Monstruos

¿Comparte el yeti ADN con un oso polar primitivo? De los titulares espectaculares a la cruda realidad

El genetista Bryan Sykes, de la Universidad de Oxford, sostiene que una especie hasta ahora desconocida de oso está en el origen de leyenda del yeti, según han publicado en las últimas horas muchos medios. Al parecer, al examinar pelo de dos animales no identificados de la región india de Ladakh y de Bután para una serie documental de Channel 4 que se estrena el domingo, el científico británico ha encontrado “una coincidencia genética exacta” con el ADN de un oso polar primitivo. Y la conclusión mediática ha sido: “¿Se ha resuelto el misterio del yeti? Una nueva investigación descubre que ADN del ‘bigfoot’ encaja con el de un raro oso polar”; “El ADN conecta al misterioso yeti con un primitivo oso polar“; “El pelo del yeti… finalmente es un híbrido de oso pardo y polar”; “El misterioso yeti podría ser un oso”; “El ‘abominable hombre de las nieves’, un pariente del oso polar”; “Resuelven el misterio del abominable hombre de las nieves”; “¿Fin del misterio? Afirman que el yeti es una subespecie de oso”; “Recientes investigaciones en el ADN del Yeti revelan grandes parecidos con el oso polar”

El genetista Bryan Sikes con una muestra de ADN de uno de los animales del Himalaya hasta ahora desconocidos. Foto. Channel 4.En Channel 4 tienen que estar encantados con la atención periodística recibida por el estreno del primer episodio de Bigfoot Files, dedicado precisamente al yeti, pero lo que ha trascendido del estudio de Sykes no demuestra lo que sostienen esos titulares. Ni mucho menos. Demuestra, eso sí, la gran habilidad de la cadena de televisión para vender a los medios gato por liebre. Porque de la lectura de la información facilitada por Channel 4 se concluye que lo que ha hecho el genetista es descubrir una nueva especie de oso, algo, sin duda, importante, pero que no iba a merecer tantos titulares, ni tan grandes, como la pretendida identificación con el yeti.

Sykes analizó muestras de dos animales desconocidos: una de una criatura abatida hace 40 años en Ladakh (India) por un cazador, que la guardó porque el animal le parecía raro, y un pelo hallado por un equipo de rodaje en un bosque de bambú de Bután hace 10 años. Al comparar su ADN con los de otros animales almacenados en GenBank, la base de datos de secuencias genéticas de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos, comprobó que ambos encajaban al 100% con el genoma de una mandíbula de oso polar primitivo encontrada en Svalbard (Noruega), que tiene entre 40.000 y 120.000 años. Es decir, que, como él ha explicado, data de la época en la cual el oso polar y el pardo se estaban separando como especies. Sykes, para quien los resultados han sido “completamente inesperados”, cree que la explicación no es que haya “primitivos osos polares merodeando por el Himalaya”, sino más bien que existe allí una subespecie de oso pardo, hasta ahora desconocida, emparentada con ellos. Hasta aquí, las pruebas, que serán más detalladas cuando el investigador publique el artículo de rigor en una revista científica.

El hombre de las nieves y el oso pardo del Himalaya

Lo que han hecho algunos medios es tan ridículo como si, cuando el genetista Daniel Coltman identificó en 2007 un presunto mechon de pelo del bigfoot como de bisonte, alguien hubiera titulado: “El bigfoot está genéticamente emparentado con el bisonte americano”. La relación de la investigación de Sykes con el yeti es completamente circunstancial: se basa en que el nuevo oso vive en un hábitat que lo haría susceptible de ser tomado por el llamado hombre de las nieves. Nada nuevo, por otra parte. La identificación del yeti con un plantígrado es casi tan antigua como el mito. “Los llamados hombres salvajes peludos son, evidentemente, grandes osos pardos de las nieves (Ursus isabellinus), que son muy carnivoros y, a menudo, matan yaks”, escribía en 1899 el militar y explorador británico Laurence A. Waddell en Among the Himalayas. Si ahora se añade otro tipo de oso al pardo del Himalaya como protagonista de algunas observaciones del yeti, sólo significa que hay más de una causa natural del mito. Algo que también se apunta desde hace años en la literatura crítica, como van a poder comprobar.

Según recogen Daniel Loxton y Donald R. Prothero en Abominable science! Origins of the yeti, Nessie and other famous cryptids (2013) basándose en trabajos del alpinista Reinhold Messner. “Yeti -dicen- es la mala pronunicación del nombre sherpa para la criatura, ye-teh (animal de lugares rocosos) o, posiblemente, una derivación de meh-teh (oso hombre). Los tibetanos también lo llaman dzu-teh (oso del ganado), nombre también que dan al oso pardo del Himalaya (Ursus arctos isabellinus), que puede caminar sobre sus patas traseras, o mi-go (hombre salvaje). La palabra tibetana chemo o dremo es muy comunmente usada para ambos, el yeti y el oso pardo del Himalaya”. Messner, que ha participado en expediciones de búsqueda del yeti y en 1986 creyó haberlo visto, está convencido de que el abominable hombre de las nieves no es tal: “Todas las pruebas apuntan a una especie de oso pardo de hábitos nocturnos”.

Una de las presuntas huellas del yeti descubiertas por Eric Shipton y Michael Ward en 1951.En 1956, el antropólogo William L. Strauss, de la Universidad Johns Hopkins, dijo en la revista Science que el yeti “sería, sobre la base de la mejor evidencia disponible, no otro que el oso pardo del Himalaya”. Las pruebas a las que aludía eran testimonios de testigos y huellas descubiertas en la nieve. Las mismas que tenemos en la actualidad. “Hay que reconocer que las huellas no tienen semejanza con las de un primate y, por otro lado, podrían también ser de un oso. Esta alternativa no es tan extraña como puede parecer a primera vista: el parecido superficial de los pies de osos y de primates lo reconocen desde hace tiempo los naturalistas y especialistas en anatomía comparada”. Strauss recordaba que, en su libro Hallmarks of mankind (Los hitos de la Humanidad. 1948), el naturalista y antropólogo Frederic Wood Jones destacaba que la huella animal más habitualmente confundida con la humana es la del oso y cómo una famosa huella atribuida al orang pendek, el legendario hombrecillo de las selvas de Sumatra, acabó siendo de un oso malayo.

De la misma opinión que Strauss sobre el yeti era el religioso indio Srimat Swami Pranavananda, para quien las apariciones del yeti tenían detrás al oso pardo del Himalaya. Este estudioso apuntaba, respecto a los rastros de la criatura, que las huellas dejadas en la nieve cambian mucho con el tiempo y no sólo por la exposición al Sol, sino también por el viento. Había comprobado, personalmente, cómo las huellas de un lama crecían en veinticinco días hasta los 53 centímetros de longitud y una anchura proporcional. Estaba convencido de que ese proceso había causado el famoso rastro del yeti descubierto por Eric Shipton y Michael Ward en 1951, del que pueden ver una huella junto a estas líneas y que desató la fiebre por la caza de la criatura. Las huellas tenían el tamaño de las de un elefante joven. Pranavananda sospechaba que originalmente habían sido dejadas por un leopardo de las nieves o un lobo.

Lo que ningún antropólogo ni biólogo contempla como posible son disparates como los que este mes sostiene Bruno Cardeñosa en la revista Enigmas. En 2001, este ufólogo publicó un delirante libro, titulado El código secreto. Los misterios de la evolución humana, en el que tomaba como guías a antievolucionistas confesos como Michael A. Cremo y Richard L. Thompson. Así, suscribía que “los mecanismos primigenios que dieron origen a la vida estuvieron regidos por unas leyes ajenas a la evolución” y “aquellas primitivas formas de vida tenían en su soporte interno algo parecido a una orden: evolucionar hacia formas más complejas. Disponían, en suma, de un código secreto que señala que el objetivo último de la evolución es el Homo sapiens”. Es decir, se mostraba partidario de la evolución teledirigida. Y decía que homínidos que creemos extintos siguen habitando entre nosotros: neandertales serían los abominables hombres de Rusia y Asia Central, pero también algunas poblaciones de Marruecos; Homo erectus serían “los hombres salvajes de algunas islas asiáticas”; Australopithecus, los monstruos humanoides africanos; y Gigantopithecus, el yeti y otros. Esto último vuelve a repetirlo este mes en Enigmas, que ha recuperado un reportaje que Cardeñosa publicó en 2001, de lo que deduzco que éste que sigue convencido de que -copio de un sumario- “algunos yetis serían neandertales y Homo erectus que han logrado sobrevivir en regiones altas, como los Himalayas”. Lo llaman periodismo del misterio.

La mejor foto de Nessie es de un modelo hecho para un documental de National Geographic

A la izquierda, la foto que George Edwards presentó en agosto de 2012 como de Nessie. A la derecha, una imagen similar de Anna Williams del modelo de joroba sacada de la web de National Geographic.

“Es la mejor foto [de Nessie] que nunca he visto”, sentenciaba en agosto del año pasado Steve Feltham, dedicado desde hace más de 20 años a la caza del monstruo. En la imagen, tomada por George Edwards, se veía una joroba en mitad del lago Ness cerca del castillo de Urquhart. “Estoy tan convencido de que vi a Nessie como de mi creencia en esas criaturas. Demasiadas personas las han visto durante demasiado tiempo”, indicaba entonces Edwards, que ha dado una vuelta por el lago a miles de turistas en su embarcación.

Steve Feltham posa con el modelo de joroba de Nessie de fibra de carbono en 2011. Foto: Peter Jolly.Un año después, el barquero acaba de confesar que todo fue una broma y que lo fotografiado no era un ser vivo, sino una joroba de fibra de carbono hecha para The truth behind the loch Ness monster, un documental de National Geographic de 2011 en cuya grabación participó. De hecho, de las dos imágenes que encabezan estas líneas, la de la izquierda es la del fraude, mientras que la de la derecha esta tomada de la web de la productora, donde se presenta como un modelo de Nessie junto al cual, por cierto, se fotografió Feltham durante la grabación del documental.

Edwards anunció a mediados de agosto del año pasado que había visto y fotografiado a Nessie el 2 de noviembre de 2011 cuando volvía con su barca al muelle. La observación había durado entre 5 y 10 minutos, y no había querido hacer pública la imagen hasta tener un veredicto favorable de expertos. “Tengo amigos en Estados Unidos con amigos en el Ejército. Han analizado mi foto y no tienen ninguna duda de que fotografié un objeto animado en el agua. Estaba muy emocionado y estoy seguro de que algunas extrañas criaturas están al acecho en las profundidades del lago Ness”, explicaba a los medios. “Diría que [la foto] no demuestra lo que es Nessie, pero prueba lo que no es Nessie, un esturión, un pez que se ha presentado como una de las principales explicaciones de lo que Nessie podría ser, porque esto no tiene una espina dorsal serrada como el esturión”, apuntaba Feltham.

La llamada foto del cirujano, de 1934.“¿Por qué debería sentirme culpable por haberme divertido un poco?”, se preguntaba el viernes Edwards. El hombre parece, hasta cierto punto, asqueado de todo el montaje del monstruo del lago Ness; aunque él viva de ello. “Estoy harto de los denominados expertos que vienen con sus teorías sobre las grandes olas y los peces grandes, y de su centro de visitantes”, añade. Y reconoce que toda la historia de Nessie es un engaño desde el principio: “¿Qué sería del lago Ness sin el fraude más famoso, la foto del cirujano?”. Esa imagen -mundialmente famosa- data 1934, desató la fieble por la caza del monstruo y ha sido reproducida en infinidad de libros y revistas como prueba de su existencia; pero corresponde en realidad a un submarino de juguete al que pegó una cabeza de serpiente marina. La materia prima ha cambiado, pero Nessie sigue siendo lo mismo 80 años después: un monstruo prefabricado para el turismo.

Monstruos de pega

'Abominable science!', de Daniel Loxton y Donald Prothero.Abominable science! Origins of the yeti, Nessie and other famous cryptids (¡Ciencia abominable! El origen del yeti, Nessie y otros famosos críptidos), libro del periodista Daniel Loxton y el paleontólogo Donald Prothero recientemente publicado por Columbia University Press, es una de las más interesantes novedades editoriales de los últimos meses. Nada más verlo entre mis recomendaciones de Amazon, decidí comprarlo y, tras leer la crítica de Daniel Cressey en la revista Nature y con sólo haberlo hojeado, se lo recomiendo.

En este blog y en mi biblioteca, tienen desde hace años su rinconcito bestias inexistentes porque las historias de hombres salvajes y monstruos de lagos, y de sus buscadores, resultan, además de divertidas, enternecedoras. No me dirán que no lo es que las primeras, y más famosas, huellas del bigfoot fueran en 1958 obra de un contratista, Ray Wallace, que quería ahuyentar a los ladrones de material de una obra del condado de Humboldt (California) o que, al otro lado del mundo, huesos presuntamente del yeti abandonaran Nepal en 1959 escondidos entre la ropa interior de la mujer del actor James Stewart.

Éstos y otros episodios de la historia de la criptozoología forman parte de Abominable science! En el prólogo, Michael Shermer recuerda lo que hay que decir a quienes cuentan historias de seres fantásticos como los que llenan las páginas de este libro: “Está bien. Enséñame el cuerpo”. La obra de Loxton y Prothero es “un sensible, pero devastador aterrizaje en toda una subcultura”, ha escrito Daniel Cressey en Nature. El único pero que pone Cressey es que los autores no intenten responder a la pregunta de por qué la gente cree en monstruos en un mundo bajo permanente vigilancia de satélites y con excursionistas con cámaras por todos lados, en el que “nunca se ha conseguido una fotografía creíble de una de estas criaturas”. Quizá sea una pregunta más para un antropólogo que para un biólogo y un periodista.

Abominable science! es un libro bonito. Tanto, que me ha recordado a otro título básico de la crítica criptozoológica, Monstruos, del biólogo bilbaíno Eduardo Angulo, también muy bien escrito, diseñado e ilustrado.

Daniel Loxton y Donald R. Prothero [2013]: Abominable science! Origins of the yeti, Nessie and other famous cryptids. Prologado por Michael Shermer. Columbia University Press. Nueva York. 411 páginas.

El guion de toda crisis ‘panterológica’

La Pantera Rosa.El 19 de agosto, estalló en la localidad almeriense de Berja una crisis panterológica tras informar un vecino a la Guardia Civil de la presencia “un gran felino” en el parque de Castala. Inmediatamente, se cerró ese espacio de recreo, y efectivos del Seprona, Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y Protección Civil de Berja emprendieron la caza de la pantera fantasma. Instalaron en la sierra de Gádor cámaras de grabación nocturna y jaulas-trampa con cebo para atrapar al animal vivo, anestesiarlo y trasladarlo al zoológico de Tabernas, “cuyos propietarios se han ofrecido a acogerlo”, explicaba hace una semana el Gobierno andaluz. Nueve días después, se ha reabierto el parque al público y sigue sin haber ninguna prueba de la existencia del animal: ni huellas, ni heces, ni restos de presas, ni nada de nada. Sólo testimonios de vecinos que dicen haberlo visto. Y, poco a poco, la historia va desvaneciéndose en los medios…

Michael Goss estableció en 1992, en su artículo “Alien big cat sightings in Britain: a possible tumour legend?” (“Los avistamientos de grandes gatos extraños en Reino Unido: ¿una posible leyenda?”), publicado en la revista Folklore (Vol. 103, Nº 2), las características generales de una crisis panterológica. Están presentes, en mayor o menor medida, en todas las historias de grandes felinos habituales en la prensa sensacionalista británica desde principios de los años 60. El episodio de Berja encaja perfectamente en el esquema de doce puntos de Goss:

1. Alguien, con nombre y apellidos, asegura haber visto un gran felino no nativo de Reino Unido. En el caso almeriense, el testigo inicial es Fernando, un joven de 24 años.

2. Lo ha visto en campo abierto, y esto incluye parques, campos de golf, espacios verdes próximos a poblaciones… En Berja, el animal rondaría el parque periurbano de Castala, una zona verde de 13,8 hectáreas.

3. El avistamiento es breve y los testigos -pueden ser uno o varios- van a pie o en vehículos. El joven almeriense iba en bicicleta cuando vio fugazmente al animal dos semanas antes de denunciar los hechos.

4. Los testigos identifican inicialmente el animal como un gato de gran tamaño… En ocasiones, añaden que es más grande que un perro grande. Posteriormente, llegan las comparaciones con pumas, leones, panteras, linces… En Berja, el primer testigo habló de un felino de gran tamaño. Tras la denuncia a la Guardia Civil, el alcalde de la localidad, Antonio Torres, empezó a decir que él también había visto el bicho y que era una pantera. Y el misterioso animal se convirtió en una pantera.

5. Un avistamiento aislado se conecta con otros registrados en la zona con una separación de días, meses y hasta años. En Berja, lo más que hemos tenido hasta ahora es una aparición de hace un mes a la que han seguido varias de otros vecinos después de haber saltado la historia a los medios. Es posible que en los próximos años se repita algo así en la localidad y se conecte con los sucesos de este agosto. Cuando en 2005, hubo gente que creyó que había una pantera suelta en Gorliz (Vizcaya), algunos conectaron el episodio con la supuesta visión de otro gran felino en la cercana Armintza dos años antes. Argumentaban que alguien en la zona tenía un gran felino como mascota y se le había escapado esas dos veces. No se encontró ninguna prueba física en ninguna de las operacioens de rastreo.

6. El animal es bautizado con un nombre del estilo de Bestia de Margam, León de Nottingham, Bestia de Exmoor… En Almería, se habla del Bicho de Castala, una denominación que deja traslucir el escepticismo y cachondeo que se ha ido adueñando de la población.

7. Se asume que el animal puede ser peligroso. En Berja, ese temor lleva, el miécoles de la semana pasada, a cerrar el parque sólo porque alguien ha dicho que ha visto lo que le parece un gato muy grande.

8. Los medios informan de que se han encontrado huellas, animales muertos y otros restos que probarían la presencia de una fiera. La semana pasada, llegó a decirse que se había descubierto en el parque de Castala una huella de gran felino, y el alcalde atribuyó la desaparición de carne usada como cebo a la presencia de la fiera. Sin embargo, fuentes de la Guardia Civil y de la Junta de Andalucía me confirmaron, poco después, que no se había detectado ningún rastro y que la desaparición del cebo podía ser obra de zorros y otros predadores. Durante la noche siguiente, un zorro y un gato doméstico quedaron atrapados en sendas jaulas-trampa.

9. Las informaciones incluyen referencias y declaraciones de autoridades, así como la indicación de que la Policía se toma el asunto muy en serio. El Seprona, la Junta de Andalucía y Protección Civil de Berja han participado en la búsqueda de la pantera fantasma de Almería y dijeron que iban a mantener el operativo mientras fuera necesario. El alcalde de la localidad ha sido uno de los que más han alimentado el misterio, con declaraciones del estilo de: “Yo lo he visto y no sé lo que es, pero no me gustaría encontrármelo de frente”.

10. La explicación favorita es que la fiera se le ha escapado a alguien, a quien nunca se encuentra. Así, el alcalde de Berja decía hace una semana que para él todo se debía a que “alguien, de manera imprudente, haya soltado [la pantera] en la sierra tras tenerla de mascota”. En Vizcaya en 2003 y 2005, también fue ésa la explicación favorita de los partidarios de la existencia de un gran felino.

11. Se organizan batidas, auspiciadas por las autoridades o los ciudadanos, que nunca dan resultado. Tanto en Berja como en Armintza y Gorliz, todo volvió a la normalidad tras unos días. En realidad, como apunta Goss en su artículo, a pesar de que ha habido miles de denuncias desde 1963 sólo en Reino Unido, “ningún felino extraño ha sido capturado o muerto, aparte de un puma domesticado en Escocia en 1980 y un pequeño gato de los pantanos  atropellado accidentalmente en la isla de Hayling (Hampshire) en 1988″.

12. El gato misterioso desaparece del campo y de los periódicos a la vez.

La pantera fantasma de Berja ya no es un peligro para nadie. El parque de Castala está abierto al público, este fin de semana se acaban las vacaciones para muchos y volverá la rutina diaria. Toda afirmación extraordinaria exige pruebas igualmente extraordinarias. Si un gran felino anda suelto, tiene que haber huellas, restos de presas, pelos y heces del animal… Sin embargo, por ahora, en los relatos de panteras fantasma como la almeriense no contamos nada más que con testigos visuales, como en los casos de hadas, fantasmas, extraterrestres y el Diablo, aunque historias como la de Berja tengan un punto a su favor: las panteras existen.

La amenaza de la pantera fantasma

Una fiera anda suelta por la sierra de Gádor. O, al menos, eso creen en Berja (Almería), donde varios vecinos aseguran haber visto un gran felino en el parque de Castala, una zona verde de recreo de 13,8 hectáreas. “Un chaval se presentó el lunes en el puesto de la Guardia Civil diciendo que días antes había visto un felino de gran tamaño que podía ser una pantera”, indican en el instituto armado. Esa misma tarde, empezó la caza del animal, a cargo de efectivos del Seprona, Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y Protección Civil de Berja.

El joven que dio la voz de alarma decía haber visto a la bestia hace dos semanas y no haberlo denunciado antes por miedo al ridículo. Otro de los testigos es el alcalde de Berja, Antonio Torres. “Yo lo he visto y no sé lo que es, pero no me gustaría encontrármelo de frente”, explicaba el martes el regidor, quien añadía que se trata de “un felino de dimensiones considerables y de color negro”. Sospechaba que puede ser una pantera “que alguien, de manera imprudente, haya soltado en la sierra tras tenerla de mascota”.

Un zorro, atrapado en la jaula-trampa instalada en el parque de Castala, en Berja. Foto: Junta de Andalucía.“Ningún agente de la Guardia Civil ha visto la pantera”, advierten en el cuerpo. Tampoco la ha visto ningún técnico de la Junta de Andalucía ni de Protección Civil. Ni han encontrado rastro alguno de un  gran felino en la sierra. Ni huellas, ni heces, ni restos de presas, ni nada de nada. “Yo no veo a un animal así viviendo ahí, aunque ahora mismo tampoco lo puedo descartar al 100%”, admite un portavoz del instituto armado. Por eso, el Ayuntamiento de Berja cerró el miércoles el parque, donde se instaló una jaula-trampa de grandes dimensiones con un trozo de carne en su interior, en la que en la noche del jueves quedaron atrapados un gato doméstico y un zorro, liberado inmediatamente.

La Junta de Andalucía colocó ayer dos jaulas más cerca de sendas fuentes de agua, así como dos cámaras de grabación nocturna que se activan cuando detectan movimiento en las proximidades. “Si el felino entra en alguna de las jaulas, los agentes utilizarán un rifle anestésico para dormirlo y trasladarlo posteriormente a un zoológico de Tabernas cuyos propietarios  se han ofrecido a acogerlo”, han explicado desde el Gobierno andaluz. ¿Pero hay una pantera suelta por los alrededores de Berja? De momento, sólo contamos con testimonios visuales y no sería la primera vez, ni mucho menos, que alguien toma un perro o un gato grande por lo que no es.

Fotograma del vídeo de la pantera fantasma grabado en Vizcaya en 2003. Sin referencias, bien puede tratarse de un gato. Foto: 'El Correo'.En octubre de 2005, una pantera fantasma tuvo en vilo durante dos días a la Ertzaintza en Gorliz (Vizvaya), donde un vecino de Erandio aseguraba haberla visto cuando paseaba por un aparcamiento acompañado de su sobrino. “Estaba a diez metros de nosotros. Avanzó despacio unos cinco metros, se paró, volvió la cabeza y nos miró muy fijamente. Le brillaban los ojos como a un demonio. Después salió corriendo y se introdujo en el pinar. Nos quedamos paralizados. A mí me temblaban las piernas”, contaba el testigo a El Correo. Cuando llegó una patrulla de la Policía autónoma, una agente se adentró en el pinar y efectuó un disparo. Contra el animal, dijo. Después de más de un día de búsqueda, la fiera se esfumó, como dos años antes había ocurrido en la cercana Armintza con un animal “muy grande” que “tenía la cola larguísima y anda como un felino”. Fue grabado en vídeo en una escenario sin referencias que no permitía descartar que fuera un simple gato negro.

‘Alien big cats’
Los grandes felinos forman, como  Nessie y los círculos de los cultivos, parte del folclore británico. Las primeras apariciones de alien big cats (grandes gatos extraños al lugar) datan de principios de los años 60 y, desde entonces, se les han achacado muertes de ganado y mascotas. Como pasa con el monstruo del lago Ness, a pesar de los intimidantes nombres que se ha dado a algunos de estos animales -­el León de Nottingham, la Bestia de Exmoor…-, nunca se ha capturado a ninguno. Y no por falta de ganas.

El 18 de julio de 1963, un camionero, David Back, conducía por el sureste de Londres a la una de la madrugada cuando vio cómo un gato grande entraba en el bosque de Oxleas. Poco después, un «gran animal dorado» saltaba sobre el capó de un coche de la Policía y huía. Se montó una operación de búsqueda a lo grande, con 126 policías con 21 perros, 30 soldados y varios miembros de la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales, que rastrearon 344 hectáreas a la caza del felino. No dieron con él, aunque encontraron un rastro de grandes garras que algunos atribuyen a un guepardo. Desde entonces, la historia se ha repetido en innumerables ocasiones.

Reportaje sobre los 'alíen big cats', en la revista 'Fortean Times'.

Los alien big cats son unos habituales de la prensa sensacionalista británica. “La típica historia de gran gato extraño -como el animal que la protagoniza- aparece de la nada y desaparece con la misma rapidez, con la habilidad y determinación de un fantasma”, indicaba  Michael Goss en la revista Folklore en 1992. Jacqueline Simpson y Steve Roud apuntan en A dictionary of English folklore (Un diccionario del foclore inglés. 2000) que, sólo en 1997, se registraron en la prensa 304 casos. Y añaden que, a pesar de las numerosas denuncias, “ningún felino extraño ha sido capturado o muerto, aparte de un puma domesticado en Escocia en 1980 y un pequeño gato de los pantanos  atropellado accidentalmente en la isla de Hayling (Hampshire) en 1988”.

Como Goss apuntaba en Folklore, no hay nada que indique que, desde que se extinguió el lobo, viva en las Islas Británicas un carnívoro más grande que el tejón común (Meles meles). Así, la pantera fotografiada en Peterborough en enero resultó ser un peluche, como el tigre que, desde el tejado de un viejo hotel, sorprendió a decenas de conductores en Houston (Estados Unidos) en enero del año pasado.