Ciencia, superstición e incultura

Un congreso de médiums y cazafantasmas, en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Médiums, cazafantasmas, buscadores de psicofonías, sujetos que enseñan a conectar con “nuestra esencia divina”… Es parte del plantel de participantes en el III Congreso Nacional del Misterio, que se celebrará en el paraninfo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) el 7 y 8 junio. Un encuentro del que me he enterado gracias al escéptico Ricardo Campo, tan escandalizado como yo porque una universidad acoja un acto dedicado a la difusión de la anticiencia y la superstición.

Cartel del III Congreso Nacional del Misterio.El organizador del Congreso Nacional del Misterio es Ulises Acosta, un muy crédulo promotor turístico canario. “Me encantan todos los temas relacionados con nuestros antepasados, misterios egipcios, mayas, etruscos, cualquier civilización que guardó sus secretos, me apasiona. Por otro lado, soy un enamorado de todos los casos de poltergeist que te puedas encontrar, avistamientos de ovnis y experiencias cercanas a la muerte”, decía el año pasado. Después de una primera edición en un palacio de congresos en San Bartolomé de Tirajana y una segunda en un teatro de Telde, ha conseguido que entren en la universidad unas jornadas que se abrirán en la madrugada del 7 de junio con la emisión en directo de Espacio en Blanco, el programa pseudocientífico de Miguel Blanco en Radio 1.

El cierre del encuentro correrá a cargo de Marilyn Rossner, médium canadiense que ya celebró en 2009 una sesión espiritista en el paraninfo de la Universidad de Castilla-La Mancha en Albacete. Rossner tiene la misma fiabilidad que cualquier otro médium: ninguna. El espiritismo moderno -con sus trucos- nunca ha engañado a nadie más que a quienes se han querido dejar engañar, y esta supuesta dotada tampoco. Como profeta, sus aciertos son equiparables a los de Aramís Fuster y otros destacados representantes del gremio con los que comparte el gusto por un vestuario atroz. “Enormes cambios en Japón. Cinco de los nueve países de Oriente Próximo se unen. Australia… inesperados… cambios. Orad por el pueblo de Egipto. Orad sin cesar. No tengáis miedo. No tengáis miedo”, auguró en un encuentro paranormal en junio de 2003. No dio ni una y nada dijo, por supuesto, de los atentados de Madrid y Londres, del tsunami del Índico y de tantas desgracias que sí han ocurrido desde entonces y cuya previsión podía haber salvado cientos de miles de vidas.

Además de Blanco y Rossner, intervendrán, entre otros destacados abanderados del mundo del misterio, Sol Blanco Soler, miembro del equipo de cazafantasmas del fallecido padre Pilón y ponente en los congresos Ciencia y Espíritu; el psiquiatra José Miguel Gaona, quien grabó psicofonías en el campo de exterminio nazi de Dachau  para que se emitieran en Milenio 3 y Cuarto Milenio; y el periodista y criminólogo Francisco Pérez Abellán, que sostiene que “investigar en la Universidad, investigar en la criminología e investigar como Iker [Jiménez] es lo mismo”.

A pesar de haber hecho numerosos intentos, no he conseguido esta mañana hablar por teléfono con nadie de la ULPGC para que me explique con qué criterios se ha cedido el paraninfo a este festival de la sinrazón, en el que otros años han participado expertos de la talla de Enrique de Vicente, el astrólogo Vicente Casannya y el cazafantasmas Pedro Amorós.

“No soy geocentrista”, dice Kate Mulgrew, la capitana Janeway de ‘Star trek: Voyager’

“Todo lo que creemos que sabemos de nuestro Universo está equivocado…”, advierte la narradora. “Hay una crisis en la cosmología”, sentencia Michio Kaku. “Todas estas cosas son muy extrañas, y no sabemos por qué ocurren en estos momentos”, dice Lawrence Krauss. Así arranca el trailer de The principle, un documental que se estrenará este año en el que intervienen, además de los dos físicos citados, los cosmólogos George F.R. Ellis y Max Tegmark, el matemático y astrónomo Bernard J. Carr, el científico creacionista John Byl y el físico Julian Barbour. La narración corre a cargo de Kate Mulgrew, la extraordinaria capitana Janeway de Star trek: Voyager. Lo sorprendente es que el documental promueve una visión geocentrista del Cosmos.

Kate Mulgrew, como la capitana Janeway en 'Star trek Voyager'.“El productor ejecutivo de esta película y documental científico es el americano Robert Sungenis, doctor en teología y director de la Catholic Apologetic Internacional Publishing, y autor del libro Galileo was wrong: the Church was right“, explica en su blog Juan Carlos Gorostizaga, profesor de matemáticas de la Escuela Técnica Superior de Náutica y Máquinas Navales de la Universidad del País Vasco (UPV) y geocentrista y creacionista de la Tierra joven. Sungenis es anticopernicano, antisemita y niega el Holocausto. Una joya, vamos. La tesis de The principle es que no hay ninguna prueba de que la Tierra se mueva por el espacio y sí de que “es o está muy cerca del centro del Universo”. Krauss y Mulgrew han renegado en los últimos días de su participación en esta producción.

“No tengo ni idea de cómo terminé en ese estúpido documental geocentrista”, ha titulado Krauss su nota de rechazo en el blog Future Tense de la revista Slate. El físico y divulgador no sabe si sus declaraciones proceden de material de dominio público, han sido metraje comprado a alguna productora o le entrevistaron para The principle bajo engaño. “No recuerdo haber sido entrevistado para una película de este tipo y, por supuesto, si hubiera sabido cuál era su premisa, me habría negado”. Es posible que a Kaku le haya ocurrido algo parecido, aunque no he encontrado ninguna reacción oficial suya.

Por su parte, Mulgrew ha sido tajante en su página de Facebook:

Entiendo que haya cierta controversia por mi participación en el documental titulado The principle. Les aseguro que estoy completamente de acuerdo con el eminente físico Lawrence Krauss, quien se ha visto tergiversado en ese filme y ha escrito un sucinto rechazo en Slate. No soy geocentrista, ni, de ningún modo, defensora del geocentrismo. Más importante aún, no suscribo nada de lo que Robert Sungenis ha escrito sobre ciencia e historia y, si hubiera sabido de su participación, sin duda hubiera evitado este documental. Yo era una voz contratada y mal informada. Pido disculpas por cualquier confusión que pueda haber causado mi voz en este trailer.

No se extrañen. Lo más probable es que la narración del documental sea neutra y la carga de profundidad esté en las declaraciones e imágenes a las que dé paso, de las cuales Mulgrew no tuvo porque estar enterada para hacer debidamente su trabajo. El caso de The principle demuestra lo importante que es para los científicos no bajar la guardia y estar bien informados respecto a sus colaboraciones interesadas o desinteresadas. Nadie sabe dónde se esconde el Robert Sungenis, Iker Jiménez o Bruno Cardeñosa de turno.

¿Qué ha pasado con el vuelo MH370 de Malaysia Airlines? Ningún adivino lo sabe

Bola de cristal.Se anuncian en los periódicos. Salen en la tele. Cobran por adivinar el futuro a través del teléfono. Alardean de que les consultan empresarios y gobernantes. Sin embargo, a la hora de la verdad, cuando sus dones -de existir- harían un servicio a la Humanidad, callan. Ningún vidente previó el 11-S ni el 11-M; ninguno dio la alerta del terremoto del Índico de diciembre de 2004 ni del de Japón de marzo de 2012. Sus presuntos superpoderes sólo sirven decirle al cliente lo obvio, lo que le diría cualquiera a partir de la información que da sin darse cuenta  el propio interesado, pero resultan inútiles cuando lo que está en juego son vidas humanas.

Aún así, mucha gente cree en los videntes, algunos medios de comunicación y periodistas les arropan, y los poderes públicos miran paraa otro lado. Si vendes leche aguada, puedes tener merecidos problemas con la Justicia. Si te ganas la vida adivinando el futuro o librando a ingenuos de maldiciones inexistentes, no te pasará nada. Podrás vaciar los bolsillos a los incautos con impunidad. No tendrás que demostrar que eres capaz de hacer los prodigios por los que cobras, bastará con que simules hacerlos, y nunca tendrás problemas legales.

¿Qué ha pasado con el vuelo MH370 de Malaysia Airlines desaparecido el 7 de marzo y con sus 239 ocupantes? Ningún adivino lo sabe porque no existen los adivinos. Sólo hay estafadores con bolas de cristal, cartas astrales, tarots y otros cachivaches con los que escenificar su teatro del engaño. Timadores ante los que la Justicia hace la vista gorda.

Bloomberg destaca el triángulo de las Bermudas en un mapa de aviones desaparecidos desde 1948

Mapa de aviones desaparecidos desde 1948 de Bloomberg.El periodismo gilipollas no conoce límites y lleva días desatado con la desaparición del vuelo MH370 de Malaysia Airlines. Pero, aún así, sorprende que un medio como Bloomberg destaque el triángulo de las Bermudas en un mapa de aviones desaparecidos desde 1948. Es como si confiara sus previsiones económicas a una astróloga. “El tan comentado triángulo de las Bermudas no es tal punto de desapariciones misteriosas, sino un simple montaje publicitario que radica en el interés de ciertas empresas editoriales por vender libros. Un camelo”, decía el explorador submarino Jacques Cousteau en 1979. Nada ha cambiado desde entonces.

Casos como el del Vuelo 19 fueron explicados sin necesidad de echar mano de marcianos hace más de treinta años, aunque ahora algunos los resuciten como enigmáticos. Y otras muchas desapariciones misteriosas fueron inventos o tergiversaciones de Charles Berlitz, autor del celebre libro El triángulo de las Bermudas (1974) y un mentiroso patológico cuya única virtud  era, como suele decir James Randi, que quizás era “capaz de afirmar sus falsedades en treinta idiomas”.

El mapa de Bloomberg incluye 83 aviones, todos con capacidad para más de 14 personas y que desaparecieron sin dejar rastro.

Quimiofobia y antenofobia, en el telemaratón solidario de TVE sobre las enfermedades raras

El telemaratón solidario Todos somos raros, todos somos únicos, que emitió La Primera el 2 de marzo, recaudó casi 1,2 millones de euros para la investigación de enfermedades que afectan a muy pocas personas, patologías que, por eso, se califican de raras. Es algo encomiable que una televisión pública haga visibles a los invisibles. Sin embargo, el programa presentado por Isabel Gemio echó un borrón al incluir entre esas enfermedades dos que no existen: la hipersensibilidad electromagnética, o alergia a las ondas de radiofrecuencia, y la sensibilidad química múltiple (SQM), o alergia a los productos químicos de síntesis. Me alertó de ello un amigo escéptico, indignado al ver equiparadas esas muestras de tecnofobia con patologías reales, como la que él sufre.

Hay enfermedades raras en cuyo tratamiento el coste “se dispara y prácticamente todo lo que tiene una familia se destina a intentar arreglar esa situación. Hablamos de la sensibilidad electromagnética o química múltiple”, comenzó diciendo Alfredo Menéndez, conductor de Las Mañanas de RNE, identificando como una lo que son, en principio, dos dolencias. Y, antes de seguir, planteó a la audiencia tres inquietantes preguntas: “¿Se imaginan vivir sin hablar por teléfono móvil? ¿Se imaginan tener que vivir sin ver la televisión? ¿Se imaginan no poder abrazar a un familiar porque ha usado un jabón o un detergente en su ropa?”.

Tras esa introducción, el periodista entrevistó por teléfono a dos afectadas por ambas patologías, Marisa Sánchez y Angélica Gato. Contaron el calvario que viven, que les ha separado de sus seres queridos. La primera explicó que ver a su hijo, que trabaja en una peluquería, es “muy difícil” porque, para que “se limpie totalmente de químicos”, tiene que lavarse durante una semana entera con bicarbonato. “El mundo no está preparado para estas enfermedades”, lamentó la segunda. Y el presentador añadió que, por si eso fuera poco, los médicos consideran a estos enfermos locos, les acusan “de estar fingiendo unos síntomas que a ellos les abrasan en el día a día”.

“Vamos a estar todos afectados”

La cumbre de los 8 minutos de disparate tecnófobo la coronó Ángel Martín, hijo de Ángela Jaén, que se suicidó en su casa de Pinto (Madrid) el 28 de noviembre de 2012, a los 65 años, porque no podía aguantar más el sufrimiento que, según ella, le causaban las ondas de radiofrecuencia. Presentó a su madre como la mujer “más feliz del mundo” hasta que, “debido a una antena de telefonía móvil, cogió el síndrome de hipersensiblidad y se desbarató su vida”. Dijo que, huyendo de las ondas, sus padres se mudaron de casa nueve veces en año y medio, y que los médicos se reían de la mujer. “Nadie sabe lo que significa huir del aire. Pero no son gente especial. En este tema, estamos todos incluidos… Vamos a estar todos afectados”.

La Wi-Fi, los teléfonos móviles y “los químicos” están “desestabilizando el sistema nervioso inmunitario (sic) de la gente. A esta gente le llaman los canarios de la mina. Están avisando de lo que ya nos viene a todos”, según Martín. Parecía un mensajero del Apocalipsis de película de serie B. “Esta gente se está cociendo en sus casas por la Wi-FI del vecino, por una antena, por el [teléfono] inalámbrico. Una vez que se ha desarrollado esta patología, no pueden vivir y tienen que huir”. Antes, el hombre había recurrido falazmente al principio de precaución, que viene a decir que, si no estás seguro de la inocuidad algo, lo mejor es ser prudente. Parece lógico.

El principio de precaución puede invocarse “cuando la información científica es insuficiente, poco concluyente o incierta, y cuando hay indicios de que los posibles efectos sobre el medioambiente y la salud humana, animal o vegetal pueden ser potencialmente peligrosos e incompatibles con el nivel de protección elegido”, según una comunicación de la Comisión Europea de febrero de 2000. Después de décadas de investigación, sin embargo, no hay ninguna prueba de que las ondas de telefonía provoquen cáncer ni ninguna otra dolencia ni de que las sustancias químicas de síntesis -así, todas- provoquen un síndrome como la denominada SQM. Así que no ha lugar a reclamar el principio de precaución.

Martín también recordó que la resolución 1815 del Consejo de Europa, de 27 de mayo de 2011, admite que hay electrosensibles. Ese acuerdo establece que, “si bien los campos eléctricos y electromagnéticos de determinadas bandas de frecuencias tienen efectos plenamente beneficiosos que se utilizan en medicina, otras frecuencias no ionizantes, ya sea de frecuencia extremadamente baja, líneas eléctricas o de ciertas ondas de alta frecuencia utilizadas en los ámbitos del radar, las telecomunicaciones y la telefonía móvil, parecen tener efectos biológicos no térmicos potencialmente más o menos nocivos para las plantas, los insectos y los animales, así como para el cuerpo humano incluso cuando la exposición es a niveles que están por debajo de los valores de los umbrales oficiales”. Nadie le rebatió diciendo que esa resolución es una decisión política que parte de un supuesto falso, porque no hay ninguna prueba de efectos nocivos de las ondas de radiofrecuencia ni de que existan personas con una sensibilidad especial, y, por consiguiente, ese texto del Consejo de Europa tiene la misma validez que si los miembros de esa organización internacional hubieran acordado que la Tierra es plana.

Personas que sufren

Reportaje sobre afectadas de 'hipersensibilidad electromagnética' publicado por 'El Mundo'.Pero, entonces, ¿qué les pasa a quienes padecen esos males inexistentes? ¿Están locos? ¿Fingen? No, están enfermos, sufren mucho y son víctimas de desaprensivos. Que esas enfermedades no existan como tales, que no haya una causa orgánica, no implica que quienes creen padecerlas estén engañando a nadie. La hipersensibilidad electromagnética y la SQM existen, pero únicamente en la medida en que hay personas que creen sufrirlas y se aprovechan de ellas pseudocientíficos y vendedores de artilugios y terapias inútiles que hacen su agosto gracias al periodismo irresponsable y alarmista que, ante una afirmación extraordinaria, nunca consulta con científicos de verdad porque la historia se puede ir abajo. Permítanme que repita lo que ya he escrito otras veces respecto a este asunto.

Un metaanálisis titulado “Electromagnetic hypersensitivity: a systematic review of provocation studies” (Hipersensibilidad electromagnética: una revisión sistemática de los estudios de provocación), realizado por James Rubin, Jayati Das-Munshi y Simon Wessely, investigadores del Instituto de Psiquiatría de la Universidad del Rey, de Londres, y publicado en 2005 en Psychosomatic Medicine, examinó 31 estudios hechos a 725 afectados de hipersensibilidad electromagnética y descubrió que 24 de los estudios no dieron con ninguna prueba de la existencia de la patología y que, de los 7 aparentemente favorables a su existencia, los resultados de 3 se debían a errores estadísticos, los de otros 2 eran mutuamente incompatibles y los de 2 no habían podido ser replicados por sus autores, algo básico en ciencia. Así que los autores concluyeron que esa presunta enfermedad “no está relacionada con la presencia de campos electromagnéticos”, aunque quienes dicen padecerla sufran efectos muy reales cuyas causas tendrían un origen psicosomático. Desde entonces, nada ha cambiado. Hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene, en un documento de junio de 2011, que la hipersensibilidad electromagnética no se debe a las ondas de radiocomunicación

Los estudios científicamente controlados han revelado, por otra parte, que quienes creen padecer SQM presentan los mismos síntomas ante sustancias químicas sintetizadas en el laboratorio que ante placebos. Así, tras revisar 37 estudios, los mismos Das-Munshi, Rubin y Wessely concluyeron en 2006 que los pacientes reaccionan ante las sustancias químicas “cuando pueden discernir las diferencias entre las sustancias activas y simuladas, lo que sugiere que el mecanismo de acción no es específico de la propia química y podría estar relacionado con las expectativas y creencias previas”. El origen de la enfermedad también estaría en la mente. “El fenómeno de la sensibilidad química múltiple es una manifestación peculiar de nuestra tecnofóbica y quimiofóbica sociedad. La han rechazado como enfermedad orgánica la Academia Estadounidense de Alergia e Inmunología, la Asociación Médica Estadounidense, la Asociación Médica de California, el Colegio Estadounidense de Médicos y la Sociedad Internacional de Toxicología y Farmacología”, escribió el químico, toxicólogo y farmacólogo Ronald E. Gots en la revista Clinical Toxicology en 1995. Tampoco la OMS la reconoce como una enfermedad. Para Gots, quien ha examinado las historias clínicas de decenas de afectados, la SQM es “una etiqueta para las personas que no se sienten bien por una variedad de razones y que comparten la creencia de que la culpable de su mal es la sensibilidad química”. Y añade: “Existe [la enfermedad] porque el paciente lo cree y un médico valida esa creencia”.

No crea y no enfermará

Si usted no cree en la hipersensilidad electromagnética y en la SQM -una especie de alergias mentales al mundo artificial que nos permite vivir más y mejor que nuestros antepasados-, no las sufrirá. Y, si conoce a alguien convencido de padecer alguna de ellas, antes de que caiga en manos de charlatanes que refuercen su infundada creencia para sacarle el dinero, anímele a que consulte a expertos en salud mental. No pasa nada malo por acudir a psiquiatras o psicólogos y, por el contrario, las consecuencias de confiar en supuestos especialistas en electrosensibilidad y SQM pueden resultar devastadoras para el enfermo y su entorno.

“Me disgustó ver equiparada la sensibilidad electromagnética y la SQM a otros trastornos reales y graves, completamente demostrables, que también fueron mostrados en el programa. Dedicaron un tiempo y un espacio que podía haber ocupado cualquier otra de las 7.000 enfermedades minoritarias registradas”, me comentaba el amigo escéptico que me alertó de la inclusión de estas falsas patologías en Todos somos raros, todos somos únicos. Tiene toda la razón del mundo. El fragmento en cuestión es una apología de la quimiofobia y la antenofobia. Es inexplicable que un medio de comunicación público dé pábulo a la superstición y a la tecnobofia, y apueste por el alarmismo sensacionalista, como ocurrió en ese segmento del telemaratón solidario de TVE.