El embajador de la galaxia

El primer encuentro cara a cara entre un humano y un extraterrestre se produjo en 1952. No ocurrió en Washington, Moscú, Londres o París, sino en el desierto de California. El interlocutor terráqueo tampoco fue un alto mandatario; ni siquiera el entonces secretario general de la ONU, el noruego Trigve Lie: se llamaba George Adamski y trabajaba en las inmediaciones del observatorio astronómico de monte Palomar. Nacido en Polonia en 1891, había emigrado a Estados Unidos de niño y dedicó los últimos trece años de su vida a difundir el mensaje de los visitantes de otos mundos por América, Europa y Oceanía.

“Fue a las 12.30 horas del jueves, 20 de noviembre de 1952, cuando establecí contacto en persona con un hombre de otro mundo. Había venido a la Tierra en una nave espacial, un platillo volante”, explica Adamski en su libro Flying saucers have landed (Los platillos volantes han aterrizado, 1953). Había ido al desierto con otras seis personas, ansiosas todas de encontrarse con los extraterrestres. El grupo vio “una gigantesca nave plateada con forma de puro, sin alas ni apéndices de ningún tipo”. Se movía en silencio y, cuando salió de ella un disco volante, el elegido se separó de sus acompañantes con la esperanza de hablar con la tripulación de la pequeña nave e incluso hacer un viaje en ella.

En son de paz

El platillo que aterrizó en el desierto estaba pilotado por Orthon, un venusiano rubio y de excelente facha que impresionó al hombre. “Me sentía como un niño en presencia de alguien poseedor de una gran sabiduría y mucho amor”. Mediante gestos y telepatía, el visitante, que venía en son de paz, le informó de la creciente preocupación en el vecindario cósmico por la radiación producida por nuestras pruebas nucleares. Adamski quiso hacerle una foto; pero Orthon se negó a ello, aunque le dejó fotografiar el disco volante. Por desgracia, a pesar de llevar encima dos cámaras de fotos y durar la conversación una hora, todas las pruebas de la histórica entrevista se reducen a una imagen borrosa en la cual, tras una colina, asoma una mancha: parte de “la pequeña nave de Venus”.

El encuentro con Orthon fue sólo el primero de los que mantuvo Adamski con seres de otros planetas. Con el tiempo, el hombre hizo realidad sus sueños y viajó por el espacio a bordo de platillos volantes. En la cara oculta de la Luna, vio ríos y florecientes ciudades pobladas por paisanos de Orthon, además de por marcianos y saturnianos. El Sistema Solar en pleno estaba preocupado por el futuro de la Humanidad y, consciente de la trascendencia de su misión, Adamski se dedicó a partir de entonces a escribir libros sobre sus experiencias y viajar por el mundo dando conferencias y concediendo entrevistas. Hizo una gira por Nueva Zelanda, tuvo una audiencia privada con la reina Juliana de Holanda y decía haber mantenido otra con Juan XXIII.

Adamski murió de un ataque cardiaco en 1965. Desde entonces, las sondas automáticas han fotografiado al detalle la cara oculta de la Luna sin ver nada de lo dicho por el contactado. Tampoco han encontrado rastro de civilización alguna en Venus, Marte y Saturno, ni en ningún otro lugar del Sistema Solar. “Era hombre de exiguos logros académicos, pero compensaba tal deficiencia con una excelente imaginación, una agradable personalidad y una provisión aparentemente inagotable de desfachatez”, escribió el periodista Frank Edwards en su libro Platillos volantes… aquí y ahora (1967).

Viajando en aspiradora

Al profesor Adamski -como firmaba sus cartas- hay que reconocerle el mérito de haber sido el primero en aprovecharse de los extraterrestres para escapar de una vida gris. En su caso, un puesto de la carretera del observatorio de monte Palomar donde preparaba hamburguesas. Había intentado sin éxito dejar los fogones en 1949, con una novela de ciencia ficción titulada Pioneers of space. An imaginary trip to the Moon, Venus and Mars (Pioneros del espacio. Un viaje imaginario a la Luna, Venus y Marte), pero el fracaso se convirtió en oportunidad y Adamski el contactado nació cuando una escritora le animó a presentar la ficción como si fuera una experiencia real e ilustrarla con fotos de platillos volantes.

La nave-tapa de aspiradora de origen venusiano de George Adamski.Los dos libros posteriores en los que contó sus aventuras fueron sendos éxitos y convencieron a miles de personas de las visitas de seres de otros mundos. Pero algunos fueron más allá. Frank Edwards identificó, por ejemplo, el modelo al que correspondía el platillo en el que Adamski había hecho su primer viaje a Venus. “Tras ocho años de pacientes investigaciones -recordaba en 1967-, llegué, finalmente, a la conclusión de que su nave espacial era en realidad el extremo superior de una aspiradora fabricada en 1937. Y dudo que se pueda viajar a través del espacio montado en una aspiradora”. Además, aunque la entrevista con Juliana de Holanda sí se produjo -y le costó a la reina sus críticas-, la de Juan XXIII es tan histórica como la de Orthon.

Cuentan sus seguidores que la audiencia de Adamski con el Pontífice se celebró el 31 de mayo de 1963. Aquel día, el contactado visitaba el Vaticano con dos admiradoras cuando se separó de ellas para volver una hora después. Al regresar, les dijo que había estado con el Papa y les enseñó como prueba una medalla con la efigie de Juan XXIII, como las que podían comprarse en los alrededores de la basílica de San Pedro. Las mujeres creyeron que un Papa agonizante -murió tres días después- no tenía nada mejor que hacer que charlar con un vendedor de hamburguesas que decía viajar a otros planetas y a quien, además, el venusiano Orthon no había contado nada nuevo en 1952 en el desierto de California: un año antes, otro extraterrestre bien parecido, Klaatu, había descendido con su platillo volante en Washington en la película Ultimátum a la Tierra para convencer a las grandes potencias de que dejaran de hacer pruebas nucleares.


El libro

The gods have landed (1995): James R. Lewis coordina una obra cuyos autores examinan las características religiosas de la ufología, considerada por muchos expertos académicos una creencia religiosa de la era espacial.