El marciano de la autopsia de Roswell era primo de Max Headroom

El marciano de la película de la autopsia de Roswell, aquel vídeo que parecía rodado por Ed Wood y por cuya emisión pagaron en 1995 una pasta algunas cadenas de televisión, no era tal. Resultaba obvio y así lo dijeron en su momento los expertos forenses y en efectos espaciales que vieron la cinta, pero la ufología de quiosco -la que vive de las más increíbles mentiras- no admitió ese dictamen. Ahora, el experto en efectos especiales John Humphreys ha zanjado el asunto con motivo del estreno, el 7 de abril, de Alien autopsy en los cines del Reino Unido. “Todo lo que hemos hechos para el filme de Ant y Dec -ha dicho en referencia a la nueva película- ha sido recrear los modelos que fabricamos hace diez años a partir de las fotografías que tomamos entonces”.

Ray Santilli, un productor televisivo, se hizo en la primera mitad de los años 90 con una película en blanco y negro en la que se veía una supuesta autopsia a un alienígena accidentado en Roswell (Nuevo México, EE UU). Se trataba, según él, de un documento rodado en 1947 por las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos y como tal lo vendió a cadenas de televisión de medio mundo -en España, cayó en la trampa Antena 3 TV- a precio de oro. Once años después, el escultor que modeló el extraterrestre gris ha dejado en evidencia tanto a Santilli como a quienes defendieron la autencidad de la película, incluido el ahora novelista Javier Sierra, que ha dedicado buena parte de su trayectoria profesional a la explotación comercial de falsos misterios.

Javier Sierra fue el principal 'padrino' de la falsa autopsia de Roswell en España. Foto: Fernando Gómez.John Humphreys, que ha trabajado en los efectos espaciales de series como Max Headroom y películas como Charlie y la fábrica de chocolate, ha reconocido ahora que creó los alienígenas de la cinta de Santilli y que, además, interpretó a uno de los cirujanos. Los muñecos, ha explicado a The Sunday Times, estaban rellenos con sesos de cordero, entrañas de pollo y jarretes comprados en un mercado, y, cuando acabó el rodaje, fueron descuartizados y sus pedazos se tiraron en diferentes cubos de basura en Londres. Santilli dice ahora que lo que él hizo en la película fue recrear el contenido de una cinta que en realidad existía, pero que estaba en muy mal estado. No fue lo que sostuvo en 1995, cuando se hizo de oro con ella. ¿Qué dirán ahora Sierra y compañía?

Seguramente, recurrirán a la reinvención de su papel real en el montaje, como ya ha hecho el ufólogo Philip Mantle, valedor de Santilli hace once años. “No pensé que (el engaño) iba a durar tanto, y estoy encantado de que el fraude haya salido a la luz y el misterio haya sido resuelto”, ha declarado tras la confesión de Humphreys, y ha añadido que el escultor fue siempre uno de sus principales sospechosos. Sierra es hábil y podría recrear el pasado a su conveniencia, pero las hemerotecas están ahí: “¡No son humanos!”, “¡Estaban vivos!”, “Jaque a la ciencia” y “Roswell, un Watergate cósmico” fueron algunos de los titulares elegidos por el novelista para los reportajes periodísticos que escribió entre agosto y octubre de 1995 para la revista Año Cero, dirigida por ese otro adalid del rigor que es Enrique de Vicente. Una de las principales conclusiones de Sierra, en esos reportajes y en su libro Roswell. Secreto de Estado (1995), es que el transistor es un invento basado en el estudio de los restos del platillo extraterrestre estrellado en Roswell.