Pseudoarqueología

El cineasta Simcha Jacobovici intenta embaucar a los medios con el falso hallazgo de los clavos de Cristo

Simcha Jacobovici, con los dos clavos que, según él, fue crucificado Jesús. Foto: AFP.

El cineasta canadiense Simcha Jacobovici asegura haber encontrado dos de los clavos utilizados en la Crucifixión e intenta vender ese hallazgo en los medios de comunicación como parte de la promoción de su documental Los clavos de la Cruz. Sostiene que los clavos fueron descubiertos en 1990 en una tumba que sería la del bíblico Caifás, quien, según él, al final de la vida se convirtió al cristianismo. “Si miras el episodio histórico, textual, arqueológico, todo parece apuntar a que estos dos clavos estuvieron implicados en una crucifixión. Y, dado que Caifás sólo está asociado a la crucifixión de Jesús, sumas dos y dos y parece implicar que son los clavos”, ha declarado a la agencia Reuters. Lamentablemente, este hallazgo bíblico del cineasta, del que me ha avisado el periodista Bruno Vergara, tiene tanto fundamento como otros anteriores.

Es posible que ustedes recuerden a nuestro protagonista por ser el autor de El Éxodo descifrado, documental, producido por James Cameron, que defiende la historicidad de ese episodio del Antiguo Testamento y fue emitido por Cuatro como entrega especial de Cuarto Milenio el 25 de diciembre de 2006. En esa película, y en otras posteriores como la dedicada a la presunta tumba de Jesús, el cineasta hace pseudoarqueología en aras del espectáculo, lo que le ha costado duras críticas de los expertos. Así, por ejemplo, la Autoridad de Antigüedades de Israel ha dicho que “no hay duda de que el talentoso Simcha Jacobovici ha creado un documental interesante alrededor de un hallazgo arqueológico”, pero sus conclusiones “carecen de fundamento arqueológico y científico”.

Los supuestos clavos de Cristo. Foto: Reuters.“Lo que presentamos al mundo es el mejor argumento arqueológico conocido a favor de que se han encontrado dos de los clavos de la crucifixión de Jesús. ¿Sé al 100% que lo son? No”, ha admitido el director. La verdad es que su edificio argumental es bastante frágil. Parte del supuesto de que una tumba descubierta en Jerusalén en 1990 era la de Caifás, el sumo sacerdote que entregó a Jesús a los romanos, pero los arqueólogos rechaazan esa atribución del sepulcro. A Jacobovici no le importa, claro, y da otro doble mortal diciendo que Caifás se convirtió al cristianismo al final de su vida, que dos clavos que se encontraron en la tumba proceden de la Crucifixión y que habría sido enterrado con ellos por considerarlos amuletos. Y asegura que esos clavos han estado perdidos durante años y él los ha encontrado ahora en un laboratorio de la Universidad de Tel Aviv del antropólogo Israel Hershkowitz, quien los recibió en su día de las autoridades para su estudio. Demasiados síes condicionales y especulaciones sin fundamento como para que se tomen sus conclusiones en serio.

Ni siquiera el arqueólogo Gaby Barkay, que aparece en el documental, se arriesga a jugarse su prestigio y compartir el punto de vista de Jacobovici. “No hay ninguna prueba de que los clavos estén conectados con huesos de cualquier tipo o prueba a partir de los textos de que Caifás tuviera los clavos de la Crucifixión después de que ésta tuviera lugar y de que Jesús fuera bajado de la Cruz. Por otra parte, esas cosas son posibles”, ha dicho diplomáticamente, según The Media Line. Más tajante ha sido la Autoridad de Antigüedades: “Es bastante habitual encontrar clavos en las tumbas de esa época. La opinión más aceptada es que se usaban para grabar en el osario el nombre del muerto. La afirmación de que estos clavos tienen otro significado carece de fundamento y es un producto de la imaginación. Las teorías presentadas en el documental (de Jacobovici) no tienen ningún fundamento arqueológico o científico”.

Ahora sólo queda ver cuántos medios de comunicación españoles compran acríticamente esta nueva patraña y la difunden como cierta. Permanezcan atentos a sus pantallas.

La Atlántida no está sumergida en las marismas de Doñana, diga lo que diga National Geographic

Hipotética recreación de la Atlántida. Autora: Leire Fernández.

La Atlántida no está sumergida en las marismas de Doñana, porque es un invento de Platón y no existió en el mundo real. Por mucho que el canal de televisión de National Geographic pretenda, y aunque consiga, vender la moto a algunos medios, las posibilidades de encontrar restos del famoso continente perdido son las mismas que las de descubrir Oz o el País de Nunca Jamás. Por mucho que Richard Freund, historiador del judaísmo de la Universidad de Hartford, diga que la Atlántida fue destruida por un tsunami y que parece que en las marismas de Doñana hay restos de una ciudad compuesta por varios anillos, eso no quiere decir que se trate de la legendaria ciudad.

Platón cuenta en sus diálogos Timeo y Critias que, hace unos 11.000 años, existía más allá de las Columnas de Hércules -el Estrecho de Gibraltar- una isla más grande que el norte de África y Asia Menor juntas. Era el hogar de una avanzada civilización, un paraíso en el que abundaban las materias primas y las fachadas de los edificios estaban cubiertas de metales preciosos. Los atlantes navegaban por todos los mares y fueron pacíficos hasta que se corrompieron, intentaron conquistar el mundo y acabaron chocando con los atenienses, quienes les derrotaron y liberaron a la Humanidad. Zeus hundió entonces la isla Atlántida en el mar como castigo a la impiedad de sus habitantes.

Hace 11.000 años, no había ningún imperio; ni siquiera existía ninguna ciudad-, así que tampoco había atenienses que pudieran defender al mundo libre. Sólo había grupos de cazadores recolectores. El de la Atlántida es un relato con fines moralistas -Zeus castiga la corrupción de los poderosos- en el que Platón convierte en héroes a sus ficticios compatriotas del pasado. No hay ninguna otra referencia histórica a los hechos que narra el filósofo griego que, seguramente, se nutrió de sucesos históricos próximos a él temporalmente -como las Guerras Médicas y el hundimiento de la ciudad de Helike– a la hora de componer el relato.

La cultura de Tartessos

Dice Freund que el equipo de National Geographic ha descubierto “en el interior de España una extraña serie de «ciudades monumentales» construidas a imagen de la Atlántida por refugiados después de la probable destrucción de la ciudad por un tsunami”. ¿Y qué? La estructura anillada de la capital de la Atlántida -en la cual se alternan canales de agua y masas de tierra hasta la isla central- recuerda, efectivamente, la de los núcleos urbanos de la cultura de Tartessos, desarrollada entre los siglos VIII y VI aC al suroeste de la Península Ibérica. Pero eso no significa que los tartessos fueran supervivientes de la Atlántida, sino que Platón pudo inspirarse en la geometría urbana de esa cultura para su ficticia ciudad.

Claro que contar la verdad no le serviría a National Geographic a la hora de promocionar el documental, titulado Finding Atlantis (Encontrando la Atlántida), que estrenó el domingo. ¿Cuántos medios españoles caerán en la trampa y demostrarán que no saben distinguir ficción de realidad, leyenda de historia, que saben menos geología que un bachiller? Porque la corteza de nuestro planeta es como un rompecabezas formado por piezas que flotan sobre roca fundida, los continentes que hay hoy son los que han sido siempre -si bien se mueven y hubo un tiempo en que estuvieron todos juntos- y no hay un hueco que demuestre que hubo una vez una isla más grande que el norte de África y Asia Menor juntas. Claro que “Encuentran la Atlántida en el sur de España” es un titular demasiado bueno por el cual seguro que algunos no dudan en sacrificar la veracidad.

Por cierto, ya hace casi siete años, el físico alemán Rainer Kühne publicó, en la web de la prestigiosa revista Antiquity, una foto tomada por un satélite en la que identificaba, en la Marisma de Hinojos, cerca de Cádiz, los restos de dos templos que Platón sitúa en la capital atlante.

Una ‘vigilante de la playa’ y chica ‘Playboy’, en busca del Arca de Noé

Donna D'Errico, en 'Los vigilantes de la playa'.La vigilante de la playa Donna D’Errico se está entrenando para escalar el monte Ararat en busca del Arca de Noé. Apasionada por el relato bíblico desde la infancia -“Fui a una escuela católica y estaba fascinada por el Arca de Noé, ha declarado a AOL News-, la chica Playboy y coprotagonista entre 1996 y 1998 de la serie Los vigilantes de la playa asegura que ha estudiado a fondo la historia del Diluvio Universal. “Decidí [hace tiempo] que, si alguna vez iba a Turquía, escalaría el Ararat y buscaría el Arca de Noé”. Lo han hecho multitud de exploradores –incluido el novelista y ufólogo Javier Sierra en octubre del año pasado– sin dar con los restos de ninguna embarcación. Algo lógico, ya que el relato bíblico del Diluvio es una leyenda: no hay pruebas de ninguna inundación planetaria hace miles o millones de años y, además, la historia de Noé es un plagio del Poema de Gilgamesh, un relato mítico mesopotámico que adaptaron los autores del Génesis a sus necesidades.D’Errico no va a encontrar el Arca por mucho que esté convencida de que sabe dónde está. “He estudiado el tema durante años y sé dónde la han visto. De acuerdo con mi investigación, el arca está rota en dos o tres pedazos. Creo que uno de esos trozos se encuentra en el área de Ahora Gorge, una zona muy peligrosa para la escalada y la exploración”, ha dicho. Y ha anunciado que su expedición, patrocinada por guías turísticos locales, empezará en agosto. Así que es muy posible que este verano asistamos a otro falso hallazgo del Arca de Noé como el protagonizado en abril del año pasado por un grupo evangelista, del que se hicieron eco varios diarios españoles. La única duda razonable respecto a la expedición de D’Errico es si hará un posado en bañador rojo en el monte Ararat.

¿Informaría la Prensa seria del hallazgo, seguro al 99,9%, de la cesta de Caperucita Roja?

Un miembro de la expedición en uno de los compartimentos que dicen que corresponden al Arca de Noé. Foto: AFP.

Un grupo de exploradores asegura haber descubierto el Arca de Noé en el monte Ararat, Turquía. La agencia Efe ha informado del hallazgo, y varios diarios españoles se han hecho eco de él en sus ediciones digitales, según me han alertado César Noragueda y Arturo Rodríguez. “Supongo que lo próximo será encontrar la zarza ardiente de Yahvé”, ironiza el primero. No es ninguna exageración. Que a estas alturas a medios serios les cuelen como noticia la enésima patraña sobre el Arca de Noé demuestra que todavía hay periodistas que creen que la Biblia es un libro de historia o, lo que es lo mismo, que no tienen ni idea de Historia.

“No es 100% seguro que sea el Arca, pero sí pensamos que lo es al 99,9%. La estructura del barco tiene muchos compartimentos que pueden ser los espacios en los que se ubicaron los animales”, ha dicho Yeung Wing-Cheung, documentalista chino y uno de los miembros del grupo. La estructura de madera, ha explicado, se encuentra a unos 4.000 metros de altura cerca de la frontera con Irán y tiene una antigüedad de unos 4.800 años. Según Efe, los autores del hallazgo han pedido al Gobierno turco que proteja la zona para empezar los trabajos arqueológicos y pedirá a la Unesco que declare la región Patrimonio de la Humanidad.

Tanto la agencia de noticias como los medios españoles que han rebotado el despacho se olvidan de detalles como que la expedición está patrocinada por el grupo evangelista Noah’s Ark Ministries International -extremo del que sí advierte a sus lectores AFP- y, lo que es mucho más importante, de que el Diluvio Universal es una ficción, que nunca el agua cubrió toda la Tierra ni existió un hombre llamado Noé que salvó a la Humanidad de la extinción, como cuenta el Génesis. Ni la geología tiene la menor prueba de algo parecido a esa gran inundación ni ningún historiador considera el Antiguo Testamento un libro de historia. Lo siento: Adán y Eva no existieron; y Noé y el Arca tampoco.

Por todo esto, no sólo estoy seguro al 100% -renuncio al 0,1% de falsa modestia- de que los restos que hoy nos venden como del Arca de Noé no son tales, sino que además no descarto que algún día algún medio nos informe del descubrimiento, con una seguridad del 99,9%, de la cesta de Caperucita Roja, el Anillo Único o la nave en la que el bebé Superman llegó de Krypton.

Científicos proponen que las líneas de Nazca eran templos al aire libre

Científicos participantes en un proyecto de la Sociedad Geográfica Nacional (NGS) proponen, en un documental que estrenará National Geographic Channel (NGC) en España el domingo a las 21 horas, que las líneas de Nazca (Perú) son templos al aire libre que sus constructores usaban para rezar. El ser humano se ha preguntado desde hace casi un siglo por el significado de las imágenes geométricas y figurativas que descubrió Pedro de Cieza de León en el desierto peruano en el siglo XVI. La ciencia ha especulado con que podía tratarse de un calendario, caminos rituales y hasta de un gigantesco telar, y la pseudociencia con que Nazca fue un complejo para el aterrizaje de naves de otros mundos. Ahora, los participantes en el proyecto de la NGS sostienen que los espectaculares geoglifos peruanos, realizados entre 200 antes de Cristo (aC) y 600, fueron templos. Habrá que ver este domingo el documental Las líneas de Nazca: los secretos enterrados y leer el reportaje correspondiente de Stephen S. Hall en el número de marzo de la revista National Geographic.