La crítica de la superstición como una forma de divulgación, en los Cursos de Verano de la UPV

De la superstición hacia el conocimiento se titula mi intervención en el ciclo El impacto social de la ciencia, el papel de los medios de comunicación, organizado por Ikerbasque, Fundación Vasca para la Ciencia del 30 de agosto al 1 de septiembre en el palacio de Miramar de San Sebastián, dentro de la 29ª edición de los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco. Mi intención es defender la idea de que la crítica al pensamiento mágico, algo en principio despreciado por la mayoría periodistas especializados en información científica, puede ser una magnífica vía para la divulgación.
Lo dejó escrito Martin Gardner en Extravagancias y disparates (1992): «Una de las mejores maneras de aprender algo sobre cualquier rama de la ciencia es descubrir en qué se equivocan sus chiflados». Y yo lo suscribo. Los reportajes críticos sobre misterios clásicos -como el de la Atlántida– y supersticiones modernas -como las abducciones y la morfopsicología– pueden ser el aparentemente apetitoso plato -¿a quién no le atrae un misterio?- en el que camuflar píldoras de conocimiento para que, al mismo que se desmontan falsedades, se abra la mente del lector, oyente o espectador a conceptos científicos básicos -y no tanto- y el germen del escepticismo.
Mi charla en los Cursos de Verano de la UPV tendrá lugar el 1 de septiembre a las 12.15 horas, si no me abducen antes. El programa del curso, dirigido por Fernando Cossío y Begoña Ochoa, incluye otras conferencias que quizás les interesen: Carlos Elías hablará sobre El declive de la ciencia en la cultura mediática de Occidente; Juan J. Iruin, de la Quimiofobia: un caso paradigmático de necesidad de divulgación científica; Pere Estupinya, de Televisión, prensa, radio e Internet a la caza del lector menos interesado; Andoni Eizagirre, sobre La percepción social de la ciencia; Félix Ares, de La ciencia entre la moda y el terror; y Javier Armentia, sobre La divulgación científica y la democratización de la sociedad.
La matrícula cuesta 70 euros, pero Ikerbasque concede becas que cubren la asistencia y el alojamiento, y que están abiertas a los lectores de Magonia.