Medios y anticiencia

‘Operación Palace’ y los falsos documentales, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves en Suelta la Olla, en Hala Bedi Irratia, de Operación Palace y los falsos documentales, en la octava entrega del curso 2013-2014 de Gámez Over, intervenciones que también emiten Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate), Kkinzona (Urretxu-Zumarraga) y Txindurri Irratia (Lautada).

‘Operación Palace’: un ‘experimento’ de Jordi Évole que Fernando Jiménez de Oso hizo hace 30 años

“Hay una cosa fundamental en este proyecto y es que no os podéis perder el final”, avisó Jordi Évole a las quince personas que, días antes de la emisión de Operación Palace en La Sexta, vieron los 20 primeros minutos del supuesto reportaje. El final no lo verían hasta el día de su estreno en televisión -ayer por la noche-, pero Évole quería que sus conejillos de indias le dieran su opinión con sólo los primeros 20 minutos. ¿Hacían falta más pistas?

Nada más oír, en el preámbulo al estreno, esa advertencia sobre el final de Operación Palace, escribí en Twitter: “¿Será Operación Palace un Operación Luna o Alternativa 3 cañí? Tiene esa pinta”. Y segundos después, cuando entró el primer político en escena, añadí: “Operación Palace huele a falso documental”. No contaba con información privilegiada. Simplemente, me lo había dicho el director del reportaje con su advertencia, la ratificación de las sospechas que había empezado a tener ya con los anuncios promocionales.

Imagen promocional de 'Operación Palace'.Évole cometió ayer, a mi juicio, dos errores de principiante. El primero, advertir de que había que ver el reportaje hasta el final. Es como cuando alguien te dice de una película: “¡Ya verás la sopresa que te llevas al final!”. Te está diciendo que el asesino es el mayordomo. Eso, trasladado al género documental, es un aviso de que lo que vas a ver es una ficción disfrazada de reportaje. El segundo gran error es que desde los primeros minutos quedaba claro qué era lo que iban a revelar, que el golpe de Estado del 23-F fue un montaje de la clase dirigente para afianzar la democracia, y cómo, mediante políticos y periodistas que decían lo escrito en un guión. A partir de ese momento, Operación Palace tiene para mí el mismo interés que una película de intriga de la que conozco el desenlace. Lo poco más que vi del programa me aburrió porque ya sabía cómo iba acabar, colgando a la espalda de los espectadores más ingenos un monigote de los inocentes

Orson Welles y ‘Operación Luna’

Algunas de las comparaciones posteriores de Operación Palace con otras produciones me parecen desafortunadas y tramposas. Se ha hablado de Orson Welles y su dramatización de La guerra de los mundos como primer antecedente, y de la ficción de 2002 sobre los alunizajes dirigida William Karel como inspiración directa. “Para hacer este programa nos hemos basado en el documental Operación Luna, que explicaba la llega a la Luna como si hubiese sido algo falso. Hemos cogido el 23-F, que también arroja muchos interrogantes y hemos hecho el mismo experimento”, ha dicho Évole. Sin embargo, ninguna de esas dos referencias es válida.

El montaje radiofónico de La guerra de los mundos de Orson Welles, emitido por la CBS el 30 de octubre de 1938, era una sesión de radioteatro anunciada como tal. Además, durante y después del relato de la invasión extraterrestre, se emitieron anuncios diciendo que se trataba de una dramatización. Aún así, hubo decenas de miles de estadounidenses que vivieron el pánico marciano, posteriormente amplificado por unos periódicos que se dejaron llevar por el entusiasmo y hablaron hasta de suicidios e infartos que, en los días siguientes, nadie confirmó. ¿Anunció ayer La Sexta en algún momento que lo emitido era una ficción? No.

Operación Luna es otra cosa. Karel cuenta en esa película cómo se falsificaron los alunizajes a través de los testimonios de Buzz Aldrin, Henry Kissinger, la viuda de Stanley Kubrick, Donald Rumsfeld y Vernon Walters, entre otros. Para conseguirlo, saca de contexto declaraciones de todos ellos, a los que suma como refuerzo un puñado de actores. “Utilizando convenientemente sus testimonios (los de los personajes históricos), bastaba con tener un testigo falso, en este caso una secretaria de Nixon, para que hiciese de enlace y consiguiese que la historia fuese creíble. A los verdaderos testigos les dijimos que estábamos rodando una película sobre Kubrick, sobre sus películas, sobre la Luna o sobre la NASA, y les hacíamos preguntas un poco vagas…”, declaró en su día Karel en una entrevista. Las declaraciones de los protagonistas, convenientemente montadas, parecían apoyar la idea de la conspiración lunar. En Operación Palace, los periodistas y políticos interpretan un guión mientras que en Operación Luna lo que se demuestra es lo fácil que es manipular un testimonio y crear con él una ficción.

‘Alternativa 3’, casi 40 años después

Tuit de Beatriz Talegón en el que la dirigente socialista da por bueno lo que cuenta 'Operación Palace'.La producción de Évole sigue los pasos de Alternativa 3, un falso documental de 1977, concebido originalmente como inocentada, en el que periodistas y actores interpretan una ficción conspiranoica sobre un inminente fin del mundo. Alternativa 3 cuenta cómo el ser humano llegó a Marte en 1962 y, ante una inminente catástrofe ambiental, Estados Unidos y la Unión Soviética pusieron inmediatamente en marcha un programa secreto para terraformar el planeta rojo y trasladar allí a lo mejor de nuestra especie. Presentado por Tim Brinton -quien había trabajado como locutor en los informativos de la BBC-, se estrenó en la ITV británica el 20 de junio de 1977 y, al día siguiente, todos los periódicos advertían de que había sido de una broma.

A pesar de eso, el 13 de febrero de 1983, Fernando Jiménez del Oso emitió Alternativa 3, en su programa La Puerta del Misterio, presentándolo como si se tratara de un reportaje periodístico, aunque, entre otras muchas pistas, en los créditos finales podía leerse la lista de actores y los personajes a los que daban vida. Miles de españoles se tragaron el cuento. Treinta años después, Évole ha repetido lo que hizo Jiménez del Oso, si bien lo ha llamado experimento y toda la producción ha sido de factura propia. Pero el conductor de Salvados no ha hecho nada nuevo; sólo ahondar en la confusión entre periodismo e infoentretenimiento, ese género para el que parece que todo vale.

“Seguramente otras veces les han mentido y nadie se lo ha dicho”, ha sentenciado Évole como justificación de Operación Palace. Sí, es verdad, por ejemplo, en el episodio de Salvados titulado “¿Qué comemos?”. Si usted se tragó ayer Operación Palace, es que engañarle es muy fácil. Piénselo para no ponérselo tan fácil a quien -político, periodista, constructor, comerciante o lo que sea- lo intente la próxima vez.

“No respirar bien nos puede provocar cáncer”, alerta una gurú de la autoayuda en ‘La Vanguardia’

“No respirar bien nos puede provocar cáncer”, sentenciaba Maria Àngels Farreny ayer en La Vanguardia. Vivimos en una sociedad en la cual proliferan los gurús, y Farreny es uno de ellos. Experiodista, se gana la vida como entrenadora personal de respiración, meditación y liderazgo. Su negocio consiste en vender cursos, entre ellos uno de 70 horas en el que dice que enseña a respirar, titulado La ciencia del control del ritmo respiratorio/cardiaco y postural. Cuesta 650 euros, se publicita como “homologado por el Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña” y lo imparten ella y la actriz Miriam Marcet, su socia en Natura Respira 3.0: Escuela Europea de Respiración. ¿Que usted ya sabe respirar?, ¿que lo hace inconscientemente? Es lo que se cree, pero no es verdad y no sabe lo que se está jugando.

“Con una buena respiración y una buena postura corporal, porque tienen que ir ambos ligados, puedes prevenirlo prácticamente todo. La mayoría de enfermedades vienen provocadas por una falta de oxígeno, y hay que recordar que el cuerpo humano está formado por un 85% de agua. Si coges agua, la estancas durante tres o cuatro días y no está oxigenada, ¿qué sucede? Se pudre. Respirar quiere decir vivir, lo repetiré las veces que haga falta”, dice Farreny en la entrevista que le hacen en el diario barcelonés. Vale, todos sabemos que, si no respiras, te mueres. Para ser conscientes de eso, no hace falta ningún gurú. Pero respirar bien no previene “prácticamente todo”, la mayoría de las enfermedades no están provocadas por una falta de oxígeno y comparar el cuerpo humano con un estanque de agua es de un charlatanesco que da miedo.

“Lo del estancamiento del agua podrida supera mis capacidades de comprensión -reconoce José Carlos Pérez Cobo, profesor de fisiología humana de la Universidad del País Vasco-. En cualquier caso, habría que recordar a estos señores que lo que todos entendemos por agua oxigenada, el peróxido de hidrógeno, es un tóxico potentísimo. Y, si se refieren al oxígeno disuelto en el agua, la cantidad es muy pequeña e irrelevante en condiciones normales: respirando aire atmosférico y con el cuerpo a los 37º C de rigor. Porque el oxígeno no viaja en la sangre unido al agua del plasma sanguíneo, sino unido a la hemoglobina en el interior de los eritrocitos -o hematíes o glóbulos rojos-, y la hemoglobina, cuando la sangre abandona los pulmones, está saturada de oxígeno. En reposo, la cantidad de oxígeno en la sangre varía entre una saturación de casi el 100% cuando deja los pulmones a una saturación de alrededor del 75%-80% cuando vuelve a ellos (la famosa sangre sin oxígeno que nos venden los gurús). Aumentar en reposo la intensidad respiratoria no consigue aumentar la cantidad de oxígeno en la sangre, porque ya está saturada. Todo esto, claro, en condiciones fisiológicas normales. En caso de enfermedad, los valores pueden variar mucho, pero por causa del mal”.

Nobel inventado

Parte de la entrevista a Maria Àngels Farreny publicada en 'La Vanguardia'.Farreny acaba de publicar con su socia el libro Dime cómo respiras y te diré cómo vives. Explican en él “cómo transformar una situación negativa en una situación positiva a partir de una buena praxis respiratoria y postural”. “Respirar conscientemente es vivir conscientemente. No habría tantos accidentes ni enfermedades, ni cosas raras; iríamos más felices por la vida, ofreciendo sonrisas a desconocidos”, asegura en La Vanguardia. E intenta convencer al periodista: “Te daré un dato: sólo utilizamos un 10% de nuestra capacidad pulmonar. ¡Un 10%!”. No siempre ha sido así, explica. “Si te fijas en la barriga de un bebé verás que sube y baja, esto quiere decir que hace las inspiraciones completas. A medida que nos vamos haciendo mayores, nos van bombardeando con el «esto no se dice», «esto no se hace» y «esto no se toca», y nos vamos conteniendo”.  ¿Hay que sumar el mito del 10% de la capacidad pulmonar al de que usamos sólo el 10% del cerebro?

“Curiosamente, es verdad en cierta manera -advierte el fisiólogo y miembro del Círculo Escéptico-. En cada ciclo respiratorio en reposo, se sustituye con la atmósfera aproximadamente el 10% de la capacidad pulmonar total (una tercera parte de ese 10%, a su vez, se queda en el espacio muerto anatómico, donde no se produce intercambio de gases con la sangre). La razón de esto es que permanezcan constantes las concentraciones de oxígeno y dióxido de carbono en el interior de los alveolos (en el gas alveolar), un factor fundamental para el mantenimiento de las concentraciones de estos gases en la sangre. Pero los pulmones están siempre llenos de gas (el caso contrario, se debe a un neumotórax, que es siempre patológico). Con las inspiraciones forzadas, seguidas de espiraciones forzadas, consigues intercambiar más cantidad de aire del interior de los pulmones, cosa que haces durante el ejercicio intenso porque las demandas de oxígeno aumentan. Si en reposo haces inspiraciones y espiraciones forzadas continuadas, vas a ver que muy pronto no puedes continuar, porque, si bien aumentas la concentración de oxígeno en el gas alveolar (algo irrelevante, como puedes deducir de lo dicho más arriba), reduces sustancialmente la concentración de dióxido de carbono y esto frena de inmediato la respiración forzada. Además, algunas personas, si hacen una serie larga de respiraciones forzadas, pueden sufrir un ataque epiléptico”. Ah, y los bebés no son diferentes a los adultos en lo que a la respiración se refiere.

En su afán por rodearse de un halo científico, la experiodista saca a relucir a un Nobel. “Muchas enfermedades, tanto físicas como psíquicas, están relacionadas con la falta de oxígeno. Otto Warburg, recibió dos premios Nobel en los años 30 por descubrir la relación que hay entre cáncer y oxígeno”. Ni lo uno ni lo otro. El fisiólogo alemán no ganó dos veces el Nobel, sino una, en 1931. Y no le premiaron por hallar “la relación que hay entre cáncer y oxígeno”, sino “por su descubrimiento de la naturaleza y el modo de acción de la enzima respiratoria” . Es cierto que Warburg sostuvo hasta su muerte en 1970 que “la sustitución de la respiración de oxígeno [por parte de la célula] por la fermentación es la causa del cáncer”, pero ni le premiaron por plantearlo ni concuerda con lo que sabe la ciencia del siglo XXI. “Todo Nobel que se precie ha dicho más tonterías de las necesarias. Pero confundir la respiración celular -las reacciones bioquímicas en las mitocondrias de las que se obtiene energía con la unión final del oxígeno al hidrógeno para formar agua- con la ventilación pulmonar -nombre fisiológico de lo que vulgarmente se llama respiración- es un error de aficionado”, indica Pérez Cobo.

“¡Ya está bien de tonterías yóguicas!”

“No existen los problemas, sino las soluciones: búsquelas. Si respiras y te colocas bien, imbuyes vida al cuerpo. Si uno quiere, puede; no importa todo lo que tenga en contra; puede”, declaraba Farreny hace un año a El Periódico. Autoayuda pura y dura que la experiodista ha conseguido que respalde la Generalitat, al homologar su curso. “Pretendemos que las sencillas y poderosas técnicas de La ciencia del control del ritmo respiratorio se incluyan en los planes de estudio, desde Primaria hasta Formación Profesional. Y la aportación final es la creación de un posgrado para una nueva profesión: entrenador personal de respiración y consciencia”. ¿Y quién formará a esos especialistas? Su organización, claro, previa superación, y pago, de su curso y después de estudiar otros dos años más a un precio que no se revela.

Farreny vio la luz hace años en un viaje a Poona (India), donde dice que se formó “en técnicas corporales como cráneo-sacral, tantra y respiración consciente”, a través de las cuales aprendió “a re-conocer su cuerpo y a tener conciencia de su respiración, reconectando, a partir de sus propias experiencias vitales y sensoriales, cuerpo, mente y espíritu”. Mística oriental para sacar los cuartos a los occidentales a quienes sobra el dinero. “No hay mejor manera de respirar de forma inadecuada que empeñarse en pensar en cómo respiras -advierte Pérez Cobo-. ¡Déjate llevar, que el cuerpo es muy sano! ¡Ya está bien de tonterías yóguicas!”.

Elevar a titular la idea de que “no respirar bien nos puede provocar cáncer” es, además de dar pábulo a la anticiencia, trasladar a los enfermos oncológicos la culpa de su enfermedad, algo muy propio de ciertos practicantes de la medicina alternativa y una indecencia. “Si sufres un cáncer de pulmón, no se debe a que has respirado mal toda la vida”, concluye el científico y divulgador vasco.

El semen es la esencia del hombre y ser una bala loca sexual propicia enfermedades degenerativas

Si le sobran 15,9 euros, puede comprarse “el secreto del elixir de la eterna juventud”. Así define la periodista Raquel Quelart en La Vanguardia el libro Alimentos que curan, de Jorge Pérez-Calvo y Pilar Benítez, un médico y una economista con ideas estrafalarias. ¿Cómo cuáles? Como la que da título a la entrevista publicada el jueves en la web del diario barcelonés: “Los hombres pierden la esencia a través de la eyaculación”. Aquí la tienen en su contexto:

“-¿Cómo se puede gestionar la energía sexual?

-P.B.: Los hombres pierden la esencia a través de la eyaculación. Estas técnicas orientales enseñan a cómo no emitir el semen en la relación sexual, sino a aspirarlo, convertirlo en energía vital, hacerlo circular a través de los meridianos para que llegue a los órganos.

-J.P.C.: Pero eso es una técnica que no es fácil.

-Entonces, ¿eyacular no es bueno para el hombre?

-J.P.C.: La sexualidad es muy saludable, pero el hombre tiene que tener en cuenta que cuando emite, pierde; eyacular no es banal, tiene un peso biológico; el hombre debe saber que la emisión no es la parte principal de la relación, por lo que debe darle más importancia a todos los prolegómenos. La mujer necesita un calentamiento mucho más lento y progresivo para que entre en un estado importante de excitación y de disfrute. La mujer también pierde energía con la regla.”

Imbecilidades rancias

Si lo que sostiene Pilar Benítez de los hombres lo dijera un hombre de las mujeres, la teníamos montada. Supongan que voy y sentencio en un periódico o en la tele algo del estilo de: “Las mujeres pierden la esencia con el flujo menstrual”. No me cuesta nada imaginarme a algunos colectivos saltándome -con razón- al cuello por cosificar a la mujer como un mero depósito de óvulos. Porque esencia es, según las dos primeras acepciones del Diccionario de la RAE, “aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas”, o “lo más importante y característico de una cosa”. Decir que el semen es lo esencial del hombre equivale a decir que los óvulos son lo esencial de la mujer. Una imbecilidad como la copa de un pino que parece sacada de un manual nacionalcatólico para reprimir la sexualidad, aunque, según nuestros protagonistas, la idea proceda de Oriente.

Pérez-Calvo y Benítez añaden a esa tontería otras dos en lo que respecta al sexo: la idea de que “para cambiar tu manera de hacer el sexo tienes que cambiar tu alimentación” -¿varían tus inclinaciones si pasas de degustar ostras a disfrutar con los caracoles, por usar la imagen utilizada por Craso en Espartaco?- y la de que ser “una bala loca” sexual en la juventud se acaba pagando caro. Sorprendentemente, de la versión de la entrevista ahora colgada en la web de La Vanguardia se han eliminado las tres preguntas sobre alimentación y balas locas que iban inmediatamente después de las dos anteriores. Las transcribo de la copia que imprimí en su momento:

-¿Y cómo se modifica ese chip?

-J.P.C.: Para cambiar tu manera de hacer el sexo, tienes que cambiar tu alimentación. Un estudio de la Universidad de Arizona concluía que los gusanos utilizados en la investigación vivían sólo ocho días porque estaban siempre copulando. Desapareando a los gusanos, se demostró que podían vivir once días; luego, les hizo una vasectomía -ya no podían emitir- y los dejó aparearse: la vida de los animales se alargó hasta los catorce días.

-Sorprendente.

-¿Qué quiero decir con esto? A menudo las personas con una enfermedad degenerativa importante, aunque no siempre se cumple, han sido un poco bala loca.

-O sea, ser “una bala loca” sexualmente puede acarrear problemas de salud.

-Sí, a la larga. Claro, hay personas que tienen constituciones muy fuertes y tardan más. En la juventud parece que eso nunca va a llegar.”

Es un discurso rancio, propio de una mentalidad para la cual disfrutar de algo tiene que conllevar un castigo. Por supuesto, no hay ni una prueba que avale una afirmación tan aventurada e irresponsable como que, habitualmente, “las personas con una enfermedad degenerativa importante, aunque no siempre se cumple, han sido un poco bala loca”. Y Pérez-Calvo hace trampas cuando, nada más sentenciar que variando la alimentación cambias tu vida sexual, cita un estudio con gusanos que no tiene nada que ver con el asunto y a partir del cual, si es cierto y llevándolo a la parodia, debería ponerse en marcha un programa para hacer vasectomías a toda la población masculina para alargar su esperanza de vida. ¿Y los gusanos hembras?, ¿qué pasa con los gusanos hembras?, ¿qué pasa con las mujeres?

Reportaje sobre la nutrición energética publicado en 'La Vanguardia'.No es menos disparatado lo que los dos expertos dicen respecto a la dieta, “una sarta de chorradas”, en palabras del biólogo José Carlos Pérez Cobo, experto en fisiología humana. En opinión de este doctor en biología y divulgador científico, miembro del Círculo Escéptico, Pérez-Calvo y Benítez “no se privan de ninguno de los tópicos charlatanescos: los conocimientos perdidos, el aumento de las enfermedades, las sandeces de la energía y el mito-timo ecológico, por no hablar de lo del semen reabsorbido”. Y, claro, no falta la emoción, tan querida por los gurús de la autoayuda y que nos deja melonada como ésta de Pérez Calvo: “La emoción es la manera cómo vibran nuestros órganos internos; si tenemos órganos saludables, tendremos emociones positivas”. Ay, las vibraciones… La autora de la entrevista, que ya firmó en La Vanguardia hace tres meses un texto propagandístico de la histeria electromagnética, se limita a dejar hablar al médico y la economista para que vendan su libro, sin poner en ningún momento en tela de juicio sus estrambóticas afirmaciones.

La nutrición energética

Pérez-Calvo practica la medicina integrativa, que es como llaman ahora los defensores de las terapias alternativas a la aplicación conjunta de éstas y la medicina científica. Además, es experto en nutrición energética, una pseudodisciplina que parte de la ficción de que tenemos tres cuerpos -el físico, el emocional y el mental- y de que “cada alimento posee unas propiedades inherentes a sí mismo -en función de su color, de su forma, de su sabor, de la forma en la que crece en la naturaleza de su lugar de origen…- que pueden usarse de forma terapéutica. Este médico divide los alimentos en dos grandes grupos, yin y yang: “Todo en el Universo está sujeto a una bipolaridad. La vida y el movimiento existen porque se da esta polaridad, y lo mismo ocurre en los alimentos. Hay alimentos que inducen más a la contracción y otros a la expansión; al frío o al calor; a lo ácido o a lo alcalino; yin o yang. En general los alimentos yang son más contractivos y producen más calor y tono en el cuerpo (es el caso de las carnes y pescados, cereales o legumbres), mientras los alimentos yin son más expansivos y fríos e inducen a estados de relajación (como las frutas, algunas hortalizas y lácteos)”. Benítez es, por su parte, autora de un recetario energético, y dice en La Vanguardia:

-Y esto nos lleva hablar del yin y del yang, que también están presentes en lo que comemos.

-P.B.: Cualquier alimento produce un efecto en el cuerpo de expansión -yin- o de contracción -yang-. La dieta moderna juega con los extremos. Por ejemplo, los zumos tropicales son extremadamente yin porque proceden del Trópico, la zona de la Tierra más expansiva. Pero los que vivimos en otras latitudes no necesitamos expandir tanto los tejidos; sin embargo, comemos cosas que no son del lugar ni del momento.

-¿Cuál es la consecuencia de esto?

-P.B.: Compensamos este desequilibrio con alimentos del otro extremo, es decir, si tomamos un helado muy dulce, al cabo de un rato nos apetecerá algo salado. Esta compensación constante produce un gran estrés en el organismo.

“Lo más terrible es que la sarta de tonterías que sueltan la dicen en un tono asertivo”, advierte Pérez Cobo. Así, para empezar, Pérez-calvo explica a la periodista que, “si has desayunado de una manera adecuada, tendrás suficiente energía y un pH lo suficientemente alcalino para que no te sientas tan estresada cuando tengas una exigencia importante en tu trabajo” y que tomar dos galletas de chocolate con un café con leche es malísimo, porque nos “acidificará la sangre, robará de tu sistema vitaminas y minerales, y te impedirá responder con lucidez y reserva; te sentirás presionada y estresada”. “El pH es uno de los factores fisiológicos más cuidadosamente regulados del organismo: pregunta a cualquier estudiante de fisiología sobre los problemas y el tiempo que han dedicado a entender su control. El valor normal del pH sanguíneo es de alrededor de 7,4 con una oscilación máxima fisiológica entre 7,3 y 7,5. Por debajo de 7,2, uno está ya muy enfermo, así como por encima de 7,6, y se puede morir. Si la ingesta o no de un determinado alimento alterara el equilibrio ácido-básico, estaríamos dados. Pero queda muy bonito esto de decir que, si desayunas poco o mucho o sólo jamón, te vuelves alcalino y tu pH variará: como no significa nada, pero el lenguaje parece serio, vende mucho”, sentencia el biólogo.

“Si consumes una riqueza de nutrientes que permita a tu cerebro funcionar bien, ante un problema se te ocurrirán cinco soluciones. Pero, si estás cansado y con un bajo nivel de ácido docosahexaenoico -DHA-, que representa el 30% del peso del cerebro, un problema banal se convierte en un verdadero trauma”, dice el médico integrativo. Otro bonito disparate. “Si el 30% del peso del cerebro fuera de DHA, evidentemente el cerebro sería una balsa de aceite en la que nadarían unas escasas neuronas… Además, aunque hay algunos estudios no replicados -destaca Pérez Cobo- de los efectos de la dieta, y concretamente del DHA, en la prevención de la enfermedad de Alzheimer, se trata de un ácido graso insaturado que somos perfectamente capaces de sintetizar. O sea, que nuevamente se puede decir lo habitual en estos casos: es bueno comer pescado -que es donde abunda el DHA-, pero como siempre”.

¿Vivimos más, pero peor?

Como apóstol de los mal llamados alimentos ecológicos -dice que “tienen más nutrientes” cuando no es así-, Pérez-Calvo es un tecnófobo que falsea la realidad: “Se ha perdido control sobre el propio cuerpo y su naturaleza, y se han asumido muchos estándares comerciales que nada tienen que ver con la realidad biológica de nuestro organismo, que nos alejan cada vez más de nuestra manera de sentir, de nuestro instinto y la intuición de lo que nos conviene y lo que no. Por eso, hay tanta patología hoy en día. La esperanza de vida ha aumentado gracias a los avances tecnológicos, pero no la calidad de vida. Antes una persona llegaba a los 90 años conservando bastante bien la cabeza; hoy en día a partir de los 60 años la gente empieza a tener problemas cognitivos, como alzhéimer, demencia senil, depresión, ansiedad… Algunas de estas enfermedades son fácilmente prevenibles con la alimentación”. Una falacia tras otra. La mayor incidencia de las enfermedades neurodegenerativas se debe a que ahora vivimos más. Antes, era menor porque menos gente llegaba a edades avanzadas. Así de claro. Decir que los avances tecnológicos no han propiciado un aumento de la calidad de vida, además de una mayor esperanza de vida, es negar la realidad. Y afirmar, como hace el médico integrativo, que esas enfermedades pueden curarse en algunos casos con la alimentación es irresponsable.

La entrevista es una sucesión de estupideces: dicen los expertos que el plátano va bien para “bajar la temperatura interna”; que “el curry, la pimienta, el ajo, la cebolla cruda, el pollo, los cárnicos, el exceso de sal, el café o el alcohol aumentan la ansiedad”, mientras que “el zumo de uva roja, de manzana, los espárragos, el membrillo, la alcachofa, tonifican la sangre del corazón y los fluidos de la zona”; que “la ansiedad se produce por un exceso de calor y sequedad en la zona precordial -corazón y pulmones-“; que “somos lo que comemos”; que “pensamos como comemos y sentimos como comemos”; y, por supuesto, lo de reabsorber el semen para “hacerlo circular a través de los meridianos para que llegue a los órganos”. Que algo así se publique en la web de un gran diario bajo la etiqueta de Sanidad da miedo. ¿Con qué nos sorprenderá la autora la próxima vez, con un alegato contra los chemtrails o los virus reptilianos?