Bigfoot

El esquivo bigfoot cumple 60 años

El bigfoot filmado por el vaquero Roger Patterson en Bluff Creek el 20 de octubre de 1967.Cinco décadas después de su filmación, una película casera de 59,5 segundos sigue siendo para los buscadores del bigfoot la mejor prueba de la existencia de esa criatura. En ella un homínido peludo camina a paso ligero por un claro y gira la cabeza hacia la cámara. La grabó el vaquero Roger Patterson, en compañía de su amigo Bob Gimlin, en Bluff Creek (California) el 20 de octubre de 1967. Desde entonces, divide a la comunidad de cazadores de monstruos y también a la científica. Para el primatólogo John Napier, autor de Bigfoot: the sasquatch and yeti in myth and reality (1973), es “un fraude”, se trata de un humano disfrazado, mientras que al antropólogo y criptozoólogo Grover Krantz le impresionaba “el realismo de la locomoción de la criatura”. La bigfoot, habría que decir.

“Es obviamente una hembra, con grandes y peludos pechos que se muestran claramente en varios momentos del metraje, especialmente cuando se vuelve a la derecha para mirar a Patterson”, apunta Darren Naish, paleontólogo de la Universidad de Southampton, en Hunting monsters (2017). La película tiene, a juicio de Naish, varios problemas ajenos a lo que se ve en la filmación: Patterson había publicado un año antes un libro titulado Do abominable snowmen of America really exist? (1966), había anunciado que quería obtener una grabación de un bigfoot y, además, el escenario de los hechos, Bluff Creek, había sido el sitio donde había debutado la criatura nueve años antes. Tres motivos para la sospecha.

Pies de 38 centímetros

Jerry Crew trabajaba en la construcción de una carretera en Bluff Creek cuando, en la mañana del 27 de agosto de 1958, al subir a su excavadora vio en el terreno huellas muy grandes de apariencia humana. Se lo contó a sus compañeros de tajo, y uno dijo que habían encontrado un rastro similar en otra obra cercana a cargo del mismo contratista, Ray Wallace, cuya reputación como bromista era por todos conocida. El contratista negó reiteradamente tener algo que ver con las huellas, y los obreros bautizaron al misterioso ser como Big Foot (Pie Grande). Desde ese momento, achacaron a la criatura todo acto vandálico.

Jerry Crew, con el molde de una huella del bigfoot. Foto: 'The Humboldt Times'.Tras la aparición de más huellas en Bluff Creek, el operario de excavadora viajó a principios de octubre a Eureka, la capital del condado de Humboldt, con un molde de yeso de una pisada y la esperanza de que alguien se tomara en serio la historia. Andrew Genzoli, columnista del diario local,  The Humboldt Times, se reunió con Crew el sábado 4 de octubre y al día siguiente el hombre aparecía en la portada del periódico con el molde de la huella. “¿Quién está dejando enormes pisadas de 38 centímetros cerca de Bluff Creek? ¿Son un fraude? ¿O son marcas reales de un hombre salvaje enorme, pero inofensivo, deambulando por el campo? ¿Puede ser un animal de tamaño legendario?”, se preguntaba en las páginas interiores Genzoli, que bautizó al misterioso ser como bigfoot, en una sola palabra por resultar más periodístico. El nombre hizo fortuna y, como había pasado diez años antes con los platillos volantes, los avistamientos del bigfoot se multiplicaron.

Las preguntas de Genzoli tardaron 44 años en recibir respuesta, y fue demoledora. “Ray Wallace era el bigfoot. La realidad es que el bigfoot ha muerto”, sentenció Michael Wallace, hijo del contratista de las obras de Bluff Creek, en diciembre de 2002, días después de la muerte de su padre a los 84 años. Un sobrino del empresario guardaba las plantillas de madera que su tío ataba a la suela de sus botas para imprimir las huellas que, según un compañero de trabajo, no hizo porque sí, sino para asustar a los vándalos que les destrozaban herramientas y les robaban material de obra. El hijo del contratista explicó que su madre había posado varias veces disfrazada de bigfoot para su padre, que tenía una gran colección de fotos de la criatura sacadas por él mismo.

“El bigfoot no existía en el imaginario popular antes de 1958. Estados Unidos tiene su propio monstruo, su propio abominable hombre de las nieves, gracias a Ray Wallace”, declaró Mark Chorvinsky, director de Strange Magazine, al diario The Seattle Times en diciembre de 2002. Para Chorvinsky, que ya había apuntado en los 90 a Wallace como posible padre del bigfoot, la confesión de la familia ponía la existencia del homínido en entredicho porque, además de ser el artífice de las huellas de 1958, el contratista había sido quien había indicado a Patterson dónde ir para filmar a la criatura. “Ray me dijo que la película de Patterson era un fraude y que sabía quién estaba dentro del disfraz”, aseguraba Chorvinsky.

Que el caso que dio nombre al homínido americano fuera un fraude y que la principal incógnita a día de hoy sobre la película de 1967 sea quién interpretó al monstruo no afecta a la popularidad de bigfoot, que cuenta con una legión de fieles y seguirá disfrutando de ella mientras haya sombras entre la maleza porque la ciencia no puede probar que algo no exista. Sea ese algo el bigfoot o el Ratoncito Pérez.

Cuando la ciencia mata a los monstruos

En un mundo con un número apabullante de cámaras de fotos, el bigfoot es hoy igual de esquivo que en los años 60, como Nessie, el abominable hombre de las nieves, los fantasmas y los platillos volantes, de los cuales sigue sin haber una imagen decente. Como los grandes felinos que desde hace unos años se dejan ver fugazmente por los campos de España y de los que, sin embargo, no hay ni orina, ni heces, ni pelo, ni restos de sus presas, ni nada de nada. De vez en cuando alguien anuncia que ha encontrado pelos del bigfoot, algo que debería ser habitual dadas las características del animal. Y en algunos casos esos pelos se han podido someter a análisis genético, con resultados frustrantes para quienes creen en la existencia del homínido americano. En julio de 2005, los testigos de un aparición en Teslin (Yukón, Canadá) recogieron un mechón de pelo del bigfoot. David Coltman, genetista de la Universidad de Alberta, hizo los análisis pertinentes para ver si se trataba de restos de un animal conocido o de algo “potencialmente interesante”. “El perfil de ADN de la muestra de pelo que recibimos de Yukón encaja con el de referencia del bisonte norteamericano, Bison bison, concluyó el científico, cuyo trabajo se publicó en la revista Trends in Ecology and Evolution.

El bigfoot anda como usted

La mejor prueba de la existencia del bigfoot es una película casera rodada por los vaqueros Roger Patterson y Bob Gimlin el 20 de octubre de 1967 en Bluff Creek (California). En ella se ve a un ser de apariencia simiesca que, sorprendido en un claro, camina a paso ligero al tiempo que vuelve la cabeza hacia la cámara. Son unos pocos segundos, y la cámara se mueve mucho. Pero hace cuatro meses un usuario de Reddit que responde al nombre de ajs_uk estabilizó la imagen de la película Patterson-Gimlin -como se conoce esta grabación- y el resultado es que el bigfoot parece más humano que nunca.

bigfoot-patterson-gimli

En su día, algunos cazadores  de monstruos aventuraron de las imágenes que la criatura era una hembra; pero otros muchos sospecharon desde el principio que era un hombre disfrazado. En 2004, un tal Bob Heironimus, trabajador de Pepsi cuando ocurrieron los hechos, contó a Greg Long, periodista y colaborador de Discovery Channel, que él era el tipo metido dentro del disfraz y que Patterson había prometido pagarle por su interpretación mil dólares que nunca le dio a pesar del mucho dinero que ganó con la película. Long comprobó, además, que Heironimus tenía entonces un traje como el del bigfoot y que a finales de los años 60 los vecinos de la zona le vinculaban con la película de los dos vaqueros. En YouTube hay desde hace años montajes en los que se compara el modo de caminar del bigfoot con el de Heironimus, con resultados sorprendentes.

Al margen de testimonios dudosos de apariciones del bigfoot y de fotos nunca claras, a la criatura se la conoce por ese nombre desde que el 27 agosto de 1958 Gerald Crew, un operario de excavadora de unas obras que se realizaban en Bluff Creek, encontró junto a su maquinaria de trabajo una serie de grandes huellas de pies desnudos. La historia se publicó en octubre en el diario The Humboldt Times, ilustrada con un imagen del operario con el molde que había sacado de una de las pisadas, y un periodista bautizó al bicho como bigfoot. En 2002 se supo que aquellas huellas las había hecho en realidad con un molde de madera el constructor Ray Wallace, responsable de las obras, harto de que los vándalos se cebaran por las noches con sus herramientas de trabajo. Wallace era un bromista redomado y durante años se dedicó a fabricar grabaciones de vídeo y fotografías del monstruo con las que reírse de los criptozoólogos. “La realidad es que el bigfoot ha muerto”, dijo Michael Wallace, su hijo, cuando el corazón del constructor dejó de latir el 26 de noviembre de 2002.

El bigfoot nació el 27 de agosto de 1958; su padre se llamaba Ray Wallace

Un contratista jubilado de 84 años falleció el 26 de noviembre de 2002 en Centralia (Washington, Estados Unidos) y con él murió el yeti norteamericano. “Ray Wallace era el bigfoot. La realidad es que el bigfoot ha muerto”, sentenciaba su hijo Michael días después en The Seattle Times. “El hecho es que no existía el bigfoot en la conciencia popular antes de 1958. Estados Unidos consiguió su propio monstruo, su abominable hombre de las nieves, gracias a Ray Wallace”, coincidía entonces Mark Chorvinsky, director de la Strange Magazine, publicación dedicada a los fenómenos paranormales.

Jerry Crew, con el molde de una huella del bigfoot. Foto: 'The Humboldt Times'.Hasta hace 56 años, circulaban por la costa pacífica de Norteamérica leyendas indígenas sobre la existencia de un hombre salvaje similares a las de otras partes del mundo. Nada más. Nadie hablaba de un homínido de pie grande; eso quiere decir bigfoot. Este ser salió por primera vez del bosque el 27 de agosto de 1958. Jerry Crew, un conductor de excavadoras que trabajaba para Ray Wallace en las obras de una carretera en el condado californiano de Humboldt, descubrió aquella mañana huellas de grandes pies desnudos cerca de su excavadora. Alterado y creyendo que alguien quería tomarle el pelo, informó a Wilbur Wallace, capataz de la obra y hermano del contratista. El 21 de septiembre, la esposa de uno de los trabajadores mandó una carta a Andrew Genzoli, columnista de The Humboldt Times, el periódico de Eureka, contándole la historia de las misteriosas huellas. El 3 de octubre, Crew sacó moldes de nuevas huellas que habían aparecido junto a su vehículo de trabajo y, dos días después, The Humboldt Times publicaba en su portada una foto del trabajador con el molde y un artículo de Genzoli en el que bautizaba a la criatura autora de las huellas como bigfoot.

La del 27 de agosto de 1958 fue la primera de una larga lista de apariciones en las que el homínido de los bosques de Norteamérica ha demostrado la misma habilidad para evitar ser retratado con nitidez que el yeti y el monstruo del lago Ness. Sin embargo, Ray Wallace acumuló a lo largo de su vida gran número de fotos, películas y grabaciones sonoras de la criatura  obtenidas por él mismo, que hicieron sospechar a algunos. Pero no a los cazadores de monstruos, a quienes, en mayo de 1978, el constructor explicaba: “Los bigfoot son personas, tienen su lenguaje”. “Recurría a varias personas para las  películas”, explicaba Michael Wallace en 2002. El hijo del constructor añadía que su madre le confesó que había posado en sesiones fotográficas disfrazada de bigfoot.

Señal de advertencia sobre la posible presencia del bigfoot, en la carretera a Pikes Peak, en Colorado. Foto: Gnashes30.El vaquero de rodeos Roger Patterson consiguió en 1967 la que se ha considerado la mejor prueba de que algo se oculta en la espesura de Norteamérica: una película en la que un ser de apariencia simiesca escapa de la cámara cerca de Bluff Creek, en California. Wallace, quien cooperó siempre con los cazadores de monstruos, había indicado al vaquero dónde tenía que ir para ver al bigfoot. “Ray me dijo que la película de Patterson era un engaño y que sabía quién estaba dentro del disfraz”, aseguraba Chorvinsky hace doce años. Aunque los escépticos la consideraron fraudulenta desde el principio, los criptozoólogos han defendido la autenticidad de la grabación a capa y espada duranet décadas. En 2004, el periodista Greg Long identificó al ser humano que se ocultaba bajo el disfraz: era Bob Heironimus, un trabajador de Pepsi a quien Patterson había prometido por su interpretación mil dólares que nunca pagó.

Dale Lee Wallace, sobrino del contratista, guarda todavía las plantillas de madera que, atadas a la suela de las botas, empleó Ray Wallace para imprimir las grandes huellas en 1958. Para él, fue una broma que a su tío se le fue de las manos. John Auman, quien trabajaba en las obras, no negaba en 2002 que el contratista fuera un bromista; pero mantenía que el bigfoot había nacido por razones prácticas. Los vándalos solían cebarse con las herramientas y vehículos de obra que quedaban sobre el terreno. “Si dejabas los vehículos una noche, podías suponer que a la mañana siguiente no iban a tener ruedas”, recordaba. Wallace inventó al bigfoot para espantar a los vándalos. Y nació una leyenda.

Gana 60.000 dólares en un mes con una exposición de un bigfoot de látex y pelo de camello

Rick Dyer con su bigfoot de pega. Foto: BigfootTracker.com.Rick Dyer, vendedor de coches de segunda mano, ha ganado 60.000 dólares en un mes con una exposición itinerante por Estados Unidos de un cuerpo de un bigfoot que en realidad habían hecho para él con látex, gomaespuma y pelo de camello. El fraude ha salido a la luz después de que uno de sus socios, Andrew Clacy, discutiera con él sobre la autenticidad de la pieza. “Me enfrenté al señor Dyer en Daytona por mis sospechas, y él admitió personalmente que el cuerpo de Hank [nombre del bigfoot] no era real, sino que lo había fabricado una compañía del estado de Washington”, declaraba el domingo Clacy al San Antonio Express-News.

El cuerpo del bigfoot, de 2,4 metros lo hizo el artista Chris Ruseell, dueño de la tienda de disfraces Twisted Toybox de Spokane, quien en noviembre recibió el encargo del estafador. “Me dijo que el cuerpo se iba a usar en una película sobre matar al bigfoot”, explicó a Seattlepi.com. El muñeco debía  tener un aspecto deslucido, como si no se hubiera conservado bien. Hacerlo le llevó dos semanas. El precio no ha trascendido, pero algunos medios calculan que el muñeco pudo costar alrededor de 700 dólares, a cambio de los cuales Dyer ha conseguido unos 60.000, a 10 dólares la entrada a la exposición.

El estafador ha asegurado en Facebook que sus colaboradores lo sabían todo desde el principio y ha reiterado que él mató un bigfoot a las afueras de San Antonio (Texas) en septiembre de 2012, después de atraer al hombre-bestia con unas costillas de cerdo compradas en Walmart. Dyer ya anunció en 2008 que él y otro socio habían encontrado un cadáver de un bigfoot en los bosques de Georgia. Sin embargo, cuando presentaron el cuerpo congelado a la Prensa, resultó ser un disfraz de mono. Visto su historial, es cuestión de tiempo que vuelva a sacar los cuartos a los creyentes en el hombre mono americano.

Una caza del bigfoot acaba en Oklahoma con un herido de bala y tres detenidos

Una caza del bigfoot acabó el sábado en Oklahoma (Estados Unidos) con un herido de bala y tres detenidos, uno por imprudencia con arma de fuego, otro por intentar destruir pruebas y una tercera por obstrucción a la Justicia. Aunque la Policía no está convencida de que el accidente se produjera como sostienen los implicados, en medio de una búsqueda del homínido de los bosques norteamericanos, sí cree que todo podía haberse resuelto sin arrestos. “Un hecho a consecuencia del cual probablemente nadie hubiera ido a la cárcel si se hubiera dicho la verdad desde el principio ha derivado, con el tiempo, en tres detenidos y uno en el hospital”, ha dicho Scott Walton, sheriff del condado de Rogers.

El 911 recibió en la noche del sábado una llamada desde una gasolinera en la cual se alertaba de que un hombre había resultado herido de bala en la espalda en una zona arbolada, al este de Tulsa, cerca de la Interestatal 44. Los servicios de emergencia se trasladaron al lugar y evacuaron al herido, Joseph Smalley, a un hospital, donde fue operado. Su vida no corre peligro. Según la primera versión de los hechos, él y su amigo Omar Pineda estaban en la zona, con sus escopetas, cuando una tercera persona disparó contra ellos. Durante la investigación, la Policía averiguó, sin embargo, que a los dos amigos les acompañaba la esposa del segundo, Lacey Jane Pineda. Al ser posteriormente interrogada, la mujer ofreció a los agentes varias versiones de lo ocurrido, por lo que acabó detenida.

Los tres detenidos a consecuencia del accidente durante la caza del bigfoot: Omar Pineda, Perry Don James y Lacey Jane Pineda.Cuando le arrestaron, Omar Pineda dijo que él y su amigo habían salido a cazar el bigfoot y que en ello estaban cuando se asustó al oír una especie de ladrido entre la maleza, disparó y le pegó el tiro a Smalley. Pineda fue detenido. Poco después, la Policía arrestaba a su suegro, Perry Don James, por lanzar la escopeta a un estanque para deshacerse de ella. “El agravante de esta historia es que su deshonestidad [la de los implicados] ha hecho que perdiera varias horas de trabajo no sólo el personal de la oficina del sheriff del condado de Rogers, sino también nuestros colegas del condado de Tulsa”, ha indicado el sheriff Walton.

Oklahoma no es una zona caliente de avistamientos del bigfoot, cuyas apariciones se concentran en la costa norteamericana del Pacífico. La Policía no descarta que la caza del monstruo fuera una coartada inventada por los detenidos y el herido para ocultar otras actividades, pero no tiene pruebas.