Enigmas de la Tierra

El (inexistente) misterio del triángulo de las Bermudas

El tema resurge cada dos por tres en los medios de comunicación desde 1974, cuando Charles Berlitz -lingüista y nieto del fundador de las academias de idiomas Berlitz- publicó un libro del que se han vendido más de 20 millones de ejemplares en 30 idiomas. En ese superventas, titulado El triángulo de las Bermudas, sostenía que en esa región del Atlántico “más de cien barcos y aviones” se habían esfumado “en medio de una atmósfera transparente” y se habían perdido “más de mil vidas humanas”. Incluía una larga lista de incidentes que se remontaban a tiempos de Colón y provocó una oleada de títulos similares, de los que el propio Berlitz escribió dos: Sin rastro (1977) y El triángulo del dragón (1989), localizado este último en el mar de China…

Sigue en la revista Muy Interesante (Nº 453, febrero de 2019).

Las desapariciones del triángulo de las Bermudas, en Radio 5

América Valenzuela y yo hablamos el 28 de diciembre de las desapariciones del triángulo de las Bermudas, en la quinta entrega de Una crónica desde Magonia, mi colaboración mensual en Ciencia al cubo, en Radio 5. Si quieren escuchar el programa entero, pueden hacerlo aquí.

Filman las ‘rocas viajeras’ del Valle de la Muerte en movimiento y resuelven el misterio

Un equipo de investigadores estadounidenses dirigido por el paleobiólogo Richard Norris, de la Institución Scripps de Oceanografía, ha filmado las rocas viajeras del Valle de la Muerte en acción y resuelto un misterio que ha intrigado al mundo durante más de 50 años. Las piedras reptantes de Racetrack Playa, un lago seco californiano situado en mitad del desierto, se mueven sin intervención animal ni humana y dejan tras de sí largos rastros en el lecho arcilloso. Los científicos habían especulado hasta ahora con que el fenómeno tenía que estar relacionado con el agua -suelen haber intensas precipitaciones y dar lugar a una capa de varios centímetros de agua que en invierno puede congelarse- y el viento. Norris y sus colaboradores han sido los primeros en ver a las piedras moverse y dar con la explicación, que presentan en un artículo en la revista PLOS ONE.

“El movimiento de las rocas que hemos observado se produce cuando la fina capa de hielo, de 3 a 6 milímetros de grosor, que cubre la playa [así llaman a los lagos secos en el suroeste de Estados Unidos] empieza derretirse con el sol de la mañana y se rompe bajo vientos suaves de unos 4 o 5 metros por segundo. Láminas flotantes de hielo de decenas de metros empujan muchas rocas a bajas velocidades de 2 a 5 metros por minuto a lo largo de trayectorias determinadas por la dirección y velocidad del viento, así como la del agua que fluye bajo el hielo”, indican los autores. Para que ocurra el fenómeno, debe llover intensamente y han de bajar las temperaturas para que el agua se congele. Cuando el sol vuelve a brillar, la fina capa de hielo se derrite y, si sopla el viento con la suficiente fuerza, las rocas empieza a deslizarse empujadas por el hielo y el agua y dejan rastros sobre el fondo arcilloso.

Una 'piedra viajera' de Racetrack Playa, en el Valle de la Muerte. Foto: Pirate Scott.El Valle de la Muerte está considerado el lugar más caliente y más seco del mundo, y Racetrack Playa se encuentra a tres horas en coche de la civilización. En 2011, los investigadores instalaron en el lago seco una estación meteorológica y cámaras de lapso de tiempo , y equiparon varias piedras con dispositivos GPS para controlar cualquier posible movimiento. Cuando Richard Norris y su primo James Norris, ingeniero y coautor de la investigación, fueron a inspeccionar el instrumental y cambiar baterías en diciembre de 2013, se encontraron con el lecho de Racetrack Playa congelado. Acamparon y al día siguiente la fina capa de hielo empezó a romperse.

“Estábamos sentados en una ladera de la montaña y disfrutábamos de la vista cuando se levantó un suave viento y el hielo comenzó a agrietarse. De repente, todo el proceso se desarrolló ante nuestros ojos”, ha recordado el primero en Los Angeles Times. ” Había una parte de mí nostálgica porque el misterio ya no existía”, ha añadido el segundo. Aquel día, vieron moverse por el lecho del lago más de 60 rocas a la vez y, posteriormente, los dispositivos GPS registraron que algunas piedras viajaron, entre diciembre y enero, más de 220 metros en varios episodios.

Desapariciones misteriosas de aviones y barcos, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves en Suelta la Olla, en Hala Bedi Irratia, de desapariciones misteriosas de aviones y barcos, en la novena entrega del curso 2013-2014 de Gámez Over, intervenciones que también emiten Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate), Kkinzona (Urretxu-Zumarraga) y Txindurri Irratia (Lautada).

¡Resuelto el misterio de ‘El Bloop’! No lo causa ningún gigantesco monstruo marino

Imagen Espectrográfica de 'The Bloop'. Foto NOAA

Espectrograma de The Bloop

Dos micrófonos submarinos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estadounidense, distantes más de 4.800 kilómetros, captaron un extraño sonido en el verano de 1997 en el Pacífico Sur. Era muy potente y de ultrabaja frecuencia, se registró varias veces y fue bautizado como El Bloop. Los científicos eran incapaces de identificar su fuente, no creían que se debiera ni a un proceso geológico ni a un artefacto humano, y con el tiempo algunos empezaron a especular con grandes monstruos marinos, gigantescos calamares, enormes pulpos y ballenas más grandes que la azul. Hasta ahora.

La NOAA ha publicado recientemente en su web una explicación al misterioso fenómeno:

“Los sonidos de amplio espectro grabados en el verano de 1997 son consistentes con terremotos de hielo generados por grandes icebergs cuando se agrietan y fracturan. Hidrófonos de la NOAA desplegados en el mar de Escocia detectaron numerosos terremotos de hielo con espectrogramas muy similares a El Bloop. Los terremotos de hielo se usaron para rastrear acústicamente el iceberg A53a según se desintegraba cerca de la isla de Georgia del Sur a principios de 2008. Los terremotos son de suficiente amplitud como para ser detectados por múltiples sensores a más de 5000 kilómetros de distancia. Basándose en el azimut de llegada, el iceberg o los icebergs origen de El Bloop muy probablemente estaban entre el estrecho de Bransfield y el mar de Ross, o posiblemente en el cabo Adare, una conocida fuente de señales criogénicas”. (Todas esas localizaciones se encuentran en la Antártida.)

La red de micrófonos que captó El Bloop hace quince años fue desplegada por la Marina estadounidense en los años 60 para detectar submarinos soviéticos y traspasada a la NOAA al final de la guerra fría.

Aquí tienen una grabación de El Blopp, procedente de la NOAA, acelerada dieciséis veces.