¿Tiene sentido que haya dos asociaciones escépticas en España? 

¿Crees que tiene sentido que haya dos asociaciones escépticas en España? Me han hecho esta pregunta varias veces en los últimos meses. Siempre he respondido lo mismo: el Círculo Escéptico y ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico serán lo que sus socios quieran. Como, para bien y para mal, estoy en el movimiento escéptico español desde su nacimiento, hay quien piensa que la opinión de un veterano es importante. Y no, por lo menos la mía, no. No importa lo que yo piense, sino lo que piensen los socios de esas dos entidades. Sin embargo, como me temo que de vez en cuando me volverán a preguntar por el asunto, he decidido escribir estas líneas para contar de dónde venimos y, por qué no decirlo, dejar de tener que responder a la pregunta inicial una y otra vez. Cojan, eso sí, lo que escribo con pinzas porque uno tiene sus sesgos, sus filias y sus fobias.

Este año se cumplen cincuenta de la fundación en Estados Unidos del Comité para la Investigación Escéptica (CSI) -Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) hasta 2006- y cuarenta del nacimiento del movimiento escéptico español. Al otro lado del Atlántico, el filósofo Paul Kurtz reunió en el CSICOP en 1976 a un grupo de intelectuales de gran valía, preocupados por el auge de la pseudociencia. Entre ellos, estaban Isaac Asimov, Martin Gardner, Philip Klass, James Randi y Carl Sagan. Aquí, fue un grupo de ufólogos del País Vasco, a los que no conocía nadie, el que a mediados de los años 80 creó, primero, un colectivo informal dedicado al análisis del fenómeno ovni y, luego, la primera asociación escéptica española. Lo sé porque yo estaba allí.

La década de 1970 fue la de las desapariciones del triángulo de las Bermudas, las cucharas dobladas de Uri Geller, los antiguos astronautas de Erich von Däniken, el comienzo de la desclasificación de informes oficiales sobre ovnis, la revista Mundo Desconocido, Fernando Jiménez del Oso en TVE… Una década llena de milagros que los medios de comunicación difundían con entusiasmo y que cautivaban a la opinión pública. Contra esa realidad se rebeló el CSICOP. Cuando entré en el mundillo ufológico, contacté, gracias al estudioso Vicente-Juan Ballester Olmos, con otros vascos interesados en el fenómeno ovni. Poco después, supe de la existencia del CSICOP por Luis Hernandez Franch (1908-1986), un publicista bilbaíno jubilado que estaba suscrito a The Skeptical Inquirer -la revista de esa organización estadounidense- y daba charlas sobre ovnis y parapsicología. Cuando le conocí, superaba los 70 años y estaba enfermo. El pegamento de aquel grupo de jóvenes era Félix Ares, ingeniero de telecomunicaciones, informático y entonces casi retirado de la ufología, a la que había hecho importantes aportaciones críticas como el Estudio de la oleada 1968-69 (1971), con David G. López, y el ensayo inédito OVNIS. Nuevas caras para los viejos dioses (1977).

Vinculados al colectivo de Cuadernos de Ufología, embrión de la Fundación Anomalía, los vascos decidimos en 1985 crear Alternativa Racional para la Investigación del Fenómeno Ovni (ARIFO) -nombre propuesto por Ares-, con el objetivo de encarar el enigma «sin apriorismos y con espíritu abierto», analizándolo «desde una perspectiva neutral» (Efe 1985). Éramos todavía ufólogos; no nos calificábamos de escépticos. Eso vino después, cuando nos fuimos a inscribir legalmente en 1986. Entonces, a propuesta mía, ARIFO se rebautizó como Alternativa Racional a las Pseudociencias (ARP), y los ovnis perdieron protagonismo. Ares estaba suscrito a The Skeptical Inquirer, y yo entré poco después en contacto con el CSICOP, empecé a recibir su revista y a ampliar mis campos de interés. Comenzamos a publicar La Alternativa Racional, y la asociación empezó a crecer. Poco a poco. 

Información sobre la creación de Alternativa Racional para la Investigación del Fenómeno Ovni (ARIFO).
Información sobre la creación de Alternativa Racional para la Investigación del Fenómeno Ovni (ARIFO).

A partir de 1989 y hasta mediados de la década siguiente, dejé todas mis responsabilidades en ARP para hacerme un hueco en el periodismo, mi profesión. Seguí siendo un socio activo, pero en segundo o tercer plano. Ares, presidía la asociación, que siguió creciendo, siempre poco a poco. Se incorporaron el astrofísico Javier Armentia, que luego fue presidente, y un grupo de universitarios aragoneses que asumieron la publicación de La Alternativa Racional y organizaron un par de congresos nacionales y uno europeo. Ya de vuelta a la actividad, cuando rebautizamos la entidad como ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico propuse también cambiar de nombre a la revista, que pasó a llamarse El Escéptico. La diseñé de la mejor manera que pude y la dirigí, junto con el informático Carlos Tellería, hasta el número 9 -correspondiente al verano de 2000- cuando, decepcionado por la falta de apoyo interno, dimití poco antes de darme de baja como socio.

Seguí escribiendo en la revista un tiempo, pero al final lo dejé porque pasaban muchos meses desde que mandaba un original hasta que se publicaba. Me convertí en un suscriptor más y todavía lo soy. En junio de 2003, abrí Magonia para tener un sitio donde reunir mis escritos y, dos años después, unos amigos -fundadores y miembros de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico- me dijeron que querían crear una asociación escéptica más volcada en la divulgación y me invitaron a unirme. Yo era feliz con mi blog y no tenía ninguna gana de volver a las andadas societarias; pero eran buenos amigos y cedí. Nació el Círculo Escéptico.

Pronto tuvimos oportunidad de organizar actos en Bilbao con la Universidad del País Vasco y el Ayuntamiento, como las jornadas Misterios a la luz de la ciencia y el Día de Darwin. Después, un compañero puso en marcha los encuentros Enigmas y birras (hoy, Enigmas y más) y celebramos jornadas temáticas con éxito de público. Todo lo que hemos hecho desde entonces lo tienen en la web del Círculo Escéptico, que incluye un listado de actividades realizadas desde 2006. ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, por su parte, ha hecho lo propio, y las dos asociaciones han organizado cursos universitarios sobre pseudociencia. Durante todos estos años, los socios de las dos entidades han compartido foros, y cada asociación ha invitado a sus actos como expertos a miembros de la otra. No podía ser de otro modo porque compartimos objetivos y también algunos socios; pero seguimos siendo dos asociaciones. Cuando, al margen del Círculo Escéptico, he organizado alguna actividad, me ha dado igual la filiación del invitado, con tal de que sea para mí el mejor experto.

Aunque desde la fundación de la asociación hasta 2024 forme parte de varias juntas, siempre lo hice sin cargos ejecutivos, sin significarme ni imponer mis puntos de vista. Nunca me han interesado los cargos; me gusta hacer cosas. Sin embargo, hace dos años mis compañeros me pidieron que, como ya me había liberado del día a día periodístico, encabezara una candidatura de junta. Por eso soy ahora el presidente del Círculo Escéptico y por eso he redoblado mis esfuerzos por hacer la asociación más fuerte. Mis compañeros -un equipo extraordinario- están hartos de oírme decir una y otra vez que necesitamos ser más para hacer más cosas y hacer más cosas para ser más. Estoy convencido de ello. Creo que los escépticos organizados podemos ser muchos más, hacer muchas más cosas y tener mucho más influencia social. 

El pensamiento crítico es hoy más necesario que nunca. El movimiento escéptico español tiene futuro, y este depende solo de las mujeres, pocas, y los hombres que lo integran. Nadie va a venir de fuera a sacarnos las castañas del fuego. Ni desde las instituciones, ni desde la Academia, ni desde la divulgación científica. Son los escépticos comprometidos quienes tienen que decidir su futuro, incluido si tiene sentido que haya dos asociaciones en España. ¿Lo tiene? Ustedes tienen la palabra.

Efe [1985]: «Investigadores de ‘ovnis’ denuncian la comercialización del fenómeno». El Diario Vasco (San Sebastióan). 18 de febrero.

Artículo publicado en Magonia el 14 de mayo de 2026.


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