¿Daría ‘El País’ crédito a unas declaraciones de Franco obtenidas a través de la ouija?

Doble página sobre la 'resurrección' de Rom Houben publicada en 'El País'.

Era de prever que algún periódico español dedicara un gran despliegue este fin de semana al caso de Rom Houben, el belga en coma desde hace 23 años que ahora, según algunos, se comunica fluidamente a través de un asistente y un teclado. Es una historia buena, demasiado, como para dejarla escapar. Lo que no me esperaba es que el que mordiera el anzuelo y se tragara hasta la caña fuera El País. El diario madrileño dedica hoy una doble página, firmada por Andreu Missé, a repetir lo que ya nos han contado todos los medios en los últimos días, aderezado con declaraciones del neurólogo Steven Laureys y de la neuropsicóloga Marie-Aurélie Bruno, miembros del equipo que trata al paciente. No se escucha en las muchas líneas del reportaje ninguna voz escéptica ante la utilización de la comunicación facilitada, que consiste en que una intermediaria sostiene con un mano un dedo del hombre, lo pasa sobre las teclas y pulsa aquella sobre la que dice sentir una ligera presión del dedo del paciente. Todas las declaraciones del enfermo -incluido el terrorífico titular: “Gritaba pero nadie me oía”– tienen ese origen, equiparable al de unas declaraciones de Franco obtenidas a través de la ouija.

Hasta que otros expertos, que no sean Laureys, se pronuncien sobre el estado de Houben, éste es una incógnita. Especialistas como Steven Novella consideran altamente improbable que el hombre haya estado consciente y sin poder comunicarse durante 23 años de aparente coma vegetativo, como sostiene el neurólogo belga. Sin embargo, de momento, eso es algo que no puede descartarse. Diferente es la pretensión de que lo que su asistenta teclea es palabra de Houben. Lo dije anteayer y lo repito hoy: no es que la comunicación facilitada sea una técnica más que dudosa, es que basta ver el vídeo para comprobar que hay veces que la mujer escribe a toda velocidad con el hombre dormido o sin mirar al teclado. Todos los experimentos controlados de esta técnica hechos con autistas, disminuidos psíquicos y lesionados cerebrales graves han probado que el que se comunica siempre es el facilitador, no el paciente. De ahí que ninguna entidad científica le otorgue el menor crédito, como tampoco se lo dan a la ouija o a la escritura autómatica.

En su defensa, Bruno declara que pusieron a prueba la fiabilidad de la comunicación facilitada varias veces antes de dar por buenas las declaraciones del hombre. “En una ocasión -dice- el profesor Laureys le mostró unas llaves sin la presencia de la logopeda en la habitación. Luego la logopeda volvió, y el doctor preguntó al paciente qué es lo que le habían mostrado y Houben contestó que unas llaves, es decir, había reconocido claramente el objeto mostrado que la logopeda desconocía”. No me lo creo. Sinceramente, me gustaría ver la grabación de esa prueba o que, en su defecto, se vuelva a demostrar ahora la validez de la técnica. No es tan difícil: se coge a la facilitadora, se le vendan los ojos y a escribir según las presiones del dedo del Houben… ¡Ojo!, el vendaje de los ojos se lo pone a la ayudante un ilusionista para garantizar que no pueda ver nada. Hasta que no quede probado fuera de toda duda, mediante esta u otra sencilla prueba como las propuestas por Novella y por Michael Shermer, que las palabras tecleadas proceden de Houben, el titular de El País de hoy sobre el caso merece la misma credibilidad que una declaración de Franco a través de ouija.