El Roswell inglés fue una broma

«No fue un ovni; fue un Plymouth Volare de 1979″, ha declarado el militar estadounidense Kevin Conde a la BBC. Veintitrés años después de que unas luces aterrorizaran a soldados del complejo de bases gemelas angloamericanas de Bentwaters y Woodbridge, cerca de Ipswich, todo indica que el origen del más famoso caso británico de platillos volantes fue una broma.En dos madrugadas de finales de diciembre de 1980, personal americano destinado en Bentwaters vio extrañas luces en el bosque de Rendlesham, que separaba la base de su gemela de Woodbridge. Los soldados de guardia creyeron en ambas ocasiones que un avión se había estrellado y abandonaron sus puestos para buscar el aparato y socorrer a su ocupantes. Sin embargo, lo que vieron entre los árboles fue un objeto de apariencia metálica, «de forma triangular, de dos a tres metros de ancho y de dos metros de altura».

El teniente coronel Charles Halt, subcomandante de la base de Woodbridge, escribió en un informe que el ovni «iluminaba todo el bosque con una luz blanca. El objeto tenía una luz roja pulsante en su parte superior y una batería de luces azules más abajo». La narración oficial deja claro que, cuando el primer día los soldados se acercaron al objeto, «éste maniobró a través de los árboles y desapareció».

El fenómeno se repitió dos noches después; pero no pasó a mayores hasta que visitaron el lugar los ufólogos de turno. A partir de ese momento, la historia engordó. Entre otros, se extendió el rumor de que el comandante de la base había mantenido un encuentro cara a cara con pequeños humanoides. Los ingleses ya tenían su equivalente al caso Roswell, el imaginario accidente de una nave extraterrestre en Nuevo México, Estados Unidos, en 1947.

Ovnis en el Parlamento

El Ministerio de Defensa británico abrió una investigación y el asunto llegó hasta el Parlamento. El 24 de julio de 1996, en respuesta a una pregunta del laborista Martin Redmond, un portavoz del Gobierno de John Major dijo en la Cámara de los Comunes que, aunque no se había llegado a «ninguna conclusión firme sobre la naturaleza de los fenómenos», los sucesos de Rendlesham carecían de importancia desde el punto de vista de la defensa nacional.

Kevin Conde fue agente de seguridad del complejo militar entre de 1979 y 1981, cuando le mandaron a otro destino. Hasta hace un año, no supo nada del ovni del Rendlesham. Ahora, dice que todo fue una broma cuyo objetivo era un joven soldado al que daban miedo la oscuridad y cualquier ruido, y por eso llamaba cada dos por tres a los patrulleros. «Era el blanco perfecto». Conde y su compañeros se adentraban en el bosque con el coche patrulla y encendían y apagaban no sólo las luces del vehículo -incluido un potente foco-, sino también otras con las que se equipaban para la ocasión, además de hacer ruidos a través de altavoces.

El divulgador científico inglés Ian Ridpath cree que la historia de Conde concuerda con la parte del caso correspondiente a las luces del bosque, «para la que nunca ha habido una buena explicación». «Como dice Ridpath, no parece que un solo estímulo -ni el faro próximo, ni los bromistas, ni otras actividades militares…- pueda explicar todo lo que dicen los diferentes testigos. Pero, a menudo, los casos ovni clásicos se deben a improbables coincidencias y a la unión injustificada en una gran historia de fenómenos no relacionados», ha indicado al autor de estas líneas James Oberg, ex ingeniero de la NASA y miembro del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP).

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista. Ha sido el conductor de Escépticos (ETB), la primera producción española de televisión dedicada a la promoción del pensamiento crítico, y llevado la sección El archivo del misterio en Órbita Laika (La 2). Ha colaborado con la Cadena SER, Radio Nacional de España, Radio 3, M80 Radio, Radio Vitoria y Punto Radio Bizkaia -antes Punto Radio Bilbao-, con intervenciones que pueden escucharse en cualquier sitio gracias al podcast Magonia. Da ante todo tipo de público charlas sobre ciencia y pseudociencia, en las que habla de la conspiración lunar, la Atlántida, los ovnis, la guerra psíquica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las conspiraciones, el periodismo gilipollas y, si se da el caso, hace a los asistentes experimentar lo paranormal. Trabaja en el diario El Correo de Bilbao, donde cubre la información de ciencia desde hace años. Mantiene desde junio de 2003 este blog, dedicado al análisis crítico de los presuntos misterios paranormales y al fomento del escepticismo, y firma desde octubre de 2010 una columna en español, ¡Paparruchas!, en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario, de la que es consultor. Además, es fundador del Círculo Escéptico, asociación organizadora del Día de Darwin y de los encuentros Enigmas y Birras, entre otros actos de divulgación del pensamiento crítico. Ha escrito los libros El peligro de creer (2015), La cara oculta del misterio (2010) y Crónicas de Magonia (2012), y ha coordinado la obra colectiva Misterios a la luz de la ciencia (2008), publicada por la Universidad del País Vasco y en la cual destacados científicos examinan la posibilidad de vida extraterrestre y la existencia de monstruos, entre otros asuntos. Fue el único español participante en el libro Skeptical odysseys. Personal accounts by the world's leading paranormal inquirers (Odiseas escépticas. Reflexiones personales de los principales investigadores mundiales sobre lo paranormal. 2001), editado por el filósofo Paul Kurtz. Si quiere informarle de algo relacionado con los temas de este blog o entrar en contacto con él para cualquier cosa, puede hacerlo por correo electrónico, Twitter, Facebook o Google +.