Boiron diluye su credibilidad y la de la homeopatía

Así dio la noticia 'Redacción Médica'.La credibilidad de la homeopatía sufrió ayer en España un golpe de impredecibles consecuencias a manos de Boiron, el mayor fabricante de productos homeopáticos del mundo. Tras la suspensión del máster en homeopatía de la Universidad de Barcelona porque “no hay una evidencia científica clara” sobre la efectividad de esa práctica y la posterior polémica abierta en los medios de comunicación, la multinacional francesa convocó el martes una rueda de prensa ante “una campaña de comunicación sin precedente [que] ataca a la homeopatía en España”, “revela un desconocimiento profundo de la realidad de la homeopatía en España y en el mundo”, y “testimonia una falta de respeto a los millares de médicos y a los millones de españoles que han escogido las medicinas homeopáticas”. La encargada de poner las cosas en su sitio iba a ser Valérie Poinsot, directora general delegada del Grupo Boiron.

Cuando me enteré de la convocatoria, me sorprendió. No era posible que la multinacional respondiera satisfactoriamente a quienes sostenemos, entre otras cosas, que no existe ninguna prueba de que la homeopatía funcione más allá del placebo; que muchos, si no todos, de sus productos no contienen principio activo alguno; que, debido a eso, no existe ningún mecanismo por el que puedan tener ningún efecto; que ninguno de sus preparados cura nada; que el uso de la homeopatía pone en peligro vidas humanas; y que los médicos y farmacéuticos que los recetan y venden están jugando con la salud de los consumidores. Así que pensé que lo más probable era que se pegaran un tiro en el pie. No fui el único que llegó a esa conclusión. Fernando L. Frías, compañero del Círculo Escéptico, sospechó lo mismo. El tiempo nos ha dado la razón.

Los titulares de los medios tras la rueda de prensa lo dicen todo: “Ridículo de Boiron en su defensa de la homeopatía” (Redacción Médica); “Boiron defiende el uso de la homeopatía y admite que no sabe cómo actúa” (Diario Médico); “El gigante francés de la homeopatía dice que no sabe cómo funcionan sus productos” (El Correo); “La homeopatía se pone seria y el público se ríe” (El Español)… Y es que Poinsot reconoció ayer en Madrid que ellos no saben por qué funcionan sus productos, a pesar de lo cual achacó las críticas de los últimos días al “desconocimiento que hay al respecto [de la homeopatía] en España”, país donde, añadió, una de cada tres personas consume este tipo de preparados. Lamentablemente para ella, cuando le preguntaron por la fuente de ese último dato, la directora general de la multinacional no dio ninguna respuesta a los periodistas. La alta ejecutiva de Boiron dijo también, según Redacción Médica, que “los pacientes no necesitan la evidencia científica de un medicamento, sólo que funcione”, y que no hacen falta pruebas científicas que demuestren unos beneficios evidentes desde que Samuel Hahnemann inventó esta práctica. Además, ella y su director de comunicación, Jean-François Lurol, coincidieron en que “hay muchos intereses para que la homeopatía no esté considerada una opción terapéutica válida en muchos casos”, aunque no identificaron a los malvados. El recurso a la conspiración habitual entre los pseudocientíficos.

La estrategia de Boiron a la hora de hacer frente a la crisis abierta por la suspensión del máster de la Universidad de Barcelona ha sido de una torpeza tal que me sorprendería que no hubiera pronto cambios en su departamento de comunicación. Dado que la compañía no había descubierto de la noche a la mañana el santo grial de la homeopatía y sólo podía recurrir al manido “hay mucha gente que consume homeopatía” -también la hay que lleva amuletos, que cree en el horóscopo y que piensa que los homosexuales son unos enfermos-, ¿quién fue el genio que decidió sacar nada menos que a la directora general a justificar lo injustificable con un discurso victimista? ¿No hubiera sido menos malo esperar a que escampara y luego actuar como si no hubiera pasado nada?  Por si eso fuera poco, al ridículo de la rueda de prensa se sumó durante toda la jornada el que hicieron en Twitter, donde el gestor de la cuenta de la multinacional dio una lección de lo que nunca hay que hacer y  arrastró aún más por los suelos la reputación de la compañía.

#preguntaaBoiron

Los seis primeros tuits etiquetados #preguntaaBoiron, de arriba abajo.Me hubiera gustado asistir al encuentro de Boiron con los medios, pero vivo en Bilbao y la rueda de prensa era en Madrid. En cuanto llegó a mis manos la convocatoria, sopesé la posibilidad de lanzar preguntas a la multinacional a través de Twitter con un hashtag alusivo. Sin embargo, el martes después de cenar, estaba demasiado cansado como para hacer nada, así que me metí en la cama. Ayer me levanté y, tras el café, la idea me volvió a la cabeza. Me parecía que no hacerlo era dejar pasar una oportunidad: no iba a estar en Madrid, pero dejaría algunas preguntas y comentarios en Twitter. Así que, a las 9.18 horas, escribí: “¿Tienen algún estudio publicado en revista científica de prestigio que avale que la homeopatía funcione? Fin de la cita. #preguntaaBoiron”. Lancé otros cinco tuits con el mismo hashtag hasta las 9.31 horas. Tienen los seis a la derecha de arriba abajo, con erratas incluidas. Después, me tomé unos minutos de descanso. Seguí en Twitter, pero ni siquiera abrí una columna en mi cliente para ver cómo iba la etiqueta. Pensé que se diluiría, como es habitual. No fue así.

Poco después, la gente adoptó el hashtag como propio y empezó la fiesta. La tortura para el responsable de redes sociales de Boiron. #preguntaaBoiron fue pronto trending topic y comía con un amigo cuando me enteré de que Redacción Médica se hacía eco de la etiqueta y el cachondeo correspondiente. Porque mis tuits iniciales habían desaparecido bajo un tsunami de mensajes ingeniosos -yo no soy nada gracioso, lo sé- que habían hecho que las críticas a la homeopatía y a Boiron fueran el segundo tema del día en Twitter en España. Para colmo de males, el responsable de comunidades de la firma homeopática se pasó el día bloqueando a muchos de los que le incomodaban con la etiqueta #preguntaaBoiron, con lo que las burlas fueron todavía a más. Por supuesto, Boiron ayer no respondió satisfactoriamente a ninguna pregunta ni en la reunión con periodistas ni en las redes sociales.

El efecto Streisand que se marcó ayer la multinacional francesa por sus actuaciones en el mundo físico y en el digital es un ejemplo a enseñar en las facultades de comunicación. Ni en nuestros mejores sueños, quienes denunciamos la homeopatía como un timo pensamos alguna vez que la principal compañía del sector fuera a actuar tan torpemente. Gracias, Boiron, por dejar tan claro que no hay ni una prueba de la efectividad de la homeopatía. Por hacer el ridículo presentándoos como víctimas de una conspiración digna de revista esotérica. Hoy es un día para celebrar, pero no hay que dormirse en los laureles. Queda todavía muchísimo trabajo por delante. Hay que conseguir sacar a la homeopatía de todas las universidades españolas, de los colegios de médicos y de las farmacias. Ése tiene que ser el objetivo de quienes defendemos el escepticismo científico, el pensamiento crítico y el conocimiento frente a la superstición. Somos muchos y juntos podemos conseguir muchas cosas. Ayer lo demostramos.

El día terminó, para mí, de la mejor forma posible: con la admisión por el presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), Juan José Rodríguez Sendín, de que la homeopatía es un proceso “ilusorio y engañoso” que no cuenta con “ningún tipo de evidencia científica” a su favor y pertenece “al mundo de las creencias”. El máximo representante de los médicos españoles dijo, además, que la directiva europea que regula el uso de la homeopatía es un “disparate” porque sólo está “movida” por intereses económicos. Estaría bien que, consecuente con sus ideas, la OMC formara un frente común con otras entidades similares -como la Asociación Médica Británica, para la cual la homeopatía “es brujería”– y organizaciones científicas para acabar con el trato de favor en Europa a esta práctica pseudocientífica.