenta años después de la observación de los primeros ovnis, sigue sin haber pruebas de que sean algo más que las hadas de la era espacial.
«Sabemos con seguridad que están aquí»

En cuanto se declaró ufólogo, Hynek se convirtió en un símbolo viviente. Era el científico escéptico a quien las pruebas habían convencido de la realidad de las visitas de seres de otros mundos. Porque el astrónomo se reveló como un devoto de la llamada hipótesis extraterrestres a pesar de que en muchas intervenciones públicas -como la carta a Science– se mostrara cauto. Hasta 1969, había hecho gala de una doble personalidad apasionada por lo oculto de puertas adentro y científica ortodoxa de puertas afuera; desde ese momento, hizo lo mismo dentro de la ufología. En los foros de aficionados a lo paranormal y los ovnis, daba rienda a ideas descabelladas; de cara a la opinión pública y, sobre todo, a la comunidad científica, era más prudente.
Así, en agosto de 1976, calificaba en la revista People las abducciones de «basura» y decía que ninguno de los protagonistas de esos sucesos había sido capaz de proporcionar información «fiable». Sin embargo, en la revista Ufo Report de ese mismo mes aseguraba que, aunque los encuentros con humanoides al principio le habían provocado rechazo, «ningún científico debería descartar datos simplemente porque no le gustan». En Ufo Report también indicaba que cada vez apoyaba «menos y menos la idea de que los ovnis estuvieran hechos de tuercas y tornillos», mientras que en People aseguraba que había «muchas pruebas de que los ovnis están hechos de tuercas y tornillos. ¿Cómo se explica, si no, que los detecte el radar? ¿Cómo se explican las huellas sobre el terreno?».
«No hay duda de que el fenómeno ovni exhibe inteligencia. Aunque yo, sencillamente, no sé de dónde proviene esa inteligencia. Puede venir de grandísimas distancias, y también puede ser que venga de un lugar más cercano, de una realidad paralela», decía el 17 de diciembre de 1982 en CX 20 Radio Monte Carlo, una de las emisoras de radio con más audiencia de Uruguay. En esa misma entrevista, reproducida por Antonio Ribera en su libro Las máquinas del Cosmos (1983), se mostraba convencido de que los ovnis eran «muestras de una tecnología fuera de la terrestre» y de que esos visitantes llegaban a la Tierra «sin emplear ninguno de los medios técnicos que nosotros conocemos. Podemos suponer, por ejemplo, que han aprendido a manipular el espacio y el tiempo, o a ir desde su lugar físico, a través de otra dimensión, a nuestro lugar físico, o bien a enviar una forma mental que al llegar aquí se materializa. Lo único que sabemos con seguridad es que están aquí. Y la otra cosa que sabemos con seguridad es que son inteligentes».
Opiniones al gusto
'The ufo experience', de Joseph Allen Hynek.Hynek fue, posiblemente desde el principio de la era ovni, un creyente en las visitas extraterrestres, aunque no se destapara como tal hasta que creyó tener pruebas que apoyaran su punto de vista. Pruebas como el fraudulento aterrizaje de Socorro. Pero, entonces, ¿por qué colaboró durante más de dos décadas con los militares? Para Bruce Rux, autor del libro Architects of the underworld (Arquitectos del inframundo, 1996), la integridad de Vallée a la hora de aproximarse al fenómeno ovni es «más evidente» que la de Hynek. «Parece como si Hynek hubiera estado dispuesto a desempeñar deliberadamente el papel de relaciones públicas de la Fuerza Aérea, poniéndose al frente de la comunidad científica, con el fin de que se le permitiera llevar a cabo su propia investigación privada. En otras palabras, que sacrificó la verdad de cara al público para que le dieran la oportunidad de descubrirla por sí mismo», escribe Rux. Suena conspiranoico, pero no es el único que lo dice. Es algo que apuntan autores creyentes y escépticos. Ciertamente, vista la trayectoria vital anterior y posterior de nuestro protagonista, resulta creíble que decidiera colaborar con los militares, aunque fuera a costa de sacrificar sus creencias, sólo para tener acceso a información privilegiada.
Tras su salto a la ufología, Hynek fundó en 1973 el Centro para el Estudio de los Ovnis (CUFOS) y escribió dos libros en solitario sobre el fenómeno, The Ufo Experience (La experiencia ovni, 1972) y The Hynek Ufo Report (El informe Hynek, 1977). En el primero, divide los avistamientos de platillos volantes en observaciones lejanas y cercanas, las que tienen lugar a menos de 150 metros. Dentro de las primeras, distingue las luces nocturnas, los discos diurnos y los objetos detectados por radar, mientras que divide las segundas en encuentros cercanos del primer tipo -el objeto no interactúa ni con el testigo ni con el entorno-, del segundo tipo -deja pruebas en forma de huellas, quemaduras…- y del tercer tipo -se hacen visibles los tripulantes-, que son los que dan título a la película de Spielberg.
Si como científico había mantenido en secreto su pasión por el ocultismo, como ufólogo también tuvo hasta el final un doble discurso que le sitúa, en muchas ocasiones, en el bando de la ufología más disparatada. Así, junto con Uri Geller e Ingo Swann, fue en junio de 1976 una de las estrellas de un congreso sobre experiencias extracorporales, precognición, sanación espiritual y otras patrañas. Y, en un discurso ante la Hermandad Fronteras Espirituales en julio de 1979, se sintió «más libre para discutir los aspectos más esotéricos de los ovnis» porque su audiencia había tenido «una cierta expansión de la conciencia» y estaba abierta a posibilidades a las cuales «una persona con una visión materialista, como los científicos en general, no lo están». Aprovechó la ocasión para alabar los experimentos parapsicológicos de Joseph B. Rhine y, ya en su campo, especular con la posibilidad de que la inteligencia existente detrás de los ovnis procediera no de otro planeta, sino de una realidad paralela o hasta fuera una expresión «de nuestra energía psíquica de algún modo extraño».
Hynek «habla sobre los ovnis de un modo cuando escribe para el Instituto Tecnológico de Massachusetts, cuando habla contigo y cuando habla con astrónomos, pero de otro muy diferente cuando lo hace ante creyentes en los ovnis», apuntaba el periodista y escéptico Philip J. Klass a Kendrick Frazier, director de The Skeptical Inquirer, en una carta en 1983. Klass admiraba a James E. McDonald, físico y ufologo, porque tenía el mismo discurso siempre independientemente del foro en el que hablara y consideraba que, por su «honestidad intelectual», merecía su respeto. Sin embargo, despreciaba profundamente a Hynek por adaptar sus opiniones a lo que le convenía en cada momento y lugar.
Así era el astrónomo Joseph Allen Hynek, el padre de la ufología.

El Ayuntamiento de Glasgow daría una bienvenida «cálida y pacífica» a visitantes extraterrestres

«Estamos seguros de que todos los extraterrestres (no hostiles) querrían incluir Glasgow en su lista de lugares a visitar, y podemos garantizarles una visita cálida y pacífica». Así ha respondido Kenneth Meechan, portavoz del Ayuntamiento de Glasgow, a un vecino que ha preguntado que tiene previsto hacer la Corporación si la ciudad es escenario de un primer contacto. «A medida que la Humanidad siga avanzando y adentrándose en las estrellas, indudablemente atraeremos la atención de cualquier forma de vida que haya ahí fuera. Tengo curiosidad por saber qué medidas se han puesto en marcha para el encuentro inevitable», decía el ciudadano, informa el diario The Herald.
La respuesta de la autoridad local es toda una demostración de profesionalidad y flema británicas. Tras recordar que no hay un protocolo claro para el caso de un encuentro súbito con extraterrestres y que ni el Gobierno británico lo considera un riesgo ni el Ayuntamiento de Glasgow que sea algo que vaya «a suceder en los próximos cinco años», destaca que el consenso científico apunta a que lo más probable es que el primer contacto tenga lugar por radio. «La posibilidad de viajar más rápido que la luz permanece en los dominios de la ficción y se necesitaría un tiempo improbablemente largo para viajar entre las estrellas a velocidades sublumínicas», explica Meechan. Y añade: «El Ayuntamiento no controla ningún radiotelescopio, luego no esperamos detectar ninguna señal del espacio».
Mi parte preferida de la argumentación es cuando Meechan asume que el contacto pueda tener lugar al estilo de la ciencia ficción clásica o de las historias de platillos volantes. «Si, en contra de lo previsto, el primer contacto es mediante un aterrizaje, queremos advertir de que Glasgow tiene alrededor del 0,008% de la población mundial y abarca el 0,00003% de la superficie total de la Tierra y el 0,00012% de las tierras emergidas. Sobre una base puramente estadística, por lo tanto, consideramos poco probable que los alienígenas, en el caso de que visiten la Tierra en los próximos cinco años, desembarquen inicialmente en Glasgow». Concluye diciendo que, si aún así sucede eso, la ciudad recibirá a los alienígenas cálida y pacíficamente si son «no hostiles». ¡Chapeau!