Conspiraciones

El Roswell de Franco

Reentrada del ATV 'Julio Verne' -vehículo automático de suministro de la ISS- en 2008. Algo muy parecido se vio desde Arroyomolinos de León en 1965. Foto: ESA.

Siete puntos rojo azulados cruzaron el cielo nocturno de Arroyomolinos de León (Huelva) el 6 de diciembre de 1965 cinco minutos antes de las nueve de la noche. Volaban con rumbo Noroeste-Sureste y en formación de uve, aunque pronto se convirtieron en una línea recta, según documentó en su día el ufólogo sevillano Ignacio Darnaude Rojas-Marcos a partir de los testimonios de dos guardias civiles y diez lugareños que presenciaron el fenómeno durante minuto y medio. Poco después, un pastor, Rufino Campanario, y varios vecinos de la cercana Montemolín (Badajoz) oyeron varias explosiones y “al salir del chozo vieron un objeto ardiendo que caía formando un ruido como el de un tren entrando en la estación”, contaba el diario Hoy el 19 de diciembre. Y, en la también cercana Lora del Río (Sevilla), “un extraño objeto de naturaleza desconocida” abría “un cráter de unos 50 centímetros de diámetro”, según el Abc del 9 de diciembre. “Al tomar contacto con el suelo, y por venir candente, levantó una nube de vapor dejando calcinada la zona de caída y chamuscado el ramaje próximo”, añadía el periódico madrileño.

Aquella noche cayeron del cielo dieciséis objetos en Lora del Río, Montemolín y Fuente de Cantos (Badajoz): tres esferas metálicas huecas de 38 centímetros de diámetro, una cuarta de 25, dos cuerpos cilíndricos de 36 de longitud, piezas en forma de toberas, casquetes, trozos de aislante… El general jefe del Estado Mayor de la Región Aérea del Estrecho, Pascual Sanz, explicaba siete días después a los periodistas que las tres esferas grandes, encontradas en Lora del Río, eran de acero y de origen humano. “Proceden de uno de los cuerpos que circundan la Tierra, sin que pueda establecerse el tipo del mismo, y al rozar la atmósfera se ha  desintegrado, cayendo sólo los objetos aludidos, que se estiman depósitos del combustible”, informaba Abc.

De origen soviético

El astrónomo alemán Harro Zimmer dio pront con la causa el Roswell de Franco. recorte de 'Abc' del 24 de diceimbre de 1965.Los medios dieron la explicación por buena. Así, cuando Hoy cuenta el 19 de diciembre lo sucedido en Montemolín, dice que los “raros artefactos” parecen ser “depósitos de combustible de un cuerpo estratosférico”. Cinco días más tarde, la agencia Efe informa de que el astrónomo alemán Harro Zimmer, del Observatorio Wilhelm-Foerster, en Berlín Occidental, sostiene que las tres esferas de Lora del Río son parte del cohete lanzador de la sonda soviética Luna 8 y se corresponden con “tanques de presión que no se desintegraron al volver a entrar el cohete en la atmósfera”. “Los cuerpos cilíndricos son cohetes para maniobrar en órbita terrestre. Los trozos de aislante que se encontraron encajaban perfectamente en el interior de uno de ellos”, explica el ingeniero aeronáutico José Miguel, actual jefe del Laboratorio de Ensayos No Destructivos del INTA, donde se encuentran los restos almacenados desde hace 50 años.

“Este caso nunca se clasificó por parte de las autoridades militares españolas como un suceso ovni”, recuerda el ufólogo valenciano Vicente-Juan Ballester Olmos. De hecho, el expediente de la investigación oficial no se encuentra entre la documentación sobre avistamientos de objetos volantes no identificados en el Archivo Histórico del Ejército del Aire, en el castillo de Villaviciosa de Odón. Tras la explicación del astrónomo alemán -coincidente en el origen humano con la del general Pascual Sanz-, la prensa española se olvidará del suceso, como había hecho la estadounidense dieciocho años antes con un caso parecido.

Portada del informe del Instituto Battelle, con los sellos de secreto y de exclusión de desclasificación automática.El 8 de julio 1947, dos semanas después de la visión de los primeros platillos volantes en la costa oeste de Estados Unidos, el Roswell Daily Record alertaba en su primera página de que los militares habían recuperado en esa pequeña localidad de Nuevo México uno de esos ingenios, que se había estrellado en un rancho. La información procedía del propio Ejército, que explicaba que los restos se habían trasladado a su aeródromo de Roswell. Al día siguiente, los militares rectificaban. Decían que lo recuperado no era un platillo volante, sino piezas de un globo meteorológico, y mostraban a los periodistas trozos de madera de balsa y papel de aluminio. A partir de ese momento, los medios y los ufólogos ignoraron el caso Roswell durante más de tres décadas hasta que Charles Berlitz, famoso por inventarse el misterio del triángulo de las Bermudas, lo resucitó en 1980 con un libro superventas, El incidente. Catorce años después, la Fuerza Aérea estadounidense reveló al mundo que los restos de Roswell correspondían en realidad a un globo del proyecto Mogul, ultrasecreto en 1947 y que perseguía detectar las ondas sonoras de las primeras pruebas nucleares soviéticas.

En el caso español, la Prensa también pierde el interés por los objetos caídos del cielo en Andalucía y Extremadura en cuanto se apunta a su origen humano, pero los militares no. “Se hace cargo de los restos el Ministerio del Aire, que los envía para su estudio al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), en la base aérea de Torrejón de Ardoz”, recuerda Ballester Olmos, que tiene en su poder desde hace años una copia de toda la información del caso, incluida la todavía pendiente de desclasificación. A los primeros informes técnicos, hechos en la base aérea de Talavera la Real sobre las piezas recuperadas en Fuente de Cantos, les siguen varios del Departamento de Materiales del INTA, donde se encuentra la primera prueba de que los restos proceden del otro lado del Telón de Acero. Al inspeccionar visualmente el interior de la llamada esfera 3, el perito Gabriel Delojo descubre una letra del alfabeto cirílico junto a varios números en un fleje “adherido a todo lo largo de la soldadura de las dos semiesferas”. Esa pieza, que en un informe de marzo de 1966 se asegura que se ha separado del resto del fleje, no se encuentra hoy en día en los almacenes del INTA junto con los otros restos del incidente, según comprobé la semana pasada. “Nadie ha tocado estos restos desde que nosotros tenemos conocimiento. No han ido a la chatarra por casualidad”, asegura el químico José Antonio Peñaranda, del Laboratorio de Ensayos No Destructivos del INTA.

Los restos viajan a EE UU

Las piezas que se enviaron a EE UU para su análisis en la primavera de 1967. Foto: INTA.En plena Guerra Fría, pendiente de los cielos y en pugna con la Unión Soviética por conquistar la Luna, Estados Unidos está al tanto de los hallazgos del INTA. No en vano, España es un país aliado. A finales de abril de 1966, el coronel de aviación Kenneth Lueke, agregado aéreo de la embajada de Madrid, informa al Ministerio del Aire de la llegada a España del “teniente coronel Richard Quimby, del Cuartel General de la Fuerza Aérea en Alemania, y de dos técnicos civiles en metalurgia” que trabajan para ella. Visitan el 27 de abril el INTA, donde tienen acceso a los informes preliminares y “a los objetos espaciales en sí”. En octubre, el Gobierno estadounidense pide al español que permita a sus propios expertos que analicen los restos en su país.

Tras la visita a Madrid del presidente Eisenhower en 1959, el régimen franquista se encuentra con una oportunidad de oro para que Washington le deba un favor. No la desaprovecha. Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores, escribe el 23 de enero de 1967 al ministro del Aire, teniente general José Lacalle, diciéndole que, “consultado el asunto” con Franco, “se ha tomado la decisión de autorizar” la cesión temporal de parte de los objetos a Estados Unidos. Se ponen cuatro condiciones: que “un especialista científico español” acompañe a las piezas “con objeto de estar presente y participar en los análisis que se lleven a cabo en ese país”; que la duración de los trabajos no supere, “en lo posible”, las cinco semanas y las piezas regresen a nuestro país; que se facilite copia del resultado de la investigación a España; y que se guarde en secreto la participación estadounidense en el estudio. “Así, España no se pondría a malas con los rusos”, indica Ballester Olmos.

El autor, Luis Alfonso Gámez, con los restos del cohete soviético en el INTA. Foto: Alberto Ferreras.Las cuatro esferas -tanques de gas presurizado para la propulsión- y uno de los cilindros -cohete- viajan a Estados Unidos, donde, del 28 de marzo al 28 de abril de 1967, los someten a una batería de análisis en los laboratorios del Instituto Battelle, en Columbus (Ohio), un centro de investigación tecnológica avanzada. Dos ingenieros del INTA, Francisco Ramírez y Carlos Marín, asisten a las pruebas que se consideran “complementarias” a las hechas en Torrejón de Ardoz e incluyen entre otras cosas, la apertura de dos de las esferas más grandes, “aparentemente cerradas” y una de las cuales “presenta una válvula prácticamente intacta”. Los técnicos españoles redactan un informe a su vuelta y, el 15 de junio, el Instituto Battelle emite uno de 280 páginas, titulado Investigación de cinco cuerpos metálicos recuperados después de vuelo espacial, que lleva en portada el sello de Secreto. No difundirse en el extranjero, excepto España y un aviso de que está excluido de desclasificación automática por el paso del tiempo.

Los científicos y técnicos estadounidenses constatan que la mayoría de las piezas son de titanio y que los restos no metálicos corresponden a material aislante del calor que protegería el interior de los cohetes. Aunque en su momento había entre los objetos recuperados alguna tobera, esas piezas parece que no han llegado hasta nosotros. Como ya había adelantado el astrónomo alemán Harro Zimmer, los restos formaban parte de la última fase del cohete Molniya que despegó de Baikonur el 3 de diciembre de 1965 para lanzar la sonda Luna 8 hacia el satélite terrestre. Era el undécimo intento soviético de posarse suavemente en la Luna, pero falló. La nave robot se estrelló en el Océano de las Tormentas a las 22.51 horas del 6 de diciembre de 1965, dos horas después de que la reentrada de piezas de su cohete lanzador iluminara los cielos del suroeste de la Península Ibérica.

“Sentí una satisfacción muy grande cuando
tuve acceso a todo el expediente del caso”

Vicente-Juan Ballester Olmos inspecciona el expediente. Foto: Manuel Molines.Vicente-Juan Ballester Olmos tenía 17 años cuando cayeron los restos del cohete lanzador del Luna 8 en Lora del Río, Montemolín y Fuente de Cantos. “Entonces yo ya estaba interesado en el fenómeno ovni, pero también en la astronáutica. Los bólidos y las reentradas de basura espacial siempre me han fascinado”, explica desde su casa de Valencia. No importaba que la naturaleza humana de lo visto en los cielos de Andalucía y Extremadura estuviera clara desde el principio, él reunió recortes de prensa y apuntes de ufólogos con la esperanza de que algún día se desclasificara el supuesto expediente militar sobre el suceso. “Recopilé toda la información sobre el caso y, durante 30 años, tuve una especie de minidosier”.

Metódico en su trabajo, Ballester ha tenido como afición el esclarecimiento de los sucesos ovni ocurridos en España, lo que le ha convertido en la bestia negra de quienes ven extraterrestres por todas partes. Además de eso, en los años 90 se marcó como objetivo conseguir que los informes militares sobre casos de avistamientos de ovnis se abrieran al público. En Estados Unidos, la denominada Ley para la Libertad de Información (FOIA) favoreció desde finales de los 70 la publicación de todos los expedientes sobre la materia que no afectaran ya a la seguridad nacional, como el del caso de Roswell en 1994. En España, no existe ninguna legislación parecida y lo que hizo Ballester Olmos, entre 1992 y 1999, fue asesorar al Mando Operativo Aéreo en el análisis y desclasificación de los informes de ovnis. Así logró que vieran la luz 84 expedientes sobre 122 avistamientos ocurridos entre 1962 y 1995, que pueden consultarse en la Biblioteca del Cuartel General del Ejército del Aire, en Madrid.

Letra cirílica junto a cuatro números, descubierta en un fleje dentro de una de las esferas. Foto: INTA.“En febrero de 1994, en una de mis frecuentes visitas a Torrejón de Ardoz, me topé con la documentación del caso de la reentrada del cohete ruso de diciembre de 1965 entre unos expedientes de ovnis. Di un respingo”. Meses después, en julio, el teniente coronel Enrique Rocamora le entregó “un juego completo de fotocopias con toda la documentación del caso, con autorización del Jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire. Sentí una satisfacción muy grande cuando tuve acceso a todo el expediente”. Lleva años luchando porque esa información sea de acceso público y no sabe a qué achacar el retraso, aunque intuye que pudiera deberse bien al sello de Secreto del informe del Instituto Battelle o a la simple burocracia.

 

Los enigmáticos ‘ovnis boludos’

El ingeniero químico mexicano Luis Ruiz Noguez bautizó humorísticamente hace años las esferas que, procedentes de ingenios espaciales, caen del cielo como ovnis boludos por su forma y por su origen. Son contenedores de gas para la propulsión, la experimentación y el mantenimiento vital. Aunque al principio fueron metálicos, en la actualidad son de materiales más ligeros, como la fibra de carbono. Su tamaño y los materiales de los que están hechos favorecen que muchos no se desintegren al entrar en la atmósfera y lleguen al suelo. Se han encontrado en todos los rincones del planeta, aunque muchos caen en el mar, que no en vano cubre las dos terceras partes de la superficie terrestre. En noviembre cayeron varios en Murcia.

El experimento telepático del ‘Nautilus’, en Radio Vitoria

Pilar Ruiz de Larrea y yo hablamos el lunes del experimento telepático del Nautilus, en la decimonovena entrega de la temporada de mi colaboración semanal en El mirador, en Radio Vitoria.

No, la CIA no ha desclasificado informes sobre ovnis en coincidencia con el estreno de ‘Expediente X’

Expediente ovni publicado en el libro 'Ovnis: el archivo de la CIA. Informes de avistamientos' (1980) y un documento supuestamente desclasificado hace unos días.La CIA ha desclasificado nuevos documentos secretos sobre ovnis con motivo del estreno de la miniserie de Expediente X. Este titular, con variaciones, se repite hoy en decenas de medios y blogs de todo el mundo, incluidos algunos españoles. En Xataca, por ejemplo, dicen que “la CIA ha desclasificado esta semana cientos de documentos sobre temática ovni”, y La Información ha recurrido como experto al novelista y ufólogo Javier Sierra, quien, además de confirmar la noticia, ha destacado que “no es la primera vez que la CIA y la industria del entretenimiento colaboran”. Una bonita historia. Lástima que sea más falsa que una moneda de 3 euros, porque los recién desclasificados expedientes no sólo se conocen desde hace décadas, sino que además el ufólogo español Andres Faber-Kaiser ya los publicó en dos libros en España ¡hace 35 años!

Los dos libros de 1980 en los que Andreas Faber-Kaiser reprodujo documentos de la CIA.La CIA, el FBI y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense llevan publicando información sobre sus investigaciones de casos de ovnis desde finales de los años 70 de siglo pasado, cuando ufólogos estadounidenses recurrieron a la Ley de Libertad de Información (FOIA) para reclamar que se desclasificara ese tipo de material. En 1980, Faber-Kaiser en nuestro país publicó dos libros, titulados Ovnis: el archivo de la CIA. Documentación y memorandos (1980) y Ovnis: el archivo de la CIA. Informes de avistamientos (1980), que son meras reproducciones de ese tipo de información. Dos tochos infumables, en los que se encuentran todos los documentos supuestamente desclasificados ahora. Desde 1978, la CIA no ha dejado de hacer público material en otros tiempos secreto relacionado con el fenómeno ovni. Así, en agosto de 2013 vio la luz el estudio titulado The Central Intelligence Agency and overhead reconnaissance (La Agencia Central de Inteligencia y el reconocimiento aéreo), redactado en 1992 y en el que se habla por primera vez abiertamente de cómo y por qué se creó el Área 51, la base militar secreta del lago seco Groom (Nevada) desde donde han despegado los más avanzados aviones espía estadounidenses desde 1955. Gracias a otro documento desclasificado en 1997 y titulado CIA’s role in the study of ufos, 1947-90 (El papel de la CIA en el estudio de los ovnis 1947-1990), obra del historiador Gerald K. Haines, sabemos que en los años 50 y 60 “cerca de la mitad” de los avistamientos de ovnis en EE UU correspondieron a vuelos de aviones espía.

¿Pero ha publicado la CIA ahora nuevos documentos sobre ovnis aprovechando la vuelta de Fox Mulder y Dana Scully a la televisión? No. No lo digo yo; lo dice la propia agencia de espionaje. La nota de la CIA a la que enlazan algunos de quienes dan por buena la historia de los nuevos documentos secretos se titula “Echa una ojeada a nuestros ‘Expedientes X'”. Se publicó el jueves pasado en la web de la agencia y dice:

La CIA desclasificó en 1978 cientos de documentos que detallan las investigaciones de la Agencia sobre objetos voladores no identificados (ovnis). Los documentos datan principalmente de finales de los años 40 y los 50.

Para ayudar a navegar entre la gran cantidad de datos que contiene nuestra colección ovni de la FOIA, hemos decidido destacar algunos documentos que tanto escépticos como creyentes encontrarán interesantes. A continuación encontrará cinco documentos que creemos que al agente Fox Mulder, el personaje de Expediente X, le encantaría utilizar para tratar de persuadir a otros sobre la existencia de actividad alienígena. También incluimos cinco documentos que pensamos que su compañera escéptico, la agente Dana Scully, podría utilizar para demostrar que hay una explicación científica para los avistamientos de ovnis.

La verdad está ahí fuera; haga clic en los enlaces para encontrarla.

Algunos titulares de medios sobre la inexistente nueva desclasificación ovni de la CIA.La CIA dice que lo que hace es destacar casos que ya eran del dominio público, para llamar la atención sobre ellos. Es un guiño, evidente, a la actualidad televisiva, como la guía para investigar avistamientos de platillos volantes publicada el mismo día. Usted mismo puede comprobar en la web de la agencia -en la ficha de cada informe- cómo ninguno de esos diez documentos es secreto desde hace casi cuatro décadas.

Los cinco informes que, según la CIA, harían las delicias de Mulder son:

1. Platillos volantes sobre Alemania del Este (1952). Es público desde el 5 de octubre de 1978 y puede leerse en español en las páginas 110-112 de Ovnis: el archivo de la CIA. Informes de avistamientos (1980).

2. Acta de una reunión sobre ovnis (11 de agosto de 1952). Es público desde el 5 de octubre de 1978 y puede leerse en español en las páginas 52-53 de Ovnis: el archivo de la CIA. Documentación y memorandos (1980) .

3. Platillos volantes sobre España y el norte de África (1952). Es público desde el 5 de octubre de 1978 y puede leerse en español en las páginas 113-115 de Ovnis: el archivo de la CIA. Informes de avistamientos (1980).

4. Evaluación de informes sobre platillos volantes (1 de agosto de 1952). Es público desde el 5 de octubre de 1978 y puede leerse en español en las páginas 50-51 de Ovnis: el archivo de la CIA. Documentación y memorandos (1980) .

5. Platillos volante sobre minas de Uranio del Congo Belga (1952). Es público desde el 5 de octubre de 1978 y puede leerse en español en las páginas 107-109 de Ovnis: el archivo de la CIA. Informes de avistamientos (1980).

Los cinco documentos que encantarían a Scully son:

1. Comité científico asesor sobre platillos volantes (14-17 de enero de 1953). Es público desde el 5 de octubre de 1978 y puede leerse en español en las páginas 148-153 de Ovnis: el archivo de la CIA. Documentación y memorandos (1980) .

2. Memorando oficial sobre platillos volantes (15 de marzo de 1949). Es público desde el 5 de octubre de 1978 y puede leerse en español en las páginas 44-45 de Ovnis: el archivo de la CIA. Documentación y memorandos (1980) .

3. Memorando sobre platillos volantes para el director de la CIA (2 de octubre de 1952). Es público desde el 5 de octubre de 1978 y puede leerse en español en las páginas 90-91 de Ovnis: el archivo de la CIA. Documentación y memorandos (1980) .

4. Encuentro del grupo asesor sobre ovnis de la Oficina de Inteligencia Científica (21 de enero de 1953). Es público desde el 5 de octubre de 1978 y puede leerse en español en las páginas 155-156 de Ovnis: el archivo de la CIA. Documentación y memorandos (1980) .

5. Memorando sobre platillos volantes (3 de diciembre de 1952). Es público desde el 5 de octubre de 1978 y puede leerse en español en las páginas 102-103 de Ovnis: el archivo de la CIA. Documentación y memorandos (1980) .

Así que, ya ven, los expedientes ovni secretos publicados por la CIA en coincidencia con el estreno de la miniserie de Expediente X no existen. Los que han atraído a algunos son documentos que conocemos desde 1978 y ya entonces no decían nada sorprendente sobre el fenómeno ovni, más allá de que la agencia de espionaje descartó a principios de los años 50 tanto que los platillos volantes supusieran una amenaza para la seguridad nacional estadounidense como que estuvieran a sus mandos seres extraterrestres.