El club y el premio del cerdo volador

Tarjeta del Club 2000, creado por James Randi.Hace años que llevo con orgullo en la cartera una tarjeta de plástico con Pigasus, un cerdo volador. Así bautizó a mediados de los años 90 el ilusionista James Randi a la mascota del llamado Club 2000, un grupo de gente que a finales del siglo pasado nos comprometimos a aportar cada uno 1.000 dólares a un fondo común cuyo montante total iría a parar a quien fuera capaz de demostrar poderes paranormales.

En los años 70, Randi ofreció 10.000 dólares a cualquier persona que demostrara “un hecho, paranormal, oculto o sobrenatural bajo condiciones debidamente controladas”; es decir, en un entorno y con unos observadores que garantizaran la imposibilidad de trampas. En 1995, todavía llevaba el cheque encima cuando su colega Ron Leonard le animó a proponer a otros escépticos la creación de un fondo que “pudiera ascender a unos 100.000 dólares” a partir de una aportación mínima de 1.000. Randi lanzó la idea en un mensaje de correo electrónico el 25 de octubre de 1995 y, un mes después, la dotación del premio ya superaba el medio millón de dólares procedente de los miembros del Club 2000.

El premio del reto de Randi, veterano cazador de embaucadores, creció con el tiempo hasta un millón de dólares que no se ha llevado a casa ninguno de esos sacacuartos que alardean de poderes extraordinarios en prensa, radio y televisión en los cinco continentes. Este mago otorga, además, cada 1 de abril -Día de los Inocentes en el mundo anglosajón- los premios Pigasus a los mayores fraudes de lo paranormal y, aunque los galardonados en muchas ocasiones deberían haber predicho tal honor, no se tiene constancia de que ninguno lo haya hecho.

Me he acordado del Club 2000, de James Randi y del premio Pigasus estos días por la invasión de cerdos alados que ha sufrido la campaña electoral vasca después de que Josu Erkoreka, diputado del PNV en el Congreso, dijera que “que Patxi López llegue a lehendakari sería tan difícil como ver a un cerdo volando”.