Ética, platillos volantes y Universidad

El equipo de Milenio 3, el programa de Iker Jiménez dedicado a los fenómenos paranormales que emite la Cadena SER, intentó convencer en junio a varios planetarios y museos de ciencia para que participaran en una romería ufológica. Para ello, vendieron a esas instituciones una Alerta ovni como una noche de observación astronómica; pero su engaño se descubrió y sus planes se truncaron. Se les pilló gracias, entre otras cosas, a los lectores de Magonia, quienes nos informaron de las maniobras de los vendedores de misterios, lo que permitió alertar del engaño a las potenciales víctimas. Lamentablemente, a pesar de la contundente denuncia pública de Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, el conjunto de instituciones afectadas se limitó a no colaborar en la Alerta Ovniy mirar hacia otro lado. Dieron la callada por respuesta en vez de denunciar las artimañanas de los charlatanes.

¿Qué hubiera pasado si los centros de divulgación de la ciencia hubieran emitido un comunicado explicando lo que había ocurrido, cómo habían querido darles gato por liebre? Nunca lo sabremos. Pero su mutismo fue, para algunos, decepcionante. ¿Acaso no se supone que han de servir a la comunidad que financia sus actividades y alertarla de posibles engaños? ¿Cómo casa esa actitud con la Declaración de Granadade 1999, en la que los comunicadores científicos españoles concluyeron que hay que plantar cara a la supersitición y la superchería? ¿Por qué, de entre todos los directores de museos científicos y planetarios, sólo Armentia dio la cara? ¿Se guardó silencio para no molestar a la más importante de las cadenas de radio privadas de España? Son muchas las preguntas que le vienen a uno a la mente cuando recuerda esa magnífica oportunidad perdida para denunciar el juego sucio de los periodistas esotéricos y una conclusión clara: necesitamos divulgadores científicos y escépticos libres de compromisos mediáticos que puedan condicionar su quehacer.

Me enteré el sábado, a través de Fernando L. Frías, de que la Universidad de Alicante va a ceder su paraninfo a la Cadena SER para que desde ese lugar emita Milenio 3. “Que la Universidad, el centro del Saber y la Cultura, sirva de sede a un programa de fomento de la ignorancia y la superstición, es un genuino misterio. Un misterio que no tiene explicación”, escribía Frías en un artículo publicado el domingo en el diario Información de Alicante. La ignorancia disfrazada de misterio entrará el viernes por la puerta grande de la Universidad de Alicante, cuyos gestores consideran que lo que hace Jiménez -con sus extraterrestres, su continentes desaparecidos, su fantasmas y sus psicofonías- es un espacio de “ciencia de vanguardia”. Sí, claro, y Gran Hermano es un experimento sociológico.

Como ya ha apuntado Armentia, seguramente los responsables del centro académico se han sentido deslumbrados por el brillo de un importante medio de comunicación y no se han parado a pensar en quién van a meter en su casa. No sólo se trata de vendedores de misterios prefabricados, sino también de personajes con un más que cuestionable concepto de la ética periodística. ¿Se imaginan que Mario Conde volviera a intervenir en foros académicos como banquero ejemplar? Pues ésa es la imagen que me ha venido a la mente al recordar cómo el equipo de Milenio 3 trató de engañar a centros de divulgación científica para conseguir un marchamo de respetabilidad para su Alerta Ovni y ver que ahora van a la Universidad como ejemplo de profesionales del periodismo.