Periodismo

Ciencia y pseudociencia, en la Cadena SER

Carles Francino, Álex Grijelmo y yo hablamos el lunes sobre ciencia y pseudociencia, a raíz del curso de verano Ciencia, pseudociencia y pensamiento mágico en tiempos de incertidumbre, de la Universidad de Burgos, en La ventana, en la Cadena SER.

Las témporas, el ‘tampodka’ y el monje shaolín asesino con superpoderes, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de las témporas, el tampodka y el monje shaolín asesino con superpoderes, en la quinta entrega del curso 2012-2013 de Gámez over, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

La vidente de la Ertzaintza, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de la vidente de la Ertzaintza, en la cuarta de mis colaboraciones quincenales del curso 2012-2013 en esa radio, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

¿Es posible emborracharse metiéndose tampones empapados en vodka por la vagina? Más bien, no

La última moda alcohólica entre las adolescentes españolas consiste, según algunos medios, en meterse en la vagina tampones empapados en vodka para emborracharse rápidamente. A principios de semana, saltaba la noticia -desmentida después por el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa)- de que hospitales gijoneses habían atendido cuatro casos de intoxicación etílica por tampodka en los últimos nueve meses. Varios expertos confirmaban la existencia de esa práctica y alertaban de su peligrosidad. “No es ninguna broma”, advertía el médico Eduardo Carreño, que dirige en Gijón una clínica para el tratamiento de adicciones  y decía que este método “provoca serios daños en la zona vaginal”. Sin embargo, a pesar de las alertas de éste y otros presuntos expertos, estamos ante una leyenda urbana equiparable a la de la chica de la curva o la de los gatos bonsái. Para comprobarlo, basta con visitar alguna web especializada en estos rumores o consultar con algún científico.

Empecemos por analizar la verosimilitud de los hechos, guiados por José Carlos Pérez Cobo, profesor de fisiología humana de la Universidad del País vasco (UPV) y miembro del Círculo Escéptico. ¿Es posible emborracharse insertándose en la vagina tampones empapados en vodka?, le pregunté ayer. “El alcohol etílico es una molécula muy pequeña, hidrosoluble y liposoluble. Se absorbe muy bien por cualquier mucosa y con gran rapidez: es una de las poquísimas cosas que absorbemos en el estómago. Por esto, beber con el estómago vacío emborracha antes que hacerlo con el estómago lleno. Vacío, el estómago absorbe y éste pasa de inmediato al intestino, donde se absorbe en su totalidad. Acompañado de alimentos, el alcohol se disuelve en el contenido estomacal y viaja con mayor lentitud hacia el intestino”, explica Pérez Cobo. Con ese punto de partida, el lego -yo, por ejemplo- podría suponer que el contacto directo de alcohol de alta graduación con la mucosa vaginal, o anal, favorecería la embriaguez inmediata. Antes de seguir adelante, conviene que los hombres seamos conscientes de para qué sirven los tampones (ellas ya lo saben).

Un tampón es un cilindro de algodón que se mete en la vagina para absorber el flujo menstrual. Su finalidad no es introducirlo en la cavidad empapado en nada; sino más bien la contraria. Así pues, el primer problema a la hora de recurrir al tampodka es cómo meter en la vagina un cilindro de algodón inflado. Fácil no tiene que ser. Hace año y medio, tras enterarse de esta presunta moda adolescente, Danielle Crittenden, responsable de blogs de The Hufftington Post, decidió probar por sí misma, a pesar de no ser precisamente una amante del vodka, que le parece que “sabe como algo que deberías usar para esterilizar una herida”. Utilizó un tampón de tamaño grande, variedad que había comprobado que absorbe unos 44 mililitros de vodka (cantidad que puede llevar un combinado). Cuando llegó el momento, lo colocó “donde se supone que tiene que ir”, no sin antes derramar un tercio del líquido. “¡Chicas, no lo hagáis con vuestros mejores vestidos de fiesta!”, avisa en un divertidísimo artículo titulado “Bartender, a Dirty Martini with a tampon!” (¡Camarero, un Martini Sucio con un tampón!). Y entonces llegó lo peor.

Un escozor “insoportable”

“Sentía como si alguien hubiera arrojado una cerilla encendida ahí. Empecé a dar saltos y respirar a bocanadas rápidas y cortas como había aprendido en las clases de parto, hace mucho tiempo, antes de que me diera cuenta de que no necesitaba respirar así si me ponían la epidural”, recuerda la periodista. Tanto de pie como sentada, el escozor era “insoportable”. Crittenden aguantó 10 minutos antes de extraer el tampodka. “Me sentí mejor inmediatamente”. Al día siguiente, probó el método tradicional, y placentero, de tomarse una copa de vodka. Y concluyó que “cualquiera que intente emborracharse mediante un tampón merece el castigo”. Para ella, la mejor manera de acabar con esta leyenda urbana es que las madres animen a sus hijas adolescentes a experimentar, les den una tampón, les faciliten vodka para que lo empapen, se sientan y rían.

“El alcohol es una molécula muy reactiva y, en consecuencia, irritante. Cualquier persona poco acostumbrada a los licores de alta graduación alcohólica notará que le queman en la garganta y el habituado notará lo mismo si el grado de alcohol es elevado. Y estamos hablando de la mucosa laríngea, fuerte para resistir la erosión provocada por el paso de los alimentos y, digámoslo así, acostumbrada a que pasen por ella irritantes diversos: picantes, el vinagre de la ensalada, mostazas…”, ilustra Pérez Cobo. El fisiólogo añade que, en un caso como el de Critteden, “la irritación de la mucosa vaginal tuvo que ser insoportable. Aunque no lo comenta, me imagino, además, que se produciría un flujo vaginal abundantísimo, por lo que parecería que la chica se habría hecho pis encima (el tampón está mojado y ya no absorbe)”. ¿Alguien se cree que una adolescente va a aguantar tal suplicio repetidamente cuando puede, simplemente, beber un trago de vodka? Además, el tampodka sale más caro -hay que sumar el coste de los tampones- y no evitaría, de funcionar, que el alcohol se detectara en el aliento.

El Sespa indicó ayer en un comunicado que “no tiene constancia de que los servicios de urgencias de los hospitales de la red pública asturiana hayan atendido a pacientes por intoxicación etílica, cuyo origen esté en la utilización de tampones impregnados de alcohol, una supuesta práctica de la que se han hecho eco en los últimos días diversos medios de comunicación. “En la actualidad existen muchos problemas reales relacionados con las drogas como para preocuparnos de mitos y leyendas urbanas que no tenemos acreditadas y que, de existir, no serían en ningún caso una moda, sino que corresponderían a comportamientos aislados”, ha dicho el director general de Salud Pública, Julio Bruno.

Los orígenes de esta leyenda urbana se remontan a 1999, según las webs Snopes y Urban Legends, y todos los casos registrados corresponden a rumores de ingresos hospitalarios como los asturianos, nunca confirmados. En España, tal como recuerda el Sespa, la Asociación Bienestar y Desarrollo, una ONG que trabaja con drogodependientes y otras personas en riesgo de exclusión social, considera que “el tampodka no es ninguna moda. Ni tan siquiera existe como práctica. Es totalmente falso. No hemos detectado su presencia en entornos festivos ni ninguna referencia en los más de quince años de trabajo”.

La Ertzaintza no usa videntes ni ha recomendado a ninguno para la búsqueda de Marta del Castillo

La Ertzaintza no usa videntes ni ha recomendado nunca al Cuerpo Nacional de Policía que recurra a ninguno para encontrar el cuerpo de Marta del Castillo, en contra de lo que  cuenta esta semana la revista Interviú. Fuentes del Departamento de Seguridad del Gobierno vasco me han confirmado eso, que no ha habido ningún desplazamiento a Sevilla de agentes de la Policía autónoma vasca para acompañar a ninguna bruja y que tampoco es cierto que algún personaje de ese tipo haya ayudado alguna vez a la Policía vasca a encontrar a un desaparecido.

Primera página del reportaje de ‘Interviú’ sobre la intervención de una vidente en el caso de Marta del Castillo.“No era una cualquiera. La mujer llegó hasta Sevilla recomendada por la Policía vasca, la Ertzaintza, que aseguró a sus colegas que las visiones de esa médium habían ayudado a encontrar los cuerpos de dos personas desaparecidas. Esta vez, decían, la vidente afirmaba que Marta del Castillo estaba enterrada y que sabía dónde. Tras muchas dudas, los policías decidieron probar suerte. La mujer viajó hasta Sevilla acompañada de dos agentes de la Ertzaintza. Sus instrucciones guiaron a la comitiva policial hasta una finca de olivos situada a unos diez kilómetros de Sevilla. Allí señaló varios lugares, que los policías excavaron”. Así arranca el reportaje de Luis Rendueles y Daniel Montero titulado “Caso Marta del Castillo. La Policía probó con una vidente”, publicado en el número de esta semana (1.934) de la revista Interviú y que sitúa los hechos que narra en abril del año pasado.

Nada de lo que se dice en ese párrafo, que sintetiza el contenido del reportaje, es verdad. Lo único cierto es que no se ha encontrado todavía el cadáver de Marta del Castillo, la joven de 17 años desaparecida en Sevilla el 24 de enero de 2009. María José Bermejo, a quien el semanario identifica como la vidente de la Ertzaintza y que fue ayer presentada como tal en El programa de Ana Rosa, nunca ha colaborado en ninguna investigación de ese cuerpo policial, según ella misma ha contado a Virginia Melchor, periodista de El Correo. La vidente ha negado también haber viajado a Sevilla para participar en la búsqueda del cadáver de la desaparecida.

Toda la historia de la vidente de la Ertzaintza es falsa. De principio a fin. Fuentes oficiales del Departamento de Seguridad del Gobierno vasco y varios agentes de la Ertzaintza me han asegurado, independientemente, que ni ese cuerpo policial utiliza los servicios de videntes ni los recomienda, ni consta que ningún agente se haya desplazado a Sevilla con una adivina. “Nunca se han utilizado médiums a nivel oficial, ni esa herramienta está entre las que se usamos en los protocolos de investigación”, me ha explicado un ertzaina que hace tiempo ya me había dicho que jamás recurrían a brujas, aunque es posible que algún agente lo haga a título particular. “Si una vidente me dice dónde está el cadáver que busco, la detengo directamente. Cuando se reciben llamadas anónimas de particulares que quieren colaborar en una investigación, aportan datos y mencionan haberlos sabido por medio de algún poder extrasensorial, se les da el mismo tratamiento que se a los locos: «Muchas gracias, señora, por su colaboración. Tendremos en cuenta su información». Seguidamente, se cuelga el teléfono, antes de que entre la risa”.

Uno de los modos en que una vidente puede encontrar a una persona desaparecida. Viñeta: Jon A.U.

¿De dónde han sacado tan extraordinaria, y falsa,  historia los reporteros de Interviú? Ni idea. Dado que citan a “personas que estuvieron al corriente del procedimiento” y que tal procedimiento nunca se llevó a cabo, sólo cabe pensar que sus informantes no son de fiar. Según ellos mismos escriben, aunque los agentes responsables de la investigación se habrían desplazado con la vidente hasta una finca donde habrían excavado en varios puntos, “de esa diligencia no se informó al juez Francisco de Asis Molina, que mantiene abierta la investigación para tratar de hallar el cuerpo de la joven”. Es decir, la única prueba sobre la que se sostiene su historia es el testimonio de los informantes de los reporteros. Un testimonio que no se corresponde con la realidad.

Ni un caso resuelto

Ningún vidente ha ayudado nunca a ninguna Policía a esclarecer un crimen, a no ser que esté implicado en los hechos. A pesar de la creencia popular de que este tipo de ayudas pueden haber sido útiles alguna vez, no es así. Nunca los poderes de un adivino, radiestesista o médium han solucionado un asesinato, desaparición o secuestro. Jamás. La supuesta ayuda de estos individuos no sirve para nada y, en el peor de los casos -si los agentes son crédulos-, puede hacer perder un tiempo precioso a los encargados de cualquier investigación siguiendo pistas inútiles. Pero no pidan ética a quien vive de engañar a la gente a cambio de dinero, como la estadounidense Sylvia Browne, una de las videntes y médiums más famosas del mundo.

Sylvia Browne anunció en 2004 en un programa de la televisión que Amanda Berry, una joven desaparecida en 2003, estaba muerta. Sin embargo, la muchacha fue rescatada sana y salva el 7 de mayo en Ohio después de diez años de cautiverio. La madre de Amanda, Louwana Miller, falleció en 2006 a causa de un fallo cardiaco y, según MSN News, su familia dijo entonces que la revelación de la adivina había hecho que muriera con “el corazón roto”. Desaprensivos como Browne hacen negocio del terrible dolor que conlleva la muerte o desaparición de un ser querido y, cada vez que se les da cancha en un medio de comunicación, consiguen publicidad gratuita.

Les dejó con el fragmento de El programa de Ana Rosa en el que entrevistan a la falsa vidente de la Ertzaintza. Fíjense cómo la bruja no dice en ningún momento que haya colaborado con la Policía autónoma vasca, aunque alardea de la resolución de algún otro caso a instancias de familiares de las víctimas. No presenta pruebas, claro. Y eso que, si las tuviera, podría aspirar al premio Sísifo, dotado con un millón de euros para quien demuestre tener poderes paranormales.