A Steve Jobs le ha matado su fe en las terapias alternativas

Steve Jobs, durante la presentación del iPhone 4 blanco el 8 de junio de 2010. Foto: Matt Yohe.Al enterarme la pasada madrugada, a través de Twitter, de la muerte de Steve Jobs, me vino a la mente el fallecimiento de otro genio: Peter Sellers. Los dos podían estar ahora vivos; los dos murieron prematuramente por su fe en supercherías. El cofundador de Apple retrasó nueve meses una cirugía que podía haberle salvado la vida y confió durante ese tiempo la curación del cáncer de páncreas a una dieta. El actor británico, inolvidable protagonista de películas como El guateque (1968), tenía ya un largo historial de problemas cardiacos cuando su médico le recomendó someterse a un bypass urgentemente. Se negó y se puso en manos de un practicante de la cirugía psíquica, un estafador sin escrúpulos que simuló curarle con una intervención sin sangre, anestesia ni incisión alguna. Y murió poco después de un ataque al corazón, a los 54 años.

El cáncer de páncreas suele ser fatal. “Raramente se encuentran tumores en fase temprana, los cuales son operables o tratables. El problema es que normalmente, cuando se detecta el tumor, ya está muy expandido y resulta imposible su tratamiento o extirpación”, explica el bioquímico vasco Sergio Pérez Acebrón en un artículo en el que demuestra, con datos, que la medicina está curando el cáncer. El tumor que los médicos de Jobs descubrieron en octubre de 2003 era un raro tipo de cáncer de páncreas operable. De haberse sometido inmediatamente a una intervención quirúrgica, habría sobrevivido hasta quién sabe cuándo. Sin embargo, en vez de confiar en la medicina, lo hizo en la pseudomedicina y perdió un tiempo precioso.

El mortal error del hombre que revolucionó la informática de consumo fue un secreto hasta que en marzo de 2008 lo contó Peter Elkind en la revista Fortune: “Budista y vegetariano, el director general de Apple era escéptico de la medicina convencional. Jobs decidió recurrir a métodos alternativos para tratar su cáncer de páncreas, con la esperanza de evitar la operación mediante una dieta especial”. Acabó en el quirófano el 31 de julio de 2004. Seguramente, la batalla estaba ya perdida, y el cáncer había avanzado hasta límites imparables.

No es el del fundador de Apple un caso extraordinario. Hace unos meses, contaba aquí mismo el espeluznante caso de una vasca a la que habían diagnosticado un cáncer de ovarios, y que optó por renunciar a la quimioterapia y peregrinar de charlatán pseudocientíficos en charlatán pseudocientífico en una demencial carrera hacia la muerte. El problema es que quienes viven de engañar a los enfermos de cáncer, de jugar con el muy humano deseo que encontrar curas mágicas, salen impunes de sus atropellos. “Si una mujer tiene un cáncer de mama y le dicen que retrase el tratamiento científicamente probado en favor de terapias alternativas no contrastadas, eso es casi criminal”, me indicaba hace dos meses el físico Pedro Miguel Etxenike durante una entrevista.

Algo deberían hacer las autoridades para impedir que haya gente que gane dinero con tratamientos inútiles que llevan a sus clientes, en algunos casos, a la muerte. El cáncer no se cura con reiki, ni con una dieta, ni con flores de Bach, ni con equilibrios energéticos, ni con nada por el estilo. Si uno confía en la medicina, puede que supere la enfermedad y viva muchos años. Si uno confía en las mal llamadas terapias alternativas, no habrá alternativa a la muerte. También los colegios de médicos tendrían que dejarse de pamplinas y de llamar complementarias a unas terapias que han demostrado la misma efectividad que las bendiciones religiosas. Mientras las llamen complementarias, habrá quien crea que sirven para algo, que complementan los tratamientos convencionales de algún modo, cuando no es así, y siempre habrá alguien tentado, como Jobs, de sustituir algo que funciona por algo que no. Y a muchos les costará la vida.

Javier Fernández, que ha sido quien primero ha recordado que Jobs ha sido “víctima de sus creencias y de su entorno”, ha sido tachado por ello de oportunista en la red social de microblogging y ha visto cómo en Menéame su anotación era masacrada injustamente a votos negativos.