Iruña-Veleia: Eliseo Gil huye hacia adelante

Eliseo Gil, ayer, en la rueda de prensa. Foto: Rafa Gutiérrez.

Tras el dictamen de los expertos según el cual los hallazgos más espectaculares de Iruña-Veleia -el primer Calvario y los más antiguos grabados en euskera- son falsos, Eliseo Gil, director de las excavaciones, no tenía una salida digna: o bien estaba al tanto del engaño o bien había sido engañado. El mal menor era el segundo, presentarse como víctima de un montaje urdido por otros, como un ingenuo, aunque en cualquier caso su reputación científica quedara hecha trizas. Pues no, en la rueda de prensa que ha dado hoy y de la que Efe ya ha difundido el pertinente despacho, el arqueólogo se ha enrocado y ha descalificado el informe científico diciendo que está únicamente basado en “opiniones” y presentándose como víctima de un “linchamiento mediático”.Hubiera estado bien que hubiera explicado cómo puede aparecer una referencia a Descartes en una inscripción de los siglos III, IV ó V, cuando ese filósofo vivió en el XVII; cómo explica la referencia a Nefertiti, nombre que responde a una convención de hace un siglo; y los resultados de análisis químicos que demuestran que las inscripciones son recientes, entre otras cosas. Pero Gil no estaba ayer dispuesto a defenderse, sino a huir hacia adelante, y optó por un estilo peculiar de rueda de prensa, la que no admite preguntas, la que tanto gusta a todo aquél que no quiere dar explicaciones.

“Los hallazgos de Iruña-Veleia son una broma o una estafa”, sentenciaba Martín Almagro Gorbea, catedrático de Prehistoria de la Universidad Complutense y miembro de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, hace unos días en una magnífica entrevista firmada por María José Carrero. Era lo que opinaban muchos expertos desde el mismo momento en que se hicieron públicos los hallazgos. Pero a los entonces disidentes -autores como los filólogos Joaquín Gorrochategui y Joseba Lakarra e historiadores como Juan José Larrea- se les vio como traidores, como violadores de una ley del silencio con regustos mafiosos, como indicaba hace unos días Óscar B. Otalora.

El escándalo del que tan bien han informado María José Carrero, Francisco Góngora y Rosa Cancho hoy en las páginas de El Correo tiene indudablemente como primer responsable a Gil, pero no es el único culpable de que la arqueología vasca vuelva a hacer el ridículo dieciséis años después del caso Zubialde. Los responsables políticos de la Diputación alavesa cuando se anunció el hallazgo a bombo y platillo, y los dirigentes de Euskal Trenbide Sarea y Eusko Trenbideak -compañías dependientes del Departamento de Transportes y Obras Públicas del Gobierno vasco que han subvencionado las excavaciones desde 2001- tienen también su parte de culpa al no haber exigido las oportunas pruebas que han de acompañar a todo descubrimiento científico y caer seducidos ante los focos. El escándalo de Iruña-Veleia es una consecuencia de haber convertido la ciencia en espectáculo, del descontrol institucional, del todo vale con tal de salir en los medios, de saltarse los mecanismos de control y comprobación y llegar a extraordinarias conclusiones a partir de datos no confirmados. Es una vergüenza.