Michio Kaku y la nanoinvasión extraterrestre

El físico Michio Kaku, durante su intervención en congreso El Ser Creativo de Málaga. Foto: Efe.

“Podrías tener nanosondas”. A mediados de los años 90, Dan Goldin, entonces administrador general de la NASA, advirtió así a Joel Achenbach, periodista de The Washington Post, de una inquietante posibilidad. “Miré a mi alrededor, en la mesa y escaneé mi ropa”, recuerda el reportero en Captured by aliens (1999). Y es que Goldin le había dicho poco antes que era posible que civilizaciones avanzadas que dominaran la nanotecnología hubieran enviado ya a la Tierra robots de tamaño molecular y no nos hubiéramos enterado. Las nanosondas serían un método de exploración mucho más barato y efectivo que las naves robóticas o tripuladas convencionales.

Me he acordado de este episodio del libro de Achenbach al releer un fragmento de la Física de lo imposible (2008), obra en la cual el físico teórico Michio Kaku expone su visión del fenómeno ovni. Este científico y divulgador de origen japonés está siendo jaleado en España por personajes como Javier Sierra y Enrique de Vicente porque, a finales de agosto, dijo en la MSNBC que un pequeño porcentaje de ovnis podría corresponder a naves extraterrestres. Lamentablemente para los vendedores de misterios, la realidad es que la ufología es un enfermo en estado vegetativo, como el belga Rom Houben, y Kaku hace en este caso el papel de un ingenuo bienpensante, como el neurólogo Steven Laureys en el caso de Houben.

El científico californiano parte de una falacia, se fía de lo que le cuentan y llega a una conclusión errónea: puede que nos estén visitando extraterrestres; un medio de comunicación de masas se hace eco de ello por ser Kaku quien es -un popular físico téorico y divulgador-; y los ufólogos saltan de gozo como si alguien hubiera encontrado al ET de Spielberg que se perdió en el bosque en 1982. En la entrevista en The Dylan Ratigan Show que aquí reproduzco, Kaku deja claro que se cree a pies juntillas los casos de ovnis protagonizados por personal militar cualificado y los avistamientos con múltiples testigos y detecciones por radar que narra la periodista Leslie Kean en su libro Ufos: generals, pilots and Government officials go on the record. Es lo mismo que si un prestigioso científico español diera crédito a las obras ufológicas de autores como Juan José Benítez, Manuel Carballal y Bruno Cardeñosa, quienes consideran que los pilotos militares y civiles nunca se confunden al ver cosas en el cielo. Todos estos autores pasan por alto, por ejemplo, casos como el de Thomas Mantell, capitán de la Guardia Nacional Aérea de Kentucky, que murió en la tarde del 7 de enero de 1948 cuando perseguía un globo del programa Skyhook de estudio de los rayos cósmicos creyendo que era un platillo volante.

Cuando habla de ovnis, Kaku comete un error increíble: da por hecho que los ufólogos actúan como científicos, que son individuos básicamente honestos que buscan la verdad. No es así. Aunque hay ufólogos honestos, éstos suelen ser prácticamente desconocidos para el gran público. Los populares, los que venden libros y aparecen habitualmente en la radio y la televisión, se mueven por intereses que nada tienen que ver con el avance del conocimiento y no dudan en falsear y ocultar datos para convertir un suceso banal en algo extraordinario. Les pongo un ejemplo: hace años, un hombre que había subido a un platillo volante una noche en un paraje solitario de un país africano salió contando su experiencia en TVE y el responsable del programa cortó la frase final en la que el protagonista decía que creía que todo podía haber sido un sueño. Ahora, ese suceso figura en la bibliografía popular ovni española como un suceso de gran extrañeza.

La falacia del residuo

Kaku dice que los visitantes extraterrestres pueden estar escondidos en el 5% de casos presuntamente inexplicados, el residuo que queda después de haber desechado los debidos a fenómenos naturales, aeronaves, fraudes… Los ufólogos hacen de ese residuo de casos el objeto de su estudio; los escépticos consideramos que el residuo responde a la misma realidad que la inmensa mayoría (95%) de los casos ovni, con la salvedad de que los sucesos agrupados en el residuo no se pueden clarificar debido a dificultades insalvables, como la falta de pruebas, la tergiversación de testimonios por el ufólogo de turno, el desconocimiento de la fecha y hora exactas… El residuo ovni, los pocos casos inexplicados -que no inexplicables-, puede equipararse con el residuo de crímenes y delitos sin resolver, y tiene tanto fundamento formular hipótesis que hablen de extraterrestres respecto a los ovnis como hablar de vampiros y hombres lobo para explicar los crímenes no resueltos. Hasta Kaku, quien cree que en ese residuo hay algo más, admite que falta la pistola humeante, la prueba definitiva. Lo hizo en la MSNBC en agosto y lo hace en su libro. “No se ha recogido ningún ADN alienígena, ningún chip de ordenador alienígena ni ninguna prueba física de un aterrizaje alienígena”, escribe en La física de lo imposible.

El físico y divulgador tiene razón cuando dice que unos presuntos visitantes alienígenas podrían estar millones de años más adelantados que nosotros y no ser “una superversión nuestra”, sino una civilización de las que él llama de tipo III, que utiliza la potencia de una galaxia, ha colonizado miles de millones de sistemas estelares, viaja a su gusto por el espacio interestelar… “Los borg en Star trek, el Imperio en La guerra de las galaxias y la civilización galáctica de la serie Fundación de Asimov corresponden a una civilización tipo III”, sostiene Kaku. Y añade que una supercivilización de ésas recurriría a nanonaves, naves microscópicas, para explorar el Universo. ¿Cómo encaja eso con las visiones clásicas de los platillos volantes y sus tripulantes, incluidas las que cuenta Kean en su libro que tanto impresionan a Kaku? De ningún modo.

Intentar hacer casar los avistamientos habituales de ovnis con el proceder de una hipotética supercivilización es ridículo: van unos extraterrestres, cruzan la galaxia en su platillo con el consiguiente coste de energía y otros recursos, asustan a un campesino en medio de un campo solitario y salen pitando de vuelta a su distante hogar. Y el discurso de Kaku es contradictorio: dice que el 5% de casos ovni que conforman el residuo de inexplicados puede estar protagonizado por naves alienígenas y, al mismo tiempo, que una exploración interestelar de esas características sólo está al alcance de supercivilizaciones que usen para ello nanonaves. Pero es que los ovnis de ese residuo son ingenios de gran tamaño, naves espaciales como las de nuestra ciencia ficción tripuladas por humanoides que asustan a campesinos, no nanomáquinas extraterrestres como las que inquietaban a Joel Achenbach a mediados de los años 90.