Fernando Jiménez del Oso

Jiménez del Oso tendrá su homenaje, pero la Universidad Carlos III se desmarca del acto

Fernando Jiménez del Oso recibirá el 30 de mayo en Madrid un homenaje en dependencias de la Universidad Carlos III, pero el acto no tendrá carácter oficial. Todo lo contrario. “La Universidad Carlos III no tiene absolutamente nada que ver. No lo organiza, no está implicada en él, no lo acoge, no lo promueve, no va a hacer publicidad entre los alumnos, ni va a haber carteles ni información en la web. Lo único que hace es ceder un espacio a una asociación como se hace con otras entidades”, me ha explicado hace unas horas Montserrat Iglesias, vicerrectora de Comunicación de la institución.

La cesión fue acordada por el anterior equipo de Gobierno y el actual, que tomó posesión en abril, se encontró con la patata caliente cuando, a finales de la semana pasada, comprobó que el homenaje aparecía incluido en la agenda de actos para el 30 de mayo. De ahí que cuando fueron consultados por mí hace dos semanas, los responsables de la universidad madrileña aseguraran que no sabían de nada del acto y que, además, no estaban dispuestos a ceder una de sus salas para un homenaje de esas características. Sé que no sabían nada entonces porque no tenían ninguna razón para mentirme y se tomaron mi consulta muy en serio, y su actitud ha dejado claro que, si hubiera sido posible, habrían cancelado el encuentro pseudocientífico. Ahora sólo es de esperar que quienes organizan el sarao paranormal no lo publiciten como un respaldo de la Universidad Carlos III a Jiménez del Oso y lo que representa.

Bélmez, 36 años de caras

Uno de los hijos de María Gómez Cámara, junto a 'La Pava'. Foto: Ramón L. Pérez.

Una mancha de grasa fue el origen de todo. Apareció en el suelo de una cocina, y una mujer vio en ella un rostro. Así nacieron las caras de Bélmez en agosto de 1971. Medio año después, convertido el pueblo en el Roswell de la parapsicología española -con voces de ultratumba y todo-, la Prensa dictaminó que aquello era un fraude. Y el fenómeno cayó en el olvido hasta que Iker Jiménez se fijó en él. “¡Las caras de Bélmez son auténticas!”, sentenciaba en un artículo que firmaba con su colega Lorenzo Fernández en la revista Enigmas en septiembre de 1997. El fallecido Fernando Jiménez del Oso, director de la publicación, aseguraba en el editorial que los dos periodistas aportaban “pruebas definitivas del carácter paranormal de las caras de Bélmez”.

María Gómez Cámara, la descubridora de las caras, murió el 3 de febrero de 2004. El Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda quiso entonces hacer de su casa un museo para aprovechar el tirón turístico, pero los descendientes de la mujer pidieron por ella una millonada. Los parapsicólogos invadieron el pueblo y, a su paso, los rostros se multiplicaron convenientemente por inmuebles más asequibles. Un libro que relacionaba las teleplastias -así las llaman los parapsicólogos- originales con muertos de la Guerra Civil se convirtió en un bestseller y se extendió la idea, defendida por Jiménez y Fernández en su reportaje, de que el régimen franquista había montado una operación para echar tierra sobre el asunto. ¡Las caras de Bélmez habían resucitado!

“Una trola de colegio”

El reportaje de ‘Ideal’ con el que empezó todo.¿Pero qué hay de cierto en toda la historia del que ha sido considerado el mayor misterio de la parapsicología española? Casi nada, según el periodista Javier Cavanilles y el parapsicólogo Francisco Máñez, autores de Los caras de Bélmez (Ediciones Redactors i Editors), que la próxima semana llega a las librerías. “Es un misterio ridículo, divertido, curioso, cutre… Es todo muy loco. Son 36 años de tonterías“, dice Cavanilles. “Es una típica trola de colegio”, remacha Máñez. Ellos lo tienen claro: “Si se hubiera descartado la explicación sobrenatural (milagrosa o parapsicológica) desde el primer momento, todo hubiera quedado en una broma. Por eso hay que preguntarse cómo es que una anécdota tan absurda ha durado tanto”.

Al principio, fue una pareidolia. El 23 de agosto de 1971, María Gómez Cámara creyó ver una cara en una mancha del suelo de su cocina, como se ven formas en las nubes, en las mesas de mármol y en tantos otros sitios. Aquello montó tal revuelo en el pueblo que uno de sus hijos destruyó la imagen con una piqueta. De nada sirvió. A principios de septiembre, apareció en el mismo lugar otra -la conocida como La Pava-, que fue recortada y protegida tras un cristal. Y, en enero de 1972, surgió en el mismo sitio una tercera cara, más tosca, que fue recortada y tirada a la basura. El fenómeno era ya imparable.

Una información periodística, publicada en el diario granadino Ideal el 16 de septiembre, hizo que el fenómeno sobrepasara los límites de Bélmez. “Un rostro que aparece y desaparece en un fogón”, decía el título. Habían pasado tres semanas desde el descubrimiento de la primera cara en la casa de Juan Pereira y María Gómez Cámara y ya florecían varios negocios en torno al misterio: la familia cobraba la voluntad por entrar en la casa, se montaban viajes organizados y la mujer vendía fotos de La Pava a 10 pesetas la unidad (el periódico costaba 5 pesetas entre semana y 6 los domingos). “Nadie ha sacado mucha pasta con las caras de Bélmez. Nadie se ha llevado todo lo que esperaba”, dice Cavanilles.

‘Pueblo’ llega al pueblo

“Este caso lo monta realmente Emilio Romero (director de Pueblo). Sin Emilio Romero, ahora no estaríamos hablando de este asunto”, mantiene Ramos Perera, en la época presidente de la Sociedad Española de Parapsicología, en una entrevista reciente concedida a Cavanilles y Máñez. Tras dedicar a las caras tres informaciones a finales de enero y principios de febrero de 1972, Pueblo envió a Bélmez a Antonio Casado. Su serie de reportajes ‘Las caras hablan’, publicados entre el 14 y el 24 de febrero, elevó las caras a la categoría de misterio nacional. “Yo no me inventé nada, pero sí puede decirse que todo el revuelo que acabó montándose fue por mis reportajes”, recuerda el comentarista político, entonces un reportero de 24 años, “lo que hoy llamamos un becario”.

El parapsicólogo Germán de Argumosa recorre las calles de Bélmez. Foto: Antonio Casado.Casi al mismo tiempo que él, hizo su entrada triunfal en el pueblo Germán de Argumosa, un parapsicólogo al que siempre ha gustado que le llamen profesor, aunque carece de estudios superiores y nunca ha dado clase en una universidad. Argumosa creía que las caras eran un fenómeno originado en el Más Allá y se puso a grabar voces de ultratumba, psicofonías. Dijo que lo había conseguido y Pueblo se hizo eco de ello. Sin embargo, casi nadie creía en Bélmez en las voces de los espíritus porque Argumosa las grababa en habitaciones llenas de gente que no paraba de hablar. Otro parapsicólogo, Joaquín Grau, achacaba el fenómeno de las caras a una concentración de energía que canalizaría la dueña de la casa. “Cualquier afirmación, por estrafalaria que pareciera, merecía ser publicada”, escriben Cavanilles y Máñez.

La tirada de Pueblo creció en 50.000 ejemplares gracias a las caras, y pronto acudieron a Bélmez otros diarios a hacerse con su parte del botín. Sin embargo, el 21 de febrero, la historia dio un giro radical: un artículo de Julio Camarero apuntó al fraude en el diario de Emilio Romero y El Alcázar publicó un reportaje en la misma línea. A partir de ahí, el misterio se fue abajo. “Me llamó Emilio Romero al despacho y me dijo: «Antonio, me ha llamado el ministro y esto hay que pararlo»”, recuerda Casado, quien cree que la creciente histeria puso nerviosos a algunos dirigentes.

La Operación Tridente

Javier Cavanilles y Francisco Máñez.El joven periodista desempolvó entonces las teorías del químico que le asesoraba, se hicieron análisis y se concluyó que las caras habían sido pintadas con sales de plata. Otros diarios siguieron defendiendo la autenticidad del fenómeno, pero el declive fue imparable. Las caras de Bélmez acabaron arrinconadas en las revistas esotéricas. Cuando Iker Jiménez y Lorenzo Fernández resucitaron el enigma en 1997 argumentaron que su final se debió a “una operación oculta que tuvo como único objetivo aniquilar el misterio”, que ellos bautizaron como Operación Tridente. Cavanilles y Máñez afirman que esa conspiración, de la que no hay ninguna prueba documental, es un invento de Jiménez del Oso, director de la revista Enigmas, y Casado tampoco cree en ella: “Lo de la Operación Tridente es una chorrada”.

Todos los análisis químicos hechos a restos de las caras de Bélmez a lo largo de los años han confirmado el fraude. “Son manchas retocadas”, explica Máñez, quien añade que al principio lo fueron con sales de plata y luego con carbón, lápiz y otros medios. Los actores también variaron con el paso del tiempo. Casado señaló en Pueblo a dos culpables: Miguel Rodríguez, el fotógrafo que tenía a medias con los Pereira el negocio de venta de fotos, y su hijo Jesús Miguel, pintor. Después, vendrían otros. ¿Y María Gómez Cámara?

“Ella tuvo que saber en todo momento lo que estaba pasando”, coinciden los autores de Los caras de Bélmez. Están convencidos de que su libro no pondrá el punto final a esta historia. “Dentro de unos años, una nueva generación caerá en la trampa, como pasa con el monstruo del lago Ness, Roswell…”, augura Mañez.

Miguel Chamorro, en una foto familiar, el guardia civil con el bigote retocado en 'Tumbas sin nombre' y 'La Pava', la más famosa de las caras de Bélmez.


¿Muertos de la Guerra Civil?

El libro sobre las caras de Bélmez que mejor ha funcionado es Tumbas sin nombre (2003). Obra de Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández, vincula el fenómeno con la Guerra Civil. Los autores defienden que algunos rostros corresponden a familiares de María Gómez Cámara muertos durante el asedio al santuario de la Virgen de la Cabeza.

Los periodistas admiten en el libro que, para dar con el parecido, en unos casos manipularon las dimensiones de la cara de cemento de turno, en otros la invirtieron horizontalmente y en algunos hicieron ambas cosas. Es decir, jugaron con un programa tratamiento de imágenes hasta conseguir que los rostros encajaran con lo que querían. Gerardo García-Trío, miembro del Círculo Escéptico, organización que ha colaborado con Cavanilles y Máñez, recabó la opinión de un forense que quitó cualquier valor al estudio: “Esto es muy fácil de hacer. Sólo hay que tener caradura y muy poca vergüenza. Es gente sin escrúpulos que se inventa un cuento y lo adorna con un poco de pseudociencia”. “Esas caras no son mi familia. ¡No pueden ser! Es como si mi cara la ponen comparándola con otra. Con esto de los ordenadores igual todo es posible”, dijo María Gómez Cámara cuando Jiménez y Fernández le presentaron la comparativa.

El dictador Francisco Franco, uno de los protagonistas del fenómeno de Bélmez.El episodio más grotesco del estudio es el que se refiere a la semejanza entre la más famosa de las caras, La Pava, y el guardia civil Miguel Chamorro, cuñado de la mujer. Se basa en una foto del militar que fue manipulada para ponerle un bigote y una boca que no eran los del original. Las pruebas están en Tumbas sin nombre, donde en una foto familiar aparece el guardia con el bigote engominado con las puntas hacia arriba. Para la comparativa con La Pava, se cogió esa imagen y se le puso un bigote con las puntas hacia abajo. Así, los dos rostros tenían un aire

Cavanilles y Máñez afirman que ese trabajo se basa en un programa de televisión protagonizado en febrero de 2003 por el Ricard Bru, en el que el showman relacionó las caras con la Guerra Civil. Los analistas de Bru hicieron lo mismo que los de Tumbas sin nombre, incluido el cambio del bigote. “Bru aclaró arbitrariamente que aquello era para imitar cómo tendría los bigotes en el momento de la muerte (…). Por lo que se ve, no le había crecido la barba, ni las patillas, ni el pelo en general, sólo un bigote bien cuidado, aunque sin gomina”, escriben los autores de Los caras de Bélmez. Jiménez -con quien este periódico ha intentado hablar sin éxito- y Fernández no advirtieron de la jugada a sus lectores.

Tampoco suele ser habitual recordar que en la cocina de Bélmez han aparecido los rostros de Francisco Franco e Isabel Preysler, entre otros personajes cuya presencia resulta difícil de justificar para los partidarios de lo sobrenatural.


Método casero para fabricar ‘teleplastias’

'Gnomo de Bélmez', creado por Francisco Máñez con su método de fabricación de 'teleplastias'. Foto: Francisco Máñez.Cualquiera puede hacer caras de Bélmez. “Sólo hacen falta un suelo de cemento y agua, aceite y vinagre. Así, en los posibles análisis no saldrá ni rastro de pintura, como pasa en algunas caras de Bélmez de los años 90”, explica Francisco Máñez.

Se moja el suelo y, antes de que se seque, se buscan caras en las manchas de agua y se remarcan sus rasgos con agua, aceite y vinagre. Si se hace con agua, la imagen tendrá menos fuerza. Si se hace con otra sustancia, resaltará más. “En el fondo, de lo que estamos hablando en Bélmez es de un intento de aprovechar unas manchas en el suelo para hacer caja”, dicen Cavanilles y Máñez.

Los periodistas esotéricos han defendido que la existencia de un nexo sobrenatural entre María Gómez Cámara, que haría aparecer las caras, y los rostros se demostraba en que, cuando ella estaba enferma, las imágenes se debilitaban. Los autores de Los caras de Bélmez creen que existe conexión, pero mundana: cuando la mujer estaba mala, no podía cuidar -remarcar y repintar- las figuras y, por eso, éstas se iban desvaneciendo.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

La Universidad Carlos III no acogerá un homenaje a Fernando Jiménez del Oso

Noticia publicada en el último número de la revista 'Más Allá'.“El próximo 30 de mayo la Universidad Carlos III de Madrid acogerá un homenaje a Fernando Jiménez del Oso“, escribía Nacho Ares en el último número de Más Allá. El acto, adelantaba el director de Revista de Arqueología, iba a consistir en una mesa redonda con la participación de “rostros populares vinculados al mundo del misterio” como Juan José Benítez, Juan Antonio Cebrián y Javier Sierra.

Hace un par de semanas, me puse en contacto con la institución académica para comprobar si lo que decía Ares era cierto y, si así era, manifestar mi preocupación porque en una universidad española se haga un homenaje de un divulgador pseudocientífico. Por fortuna, no es así. Un portavoz de la Universidad Carlos III me ha asegurado que la institución no tenía conocimiento de nada parecido a lo anunciado en Más Allá hasta que recibieron mi llamada y que, además, no están dispuestos a ceder una de sus salas a un acto de esas características. ¡Menos mal! Ya veía titulares del estilo de “La Universidad Carlos III homenajea a Jiménez del Oso” y otros peores. Ustedes, ¿no?

Los buitres desactivan al chupacabras en España

El periodista Luis Gómez destapó anteayer, en El Correo, que un centenar de buitres había atacado y matado una vaca y su ternero recién nacido en el Valle de Mena (Burgos), y que los cuerpos de las reses presentaban mutilaciones en zonas muy concretas. “Juan Antúnez, jefe del Servicio de Guardería Forestal de Espinosa de los Monteros, explicó que los buitres «la comieron primero la región anal» y luego siguieron con los «tejidos blandos: las ubres, la lengua y los ojos. La abrieron en canal y ya no pararon hasta comerla entera», remarcó. Antúnez mostró, en cambio, su extrañeza por cómo dejaron al ternero: «Le quitaron los ojos, pero es curioso que no se comiesen el cordón umbilical»”, escribía Gómez. Muchos españoles se enteraron de la noticia a través de Informativos Telecinco, que se hizo eco de la primicia dada por El Correo.

La vaca a la que los buitres mataron y de la que comieron ojos, lengua, región anal y ubres. Foto: El Correo.No es la primera vez que se habla en la prensa de los ataques de buitres en comarcas ganaderas -también se suele hablar de los de lobos, perros asilvestrados y osos-, pero anteayer lo que llamaba la atención de algunos en la redacción del periódico era la similitud de los detalles de la noticia con los sucesos que algunos vendedores de misterios habían atribuido en el pasado a un monstruo de cuyo nombre mis colegas no se acordaban. “Estáis hablando del chupacabras”, les dije, y añadí que entre quienes habían explotado el misterio en nuestro país había personajes hoy tan populares como Javier Sierra e Iker Jiménez. Creía haber contado ya la historia del chupacabras aquí, pero anteayer comprobé que no lo había hecho. Por eso, he recuperado y revisado el texto que preparé para una charla que di en noviembre de 1998 en el Instituto de América de Santa Fe (Granada) y lo he publicado hace unas horas para quienes quieran conocer los orígenes del mito.

Iker Jiménez y Lorenzo Fernández, en plan de intrépidos investigadores en Segovia en 1998, entre ovejas muertas.Sierra y Bruno Cardeñosa fueron los primeros en atribuir, en 1996, el hallazgo en Vizcaya de ovejas muertas a la actividad del chupacabras en España -tal como explico en El viaje trasatlántico del chupacabras-, mientras que Jiménez se subió al carro en las páginas de Enigmas, la revista dirigida por Fernando Jiménez del Oso, dos años después. El ahora director de Cuarto Milenio dio primero con el chupacabras, en compañía de su entonces inseparable Lorenzo Fernández Bueno y con la teatralidad marca de la casa en forma de mascarillas, en Segovia a principios de 1998 y volvió a explotar el tema, ya en solitario, en la Ribera Navarra en el verano de 1999. Los ataques de alimañas al ganado vinieron hace unos años como anillo al dedo a los periodistas esotéricos ávidos de historias sensacionales con las que ganarse unos cuartos. Ahora, como los buitres del Valle de Mena han sido grabados en el acto, no hablarán del chupacabras. Si no, seguro que lo harían.

Muere Fernando Jiménez del Oso, el rostro del misterio en España

Cabeceras de varias revistas dirigidas por Fernando Jiménez del Oso.Forma parte de la historia de la televisión en España. Sus bolsas bajo los ojos y su voz son lo primero que a toda una generación nos viene a la cabeza cuando recordamos nuestro interés juvenil por lo paranormal; por enigmas como los de los platillos volantes, las pirámides, las desapariciones misteriosas, los poderes de la mente… Fernando Jiménez del Oso (Madrid, 1941) ha sido durante casi treinta años el rostro del misterio en nuestro país, al principio en Más allá (1976) y en La puerta del misterio (1982), ambos programas emitidos por Televisión Española (TVE). Después, dirigió varias series de televisión dedicadas a lo oculto antes de fundar las revistas Más Allá (1989), Espacio y Tiempo (1991-1995) y Enigmas(1995), y presentar algunos espacios en los canales autonómicos. Un cáncer de pulmón acabó con él a las 0.15 horas de ayer en Madrid y hoy será enterrado en la localidad de Tres Cantos.

La noticia del fallecimiento de Jiménez del Oso empezó a correr a primera hora de la tarde de ayer por las listas de correo dedicadas a lo paranormal. Así me enteré de ella y al principio no me la creí; pero el tiempo y los dolidos mensajes de quienes le admiraban acabaron convenciéndome de que no se trataba de uno de esos bulos de Internet que de vez en cuando la prensa se traga. A media tarde, hablé con uno de sus amigos, que me confirmó la triste noticia y tengo que reconocer que, más allá de apenarme, no supe que decirle. Jiménez del Oso fue mi introductor en los fenómenos paranormales. Primero, en sus breves espacios en Todo es posible en domingo y, luego, en Más allá, mis ojos de adolescente se abrieron a un mundo completamente diferente al que me rodeaba, repleto de hechos inexplicados, de enigmas que desafiaban la lógica. Sin embargo, con La puerta del misterio yo era ya un joven desconfiado respecto a sus sorprendentes historias, por muy en tinieblas que me las contaran.

Quienes intentan seguir los pasos de Jiménez del Oso han llenado en las últimas horas la radio española de panegíricos de este psiquiatra que dio sus primeros pasos en la tele de la mano de Chicho Ibáñez Serrador en “El regreso”, una de las famosas Historias para no dormir. Si algo han dicho de verdad sus discípulos, es que fue un magnífico divulgador. Es cierto. Supo llegar a la gente; aunque eso no significa que lo que contara con voz lúgubre y rostro serio fuera verdad. Ni mucho menos. Prácticamente nada de aquel mundo misterioso existe en la realidad: los aviones no se esfuman sin más, la gente no mueve objetos mediante telequinesis, el hombre no convivió con los dinosaurios, los poderes de Uri Geller son los mismos que los de cualquier ilusionista, no hay extraterrestres que vayan por el mundo secuestrando humanos, todas las obras de la Antigüedad son obra de la inteligencia de nuestra especie… Él aseguraba que había convivido con un fantasma y que había visto en varias ocasiones platillos volantes, y en 1979 confiaba en “entablar contacto personal con seres de Ummo”.

Andrés Aberasturi decía ayer en la Cadena SER que Jiménez del Oso era un “escéptico creyente”, algo imposible: o se es escéptico o se es creyente. Sinceramente, pienso que era demasiado inteligente como para creerse algo de lo que contaba. Esa pose de seriedad con la que engalanaba las ideas más disparatadas era parte de su puesta en escena, como el tenebroso gabinete a media luz. Lo que no resta méritos a su capacidad como comunicador. Ya quisiéramos contar en España con una figura del racionalismo que estuviera a su altura como divulgador.

Otra de las mentiras que se han extendido en las últimas horas de Jiménez del Oso es que nunca se le pilló en fuera de juego. La verdad es que protagonizó algunos episodios vergonzosos, como cuando emitió la película Alternativa 3 como si se tratase de un documental basado en hechos reales. Se trataba en realidad de un telefilme rodado en el Reino Unido para emitirse en 1977 el 1 de abril, el Día de los Inocentes en el mundo anglosajón. Ocurrió el 13 de febrero de 1983 en TVE y fue la última entrega de La puerta del misterio. Años más tarde, en junio de 2000 y como director de Enigmas, fue condenado por un plagio cometido por Juan Jesús Haro Vallejo, quien hizo pasar en la revista como un reportaje de investigación propio un relato de los escritores Fernando Marías y Juan Bas en el que fabulaban sobre la superviviencia de Federico García Lorca al fusilamiento en el Barranco de Víznar.

Fernando Jiménez del Oso pasará a la historia del esoterismo ibérico como el rostro del misterio. Es de justicia. Sólo su cara ya vendía y, por eso, miraba a los lectores desde la portada de todas las revistas que dirigió y las de los libros de las colecciones que sacó al mercado, como la Biblioteca Básica de los Temas Ocultos (Ediciones Uve), la Biblioteca Básica de Espacio y Tiempo, la Nueva Biblioteca de los Temas Ocultos (Contrastes) y La Puerta del Misterio (Nowtilus). No volveremos a verle en la tele hablando con presunta asepsia del último misterio de moda, pero siempre podremos revisar muchos de sus trabajos gracias al vídeo y el DVD. Y, si se ven con un mínimo de espíritu crítico, comprobar que era un buen comunicador, pero la verdad es otra cosa y no está ahí dentro.