El 8 de noviembre, Día Mundial sin Wifi y del Periodismo Gilipollas

Presentación de Joan Carles López Sancho en la web de la 'asesoría medioambiental' Gigahertz.Cuentan las agencias Efe y Europa Press que el 8 de noviembre ha sido declarado el Día Mundial sin Wifi “con el objetivo de hacer visible el riesgo al que están expuestas millones de personas que se conectan a Internet mediante el uso del sistema inalámbrico”. La declaración, explican en sendos despachos, ha partido de una supuesta Federación Ambientalista Internacional (FAI), organización sobre la que Efe dice que su director en España es el geobiólogo Joan Carles López Sancho.

Según el máximo responsables de la FAI en nuestro país, las 280 millones de redes wifi que hay en el mundo son “una contaminación silenciosa y un tóxico ambiental avalado por 139 estudios”. “No queremos ir a vivir a las cuevas, sino ir a opciones inocuas, porque la mayoría desconoce la toxicidad del wifi y lo percibe como una tecnología más limpia al no tener cables, pero esta radiación recibida de manera directa y constante en las manos y la cabeza por el contacto con dispositivos como celulares, tabletas, computadoras portátiles y otros, representa un riesgo silencioso que impacta en el sistema nervioso central”, ha contado a Efe el experto, que ha añadido que “el  wifi emite mucha más radiación que una antena de telefonía móvil o que antenas repetidoras y, por ser pulsada, esta radiación es más virulenta que otras, como se explica en más de 60 estudios”.

Los despachos de las dos agencias son sendos despropósitos. Esos textos y el eco que les han dado algunos medios demuestran la ligereza con que algunos periodistas se toman la información sobre asuntos que tienen que ver con la ciencia y la salud. Para empezar, si un periodista se traga en 2016 que una organización cualquiera puede decidir que tal o cual fecha es el día mundial de algo, debería volver a la facultad. Los días mundiales o internacionales los establece la ONU a petición, muchas veces, de organizaciones internacionales de prestigio. A fecha de hoy, en la web correspondiente de la ONU el 8 de noviembre no es un día internacional de nada y tampoco la FAI es una organización internacional de prestigio más allá de estos teletipos de Efe y Europa Press. Con la misma autoridad que la FAI, visto lo visto, pediría que la denominación de la jornada se amplíe a Día Mundial sin Wifi y del Periodismo Gilipollas.

Zahorís reconvertidos para hacer negocio

Respecto a las afirmaciones de López Sancho acerca de que los riesgos de la wifi han sido demostrados por decenas de estudios, lo que aifrma el director de la FAI es simple y llanamente mentira. No hay ninguna prueba de que las ondas de wifi ni de telefonía provoquen cáncer ni ninguna otra dolencia. Ése es el consenso científico, que se basa no en acuerdos subjetivos, como el político, sino en la evidencia teórica y experimental acumulada. Tampoco hay ninguna prueba de que la hipersensiblidad electromagnética, que haría más sensibles a las ondas a algunas personas, exista fuera de la cabeza de los enfermos y de los intereses de quienes hacen negocio del miedo, colectivo al que parece próximo el director de la FAI, cuyo objetivo comercial parece ser Hispanoamérica. “Buscamos promover campañas de prevención, ajuste y capacitación, especialmente en Latinoamérica, región en la que el sistema wifi se ha extendido en los dos últimos años y que avanza descontroladamente cuando en otros países más desarrollados ya está considerado como un tóxico ambiental”, ha dicho a Efe. ¿Qué países consideran un tóxico la wifi?

Joan Carles López Sancho tampoco es precisamente una fuente fiable de información en lo que a ondas electromagnéticas se refiere. El director de la FAI en España es geobiólogo y un geobiólogo no es un científico; sino un brujo. Geobiología es la denominación mediante la cual el zahorísmo o radiestesia pretende hacerse pasar por ciencia ante los legos. Lo cierto es que sus practicantes carecen de formación y titulación científica. No son ni biólogos ni geólogos. Son zahorís que, en algunos casos, han sustituido las varillas de madera de sus antepasados por máquinas que hacen ping, como en su día los astrólogos empezaron a vender horóscopos confeccionados por ordenador. Consultar a un geobiólogo sobre los riesgos de las emisiones electromagnéticas es como pedir asesoría a un quiromántico sobre un problema de salud. Un geobiólogo es un zahorí cuyo negocio se basa en la extensión del pánico electromagnético, y toda informacion en la que el guía sea uno de estos personajes es pura pseudociencia. De hecho, López Sancho se presenta como zahorí, con sus varillas incluidas, en la publicidad de los cursos que imparte, como pueden comprobar en la imagen que acompaña a estas líneas. Y es también asesor de la plataforma tecnófoba Escuela Sin Wi-Fi.

Ya saben, la supuesta Federación Ambientalista Internacional es una organización pseudocientífica liderada en España por un zahorí, así que pueden tirar sus comunicados directamente a la basura. Y felicidades a todos los medios que se han tragado la patraña del Día Mundial sin Wifi. Lo suyo es el rigor… mortis

Encuentros en la tercera fase en Gallarta

Juan Sillero, en el puente de mando de un platillo volante. Ilustración: Colectivo Iván.Naves de otra galaxia aterrizaron repetidamente en Gallarta (Vizcaya) entre febrero y abril de 1977. Sus tripulantes venían a ayudarnos. La Tierra se estaba saliendo de su órbita e inclinando demasiado, le contaron a Juan Sillero, un ebanista de 50 años del barrio de La Florida. Los encuentros entre el hombre y los visitantes protagonizan el expediente ovni 770213 del Ejército del Aire, desclasificado en 1995 y que ahora puede consultarse en la Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa.

La Gaceta del Norte informaba el 24 de marzo de 1977 del hallazgo de “numerosas huellas de posibles aterrizajes de ovnis” en una escombrera de Gallarta. El ingeniero naval José Luis Lozón, director técnico de un astillero de Bilbao, aseguraba haber visto una nave de más de 20 metros de diámetro “cuando se elevaba a gran velocidad” desde el lugar. “Era como un hongo. Y tenía un tremendo brillo. Era similar al acero inoxidable”, le explicó a Juan José Benítez. El testigo no había escuchado ningún ruido según ascendía el ovni. “¿Qué tecnología pueden tener estos seres para alcanzar semejantes velocidades y en absoluto silencio?”, se preguntaba. El reportero destacaba que por las noches los vecinos de la zona eran “súbitamente despertados por unos intensos ruidos, tales como zumbidos”, procedentes de la escombrera.

Los aterrizajes

La primera noticia en la prensa sobre los ovnis de Gallarta.La información periodística llevó al Ejército del Aire a abrir un expediente con la numeración 770213, por el 13 de febrero de 1977, cuando Lozón había visto el objeto. Los militares descubrieron pronto que el avistamiento del ingeniero naval no era nada comparado con las vivencias de su suegro, Juan Sillero, que vivía cerca de la escombrera con su esposa y varios de sus ocho hijos. En su primera entrevista con el hombre, de más de dos horas, a los investigadores del Ejército del Aire les sorprendió el “tono fantástico de su relato”, que se interrumpía “muy a menudo, según él, porque ellos le impedían seguir hablando”. Su yerno les dijo que Sillero había sido una persona “completamente normal” hasta los encuentros con los alienígenas, pero que desde entonces dudaba de su salud mental.

El ebanista vio a los visitantes cinco veces. La primera, a mediados de febrero, dormía cuando sintió que una voz le llamaba por su nombre. Sus animales estaban agitados, salió de casa, ascendió por la loma hacia la escombrera, atravesó un bosquecillo, se asomó al borde del talud y, desde lo alto, vio cómo “un platillo estaba dando zumbidos y balanceándose, como buscando posición para aterrizar”. Cuando se posó, salieron de él dos seres altos enfundados en monos que dejaban al aire solo manos y cara. Estaba aterrorizado. Le dijeron que no temiera y, poco después, el ovni despegó a gran velocidad.

Recreación de uno de los avistamientos de Gallarta. Ilustración: Colectivo IvánLa noche del segundo aterrizaje, tras los mismos preliminares, los visitantes le invitan a subir a la nave. La luz “sale de las paredes”. En el puente de mando, hay enormes pantallas. El jefe le explica telepáticamente que vienen de otra galaxia y quieren ayudarnos porque la Tierra “se estaba saliendo de su órbita y se estaba inclinando demasiado”. A Sillero le llama la atención una tripulante. “¡Qué tía más buena! ¡Qué pechos tiene!”, piensa. Los visitantes se van rápidamente después de decir que les han detectado y se acercan aviones militares. En el tercer encuentro, el ovni es más grande. Ve con el jefe cómo desciende una tanquetilla de exploración. A los visitantes les interesan las piedras de la escombrera. La última noche, el platillo volante sobrevuela la casa de la familia a tan baja altura que él, desde el balcón, cree que va a chocar con el edificio. Ya en tierra, los extraterrestres le prometen un regalo que le dan un mes después: es una piedra que deslumbra a quien la mira, excepto a él.

La investigación

Benítez cuenta las andanzas de Sillero en el diario Ya el 15 de mayo de 1977. Las da por buenas. No así los militares. El juez informador atribuye el 27 de junio los hechos a la imaginación del ebanista, quien parece estar “algo fuera de lo normal”. En agosto, el jefe de la 3ª Región Aérea comunica al Estado Mayor del Aire que la información proporcionada por Lozón y Sillero no es creíble, y que el estado del segundo “no ofrece garantías de equilibrio mental”. Es la conclusión a la que llega también el colectivo Iván, un grupo de investigadores del fenómeno ovni dirigido por el ingeniero de telecomunicaciones Félix Ares.

Juan Sillero, con miembros del colectivo Iván. Foto: Colectivo Iván.En las nueve veces que visitan al testigo -“siempre estaba de baja laboral” por úlceras de estómago–, los miembros del colectivo Iván detectan contradicciones en su relato. Lo que más les extraña, sin embargo, es que nadie más ha visto nada. Ni la mujer y los hijos de Sillero .-aunque los platillos volantes han llegado a sobrevolar su hogar-, ni ningún vecino. “Si hubiera ocurrido algo así, lo habrían visto desde alguna de las casas próximas”, apunta Ares, sorprendido por tener que volver a hablar del caso tantos años después. Tampoco vieron nada los conductores de los camiones de transporte de escombros que, día y noche, pasaban al lado del lugar de los aterrizajes ininterrumpidamente. Los hijos del ebanista achacaban los encuentros con extraterrestres de su progenitor a fabulaciones consecuencia de sus problemas con el alcohol. “Mi padre nunca ha visto nada”, dijo uno a los investigadores. Tampoco Sillero enseñó nunca a Ares y su equipo la piedra que le habían regalado los visitantes porque, decía, les dejaría ciegos. ¿Y las huellas?

“Las supuestas huellas de naves extraterrestres no eran tales. Eran irregulares y, al lado de muchas, había piedras cuya forma coincidía con la del agujero”, recuerda Ares. Preguntando por el vecindario, dieron con Adrián Tramón, un operario de una retroexcavadora que les explicó que las había hecho él al extraer piedras de mineral. Sillero acabó admitiendo por escrito el 18 de mayo de 1980 que las huellas cuyas fotos había publicado Benítez en La Gaceta del Norte y Ya eran obra de Tramón. Ingenuamente, añadió que las auténticas las había borrado él.

La confesión de Juan Sillero. Foto: Colectivo Iván.Aunque los militares y el colectivo Iván, cada uno por su cuenta, dieron carpetazo al caso como una invención del principal protagonista, Benítez se negó a aceptar esa conclusión. Cuando Ares y su equipo la publicaron en la revista Stendek, del Centro de Estudios Interplanetarios (CEI) de Barcelona, les respondió airadamente en Mundo Desconocido, acusándoles de investigar de oídas y “confundir el tocino con la velocidad”. El colectivo Iván replicó a Benítez, quien al final presentó como prueba de los aterrizajes de Gallarta una carta del jefe de la 3ª Región Aérea en la que el militar le decía que, en tres noches de febrero y marzo de 1977, se habían detectado ecos de radar no identificados sobre Vizcaya y cazas habían salido dos veces en misión de interceptación. Aunque Sillero nunca precisó las fechas de sus encuentros con los visitantes y a pesar de que los investigadores militares consideraron siempre su relato producto de la imaginación, para Benítez los ecos de radar y las salidas de los cazas demostraban la realidad de los hechos. Todavía hoy, cierto sector de la ufología española, que ha ocultado siempre a su público la delicada situación mental del testigo, considera las vivencias de Juan Sillero auténticas.

“El caso Gallarta es el único encuentro en la tercera fase del País Vasco, y la investigación dirigida por Ares dejó claro en 1980 que fue un fraude”, dice el estudioso del tema Juan Carlos Victorio, autor del blog Misterios del Aire. Para el ufólogo valenciano Vicente-Juan Ballester Olmos, impulsor de la desclasificación ovni en España, lo llamativo es que todavía haya “gente que explota este caso de forma sensacionalista” cuando se sabe casi desde el principio que fue “fruto de una mente poco equilibrada”. Lozón, por su parte, era miembro del Centro Estudios Fraternidad Cósmica, un grupo de adoradores de los extraterrestres fundado por el contactado italiano Eugenio Siragusa. Por eso, no era un testigo fiable y la realidad de su avistamiento hay que ponerla más que en cuarentena. ¿Qué llevó a Sillero a inventarse su increíble historia? Posiblemente, la notoriedad que alcanzó su yerno al salir en los medios con la observación del despegue de un ovni fue lo que animó al ebanista a intentar superarle con sus encuentros en la tercera fase. Ése fue el origen del único expediente X ovni vasco.

Aberraciones intelectuales

Bruno Latour. Foto: Garitano.Tom Wolfe, padre del nuevo periodismo y novelista, cree que “la teoría de la evolución es un mito”. Lo dice en las entrevistas promocionales de su libro The kingdom of speech (El reino del habla), que salió en agosto a la venta en Estados Unidos. Sostiene que no hay pruebas de la teoría de Charles Darwin y Alfred Rusell Wallace, que “no es comprobable. La evolución significa que no puedes ver lo que sucederá a menos que vayas a vivir durante 7 millones de años, no se puede explicar, es totalmente imposible”, ha afirmado en El Mundo.

“Es un inculto, un ignorante integral. Habla de lo que no sabe. Sólo hace falta ir a la Wikipedia para ver que lo que dice no tiene ninguna base. Hay 160 años de pruebas paleontológicas, genéticas y experimentales de la evolución”, sentencia el biólogo Juan Ignacio Pérez Iglesias. Para el titular de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, si no se ridiculiza a Wolfe es porque “es un gurú del mundo de las letras, en el que, por lo visto, está permitido ser un ignorante en ciencia y opinar de ciencia. Es el típico fenómeno posmoderno: se considera normal que gente que no tiene ni idea de algo opine de ese algo y, además, no se cuestiona lo que dice. El caso de Wolfe es descarado. Lo único que busca es vender muchos libros y ganar dinero”. Sea cual sea la causa, Wolfe no es más que el último de una larga lista de pensadores que sostienen todo tipo de estupideces. Está bien acompañado en el olimpo del disparate.

Los posmodernos

Patólogos franceses examinaron en 1976 la momia de Ramsés II (1300 aC – 1213 aC) y concluyeron que había muerto de tuberculosis. “¿Cómo pudo morir a causa de un bacilo descubierto en 1882 y de una enfermedad cuya etiología, en su forma moderna, sólo data de 1819 en la consulta de Laennec? ¿No es anacrónico?”, preguntaba Bruno Latour en 1999. Para el sociólogo y antropólogo francés, achacar a la tuberculosis la muerte de Ramsés II está tan fuera de lugar como afirmar que lo mataron con una ametralladora. Siguiendo esa peculiar línea de razonamiento, ¿giraba la Tierra alrededor del Sol antes de Copérnico?, ¿qué nos tenía pegados al suelo antes de que Newton formulara la ley de la gravitación universal?

“Es algo muy burdo. Latour es uno de los principales autores posmodernos, a los que une un cierto desprecio hacia la idea de racionalidad y objetividad, hacia la búsqueda de la verdad a través de la ciencia. Lo consideran un sesgo de la cultura occidental colonialista del que hay que prescindir”, explica Jesús Zamora Bonilla, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la UNED. “Lo que dice Latour es ridículo -coincide Pérez Iglesias-. Para los posmodernos, la ciencia es una construcción social y algunos niegan que exista la realidad objetiva. El movimiento ha producido aberraciones intelectuales”.

En la misma línea absurda de Latour, aunque por otras razones, hay científicos de renombre. El caso más extremo es el del estadounidense Kary Mullis, premio Nobel de Química. Niega que el VIH cause el sida, cree en el horóscopo y dice que una noche se encontró en su cabaña de las montañas con un “mapache verde brillante” alienígena. Consumidor de grandes cantidades de LSD en la juventud, asegura que aquella noche no estaba colocado. Si de conspiraciones hablamos, en España la escritora Rosa Regás achacó en 2013, en un blog de El Mundo, la doble mastectomía y la extirpación de los ovarios de Angelina Jolie para evitar el cáncer a maniobras de una compañía biotecnológica para patentar unos genes. Bajando mucho el nivel, el inigualable Fernando Sánchez Dragó considera los alunizajes un paripé. “No es lo mismo ir a la Luna que estar en ella. Lo segundo alude a quienes creen en lo primero”, escribía en 2009, también en El Mundo.

Sesgos ideológicos

James Watson. Foto: Institutos Nacionales de la Salud.Los racistas pueden citar en su apoyo a James Watson, codescubridor de la estructura del ADN junto con Francis Crick. “Todas nuestras políticas sociales se basan en que su inteligencia (la de los negros) es la misma que la nuestra, cuando todas las pruebas dicen que no es así”, mantiene. “Puede deberse a prejuicios ideológicos que ha mamado en su sociedad. No es una idea nueva”, dice Zamora Bonilla, quien confiesa que lo primero que piensa en casos como éste y el de Wolfe es que chochean. “Aunque a lo mejor es un sesgo mío”, añade. “La ideología es una fuente de sesgos poderosos. Hay gente de izquierdas que por serlo rechaza avances científico-técnicos como los transgénicos, las vacunas y la wifi. Las posturas anticientíficas de la derecha tienen más que ver con la religión”, advierte Pérez Iglesias.

El fallecido Crick abogaba por la panspermia dirigida, para entusiasmo de Erich von Däniken y compañía. “Pudiera la vida haber empezado en la Tierra como resultado de una infección por microorganismos mandados a nuestro planeta de un modo deliberado por una civilización tecnológica desde otro lugar, usando una nave espacial”, escribió en 1973 en la revista Icarus, en una artículo firmado junto con Leslie Orgel.

Pérez Iglesias apunta que, “cuando alguien afirma algo muy rompedor sobre un campo que no es el suyo, lo más probable es que sea charlatanería pura”. “Un alto cociente intelectual no garantiza que tengas razón en todo”, dice Zamora Bonilla. Para los dos, no hay que creerse las cosas porque las diga un Nobel. Ellos también tienen prejuicios, intereses y creencias irracionales.

El espiritismo, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes del espiritismo, en la novena entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

Tom Wolfe, contra la teoría de la evolución

Tom Wolfe, en 2007. Foto: medusahead.Tom Wolfe es venerado como el padre del nuevo periodismo. Cada vez que publica un nuevo libro, se pasea por los grandes medios occidentales con su traje blanco y sus poses de dandi, soltando afirmaciones impactantes para conseguir el titular que le interesa, no en vano es periodista. Y también es un ignorante de tomo y lomo. “La teoría de la evolución es un cuento”, decía ayer en El Mundo. Y añadía:

Un mito como el de Thor y Wotan. La teoría de la evolución no cumple con ninguno de los estándares para las nuevas teorías porque, para empezar, no es comprobable. La evolución significa que no puedes ver lo que sucederá a menos que vayas a vivir durante siete millones de años, no se puede explicar, es totalmente imposible. Si intentaras encontrar hechos que sean verdaderos, se anularía la evolución. No se han abierto nuevas investigaciones y no es una teoría comprobable.

El escritor estadounidense demuestra en este párrafo estar a la misma altura intelectual que Juan Manuel de Prada, la referencia literaria antievolucionista española. Al parecer, Wolfe dedica su último libro, The kingdom of speech, a atacar la teoría de la evolución, el pilar de la biología, y, por lo leído, lo hace desde el total desconocimiento.

La teoría de la evolución por selección natural establece que todos los seres vivos actuales descendemos de otros anteriores y que el motor del proceso evolutivo es la selección natural, que hace que aquellos organismos mejor adaptados al entorno prosperen y se multipliquen mientras que condena a los peor adaptados a un papel secundario e incluso la extinción. Cuando Charles Darwin la formuló, se ignoraba qué mecanismo era el responsable de esas variaciones en la adaptabilidad. Ahora los científicos saben que son las mutaciones genéticas.

Desde que Darwin y Alfred Russel Wallace presentaron la teoría de la evolución en 1858, ésta ha sido confirmada por la evidencia fósil, la genética y la experimentación en laboratorio. “Las pruebas podrían haber ido en otro sentido. Podrían haber refutado la teoría de Darwin. En vez de eso, tenemos 150 años de pruebas que apoyan su teoría”, destacaba hace cinco años Alan Rogers, antropólogo de la Universidad de Utah y autor del libro The evidence for evolution (Las pruebas de la evolución, 2011). Desde hace décadas, los paleontólogos han ido completando el registro fósil con especies que -¡oh, casualidad!- encajan perfectamente en el marco evolutivo, como Tiktaalik rosae -forma intermedia entre los peces y los tetrápodos que vivió hace unos 370 millones de años y marcaría el inicio de la conquista de tierra firme- y nuestros antepasados homínidos. Además, tanto la resistencia de bacterias a los antibióticos como experimentos con animales han permitido a los científicos presenciar en directo la evolución por selección natural, ésa que el escritor estadounidense dice que “no puedes ver” a menos que vivas millones de años.

Tom Wolfe es un inculto, un analfabeto, un ignorante. No hay vuelta de hoja. Sería de agradecer que algún entrevistador le replicara cuando en una entrevista dice tonterías sobre la teoría de la evolución, a ver por dónde sale el padre del nuevo periodismo. Claro que para eso el periodista debería tener una ligera idea del tema. Culturilla general.