Ciencia, superstición, incultura

Tres de cada cuatro estadounidenses creen que nos creó Dios

'La creación de Adán', de Miguel Ängel, en la Capilla Sixtina.

Tres de cada cuatro estadounidenses están convencidos de que Dios creó al ser humano tal cual es o guió la evolución durante cientos de millones de años hasta desembocar en nosotros, según la Encuesta de la Universidad de Chapman sobre los temores de los estadounidenses. El sondeo, hecho a una muestra representativa de 1.573 adultos, constata que el principal miedo hoy en el país es a caminar solo por la noche.

Más de la mitad de los encuestados (51,8%) cree que lo que cuenta la Biblia es cierto: un 17,1% se declara literalista y un 34,7% cree que, aun siendo ciertos, no hay que tomarse las afirmaciones y relatos bíblicos al pie de la letra. Frente a eso, sólo un 21,7% considera la Biblia “un libro antiguo de historias y leyendas”. Además, cuando se les pregunta por los orígenes del ser humano, un 76,4% de los estadounidenses cree que somos obra de Dios: un 39,9% está convencido de que Dios creó al Hombre como es ahora hace menos de 10.000 años y un 36,5%, que somos fruto de la evolución, “pero Dios guió el proceso”. Un 19% de la población cxree que somos fruto de un proceso evolutivo en el que no ha intervenido ninguna divinidad.

El capítulo dedicado a lo paranormal revela que el 69% de los encuestados considera posible influir en el mundo físico “mediante el poder del pensamiento positivo”; el 62,5% está convencido de que en el pasado existieron civilizaciones avanzadas del estilo de la Atlántida; el 58,3% cree que a veces los sueños prevén el futuro; para el 53,6%, las casas encantadas existen; el 47% considera la mayor parte del mal obra de Satán; y el 40,8% identifica los ovnis con naves de otros mundos. Sorprende el arraigo de la creencia en las visitas extraterrestres casi 70 años después del nacimiento del mito de los platillos volantes y también, por contraste, el poco crédito que tiene la adivinación. Aunque el 26,9% de los consultados admite haber consultado el horóscopo alguna vez, únicamente el 13,1% cree en la astrología y el 17,3% que hay gente capaz de ver el futuro. Hasta el bigfoot tiene más adeptos que la astrología, el 20,6%.

Antes de reírse de lo ignorantes que son los yanquis -como suelen hacer algunos a la menor oportunidad-, recuerden que el 65,6% de los españoles cree que el efecto invernadero está causado por la energía nuclear y el 64,6% que los tomates que comemos, a diferencia de los producidos por ingeniería genética, no tienen genes, según un estudio de la Fundación BBVA hecho público hace dos años.

La grafología, Europa Press y ’20 Minutos’: presentando como ciencia una arte adivinatoria

Mezcla mentiras con verdades y las primeras saldrán ganando. Es algo que ya explotaron Louis Pauwels y Jacques Bergir en la revista Planète, donde en los años 60 mezclaban ciencia y ciencia fición con pseudociencia en beneficio de esta última, y que en la actualidad rentabilizan Iker Jiménez, en Cuatro y la Cadena SER, y Bruno Cardeñosa, en Onda Cero, con la complicidad de científicos y divulgadores poco escrupulosos. Así consiguen los promotores poner al mismo nivel ante su público el conocimiento científico que la última posesión demoniaca o secuestro extraterrestre.

Reportaje sobre la grafología publicado bajo el epígrafe de 'ciencia' en '20 Minutos'.Un ejemplo de esa práctica, habitual en el mal llamado periodismo del misterio, lo dio el viernes la agencia Europa Press en un reportaje titulado “Enséñame cómo escribes y te diré cómo eres”, dedicado a la grafología. El autor presenta esa práctica como “el estudio del carácter y psicología de una persona a través de los rasgos de su escritura, lo que incluye su letra. Hay una serie de parámetros generales que se desprenden de esta ciencia y que sirven para conocer la personalidad de una persona más a fondo”. Según 20 Minutos, que ha publicado el reportaje bajo el epígrafe de ciencia, la grafología “revela el carácter y la psicología de una persona y tiene múltiples usos: selección de personal, justicia…”; “el tamaño de la letra, la existencia de márgenes, la direcciónde las líneas, la curvatura de las letras o el orden y la limpieza revelan rasgos de la personalidad”; y “la firma también es muy reveladora: poner o no los apellidos, cerrar con un círculo la firma o poner punto final dicen mucho del autor”.

El segundo párrafo de la nota merece un lugar de honor en los anales del periodismo gilipollas. Dice:

“La grafología es muy práctica ya que se usa con frecuencia en el ámbito laboral y tiene múltiples usos: se utiliza para la selección de personal, ya que ayuda a conocer las aptitudes y posibilidades de cada sujeto para un puesto de trabajo; se usa también para llegar a determinar la mano autora de firmas presuntamente falsificadas o anónimas; y sirve incluso para conocer rasgos de personajes históricos. De hecho, esta técnica, está reconocida en los tribunales de justicia para su uso”.

Cualquiera que, sin saber más, lea ese párrafo concluirá que la grafología es una ciencia porque, si no, no se usaría en la selección de personal y para autentificar firmas. De hecho, todos hemos visto anuncios de empleo en los que se pide al currículo a mano y noticias en las que expertos se pronuncian sobre la autenticidad de una firma achacada a alguien. Pero es que ese párrafo es un revoltijo al estilo de Planète, Cuarto milenio y La rosa de los vientos. Mezcla pseudociencia y ciencia -grafología y peritaje caligráfico- a mayor gloria de la primera. Porque la grafología es una arte adivinatoria como la quiromancia, la lectura de los posos del café, el tarot, la astrología y otras.

La grafología es brujería

“La grafología es simplemente una rama de un grupo de prácticas pseudocientíficas conocidas como lectura de carácter. En varias épocas, los lectores de carácter han asumido que pueden abrir una ventana hacia nuestra arquitectura psicológica al interpretar los rasgos del rostro (fisiognomía), los pliegues en la mano (quiromancia), las protuberancias de la cabeza (frenología), la forma del ombligo (onfalomancia), las arrugas de la frente (metoposcopia), las hojas de té (taseografía), la dirección de rayos de luz reflejados en las uñas de la mano (onicomancia) y, nuestro favorito, la apariencia de pastelillos de albahaca (critomancia)”, explican los psicólogos Scott O. Lilienfield, Steven Jay Lynn, John Ruscio y Barry Beyerstein en su libro 50 grandes mitos de la psicología popular (2010). Y añaden que debe su inmerecida fama a “la confusión de los grafólogos con los examinadores de documentos cuestionados”, es decir, con los peritos calígrafos, que son expertos en determinar falsificaciones y autorías de documentos mediante el análisis de la caligrafía -cuando hablamos de manuscritos y firmas-, de las tintas, del papel… Un error en el que ha caído Europa Press.

En el segundo párrafo de la nota la agencia, se presentan la interpretación de la personalidad a través de la escritura y el peritaje caligráfico como variantes de una misma práctica. Un disparate. Sería como decir que la astrología y la astronomía son dos caras de una misma ciencia. O que lo son la alquimia y la química, la ufología y las astrobiología, la parapsicología y la psicología… No existe nada parecido a una interpretación científica de la personalidad por la escritura. Si hay empresas que usan la grafología en los procesos de selección de personal -que las hay-, igual es hora de empezar a denunciar esta práctica públicamente, ¿no creen? Porque es tan discriminatoria como elegirlos según el horóscopo, las líneas de la mano, la forma del cráneo o el color de pelo.

El resto de la nota Europa Press habla de lo que, según los grafólogos, dice nuestra letra de nosotros. Una bobada tras otra con el mismo fundamento que una lectura de las líneas de la mano. Los estudios controlados han demostrado que, si no cuentan con más información que la letra impresa, los grafólogos no aciertan sobre el autor de un texto más que los legos. Es decir, lo obvio. Cuando retratan a un personaje histórico por su escritura, los grafólogos dicen lo que ya todo el mundo sabe, sólo que lo disfrazan argumentando cosas como que las efes de Franco, Hitler, Mussolini, Pinochet y Stalin revelan su crueldad, y otras tonterías por el estilo. Y también hay grafólogos, como César Vidal -sí, también dice que es grafólogo-, que usan la interpretación de la escritura para insultar al enemigo político y decir de él -en este caso de José Luis Rodríguez Zapatero- que demuestra que es un “acomplejado”, un “torpe para relacionar ideas”, un “autoritario”, un “materialista descarnado”, un “receloso -e incluso envidioso- de la gente de talla”…

La maldición de Aaron Ramsey, la muerte de Robin Williams y el periodismo gilipollas

Información sobre la maldición de Aaron Ramsey.“La muerte de Robin Williams agranda la maldición de Ramsey”, dice lainformacion.com. Y aclara en dos subtítulos la relación -si puede llamarse así- entre el futbolista del Arsenal y el actor fallecido : “Sus últimos cuatro tantos han precedido al fallecimiento de Osama Bin Laden, Steve Jobs, Muamar Gadafi y Whitney Houston”; “Este fin de semana anotó ante el Manchester y ayer conocíamos la noticia del fallecimiento del actor Robin Williams”. No es una inocentada; no estamos a 28 de diciembre.

Cuenta lainformación.com que “todo empezó el 1 de mayo de 2011 cuando Ramsey marcó ante el Manchester United. Al día siguiente Osama Bin Laden era ejecutado”. ¿Cree usted que fue casualidad? Para nada, según el autor, quien recuerda que Steve Jobs murió tres días después de otro gol de Ramsey, Muamar Gadafi al día siguiente de otro tanto y Whitney Houston tres cuartos de lo mismo. “Afortunadamente, Ramsey no es un goleador como Cristiano Ronaldo o Messi, porque de ser así la lista de famosos desaparecería rápidamente”, tranquiliza el redactor a sus lectores.

La maldición de Aaron Ramsey en la portada de 'lainformacion.com'.Ah, la noticia, que en la subportada de Deportes se equipara a la de que “Europol alerta de un posible atentado yihadista durante el Mundial de Basket”, acaba con ese mantra que parece legitimar la publicación de cualquier memez en los tiempos que corren: “Las redes sociales ya se han hecho eco de esta maldición y ha comenzado a circular imágenes de sus últimos goles junto con las fotos de los personajes famosos que perdieron la vida horas después de los tantos del inglés. Ya saben: cualquier tontería dicha en Twitter es noticia.

La maldición del futbolista galés ha merecido la atención, entre otros, de Azteca Deportes, donde dicen que “salvar un gol de Aaron Ramsey es salvar una vida”; Terra, que destaca que una de sus víctimas fue el dictador argentino Jorge Videla; y el portal deportivo Goal, que da la clave al precisar que, “si de los 40 goles que suma [Ramsey] en total en su carrera, en 9 ocasiones lo siguió una muerte, evidentemente una fuerza mayor lo persigue”. Dada la cantidad de famosos que hay en el mundo y que la muerte no tiene que ocurrir el mismo día que el gol ni al siguiente -se habla en varios de los casos de hasta tres días de demora-, y ni siquiera siempre, es muy fácil atribuir el fallecimiento de alguien conocido al furbolista del Arsenal. Sólo hace falta bucear en las necrológicas…

Que ahora recuerde, en las últimas semanas nos han dejado la actriz Marilyn Burns, la reina del grito (5 de agosto); el actor James Garner (19 de julio); la escritora Nadine Gordiner (13 de julio); el director de orquesta Lorin Maazel (13 de julio); la escritora Ana María Matute (25 de junio); el actor Eli Wallach (24 de junio)… y seguro que hay más. Los inventores de la maldición de Ramsey no han encontrado 40 víctimas para sus 40 goles sólo porque no se han puesto a buscar. Y lo mismo podrían hacer con cualquier otro futbolista.

Ya verán cómo en las próximas horas más medios se suman a este festival de la estupidez que es la maldición de Aaron Ramsey.

La ‘superluna’ se la inventó un astrólogo

Después de un fin de semana de mediática superluna y tras haber oído cosas como que íbamos a ver el satélite más brillante y grande que nunca, creo que merece la pena aclarar algunas cosas de este fenómeno:

1. Superluna es un término inventado por el astrólogo estadounidense Richard Nolle en 1979. En un artículo publicado en la revista Horoscope, llamó así a “una luna nueva o llena que ocurre cuando la Luna está en su máximo acercamiento a la Tierra en una órbita determinada. En pocas palabras, la Tierra, la Luna y el Sol están en una línea: la Tierra está en medio en la alineación de luna llena, mientras que la luna nueva ocurre con la Luna en la mitad”. Según Nolle, las superlunas están asociadas con grandes huracanes, eurpciones volcánicas y terremotos, algo que no es cierto, ¿pero qué esperan ustedes de un astrólogo? Los astrónomos no hablan de superlunas.la órbita d ela Luna.

2. Lo que algunos llaman ahora superluna es la luna llena de perigeo. La órbita de la Luna alrededor de la Tierra es ligeramente elíptica, y sus dos extremos se llaman apogeo y perigeo, cuando está más lejos y más cerca de nuestro planeta, respectivamente. Aunque la distancia media entre nuestro planeta y su satélite se sitúa en los 384.400 kilómetros, en determinados momentos puede superar los 406.000 y reducirse hasta casi los 356.000. Los superluneros ignoran la luna nueva de perigeo, incluida en la definición original de Nolle, porque no se ve.

3. La luna llena de perigeo no es un fenómeno extraño. “En términos generales, las lunas llenas ocurren cerca del perigeo cada 13 meses y 18 días, así que no es algo tan inusual. De hecho, el año pasado hubo tres lunas perigeo seguidas, pero sólo de una se informó ampliamente“, recordaba hace unos días Geoff Chester, del Observatorio Naval de Estados Unidos. Si este año las hay en julio, agosto y septiembre; el pasado, las hubo en mayo, junio y julio.

La Luna, vista desde la Tierra en su perigeo y apogeo.

4. La luna llena de perigeo y la de apogeo difieren en tamaño aparente porque una está más lejos de nosotros que la otra. La más próxima puede verse en el cielo hasta un 14% más grande que la más lejana, según la NASA. Otra cosa es que usted sea capaz de darse cuenta de ello a simple vista y sin haber sido mediatizado; es decir, sin que le hayan machacado en los medios con que va a ver la Luna más grande que nunca. Después del bombardeo de este fin de semana, es muy probable que vea la luna llena más grande que el mes pasado. Sin embargo, entonces la luna llena también se dio en perigeo: el 13 de julio estaba a 358.258 kilómetros frente a los 356.896 kilómetros de ayer, una diferencia mínima.

5. La Luna puede verse más grande en el cielo no porque esté más cerca, sino por la llamada ilusión lunar. Ésta es una ilusión óptica por la cual la Luna vista cerca del horizonte -y lo mismo pasa con el Sol- parece más grande que cuando se encuentra en lo alto del cielo. Así, habrá gente que, si estos días ha visto la luna lena cerca del horizonte, creerá erróneamente que es la más grande que ha visto jamás y que eso se debe al fenómeno de la superluna, cuando en realidad habrá sufrido una ilusión óptica.

6. Las dificultades para ver las Perseidas se deberán a la luna llena. Si disfrutan de un cielo despejado, quienes quieran ver las Perseidas -auténticas culpables de que algunos medios hablen en los últimos días tanto de la superluna- tendrán como principal enemigo la luz de la Luna, que hará que sólo destaquen en el cielo nocturno las estrellas fugaces más brillantes. Si ya de por sí la luna llena es un problema para estas observaciones, al haber ocurrido en perigeo lo es más, ya que su brillo en el cielo nocturno es mayor por su cercanía a la Tierra. ¿Cuánto más brillante? Es difícil de saber. Se ha hablado del 30%, pero la propia NASA reconoce que no es fácil medir la diferencia de brillo entre una luna llena de perigeo y una ordinaria, que no es tampoco la luna llena de apogeo.

Mi opinión: la superluna es una superbobada que sirve para llenar minutos de informativos televisivos con bonitas fotos del satélite terrestre, presentando como extraordinario algo que no lo es.

La OMS, la telefonía móvil y la salud: las mentiras de un antiantenas

Plácido González Nogueira, socio de la clínica viguesa Medicalmagnetic, asegura hoy en La Voz de Galicia que la Organización Mundial de la salud (OMS), el MInisterio de Sanidad y los tribunales consideran probado que las ondas de radiofrecuencia producen “alteraciones de sueño, depresión, trastornos nerviosos, cambios de humor, fatiga crónica, irritabilidad, migraña, dolores reumáticos y fibromialgia”. Lo dice al principio de una entrevista repleta, por su parte, de falsedades:

“-¿Cuáles son los principales problemas causados por las radiaciones electromagnéticas?

-Alteraciones de sueño, depresión, trastornos nerviosos, cambios de humor, fatiga crónica, irritabilidad, migraña, dolores reumáticos y fibromialgia, entre otros. Cada ser humano es un mundo. Cada vez gente más joven presenta pérdida de memoria, artritis y artrosis. Puede que las radiaciones sean la causa.

-¿Está probado que todo eso es producto de una exposición continuada a las radiaciones?

-Sí. No lo decimos sólo nosotros, lo dice la OMS, el Ministerio y algunas sentencias firmes. Se le está dando muy poca importancia en España y están causando graves problemas.”

¿Qué dice la OMS?

Plácido González Nogueira, en 'La Voz de Galicia'.La OMS reconocía, en una nota informativa en diciembre de 2005, que hay personas que aseguran sufrir problemas de salud por su exposición a los campos electromagnéticos y que los síntomas son no específicos (enrojecimientos de la piel, sensación de quemazón, fatiga, palpitaciones, náuseas…), pero pueden llegar a resultar discapacitantes. Sin embargo, concluía que “no existe una base científica para vincular los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética con la exposición a los campos electromagnéticos. Es más, la hipersensibilidad electromagnética no es un diagnóstico médico, ni está claro que represente un único problema médico”. Hipersensibilidad electromagnética es como llaman los colectivos antiantenas a un supuesto mal que hace que algunas personas padezcan una gran variedad de síntomas debidos, según ellas, a la exposición a las ondas de telefonía y de instalaciones inalámbricas, líneas de alta tensión…

En ese mismo documento, la OMS añadía que “la mayoría de los estudios indican que las personas con hipersensibilidad electromagnética no pueden detectar la exposición a los campos electromagnéticos con algo más de precisión que las personas que no muestran hipersensibilidad electromagnética. Estudios a doble ciego bien controlados y conducidos han mostrado que los síntomas no tienen correlación con la exposición a los campos electromagnéticos. Se ha sugerido que los síntomas experimentados por algunas personas con hipersensibilidad electromagnética podrían deberse a factores ambientales no relacionados con los campos electromagnéticos. Los ejemplos pueden incluir el parpadeo de luces fluorescentes, resplandores y otros problemas visuales con monitores de vídeo, y el pobre diseño ergonómico de los puestos de trabajo con ordenadores. Existen también algunas indicaciones de que estos síntomas podrían deberse a condiciones psiquiátricas preexistentes, así como a reacciones de estrés resultado de la preocupación acerca de los efectos para la salud de los campos electromagnéticos, más que a la exposición a los campos electromagnéticos en sí misma”.

En mayo de 2011, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, incluyó las emisiones de radiofrecuencia “como posible carcinógeno para los humanos” en el grupo 2B, el mismo que el café. Nadie en la comunidad científica se explicaba en aquel momento, ni se explica ahora, las razones de esa decisión cuando los propios autores del estudio reconocían que se basaban en pruebas limitadas e inadecuadas. La decisión de la IARC fue política y nunca ha habido pruebas científicas que la sustenten, como quedó demostrado cuando publicaron el correspondiente informe en la revista The Lancet Oncology. En nuestro país, el entonces secretario general de Sanidad, José Martínez; la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC); el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Emilio Alba, y el presidente de la Fundación Instituto Valenciano de Oncología (IVO), Antonio Llombart, no dieron crédito alguno a ese dictamen. Ni lo dan ahora. Y, más allá de nuestras fronteras, ha pasado tres cuartos de lo mismo.

John D. Boice y Robert E. Tarone, del Instituto Internacional de Epidemiología, una organización integrada por investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, decían en julio de 2011 que la decisión de la agencia de la OMS estaba basada en pruebas limitadas e inadecuadas, y destacaban que que varios miembros del grupo de trabajo de la IARC consideraban la evidencia insuficiente para la calificación de “posible cancerígeno”. “Visto en este contexto, «posiblemente cancerígenos» no es una señal para abandonar los teléfonos móviles y volver a los fijos. Más bien, es una señal de que hay muy poca evidencia científica en cuanto a la carcinogenicidad del uso del celular”, sentenciaban.

Tras el dictamen de la IARC, la OMS emitía otra nota informativa en junio de 2011 sobre los posibles efectos de la radiación de los móviles. Entre otras cosas, decía:

“La principal consecuencia de la interacción entre la energía radioeléctrica y el cuerpo humano es el calentamiento de los tejidos. En el caso de las frecuencias utilizadas por los teléfonos móviles, la mayor parte de la energía es absorbida por la piel y otros tejidos superficiales, de modo que el aumento de temperatura en el cerebro o en otros órganos del cuerpo es insignificante.

En varios estudios se han investigado los efectos de los campos de radiofrecuencia en la actividad eléctrica cerebral, la función cognitiva, el sueño, el ritmo cardíaco y la presión arterial en voluntarios. Hasta la fecha, esos estudios parecen indicar que no hay pruebas fehacientes de que la exposición a campos de radiofrecuencia de nivel inferior a los que provocan el calentamiento de los tejidos tenga efectos perjudiciales para la salud.

Además, tampoco se ha conseguido probar que exista una relación causal entre la exposición a campos electromagnéticos y ciertos síntomas notificados por los propios pacientes, fenómeno conocido como hipersensibilidad electromagnética.”

¿Qué dicen el Ministerio de Sanidad y otras Administraciones?

Un informe de 2001 del Ministerio de Sanidad español concluía, entre otras cosas, que “la percepción del riesgo de algunos sectores sociales, siendo legítima, no se corresponde con las evidencias científicas disponibles que no han observado ningún efecto adverso para la salud derivado de la exposición a campos electromagnéticos procedentes de estaciones base”. Más recientemente, un folleto de la Federación Española de Municipios y Provincias, que cuenta con el visto bueno de Sanidad, reitera que “hasta la fecha no se ha encontrado ninguna evidencia científica de que la emisión radioeléctrica asociada a las antenas, y dentro de los límites establecidos por la legislación, provoque efectos perjudiciales para la salud”; destaca la unanimadad de la OMS, todos los comités científicos y las autoridades sanitarias en que “no hay ninguna evidencia de que los campos electromagnéticos empleados por las antenas (estaciones base) tanto de telefonía móvil como de radio o televisión produzcan cáncer”; y llama la atención sobre el hecho de que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia “no se pueden oler, probar, tocar o escuchar, y esta incapacidad del ser humano para percibirlos puede favorecer que algunas personas les atribuyan efectos que las investigaciones no han demostrado”.

Formado por científicos y por iniciativa de la Universidad Complutense de Madrid, el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) pretende “aportar elementos de juicio, información y asesoramiento de carácter científico y técnico a las Administraciones públicas y al conjunto de la sociedad en los debates que pudieran generarse sobre cuestiones relativas a las radiofrecuencias y la salud”. El CCARS ha redactado varios estudios desde 2006 y, en enero de 2011, publicó el Informe sobre radiofrecuencias y salud (2009-2010). Entre otras cosas, dice:

1. Los estudios experimentales in vivo e in vitro indican que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia utilizados en telefonía móvil, y cuyos niveles se mantengan por debajo de los fijados por la Comisión Internacional para la Protección frente a la Radiación No-Ionizante (ICNIRP) y las recomendaciones de la UE, no son genotóxicos ni mutagénicos ni inducen apoptosis o muerte celular.

2. La evidencia actual de los resultados clínicos y epidemiológicos establece que no hay relación causal entre exposición a los campos de radiofrecuencia utilizados en la telefonía móvil y efectos adversos sobre la salud.

3. Interpretados globalmente los resultados de los estudios epidemiológicos sobre tumores cerebrales y uso del teléfono móvil estudios publicados hasta la fecha no demuestran un incremento del riesgo padecer tumores cerebrales en un período de uso de 10 años. Sin embargo, en algún estudio se ha observado algún ligero aumento del riesgo en el grupo de usuarios con niveles más elevados de horas acumuladas, aunque los errores y sesgos detectados en estos estudios impiden obtener establecer relaciones causales.

4. Con respecto a períodos superiores de exposición en adultos o a la situación de la población infantil y juvenil, no se dispone de datos suficientes, y es preciso recomendar un uso racional de esta herramienta.

5. Los estudios controlados sobre personas que se declaran como hipersensibles a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia de la telefonía movil (teléfonos y antenas) han demostrado que no existe relación causal entre la sintomatología que expresan estas personas y su exposición a este tipo de radiofrecuencia.

6. Cabe esperar que, si hubiera algún efecto derivado de la masiva exposición a la telefonía móvil, éste debería reflejarse en las tendencias de incidencia de tumores cerebrales. Estos cambios no se han observado en los estudios realizados en varios países.

7. Los niveles de exposición de la población española a los campos electromagnéticos de radiofrecuencias asociados a la telefonía móvil son muy inferiores a los límites marcados en las recomendaciones del ICNIRP, de la UE y de la normativa vigente. Sin embargo la población española se encuentra entre los europeos más preocupados con respecto a los efectos sobre la salud de la exposición a los campos electromagnéticos, por lo que se recomienda establecer medidas dirigidas a informar a los ciudadanos.

La falacia de la Justicia

N la OMS ni las autoridades sanitarias españolas -ni de ningún otro país de neustro entorno- han admitido nunca que las ondas de radiofrecuencia tengan efectos perjudiciales sobre la salud. Sin embargo, González Nogueira, quien se presenta como experto en biomagnética, dice lo contrario y habla, además, de “algunas sentencias firmes” que apoyarían esa afirmación, como si lo que decida un juez tuviera validez científica. No, no es así. Si mañana un juez chiflado, que también los hay, dictamina que la Tierra no gira alrededor del Sol, nada cambiará, no habrá sido derrumbada la teoría heliocéntrica. Por eso mismo, que un juez dé la incapacidad laboral a una mujer porque vive en infierno por su creencia en la maldad de las ondas de radiofrecuencia no significa que el magistrado avale la existencia de la hipersensibilidad electromagnética, sino que considera que esa persona no está en condiciones físicas y, sobre todo, mentales de trabajar.

El resto de la entrevista a González Nogueira es más de lo mismo. Presidente de la Asociación Informativa Independiente sobre la Radiación Electromagnética y autor de un libro titulado Los efectos de las radiaciones electromagnéticas y cómo prevenirlas, mantiene, por ejemplo, que la exposición a las ondas de radiofrecuencia puede “desembocar en patologías neurodegenerativas”, aunque no haya ningún estudio que lo demuestre, y se saca de la manga un experimento que mete mucho miedo. “Colocamos dos grupos de cien ratones: uno expuesto las 24 horas a varios móviles cargándose y otro sin nada. A los dos meses, la mitad de los expuestos a los móviles murieron de manera violenta, a veces agrediéndose entre ellos. Otros presentaron altos niveles de hiperactividad”, dice. Terrible. Sólo tiene un pequeño fallo: ¿quiénes hicieron el experimento?, ¿dónde?, ¿en qué revista científica lo han publicado? Me da que ese experimento es tan real como las afirmaciones de González Nogueira sobre la OMS, el Ministerio de Sanidad y el peligro de los móviles.