Bilbao acoge en octubre el ciclo de charlas ‘Historia fantástica’

La Biblioteca Foral de Bizkaia acogerá en octubre el ciclo de charlas Historia fantástica, organizado por el Círculo Escéptico y programado por Guillermo QuindósCésar Higuero y yo. Las conferencias, que están patrocinadas por la biblioteca y forman parte de su programación cultural, se celebrarán en la sala de prensa de la institución (calle Diputación, 7; 48008 Bilbao) en cuatro jueves a partir de las 18 horas y podrán seguirse por streaming aquí

La pandemia obliga a que la asistencia física se limite en principio a veinticuatro personas, que ocuparán asientos alternos, debidamente señalizados. El personal de seguridad tomará la temperatura de los asistentes al acceder a la sala, donde habrá gel hidroalcohólico a disposición de quien lo desee. El público tendrá que acudir con mascarilla y llevarla puesta durante todo el acto.

El programa del ciclo Historia fantástica es el siguiente:

– Jueves, 7 de octubreLa disciplina maldita: el Egipto faraónico o la apoteosis de la pseudohistoria, por Mara Castillo Mallén, historiadora especializada en el Egipto faraónico.

– Jueves, 14 de octubreSantiago, la navaja suiza de las leyendas, por Antonia de Oñate, historiadora y directora de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.

– Jueves, 21 de octubreEspainia ez da Europako naziorik zaharrena (ezta Euskal Herria ere) (España no es la nación más antigua de Europa (y Euskal Herria tampoco), por Óscar Álvarez Gila, profesor titular de Historia de América de la Universidad del País Vasco.

– Jueves, 28 de octubreHistoria y alienígenas: cuando el racismo se viste de divulgación pseudocientífica, por Sigfrido Vázquez Cienfuegos, doctor en Historia de América y profesor de la Universidad de Extremadura.

El legado racista de los dioses astronautas

Hay pocas ideas tan perturbadoras como la de que seres de otros mundos construyeron las pirámides de Egipto, ayudaron a los pascuenses a levantar los moáis y guiaron a los nazcas a la hora de realizar los geoglifos del desierto peruano. Es perturbadora no porque vayamos a tener que reescribir los libros de historia, sino por su racismo: la llamada teoría de los antiguos astronautas atribuye sistemáticamente a entidades superiores grandes logros de culturas no europeas. Es una muestra nada inocente de un supremacismo blanco que mucha gente no percibe como tal debido a su disfraz alienígena…

Sigue en la revista Muy Interesante (Nº 476, enero de 2021).

Alienígenas ancestrales

Pinturas rupestres de los wandjina, espíritus de la lluvia y las nubes de los aborígenes australianos, en las que Erich von Däniken y sus seguidores ven seres extraterrestres. Foto: Claire Taylor.Hubo un tiempo en que canales como National Geograhic, Historia y Discovery eran la última trinchera de la razón frente a lo sobrenatural. Las apariciones de fantasmas y alienígenas, los poderes paranormales, los videntes y los misterios del pasado eran diseccionados y explicados por psicólogos, sociólogos, biólogos, historiadores, físicos y un largo etcétera de expertos que los analizaban a la luz de la ciencia. Normalmente confinados en la televisión de pago, hasta llegaron a verse episodios de series como Is it real? (National Geographic) a modo de relleno en algún canal generalista de esos que solo por error emiten un programa cultural…
Sigue en el diario El Correo (suscripción).

Así les pusieron los sombreros a los moáis

Un moái con su 'pukao', en el 'ahu' Tongaraki. Foto: Sean Hixon. ¿Cómo le pondría un sombrero de 13 toneladas a una estatua de 9 metros de altura? Con una grúa, claro. ¿Pero cómo lo hicieron los habitantes de la isla de Pascua hace siglos? Es un enigma que ha intrigado durante décadas a los arqueólogos, nada amigos, lógicamente, de las extravagancias de Erich von Däniken y compañía con platillos volantes y magia de por medio. Ahora, Sean Hixon, antropólogo de la Universidad Estatal de Pensilvania, y sus colaboradores proponen en el Journal of Archaeological Science un sistema sencillo que demuestra, una vez más, el ingenio de los rapanuis.
La isla de Pascua o Rapa Nui es un pequeño triángulo de tierra de 163 kilómetros cuadrados en mitad del Pacífico Sur, a 3.700 kilómetros al oeste de Chile y a 1.900 al este del archipiélago de las Pitcairn. Fue colonizada hacia el año 1200 por polinesios que tallaron en piedra volcánica las más de 900 estatuas o moáis por las que la isla es famosa. Aunque su altura media ronda los 4 metros, la más grande en pie -Paro, en el ahu o plataforma Te Pito Kura- mide 9,8 metros y pesa 74 toneladas. Y más de 50 están tocadas con un sombrero o pukao de escoria roja que puede pesar hasta 13 toneladas.
Durante décadas se creyó que los rapanuis habían trasladado los moáis desde la cantera del volcán Rano Raraku de la que procede la roca hasta sus emplazamientos definitivos en trineos de madera. Sin embargo, en 2012 los antropólogos Carl Lipo y Terry Hunt, de las universidades de Binghamton y Arizona, demostraron que los pudieron llevar como nosotros movemos en casa la nevera, basculando, empujando y avanzando poco a poco. Sólo hacían falta cuerdas y fuerza humana para que las estatuas caminaran, como dice la mitología pascuense para explicar la maniobra. «Se movieron de una manera elegante y notablemente efectiva que usababa procesos simples basados en la física», dice Lipo, quien, como Hunt, ha participado en el nuevo estudio.
La técnica de 'parbuckling'. Gráfico: Sean Hixon.Los pukao proceden de una cantera del volcán Puna Pau, tienen forma cilíndrica y unos 2 metros de diámetro. Aunque algunos investigadores han defendido que figura y sombrero se ponían en pie unidos, los restos de estatuas abandonadas apuntan a que no fue así. «La mejor explicación para el transporte del pukao desde la cantera es llevarlo rodando hasta la ubicación del moái. Una vez ahí, el pukao asciende rodando por una larga rampa hasta la parte superior de la estatua en pie utilizando la técnica del parbuckling», afirma Lipo.
El parbuckling se usa para enderezar barcos volcados, como el Costa Concordia. En el caso de Pascua, consistiría en fijar el centro de una larga cuerda en lo alto de la rampa de piedra y tierra, pasar los dos extremos por debajo del cilindro y poner a tirar a los trabajadores de ellos. Así, con solo quince personas podría subirse el pukao más grande hasta lo alto del moái. Luego bastaría con acabar de tallar el sombrero, fijarlo a la estatua y desmontar la rampa.

La verdadera guerra de las galaxias se libró en el Sistema Solar, según el ufólogo Josep Guijarro

Portada del número 305-306 de la revista 'Karma 7'.La verdadera guerra de las galaxias se libró en el Sistema Solar «hace miles de años» y provocó «-según un creciente número de investigadores- que una raza extraterrestre se estableciera en la Tierra, educara a los primitivos humanos y erigiera espectaculares monumentos», escribía el ufólogo español Josep Guijarro en un editorial de la revista Karma.7 (Nº 305-306) en el verano de 1999. Unas páginas más adelante firmaba un reportaje en el que decía que «puede que las aventuras de Luke Skywalker, Darth vader y Obi-Wan Kenobi no estén tan alejadas de la realidad como el público pueda pensar», y anunciaba que iba a presentar las pruebas de una «devastadora guerra galáctica» real ocurrida en nuestro vecindario cósmico. Agárrense a sus asientos y abróchense los cinturones de racionalidad.
Guijarro, quien años después presentaría la teoría de la evolución como un invento masónico, contaba en 1999 que quien le puso sobre la pista de la verdadera guerra de las galaxias fue Erich von Däniken. En su libro El oro de los dioses (1974), el hostelero suizo «sugería que en una época desconocida y, también, en una lejana galaxia, unos seres muy parecidos a los humanos habrían librado una gran batalla», recordaba el ufólogo y entonces director de Karma.7. Según le había comentado Von Däniken durante una visita a Madrid, las pruebas estaban en el Apocalipsis, un libro de historia, como todo el mundo sabe. Guijarro buscó en otros textos religiosos relatos que pudieran hacer alusión a ese conflicto espacial y, por supuesto, los encontró. Por si eso fuera poco, el actual productor de la serie ¿Extraterrestres? de Canal de Historia citaba en su reportaje como fuentes dignas de crédito a William Scott Elliot, teósofo y autor del libro The story of Atlantis (1896), el ufólogo Antonio Ribera y los astroarqueólogos -individuos que ven pruebas de visitas alienígenas en cualquier objeto antiguo que no entienden- Peter Kolosimo, Peter Krasa, Andres Faber-Kaiser y Alan F. Alford, autor del libro Los dioses del nuevo milenio (1996), en el que parecía estar basado en gran medida el texto.
Von Däniken, en quien Guijarro tiene la misma fe que un niño pequeño en su padre, aseguraba que los derrotados en la guerra galáctica dieron el esquinazo a los vencedores refugiándose en un planeta hostil. ¿Adivinan cuál? La Tierra, por supuesto. Las pruebas estarían en los libros de los autores citados, el «creciente número de investigadores» del editorial. Ya ven lo devaluada que está la categoría de investigador en Paranormalandia. Los refugiados cósmicos habrían quedado retratados con sus escafandras en las pinturas rupestres de Tassili y, según el escritor suizo, «en previsión de que sus enemigos les persiguieran, situaron falsas instalaciones y emisoras en otro planeta, el quinto del Sistema Solar. Este lugar fue destruido y sus restos son el actual Cinturón de Asteroides. Los científicos se llevan las manos a la cabeza», admite Guijarro. Él no. Él creía que la similitud de las construcciones marcianas descubiertas por Vincent DiPietro y Richard Hoagland en los años 70 posiblemente demostraría que «fueron los marcianos [sitúa a los refugiados espaciales en el planeta rojo y no en el quinto planeta dänikeniano] quienes colonizaron la Tierra hace millones de años sembrando la vida en ella». Es todo tan ridículo como los desbarres de DiPietro y Hoagland, que son como niños que ven animales en las nubes, aunque en versión marciana. Pero lo mejor, la prueba definitiva de la guerra galáctica para Guijarro, estaba por llegar.
El enigma de los dzopa
Uno de los presuntos discos de los dzopa, con marciano incluido.«Parece meridianamente claro que una raza exterior visitó la Tierra en tiempos pretéritos», sentenciaba el ufólogo antes de explicarnos que «uno de los relatos más curiosos en este sentido es el del etnólogo británico Karyl Robin-Evans, quien en un notable informe publicado en el Journal of Comparative Etchnology dio a conocer» el caso de los  «dzopa -hoy exterminados-, que declaraban con vehemencia que habían venido de las estrellas» y «custodiaban una serie de extraños objetos en fiorma de disco y sabían muchas artes extrañas». Los dzopa vivían, explicaba, en las alturas del Tíbet. Robin-Evans, recordaba el ufólogo catalán, describía un «Festival de las Cabezas, que conmemora la supuesta llegada del pueblo desde lo alto de firmamento». El etnólogo se acabó casando con una de lasindígenas, individuos que no superaban los 1,2 metros y tenían «ojos rasgados, fina boca y piel extremadamente pálida».
Lo más importante, no obstante, eran los «misteriosos discos de piedra [de los dzopa], muy semejantes a los referidos por el investigador Peter Krassa», decía Guijarro, quien advertía de que «han desaparecido y sólo se conservan las fotografías» que de ellos tomaron unos científicos en la Universidad de Pekín. «Todo hace pensar que estos discos pudieran ser una enciclopedia de los dioses», concluía el ufólogo, para quien un antiguo relato contado por la pareja indígena de Robin-Evans era «una minuciosa descripción de una explosión nuclear y su posterior nube radiactiva».
¿Un montón de pruebas concluyentes? Por supuesto, pero no de las visitas alienígenas en la Antigüedad ni de un conflicto al estilo de La guerra de las galaxias, sino de la ineptitud investigadora del autor.
Que la historia de los dzopa es un fraude se sabe desde décadas antes de los desvaríos galácticos de Guijarro en Karma.7. Ya en 1971, Gordon Creighton, director de la Flying Saucer Review, experto en lenguajes orientales y nada dado al escepticismo, llamó la atención sobre el hecho de que los dzopa -a los que sería más correcto referirse como drok-pa- son un pueblo alto y robusto, y no unos enanos descendientes de alienígenas, y están vivitos y coleando. Cuando en 1978 se publicó el libro Sungods in exile, escrito por un tal David Agamon -pseudónimo de David Gamon- a partir de notas de Robin-Evans, nadie conocía a este etnólogo de la Universidad de Oxford ni la revista en la que había publicado su investigación. Lógico, porque Karyl Robin-Evans nunca ha existido, como tampoco ha existido el Journal of Comparative Etchnology, tal como reconoció Gamon en 1988 en la revista Fortean Times, donde explicó que se había inventado toda la historia para aprovecharse del exito de los libros de Von Däniken.
Siguiendo la estela de Gamon, Guijarro intentó aprovechar en 1990 en Karma.7 el tirón del estreno de La amenaza fantasma y el resultado es una historia digna de publicaciones como El Mundo Today, Noticias del Mundo y The Onion. Lo que pasa es que Karma.7 –como ahora Más Allá, Enigmas y Año Cero– intentaba hacer pasar sus ficciones como periodismo hasta en casos tan extremos como éste. ¿De locos? Sí, pero nada sorprendente en el mal llamado periodismo del misterio.