Por el reconocimiento de la terapia ferroviaria por el Sistema Nacional de Salud

Vecinos de Rawa Buaya, en Indonesia, tumbados en la vías del tren para curarse de sus males. Foto: Reuters.

Imagine que se populariza la creencia, por ahora limitada al pueblo indonesio de Rawa Buaya, de que la electricidad estática de las vías del tren tiene poderes curativos contra algunas enfermedades. No es algo más disparatado que creer que, cuanto más disuelta está una sustancia, más potente es, uno de los principios básicos de la homeopatía. Así que considere la posibilidad de que se extienda por el mundo el hábito sanitario de tumbarse en las vías, que haya médicos especialistas en ese campo que lo recomienden a pesar de la ausencia de pruebas sobre su efectividad, que muchos enfermos realicen esa práctica de modo complementario -sin renunciar a otros tratamientos realmente curativos- y que llegue un momento en que los terapeutas ferroviarios pidan su rconocimiento por las autoridades sanitarias. ¿Qué deberían hacer las autoridades?

Yo lo tengo claro: reconocer como tales sólo aquellas terapias demostradas científicamente y, si llega el caso, proteger a los ciudadanos ante quienes vendan remedios y tratamientos fraudulentos. Añado a eso que el dinero de todos únicamente ha de financiar tratamientos médicos de efectividad probada. Si alguien quiere que le hagan una limpieza de aura o tumbarse en las vías del tren, que se lo pague de su bolsillo y que tenga cuidado. Obviamente, siempre habrá grupos de presión, sean médicos acupuntores, terapeutas ferroviarios o multinacionales de la homeopatía que vendan nada a precio de oro. Y siempre habrá políticos dispuestos a plegarse a los intereses de esos grupos y agradar a los colectivos de afectados que quieren que el reiki, las flores de Bach y la reflexoterapia se las paguemos entre todos. ¿Qué creen ustedes que deben hacer los científicos cuando pasa algo así?

También lo tengo claro: dictaminar lo que está científicamente demostrado y lo que no. Luego, los políticos harán lo que más convenga a sus intereses -que no tienen necesariamente que coincidir con la consecución del bienestar general-, como ha sucedido en Reino Unido, donde la Asociación Médica Británica (BMA) y una comisión parlamentaria determinaron que la homeopatía es un timo y el Gobierno ha decidido ignorar el punto de vista científico. La decisión política no debe, sin embargo, acallar a los científicos, sino que ha de animarles a gritar más alto, a denunciar públicamente el disparate cuantas veces haga falta y mediante todos los medios posibles. Porque quienes saben no pueden permanecer callados cuando lo que se hace desde las instituciones es amparar a timadores de la salud que podrían acabar recibiendo dinero de todos para paracticar terapias no más efectivas que el “cura, cura, sana, culito de rana”.

Sanidad amparará timos

Leire Pajín, con su pulsera Power Balance en un acto del PSOE. Foto: Efe/L.A. Gámez.¿A qué viene todo esto? A que el ministerio español de Sanidad, dirigido por Leire Pajín, la ministra Power Balance, va a regular la práctica de terapias cuyas efectividad no ha sido demostrada después de décadas de investigación. Pajín anunció en julio que la lista de medicinas alternativas reconocidas y reguladas por el Sistema Nacional de Salud se conocerá este mes y que, entre ellas, estará la quiropráctica, cuyos practicantes sostienen que la mayoría de las enfermedades se deben a subluxaciones de la columna vertebral que presionan los nervios y dicen que pueden sanar o aliviar a los enfermos corrigiendo esas subluxaciones, de cuya existencia, por cierto, hay tantas pruebas científicas como de la de los espíritus.

La decisión gubernamental va a tomarse a partir de un documento elaborado por responsables del Ministerio de Sanidad y Consumo y las comunidades autónomas, que dice, entre otras cosas, que “en términos generales, pocas terapias naturales han demostrado su eficacia en situaciones clínicas concretas mediante la aplicación de métodos científicos. Sin embargo, esta ausencia de demostración de su eficacia no debe ser considerada como sinónimo de ineficacia”. El razonamiento, digno de Groucho Marx, serviría para ampliar sin problemas el campo de las terapias alternativas al vudú y la regresión a vidas pasadas, que en el fondo tienen tanto fundamento como la homeopatía, la quiropráctica, la reflexología y demás pseudomedicinas.

Seguidamente, los autores del informe argumentan que “muchos pacientes refieren cierto grado de satisfacción asociado a una percepción de mejoría de los síntomas o en su bienestar o en calidad de vida, aunque en muchas ocasiones no se dispone de estudios que permitan determinar si esta mejoría es debida al efecto específico causado por el tratamiento administrado o a un efecto placebo” y que, “además, muchas veces las terapias naturales son utilizadas como segunda o tercera opción de tratamiento, o con carácter meramente complementario, por lo que los niveles actuales de evidencia podrían ser valorados como suficientes para justificar su utilización en determinadas situaciones clínicas”. Resumiendo: las llamadas terapias naturales no funcionan, pero hay quienes dicen que les van bien -aunque puede ser que se deba al efecto placebo- y las usan como complemento, por lo que no importa que no funcionen. Por si eso fuera poco, el periodista científico Mauricio-José Schwarz destaca que, “en el colmo de la exhibición de ignorancia, [los expertos de Sanidad y las comunidades autónomas] comentan un supuesto estudio sobre el oscillococcinum que dice usar la homeopatía y que, simplemente, no existe“.

Con esos mimbres tan quebradizos, el departamento que dirige la ministra Power Balance va a fabricar un cesto legal para amparar pseudomedicinas que en nada se diferencian de la brujería y va a darles credibilidad, jugando con la salud de los ciudadanos. Ya, de paso, podía incluir la terapia ferroviaria entre las prácticas reconocidas y reguladas por el Sistema Nacional de Salud en previsión de su importanción desde Oriente, vista la satisfacción que muestran los vecinos del pueblo de Rawa Buaya después de tumbarse en las vías. A fin de cuentas, los expertos Sanidad y las comunidades autónomas creen que, aunque no haya pruebas de que una terapia funcione, si la gente cree en ello y la usa como práctica complementaria, “los niveles actuales de evidencia podrían ser valorados como suficientes para justificar su utilización en determinadas situaciones clínicas”. ¿Cabe mayor desfachatez? Por mucha gente que crea en algo y se sienta mejor por creer en ese algo, eso no implica que ese algo exista. ¿O es que los millones de pulseras Power Balance que se han vendido en todo el mundo a convencidos de su poder significan algo más que que hay millones de ingenuos como Leire Pajín?

Si la homeopatía, el reiki, las flores de Bach y otras muchas terapias alternativas no han demostrado su eficacia científicamente, es que no funcionan más allá del placebo. El resto son fuegos de artificio para contentar a los grupos de presión formados por los profesionales de esas prácticas y la industria alternativa en detrimento de los pacientes, las víctimas, los timados.