Periodismo

Ciencia, periodismo, psicología y humor, en el Mes Escéptico 2016 en La Coruña

Cartel del Més Escéptico de 2016.Tres charlas y un monólogo de humor componen el programa del Mes Escéptico 2016, organizado por los Museos Científicos Coruñeses y el Círculo Escéptico. El ciclo, que se celebra por segundo año y  tendrá como escenario la Domus de La Coruña, arranca este jueves a las 19.30 horas con una charla sobre La necesidad de creer en la que el periodista José Cervera explicará cómo “en el fondo la razón por la que la gente necesita la fe es la misma por la que nace la ciencia: porque el cerebro para estar tranquilo necesita respuestas. La curiosidad, que nos hace humanos, también nos impulsa a creer sin pruebas”.

El 1 de diciembre, Helena Matute, catedrática de Psicología Experimental en la Universidad de Deusto, disertará sobre Sesgos cognitivos y adquisición de creencias, acerca de cómo nuestros prejuicios y predisposiciones dan lugar “en ocasiones al fortalecimiento de creencias infundadas que compiten con el desarrollo de creencias más fundamentadas, pero que a menudo resultan contraintuitivas”. En Que la realidad no te arruine un buen titular, la química Deborah García Bello, autora de Dimetilsulfuro, y Pablo Linde, periodista de El País, hablarán el 15 de diciembre de “cuando la prensa o la publicidad sacrifican la realidad científica por el impacto mediático, el sentido crítico, y el escepticismo y la cultura del consumidor se convierten en la única clave para discriminar la ciencia de la ficción. ¿Es posible la convivencia entre la ambición del clic y la veracidad?”.

El fin de fiesta correra el 22 de diciembre a cargo del periodista Juanjo de la Iglesia, con su monólogo Todos somos Rappel, y acogerá, además, la entrega del I Premio José Carlos Pérez Cobo de periodismo y pensamiento crítico, el único en España que reconoce el fomento del escepticismo.

No voy a poder estar en La Coruña este año en el Mes Escéptico –en 2015 el honor de participar como ponente-, cuyo principal impulsor es Javier Pedreira, Wicho. Iniciativas como ésta y el premio José Carlos Pérez Cobo de periodismo y pensamiento crítico merecen todo mi apoyo y demeustran lo necesaria que es una organziación como Círculo Escéptico. ¿A qué esperan para unirse?

Ciencia y pseudociencia, en la Cadena SER

Carles Francino, Álex Grijelmo y yo hablamos el lunes sobre ciencia y pseudociencia, a raíz del curso de verano Ciencia, pseudociencia y pensamiento mágico en tiempos de incertidumbre, de la Universidad de Burgos, en La ventana, en la Cadena SER.

Las témporas, el ‘tampodka’ y el monje shaolín asesino con superpoderes, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de las témporas, el tampodka y el monje shaolín asesino con superpoderes, en la quinta entrega del curso 2012-2013 de Gámez over, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

La vidente de la Ertzaintza, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de la vidente de la Ertzaintza, en la cuarta de mis colaboraciones quincenales del curso 2012-2013 en esa radio, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

¿Es posible emborracharse metiéndose tampones empapados en vodka por la vagina? Más bien, no

La última moda alcohólica entre las adolescentes españolas consiste, según algunos medios, en meterse en la vagina tampones empapados en vodka para emborracharse rápidamente. A principios de semana, saltaba la noticia -desmentida después por el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa)- de que hospitales gijoneses habían atendido cuatro casos de intoxicación etílica por tampodka en los últimos nueve meses. Varios expertos confirmaban la existencia de esa práctica y alertaban de su peligrosidad. “No es ninguna broma”, advertía el médico Eduardo Carreño, que dirige en Gijón una clínica para el tratamiento de adicciones  y decía que este método “provoca serios daños en la zona vaginal”. Sin embargo, a pesar de las alertas de éste y otros presuntos expertos, estamos ante una leyenda urbana equiparable a la de la chica de la curva o la de los gatos bonsái. Para comprobarlo, basta con visitar alguna web especializada en estos rumores o consultar con algún científico.

Empecemos por analizar la verosimilitud de los hechos, guiados por José Carlos Pérez Cobo, profesor de fisiología humana de la Universidad del País vasco (UPV) y miembro del Círculo Escéptico. ¿Es posible emborracharse insertándose en la vagina tampones empapados en vodka?, le pregunté ayer. “El alcohol etílico es una molécula muy pequeña, hidrosoluble y liposoluble. Se absorbe muy bien por cualquier mucosa y con gran rapidez: es una de las poquísimas cosas que absorbemos en el estómago. Por esto, beber con el estómago vacío emborracha antes que hacerlo con el estómago lleno. Vacío, el estómago absorbe y éste pasa de inmediato al intestino, donde se absorbe en su totalidad. Acompañado de alimentos, el alcohol se disuelve en el contenido estomacal y viaja con mayor lentitud hacia el intestino”, explica Pérez Cobo. Con ese punto de partida, el lego -yo, por ejemplo- podría suponer que el contacto directo de alcohol de alta graduación con la mucosa vaginal, o anal, favorecería la embriaguez inmediata. Antes de seguir adelante, conviene que los hombres seamos conscientes de para qué sirven los tampones (ellas ya lo saben).

Un tampón es un cilindro de algodón que se mete en la vagina para absorber el flujo menstrual. Su finalidad no es introducirlo en la cavidad empapado en nada; sino más bien la contraria. Así pues, el primer problema a la hora de recurrir al tampodka es cómo meter en la vagina un cilindro de algodón inflado. Fácil no tiene que ser. Hace año y medio, tras enterarse de esta presunta moda adolescente, Danielle Crittenden, responsable de blogs de The Hufftington Post, decidió probar por sí misma, a pesar de no ser precisamente una amante del vodka, que le parece que “sabe como algo que deberías usar para esterilizar una herida”. Utilizó un tampón de tamaño grande, variedad que había comprobado que absorbe unos 44 mililitros de vodka (cantidad que puede llevar un combinado). Cuando llegó el momento, lo colocó “donde se supone que tiene que ir”, no sin antes derramar un tercio del líquido. “¡Chicas, no lo hagáis con vuestros mejores vestidos de fiesta!”, avisa en un divertidísimo artículo titulado “Bartender, a Dirty Martini with a tampon!” (¿Camarero, un Martini Sucio con un tampón!). Y entonces llegó lo peor.

Un escozor “insoportable”

“Sentía como si alguien hubiera arrojado una cerilla encendida ahí. Empecé a dar saltos y respirar a bocanadas rápidas y cortas como había aprendido en las clases de parto, hace mucho tiempo, antes de que me diera cuenta que no necesitaba respirar así si me ponían la epidural”, recuerda la periodista. Tanto de pie como sentada, el escozor era “insoportable”. Crittenden aguantó 10 minutos antes de extraer el tampodka. “Me sentí mejor inmediatamente”. Al día siguiente, probó el método tradicional, y placentero, de tomarse una copa de vodka. Y concluyó que “cualquiera que intente emborracharse mediante un tampón merece el castigo”. Para ella, la mejor manera de acabar con esta leyenda urbana es que las madres animen a sus hijas adolescentes a experimentar, les den una tampón, les faciliten vodka para que lo empapen, se sientan y rían.

“El alcohol es una molécula muy reactiva y, en consecuencia, irritante. Cualquier persona poco acostumbrada a los licores de alta graduación alcohólica notará que le queman en la garganta y el habituado notará lo mismo si el grado de alcohol es elevado. Y estamos hablando de la mucosa laríngea, fuerte para resistir la erosión provocada por el paso de los alimentos y, digámoslo así, acostumbrada a que pasen por ella irritantes diversos: picantes, el vinagre de la ensalada, mostazas…”, ilustra Pérez Cobo. El fisiólogo añade que, en un caso como el de Critteden, “la irritación de la mucosa vaginal tuvo que ser insoportable. Aunque no lo comenta, me imagino, además, que se produciría un flujo vaginal abundantísimo, por lo que parecería que la chica se habría hecho pis encima (el tampón está mojado y ya no absorbe)”. ¿Alguien se cree que una adolescente va a aguantar tal suplicio repetidamente cuando puede, simplemente, beber un trago de vodka? Además, el tampodka sale más caro -hay que sumar el coste de los tampones- y no evitaría, de funcionar, que el alcohol se detectara en el aliento.

El Sespa indicó ayer en un comunicado que “no tiene constancia de que los servicios de urgencias de los hospitales de la red pública asturiana hayan atendido a pacientes por intoxicación etílica, cuyo origen esté en la utilización de tampones impregnados de alcohol, una supuesta práctica de la que se han hecho eco en los últimos días diversos medios de comunicación. “En la actualidad existen muchos problemas reales relacionados con las drogas como para preocuparnos de mitos y leyendas urbanas que no tenemos acreditadas y que, de existir, no serían en ningún caso una moda, sino que corresponderían a comportamientos aislados”, ha dicho el director general de Salud Pública, Julio Bruno.

Los orígenes de esta leyenda urbana se remontan a 1999, según las webs Snopes y Urban Legends, y todos los casos registrados corresponden a rumores de ingresos hospitalarios como los asturianos, nunca confirmados. En España, tal como recuerda el Sespa, la Asociación Bienestar y Desarrollo, una ONG que trabaja con drogodependientes y otras personas en riesgo de exclusión social, considera que “el tampodka no es ninguna moda. Ni tan siquiera existe como práctica. Es totalmente falso. No hemos detectado su presencia en entornos festivos ni ninguna referencia en los más de quince años de trabajo”.