La Atlántida, en Hala Bedi Irratia

Javi Urkiza y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la Olla, en Hala Bedi Irratia, de la Atlántida, en la segunda entrega del curso 2013-2014 de Gámez Over, intervenciones que también emiten Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate), Kkinzona (Urretxu-Zumarraga) y Txindurri Irratia (Lautada).

Usan fraudulentamente el logo del CSIC para promocionar un congreso de pseudohistoria

Cartel del congreso pseudocientífico de Historia, Mitos y Leyendas en el Arte.Los organizadores del congreso pseudocientífico Historia, mitos y leyendas en el arte, que se celebrará en Sevilla el 1 y 2 de diciembre, están promocionando el acto en Internet como si contaran con el respaldo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El cartel del encuentro está encabezado por los logotipos del Ministerio de Economía y Competitividad, del CSIC y de la Casa de la Ciencia de Sevilla -donde dicen que va a tener lugar-, aunque esas entidades no tienen nada que ver con las jornadas.
El programa del congreso de Historia, mitos y leyendas en el arte es una mezcla de pseudociencia y aparente ciencia. Así, un zahorí, Manuel Riquelme, hablará de sus prospecciones en busca de la Atlántida; el mito del continente perdido centrará la intervención de Juan José Sánchez-Oro, uno de los conductores del programa de divulgación de la pseudociencia Dimensión límite; Jesús Callejo, colaborador de revistas como Año cero, Más Allá y Enigmas, disertará sobre misterios en el arte; Chris Aubeck, «investigador de temas forteanos y su repercusión antropológica», de fenómenos extraños en el cielo hasta 1947; un arqueólogo, de las pinturas rupestres de Nerja que algunos atribuyen a neandertales; y una historiadora, de presuntos signos de escritura megalítica en Huelva.
«No cuenta con el apoyo del CSIC, no se va a celebrar en la Casa de la Ciencia y no participa nadie del CSIC», me han indicado fuentes de la agencia estatal. De hecho, basta consultar la agenda de diciembre de la Casa de la Ciencia de Sevilla para comprobar que no tiene previsto acoger nada remotamente parecido a este encuentro. Así pues, son engañosos tanto el cartel del acto como la imagen de cabecera que ha puesto en su página de Facebook el periodista del misterio Juan José Sánchez-Oro, quien está anunciándolo como «una cita imprescindible para todos los que quieran saber más sobre los últimos descubrimientos acerca de los neandertales, Tartessos, la Atlántida, el origen de la escritura, los misterios en el arte y las anomalías de los cielos antes de 1947…».
Imagen de cabecera de la página de Facebook del periodista del misterio Juan José Sánchez-Oro.
La organización del congreso ha corrido a cargo de una entidad que responde al nombre de Spanish History Alive, han colaborado en su montaje los sitios de difusión de la pseudociencia Dimensión Límite, Tras los Límites y Dimensión Cero, y lo patrocinan Cordophonia-Orquesta de Pulso y Púa, y la Fundación Cueva de Nerja. ¿Quién se ha sacado de la manga la colaboración del CSIC y que el acto iba a celebrarse en la Casa de la Ciencia de Sevilla, un centro de la agencia estatal, cuando ninguno de ambos extremos es cierto? Supongo que ese enigma lo podrían desentrañar fácilmente los vendedores de misterios que están detrás de estas jornadas, aunque dudo de que lo hagan.

No hay ruinas mayas en Estados Unidos: son restos de la cultura indígena de los constructores de montículos

El enorme montículo del Monje de la ciudad indígena de Cahokia. Foto: Skubasteve834.

Hay noticias que tienen un inconfundible tufillo fraudulento. La del hallazgo de ruinas mayas de hace 1.100 años al norte de Georgia (Estados Unidos) me escamó ayer por la mañana nada más conocerla a través de Lorena López, una de las periodistas de En Casa de Herrero, el programa de esRadio. Me llamó por teléfono para ver qué pensaba de la historia de cara a hablar del asunto con Luis Herrero por la tarde. Le pedí diez minutos para hacerme una idea antes de pronunciarme, aunque le adelanté que me sonaba tan digna de crédito como el último hallazgo de la Atlántida en Cádiz. Sé que diez minutos no es mucho tiempo, pero los ritmos de los medios son ésos. Cuando me volvió a llamar, le dije que estaba seguro al 99,9% de que se trataba de un fantasía, de la conclusión de alguien probablemente obsesionado con los mayas, y sin formación arqueológica, que interpretaba erróneamente restos de la llamada cultura de los montículos de Norteamérica. Así, zanjamos el asunto; pero yo, claro, decidí que podía ahondar en él para contarlo aquí, si llegaba a alguna conclusión que fuera más que una presunción. Ahora, lo puedo decir sin ninguna duda: no se han encontrados ruinas mayas al este de EE UU.
El rumor nació Examiner, un agregador de contenidos estadounidense que me es familiar porque recoge habitualmente las chifladuras de los exopolíticos. El artículo que dio origen a la noticia que han publicado medios españoles como Libertad Digital y 20 Minutos se titulaba originalmente  “Massive 1,100+ year old Maya site discovered in Georgia’s mountains” (Gran yacimiento maya de hace 1.100 años descubierto en las montañas de Georgia). Su autor es Richard Thornton, un arquitecto que está convencido de que a EE UU llegaron refugiados mayas en tiempos de guerras, sequías y otras desgracias. Es algo, dicho sea de paso, que ningún arqueólogo académico -de verdad- sostiene. Thornton se considera de origen maya. “Como la mayoría de los creeks de Georgia y Carolina del Sur, soy portador de ADN maya”, dice. Está convencido de que sus antepasados llegaron a la región huyendo del colpaso de esa cultura, hacia el año 800, por “una serie de catastróficas erupciones volcánicas seguidas de dos largos periodos de sequías extremas y guerras sinfín entre las ciudades-estado”. Y presenta en el artículo las pruebas definitivas del que él considera “uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de los últimos años”: el sitio maya de Kenimer.
Thornton recuerda que ese yacimiento fue estudiado por primera vez en 1999 por Mark Williams, antropólogo de la Universidad de Georgia, quien calculó que en los dos montículos de Kenimer  había zonas esculpidas hace 1.100 años y «fue incapaz de determinar quién los construyó». Puntualiza que, «en los primeros mapas», se llamaba a la región Itsate. «Es como los mayas itzá se llamaban a sí mismos. Además, entre todos los pueblos indígenas de las Américas, sólo los mayas itzá y los ancestros de los indios creek en Georgia construían pirámides de tierra de cinco lados como sus montículos principales. Era habitual entre los mayas itza esculpir una colina en forma de montículo pentagonal. Hay docenas de tales estructuras en América Central», escribe. Y añade que hay otros topónimos en Georgia que apuntan a esa «presencia maya». Seguro que también podíamos encontrar topónimos para fantasear, por ejemplo, con una presencia ancestral vasca o de cualquier otro pueblo. En ese contexto, asegura que un arqueólogo sudafricano, Johannes Loubser, ha hecho recientemente dos sondeos y que el material recuperado apunta a la conexión maya-georgiana.
Los contructores de montículos
¿Cuál fue mi sospecha inicial? Simplemente, que estábamos ante una errónea interpretación de restos atribuibles a los pueblos de los constructores de montículos, cultura indígena norteamericana cuyos primeros vestigios se remontan a 3400 antes de Cristo (aC). «El que una civilización de indios americanos con populosas ciudades, reyes, pirámides y magníficas obras de arte haya evolucionado en el medio oeste y sureste de EE UU resulta una revelación sorprendente aun para aquéllos en cuyos patios traseros yacen las ruinas. Sin embargo, los restos de estos antiguos habitantes de Norteamérica son prácticamente ubicuos», indica Kenneth Feder, experto en arqueología fantástica de la Universidad Central del Estado de Connecticut, en su libro Fraudes, mitos y misterios (1990).
Óleo de Herbert Roe de la ciudad indígena de Kincaid, a orillas del río ohio.Aunque ustedes no lo hayan sabido hasta ahora -yo me enteré hace años cuando leí el libro de Feder-, una de las pirámides más grandes del mundo está en Cahokia, antigua ciudad del actual Illinois a orillas del Mississippi cuyo máximo esplendor se sitúa en torno el año 1000. La pirámide se conoce como el montículo del Monje. Tiene cuatro terrazas, diez pisos de altura, 290 metros de largo por 255 de ancho… «Cahokia -escribe Feder- debe de haber sido un lugar espléndido, con decenas de miles de habitantes y artesanos que producían trabajos en conchilla, cobre, piedra y arcilla. Se trataba de un centro comercial y religioso, y del núcleo de la fuerza política predominante de su tiempo». ¿Y qué concluyó Williams de la investigación arqueológica que llevó a cabo a finales de los años 90 en Kenimer?
«Este sitio fue claramente construido durante el periodo Napier Woodland Tardío. Esta información ya es de por sí valiosa, porque podría ser el único sitio conocido con montículos Napier. Algunos otros montículos contienen pequeñas cantidades de cerámica Napier, pero en ningún caso, que yo sepa, hay un montículo de ese periodo», escribe el arqueólogo en la memoria de la excavación. Y, aunque advierte de que es un yacimiento extraño -entiéndase en el contexto de una investigación arqueológica, no en el de la misteriología-, lo sitúa culturalmente en el universo de los constructores indígenas de montículos. «No hay ninguna prueba creíble de la presencia de mayas en Georgia. El autor (Thornton) hace un mal uso de datos arqueológicos legítimos para respaldar su idea fantástica», me ha confirmado por correo electrónico Williams, quien está indignado con el eco que ha tenido la invención del arquitecto creek. «Esto es una completa tontería», ha dejado escrito en un comentario al artículo de Thornton.
Así que, ya saben, carece de sentido hablar de mayas en Georgia. Es una fantasía. Como también lo es que podamos estar ante los restos de Yupaha, la ciudad de Hernando de Soto buscó en vano en 1540. Y decir que los mayas fueron los primeros colonizadores de lo que hoy es Estados Unidos, como hace Libertad Digital, es otro disparate: quienes colonizaron Norteamérica fueron los cazadores-recolectores que cruzaron desde Siberia y se convirtieron en los primeros humanos en pisar América miles de años antes.

En busca de la Atlántida, el viernes en Bilbao

Recreación de la capital de la Atlántida, según el canal de televisión National Geographic. Ilustración: National Geographic Channel.

«La Atlántida, ¿un continente perdido?» es el título de la charla que daré el viernes a las 19.00 horas en la carpa colocada por la FNAC y la agrupación de comerciantes BilbaoCentro en la calle Ercilla de la capital vizcaína. En mi intervención, que se enmarca dentro del ciclo «La ciencia duda», hablaré de los orígenes del mito, de geología, de historia, de guerras y ciudades que desaparecieron de la noche a la mañana, de hechos que pudieron -o no- servir de inspiración a Platón para un relato que nos sigue cautivando 2.400 años después de que el filósofo griego lo contara por primera vez. Si usted cree que en el siglo XXI merece la pena seguir buscando la Atlántida en el mundo real –como ha hecho recientemente la Sociedad Geográfica Nacional de Estados Unidos-, acérquese a la carpa de la calle Ercilla el viernes y hablamos del asunto.