Platillos volantes

El misterio de Ummo, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el martes en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, del misterio de Ummo, en la decimoquinta entrega del curso 2012-2013 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

“Detrás de cada alienígena hay un ser humano”, dice Pablo Ríos, autor del cómic ‘Azul y pálido’

El guionista y dibujante Pablo Ríos. Foto: Pablo Ríos.No tengo casi cómics sobre platillos volantes y no es porque no me gusten, sino porque no se me han presentado oportunidades para adquirirlos. Ahora mismo, el único que me viene a la mente es uno titulado Ovnis, publicado en 1977 por Ediciones Laida, que narra la abducción de Pascagoula, las visiones de Ezequiel, el caso de isla Maury y otros clásicos de la mitología platillista desde una perspectiva crédula. Muy diferente, y mucho más interesante, es Azul y pálido (Entrecomic Comics), la primera novela gráfica de Pablo Ríos (Algeciras, 1978), un tebeo sobre la obsesión por los extraterrestres. El título es un homenaje a Carl Sagan. Hace referencia a Un punto azul pálido, la foto de nuestro planeta tomada por la Voyager 1 desde 6.000 millones de kilómetros en 1990 por petición expresa del fallecido astrofísico a la NASA. Por las páginas de esta novela gráfica, se pasean George Adamski, Betty y Barney Hill, Giorgio Bongiovanni, Sixto Paz, Billy Meier, y José Luis Jordán Peña y los ummitas, entre otros. “¿Estas personas son dignas de lástima, de compasión o, por el contrario, de admiración y respeto?”, responde el autor cuando apunto el patetismo que proyectan los protagonistas humanos de este bonito tebeo.

¿Cómo nació la idea de Azul y pálido?

-¡Tras la muerte de otro proyecto! Mi idea original era hacer un tebeo de aventuras, pura fábula, fantasía, lleno de ancient astronauts e inspirado en Erich von Däniken, Peter Kolosimo… Pero me sinceré conmigo mismo. Por ahí no iba a ninguna parte: quería hablar de otras cosas, más tangibles. Todo lo tangible que puede ser la ufología, claro. ¡Así empezó todo! ¡Los carros de los dioses me trajeron aquí!

Portada de la novela gráfica 'Azul y pálido', de Pablo Ríos.¿De dónde viene su interés por la ufología?

-El punto de inflexión fue Encuentros en la tercera fase. Era muy crío cuando la vi y me volvió loco. Es un caramelo dulcísimo (la vida extraterrestre) envuelto en un papel precioso (¡Steven Spielberg, François Truffaut, JohnWilliams!). ¡De ahí, a los libros sobre el tema y a mirar el cielo con prismáticos!

¿Creyó alguna vez en la posibilidad de visitas extraterrestres?

-Sí, claro, por supuesto. Pero a pies juntillas, ¿eh? Cada libro que leía me convencía más. Con el paso del tiempo, te das cuenta de que es una cuestión de fe, más allá de la evidencia científica. Y eso es lo que más me interesa del fenómeno, más allá de los grises, los altos y Chewbacca.

¿Sigue interesado por el mito ovni o es un capítulo ya cerrado para usted?

-Sí, sí. Cada vez más. Me fascinan todas las nuevas teorías, cuánto más rocambolescas mejor, de los pliegues transdimensionales a los viajes en el tiempo.

El libro es un claro homenaje a Carl Sagan, por el título, el arranque y el final. ¿Por qué?

-Sagan fue un artista, un humanista y un pedagogo. Su visión del Universo fue muy importante en mi formación. ¡Para un absoluto patán en cuanto a cualquier conocimiento científico como yo, su obra es una tabla salvavidas a la que aferrarse!

Viñetas de 'Azul y pálido', de Pablo Ríos.

La parte final es un canto a la exploración del Cosmos, una apuesta por la ciencia frente a la creencia, el conocimiento frente a los dioses…

-Nadie nos necesita más que nosotros mismos. ¡Ningún dios se ha manifestado aún seriamente al respecto! Para comprendernos, y comprender cuánto nos rodea, la ciencia es nuestro espíritu guía. Así que debemos tener fe en ella, ja, ja.

¿Cómo se ha documentado? ¿Cuáles han sido sus fuentes?

-Todo lo que ha caído en mis manos. El proceso de documentación me ha llevado un año y medio, aproximadamente… Libros, películas y la bendita Internet. De cada caso he querido conocer el punto de vista del protagonista, del observador totalmente convencido y del escéptico.

¿Se ha dejado historias o personajes en el tintero?

-No quería contar la mera observación de luces en el cielo, sino que las historias tuvieran ese componente difuso del abducido, del contactado. Y, bueno, que tuvieran un componente estético atractivo visualmente. ¡Es un cómic, en definitiva! Pongamos que están los que tienen que estar.

Viñetas de 'Azul y pálido', de Pablo Ríos.

¿No teme que haga falta que el lector disponga de un bagaje ufológico para disfrutar del libro?

-¡Quiero creer que no! El conocedor del tema reconocerá los lugares comunes y tiene otro nivel de lectura, claro, pero me gusta pensar que el profano entienda que hablo de algo mucho más cercano que Zeta Reticuli.

En la contraportada, se dice que usted da voz a los protagonistas “sin juzgarlos, sin preguntarse si mienten o nos engañan”. Al margen de que algunos hayan mentido descaradamente, muchos personajes transmiten un cierto patetismo, como si quisieran creer a toda costa en que lo que han vivido es real y no lo tengan claro.

-Bien, ésa es la opinión de Gerardo Vilches, crítico de cómics, amigo y, probablemente, la persona que más veces ha leído mi novela gráfica. He intentado distanciarme, pero con algunos he sido más duro que con otros, ésa es la verdad. En definitiva, quiero creer que la esencia de Azul y pálido es ésa a la que se refiere en su comentario. ¿Cómo llega alguien a construir su propia realidad? ¿Y qué seguridad puede llegar a transmitir la afirmación de la vida extraterrestre? ¿Estas personas son dignas de lástima, de compasión o, por el contrario, de admiración y respeto? Detrás de cada alienígena hay un ser humano, y esto es lo que más me interesa.

Viñetas de 'Azul y pálido', de Pablo Ríos.

¿Cree usted que hay alguien ahí fuera, que hay vida inteligente extraterrestre?

-Fíjese en cómo plantea la pregunta: “¿Cree usted…?”. De nuevo, la fe. Seguimos sin pruebas. La ciencia, por ahora, dice no. Pero no me voy a escabullir. Sí, lo creo. Otra cuestión sería si han tenido contacto con nosotros. Aquí ya…

¿Ha pensado en abordar otras creencias paranormales en futuras obras?

-Ahora quiero hacer un tebeo completamente alejado de todo esto, tan alejado como lo está el fútbol, que será el tema principal de mi próximo trabajo. Pero sí que puede que vuelva a estos temas -me encanta decir esto- en el futuro, siempre desde una óptica parecida a la de Azul y pálido, el hombre tras el milagro.

Pablo Ríos: Azul y pálido. Entrecomics Comics. Madrid 2012. 88 páginas. 12 euros.

Gabriel Green: el candidato de los extraterrestres a la Casa Blanca

Publicidad de Gabriel Green en revistas y periódicos en 1960.Gabriel Green tenía 35 años cuando el 9 de agosto de 1960 anunció en el hotel Biltmore de Los Ángeles que visitantes de otros mundos le habían elegido como su candidato a la Presidencia de Estados Unidos. Aseguraba que, a pesar de su apariencia humana, sus asesores procedían de Alfa Centauri, y que los alienígenas eran buena gente. “Podrían conquistar el mundo entre el desayuno y el almuerzo cualquier día del año; pero eso supondría una violación de sus principios”, contó a los periodistas, según la información que publicó Los Angeles Times al día siguiente.

Green era un contactado. Sostenía que se comunicaba con seres de otros planetas que le transmitían mensajes de amor y paz. Los visitantes querían que creyéramos en ellos antes de enseñarnos a vivir en paz, armonía y prosperidad. Nada nuevo. Desde el estreno de Ultimátum a la Tierra en 1951, un larga lista de chiflados y espabilados intentó ganar notoriedad y dinero vendiendo como reales variantes del mensaje apocalíptico-mesiánico de Klaatu, el extraterrestre interpretado por Michael Rennie.

Físico de pacotilla

El candidato de la era espacial había nacido en la localidad californiana de Whittier en 1924 y se presentaba como un científico que había hecho importantes contribuciones al modelo estándar de la física de partículas. Era mentira, claro. En realidad, se ganaba la vida como fotógrafo de anuarios escolares en Los Ángeles.

Ninguno de los contactados era un genio científico. El primero, George Adamski, cocinaba hamburguesas en un puesto de la carretera del observatorio de monte Palomar; Orfeo Angelucci y George Van Tassel trabajaban como obreros en una línea de montaje de Lockheed, en Burbank; Truman Benthurum era operario de la construcción; Eugenio Siragusa trabajaba en una oficina de impuestos…

Así informó 'Los Angeles Times' de la presentación de la candidatura de Gabriel Green a la Presidencia de Estados Unidos.Como Adamski, Green se había encontrado con los extraterrestres cara a cara y decía que llevaban tiempo interfiriendo en nuestros asuntos. “Son más avanzados que nosotros mental, espiritual y científicamente”, contó en la rueda de prensa de presentación de su candidatura a la Casa Blanca por los Clubes de Platillos Volantes Amalgamados de EE UU.

Aquel día, después de decir que no esperaba que mucha gente le creyera, soltó la habitual diatriba contra los escépticos: “No creyeron (los escépticos) que el mundo era redondo. No creyeron que podíamos romper la barrera del sonido, y la rompimos. Los periodistas ni siquiera informaron de los primeros vuelos de los hermanos Wright”. Y añadió que no le creerían ni aunque llevara a un marciano o un venusiano ante las cámaras. Por si acaso, no lo hizo.

Jesús, en un platillo volante

Green estaba convencido de que la ayuda de sus amigos de otros mundos le iba a reportar millones de votos. Aseguraba haber visto más de 75 platillos volantes y que las extraterrestres eran de una belleza extraordinaria. “Uno de mis amigos contactó con una de ellas hace no mucho. Dijo que era realmente una mujer de otro planeta”. No consta en la crónica que los periodistas se carcajearan, aunque tampoco lo contrario.

Fracasó en su primer asalto al Despacho Oval y, cuando dos años después optó al Senado por California, logró unos 171.000 votos. Insuficientes para su objetivo, pero demasiados si uno piensa en toda esa gente respaldando a un iluminado. Escribió un libro con sus fantasías y volvió a presentarse como candidato presidencial, esta vez por el Partido Universal, en 1972 con un vicepresidente a su altura, el también contactado Daniel Fry, doctorado por correo en cosmismo. Volvió a fracasar. Tampoco esta vez le sirvió de nada el apoyo alienígena: consiguió menos de 200 votos.

Al final de su vida, canalizó mensajes según los cuales estaba próxima la Segunda Venida, en la que Jesús bajaría a la Tierra a bordo de un platillo volante. Considerado “uno de los más coloristas de los primeros contactados”, murió el 9 de septiembre de 2001, a los 76 años.

Francia, 1954: un platillo volante de fabricación casera provoca el incendio de un montón de paja

Se vieron muchos platillos volantes en Francia en otoño de 1954. Entre finales de septiembre y mediados de octubre, se registró en el país una extraordinaria  acumulación de casos o, como se dice en jerga ufológica, una oleada. En España, la última la vivimos entre 1974 y 1979, en plena Transición. Los casos más sonados fueron el del ovni de Canarias del 5 de marzo de 1979, visto por miles de personas en el archipiélago, y el llamado incidente de Manises, aeropuerto en el que, el 11 de noviembre del mismo año, un avión de pasajeros que volaba entre Mallorca y Canarias aterrizó de emergencia ante la aparente amenaza de colisión con un objeto no identificado.

No viví la oleada francesa; pero la española de los años 70 me pilló en la adolescencia y comprobé cómo los medios serios informaban de los avistamientos más espectaculares, entrevistaban a los testigos y otorgaban al tema ovni una relevancia hoy impensable. ¡Éramos tan ingenuos…! Dos décadas antes, en el país vecino ocurrió algo parecido. “Estos objetos parecen guiados por una inteligencia”, escribía el general francés L.M. Chassin, comandante de la Defensa Aérea de Europa Central de la OTAN, en el prólogo de Los misteriosos platillos volantes (1958). En ese libro, el ufólogo Aimé Michel planteaba, a partir de las alineaciones de los avistamientos de 1954, que las apariciones respondían a un plan de exploración. ¿Extraterrestre? Chassin no se atrevía a descartar que a los mandos de los platillos volantes hubiera una inteligencia humana; pero tampoco rechazaba que fuera alienígena, la hipótesis preferida de Michel.

Naves de papel

Victor d'Oliveira lanzando uno de sus 'platillos volantes' de fabricación casera en Francia en 1954. Foto: 'El Correo'.¿A qué viene retroceder ahora a la Francia de los años 50? A que he encontrado en la hemeroteca de El Correo un recorte de prensa que lo merece. He dado con él por casualidad, cuando buscaba, infructuosamente, información sobre un caso vasco para un buen amigo. Es una fotonoticia, publicada el 12 de octubre de 1954, que lleva el llamativo título de “Creador de platillos volantes” y cuenta un divertido episodio ufológico protagonizado por un minero jubilado, Victor d’Oliveira, vecino de Beuvry, en el distrito de Béthune, al norte de Francia.

Al parecer, D’Oliveira tenía fama en su pueblo de ser un bromista empedernido y había decidido aprovechar la fiebre de los platillos volantes para hacer de las suyas. Así que fabricó sus propios ovnis “inspirado por el sistema de los hermanos Montgolfier”, los inventores del globo aerostático. Pegaba cuidadosamente grandes hojas de papel hasta formar un globo que inflado podía llegar a medir tres metros de diámetro. Luego, ponía en su base un receptáculo con estopa empapada en líquido inflamable que, una vez encendida, calentaba el aire de la bolsa, y el artilugio despegaba. “Visto cuando volaba a gran altura, el globo reflejaba los rayos del Sol con un efecto misterioso”, escribían mis colegas de hace más de medio siglo.

Seguro que el exminero se lo pasó bomba con sus enormes globos de papel… hasta que le pillaron. Tuvo la mala suerte de que un día uno de sus ingenios cayó sobre un almiar, y éste empezó a arder. Al encontrar los restos del artefacto, los gendarmes sospecharon del conocido bromista y, poco después, descubrieron en su casa varios prototipos listos para emprender vuelo. El pensionista dijo a los agentes que había construido y lanzado más de mil globos similares. La prensa francesa recalcó que, como era lógico, éstos viajaban con el viento y no podían compararse “con las extrañas máquinas que se mueven a gran velocidad en toda direcciones, se detiene de repente…”.

Sinceramente, no me creo que el bromista de Beuvry llegara a lanzar más de mil globos ni tampoco que pueda rechazarse sin más que algunos de los auténticos platillos vistos aquellos días fueran obra suya. Todos sabemos lo poco fiable que es el testimonio humano y lo muy erróneas que suelen ser las descripciones de los testigos, bien por desconocimiento, bien por embellecimiento, bien por otras causas. D’Oliveira, por cierto, no fue el único bromista de la oleada francesa de 1954.

El ovni de Bélesta

Hace tres años, cinco jubilados franceses confesaron que, el 16 de octubre de 1954, crearon el famoso platillo volante de Bélesta con una rueda de bicicleta con linternas acopladas. Michel cuenta en Los misteriosos platillos volantes cómo “numerosas personas” vieron en Bélesta, aquel día a partir de las 21.30 horas, varios discos: el primero fue “una elipse de nítidos bordes” que “desprendía una intensa luminosidad”; luego, hubo una pareja, uno “blanco brillante” y el otro “verde pálido”; y, después, tres que “cambiaban con frecuencia y súbitamente de color”, uno de ellos de “un rojo muy luminoso parecido al rojo de un vitral iluminado por el Sol”.

El fenómeno acabó hacia las 22.05 horas. “Los automovilistas pudieron observar la última fase del fenómeno: un gran objeto, de color verde pálido, volaba a gran velocidad en dirección a Belvis, en Aude, hacia el oeste. Disminuyó rápidamente de superficie y de luminosidad y dejó de ser perceptible a una altura de 25º a 30º sobre el horizonte”, cuenta el ufólogo. ¡Y todo eso a partir de una rueda de bicicleta con linternas acopladas! La broma se les ocurrió una aburrida tarde de sábado. “En los periódicos y en la radio sólo se hablaba de ovnis. Entonces pensamos: que quieren ovnis, ¡vamos a dárselos!”. Es lo que tenían las oleadas de platillos volantes: los medios informaban de un caso; la gente miraba al cielo, creía ver cosas raras y las contaba en los medios; y la bola de nieve crecía y crecía.

¿Cuántos bromistas como el exminero Béthune y los adolescentes de Bélesta engordaron la casuística de la oleada de 1954? ¡Vaya usted a saber! ¿Cuántos testigos vieron en Francia, sugestionados por el bombardeo mediático, platillos volantes donde había fenómenos o cosas vulgares y corrientes, como la rueda de bici de Bélesta o los globos de papel de D’Oliveira? Cabe pensar que la mayoría, con la excepción de algunos individuos con ansias de notoriedad que pudieron directamente inventarse las visiones de naves de otros mundos.

Les dejo con los bromistas de Bélesta y su platillos volantes de fabricación casera:

El proyecto 1794 y el arresto de un equipo de la BBC en el Área 51, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el martes en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, del proyecto 1794 y del arresto de un equipo de la BBC en el Área 51 por hacer el imbécil, en la tercera entrega del curso 2012-2013 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.